El Municipio de Iquique

El primer Consejo Municipal se instaló en Iquique el 28 de octubre de 1873. Estuvo formado por un alcalde, un teniente y tres regidores. A pesar del escaso presupuesto que disponían, realizaron una obra de progreso comunal como fue dotar de alumbrado público a las calles, plazas casas particulares. Este consejo funcionó hasta 1875.
El segundo municipio se gestó por la ley de 23 de febrero de 1875. Iquique pasó a ser la capital  de la provincial del litoral de Tarapacá. Los concejos municipales que funcionaban en la antigua capital, San Lorenzo de Tarapacá, se trasladaron a Iquique.
El Concejo Departamental se instaló en Iquique el 3 de enero de 1876. Esta formado por 26 concejales. Fue su presidente José Gutiérrez de la Fuente, secretario Guillermo Billinnhurst. En tanto que Edurdo de Lapeyrouse fue concejal permanente.
Entre las obras realizadas  por este Concejo a favor de la ciudad estuvieron el traslado de los mataderos del sector sur al norte y la reedificación  de los sectores centrales de Iquique destruidos por los incendios.
También dispusieron un nuevo trazado de las calles, proyectándolas  más anchas para prevenir futuros desastres y la prohibición de tránsito de los carros del ferrocarril después de las 18 horas y también ordenó la limpieza de los patios y azoteas de las casas, además de entregar recursos para levantar la catedral de Iquique.
En 1876 el presupuesto del Concejo Departamental era de 12 mil osles, de los cuales sólo se cubrían 10.000 soles gracas a las contribuciones que pagaban los industriales.
El Concejo Provincial se instaló en Iquique el 4 de febrero en 1876. Estaba formado por 28 concejales. Entre ellos elegía una junta directiva que incluía cargos como un alcalde, un teniente alcalde, un inspector de policía municipal, un inspector de instrucción primaria, un instructor de Estado Civil y un inspector de mercados aguas, obras e higiene.
El alcalde del concejo fue Alfonso de Ugarte,
Todas estas instituciones funcionaron, además de los concejos de distrito, en forma regular hasta 1879, cuando se desata la Guerra de 1879.

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Iquique, 10.000 años de historia
Capítulo 11

Capítulo 3: Los conquistadores españoles

Los conquistadores españoles

En 1535, la expedición de Diego de Almagro atravesó la Cordillera de Los Andes para descender en el valle de Copiapó. Estuvo varios meses buscando las riquezas que se suponía tenía la comarca. Los relatos que escuchó en Perú eran falsos. Regresó con las manos vacías.
Al volver siguió la senda que muchos creen que era uno de los caminos construidos por los Incas.
Al llegar a Pica decidió quedarse un par de meses en el oasis descansando y aprovisionándose luego de su larga jornada por el descampado de Atacama.
Durante su estada, algunos españoles decidieron radicarse en el poblado e iniciar de esta manera la colonización de la zona.
En 1536 Diego de Almagro dejó a cuatro de sus hombres en Pica. Ellos fueron Juan Castro, Matías de la Fuente, Sebastián Uganzo y Ruy Díaz, quienes generaron  importantes cambios en el oasis, entre ellos el desarrollo agrícola y minero en la zona.
En 1537 Almagro volvió a Cuzco.
En 1572 el Imperio Inca despareció definitivamente.

– Diego de Almagro, en 1535 inició la exploración de Chile, que entonces era considerada un territorio aislado y de difícil acceso.
– Pedro de Valdivia, también pasó por Pica. Sin embargo, siguió hacia el sur fundando ciudades: Santiago en 1541, Concepción 1550 y Valdivida en 1552.

El impacto de la conquista

Para el dirigente aymara David Esteban Moscoso, la llegada de los españoles durante el siglo XVI produce un quiebre en la sociedad andina y en la estructura productiva del pueblo.
«Luego de la ocupación española en las zonas más bajas de la región, especialmente en los poblados de Tarapacá y Pica, la población indígena se mantuvo entre la cordillera y el altiplano; ya no bajaba tanto a la costa.
De similar opinión  es el antropólogo Olaf Olmos. El profesional explica que la administración española y la instauración de los sistemas de explotación económica españoles de encomienda y mitas, menoscabaron la organización tradicional de la nación aymara.

– La Iglesia de Matilla es un ejemplo del esplendor que tuvo el poblado durante el periodo de la presencia española antes que se desarrollar el ciclo salitrero.
– Cariquima es un gran ejemplo de la unión de dos culturas. Junto a la centenaria iglesia, pasa lo que alguna vez fue el Camino del Inca.

Encomienda en Tarapacá

Las crónicas del siglo XVI establece que Francisco Pizarro entregó a varios de sus capitanes y soldados «encomiendas» (terrenos para la explotación y un grupo de indígenas para el trabajo, los cuales debían ser evangelizados) como recompensa por su participación en la conquista del Imperio Inca.
Uno de ellos fue Lucas Martínez Begazo quien recibió un extenso territorio que incluía las quebradas del interior y la caleta de Ike Ike. El encomendero se instaló en la quebrada de Tarapacá, en lo que actualmente son las ruinas de Tarapacá Viejo. Desde allí organizó a los indígenas para que prestaran sus servicios a la corona española y pagaran tributo al encomendero, quien se encargó de su adoctrinamiento religioso.
El aumento de la producción agrícola en Tarapacá, Locumba, Sama, Camiña, Lluta y Azapa obligó a una mayor extracción de guano desde la actual Isla Serrano.
Su trabajo permitió en pocos años, que sun barco de su propiedad iniciara en 1.541 viajes continuos por toda la zona entre Perú e Ike Ike, pasando por las caletas de Pisagua Viejo y Arica.
Sin embargo, a pesar de esta actividad la población indígena se mantuvo estática.
En la costa, desde Pisagua hasta El Loa, parte del corregimiento de Arica, el número de habitantes osciló entre las 300 y mil personas durante el siglo XVI.

– Desde la quebrada de Tarapacá hasta la costa de Ike Ike se extendió la primera «encomienda» que existió en esta zona.
– El poblado de Tarapacá fue el centro de la actividad agrícola y minera durante los primeros años de la conquista española.

División administrativa

El Corregimiento de Arica, dependiente de la Provincia de Arequipa, fue establecido el 17 de agosto de 1565 por le gobernador de Perú, Lope García Carrasco. De esta unidad administrativa dependían los tenientazgos o Distritos de Tacna, Tarapacá y Locumba.
En el siglo XVII los Corregimientos estaban divididos en Repartimientos, cada uno con un pueblo cabecera, cacique de indios y administración hispana. Estaban Arica, que dominaba el valle de Azapa, Codpa con gobierno de todos los «pueblos de indios» de la sierra y el altiplano; Camiña que alcanzaba hasta Isluga, Tarapacá y los alrededores de la quebrada; Sibaya con poblaciones del Alto Tarapacá y Pica que abarcaba hasta Huatacondo.

Evangelización

La labor pastoral de la Iglesia Católica estaba presente entre «pueblo de indios», fundando las primeras Capillas. De esta manera configuraron el panorama poblacional y administrativo del territorio.
Aparecen los curatos estables, divididos en parroquias fundadas desde 1620 y dependientes del Arzobispado de Arequipa. Fiel testimonio del trabajo evangelizador son las 60 capillas y campanarios, construidos en aquella época, que subsisten en la Primera Región.

– Aún existen algunas viviendas de la época colonial en San Lorenzo de Tarapacá. Fueron construidas en las últimas décadas del siglo XVIII.
. La iglesia y campanario de Tarapacá fueron declarados Monumentos Nacionales en 1951. Ambas construcciones son testimonio de la importancia que tuvo el poblado durante los primeros años de asentamiento hispano en la región.

Pueblos de Indios

De acuerdo a la política española, los indígenas debían ser reducidos en «pueblos de indios».
La arqueóloga e historiadora Cora Moragas estima que a partir del siglo XVI la aldea indígena que hoy se denomina  Tarapacá Viejo, ubicada al costado sur de la quebrada y que estaba siendo habitada por la población nativa aproximadamente desde el siglo XIII D.C. se constituyó en un reducto indígena o «Pueblo de Indios».
«El encomendero, su mayordomo y otros funcionarios españoles debieron habitar otros espacios de la quebrada, puesto que por Cédula Real se prohibía a los españoles, con excepción del cura, entrar o habitar en estos pueblos».
Bajo esta ley, los indígenas fueron organizados en municipios. Se elegían alcaldes y regidores indios. Ellos tenían la misión de mantener el orden social y político dentro de su reducto. Tales nombramientos recaían en los caciques que previamente era evangelizado por el sacerdote.
«Estos jefes indios podían imponer castigos a los pobladores de mal comportamiento».
De la misma manera, los jefes indios designaban los turnos para el trabajo al encomendero y recolectaban el tributo del pueblo.
De acuerdo a las estimaciones de Cora Moragas, los indígenas habían vivido en Tarapacá Viejo hasta 1717, fecha en que según los registros, se produjo una gran epidemia que diezmó a la población. Los sobrevivientes se trasladaron al costado norte de la quebrada, donde actualmente se sitúa el poblado de Tarapacá.
En 1578 existían diversos «pueblos de indios» en el Tenientazgo de Tarapacá. los más representativos eran San Lorenzo de Tarapacá, San Antonio de Mocha, Santa María de Huaviña, Santo Tomás de Camiña y San Andrés de Pica. En cada poblado se asume que debió existir  una iglesia no obstante sus rastros se perdieron luego de los sismos que azotaron a la región.
El historiador Oscar Bermúdez estima que la población indígena en al Provincia de Tarapacá durante la época de la Conquista ascendía a unos 6.000 a 8.000 habitantes.

