El estilo de vida pampino

La crisis salitrera provocó un enorme éxodo de familias que habían construido sus vidas bajo el inclemente sol de la pampa. Los vestigios de este estilo de vida aún persisten en distintos puntos de Iquique.

Muebles, lozas, juegos de té y utensilios de cocina son parte del legado que es posible rescatar en museos, antiguas casonas y en las viviendas de los pampinos que aún conservan recuerdos del esplendor salitrero.
Antes que la electricidad fuera parte de la vida pampina, las planchas de fierro eran calentadas a carbón. Los trozos incandescentes eran depositados al interior de la plancha. Los modelos más avanzados tenían un «escape» para que el humo del carbón saliera sin que dañara las manos.
Antiguas cajetillas de cigarrillos aún es posible encontrar en las ex oficinas salitreras más apartadas de las carreteras y puntos turísticos. Premier, Privado y Populares fueron algunas de las marcas que consumieron los pampinos.

  • Jarrón, fuente, jabonera y peinetera componen este juego de baño de loza manufacturada en Inglaterra a principios del siglo XX.
  • Balanza que utilizaron en la pulpería de la salitrera Santiago Humberstone.
  • Tanto los chocolates como el té importado llegaban a la pampa en cajas metálicas decorativas.
  • Fuente para la sopa y jarrón de leche enlozados.
  • Vitrola manufacturada en Alemania en el 1900.
 

Diccionario pampino
  • Salitrera abierta.- Se dice de la calichera en la que queda descubierto el salitre.
  • Acabar el tiro.- Atravesar el manto de caliche para llegar a la «coba» y poner la carga de explosivos, la que se hace después de haber «tocochado» el tiro.
  • Acendradora.- Aparato para triturar el caliche. Chancho, chancadora.
  • Apegualar.- Arrastrar.
  • Azulado.- El que ha sido notificado de su recibo.
  • Beneficio.- Operaciones destinadas a la elaboración del salitre.
  • Bolón.- Trozo compacto del caliche.
  • Caminero.- Encargado de la conservación y riego de las huellas.
  • Cancha.- Terreno o plataforma horizontal en que se acopia, seca y ensaca el salitre para su embarque en el puerto.
  • Cancho.- Remuneración extraordinaria.
  • Chonchón.- Lámparas de parafina o aceite crudo sin tubo.
  • Chulla.- Clarificación de los caldos del caliche.
  • Cogotes.- Partes no explotadas en terreno calichoso no trabajado.
  • Congrio.- Billete de 5 pesos.
  • Dar la bota.- Despedir a algún dependiente u obrero.
  • Empatillar.- Encontrar ocupación en las labores.
  • Fonda.- Local en que se proporciona comida a los operarios y alojamiento a los forasteros.
  • Galleta.- Despedir a un operario.
  • Guachimán.- Sereno.
  • Guarisnaque.- Aguardiente de baja calidad. Persona muy confiada.
  • Jabas.- Camión acondicionado con bancas, en el cual transportaban a los obreros a la pampa.
  • Jernal.- Clavo grande.
  • Lampear.- Remover la tierra con palos.
  • Lonchero.- Cajita metálica cerrada en la que los obreros llevaban alimentos.
  • Llavera.- Mujer que prepara el rancho en la administración o en las viviendas de los empleados.
  • Machar.- Triturar, machacar los trozos grandes de caliche.
  • Maucho.- Chileno proveniente del sur del país.
  • Ministro.- Disminutivo afectuoso con que solía denominarse al administrador de la oficina.
  • Piltrafas.- Menudencias de los animales faenados.
  • Pitman.- Operario encargado de arrastrar el cable elécrico alimentador de las palas.
  • Pulpería.- Local en que se expenden mercaderías y artículos de consumo, a los empleados y trabajadores de las oficinas.
  • Recateo.- Reconocer nuevamente la pampa para su ubicación precisa.
  • Recova.- Local en que se expenden verduras y frutas en las oficinas.
  • Sifón.- Vertedero de traspaso del caldo o líquido en los cachuchos que actúa por diferencias de altura y temperatura.
  • Una gárgara.- Invitación para beber un trago.
  • Vaciar.- Traspasar el caliche de las carretas, a los carros y de estos a los cachuchos. 

    La gran crisis de la industria salitrera

    A mediados de la década de 1940 fue común ver trabajadores que pasaban de salitrera en salitrera, buscando trabajo. A esa altura del siglo XX la industria estaba en franca decadencia y los esfuerzos gubernamentales por asegurar la producción y establecer los precios a nivel internacional fueron inútiles.

