Pisagua revolucionario

PATY 75-36 El investigador iquiqueño Mario Zolezzi afirma que Pisagua tuvo un rol importante en la Revolución de 1891. «Durante el desarrollo de la Guerra Civil, Pisagua volvió a ser escenario bélico».
La acción del 21 de enero favoreció a las fuerzas del gobierno balmacedista.
La segunda acción se desarrolló el 6 de febrero de 1891 entre las fuerzas gobiernistas, al mando del teniente coronel Mario A. Valenzuela, quien ocupaba Pisagua, y los revolucionarios al mando del coronel Estanislao del Canto.
La escuadra revolucionaria, formada por los barcos Cochrane, O’Higgins, Amazonas y Cachapoal, rompió fuego a las seis de la mañana sobre Pisagua. El bombardeo cubrió el desembarco de dos columnas en la caleta Playa Blanca, con un total de 200 hombres, al mando del teniente coronel Manuel Aguirre.
Otra columna de 200 hombres desembarcó en Punta Pichalo, bajo las órdenes del mayor Julio R. Moraga. Las tropas gobiernistas fueron desarmadas exceptuando la Caballería, que huyó al interior. Se rindieron y fueron hecho prisioneros 12 oficiales y 164 soldados con 6 cañones y 160 fusiles.
Las bajas revolucionarias fueron 8 muertos y diez heridos; los gobiernistas tuvieron 12 muertos y 29 heridos.

La conquista española en la región de Tarapacá

Llegan los conquistadores

En 1572 el Imperio Inca había desaparecido definitivamente. Cerca de cuarenta años antes, apartir de 1535, comenzaron las primeras incursiones de los españoles que conocieron principalmente la cultura desarrollada en Tarapacáy Pica y la presencia de grupos de pescadores y recolectores en ellitoral nortino.
Dos años años después, Diego de Almagro regresaba a Perú con las manos vacías
y desilucionado por las riquezas que pensó encontrar en los valles centrales de Chile. En su retorno al Cuzco, el conquistador viajó por la ruta del Inca y permaneció por un par de
meses en el oasis de Pica descansando y aprovisionándose luego de su larga jornada por el descampado de Atacama.
Durante su estada algunos españoles decidieron radicarse en el poblado e iniciar de esta manera lacolonización de la zona.
Para el dirigente aymara David Esteban Moscoso, la llegada de los españoles durante el siglo XVI produce un quiebre en la sociedad andina y en la estructura productiva del pueblo.
“Luego de la ocupación española en las zonas más bajas de la región, especialmente en los valles de Lluta y Azapa y de los poblados de Tarapacá y Pica, la población indígena se
mantuvo entre la cordillera y el altiplano; ya no bajaba más a la costa”.
De similar opinión es el antropólogo Olaff Olmos. El profesional explica que la administración española y la instauración de los sistemas de encomienda y mitas menoscabaron la organización tradicional de la nación aymara.

Primer Encomendero

Las crónicas de la época establecen que Francisco Pizarro entregó a varios de sus
capitanes y soldados encomiendas como recompensa por su participación en la conquista del imperio Inca.
Uno de ellos fue Lucas Martínez Begazo, quien recibió un extenso territorio que incluía
las quebradas del interior y la caleta de Iquique. El encomendero se instaló en la quebrada de Tarapacá en la que actualmente son las ruinas de Tarapacá Viejo. Desde allí
organizó a los indígenas para que prestaran sus servicios a la corono española y pagaran tributo al encomendero, quien se encargó de su adoctrinamiento religioso.
El aumento de la producción agrícola en Tarapacá, Locumba, Sama, Camiña,
Lluta y Azapa obligó a una mayor extracción de guano desde la isla de Ique-Ique, actual isla Serrano. Martínez Begazo también utilizó esta caleta para el ingreso de productos necesarios para su encomienda y, a la vez, exportar sus cultivos. Su trabajo permitió, en pocos años, que un barco de su propiedad iniciara en 1541 viajes continuos por toda la
zona entre Perú e Ique-Ique, pasando por las caletas de Pisagua Viejo y Arica.
Sin embargo, a pesar de esta actividad, la población indígena se mantuvo estática. En la
costa, desde Pisagua hasta el Loa, o sea, parte del corregimiento de Arica el número de habitantes osciló entre las 300 y mil personas durante el siglo XVI.

División administrativa

El corregimiento de Arica, dependiente de la Provincia de Arequipa fue establecido el 17 de agosto de 1565 por el gobernador del Perú, Lope García Carrasco. De esta unidad administrativa dependientas los tenientazgos o Distritos de Tacna, Tarapacá y Locumba.
En el siglo XVII los corregimientos estaban divididos en repartimientos cada uno con un pueblo cabecera, cacique de indios y administración hispana. Estaban Arica que dominaba el valle de Azapa, Codpa con gobierno de todos los “pueblos de indios” de la sierra y el altiplano, Camiña que alcanzaban hasta Isluga, Tarapacá y los alrededores de la
quebrada, Sibaya con poblaciones del Alto Tarapacá y Pica que abarcaba hasta Huatacondo.