Aportes y cambio de cultura

Desde 1548 los aportes de los conquistadores como el ganado, aves domésticas, artesanías de fierro, semillas, tecnología extractiva, arquitectura y liturgia europea, iniciaron un radical cambio en las estructuras sociales locales.
El arqueólogo Lautaro Núñez afirma que en este lapso cambió el uso de los suelos: del maíz al trigo, de la chicha al vino, algarrobales y chañares por frutales.
Los españoles fueron conquistadores primeros y colonizadores después. Tal como los Incas, ocuparon las tierras donde vivían los caudillos locales en Camiña, Tarapacá, Pica, Huatacondo y Quillagua.
– Los tamarugos fueron una de las especies que utilizaron los españoles para la construcción de sus casas solariegas, también como carbón para la cocina y en los primeros intentos de extraer plata y salitre.
– Todos los cultivos que mantenía el pueblo aymara en los oasis y quebradas de Tarapacá fueron cambiados paulatinamente por los terratenientes españoles. en vez de maíz, quínoa y los frutos de los chañares; los españoles impusieron árboles frutales y los viñedos. En la actualidad Pica y Matilla son conocidos por los limones, naranjas y productos de origen tropical como mangos.
– El poblado de La Tirana fue el centro de las primeras actividades  mineras de Tarapacá. Existen varias  litografías que muestra como refinaban plata a través de varios casilleros de madera de tamarugo.
Indios en la costa
Ya avanzada la Colonia, la presencia indígena en la costa era limitada.
Muchísimos de los changos siguieron haciendo su vida de forma independiente, navegando sin mayor compromiso con el sistema español..
Darwin, por ejemplo, en 1835 los menciona como tribus nómades que se desplazaban libremente por toda la costa del norte de Chile. Hay muchos otros viajeros que hacen alusión a ellos durante esta época.
En los valles y oasis vivían indios que se resistían  a cambiar. También había otros muy españolizados por la cohabitación junto a negros, españoles y criollos, conformando una sociedad cada vez más mezclada, plural y tarapaqueña, tan pujante que sus líderes pasaron de la agricultura y sus viñas, a la minería de la plata y a la fabricación de pólvora con el uso de las pampas de nitratos.

El legado español colonial

Antigua Iglesia de La Tirana

Capilla de gruesos muros de arenisca compacta, levantada probablemente durante 1765, comenzó a usarse en 1789 por españoles e indígenas. Durante esa época el sector se llamaba Pozo del Carmen. Posteriormente, y de acuerdo a su costumbre, los españoles  construyeron en torno a la capilla sus chozas de adobe y paja, dando nacimiento así al pueblo de La Tirana. La capilla fue destruida en 1868. Años más tarde se construyó una nueva iglesia que se conoce actualmente.

Iglesia de Tarapacá

Fue construida en 1730. Está compuesta por dos naves paralelas y una sólida torre campanario de gran altura. Posee una rica  ornamentación tallada en piedra, característica del estilo barroco americano desarrollado en las urbes hispánicas durante la Colonia.
La torre del campanario está en buen estado. La iglesia ha sufrido diversas alteraciones por acción del fuego y de movimientos sísmicos. Sufrió severos daños en el terremoto y 2005 y fue recosntruida a través de aportes de privados.

Iglesia de Matilla

de fines del siglo XVIII data la primitiva iglesia de Matilla. Esa primera construcción fue destruida por el terremoto de 1878. Sobre los cimientos de la antigua edificación se erigió la iglesia que existe hasta el día de hoy. El constructor español José Durán fue el encargado de levantar las tabiquerías de cañas de la parte frontal y los gruesos muros de roca y adobe de la zona. En el interior se encuentra el retablo en albañilería que se supone proviene de la iglesia original.
El sólido campanario corresponde al siglo XVIII y se levanta en forma separada del cuerpo de la iglesia como ocurre con varias iglesias coloniales de Tarapacá. 
Tiene capacidad para contener ocho campanas, Utilizaron para su construcción bloques de cal, tiza y bórax.

Iglesia de Pica

Entre 1880 u 1886 fue construida la actual Iglesia de San Andrés de Pica. Este templo reemplazó al anterior que fue destruido por un terremoto. Para su construcción usaron madera de la zona. Tiene una cubierta  de fierro galvanizado. La iglesia cuenta con tres naves divididas por columnas acanaladas. En su interior hay ingeniería religiosa colonial con figuras de tamaño casi naturales que representan la Ultima cena.
Lagar de Matilla
La plantación de viñedos en Pica y Matilla comenzó a fines del siglo XVI, En 1860 la producción de vino llegaba a las 15.000 botijas al año. Tras la cosecha  de la uva se procedía al pisado y prensado de la pulpa. El prensado se realizaba mediante el uso de la viga, grueso troncoo de algarrobo que, accionado por un cabrestrante efectuaba un movimiento de báscula. El que, a objeto de que mantuviera una temperatura uniforme, eran enterradas parcialmente. El destape de las primeras tinajas ocurría durante la fiesta de San Antonio, todos los 13  de junio.
Luego en 1870 la producción comenzó a disminuir debido a la escasez de agua y la destrucción de las plantaciones. En 1937 se efectuó la última vendimia en Matilla.

Iglesia de Isluga

Isluga está a 276 kilómetros al noreste de Iquique y a una altura de 3.780 metros sobre el nivel del mar. La iglesia data del siglo XVIII. El templo consta de una nave central y un campanario levantado en forma independiente. Ambas estructuras están rodeadas por un muro perimetral que está confeccionado con estructuras ornamentales  de piedra. El muro se prolonga  y envuelve la plaza lateral llamado «kancha».

Presencia española

Los colonos españoles en los valles del interior dejaron marcada su presencia en la provincia.
La arqueóloga Cora Moragas destaca la presencia de viviendas solariegas que se remontan a al época de la Colonia y de iglesias y campanarios construidos en la época de los primeros asentamientos hispanos, que permanecen levantados en la actualidad.
Ella realza la importancia de las iglesias de San Lorenzo de Tarapacá, y de San Antonio de Matilla, como también del antiguo convento de Tarapacá.
Además en Tarapacá residieron industriales mineros. Una constancia de ellos son los vestigios en donde se procesaban minerales como plata y cobre, una fábrica de pólvora.
«Todo ellos constituye la marca que dejó la explotación minera de Huantajaya en los valles interiores», explicó la investigadora.
Según la arqueóloga, existe una variada gama de vestigios que testimonia un pasado de interés notable. «Es impresionante constatar que ha existido tanta vida dentro de esta desértica  región. En los sectores más inverosímiles hay evidencias de antiguos pioneros y esforzados colonos que al establecerse en las tierras desérticas  de la provincia le transfirieron vida y legaron su labor como patrimonio».
Otra marca española se encuentra en los oasis de Pica y Matilla, especialmente en los lagares y todas las dependencias  relacionadas con al industria vitivinícola.
«Esos vestigios son un testimonio del auge de estas localidades durante los siglos pasados», asegura Moragas.

Canchones del Tamarugal

La Pampa del Tamarugal, a partir del siglo XVIII, fue poblada por pequeños grupos familiares dedicados a satisfacerla demanda de abastecimientos que requerían las oficinas salitreras. Entre las principales actividades radicaba la fabricación de carbón, la crianza de ovinos y caprinos y el cultivo de la tierra a través del particular sistemas de canchones.
Este consiste en la remoción de la costra salina de la superficie con el objeto de aprovechar la humedad procedente de la napa subterránea. 
Los principales cultivos realizados en los canchones eran la alfalfa, primordial para la alimentación de las llamas y mulas utilizadas como medio de transporte. También se plantaban algarrobos, cuya madera constituye un excelente combustible siendo su fruto un nutritivo forraje para el ganado.
Como consecuencia de estas antiguas labores, la Pampa del Tamarugal presenta pequeños grupos de viviendas ahora abandonadas. Estas fueron  construidas con adobes o con costrones salinos propios de la localidad.
En algunos casos, las viviendas conservan la techumbre armada con tortas de barro y paja sobre troncos de tamarugos atados con tiras de cueros. Hornos de barro y corrales complementaban las viviendas.

– Aún es posible apreciar los canchones en la Pampa del Tamarugal. En una vista aérea se ve los cambios en el terreno que realizaron los grupos familiares asentados en esta zona. 

