Campeones de Iquique

A los nombres de los míticos «Tani» Loayza, Arturo Godoy y Eduardo «Maravilla» Prieto se suman en la gran historia del boxeo los nombres de los monarcas sudamericanos amateur y profesional Humberto Loayza y sus hermanos Mario y Rubén; Edilberto Olivencia (primer campeón de Chile en 1927), Francisco Bahamondes, Marcos Cerda, José «car’e guagua» Castro, Oscar Francino, Bernardo León, Mario Gárate, Manuel Castillo, Guillermo Cisternas, Joaquín Cubillos, Jaime Silva, Jorge Prieto, Humberto Sepúlveda, padre e hijo, el trágicamente desaparecido Rubén Godoy, entre otros.
La primera estrella nacional del básquetbol se consiguió en 1932.
En 1941 y 1942 Iquique logró el bicampeonato de básquetbol nacional, con los nombres de los históricos Freddy Wood, Manuel Ledesma, Mario Bonta, Augusto Chang, José Bocic, Arturo Cruzat, Gregorio Hammen, Juan Gallo, Raúl Salinas y Arturo Chía. En 1948 siete iquiqueños dan nuevamente fama a la «Tierra de Campeones» al integrar la selección nacional para las olimpiadas de Londres, donde jugaron Ledezma, Juan Ostoic, Mitrovic, Gallo, Eduardo Cordero, Machiolli y Verdugo. Juan Gallo y Eduardo Cordero también defendieron a Chile en el Mundial de 1950 en Brasil.
Jugadores destacados fueron el desaparecido Lorenzo «Lolo» Pardo y los hermanos Humberto y Manuel Carrasco.

La ocupación de Iquique durante la Guerra del Pacífico

El 22 de noviembre de 1879, el coronel peruano Miguel de los Ríos se reunió con el Cuerpo Consular acreditado en Iquique y le comunicó, que por orden superior, debía  evacuar la plaza de Iquique y no podía dejar la fuerza indispensable para mantener el orden y garantizar las vidas y propiedades de las familias que permanecían neutrales en la guerra. Por consiguiente solicitó a los cónsules que colaboraran en la protección de la ciudad y de sus habitantes. Indicó que los prisioneros chilenos tomados en «el combate de la Esmeralda» quedaban en libertad, sólo por el hecho de evacuarse la plaza.
Los cónsules aceptaron las peticiones del coronel Ríos y se comprometieron a formar un Cuerpo de Guardias de Propiedad. La base de este organismo fueron las compañías de bomberos que funcionaban en la ciudad.
El Cuerpo Consular se trasladó en pleno hasta el acorazado Cochrane, nave chilena que mantenía el bloqueo al puerto de Iquique.
El 23 de noviembre desembarcaron en Iquique 115 hombres de la Covadonga. El comandante Latorre  nombró jefe de la plaza al segundo comandante del Cochrane, capitán Gahona, ya cargo de la custodia de la población quedó el teniente Juan Simpson.
La Covadonga fue enviada a Pisagua para que informar de lo sucedido en Iquique a Rafael Sotomayor, ministro en Campaña.
Sotomayor se presentó en Iquique el 23 de noviembre. Realizó un discurso y luego nombró a Patricio Lynch como jefe de la ciudad. Más adelante el gobierno confirmó el cargo.

Vicealmirante Patricio Lynch. Tuvo a cargo Iquique luego que las autoridades peruanas abandonaran la ciudad.

La ocupación de Iquique durante la Guerra del Pacífico

El 22 de noviembre de 1879, el coronel peruano Miguel de los Ríos se reunió con el Cuerpo Consular acreditado en Iquique y le comunicó, que por orden superior, debía  evacuar la plaza de Iquique y no podía dejar la fuerza indispensable para mantener el orden y garantizar las vidas y propiedades de las familias que permanecían neutrales en la guerra. Por consiguiente solicitó a los cónsules que colaboraran en la protección de la ciudad y de sus habitantes. Indicó que los prisioneros chilenos tomados en «el combate de la Esmeralda» quedaban en libertad, sólo por el hecho de evacuarse la plaza.
Los cónsules aceptaron las peticiones del coronel Ríos y se comprometieron a formar un Cuerpo de Guardias de Propiedad. La base de este organismo fueron las compañías de bomberos que funcionaban en la ciudad.
El Cuerpo Consular se trasladó en pleno hasta el acorazado Cochrane, nave chilena que mantenía el bloqueo al puerto de Iquique.
El 23 de noviembre desembarcaron en Iquique 115 hombres de la Covadonga. El comandante Latorre  nombró jefe de la plaza al segundo comandante del Cochrane, capitán Gahona, ya cargo de la custodia de la población quedó el teniente Juan Simpson.
La Covadonga fue enviada a Pisagua para que informar de lo sucedido en Iquique a Rafael Sotomayor, ministro en Campaña.
Sotomayor se presentó en Iquique el 23 de noviembre. Realizó un discurso y luego nombró a Patricio Lynch como jefe de la ciudad. Más adelante el gobierno confirmó el cargo.