Capítulo 3: Los conquistadores españoles

Los conquistadores españoles

En 1535, la expedición de Diego de Almagro atravesó la Cordillera de Los Andes para descender en el valle de Copiapó. Estuvo varios meses buscando las riquezas que se suponía tenía la comarca. Los relatos que escuchó en Perú eran falsos. Regresó con las manos vacías.
Al volver siguió la senda que muchos creen que era uno de los caminos construidos por los Incas.
Al llegar a Pica decidió quedarse un par de meses en el oasis descansando y aprovisionándose luego de su larga jornada por el descampado de Atacama.
Durante su estada, algunos españoles decidieron radicarse en el poblado e iniciar de esta manera la colonización de la zona.
En 1536 Diego de Almagro dejó a cuatro de sus hombres en Pica. Ellos fueron Juan Castro, Matías de la Fuente, Sebastián Uganzo y Ruy Díaz, quienes generaron  importantes cambios en el oasis, entre ellos el desarrollo agrícola y minero en la zona.
En 1537 Almagro volvió a Cuzco.
En 1572 el Imperio Inca despareció definitivamente.

– Diego de Almagro, en 1535 inició la exploración de Chile, que entonces era considerada un territorio aislado y de difícil acceso.
– Pedro de Valdivia, también pasó por Pica. Sin embargo, siguió hacia el sur fundando ciudades: Santiago en 1541, Concepción 1550 y Valdivida en 1552.

El impacto de la conquista

Para el dirigente aymara David Esteban Moscoso, la llegada de los españoles durante el siglo XVI produce un quiebre en la sociedad andina y en la estructura productiva del pueblo.
«Luego de la ocupación española en las zonas más bajas de la región, especialmente en los poblados de Tarapacá y Pica, la población indígena se mantuvo entre la cordillera y el altiplano; ya no bajaba tanto a la costa.
De similar opinión  es el antropólogo Olaf Olmos. El profesional explica que la administración española y la instauración de los sistemas de explotación económica españoles de encomienda y mitas, menoscabaron la organización tradicional de la nación aymara.

– La Iglesia de Matilla es un ejemplo del esplendor que tuvo el poblado durante el periodo de la presencia española antes que se desarrollar el ciclo salitrero.
– Cariquima es un gran ejemplo de la unión de dos culturas. Junto a la centenaria iglesia, pasa lo que alguna vez fue el Camino del Inca.

Encomienda en Tarapacá

Las crónicas del siglo XVI establece que Francisco Pizarro entregó a varios de sus capitanes y soldados «encomiendas» (terrenos para la explotación y un grupo de indígenas para el trabajo, los cuales debían ser evangelizados) como recompensa por su participación en la conquista del Imperio Inca.
Uno de ellos fue Lucas Martínez Begazo quien recibió un extenso territorio que incluía las quebradas del interior y la caleta de Ike Ike. El encomendero se instaló en la quebrada de Tarapacá, en lo que actualmente son las ruinas de Tarapacá Viejo. Desde allí organizó a los indígenas para que prestaran sus servicios a la corona española y pagaran tributo al encomendero, quien se encargó de su adoctrinamiento religioso.
El aumento de la producción agrícola en Tarapacá, Locumba, Sama, Camiña, Lluta y Azapa obligó a una mayor extracción de guano desde la actual Isla Serrano.
Su trabajo permitió en pocos años, que sun barco de su propiedad iniciara en 1.541 viajes continuos por toda la zona entre Perú e Ike Ike, pasando por las caletas de Pisagua Viejo y Arica.
Sin embargo, a pesar de esta actividad la población indígena se mantuvo estática.
En la costa, desde Pisagua hasta El Loa, parte del corregimiento de Arica, el número de habitantes osciló entre las 300 y mil personas durante el siglo XVI.

– Desde la quebrada de Tarapacá hasta la costa de Ike Ike se extendió la primera «encomienda» que existió en esta zona.
– El poblado de Tarapacá fue el centro de la actividad agrícola y minera durante los primeros años de la conquista española.

División administrativa

El Corregimiento de Arica, dependiente de la Provincia de Arequipa, fue establecido el 17 de agosto de 1565 por le gobernador de Perú, Lope García Carrasco. De esta unidad administrativa dependían los tenientazgos o Distritos de Tacna, Tarapacá y Locumba.
En el siglo XVII los Corregimientos estaban divididos en Repartimientos, cada uno con un pueblo cabecera, cacique de indios y administración hispana. Estaban Arica, que dominaba el valle de Azapa, Codpa con gobierno de todos los «pueblos de indios» de la sierra y el altiplano; Camiña que alcanzaba hasta Isluga, Tarapacá y los alrededores de la quebrada; Sibaya con poblaciones del Alto Tarapacá y Pica que abarcaba hasta Huatacondo.

Evangelización

La labor pastoral de la Iglesia Católica estaba presente entre «pueblo de indios», fundando las primeras Capillas. De esta manera configuraron el panorama poblacional y administrativo del territorio.
Aparecen los curatos estables, divididos en parroquias fundadas desde 1620 y dependientes del Arzobispado de Arequipa. Fiel testimonio del trabajo evangelizador son las 60 capillas y campanarios, construidos en aquella época, que subsisten en la Primera Región.

– Aún existen algunas viviendas de la época colonial en San Lorenzo de Tarapacá. Fueron construidas en las últimas décadas del siglo XVIII.
. La iglesia y campanario de Tarapacá fueron declarados Monumentos Nacionales en 1951. Ambas construcciones son testimonio de la importancia que tuvo el poblado durante los primeros años de asentamiento hispano en la región.