Las aldeas españolas

Más allá de Pica, Matilla y Tarapacá, los españoles mantuvieron una presencia en distintas  aldeas, ya sea, en la costa o al interior de la Pampa del Tamarugal. Pisagua Viejo y los caseríos que aún se pueden ver en las inmediaciones de La Tirana y La Huayca son los ejemplos patentes del tesón español por desarrollar la provincia.

Pisagua Viejo

Los restos de Pisagua Viejo se sitúan a un par de kilómetros al norte del actual Pisagua. El poblado estuvo al lado sur de la desembocadura de la Quebrada de Tana.
Su actividad comenzó  el siglo XVII y siguió hasta comienzos del siglo XIX cuando la industria salitrera necesitó de un puerto con mejores muelles y aguas más profundas.
La aldea de Pisagua Viejo ejercía la función de controlar  el tráfico de embarque y desembarque de productos que se internaban a Potosí por la quebrada de Tana.
La arqueóloga Cora Moragas explica que es posible que los colonos hayan aprovechado el agua de vertientes cercanas del interior para pequeños cultivos. «Es probable  que la corona española, al igual que en otros sectores de la costa, haya instalado allí factorías de salar pescado y mariscos».

– La desembocadura de la Quebrada de Tana es el escenario donde se desarrolló el poblado español colonial de Pisagua Viejo.
– Pisagua Viejo aún conserva algunas edificaciones del siglo XVII. Corresponden a construcciones levantadas por españoles durante el desarrollo de la industria de la plata y el guano.

Iquique: Una ciudad de madera

En 1850 el centro comercial de la ciudad se desplazó a los terrenos en donde convergían los caminos y carreteras. Allí se designó el sector sur de la Plaza Mayor (actual Plaza Prat) un terreno donde se levantaría la Iglesia Matriz y un cementerio a su lado.
La construcción de esta iglesia fue autorizada por el gobierno peruano en septiembre de 1849. El antiguo templo, que estuvo ubicado atrás del actual emplazamiento del Hotel Arturo Prat, era pequeño para la gran cantidad de personas que asistían a misa.
El arquitecto iquiqueño Patricio Advis, indica que los materiales fundamentales que se usaban para la construcción en 1850 eran la madera y la piedra local. “No obstante, aún no se presentaba en la escena urbana la arquitectura que posteriormente imprimirá el carácter típico y propio a la ciudad”.
En ese tiempo las viviendas tenían techos bajos y planos recubiertas de conchuelas. “Se parecían a cajones sin barandas, ni cornisas”.
Los servicios urbanos casi no existían. Los desperdicios orgánicos se lanzaban a la calle para que los gallinazos o jotes los consumieran.
Este panorama desolador cambió paulatinamente y entre 1850 y 1900 Iquique presentó su mayor desarrollo urbanístico. De un pequeño poblado junto al mar se transformó en una gran urbe donde la alta sociedad española, británica e italiana construyó sus casas y levantó los principales edificios que se mantienen hasta la actualidad.

En 1890 la Plaza Prat, antes denominada Plaza Mayor, fue el centro de la actividad económica y social de Iquique.
Miguel Retornano fue uno de los arquitectos que estuvo a cargo de las principales edificaciones de Iquique durante la última mitad del siglo XIX.
Calle Baquedano a fines del Siglo XIX.

Iglesia Catedral

Iquique durante los siglox XVIII y XIX estaba incluida en los límites eclesiásticos de Tarapacá, bajo la jurisdicción del Obispado de Arequipa, Perú. Fue el obispo Bartolomé Herrera quien por decreto del 23 de junio de 1867 creó la Parroquia de Iquique.
La Parroquia Catedral tiene su origen a fines del siglo XVIII cuando estaba ubicada a cien metros de distancia de lo que hoy es la Plaza Prat, hacia el barrio de El Morro por calle Pedro Lagos. Este edificio tuvo que ser demolido en 1859 porque estaba en muy mal estado.
La segunda iglesia era de fierro y fue comprada en Europa en 1859 e instalada a un costado de la Plaza Prat, presumiblemente en el mismo lugar donde años después estaría el Teatro Municipal de Iquique.
El 9 de julio de 1873 la iglesia se incendió. En forma inmediata fue levantada una capilla gracias al apoyo económico de los fieles. Pero viendo la necesidad de un nuevo templo, el gobierno de Perú dispuso construir la nueva Iglesia Matriz de Iquique, ubicándola en el mismo lugar donde hoy se encuentra la Catedral. La diferencia está en que el edificio estaba orientado a calle Esmeralda. Está iglesia duró poco. En 1883 un incendio arrasó con el templo.
El 13 de marzo de 1883 la comisión administradora de Iquique estableció que la manzana correspondiente entre las calles Tacna (Obispo Labbé), Santa Rosa (Esmeralda), Junín (Ramírez) y Bolívar, se convirtieran en Plaza República. Se reservó en el centro un espacio necesario para construir la iglesia y la casa parroquial.
El encargado de realizar este proyecto y llevar adelante esta obra fue el vicario apostólico de Tarapacá, Camilo Ortúzar; el primer sacerdote salesiano en la provincia. Colocaron la primera piedra el 8 de septiembre de 1883.
La nueva iglesia fue consagrada a la Purísima Concepción de la Santísima Virgen María. Las obras finalizaron en 1885. Para su construcción se importaron 3.000 pies de pino bruto y 242.000 pies de pino machilhembrado.
La iglesia mide 50 metros de largo y 25 de ancho. Está formada por tres naves altares, uno mayor y dos colaterales.
Las imágenes que adornaban la iglesia, tanto óleos como estructuras fueron traídas de Europa. Los confesionarios que hoy se encuentran en la catedral se mandaron a construir en 1889 en madera de raulí y cedro. Las campanas fueron fundidas en Carrizal Bajo por el ingeniero Juan King. Una de ellas se conserva y data de 1810. En 1900 llegó desde Europa una pila bautismal de mármol.
A la entrada de la nave derecha construyeron una cripta en la cual se guardaron los restos de Arturo Prat Chacón hasta 1888, fecha en que fueron trasladados a Valparaíso.
En 1929 bajo el pontificado del Papa Pío XI la Parroquia de Iquique es elevada a la calidad de Obispado. Su primer Obispo fue Carlos Labbé Márquez. Al mismo tiempo, la iglesia adquirió el rango de catedral.
El 20 de marzo de 1989 la Iglesia Catedral de Iquique fue declarada Monumento Histórico.
  • Los restos de Guillermo Juan Carter, vicario apostólico de Tarapacá, descansan en una de las naves de la Catedral de Iquique. En ese mismo lugar estuvo depositado el cuerpo del capitán Arturo Prat.
  • El Obispado de Iquique guarda varios muebles que datan de los tiempos en Iquique Pertenecía a Perú. Esta banca posee el escudo de armas del vecino país.
  • Organo que se encuentra a un costado de la nave central de la Catedral de Iquique.
  • El Santísimo de bronce data de principios del Siglo XIX.

Protectora de Empleados

En 1891 un grupo de iquiqueños fundó la Sociedad Protectora de Empleados de Tarapacá. Frente al crecimiento de sus actividades los integrantes de la organización decidieron edificar la sede social. Las obras, dirigidas por Miguel Retornano, comenzaron en 1911 y finalizaron dos años después. Es uno de los primeros edificios sindicales de Chile.
Para la construcción del edificio eligieron el lugar más destacado de la ciudad: la Plaza Prat al lado del Teatro Municipal.
El edificio de la Protectora es la única construcción de albañilería de ladrillos considerada como patrimonio arquitectónico iquiqueño. La armadura de la techumbre es de pino oregón, la cual está cubierta de tejuelas estampadas de fierro galvanizado. Los cuatro faldones de fuerte pendiente del techo alojan las mansardas alumbradas por ventanas de anchos marcos circulares que demuestran la construcción de estilo neorenacentista francés de fin de siglo XIX.

Edificio de la Aduana

Este Monumento Nacional fue construido en 1871 como oficina de gobierno peruano y aduana. Por años fue considerada la puerta de entrada de Iquique. El edificio es de dos pisos. Fue construido en un estilo clásico colonial y en su centro tiene en la parte superior un mirador octogonal. Su patio interior es rodeado por corredores en dos niveles.
  • Aduana de Iquique a fines del SIGLO XIX.
  • Patio interior y escalera principal que da al segundo piso de la Aduana de Iquique.

