Seis Matanzas en las oficinas salitreras

Oficina Ramírez


15 de Febrero de 1891

La matanza en la oficina Ramírez ocurrió en durante la Guerra Civil del 1891. Dos mil trabajadores de las salitreras tomaron los trenes con rumbo a Iquique para protestar contra la mala situación económica que generaba la guerra. Las autoridades locales sabotearon la movilización, temiendo una toma generalizada de Iquique. Para ello obligaron a los trabajadores a detener su marcha en la oficina Ramírez.

Hasta allá llegaron tropas militares y luego de varias conversaciones para evitar que continuaran en dirección a Iquique, los uniformados abrieron fuego sofocando las manifestaciones. En esta matanza murió un número indeterminado de obreros. Existe constancia que 18 de ellos fueron fusilados por ser «cabecillas» de la rebelión.



Plaza Colón de Antofagasta


14 de febrero de 1897

No existe un número determinado de decesos en la matanza de la Plaza Colón en Antofagasta. Las reivindicaciones sociales incluían mejoras en las condiciones de trabajo y en la administración de las pulperías.

Ferrocarriles 


6 de febrero de 1906

Un año antes de la matanza en la Escuela Santa María de Iquique, los trabajadores del Ferrocarril Antofagasta-Bolivia solicitaron varias demandas sociales a sus empleadores. Entre las exigencias estaban una hora y media para almorzar. Fueron reprimidos por «Guardia de Orden» junto a fuerzas navales que estaban embarcadas en el buque «Blanco Encalada». Las ráfagas de metralleta duraron tres minutos. Tampoco existe un número preciso de caídos en esta jornada.

San Gregorio


3 de febrero de 1921

Los obreros de la oficina San Gregorio solicitaron reducir la jornada laboral a ocho horas diarias, abolir los vales y las fichas con que les pagaban. El intendente de Antofagasta, ex-veterano de la Guerra del Pacífico, Recaredo Amenagual, llegó hasta el lugar en donde estaban los manifestantes con efectivos del Ejército. Tras violentos enfrentamientos, detuvo a varios rebeldes. Los detenidos fueron obligados a cavar fosas en donde fueron arrojados los cuerpos de la masacre. Al parecer fallecieron de 36 obreros y cuatro militares.

Marusia


23 de marzo de 1925

La matanza en la Oficina Salitrera Marusia ocurrió durante el período presidencial de Arturo Alessandri Palma. Se estima que hubo centenares de muertos, la mayoría de ellos obreros de la misma oficina. También contabilizaron decesos de uniformados.



La Coruña


5 de junio de 1925

En la matanza de La Coruña participaron los obreros junto a sus familias. Un gran grupo de personas estuvieron reunidos para pedir mejores condiciones laborales en las calicheras y las industrias. Luego de varios días de presiones, las autoridades abrieron fuego en contra de hombres, mujeres y niños.

Crisis en la pampa: La matanza en la Escuela Santa María de Iquique

Crisis en la pampa

El investigador iquiqueño Mario Zollezzi establece que al comenzar el siglo XX, la «cuestión social» en Tarapacá entra en una nueva fase. Bajo la presidencia de Pedro Montt, en Iquique, los trabajadores del vital sector portuario realizaban periódicos movimientos reivindicativos. En la Pampa Salitrera empezó a manifestarse el malestar de los obreros de las Oficinas en «memoriales», reclamando al Gobierno atención a sus planteamientos sociales.

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 En el país, la estéril lucha por el poder entre la Alianza Liberal y la Coalición desacreditaba cada vez más al sistema parlamentario, instaurado tras la derrota de Balmaceda en 1891.

Este problema político agudizó en 1907 la crisis financiera que hacía bajar el cambio y subir los precios de los artículos de primera necesidad. La moneda se depreció al punto que llegó a valer apenas 8 peniques. La inestabilidad cambiaria golpeaba a la clase obrera.

En noviembre de 1907 laboraban en las salitreras de Tarapacá y Antofagasta unos 40.000 operarios; 13.000 de ellos extranjeros: bolivianos y peruanos en su mayoría.

La provincia de Tarapacá, según el censo de población levantado el 28 de noviembre de 1907, tenía 110.000 habitantes.

Primeros antecedentes

Con este clima adverso, una gran huelga estalla con los trabajadores de la Empresa de Ferrocarriles Salitreros el 4 de diciembre de 1907.  La paralización duró sólo un par de días, luego de conseguir que los sueldos fuesen pagados con el tipo de cambio que existía antes de la devaluación del peso.