Vicealmirante Patricio Lynch. Tuvo a cargo Iquique luego que las autoridades peruanas abandonaran la ciudad.

Capítulo 3: Los conquistadores españoles

Los conquistadores españoles

En 1535, la expedición de Diego de Almagro atravesó la Cordillera de Los Andes para descender en el valle de Copiapó. Estuvo varios meses buscando las riquezas que se suponía tenía la comarca. Los relatos que escuchó en Perú eran falsos. Regresó con las manos vacías.
Al volver siguió la senda que muchos creen que era uno de los caminos construidos por los Incas.
Al llegar a Pica decidió quedarse un par de meses en el oasis descansando y aprovisionándose luego de su larga jornada por el descampado de Atacama.
Durante su estada, algunos españoles decidieron radicarse en el poblado e iniciar de esta manera la colonización de la zona.
En 1536 Diego de Almagro dejó a cuatro de sus hombres en Pica. Ellos fueron Juan Castro, Matías de la Fuente, Sebastián Uganzo y Ruy Díaz, quienes generaron  importantes cambios en el oasis, entre ellos el desarrollo agrícola y minero en la zona.
En 1537 Almagro volvió a Cuzco.
En 1572 el Imperio Inca despareció definitivamente.

– Diego de Almagro, en 1535 inició la exploración de Chile, que entonces era considerada un territorio aislado y de difícil acceso.
– Pedro de Valdivia, también pasó por Pica. Sin embargo, siguió hacia el sur fundando ciudades: Santiago en 1541, Concepción 1550 y Valdivida en 1552.

El impacto de la conquista

Para el dirigente aymara David Esteban Moscoso, la llegada de los españoles durante el siglo XVI produce un quiebre en la sociedad andina y en la estructura productiva del pueblo.
«Luego de la ocupación española en las zonas más bajas de la región, especialmente en los poblados de Tarapacá y Pica, la población indígena se mantuvo entre la cordillera y el altiplano; ya no bajaba tanto a la costa.
De similar opinión  es el antropólogo Olaf Olmos. El profesional explica que la administración española y la instauración de los sistemas de explotación económica españoles de encomienda y mitas, menoscabaron la organización tradicional de la nación aymara.

– La Iglesia de Matilla es un ejemplo del esplendor que tuvo el poblado durante el periodo de la presencia española antes que se desarrollar el ciclo salitrero.
– Cariquima es un gran ejemplo de la unión de dos culturas. Junto a la centenaria iglesia, pasa lo que alguna vez fue el Camino del Inca.

Encomienda en Tarapacá

Las crónicas del siglo XVI establece que Francisco Pizarro entregó a varios de sus capitanes y soldados «encomiendas» (terrenos para la explotación y un grupo de indígenas para el trabajo, los cuales debían ser evangelizados) como recompensa por su participación en la conquista del Imperio Inca.
Uno de ellos fue Lucas Martínez Begazo quien recibió un extenso territorio que incluía las quebradas del interior y la caleta de Ike Ike. El encomendero se instaló en la quebrada de Tarapacá, en lo que actualmente son las ruinas de Tarapacá Viejo. Desde allí organizó a los indígenas para que prestaran sus servicios a la corona española y pagaran tributo al encomendero, quien se encargó de su adoctrinamiento religioso.
El aumento de la producción agrícola en Tarapacá, Locumba, Sama, Camiña, Lluta y Azapa obligó a una mayor extracción de guano desde la actual Isla Serrano.
Su trabajo permitió en pocos años, que sun barco de su propiedad iniciara en 1.541 viajes continuos por toda la zona entre Perú e Ike Ike, pasando por las caletas de Pisagua Viejo y Arica.
Sin embargo, a pesar de esta actividad la población indígena se mantuvo estática.
En la costa, desde Pisagua hasta El Loa, parte del corregimiento de Arica, el número de habitantes osciló entre las 300 y mil personas durante el siglo XVI.