Teatro Municipal de Iquique

Los intentos por levantar el Teatro Municipal de Iquique comenzaron en 1886. Luego de analizar varios proyectos y descartar la mayoría de ellos, las autoridades decidieron llamar a concurso público a través de diarios santiaguinos y de Valparaíso.
En febrero de 1888 la municipalidad adquirió terrenos ubicado al sur de la Plaza Prat para destinarlos al teatro. En Noviembre de ese año abrieron los sobres con las ofertas. La empresa Soler Hermanos se adjudicó el concurso comprometiéndose a levantar el edificio en cinco meses de acuerdo a los planos del arquitecto de apellido Bliedehauser, radicado en Valparaíso.
El teatro fue inaugurado formalmente el 1 de enero de 1890. Su primer concesionario fue el francés Denid Mendiagne. Por varias décadas, los principales artistas que visitaron Chile actuaron en el Teatro Municipal de Iquique. Fue expresión de vida cultural y refinamiento cultivado en el desierto.
En sus tablas estuvieron la legendaria Sara Bernhart, Antonio Vico Della Guarda, La Fregoli y otros conocidos artistas de la época. La presencia de estas estrellas refleja el auge económico y cultural del puerto.
Los materiales que usaron fue principalmente pino oregón. También utilizaron una gruesa tabiquería de madera forrada en caña y estucada de anhidrita (yeso insoluble). Su fachada responde a un estilo neorenacentista.
El 21 de noviembre de 1977 el Teatro Municipal de Iquique fue declarado Monumento Histórico. En 1985 comenzaron los trabajos de restauración que se prolongaron por lapso de dos años. La Municipalidad de Iquique y las empresas pesqueras de la ciudad financiaron el proyecto.
El Teatro Municipal estuvo a punto de ser arrasado por las llamas en un incendio que ocurrió la noche del 24 de diciembre de 1987. El fuego comenzó en la casona de Baquedano 721 y luego se propagó al restaurante “El Padrino” (en ese mismo lugar funcionó años atrás la pastelería Creisola). El fuego fue sofocado luego de tres horas de intenso trabajo. Cuatro propiedades quedaron completamente destruidas. El teatro se salvó de las llamas, pero sufrió algunos daños por efecto del agua.
  • Teatro Municipal de Iquique durante 1890, año en que fue inaugurado.
  • El teatro municipal de Iquique fue restaurado en 1985 y 1987.

Estación de trenes de Iquique

La Estación de Trenes de Iquique la componen varios edificios que actualmente cobijan a reparticiones públicas. En la administración del ferrocarril funcionaban actualmente el Juzgado de Menores y la Secretaría Ministerial de Justicia. En la antigua estación se encuentra el Registro Civil e Identificación. El andén principal es ocupado como estacionamiento.
Todos estos edificios fueron levantados en 1883 cuando el tren salitrero pasó a manos de John Thomas North. La construcción se hizo en tabiquería de pino oregón estucada en el estilo clásico georgiano que se usaba en las colonias británicas.
Parque del equipo ferroviario que permanece hasta hoy fue declarado Monumento Nacional. Se compone de la locomotora N°8 con un carro de pasajeros de trocha de 143 centímetros correspondiente al ferrocarril inglés. También posee los escudos nacionales en los costados. La segunda máquina que conserva es la locomotora N°1035. Posee un carro de pasajeros y tiene una trocha o ancho de 100 centímetros entre sus rieles.
  • En 1885 todas las locomotoras eran guardadas en patios de ferrocarriles que se ubican en las inmediaciones en donde actualmente está el Centro de Cumplimiento Penitenciario de Iquique.
  • El edificio de la administración es actualmente ocupado por la Secretaría Regional Ministerial de Justicia.
  • El patio de estación de trenes siempre mantenía gran actividad comercial.

Arquitectura iquiqueña

Para el arquitecto iquiqueño Patricio Advis las construcciones de Iquique cuenta con una identidad propia que va más allá de las influencias de ingleses y españoles en la edificación del casco antiguo de la ciudad.
“Si caminamos por las calles del casco viejo de Iquique quedaremos inevitablemente cautivados por la coherencia y por la belleza que aún presentan muchas de sus antiguas construcciones, a pesar de las demoliciones, de los incendios y del deterioro natural”.
Estima que la arquitectura de las cosas confiere a la ciudad un rostro singular y único en el contexto de todas las ciudades de Chile.
“Se ha percibido y valorado sus cualidades externas, pero aún no se la ha comprendido lo suficiente como fenómeno histórico. Lo más que conocemos es que surgió durante el período de la industria del salitre y la creencia que fue traída por los ingleses como producto cultural”.
Advis afirma que además de estas influencias, la arquitectura en Iquique fue marcada por el recurso económico, los materiales que se tenían disponibles durante el ciclo salitrero y las condiciones climáticas que influyeron en el estilo de vida de la ciudad.
Advis afirma que “surgió en la ciudad una arquitectura predial que se propuso proteger sus contornos de la incidencia directa de los rayos del sol… para conseguir una temperatura interior confortable. Levantan las cubiertas formando azoteas sobre las casas, aireadas, abiertas en toda su amplitud… desde arriba se miraban los espectáculos públicos y desfiles”.
Parte de esta descripción es una manera de reflejar la idiosincrasia de los iquiqueños y la manera de desarrollar la arquitectura local.

Avenida Manuel Baquedano

La calle Baquedano surgió como parte de la expansión de Iquique hacia el sur. La mayoría de los edificios fueron levantados entre 1880 y 1920. Demuestran la capacidad de adaptarse de los iquiqueños ante las condiciones climáticas imperantes. Adaptaron el estilo georgiano que hacía furor en Estados Unidos a los parámetros que permitía el fuerte sol del Norte Grande.
Todas las casas de avenida Baquedano se parecen en tres elementos: el material empleado para su construcción (pino oregón), el método para levantar las edificaciones es el de “armazón simple” o “batallón frame” y su estilo arquitectónico el “americano” o alguno de sus derivados como el georgiano, revival griego o adam.
Otro de los patrones que se encuentran en la construcción de una fachada continua, el uso de baranda, la presencia de linternas, miradores y el techo aéreo o sombreado de azotea.

Palacio Astoreca

Esta gran casona fue construida en 1904 como residencia de la familia Astoreca, quienes fueron famosos porque se dedicaron a la explotación, cateo y explotación del salitre. Vivieron en esta residencia por muy poco tiempo, pues tras la muerte del padres, su viuda e hijos se fueron de Iquique y vendieron la propiedad.
El edificio fue adquirido por el gobierno para que funcionara la intendencia entre 1908 y 1976.
Los registros adjudican este edificio al arquitecto Miguel Retornano. Fue construido con madera de pino oregón. Su fachada es de gran simetría, posee tres cuerpos, destacando el del centro que está marcado por un frontón.
El techo posee la particularidad de tener una leve inclinación y rematar en la baranda del segundo piso a modo de una cubierta holandesa. Las ventanas, en su mayoría de guillotina, posee una tipología del revival griego.
  • a fines del siglo XIX, avenida Baquedano comenzaba con un gran portal de pino oregón que coincidía con la intersección de calle Thompson.
  • El Palacio Astoreca vivió su máximo esplendor a principios del siglo XX. Actualmente funciona como museo y centro cultural administrado por la Universidad Arturo Prat.
  • Higinio Astoreca y Astoreca. Nació en 1840 y falleció en 1903.

El centro español

Este edificio fue levantado por la colonia española el 10 de julio de 1904. El arquitecto fue Miguel Retornano. La construcción es de madera, de estilo morisco español. En su interior destacan los estucos, la madera policromada y varios oleos con escenas de El Quijote. Las obras fueron pintadas por Vicente Tordecillas en 1908.
El edificio del Casino Español es un bello exponente del arte hispano musulmán. Su arquitectura y ornamentación hacen recordar parte de la Alhambra de Granada.
En el segundo piso de esta construcción se encuentra el salón de honor. De su cielo de madera finamente ornamentado penden dos lámparas de fierro forjado. Cubren sus muros, blasones con diferentes escudos bordados en tela. Complementa la decoración, un cuadro de los Reyes de España en el sector norte. En el lado sur existen dos óleos, uno de Eduardo Llanos, ilustre español que dio sepultura a Arturo Prat y otro óleo del capitán Prat.
  • Escudo del Centro Español de Iquique.

Muelle de Pasajeros

En la época del esplendor del salitre, entre 1880 y 1920, el puerto de Iquique tuvo un movimiento extraordinario de carga en relación a otras ciudades de Chile. Este auge se vio reflejado en los edificios dedicados a prestar servicios a la actividad portuario.
Además de la belleza del edificio de Aduanas, fue levantado el Muelle de Pasajeros.
En el puerto el transporte entre los muelles se realizaba en lanchas o botes a remo. A fines del Siglo XIX la administración decidió construir un muelle de atraque para realizar los embarques y desembarques de pasajeros de manera más fácil, segura y rápida. Esta decisión se tomó luego del explosivo aumento del tránsito de personas en el lugar. No existen registros que indiquen una fecha exacta de inauguración.
En el Muelle de Pasajeros se construyó en pino oregón sobre pilares metálicos. Su corredor está techado y termina en un gran triángulo que constituye una proa, en sus costados tiene graderías que bajan hacia el mar. La construcción fue declarada Monumento Nacional en 1987.
En 1998 la Gobernación Marítima de Iquique, prohibido la entrada a esta estructura debido al ruinoso estado de sus bases metálicas y al embancamiento que sufre hace varias décadas. Durante el 2002 el Consejo Regional entregó 126 millones para su restauración.