Esta misma petición la presentaron los trabajadores de la cuadrillas salitreras que trabajan en el puerto de Iquique. A pocos días, los trabajadores de la oficina San Lorenzo, del cantón Alto San Antonio, dejaron sus faenas y comenzaron a reunirse en las estaciones de ferrocarriles.  Su intención era viajar hasta Iquique y hablar directamente con las autoridades del gobierno central.

De a poco, el movimiento fue abarcando toda la pampa. A mediados de diciembre, al menos treinta oficinas tenían detenidas sus faenas.

Zolezzi afirma que la gran huelga de los pampinos fue conocida como «huelga de los 18 peniques», porque el punto principal de sus demandas era el cambio de sus fichas de pago por dinero a ese valor. El movimiento reivindicativo era fomentado por anarquistas, demócratas y balmacedistas; estos últimos eran liberales democráticos, que mantenían la veneración de los trabajadores salitreros al difunto Presidente, considerado por algunos como símbolo de la defensa del salitre a las ambiciones monopólicas del magnate inglés J. T. North.

Los obreros marcharon desde la pampa hacia Iquique. Varios convoyes del ferrocarril bajaban repletos de trabajadores junto a sus familias. Mientras, las autoridades habían informado sobre al situación a Santiago; el Presidente Montt envió fuerzas militares a la zona en el crucero «Blanco Encalada» y la alcaldía suspendió cualquier espectáculo público y clausuraron las cantinas.

Los huelguitas del cantón alto San Antonio fueron hospedados en el Club Sport, que era el hipódromo existente en el camino a Cavancha.

Resistencia de los pobladores

Luego de las primeras conversaciones con las autoridades y dejar en claro que no volverían a la pampa hasta conseguir sus reivindicaciones sociales, los huelguistas, que continuaban llegando en masa, fueron trasladados hasta la escuela fiscal «Domingo Santa María».

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Mientras el intendente interino, Julio Guzmán García, mediaba las negociaciones entre salitreros y representantes pampinos, la ciudad de Iquique paralizaba en apoyo a los huelguistas.

Al mismo tiempo llegan a Iquique el intendente titular, Carlos Eastman y el general Roberto Silva Renard, jefe de la I Zona Militar, que venía a tomar el mando de las tropas reforzadas de la guarnición.

El 16 de diciembre los principales cabecillas del movimiento, Luis Olea y José Briggs, presentaron un petitorio de diez puntos. Los principales eran la eliminación del sistema de fichas, libertad del comercio en las oficinas, mejorar las medidas de seguridad y el pago de la jornada laboral a un cambio de 18 peniques por peso. Hasta ese momento el cambio era de 8 peniques. Los industriales dijeron que estudiarían inmediatamente las solicitudes.

Otros sectores obreros de la ciudad también habían paralizado y las calles eran custodiadas por patrullas militares.

En tanto, se había ordenado a los pampinos concentrarse en la plaza Manuel Montt y en la Escuela Santa María. Una nueva disposición oficial determinó que los huelguistas debían evacuar esos dos puntos y ubicarse en el Hipódromo, para luego tomar los trenes rumbo a la Pampa, reanudando las faenas. Les informaron que los empresarios  salitreros rechazaban la presión, sosteniendo que perderían «autoridad moral» en la Pampa.

Los empleadores y las autoridades propusieron al grupo que dejara una  delegación de dirigentes para continuar las negociaciones, pero que la mayoría debía regresar a sus puestos de trabajo.

Los obreros se negaron.

El 19 de diciembre las directivas de los pampinos y los trabajadores del puerto de Iquique crearon el Comité Central Unido. El Presidente era José Briggs y como vicepresidente, Luis Olea.

Un día después el intendente, Carlos Eastmann, recibió la orden del ministro del interior, Rafael Sotomayor, para declarar el Estado de Sitio.

21 de diciembre de 1907

Al llegar el 21 de diciembre, en la Escuela Santa María y la Plaza Manuel Montt, ubicada donde actualmente está el Mercado Centenario, había entre ocho y diez mil personas. Esa mañana, las huelguitas no acataron por segunda vez la orden de trasladarse hasta el hipódromo y luego regresar a la pampa.


Dentro de un marco de discursos, consignas y gritos, transcurrieron las horas, mientras que el general de brigada Roberto Silva Renard ordenaba el traslado de dos ametralladoras que hizo colocar frente a la Escuela. Un piquete del Regimiento O’Higgins se ubicó a la izquierda de las ametralladoras.  Luego envió dos oficiales para convencer a los obreros que terminaran con el movimiento y media hora más tarde él mismo ingresó al local, sin lograr un cambio de actitud en los huelguitas.  Los últimos en ingresar a la Escuela Santa María fueron los cónsules de Perú y Bolivia, pero después de una hora de conversaciones salieron del lugar sin lograr su objetivo.