– Desde la quebrada de Tarapacá hasta la costa de Ike Ike se extendió la primera «encomienda» que existió en esta zona.
– El poblado de Tarapacá fue el centro de la actividad agrícola y minera durante los primeros años de la conquista española.

División administrativa

El Corregimiento de Arica, dependiente de la Provincia de Arequipa, fue establecido el 17 de agosto de 1565 por le gobernador de Perú, Lope García Carrasco. De esta unidad administrativa dependían los tenientazgos o Distritos de Tacna, Tarapacá y Locumba.
En el siglo XVII los Corregimientos estaban divididos en Repartimientos, cada uno con un pueblo cabecera, cacique de indios y administración hispana. Estaban Arica, que dominaba el valle de Azapa, Codpa con gobierno de todos los «pueblos de indios» de la sierra y el altiplano; Camiña que alcanzaba hasta Isluga, Tarapacá y los alrededores de la quebrada; Sibaya con poblaciones del Alto Tarapacá y Pica que abarcaba hasta Huatacondo.

Evangelización

La labor pastoral de la Iglesia Católica estaba presente entre «pueblo de indios», fundando las primeras Capillas. De esta manera configuraron el panorama poblacional y administrativo del territorio.
Aparecen los curatos estables, divididos en parroquias fundadas desde 1620 y dependientes del Arzobispado de Arequipa. Fiel testimonio del trabajo evangelizador son las 60 capillas y campanarios, construidos en aquella época, que subsisten en la Primera Región.

– Aún existen algunas viviendas de la época colonial en San Lorenzo de Tarapacá. Fueron construidas en las últimas décadas del siglo XVIII.
. La iglesia y campanario de Tarapacá fueron declarados Monumentos Nacionales en 1951. Ambas construcciones son testimonio de la importancia que tuvo el poblado durante los primeros años de asentamiento hispano en la región.

Pueblos de Indios

De acuerdo a la política española, los indígenas debían ser reducidos en «pueblos de indios».
La arqueóloga e historiadora Cora Moragas estima que a partir del siglo XVI la aldea indígena que hoy se denomina  Tarapacá Viejo, ubicada al costado sur de la quebrada y que estaba siendo habitada por la población nativa aproximadamente desde el siglo XIII D.C. se constituyó en un reducto indígena o «Pueblo de Indios».
«El encomendero, su mayordomo y otros funcionarios españoles debieron habitar otros espacios de la quebrada, puesto que por Cédula Real se prohibía a los españoles, con excepción del cura, entrar o habitar en estos pueblos».
Bajo esta ley, los indígenas fueron organizados en municipios. Se elegían alcaldes y regidores indios. Ellos tenían la misión de mantener el orden social y político dentro de su reducto. Tales nombramientos recaían en los caciques que previamente era evangelizado por el sacerdote.
«Estos jefes indios podían imponer castigos a los pobladores de mal comportamiento».
De la misma manera, los jefes indios designaban los turnos para el trabajo al encomendero y recolectaban el tributo del pueblo.
De acuerdo a las estimaciones de Cora Moragas, los indígenas habían vivido en Tarapacá Viejo hasta 1717, fecha en que según los registros, se produjo una gran epidemia que diezmó a la población. Los sobrevivientes se trasladaron al costado norte de la quebrada, donde actualmente se sitúa el poblado de Tarapacá.
En 1578 existían diversos «pueblos de indios» en el Tenientazgo de Tarapacá. los más representativos eran San Lorenzo de Tarapacá, San Antonio de Mocha, Santa María de Huaviña, Santo Tomás de Camiña y San Andrés de Pica. En cada poblado se asume que debió existir  una iglesia no obstante sus rastros se perdieron luego de los sismos que azotaron a la región.
El historiador Oscar Bermúdez estima que la población indígena en al Provincia de Tarapacá durante la época de la Conquista ascendía a unos 6.000 a 8.000 habitantes.