Faro Isla Serrano

El gro que existe en la Ex Isla Serrano fue construido cuando el territorio de Iquique estaba bajo la jurisdicción peruana. El gobierno encargó su construcción en 1875, adjudicándose el proyecto la firma francesa Barbier y Fenestre.
La torre metálica, base de la luminaria, es de forma cilíndrica, sostenida por cuatro tirantes de fierro. Se accede a la lámpara por medio de una escalera de gato que está dentro de la torre.
Originalmente el faro funcionaba con aceite y tenía un mecanismo que le permitía rotar en 180 grados.
En 1918 el faro fue modernizado. Le incorporaron el uso de gas acetileno para su funcionamiento.
Paulatinamente ampliaron su rango de luz hasta llegar a las 15 millas náuticas.
El Faro de Iquique cumplió un papel importante como auxiliar de la navegación. En 1946 su funcionó se vio disminuida porque en el extremo del molo de abrigo del puerto levantaron una nueva señal más amplia.
Actualmente el faro es Monumento Nacional y lo custodia personal de la Gobernación Marítima de Iquique.
  • El foro de la Isla Serrano tuvo importancia estratégica hasta el primer cuarto del Siglo XX.

Capítulo 3: Los conquistadores españoles

Los conquistadores españoles

En 1535, la expedición de Diego de Almagro atravesó la Cordillera de Los Andes para descender en el valle de Copiapó. Estuvo varios meses buscando las riquezas que se suponía tenía la comarca. Los relatos que escuchó en Perú eran falsos. Regresó con las manos vacías.
Al volver siguió la senda que muchos creen que era uno de los caminos construidos por los Incas.
Al llegar a Pica decidió quedarse un par de meses en el oasis descansando y aprovisionándose luego de su larga jornada por el descampado de Atacama.
Durante su estada, algunos españoles decidieron radicarse en el poblado e iniciar de esta manera la colonización de la zona.
En 1536 Diego de Almagro dejó a cuatro de sus hombres en Pica. Ellos fueron Juan Castro, Matías de la Fuente, Sebastián Uganzo y Ruy Díaz, quienes generaron  importantes cambios en el oasis, entre ellos el desarrollo agrícola y minero en la zona.
En 1537 Almagro volvió a Cuzco.
En 1572 el Imperio Inca despareció definitivamente.

– Diego de Almagro, en 1535 inició la exploración de Chile, que entonces era considerada un territorio aislado y de difícil acceso.
– Pedro de Valdivia, también pasó por Pica. Sin embargo, siguió hacia el sur fundando ciudades: Santiago en 1541, Concepción 1550 y Valdivida en 1552.

El impacto de la conquista

Para el dirigente aymara David Esteban Moscoso, la llegada de los españoles durante el siglo XVI produce un quiebre en la sociedad andina y en la estructura productiva del pueblo.
«Luego de la ocupación española en las zonas más bajas de la región, especialmente en los poblados de Tarapacá y Pica, la población indígena se mantuvo entre la cordillera y el altiplano; ya no bajaba tanto a la costa.
De similar opinión  es el antropólogo Olaf Olmos. El profesional explica que la administración española y la instauración de los sistemas de explotación económica españoles de encomienda y mitas, menoscabaron la organización tradicional de la nación aymara.

– La Iglesia de Matilla es un ejemplo del esplendor que tuvo el poblado durante el periodo de la presencia española antes que se desarrollar el ciclo salitrero.
– Cariquima es un gran ejemplo de la unión de dos culturas. Junto a la centenaria iglesia, pasa lo que alguna vez fue el Camino del Inca.

Encomienda en Tarapacá

Las crónicas del siglo XVI establece que Francisco Pizarro entregó a varios de sus capitanes y soldados «encomiendas» (terrenos para la explotación y un grupo de indígenas para el trabajo, los cuales debían ser evangelizados) como recompensa por su participación en la conquista del Imperio Inca.
Uno de ellos fue Lucas Martínez Begazo quien recibió un extenso territorio que incluía las quebradas del interior y la caleta de Ike Ike. El encomendero se instaló en la quebrada de Tarapacá, en lo que actualmente son las ruinas de Tarapacá Viejo. Desde allí organizó a los indígenas para que prestaran sus servicios a la corona española y pagaran tributo al encomendero, quien se encargó de su adoctrinamiento religioso.
El aumento de la producción agrícola en Tarapacá, Locumba, Sama, Camiña, Lluta y Azapa obligó a una mayor extracción de guano desde la actual Isla Serrano.
Su trabajo permitió en pocos años, que sun barco de su propiedad iniciara en 1.541 viajes continuos por toda la zona entre Perú e Ike Ike, pasando por las caletas de Pisagua Viejo y Arica.
Sin embargo, a pesar de esta actividad la población indígena se mantuvo estática.
En la costa, desde Pisagua hasta El Loa, parte del corregimiento de Arica, el número de habitantes osciló entre las 300 y mil personas durante el siglo XVI.

– Desde la quebrada de Tarapacá hasta la costa de Ike Ike se extendió la primera «encomienda» que existió en esta zona.
– El poblado de Tarapacá fue el centro de la actividad agrícola y minera durante los primeros años de la conquista española.

División administrativa

El Corregimiento de Arica, dependiente de la Provincia de Arequipa, fue establecido el 17 de agosto de 1565 por le gobernador de Perú, Lope García Carrasco. De esta unidad administrativa dependían los tenientazgos o Distritos de Tacna, Tarapacá y Locumba.
En el siglo XVII los Corregimientos estaban divididos en Repartimientos, cada uno con un pueblo cabecera, cacique de indios y administración hispana. Estaban Arica, que dominaba el valle de Azapa, Codpa con gobierno de todos los «pueblos de indios» de la sierra y el altiplano; Camiña que alcanzaba hasta Isluga, Tarapacá y los alrededores de la quebrada; Sibaya con poblaciones del Alto Tarapacá y Pica que abarcaba hasta Huatacondo.

Evangelización

La labor pastoral de la Iglesia Católica estaba presente entre «pueblo de indios», fundando las primeras Capillas. De esta manera configuraron el panorama poblacional y administrativo del territorio.
Aparecen los curatos estables, divididos en parroquias fundadas desde 1620 y dependientes del Arzobispado de Arequipa. Fiel testimonio del trabajo evangelizador son las 60 capillas y campanarios, construidos en aquella época, que subsisten en la Primera Región.

– Aún existen algunas viviendas de la época colonial en San Lorenzo de Tarapacá. Fueron construidas en las últimas décadas del siglo XVIII.
. La iglesia y campanario de Tarapacá fueron declarados Monumentos Nacionales en 1951. Ambas construcciones son testimonio de la importancia que tuvo el poblado durante los primeros años de asentamiento hispano en la región.

Pueblos de Indios

De acuerdo a la política española, los indígenas debían ser reducidos en «pueblos de indios».
La arqueóloga e historiadora Cora Moragas estima que a partir del siglo XVI la aldea indígena que hoy se denomina  Tarapacá Viejo, ubicada al costado sur de la quebrada y que estaba siendo habitada por la población nativa aproximadamente desde el siglo XIII D.C. se constituyó en un reducto indígena o «Pueblo de Indios».
«El encomendero, su mayordomo y otros funcionarios españoles debieron habitar otros espacios de la quebrada, puesto que por Cédula Real se prohibía a los españoles, con excepción del cura, entrar o habitar en estos pueblos».
Bajo esta ley, los indígenas fueron organizados en municipios. Se elegían alcaldes y regidores indios. Ellos tenían la misión de mantener el orden social y político dentro de su reducto. Tales nombramientos recaían en los caciques que previamente era evangelizado por el sacerdote.
«Estos jefes indios podían imponer castigos a los pobladores de mal comportamiento».
De la misma manera, los jefes indios designaban los turnos para el trabajo al encomendero y recolectaban el tributo del pueblo.
De acuerdo a las estimaciones de Cora Moragas, los indígenas habían vivido en Tarapacá Viejo hasta 1717, fecha en que según los registros, se produjo una gran epidemia que diezmó a la población. Los sobrevivientes se trasladaron al costado norte de la quebrada, donde actualmente se sitúa el poblado de Tarapacá.
En 1578 existían diversos «pueblos de indios» en el Tenientazgo de Tarapacá. los más representativos eran San Lorenzo de Tarapacá, San Antonio de Mocha, Santa María de Huaviña, Santo Tomás de Camiña y San Andrés de Pica. En cada poblado se asume que debió existir  una iglesia no obstante sus rastros se perdieron luego de los sismos que azotaron a la región.
El historiador Oscar Bermúdez estima que la población indígena en al Provincia de Tarapacá durante la época de la Conquista ascendía a unos 6.000 a 8.000 habitantes.