Pueblos de Indios

De acuerdo a la política española, los indígenas debían ser reducidos en «pueblos de indios».
La arqueóloga e historiadora Cora Moragas estima que a partir del siglo XVI la aldea indígena que hoy se denomina  Tarapacá Viejo, ubicada al costado sur de la quebrada y que estaba siendo habitada por la población nativa aproximadamente desde el siglo XIII D.C. se constituyó en un reducto indígena o «Pueblo de Indios».
«El encomendero, su mayordomo y otros funcionarios españoles debieron habitar otros espacios de la quebrada, puesto que por Cédula Real se prohibía a los españoles, con excepción del cura, entrar o habitar en estos pueblos».
Bajo esta ley, los indígenas fueron organizados en municipios. Se elegían alcaldes y regidores indios. Ellos tenían la misión de mantener el orden social y político dentro de su reducto. Tales nombramientos recaían en los caciques que previamente era evangelizado por el sacerdote.
«Estos jefes indios podían imponer castigos a los pobladores de mal comportamiento».
De la misma manera, los jefes indios designaban los turnos para el trabajo al encomendero y recolectaban el tributo del pueblo.
De acuerdo a las estimaciones de Cora Moragas, los indígenas habían vivido en Tarapacá Viejo hasta 1717, fecha en que según los registros, se produjo una gran epidemia que diezmó a la población. Los sobrevivientes se trasladaron al costado norte de la quebrada, donde actualmente se sitúa el poblado de Tarapacá.
En 1578 existían diversos «pueblos de indios» en el Tenientazgo de Tarapacá. los más representativos eran San Lorenzo de Tarapacá, San Antonio de Mocha, Santa María de Huaviña, Santo Tomás de Camiña y San Andrés de Pica. En cada poblado se asume que debió existir  una iglesia no obstante sus rastros se perdieron luego de los sismos que azotaron a la región.
El historiador Oscar Bermúdez estima que la población indígena en al Provincia de Tarapacá durante la época de la Conquista ascendía a unos 6.000 a 8.000 habitantes.

Aportes y cambio de cultura

Desde 1548 los aportes de los conquistadores como el ganado, aves domésticas, artesanías de fierro, semillas, tecnología extractiva, arquitectura y liturgia europea, iniciaron un radical cambio en las estructuras sociales locales.
El arqueólogo Lautaro Núñez afirma que en este lapso cambió el uso de los suelos: del maíz al trigo, de la chicha al vino, algarrobales y chañares por frutales.
Los españoles fueron conquistadores primeros y colonizadores después. Tal como los Incas, ocuparon las tierras donde vivían los caudillos locales en Camiña, Tarapacá, Pica, Huatacondo y Quillagua.
– Los tamarugos fueron una de las especies que utilizaron los españoles para la construcción de sus casas solariegas, también como carbón para la cocina y en los primeros intentos de extraer plata y salitre.
– Todos los cultivos que mantenía el pueblo aymara en los oasis y quebradas de Tarapacá fueron cambiados paulatinamente por los terratenientes españoles. en vez de maíz, quínoa y los frutos de los chañares; los españoles impusieron árboles frutales y los viñedos. En la actualidad Pica y Matilla son conocidos por los limones, naranjas y productos de origen tropical como mangos.
– El poblado de La Tirana fue el centro de las primeras actividades  mineras de Tarapacá. Existen varias  litografías que muestra como refinaban plata a través de varios casilleros de madera de tamarugo.
Indios en la costa
Ya avanzada la Colonia, la presencia indígena en la costa era limitada.
Muchísimos de los changos siguieron haciendo su vida de forma independiente, navegando sin mayor compromiso con el sistema español..
Darwin, por ejemplo, en 1835 los menciona como tribus nómades que se desplazaban libremente por toda la costa del norte de Chile. Hay muchos otros viajeros que hacen alusión a ellos durante esta época.
En los valles y oasis vivían indios que se resistían  a cambiar. También había otros muy españolizados por la cohabitación junto a negros, españoles y criollos, conformando una sociedad cada vez más mezclada, plural y tarapaqueña, tan pujante que sus líderes pasaron de la agricultura y sus viñas, a la minería de la plata y a la fabricación de pólvora con el uso de las pampas de nitratos.

El legado español colonial

Antigua Iglesia de La Tirana

Capilla de gruesos muros de arenisca compacta, levantada probablemente durante 1765, comenzó a usarse en 1789 por españoles e indígenas. Durante esa época el sector se llamaba Pozo del Carmen. Posteriormente, y de acuerdo a su costumbre, los españoles  construyeron en torno a la capilla sus chozas de adobe y paja, dando nacimiento así al pueblo de La Tirana. La capilla fue destruida en 1868. Años más tarde se construyó una nueva iglesia que se conoce actualmente.

Iglesia de Tarapacá

Fue construida en 1730. Está compuesta por dos naves paralelas y una sólida torre campanario de gran altura. Posee una rica  ornamentación tallada en piedra, característica del estilo barroco americano desarrollado en las urbes hispánicas durante la Colonia.
La torre del campanario está en buen estado. La iglesia ha sufrido diversas alteraciones por acción del fuego y de movimientos sísmicos. Sufrió severos daños en el terremoto y 2005 y fue recosntruida a través de aportes de privados.

Iglesia de Matilla

de fines del siglo XVIII data la primitiva iglesia de Matilla. Esa primera construcción fue destruida por el terremoto de 1878. Sobre los cimientos de la antigua edificación se erigió la iglesia que existe hasta el día de hoy. El constructor español José Durán fue el encargado de levantar las tabiquerías de cañas de la parte frontal y los gruesos muros de roca y adobe de la zona. En el interior se encuentra el retablo en albañilería que se supone proviene de la iglesia original.
El sólido campanario corresponde al siglo XVIII y se levanta en forma separada del cuerpo de la iglesia como ocurre con varias iglesias coloniales de Tarapacá. 
Tiene capacidad para contener ocho campanas, Utilizaron para su construcción bloques de cal, tiza y bórax.