Aportes y cambio de cultura

Desde 1548 los aportes de los conquistadores como el ganado, aves domésticas, artesanías de fierro, semillas, tecnología extractiva, arquitectura y liturgia europea, iniciaron un radical cambio en las estructuras sociales locales.
El arqueólogo Lautaro Núñez afirma que en este lapso cambió el uso de los suelos: del maíz al trigo, de la chicha al vino, algarrobales y chañares por frutales.
Los españoles fueron conquistadores primeros y colonizadores después. Tal como los Incas, ocuparon las tierras donde vivían los caudillos locales en Camiña, Tarapacá, Pica, Huatacondo y Quillagua.
– Los tamarugos fueron una de las especies que utilizaron los españoles para la construcción de sus casas solariegas, también como carbón para la cocina y en los primeros intentos de extraer plata y salitre.
– Todos los cultivos que mantenía el pueblo aymara en los oasis y quebradas de Tarapacá fueron cambiados paulatinamente por los terratenientes españoles. en vez de maíz, quínoa y los frutos de los chañares; los españoles impusieron árboles frutales y los viñedos. En la actualidad Pica y Matilla son conocidos por los limones, naranjas y productos de origen tropical como mangos.
– El poblado de La Tirana fue el centro de las primeras actividades  mineras de Tarapacá. Existen varias  litografías que muestra como refinaban plata a través de varios casilleros de madera de tamarugo.
Indios en la costa
Ya avanzada la Colonia, la presencia indígena en la costa era limitada.
Muchísimos de los changos siguieron haciendo su vida de forma independiente, navegando sin mayor compromiso con el sistema español..
Darwin, por ejemplo, en 1835 los menciona como tribus nómades que se desplazaban libremente por toda la costa del norte de Chile. Hay muchos otros viajeros que hacen alusión a ellos durante esta época.
En los valles y oasis vivían indios que se resistían  a cambiar. También había otros muy españolizados por la cohabitación junto a negros, españoles y criollos, conformando una sociedad cada vez más mezclada, plural y tarapaqueña, tan pujante que sus líderes pasaron de la agricultura y sus viñas, a la minería de la plata y a la fabricación de pólvora con el uso de las pampas de nitratos.

El legado español colonial

Antigua Iglesia de La Tirana

Capilla de gruesos muros de arenisca compacta, levantada probablemente durante 1765, comenzó a usarse en 1789 por españoles e indígenas. Durante esa época el sector se llamaba Pozo del Carmen. Posteriormente, y de acuerdo a su costumbre, los españoles  construyeron en torno a la capilla sus chozas de adobe y paja, dando nacimiento así al pueblo de La Tirana. La capilla fue destruida en 1868. Años más tarde se construyó una nueva iglesia que se conoce actualmente.

Iglesia de Tarapacá

Fue construida en 1730. Está compuesta por dos naves paralelas y una sólida torre campanario de gran altura. Posee una rica  ornamentación tallada en piedra, característica del estilo barroco americano desarrollado en las urbes hispánicas durante la Colonia.
La torre del campanario está en buen estado. La iglesia ha sufrido diversas alteraciones por acción del fuego y de movimientos sísmicos. Sufrió severos daños en el terremoto y 2005 y fue recosntruida a través de aportes de privados.

Iglesia de Matilla

de fines del siglo XVIII data la primitiva iglesia de Matilla. Esa primera construcción fue destruida por el terremoto de 1878. Sobre los cimientos de la antigua edificación se erigió la iglesia que existe hasta el día de hoy. El constructor español José Durán fue el encargado de levantar las tabiquerías de cañas de la parte frontal y los gruesos muros de roca y adobe de la zona. En el interior se encuentra el retablo en albañilería que se supone proviene de la iglesia original.
El sólido campanario corresponde al siglo XVIII y se levanta en forma separada del cuerpo de la iglesia como ocurre con varias iglesias coloniales de Tarapacá. 
Tiene capacidad para contener ocho campanas, Utilizaron para su construcción bloques de cal, tiza y bórax.

Iglesia de Pica

Entre 1880 u 1886 fue construida la actual Iglesia de San Andrés de Pica. Este templo reemplazó al anterior que fue destruido por un terremoto. Para su construcción usaron madera de la zona. Tiene una cubierta  de fierro galvanizado. La iglesia cuenta con tres naves divididas por columnas acanaladas. En su interior hay ingeniería religiosa colonial con figuras de tamaño casi naturales que representan la Ultima cena.
Lagar de Matilla
La plantación de viñedos en Pica y Matilla comenzó a fines del siglo XVI, En 1860 la producción de vino llegaba a las 15.000 botijas al año. Tras la cosecha  de la uva se procedía al pisado y prensado de la pulpa. El prensado se realizaba mediante el uso de la viga, grueso troncoo de algarrobo que, accionado por un cabrestrante efectuaba un movimiento de báscula. El que, a objeto de que mantuviera una temperatura uniforme, eran enterradas parcialmente. El destape de las primeras tinajas ocurría durante la fiesta de San Antonio, todos los 13  de junio.
Luego en 1870 la producción comenzó a disminuir debido a la escasez de agua y la destrucción de las plantaciones. En 1937 se efectuó la última vendimia en Matilla.