Aportes y cambio de cultura

Desde 1548 los aportes de los conquistadores como el ganado, aves domésticas, artesanías de fierro, semillas, tecnología extractiva, arquitectura y liturgia europea, iniciaron un radical cambio en las estructuras sociales locales.
El arqueólogo Lautaro Núñez afirma que en este lapso cambió el uso de los suelos: del maíz al trigo, de la chicha al vino, algarrobales y chañares por frutales.
Los españoles fueron conquistadores primeros y colonizadores después. Tal como los Incas, ocuparon las tierras donde vivían los caudillos locales en Camiña, Tarapacá, Pica, Huatacondo y Quillagua.
– Los tamarugos fueron una de las especies que utilizaron los españoles para la construcción de sus casas solariegas, también como carbón para la cocina y en los primeros intentos de extraer plata y salitre.
– Todos los cultivos que mantenía el pueblo aymara en los oasis y quebradas de Tarapacá fueron cambiados paulatinamente por los terratenientes españoles. en vez de maíz, quínoa y los frutos de los chañares; los españoles impusieron árboles frutales y los viñedos. En la actualidad Pica y Matilla son conocidos por los limones, naranjas y productos de origen tropical como mangos.
– El poblado de La Tirana fue el centro de las primeras actividades  mineras de Tarapacá. Existen varias  litografías que muestra como refinaban plata a través de varios casilleros de madera de tamarugo.
Indios en la costa
Ya avanzada la Colonia, la presencia indígena en la costa era limitada.
Muchísimos de los changos siguieron haciendo su vida de forma independiente, navegando sin mayor compromiso con el sistema español..
Darwin, por ejemplo, en 1835 los menciona como tribus nómades que se desplazaban libremente por toda la costa del norte de Chile. Hay muchos otros viajeros que hacen alusión a ellos durante esta época.
En los valles y oasis vivían indios que se resistían  a cambiar. También había otros muy españolizados por la cohabitación junto a negros, españoles y criollos, conformando una sociedad cada vez más mezclada, plural y tarapaqueña, tan pujante que sus líderes pasaron de la agricultura y sus viñas, a la minería de la plata y a la fabricación de pólvora con el uso de las pampas de nitratos.

El legado español colonial

Antigua Iglesia de La Tirana

Capilla de gruesos muros de arenisca compacta, levantada probablemente durante 1765, comenzó a usarse en 1789 por españoles e indígenas. Durante esa época el sector se llamaba Pozo del Carmen. Posteriormente, y de acuerdo a su costumbre, los españoles  construyeron en torno a la capilla sus chozas de adobe y paja, dando nacimiento así al pueblo de La Tirana. La capilla fue destruida en 1868. Años más tarde se construyó una nueva iglesia que se conoce actualmente.

Iglesia de Tarapacá

Fue construida en 1730. Está compuesta por dos naves paralelas y una sólida torre campanario de gran altura. Posee una rica  ornamentación tallada en piedra, característica del estilo barroco americano desarrollado en las urbes hispánicas durante la Colonia.
La torre del campanario está en buen estado. La iglesia ha sufrido diversas alteraciones por acción del fuego y de movimientos sísmicos. Sufrió severos daños en el terremoto y 2005 y fue recosntruida a través de aportes de privados.

Iglesia de Matilla

de fines del siglo XVIII data la primitiva iglesia de Matilla. Esa primera construcción fue destruida por el terremoto de 1878. Sobre los cimientos de la antigua edificación se erigió la iglesia que existe hasta el día de hoy. El constructor español José Durán fue el encargado de levantar las tabiquerías de cañas de la parte frontal y los gruesos muros de roca y adobe de la zona. En el interior se encuentra el retablo en albañilería que se supone proviene de la iglesia original.
El sólido campanario corresponde al siglo XVIII y se levanta en forma separada del cuerpo de la iglesia como ocurre con varias iglesias coloniales de Tarapacá. 
Tiene capacidad para contener ocho campanas, Utilizaron para su construcción bloques de cal, tiza y bórax.

Iglesia de Pica

Entre 1880 u 1886 fue construida la actual Iglesia de San Andrés de Pica. Este templo reemplazó al anterior que fue destruido por un terremoto. Para su construcción usaron madera de la zona. Tiene una cubierta  de fierro galvanizado. La iglesia cuenta con tres naves divididas por columnas acanaladas. En su interior hay ingeniería religiosa colonial con figuras de tamaño casi naturales que representan la Ultima cena.
Lagar de Matilla
La plantación de viñedos en Pica y Matilla comenzó a fines del siglo XVI, En 1860 la producción de vino llegaba a las 15.000 botijas al año. Tras la cosecha  de la uva se procedía al pisado y prensado de la pulpa. El prensado se realizaba mediante el uso de la viga, grueso troncoo de algarrobo que, accionado por un cabrestrante efectuaba un movimiento de báscula. El que, a objeto de que mantuviera una temperatura uniforme, eran enterradas parcialmente. El destape de las primeras tinajas ocurría durante la fiesta de San Antonio, todos los 13  de junio.
Luego en 1870 la producción comenzó a disminuir debido a la escasez de agua y la destrucción de las plantaciones. En 1937 se efectuó la última vendimia en Matilla.

Iglesia de Isluga

Isluga está a 276 kilómetros al noreste de Iquique y a una altura de 3.780 metros sobre el nivel del mar. La iglesia data del siglo XVIII. El templo consta de una nave central y un campanario levantado en forma independiente. Ambas estructuras están rodeadas por un muro perimetral que está confeccionado con estructuras ornamentales  de piedra. El muro se prolonga  y envuelve la plaza lateral llamado «kancha».

Presencia española

Los colonos españoles en los valles del interior dejaron marcada su presencia en la provincia.
La arqueóloga Cora Moragas destaca la presencia de viviendas solariegas que se remontan a al época de la Colonia y de iglesias y campanarios construidos en la época de los primeros asentamientos hispanos, que permanecen levantados en la actualidad.
Ella realza la importancia de las iglesias de San Lorenzo de Tarapacá, y de San Antonio de Matilla, como también del antiguo convento de Tarapacá.
Además en Tarapacá residieron industriales mineros. Una constancia de ellos son los vestigios en donde se procesaban minerales como plata y cobre, una fábrica de pólvora.
«Todo ellos constituye la marca que dejó la explotación minera de Huantajaya en los valles interiores», explicó la investigadora.
Según la arqueóloga, existe una variada gama de vestigios que testimonia un pasado de interés notable. «Es impresionante constatar que ha existido tanta vida dentro de esta desértica  región. En los sectores más inverosímiles hay evidencias de antiguos pioneros y esforzados colonos que al establecerse en las tierras desérticas  de la provincia le transfirieron vida y legaron su labor como patrimonio».
Otra marca española se encuentra en los oasis de Pica y Matilla, especialmente en los lagares y todas las dependencias  relacionadas con al industria vitivinícola.
«Esos vestigios son un testimonio del auge de estas localidades durante los siglos pasados», asegura Moragas.

Canchones del Tamarugal

La Pampa del Tamarugal, a partir del siglo XVIII, fue poblada por pequeños grupos familiares dedicados a satisfacerla demanda de abastecimientos que requerían las oficinas salitreras. Entre las principales actividades radicaba la fabricación de carbón, la crianza de ovinos y caprinos y el cultivo de la tierra a través del particular sistemas de canchones.
Este consiste en la remoción de la costra salina de la superficie con el objeto de aprovechar la humedad procedente de la napa subterránea. 
Los principales cultivos realizados en los canchones eran la alfalfa, primordial para la alimentación de las llamas y mulas utilizadas como medio de transporte. También se plantaban algarrobos, cuya madera constituye un excelente combustible siendo su fruto un nutritivo forraje para el ganado.
Como consecuencia de estas antiguas labores, la Pampa del Tamarugal presenta pequeños grupos de viviendas ahora abandonadas. Estas fueron  construidas con adobes o con costrones salinos propios de la localidad.
En algunos casos, las viviendas conservan la techumbre armada con tortas de barro y paja sobre troncos de tamarugos atados con tiras de cueros. Hornos de barro y corrales complementaban las viviendas.

– Aún es posible apreciar los canchones en la Pampa del Tamarugal. En una vista aérea se ve los cambios en el terreno que realizaron los grupos familiares asentados en esta zona. 

Las aldeas españolas

Más allá de Pica, Matilla y Tarapacá, los españoles mantuvieron una presencia en distintas  aldeas, ya sea, en la costa o al interior de la Pampa del Tamarugal. Pisagua Viejo y los caseríos que aún se pueden ver en las inmediaciones de La Tirana y La Huayca son los ejemplos patentes del tesón español por desarrollar la provincia.

Pisagua Viejo

Los restos de Pisagua Viejo se sitúan a un par de kilómetros al norte del actual Pisagua. El poblado estuvo al lado sur de la desembocadura de la Quebrada de Tana.
Su actividad comenzó  el siglo XVII y siguió hasta comienzos del siglo XIX cuando la industria salitrera necesitó de un puerto con mejores muelles y aguas más profundas.
La aldea de Pisagua Viejo ejercía la función de controlar  el tráfico de embarque y desembarque de productos que se internaban a Potosí por la quebrada de Tana.
La arqueóloga Cora Moragas explica que es posible que los colonos hayan aprovechado el agua de vertientes cercanas del interior para pequeños cultivos. «Es probable  que la corona española, al igual que en otros sectores de la costa, haya instalado allí factorías de salar pescado y mariscos».