Iglesia de Pica

Entre 1880 u 1886 fue construida la actual Iglesia de San Andrés de Pica. Este templo reemplazó al anterior que fue destruido por un terremoto. Para su construcción usaron madera de la zona. Tiene una cubierta  de fierro galvanizado. La iglesia cuenta con tres naves divididas por columnas acanaladas. En su interior hay ingeniería religiosa colonial con figuras de tamaño casi naturales que representan la Ultima cena.
Lagar de Matilla
La plantación de viñedos en Pica y Matilla comenzó a fines del siglo XVI, En 1860 la producción de vino llegaba a las 15.000 botijas al año. Tras la cosecha  de la uva se procedía al pisado y prensado de la pulpa. El prensado se realizaba mediante el uso de la viga, grueso troncoo de algarrobo que, accionado por un cabrestrante efectuaba un movimiento de báscula. El que, a objeto de que mantuviera una temperatura uniforme, eran enterradas parcialmente. El destape de las primeras tinajas ocurría durante la fiesta de San Antonio, todos los 13  de junio.
Luego en 1870 la producción comenzó a disminuir debido a la escasez de agua y la destrucción de las plantaciones. En 1937 se efectuó la última vendimia en Matilla.

Iglesia de Isluga

Isluga está a 276 kilómetros al noreste de Iquique y a una altura de 3.780 metros sobre el nivel del mar. La iglesia data del siglo XVIII. El templo consta de una nave central y un campanario levantado en forma independiente. Ambas estructuras están rodeadas por un muro perimetral que está confeccionado con estructuras ornamentales  de piedra. El muro se prolonga  y envuelve la plaza lateral llamado «kancha».

Presencia española

Los colonos españoles en los valles del interior dejaron marcada su presencia en la provincia.
La arqueóloga Cora Moragas destaca la presencia de viviendas solariegas que se remontan a al época de la Colonia y de iglesias y campanarios construidos en la época de los primeros asentamientos hispanos, que permanecen levantados en la actualidad.
Ella realza la importancia de las iglesias de San Lorenzo de Tarapacá, y de San Antonio de Matilla, como también del antiguo convento de Tarapacá.
Además en Tarapacá residieron industriales mineros. Una constancia de ellos son los vestigios en donde se procesaban minerales como plata y cobre, una fábrica de pólvora.
«Todo ellos constituye la marca que dejó la explotación minera de Huantajaya en los valles interiores», explicó la investigadora.
Según la arqueóloga, existe una variada gama de vestigios que testimonia un pasado de interés notable. «Es impresionante constatar que ha existido tanta vida dentro de esta desértica  región. En los sectores más inverosímiles hay evidencias de antiguos pioneros y esforzados colonos que al establecerse en las tierras desérticas  de la provincia le transfirieron vida y legaron su labor como patrimonio».
Otra marca española se encuentra en los oasis de Pica y Matilla, especialmente en los lagares y todas las dependencias  relacionadas con al industria vitivinícola.
«Esos vestigios son un testimonio del auge de estas localidades durante los siglos pasados», asegura Moragas.

Canchones del Tamarugal

La Pampa del Tamarugal, a partir del siglo XVIII, fue poblada por pequeños grupos familiares dedicados a satisfacerla demanda de abastecimientos que requerían las oficinas salitreras. Entre las principales actividades radicaba la fabricación de carbón, la crianza de ovinos y caprinos y el cultivo de la tierra a través del particular sistemas de canchones.
Este consiste en la remoción de la costra salina de la superficie con el objeto de aprovechar la humedad procedente de la napa subterránea. 
Los principales cultivos realizados en los canchones eran la alfalfa, primordial para la alimentación de las llamas y mulas utilizadas como medio de transporte. También se plantaban algarrobos, cuya madera constituye un excelente combustible siendo su fruto un nutritivo forraje para el ganado.
Como consecuencia de estas antiguas labores, la Pampa del Tamarugal presenta pequeños grupos de viviendas ahora abandonadas. Estas fueron  construidas con adobes o con costrones salinos propios de la localidad.
En algunos casos, las viviendas conservan la techumbre armada con tortas de barro y paja sobre troncos de tamarugos atados con tiras de cueros. Hornos de barro y corrales complementaban las viviendas.

– Aún es posible apreciar los canchones en la Pampa del Tamarugal. En una vista aérea se ve los cambios en el terreno que realizaron los grupos familiares asentados en esta zona. 

Las aldeas españolas

Más allá de Pica, Matilla y Tarapacá, los españoles mantuvieron una presencia en distintas  aldeas, ya sea, en la costa o al interior de la Pampa del Tamarugal. Pisagua Viejo y los caseríos que aún se pueden ver en las inmediaciones de La Tirana y La Huayca son los ejemplos patentes del tesón español por desarrollar la provincia.

Pisagua Viejo

Los restos de Pisagua Viejo se sitúan a un par de kilómetros al norte del actual Pisagua. El poblado estuvo al lado sur de la desembocadura de la Quebrada de Tana.
Su actividad comenzó  el siglo XVII y siguió hasta comienzos del siglo XIX cuando la industria salitrera necesitó de un puerto con mejores muelles y aguas más profundas.
La aldea de Pisagua Viejo ejercía la función de controlar  el tráfico de embarque y desembarque de productos que se internaban a Potosí por la quebrada de Tana.
La arqueóloga Cora Moragas explica que es posible que los colonos hayan aprovechado el agua de vertientes cercanas del interior para pequeños cultivos. «Es probable  que la corona española, al igual que en otros sectores de la costa, haya instalado allí factorías de salar pescado y mariscos».