Iglesia de Isluga

Isluga está a 276 kilómetros al noreste de Iquique y a una altura de 3.780 metros sobre el nivel del mar. La iglesia data del siglo XVIII. El templo consta de una nave central y un campanario levantado en forma independiente. Ambas estructuras están rodeadas por un muro perimetral que está confeccionado con estructuras ornamentales  de piedra. El muro se prolonga  y envuelve la plaza lateral llamado «kancha».

Presencia española

Los colonos españoles en los valles del interior dejaron marcada su presencia en la provincia.
La arqueóloga Cora Moragas destaca la presencia de viviendas solariegas que se remontan a al época de la Colonia y de iglesias y campanarios construidos en la época de los primeros asentamientos hispanos, que permanecen levantados en la actualidad.
Ella realza la importancia de las iglesias de San Lorenzo de Tarapacá, y de San Antonio de Matilla, como también del antiguo convento de Tarapacá.
Además en Tarapacá residieron industriales mineros. Una constancia de ellos son los vestigios en donde se procesaban minerales como plata y cobre, una fábrica de pólvora.
«Todo ellos constituye la marca que dejó la explotación minera de Huantajaya en los valles interiores», explicó la investigadora.
Según la arqueóloga, existe una variada gama de vestigios que testimonia un pasado de interés notable. «Es impresionante constatar que ha existido tanta vida dentro de esta desértica  región. En los sectores más inverosímiles hay evidencias de antiguos pioneros y esforzados colonos que al establecerse en las tierras desérticas  de la provincia le transfirieron vida y legaron su labor como patrimonio».
Otra marca española se encuentra en los oasis de Pica y Matilla, especialmente en los lagares y todas las dependencias  relacionadas con al industria vitivinícola.
«Esos vestigios son un testimonio del auge de estas localidades durante los siglos pasados», asegura Moragas.

Canchones del Tamarugal

La Pampa del Tamarugal, a partir del siglo XVIII, fue poblada por pequeños grupos familiares dedicados a satisfacerla demanda de abastecimientos que requerían las oficinas salitreras. Entre las principales actividades radicaba la fabricación de carbón, la crianza de ovinos y caprinos y el cultivo de la tierra a través del particular sistemas de canchones.
Este consiste en la remoción de la costra salina de la superficie con el objeto de aprovechar la humedad procedente de la napa subterránea. 
Los principales cultivos realizados en los canchones eran la alfalfa, primordial para la alimentación de las llamas y mulas utilizadas como medio de transporte. También se plantaban algarrobos, cuya madera constituye un excelente combustible siendo su fruto un nutritivo forraje para el ganado.
Como consecuencia de estas antiguas labores, la Pampa del Tamarugal presenta pequeños grupos de viviendas ahora abandonadas. Estas fueron  construidas con adobes o con costrones salinos propios de la localidad.
En algunos casos, las viviendas conservan la techumbre armada con tortas de barro y paja sobre troncos de tamarugos atados con tiras de cueros. Hornos de barro y corrales complementaban las viviendas.

– Aún es posible apreciar los canchones en la Pampa del Tamarugal. En una vista aérea se ve los cambios en el terreno que realizaron los grupos familiares asentados en esta zona. 

Las aldeas españolas

Más allá de Pica, Matilla y Tarapacá, los españoles mantuvieron una presencia en distintas  aldeas, ya sea, en la costa o al interior de la Pampa del Tamarugal. Pisagua Viejo y los caseríos que aún se pueden ver en las inmediaciones de La Tirana y La Huayca son los ejemplos patentes del tesón español por desarrollar la provincia.