– La desembocadura de la Quebrada de Tana es el escenario donde se desarrolló el poblado español colonial de Pisagua Viejo.
– Pisagua Viejo aún conserva algunas edificaciones del siglo XVII. Corresponden a construcciones levantadas por españoles durante el desarrollo de la industria de la plata y el guano.

Capítulo 3: Los conquistadores españoles

Los conquistadores españoles

En 1535, la expedición de Diego de Almagro atravesó la Cordillera de Los Andes para descender en el valle de Copiapó. Estuvo varios meses buscando las riquezas que se suponía tenía la comarca. Los relatos que escuchó en Perú eran falsos. Regresó con las manos vacías.
Al volver siguió la senda que muchos creen que era uno de los caminos construidos por los Incas.
Al llegar a Pica decidió quedarse un par de meses en el oasis descansando y aprovisionándose luego de su larga jornada por el descampado de Atacama.
Durante su estada, algunos españoles decidieron radicarse en el poblado e iniciar de esta manera la colonización de la zona.
En 1536 Diego de Almagro dejó a cuatro de sus hombres en Pica. Ellos fueron Juan Castro, Matías de la Fuente, Sebastián Uganzo y Ruy Díaz, quienes generaron  importantes cambios en el oasis, entre ellos el desarrollo agrícola y minero en la zona.
En 1537 Almagro volvió a Cuzco.
En 1572 el Imperio Inca despareció definitivamente.

– Diego de Almagro, en 1535 inició la exploración de Chile, que entonces era considerada un territorio aislado y de difícil acceso.
– Pedro de Valdivia, también pasó por Pica. Sin embargo, siguió hacia el sur fundando ciudades: Santiago en 1541, Concepción 1550 y Valdivida en 1552.

El impacto de la conquista

Para el dirigente aymara David Esteban Moscoso, la llegada de los españoles durante el siglo XVI produce un quiebre en la sociedad andina y en la estructura productiva del pueblo.
«Luego de la ocupación española en las zonas más bajas de la región, especialmente en los poblados de Tarapacá y Pica, la población indígena se mantuvo entre la cordillera y el altiplano; ya no bajaba tanto a la costa.
De similar opinión  es el antropólogo Olaf Olmos. El profesional explica que la administración española y la instauración de los sistemas de explotación económica españoles de encomienda y mitas, menoscabaron la organización tradicional de la nación aymara.

– La Iglesia de Matilla es un ejemplo del esplendor que tuvo el poblado durante el periodo de la presencia española antes que se desarrollar el ciclo salitrero.
– Cariquima es un gran ejemplo de la unión de dos culturas. Junto a la centenaria iglesia, pasa lo que alguna vez fue el Camino del Inca.

Encomienda en Tarapacá

Las crónicas del siglo XVI establece que Francisco Pizarro entregó a varios de sus capitanes y soldados «encomiendas» (terrenos para la explotación y un grupo de indígenas para el trabajo, los cuales debían ser evangelizados) como recompensa por su participación en la conquista del Imperio Inca.
Uno de ellos fue Lucas Martínez Begazo quien recibió un extenso territorio que incluía las quebradas del interior y la caleta de Ike Ike. El encomendero se instaló en la quebrada de Tarapacá, en lo que actualmente son las ruinas de Tarapacá Viejo. Desde allí organizó a los indígenas para que prestaran sus servicios a la corona española y pagaran tributo al encomendero, quien se encargó de su adoctrinamiento religioso.
El aumento de la producción agrícola en Tarapacá, Locumba, Sama, Camiña, Lluta y Azapa obligó a una mayor extracción de guano desde la actual Isla Serrano.
Su trabajo permitió en pocos años, que sun barco de su propiedad iniciara en 1.541 viajes continuos por toda la zona entre Perú e Ike Ike, pasando por las caletas de Pisagua Viejo y Arica.
Sin embargo, a pesar de esta actividad la población indígena se mantuvo estática.
En la costa, desde Pisagua hasta El Loa, parte del corregimiento de Arica, el número de habitantes osciló entre las 300 y mil personas durante el siglo XVI.

– Desde la quebrada de Tarapacá hasta la costa de Ike Ike se extendió la primera «encomienda» que existió en esta zona.
– El poblado de Tarapacá fue el centro de la actividad agrícola y minera durante los primeros años de la conquista española.

División administrativa

El Corregimiento de Arica, dependiente de la Provincia de Arequipa, fue establecido el 17 de agosto de 1565 por le gobernador de Perú, Lope García Carrasco. De esta unidad administrativa dependían los tenientazgos o Distritos de Tacna, Tarapacá y Locumba.
En el siglo XVII los Corregimientos estaban divididos en Repartimientos, cada uno con un pueblo cabecera, cacique de indios y administración hispana. Estaban Arica, que dominaba el valle de Azapa, Codpa con gobierno de todos los «pueblos de indios» de la sierra y el altiplano; Camiña que alcanzaba hasta Isluga, Tarapacá y los alrededores de la quebrada; Sibaya con poblaciones del Alto Tarapacá y Pica que abarcaba hasta Huatacondo.

Evangelización

La labor pastoral de la Iglesia Católica estaba presente entre «pueblo de indios», fundando las primeras Capillas. De esta manera configuraron el panorama poblacional y administrativo del territorio.
Aparecen los curatos estables, divididos en parroquias fundadas desde 1620 y dependientes del Arzobispado de Arequipa. Fiel testimonio del trabajo evangelizador son las 60 capillas y campanarios, construidos en aquella época, que subsisten en la Primera Región.

– Aún existen algunas viviendas de la época colonial en San Lorenzo de Tarapacá. Fueron construidas en las últimas décadas del siglo XVIII.
. La iglesia y campanario de Tarapacá fueron declarados Monumentos Nacionales en 1951. Ambas construcciones son testimonio de la importancia que tuvo el poblado durante los primeros años de asentamiento hispano en la región.

Pueblos de Indios

De acuerdo a la política española, los indígenas debían ser reducidos en «pueblos de indios».
La arqueóloga e historiadora Cora Moragas estima que a partir del siglo XVI la aldea indígena que hoy se denomina  Tarapacá Viejo, ubicada al costado sur de la quebrada y que estaba siendo habitada por la población nativa aproximadamente desde el siglo XIII D.C. se constituyó en un reducto indígena o «Pueblo de Indios».
«El encomendero, su mayordomo y otros funcionarios españoles debieron habitar otros espacios de la quebrada, puesto que por Cédula Real se prohibía a los españoles, con excepción del cura, entrar o habitar en estos pueblos».
Bajo esta ley, los indígenas fueron organizados en municipios. Se elegían alcaldes y regidores indios. Ellos tenían la misión de mantener el orden social y político dentro de su reducto. Tales nombramientos recaían en los caciques que previamente era evangelizado por el sacerdote.
«Estos jefes indios podían imponer castigos a los pobladores de mal comportamiento».
De la misma manera, los jefes indios designaban los turnos para el trabajo al encomendero y recolectaban el tributo del pueblo.
De acuerdo a las estimaciones de Cora Moragas, los indígenas habían vivido en Tarapacá Viejo hasta 1717, fecha en que según los registros, se produjo una gran epidemia que diezmó a la población. Los sobrevivientes se trasladaron al costado norte de la quebrada, donde actualmente se sitúa el poblado de Tarapacá.
En 1578 existían diversos «pueblos de indios» en el Tenientazgo de Tarapacá. los más representativos eran San Lorenzo de Tarapacá, San Antonio de Mocha, Santa María de Huaviña, Santo Tomás de Camiña y San Andrés de Pica. En cada poblado se asume que debió existir  una iglesia no obstante sus rastros se perdieron luego de los sismos que azotaron a la región.
El historiador Oscar Bermúdez estima que la población indígena en al Provincia de Tarapacá durante la época de la Conquista ascendía a unos 6.000 a 8.000 habitantes.