– La desembocadura de la Quebrada de Tana es el escenario donde se desarrolló el poblado español colonial de Pisagua Viejo.
– Pisagua Viejo aún conserva algunas edificaciones del siglo XVII. Corresponden a construcciones levantadas por españoles durante el desarrollo de la industria de la plata y el guano.

Capítulo 7: Historia del Salitre en la Región de Tarapacá

La industria del salitre comenzó en La Tirana hasta donde un grupo de indígenas llevaba el caliche extraído de la pampa y lo procesaba con una técnica milenaria que los incas habían desarrollado para usarlo en la agricultura.

Historia del Salitre
Los primeros en utilizar el salitre fueron los alquimistas chinos. Los monjes de la secta Tao, seguidores de la filosofía de Lao Tse, iniciaron los experimentos con este y otros minerales. Ellos descubrieron el modo de preparar el alumbre. el cristal, el salitre y el finalmente, la pólvora.
Existen antecedentes históricos que indican que la pólvora fue utilizada por los chinos y los romanos antes de Cristo, aún cuando no conocían su fuerza explosiva y la utilizaban sólo como medio para incendiar cosas a través del arco y la flecha.
Hasta el momento se tiene establecido que fueron los chinos los que primero utilizaron el salitre para sus trabajos de alquimia, mucho antes de la Era Cristiana, derivándose, posteriormente, de esos trabajos los fuegos artificiales alrededor del siglo VI.
Pero la pista del nitrato y de la pólvora se hace más clara a partir de los trabajos alquímicos de algunos árabes. Debido a esto se le adjudica al alquimista Geber ser el precursor de los cristales del salitre, a fines del siglo VIII.
En el siglo XII, se dieron a conocer por primera vez los escritos de Marcus Grecus, quien llamó a este nitrato Sal Patrossun o Sal Patressi. Sólo en el siglo XIII, gracias a Raimundo Lulio, se generalizó el nombre de Sal Niter; sal de nitrato, o simplemente Nitro. Salitre viene el latín «Sal Nitrum».
Alberto El Grande, en sus obras herméticas, escritas en 1250, dice qe en 1173 se usaban en Persia fuegos artificiales. En el siglo XIII en Europa los alquimistas árabes empezaron a recurrir al salitre para esos mismos fines.
De esta forma, los primeros usos de la pólvora explosiva en Europa habrían ocurrido en 1331, en el norte de Italia. Su aplicación iba a tener, en el campo militar, una influencia extraordinaria al desplazar a las antiguas composiciones incendiarias y dar paso a nuevas armas de guerra, artefactos que lanzaban proyectiles gracias a la enorme fuerza impulsora.

– Los chinos fueron los primeros en utilizar el salitre para fabricar pólvora. Los conocimientos adquiridos por esta cultura fueron traspasados a Europa en el Siglo XV.

Europa y España

Desde fines del siglo XV, las pólvoras españolas eran consideradas las mejoras de Europa. Se construyeron fábricas en Navarra, Cataluña, Barcelona y Aragón.
La buena calidad de la pólvora se debía al método utilizado en su elaboración. El salitre se lavaba repetidas veces en grandes artesas para despojarle los cuerpos extraños y luego se le sometía a cocción en una caldera, con lo que perdía parte de los cloruros y otras sustancias. El carbón y el azufre se trituraban a mano, con mazos de madera, hasta reducirlos a polvo.
A partir de esto, el desarrollo de la industria de guerra dio una creciente importancia al nitrato.
A poco andar, el nitrato obtenido en las cuevas salitreras y de las «plantaciones, no daba abasto. De esta manera se hizo necesario ir a buscarlo en el Oriente y luego en américa.
Sin darse cuenta, la provincia de Tarapacá tomaría un inusitado interés por parte de los españoles.

– La pólvora negra, que utilizaron los españoles durante la Conquista, corresponde a una mezcla de un 75 por ciento de nitrato potásico (salitre), 15% de carbón y un 10% de azufre.

Tarapacá, cuna de la industria

Varias historias relatan la manera en que indígenas y españoles descubrieron la importancia del salitre. Una de ellas corresponde a la leyenda del cura de Camiña.
Dos indígenas acamparon en la pampa. Para protegerse del frío encendieron una fogata y con mucha sorpresa vieron que de la tierra surgieron chispas y fogonazos.
Ambos aymaras huyeron del lugar y le contaron lo que ocurrió al cura de Camiña.
El sacerdote visitó el lugar y volvió al poblado. Analizó la tierra y comprobó que contenía nitrato de potasio. Comprendió que este componente servía para la preparación de pólvora.
El resto de la tierra de muestra la arrojó en el patio de la casa parroquial. Las plantas crecieron más allá de lo habitual. El cura recomendó el caliche como «excelente tónico para el reino vegetal».
El historiador Lamagdelaine, indica que la leyenda del cura de Camiña es un ejemplo de la antigüedad del uso del caliche. Sin embargo, el relato carece de fundamento. La parroquia de Santo Tomás de Camiña se fundó a mediados del siglo XVII y las primeras oficinas nacieron en 1800.
A pesa de estas diferencias de fechas, Tarapacá fue la cuna de la industria salitrera y es natural que los pobladores originarios de esta comarca hayan tenido una participación muy directa en la elaboración en la extracción del caliche.
Así como en China se conocía la existencia del salitre; los miembros delos pueblos originarios conocían las propiedades de esta mineral y lo utilizaron artesanalmente. Pedro fue sólo después del auge de Huatajaya cuando usaron los antiguos fondos o pilas de cobre que se habían ocupado en las faenas de los minerales de plata para preparar el salitre.
Según los antecedentes históricos , ya en 1775 habían personas interesadas en explorar el salitre y encontrar un medio eficaz para beneficiar el caliche, con el objeto de reemplazar las pailas de cobre que estaban en uso. Para lograr un desarrollo industrial como el que se conoció en el esplendor del salitre aún faltarían cien años de historia.