Pisagua Viejo

Los restos de Pisagua Viejo se sitúan a un par de kilómetros al norte del actual Pisagua. El poblado estuvo al lado sur de la desembocadura de la Quebrada de Tana.
Su actividad comenzó  el siglo XVII y siguió hasta comienzos del siglo XIX cuando la industria salitrera necesitó de un puerto con mejores muelles y aguas más profundas.
La aldea de Pisagua Viejo ejercía la función de controlar  el tráfico de embarque y desembarque de productos que se internaban a Potosí por la quebrada de Tana.
La arqueóloga Cora Moragas explica que es posible que los colonos hayan aprovechado el agua de vertientes cercanas del interior para pequeños cultivos. «Es probable  que la corona española, al igual que en otros sectores de la costa, haya instalado allí factorías de salar pescado y mariscos».

– La desembocadura de la Quebrada de Tana es el escenario donde se desarrolló el poblado español colonial de Pisagua Viejo.
– Pisagua Viejo aún conserva algunas edificaciones del siglo XVII. Corresponden a construcciones levantadas por españoles durante el desarrollo de la industria de la plata y el guano.

Combate Naval de Iquique: Heroísmo y valor sobre el mar

Capítulo 21.- Comerciantes, trabajadores, niños y dueñas de casa corrieron hasta la playa para ver la llegada del Huáscar y la Independencia en la mañana del 21 de mayo de 1879, cuando se cumplía un mes y medio de bloqueo que naves chilenas al puerto de Iquique.
Pasado el mediodía, esta situación cambiaría drásticamente con el hundimiento de la Esmeralda y la muerte del capitán Arturo Prat y el resto de la tripulación.
En esa mañana la Covadonga, comandada por Carlos Condell, patrullaba el exterior de la bahía, mientras la Esmeralda permanecía cerca de la costa desarrollando reparaciones menores. Cerca de las ocho de lamañana el vigía de la Covadonga detectó “humos al norte” que fueron identificados minutos después como el Huáscar y la Independencia. Inmediatamente notificaron a Prat sobre esta noticia.
Luego de dar la orden de alerta, Prat arengó a su tripulación de cubierta. “Muchachos, la contienda es desigual. Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo, y espero que esta no sea la ocasión de hacerlo. Mientras yo viva esa bandera flameará en su lugar y si yo muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber ¡Viva Chile!”.
De inmediato cayó entre ambas naves chilenas la primera granada del Huáscar, comandado por Miguel Grau. Prat se acercó aún más a tiera para así evitar que el acorazado peruano no lanzara las balas ente el peligro de herir a sus compatriotas en el puerto. En tanto que laCovadonga salió de la bahía iquiqueña lo más apegada a la costa, al mismo tiempo que la Independencia, comandada por Guillermo Moore, lo perseguía de cerca.
En tanto el transporte Lamar tomó rumbo hacia el sur, también muy apegado a la costa. Su capacidad bélica era tan reducida que no era un objetivo certero ante los ojos peruanos.
El ataque por mar del Huáscar fue complementado por el fuego que desde tierra lanzaron las baterías peruanas dirigidas por el jefe del Estado Mayor en Iquique, coronelBenavides. Una de las granada mató a tres tripulantes y un segundo impacto eliminó a otros tres chilenos.
Por más de una hora y media se prolongó el combate sin que la Esmeralda sufriera daños por los cañones peruanos. La corbeta correspondía con cañones de 40 libras. Sus balas rebotan en la cubierta de acero delHuáscar.
El teniente segundo Ignacio Serrano estaba a cargo de la batería de ataque contra el acorazado, el teniente Juan Francisco Sánchez, estaba atento a la contraofensiva hacia tierra. Prat permanecía en el puesto de mando y Luis Uribe en proa dirigiendo a sus hombres.
Cerca de las once de la mañana el ataque peruano subía en intensidad. Uno de los impactos originó un incendio en la cubierta de la corbeta. Después la nave se quedó sin calderas y con un agujero en su estructura que iba de babor a estribor. Sin embargo, sus hombres continuaban con un insistente ataque de artillería pesada y fusilería que no causaba estragos en elHuáscar.
A las 11.40 horas Grau decidió atacar con el espolón del Huáscar. El acorazado se lanzó contra la corbeta que alcanzó a virar unos cuántos metros para recibir el primer impacto a la altura de la toldilla, mientras que los cañones despedazaron a 40 marineros.
De inmediato Prat saló al abordaje sólo secundado por el sargento por Juan de Dios Aldea. Su grito de combate fue ahogado por el ensordecedor sonido del choque de ambas naves y el fuego cruzado.Grau separó inmediatamente el buque imposibilitando que otros marinos siguieran a Prat. Alcanzó a dar unos cuantos pasos cuando un proyectos lo hirió. Por un momento alcanzó a apoyarse con una rodilla, sin embargo, la irrupción de un marinero peruano lo acribilló instantáneamente. En tanto que el sargento Aldea se apoyaba moribundo en uno de los palos del monitor peruano.
El segundo comandante de la Esmeralda, Luis Uribe, no logró evitar el segundo espolonazo. El impacto produjo la inundación de la sala de máquinas de la corbeta. Ignacio Serrano saltó al abordaje junto a otros doce marinos que fueron cayendo uno a uno en la cubierta delHuáscar.
Para ese momento, la Esmeralda se encontraba completamente detenida, sumergiéndose y con la mitad de su tripulación masacrada.
Veinte minutos después Grau dio el tercer y último espolonazo en el centro de la nave. La fuerza del golpe la partió en dos. En medio del caos, el cornea Gaspar Cabrales, un niño de 13 años, continuaba tocando la campana de zafarrancho cuando un cañonazo lo mató en forma instantánea. Un compañero del menor, cabo de marina Crispín Reyes, tomó el puesto y continuó con el trabajo hasta que murió acribillado por el fuego peruano., El marinero Pantaleón Cortés lo reemplazó hasta el final del combate.
Mientras el barco se hundía, el guardiamarina Riquelme, disparó el último cañonazo. A las 12.10 horas, la Esmeralda desapareció bajo las aguas iquiqueñas. La bandera chilena fue lo último que cubrió el océano.
Sólo sobrevivieron 59 marinos de los 200 que componían la tripulación de la Esmeralda. Los que salvaron dieron su testimonio de lo que ocurrió durante la mañana del 21 de mayo de 1879.