Aportes y cambio de cultura

Desde 1548 los aportes de los conquistadores como el ganado, aves domésticas, artesanías de fierro, semillas, tecnología extractiva, arquitectura y liturgia europea, iniciaron un radical cambio en las estructuras sociales locales.
El arqueólogo Lautaro Núñez afirma que en este lapso cambió el uso de los suelos: del maíz al trigo, de la chicha al vino, algarrobales y chañares por frutales.
Los españoles fueron conquistadores primeros y colonizadores después. Tal como los Incas, ocuparon las tierras donde vivían los caudillos locales en Camiña, Tarapacá, Pica, Huatacondo y Quillagua.
– Los tamarugos fueron una de las especies que utilizaron los españoles para la construcción de sus casas solariegas, también como carbón para la cocina y en los primeros intentos de extraer plata y salitre.
– Todos los cultivos que mantenía el pueblo aymara en los oasis y quebradas de Tarapacá fueron cambiados paulatinamente por los terratenientes españoles. en vez de maíz, quínoa y los frutos de los chañares; los españoles impusieron árboles frutales y los viñedos. En la actualidad Pica y Matilla son conocidos por los limones, naranjas y productos de origen tropical como mangos.
– El poblado de La Tirana fue el centro de las primeras actividades  mineras de Tarapacá. Existen varias  litografías que muestra como refinaban plata a través de varios casilleros de madera de tamarugo.
Indios en la costa
Ya avanzada la Colonia, la presencia indígena en la costa era limitada.
Muchísimos de los changos siguieron haciendo su vida de forma independiente, navegando sin mayor compromiso con el sistema español..
Darwin, por ejemplo, en 1835 los menciona como tribus nómades que se desplazaban libremente por toda la costa del norte de Chile. Hay muchos otros viajeros que hacen alusión a ellos durante esta época.
En los valles y oasis vivían indios que se resistían  a cambiar. También había otros muy españolizados por la cohabitación junto a negros, españoles y criollos, conformando una sociedad cada vez más mezclada, plural y tarapaqueña, tan pujante que sus líderes pasaron de la agricultura y sus viñas, a la minería de la plata y a la fabricación de pólvora con el uso de las pampas de nitratos.

El legado español colonial

Antigua Iglesia de La Tirana

Capilla de gruesos muros de arenisca compacta, levantada probablemente durante 1765, comenzó a usarse en 1789 por españoles e indígenas. Durante esa época el sector se llamaba Pozo del Carmen. Posteriormente, y de acuerdo a su costumbre, los españoles  construyeron en torno a la capilla sus chozas de adobe y paja, dando nacimiento así al pueblo de La Tirana. La capilla fue destruida en 1868. Años más tarde se construyó una nueva iglesia que se conoce actualmente.

Iglesia de Tarapacá

Fue construida en 1730. Está compuesta por dos naves paralelas y una sólida torre campanario de gran altura. Posee una rica  ornamentación tallada en piedra, característica del estilo barroco americano desarrollado en las urbes hispánicas durante la Colonia.
La torre del campanario está en buen estado. La iglesia ha sufrido diversas alteraciones por acción del fuego y de movimientos sísmicos. Sufrió severos daños en el terremoto y 2005 y fue recosntruida a través de aportes de privados.

Iglesia de Matilla

de fines del siglo XVIII data la primitiva iglesia de Matilla. Esa primera construcción fue destruida por el terremoto de 1878. Sobre los cimientos de la antigua edificación se erigió la iglesia que existe hasta el día de hoy. El constructor español José Durán fue el encargado de levantar las tabiquerías de cañas de la parte frontal y los gruesos muros de roca y adobe de la zona. En el interior se encuentra el retablo en albañilería que se supone proviene de la iglesia original.
El sólido campanario corresponde al siglo XVIII y se levanta en forma separada del cuerpo de la iglesia como ocurre con varias iglesias coloniales de Tarapacá. 
Tiene capacidad para contener ocho campanas, Utilizaron para su construcción bloques de cal, tiza y bórax.

Iglesia de Pica

Entre 1880 u 1886 fue construida la actual Iglesia de San Andrés de Pica. Este templo reemplazó al anterior que fue destruido por un terremoto. Para su construcción usaron madera de la zona. Tiene una cubierta  de fierro galvanizado. La iglesia cuenta con tres naves divididas por columnas acanaladas. En su interior hay ingeniería religiosa colonial con figuras de tamaño casi naturales que representan la Ultima cena.
Lagar de Matilla
La plantación de viñedos en Pica y Matilla comenzó a fines del siglo XVI, En 1860 la producción de vino llegaba a las 15.000 botijas al año. Tras la cosecha  de la uva se procedía al pisado y prensado de la pulpa. El prensado se realizaba mediante el uso de la viga, grueso troncoo de algarrobo que, accionado por un cabrestrante efectuaba un movimiento de báscula. El que, a objeto de que mantuviera una temperatura uniforme, eran enterradas parcialmente. El destape de las primeras tinajas ocurría durante la fiesta de San Antonio, todos los 13  de junio.
Luego en 1870 la producción comenzó a disminuir debido a la escasez de agua y la destrucción de las plantaciones. En 1937 se efectuó la última vendimia en Matilla.

Iglesia de Isluga

Isluga está a 276 kilómetros al noreste de Iquique y a una altura de 3.780 metros sobre el nivel del mar. La iglesia data del siglo XVIII. El templo consta de una nave central y un campanario levantado en forma independiente. Ambas estructuras están rodeadas por un muro perimetral que está confeccionado con estructuras ornamentales  de piedra. El muro se prolonga  y envuelve la plaza lateral llamado «kancha».

Presencia española

Los colonos españoles en los valles del interior dejaron marcada su presencia en la provincia.
La arqueóloga Cora Moragas destaca la presencia de viviendas solariegas que se remontan a al época de la Colonia y de iglesias y campanarios construidos en la época de los primeros asentamientos hispanos, que permanecen levantados en la actualidad.
Ella realza la importancia de las iglesias de San Lorenzo de Tarapacá, y de San Antonio de Matilla, como también del antiguo convento de Tarapacá.
Además en Tarapacá residieron industriales mineros. Una constancia de ellos son los vestigios en donde se procesaban minerales como plata y cobre, una fábrica de pólvora.
«Todo ellos constituye la marca que dejó la explotación minera de Huantajaya en los valles interiores», explicó la investigadora.
Según la arqueóloga, existe una variada gama de vestigios que testimonia un pasado de interés notable. «Es impresionante constatar que ha existido tanta vida dentro de esta desértica  región. En los sectores más inverosímiles hay evidencias de antiguos pioneros y esforzados colonos que al establecerse en las tierras desérticas  de la provincia le transfirieron vida y legaron su labor como patrimonio».
Otra marca española se encuentra en los oasis de Pica y Matilla, especialmente en los lagares y todas las dependencias  relacionadas con al industria vitivinícola.
«Esos vestigios son un testimonio del auge de estas localidades durante los siglos pasados», asegura Moragas.

Canchones del Tamarugal

La Pampa del Tamarugal, a partir del siglo XVIII, fue poblada por pequeños grupos familiares dedicados a satisfacerla demanda de abastecimientos que requerían las oficinas salitreras. Entre las principales actividades radicaba la fabricación de carbón, la crianza de ovinos y caprinos y el cultivo de la tierra a través del particular sistemas de canchones.
Este consiste en la remoción de la costra salina de la superficie con el objeto de aprovechar la humedad procedente de la napa subterránea. 
Los principales cultivos realizados en los canchones eran la alfalfa, primordial para la alimentación de las llamas y mulas utilizadas como medio de transporte. También se plantaban algarrobos, cuya madera constituye un excelente combustible siendo su fruto un nutritivo forraje para el ganado.
Como consecuencia de estas antiguas labores, la Pampa del Tamarugal presenta pequeños grupos de viviendas ahora abandonadas. Estas fueron  construidas con adobes o con costrones salinos propios de la localidad.
En algunos casos, las viviendas conservan la techumbre armada con tortas de barro y paja sobre troncos de tamarugos atados con tiras de cueros. Hornos de barro y corrales complementaban las viviendas.

– Aún es posible apreciar los canchones en la Pampa del Tamarugal. En una vista aérea se ve los cambios en el terreno que realizaron los grupos familiares asentados en esta zona. 

Las aldeas españolas

Más allá de Pica, Matilla y Tarapacá, los españoles mantuvieron una presencia en distintas  aldeas, ya sea, en la costa o al interior de la Pampa del Tamarugal. Pisagua Viejo y los caseríos que aún se pueden ver en las inmediaciones de La Tirana y La Huayca son los ejemplos patentes del tesón español por desarrollar la provincia.

Pisagua Viejo

Los restos de Pisagua Viejo se sitúan a un par de kilómetros al norte del actual Pisagua. El poblado estuvo al lado sur de la desembocadura de la Quebrada de Tana.
Su actividad comenzó  el siglo XVII y siguió hasta comienzos del siglo XIX cuando la industria salitrera necesitó de un puerto con mejores muelles y aguas más profundas.
La aldea de Pisagua Viejo ejercía la función de controlar  el tráfico de embarque y desembarque de productos que se internaban a Potosí por la quebrada de Tana.
La arqueóloga Cora Moragas explica que es posible que los colonos hayan aprovechado el agua de vertientes cercanas del interior para pequeños cultivos. «Es probable  que la corona española, al igual que en otros sectores de la costa, haya instalado allí factorías de salar pescado y mariscos».

– La desembocadura de la Quebrada de Tana es el escenario donde se desarrolló el poblado español colonial de Pisagua Viejo.
– Pisagua Viejo aún conserva algunas edificaciones del siglo XVII. Corresponden a construcciones levantadas por españoles durante el desarrollo de la industria de la plata y el guano.