Olla del indio
Los Incas utilizaron vasijas metálicas en donde cocían el caliche en una fogata. Luego el material era disuelto en un caldo hirviente era traspasado a otro recipiente en donde se decantaba y surgían los cristales de salitre depurado.
Este proceso, conocido como «Olla del indio», se repititió durante siglos hasta que los españoles le agregaron algunas mejoras para acelerar el trabajo y la cantidad de salitre extraído en cada cocción.
Los fondos metálicos estaban en una construcción cuadrada, hecha de piedra y arcilla, se encendía una hornilla para cocer el caliche extraído en forma manual en pleno desierto.
Luego del trasvasije de los caldos, el material era secado al sol hasta que el salitre se separaba de la costra que quedaba pegada al recipiente.
Con este proceso, la industria del salitre se encontraba en espera de la demanda del material incentivara la producción en masa.

– Rudimentarios procedimientos ejecutaron los primeros españoles e indios que extrajeron el caliche en la pampa.

Criaderos de salitre
En 1709 llegó a España un rumor sobre Chile: la comarca tiene grandes criaderos de salitre en la zona de Tarapacá.
desde esta manera se dictó la Cédula Real del 22 de enero de 1970., que indicó la constitución de una fábrica para aprovechar el recurso en al producción de pólvora.
El motivo de esta orden se debía principalmente a que la fábrica de pólvora que existían en Perú entraba en una especie de retroceso y escaseaban sus insumos para la industria bélica.
Ante esta situación, en el sector sur de lo que actualmente es La Tirana, los españoles iniciaron la producción de caliche.
Cortaron los tamarugos para convertirlos en carbón, utilizaron el agua para el proceso de conversión y trajeron azufre desde el altiplano. Con estos tres elementos lograron prepara pólvora de regular calidad.
A principios del siglo XVII de 45 minas que existía en el corregimiento de Tarapacá, sólo 17 eran explotadas e 28 se encontraban con un número limitado de trabajadores. La situación económica no era buena y las condiciones de vida no mejoraban excepto en las quebradas y oasis.

Comienza la extracción
La industria del salitre comenzó en La Tirana hasta donde un grupo de indígenas llevaba el caliche extraído de la pampa y lo procesaba con una técnica milenaria que los incas habían desarrollado para usarlo en la agricultura.
Este producto servía para cubrir las necesidades de pólvora de toda la zona de Tarapacá. y en algunos casos era enviado a Perú para abastecer a los ejércitos de la corona española.
Sin embargo, la industria incipiente siempre estuvo en un bajo perfil debido principalmente a su baja calidad y al rudimentario proceso de elaboración, que existía desde tiempos inmemoriales.
Incas y aymaras conocían las propiedades del caliche. Lo pulverizaban con un mazo y después lo usaban como fertilizante en sus cultivos de papa y maíz. También lo ocupaban como insumo para crear una especie de pólvora que servía para sus prospecciones en las minas de Huantajaya, Pariquina, Casicsa y Virquinta.
Más tarde el proceso evolucionó técnicamente hasta transformarse en el primitivo «sistema de paradas» que siglos más tarde sería la base para la industria del salitre.

Industria bélica
En 1775 los Reyes de España tuvieron el interés de producir nitrato potásico y durante varias décadas enviaron a científicos a Perú a perfeccionar el sistema de elaboración del salitre de alta calidad.
Esta búsqueda del método se prolongó hasta 1809. Ya en esa fecha la necesidad de conseguir nitrato potásico para la pólvora era urgente para toda la colonia española en América. La amenaza de Napoleón de invadir España y el continente americano obligó a la corona a desarrollar aún más su industria para la guerra.
Ante esto el virrey del Perú, Gil de Taboada, pidió aumentar la producción, lo que a su vez generó la imperiosa necesidad de extraer caliche de Tarapacá.
Las primeras exportaciones comenzaron en 1806. Los arrieros bajaban el caliche en bruto con mulas para ser embarcado en Iquique y enviado a El Callao.

– El ejército de Napoleón era una amenaza para la corona española en Europa y las colonias existentes en América. La monarquía necesitaba tener a sus tropas bien abastecidas de pólvora y armamentos,.
– Durante el siglo XVII y XVIII el salitre exportado desde Tarapacá sirvió para la fabricación de pólvora en Perú. y en la industria bélica que funcionó en Europa. Durante esta época la pólvora era transportada en depósitos especiales finamente elaborados.