Tripulación de la Esmeralda

  • Capitán de corbeta Arturo Prat.
  • Tenientes primero Luis Uribe y Juan Francisco Sánchez.
  • Teniente segundo Ignacio Serrano.
  • Guardiamarinas Ernesto Riquelme, Arturo Fernández Vial, Vicente Zegers y Arturo Wilson.
  • Cirujano Primero Teniente, Cornelio Guzmán.
  • Ayudante de Cirujano, Germán Segura.
  • Contador, Juan D. Goñi.
  • Ingenieros Eduardo Hyatt , Vicente Mudilla, Dionisio Manterola e I. Gutiérrez de la Fuente.
  • Jefe de la Guarnición, subteniente Antonio Hurtado.
  • Segundo jefe sargento primero, Juan de Dios Aldea.

Desarrollo económico y social de Iquique en el siglo XIX

Iquique, de caleta a puerto mayor


Potosí, como polo de desarrollo minero y Arica, considerado puerto de salida de la producción del Alto Perú, mantuvieron a la caleta de Iquique en un segundo plano de importancia hasta el primer tercio del siglo XIX.
El primer indicio de desarrollo vino con la incipiente industria salitrera. El empresario español Sebastián de Ugarrisa mandó a construir bodegas para guardar su cargamento y cobijar insumos destinados al proceso productivo del caliche. Ya en 1811 había un funcionario de aduanas que se encargaba de organizar los embarques.
En 1820 el pueblo contaba con 500 habitantes aproximadamente. El investigador Francisco Marull Bermúdez, explica en su libro «Historia de la antigua provincia de Tarapacá», que en esa época los extranjeros y peruanos de Iquique vivían muy cerca de la costa en el sector de La Puntilla, en donde actualmente se ubican las dependencias de la Cuarta Zona Naval. Los mestizos tenían sus casas en la zona de El Morro, mientras que los changos, al ver el aumento del tráfico mercantil del incipiente puerto, se trasladaron más al sur hasta instalare en la península de Cavancha.
Parte de este ambiente fue capturado por las impresiones que escribió el naturalista Charles Darwin cuando recaló en Iquique el 12 de julio de 1835. En su bitácora de viaje dejó de manifiesto su impresión por las pequeñas viviendas que estaban ubicadas bajo los faldeos del farellón costero.
También caracterizó la flora, la geografía y la situación social que había en el poblado durante esa época.