Disparos

A las 15.45 horas se da la orden de disparar. Desde ese instante surgen varias versiones del hecho. Algunos historiadores  indican que las ráfagas de metralleta duraron treinta segundos, otros señalan que el ataque se prolongó por casi dos minutos.

El informe oficial que dio el general Silva Renard fija la cifra de heridos en 140. Los cuerpos consulares establecieron un número de 150 muertos y 200 heridos.

El historiador de la universidad Arturo Prat, Sergio González, explica que la cifra aceptada actualmente como cierta alcanza a las 2 mil personas fallecidas y un número similar de heridos.

Los sobrevivientes fueron derivados ese mismo día a las oficinas de origen.  Los heridos fueron atendidos en el hospital de beneficencia, pero los cuerpos de los obreros muertos, simplemente desaparecieron.

Tres días después el comercio pudo abrir sus puertas. Iquique volvía a su actividad normal.

Vivir entre el sol y el caliche

De las trescientas oficinas salitreras que alguna vez funcionaron en el desierto chileno, actualmente nada queda de ellas. Hoy sólo hay recuerdos de un estilo de vida que desaparece junto a los últimos pampinos nacidos y criados en las oficinas.
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 Por cuarenta años Chile vivió de las divisas que generaba el salitre. Durante ese lapso el gobierno administró la nación con holgura, sin la necesidad de cobrar impuestos elevados o que estuviesen al mismo nivel que los países vecinos.
Una proyección de bonanza que generó la industria radica que entre 1880 y 1930, sólo los derechos de exportación del recursos, dieron al fisco más de seis mil millones de pesos, cifra que abarcó aproximadamente el 60 por ciento de la riqueza del país durante el primer cuarto del siglo XX.

Más allá de las ganancias

Más allá de la cifras económicas y del impacto industrial del país, la historia del salitre fue estructurada a través de recuerdos y un estilo de vida que marcó a generaciones y que aún es posible rescatar entre las ruinas de lo que alguna vez fueron ciudades e industrias pujantes que existían en medio del desierto.
El escritor Juan Rubén Castro es un ex pampino. El recuerda que la vida en la salitrera fue triste y feliz a la vez. «Mucho se habla de las injusticias y tratos indignos».
Para él, al igual que otros 60 mil pampinos que viven en la Provincia de Iquique, hablar de salitreras es recodar los buques, las jornadas de trabajo de diez horas, las viandas a la hora del almuerzo, la estación de trenes, el biógrafo, el cine mexicano, el fútbol y las apariciones esporádicas de grupos teatrales.
«Todos los que alcanzamos a vivir en las salitreras recordamos un tiempo muy bonito. Vivíamos felices, con solidaridad entre la gente y sin miedo a la delincuencia y problemas que hoy sí existen en la ciudad».
Juan Rubén Castro indica que durante el gobierno de Arturo Alessandri Palma se abrió un nuevo horizonte para los trabajadores, especialmente por la implementación social lograda en los gobiernos de Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos y Gabriel González Videla.
En general los recuerdos de las personas que actualmente viven en Iquique hacen referencia a principios de la década del 50. Antes, el panorama en las salitreras era diferente.

Abusos del empleador

Gerónimo Caballero, investigador pampino, dice que para entender cómo era el estilo de vida en el desierto hay que dividir la historia del salitre en antes y después de la promulgación de las llamadas Leyes Sociales y el fortalecimiento de la presencia sindical.
Hasta fines de la década del treinta las fichas eran el único sistema de intercambio de mercaderías y suplían al circulante real. También el sistema funcionaba con vales. Cada ficha, confeccionada de maderas, metal o tela, equivalía a un kilo de pan, un litro de agua o una determinada cantidad de azúcar.
Otro aspecto que demostraba la total falta de asistencia en salud o atención médica era que muchos de los jubilados no podían bajar a Iquique o radicarse en una ciudad costera. La excesiva humedad de la zona cercana al mar afectaba directamente los pulmones de los trabajadores que, por décadas, habían absorbido el polvo del caliche.

Testimonio pampino

Humberstone
Los hermanos Ociel y Reinaldo Fernández vivieron su niñez y juventud en la oficina Santiago Humberstone. Su testimonio de vida en esta salitrera refleja la añoranza y el cariño de miles de pampinos que están repartidos por todo Chile.

Los hermanos Fernández fueron testigos de los últimos días de la salitrera. «Cuando nos fuimos le pusimos el candado a la oficina», recuerdan con cariño.