En busca de una fórmula

Durante años, los terratenientes españoles siguieron indagando para conseguir un producto de mayor calidad.
Fue así que el 15 de julio de 1809, el diario «Minera Peruana» publicó un artículo que informaba sobre el naturalista «Tadeo Haencke». Este científico encontró la manera de convertir el nitrato de sodio en potásico, o sea, salitre bruto en refinado especial para la fabricación de la pólvora.
Con esta información los industriales españoles Sebastián de Ugarrisa y Matías de la Fuente, quienes explotaban el caliche de la pampa, fueron en búsqueda de Haencke para que les entregara la fórmula.
El científico se encontraba en la hacienda de Santa Cruz de Elicona, ubicada cerca de Cochabamba en el Alto Perú. Hasta allá llegaron los industriales españoles, quienes consiguieron la valiosa información de Haencke.
Con este método, los empresarios comenzaron la explotación de las primeras oficinas salitreras entre 1810 y 1822 en Pampa Zapiga, Pampa Negra y Negreiros. La producción de salitre refinado iba a Lima y en menor porción a Chile.
Entre 1812 y 1813, el millonario salitrero Sebastián de Ugarrisa despacha a El Callao siete cargamentos de salitre, lo que lo convirtieron en el principal productor de este mineral en América.

Negreiros fue el lugar de abastecimiento, entretención y conexión de la zona más al norte de Tarapacá. En este poblado estuvo radicada la Sociedad de Socorros Mutuos de Trabajadores de la Pampa, fundada el 11 de marzo de 1894. Al parecer el nombre de Negreiros viene de un industrial portugués que explotó este sector de la pampa.
Zapiga siempre estuvo vinculada al puerto de Pisagua. Su desarrollo estaba directamente relacionado con la estación de trenes. A comienzos del siglo XX su población llegó a las 500 personas. Su calle principal era «avenida Brasil», donde se ubicaba el comercio del pueblo.

La vieja y nueva Pisagua

En 1810 Pisagua era una caleta semi abandonada de pescadores acostumbrados sólo a recibir periódicamente embarcaciones aguadoras de Iquique. Según el investigador Mario Zolezzi, durante esa época comenzaron a llegar esporádicamente veleros para tomar pequeños cargamentos de salitre rumbo a El Callao y Talcahuano.
En el transcurso de la guerra de independencia de Perú, la industria salitrera tomó su primer impulso gracias a la necesidad de tener salitre y fabricar pólvora.
La pequeña ensenada de Pisagua no estaba capacitada para afrontar la actividad marítima derivada del comercio de exportación del nitrato de sodio.
Por este motivo se procedió a abandonar el caserío para establecer un nuevo emplazamiento de la caleta salitrera en el litoral vecino, situado inmediatamente al sur de Punta Pisagua.
El modesto poblado se levantó en la costa sur de la rada, al abrigo de Punta Pichalo. Recibió la denominación de Huayna Pisagua, es decir, Nueva Pisagua. Tiempo después el nombre se simplificó y sólo se llamó Pisagua. En cambio, la infortunada caleta de la quebrada de Tana empezó a ser llamada Pisagua Viejo.
De acuerdo a Zolezzi no existe fecha exacta del traslado de Pisagua. Pero se estima que ocurrió entre 1831 y 1835.
El diario El Comercio de Lima, el 26 de mayo de 1856, dice en sus páginas que «Huayna Pisagua que no figuraba en otro tiempo sino como una miserable caleta, hoy día toma importancia por su comercio y población que asciende a mil habitantes».
Años después, su mayor actividad justificaba que la caleta fuera elevada a la categoría de puerto menor. Esta necesidad se convirtió en un gran anhelo del poblado. Esto ocurrió recién el 22 de mayo 1862.

Tadeo Haencke, padre del salitre

Tadeo Haencke fue conocido en el mundo entero como naturalista. Sus estudios abarcaron la botánica, zoología y geología. Nació el 6 de diciembre de 1761 en Kreibitz, ciudad ubicada en la región de bohemia, actual Eslovaquia.
Haencke estudió en Praga, en donde aprendió matemáticas y astronomía. En 1780 ingresó a la universidad local y luego a la universidad de Viena. Allí se especializó en botánica, medicina y minerología.
En 1789, el gobierno de España desarrolló una expedición científica , la más importante en su época. El comandante de la empresa, Alejandro Malaspina, solicitó a la universidad de Viena a un botánico. La elección recayó en Haencke, quien tenía 28 años y era reconocido entre sus pares.
Haencke llegó atrasado. Las corbetas «Descubierta» y «Atrevida» zarparon de Cádiz días antes. Así que tomó otro barco para alcanzarlos. Sin embargó, naufragó en Río de la Plata y el joven naturalista se salvó nadando. Permaneció en Montevideo por un tiempo y aprovechó de conocer la zona. Recolectó casi 800 plantas. En diciembre llegó a Buenos Aires, pero nuevamente estaba atrasado unos días.
Haencke inspeccionó el río Las Conchas y el Paraná, recogió 600 especies botánicas y tomó notas zoológicas y mineralógicas durante dos meses.
En febrero de 1790, decidió atravesar Argentina y dirigirse a Chile, en un viaje que para la época resultaba casi imposible. Haencke lo hizo; primero registró las sierras cordobesas y puntanas y llegó a Mendoza en marzo, con 500 nuevas plantas en su colección. A fines de ese mes, cruzó la cordillera, juntando otras 600 plantas de la flora de montaña.
Llegó el 2 de abril a Santiago de Chile, y allí, por fin pudo encontrar a varios integrantes de la expedición, aunque no a las corbetas, que esperaban en Valparaíso.
Integrado a la expedición, llegó a El Callao. Entonces, pidió permiso a Malaspina para regresar a Buenos Aires por tierra; en esa ciudad abordaría una de las corbetas (que volvería por el Cabo de Hornos) y regresar luego a España. Así le fue concedido y Haenke inició una larga marcha a través de Perú, Bolivia y el norte argentino. En ese periplo, ascendió al volcán Misti, de 5.300 metros sobre el nivel del mar, lo que resultó toda una hazaña, visitó Cuzco y Arequipa, La Paz, el norte boliviano, el lago titicaca, el monte nevado de Ancohuma ( de 6.500 metros), Potosí y Cochabamba. En ese lugar interrumpió su viaje, sin motivo conocido, por lo que Malaspina que esperaba en Buenos Aires, decidió regresar sin él.
En Boliva, Haencke estudió la flora, la fauna y la mineralogía del territorio, ejerció la medicina e introdujo por primera vez la técnica de la vacunación. También se especializó en el estudio de las plantas autóctonas con propiedades farmacológicas.
Más tarde, Haencke se las arregló para llegar a España, donde en 1795 publicó Descripción, de Perú y Buenos Aires.
Luego regresó a América y a Cochabamba, donde escribió la introducción a la Historia Natural de la Provincia.
Hacia 1807, marcó a Buenos Aires, donde actuó en el ejército durante las invasiones inglesas, como instructor de las milicias y especialista en la fabricación de pólvora mediante la purificación de salitres. Luego regresó a Cochabamba donde en 1817 un accidente doméstico le provocó la muerte.