APOYO GUBERNAMENTAL


Dos puntos claves incidieron en el desarrollo de la caleta. El primero de ellos ocurrió 1828 cuando comenzó a regir el decreto que permitía la exportación de salitre hacia los mercados extranjeros Sólo en 1830 se sintió realmente el desarrollo de Iquique cuando se enviaron los primeros quintales de salitre directamente a Europa, anteriormente sólo había cubierto las necesidades de Perú y Chile. En ese año las embarcaciones llegaron a Inglaterra, Francia, Alemania e Italia.
El segundo impulso clave ocurrió en 1855 cuando elevaron a Iquique a la categoría de puerto mayor. En ese instante la extracción a gran escala de guano y la cada vez más poderosa producción de salitre auguraban un excelente futuro para el recién nacido terminal marítimo.
Un año después Iquique contaba con agua de mar destilada para el consumo humano y servía como puerto de tránsito y depósito para la zona de Bolivia.
En ese tiempo la isla Serrano había sido unida al continente de una manera rudimentaria y era llamada Isla de Cuadros porque pertenecía a una distinguida familia peruana de ese apellido.
A mediados del siglo XIX los habitantes del litoral tarapaqueño alcanzaban a las tres mil personas, principalmente dedicados a la pesca, comercio, extracción de guano y el embarque de buques.
En uno de los trabajos publicados por el historiador Adolfo Ibáñez en la revista Norte Grande de la Universidad Católica de Chile, establece que el crecimiento de Iquique también se reflejó en la división política. En 1857 fue creada la Provincia de Tarapacá, como una de las cuatro que formaban el Departamento de Moquegua. Esta provincia contaba con cinco distritos, entre los cuales estaba Iquique.
En 1861, debido al auge de la actividad salitrera, comenzó la construcción de un ferrocarril que facilitó la salida del mineral hasta el puerto. La obra fue inaugurada diez años después, el 28 de julio de 1871, y ostentaba una extensa red que puso en contacto a Iquique con varias salitreras de la zona. El movimiento se intensificó y con ello las divisas para el poblado.
Con este último avance, la población creció vertiginosamente. En 1862 contaba con dos mil 500 habitantes, en 1872 eran cinco mil personas y en 1876, llegaban a casi las diez mil. Este desarrollo repercutió después en cambios en la división política. En 1877 la Provincia de Tarapacá, con sede en Iquique, pasó a denominarse Departamento Litoral.
Parte de este desarrollo se refleja en la construcción de la Torre del Reloj de la Plaza Prat que fue diseñado en 1877 por el ingeniero francés Eduardo Layperouse , quien llegó a ser uno de los primeros alcaldes del municipio iquiqueños cuando éste pasó a dominio chileno en 1879.

Incendios y terremotos en Iquique

El rápido avance del puerto de Iquique fue detenido por constantes catástrofes naturales y grandes incendios que hicieron estragos dentro de la población. El 13 de agosto de 1868 ocurrió el gran terremoto de Iquique que también afectó a Arequipa, Moquegua, Tacna y Arica. El sismo derrumbó en Iquique decenas de casas y la posterior salida del mar provocó graves daños estructurales en el puerto.
Con la destrucción de los muelles el precio del salitre aumentó de 10 a 15 chelines, lo que generó mayores divisas ante la escasez obligatoria del mineral. Este fue otro factor que incidió en el crecimiento de las oficinas salitreras. Es así como entre 1870 y 1877 aumentó en forma explosiva la demanda de salitre e Perú y Europa. En 1875 fondearon mil 249 barcos en Iquique.
Ese mismo año, en la madrugada del 8 de octubre se registró un incendio de proporciones que destruyó 20 manzanas de la ciudad.
Luego en 1877 un sismo de gran intensidad se sintió en Iquique y Patillos dejando nuevamente al puerto sumido en la destrucción. Dos años después, las crónicas establecen para el 9 de mayo de 1879, pocos días antes del Combate Naval de Iquique, otro tsunami que afecto seriamente las instalaciones portuarias.
En 1880, la historia se repite durante plena Guerra del Pacífico y cuando Iquique llevaba pocos meses ocupada por tropas chilenas, un incendio de proporciones épicas consumió en unas cuantas horas treinta manzanas del centro de la ciudad. El siniestro redujo considerablemente la capacidad comercial y mercantil de la ciudad, como también su número de habitantes.
Ya para ese entonces el conflicto bélico entre Chile, Perú y Bolivia había causado grandes cambios en la tranquila vida de la gente iquiqueña.