Ociel Fernández califica su infancia como una etapa bonita donde «nosotros hacíamos los juguetes y las pelotas eran de trapo. Había tres piscinas una chica, otra  mediana y la más grande, ojalá alguna vez la llenen para que pese a los años volvamos a meternos y demostrar que en Humberstone éramos buenos nadadores».

Catorce fueron los hermanos Fernández que vivieron en la casa 26 de calle Michimalongo. Dicho inmueble sigue en pie. Reginaldo afirma que «cuando la familia empezó a crecer, la compañía nos cambió a la calle Sargento Aldea».

La plaza de Humberstone era el centro de la actividad social. «a través de parlantes escuchábamos mambos que bailábamos entre amigos, porque a las niñas no les daban permiso y cuando ya estábamos más grandes recién podíamos ir a los bailables en el hotel. Pero igual había que pedir permiso a las mamás de las niñas para sacarlas a bailar».

Estos pampinos comenzaron a trabajar a los 15 años limpiando los camarines y tras bambalinas del teatro, o pegando afiches de los estrenos cinematográficos. Su labor se fue ampliando a boletero y también fueron «cojos» es decir, estaban encargados de colocar los rollos de película para todas las funciones.

«Salíamos del teatro a las once de la noche y la camanchaca no nos dejaba ver».

En 1960 cuando la oficina Humberstone dejó de funcionar, la familia Fernández emigró a Antofagasta.

«Pero nunca nos olvidamos de la pampa, de la vida solidaria, de ese estilo especial que nos marcó a todos».

La vida al interior de una salitrera

Los empleados salitreros
IQUIQUENOS-DESCANSO

El segundo estrato social de la pampa lo constituían los empleados o administrativos y sus familias. Ellos vivían en el rancho de los empleados que quedaba en el centro del campamento. De esta manera dividían la oficina entre los sectores más pobres con los más pudientes. El rancho de los empleados disponía servicios básicos con arranques domiciliarios de agua. Había mayor cantidad de espacio y existían mejores lugares para la entretención. Todas estas comodidades hacían más llevadera la vida en la pampa.

El Barrio Americano 
 Más allá se emplazaba del rancho de los empleados se encontraba el Barrio Americano. Consistía en extensos jardines con casas de estilo georgiano que eran construidas para los jefes extranjeros y sus familias. Dependiendo de la oficina, disponían de canchas de tenis, fútbol e incluso piscinas. A este sector era impedido el paso de los obreros. Este rígido sistema clasista se disolvió paulatinamente, mejorando así la convivencia entre todos los habitantes de la oficina. Entre la década del 50 y 60 la vida en la pampa fue más agradable y placentera, a pesar que era común presenciar la muerte y el cierre de las salitreras más pequeñas.

El Sistema Shanks

El ingeniero químico James T. Humberstone fue uno de los industriales del salitre que influyó fuertemente en la vida pampina y mejoró el método de procesamiento del mineral.
Humbersone, pasó a los libros de historia como Santiago Humberstone.
Este científico adoptó a las industrias del nitrato el sistema de elaboración denominado «shanks» que se empleaba en Inglaterra para la elaboración de soda.
El sistema consistía en la disolución del caliche en bateas de doble fondo calentadas a vapor con temperaturas más alta de lo que habitualmente utilizaban. El otro cambio sustancial fue el traslado de las «aguas madres» o «residuales» para el aprovechamiento de caliche con leyes de hasta el 13 por ciento. Esto, en definitiva,  evitó perder material que anteriormente quedaba depositado en los ripios.
La oficina San Antonio, en 1877; Agua Santa en 1878; y Tres Marías, en 1881, fueron las primeras en practicar esta metodología. En cada una de ellas, el propio Humberstone asistió a la instalación de los equipos.
Con tan sólo 25 años, este inglés logró la confianza de uno de los industriales salitreros más poderosos de Tarapacá y Atacama, John Thomas North, quien lo empleó como administrador de varias oficinas en 1892. Luego Humberstone fue nombrado administrador general de la Corporación de Salitres y Ferrocarril de Agua Santa. Durante 34 años trabajó como ejecutivo de esta salitrera. Introdujo el petróleo como fuente de energía, el generador diesel y filtros para maquinarias.
Al acogerse a retiro, la compañía de Salitres de Tarapacá y Antofagasta rebautizó a la antigua salitrera La Palma como Santiago Humberstone.
A la ceremonia de cambio de nombre no asistió el homenajeado. Su complicado estado de salud le impidió visitar a la remodelada oficina Santiago Humberstone.
Humberstone vivió sus últimos días en Iquique. Falleció en 1929 a la edad 89 años.