Tadeo Haencke nació en la región de Eslovaquia en 1761 y falleció en Cochabamba en 1817.
El proceso de la tronadura requería preparación. Los trabajadores enterraban los cartuchos de dinamita a un metro de profundidad. Luego de la explosión, los costrones quedaban expuestos a nivel del terreno.

Sistema de Paradas

Con la base de conocimiento Inca y el trabajo desarrollado en menor escala por los primeros colonizadores españoles para tener fertilizante destinado a sus cultivos en las quebradas, se logró dar los primeros pasos en la incipiente industria salitrera.
Al principio, la empresa era extremadamente rudimentaria y se dividía principalmente en tres etapas: la extracción del caliche con mazos y chuzos y el traslado del material hasta la «oficina» ; el procesamiento del mineral y la comercialización del mismo.
El sistema de paradas, como lo llamaron los industriales españoles, era similar a la técnica que desarrollaron los indígenas. La diferencia estaba en el volumen de producción y los materiales que utilizaban en el proceso.
Separados de esta estructura había dos estanques, llamados en la época dorada del salitre como «chulladores», en los que se revolvían los caldos y se clarificaban luego de ser hervidos en los fondos metálicos. El traspaso entre ambos recipientes en una primera época se hacía con grandes cucharones y luego a través de un sistema de canaletas.
Las bateas cristalizadoras eran de madera y planas, tenían poca profundidad y estaban depositadas en pequeños muros de piedras y barro. En esta última etapa se lograba captar el nitrato potásico en la pureza necesaria que exigían los mercados de Perú y Europa.
Junto a estas faenas se levantaban las chozas de los trabajadores y la oficina de administración. Este sistema recibió el nombre «paradas», porque las faenas se trasladaban a otro punto de la pampa cuando la zona explotada ya no entregaba salitre de buena ley.
Los primeros quintales destinados al Viejo Mundo Fueron embarcados a principios de 1830.

La dura costra del caliche la extraían a fuerza de chuzo y pala. La carga era transportada a lomo de mula o en carretas hasta el puesto en donde el dueño de los terrenos compraba la producción y luego procesaba para su embarque.

Exportación de salitre desde Iquique

El crecimiento de Iquique está directamente relacionado con la evolución que presenta la Aduana y la manera como eran despachados los sacos con guano y, más tarde, los quintales con salitre.
Los registros del gobierno peruano indican que en 1811 se instaló la primera oficina oficial de aduanas, en el mismo lugar en donde se emplaza el actual edificio considerado Monumento Nacional. No obstante, el primero edificio fiscal fue ordenado construir en 1788 y estuvo en funciones en 1792. Fue emplazado un poco más al sur del actual edificio y, al parecer, fue una casa común y corriente.
Esto ocurrió después de un año que comenzaron los primeros embarques de salitre hacia Lima. En 1841 se construyó un edificio de mayores dimensiones. No obstante, la construcción fue destruida por el maremoto de 1861. Diez años después, en 1871, el presidente de Perú, José Balta, decidió levantar el edificio que permanece hasta nuestros días. En sus amplias habitaciones funcionó la Prefectura Provincial de Tarapacá, la Capitanía de Puerto y la Aduana.
Su emplazamiento fue pensado especialmente para que destacara cuando los barcos llegaran a puerto. Desde el mar, la Aduana se destaca del resto de la ciudad. y aparece como puerta de entrada. En tanto que mirando desde la rada de Iquique, parece como si estuviera emplazado dentro de la trama urbana de la ciudad.
El edificio es rectangular y tiene dos pisos. Tiene un patio interior donde sobresalen los pasillos de madera.

Hitos históricos

La Aduana de Iquique fue escenario de varios hechos históricos trascendentes para la ciudad. El 5 de abril de 1879 se presentó en el edificio el capitán Arturo Prat para anunciar a las autoridades peruanas el bloqueo del puerto por parte de La Esmeralda y la Covadonga.
En 1880, el gobierno chileno, durante plena Guerra del Pacífico, instaló en la aduana, las oficinas de la intendencia de la nueva provincia y la tesorería.
Durante la Revolución de 1891, la aduana sirvió para que se atrincheraran las fuerzas que apoyaban al Congreso cuando fueron asediados por los balmacedistas.

Los sacos con salitre eran embarcados a través de botes fabricados por los changos.
La explanada del muelle fue el centro de la actividad salitrera en Iquique.