    La Segunda Guerra Mundial se encontraba en su apogeo, por lo que el bloqueo existente en Europa y la producción de salitre sintético en distintos puntos del planeta hicieron poco atractivo comprar este producto desde un país tan lejano como Chile.
    Hacía ya cien años que el salitre chileno reinaba en los mercados internacionales. En 1900 Iquique presentaba un rostro renovado gracias a la efervescente actividad que existía en la pampa.
    Luego del desorden en que quedaron las arcas fiscales al finalizar la Guerra del Pacífico, los inversionistas ingleses y chilenos apostaron nuevamente por Tarapacá. Es así como en menos de dos años la producción salitrera alcanzó las 800 mil toneladas métricas, cifra superior en 200 mil toneladas a lo que exportó la zona antes del conflicto bélico. En 1896 la cifra aumentó a un millón 107 mil 45 toneladas.
    Al inicio del siglo XX ya funcionaban cerca de 170 salitreras entre Tarapacá y Antofagasta. En 1911 la exportación por Iquique siguió en alza, con 2 millones y medio de toneladas métricas anuales y en 1916 casi llegó a los tres millones.
    En tanto que la mano de obra pampina en la provincia llegó a los 21 mil trabajadores, sin contar sus familias.
    Incertidumbre

    Antes de la Primera Guerra Mundial, Chile controlaba la industria mundial de los fertilizantes. Sin embargo, ese rótulo quedó rápidamente obsoleto a medida que los embarques se distanciaron en el tiempo.

    La crisis fue desencadenada completamente en 1921 cuando la producción apenas llegó a poco más de un millón de toneladas, la mitad que en 1919.
    Con estas cifras se agudizó el problema de la cesantía, pues cerraron las oficinas más pequeñas y alejadas de la provincia que no fueron capaces de competir con las más grandes y modernas.
    Cuando terminó la primera gran Guerra, la situación tendió a normalizarse principalmente por el término del bloqueo económico que existió en gran parte de Europa. En 1929 la producción en Tarapacá alcanzó los tres millones de toneladas métricas. Sin embargo las ventas no alcanzaron a cubrir el sobre stock existente en las bodegas del puerto.
    Segunda Guerra Mundial

    Los diez años siguientes fueron de incertidumbre para muchas familias que vivieron con el persistente rumor que cerrarían la salitrera en donde trabajaban.  El tiro de gracia llegó en 1939 cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y la crisis se agudizó porque los principales mercados se cerraron.

    La clausura de oficinas continuó, pero el mayor impacto de todos lo marcó el fin de Alianza, Humberstone y Santa Laura a mediados del siglo XX.
    En Tarapacá quedó la moderna oficina Victoria que hizo gala de eficiencia y calidad de vida desde 1943. Luego de 35 años cesó sus funciones el 7 de septiembre de 1978. Para muchos ese año marcó el fin de la época del oro blanco. La vida pampina comenzó a ser un recuerdo.

    Intentos por salvar la industria
    Múltiples fueron los esfuerzos que hizo la empresa privada por mantener a flote la industria salitrera. Los ejecutivos de bancos en Valparaíso, algunos accionistas de salitreras que habitaban en el norte y otros de Inglaterra, hicieron eco del mismo grito pidiendo al gobierno central que tomara cartas en el asunto para evitar el descalabro económico.

    Para el historiador Oscar Bermúdez, el gobierno intervino y lo hizo por una razón muy simple: no podía prescindir de los ingresos que recibía por concepto de impuestos de exportación. Por cuarenta años Chile vivió del sueldo que entregó el «oro blanco». El país no estuvo preparado para perder ese capital. Aún la industria del cobre y la necesidad del mercado mundial no estaban adecuados.
    Los salitreros vieron la llegada de tiempos difíciles. Es por ello que crearon la Asociación de Productores de Salitre. Esta organización tuvo como función primordial reunir toda la producción de nitrato y ofrecerlo en conjunto a los diferentes mercados.
    De esa manera regularon la oferta, trataron de evitar que los precios bajaran aún más y evitaron que los industriales tuvieran sobre stock en sus bodegas.
    Los primeros préstamos

    En 1921 la recesión en Tarapacá se hizo sentir. Los industriales salitreros pidieron los primeros préstamos en la historia para solventar los gastos que generaron las faenas. Los bancos en Valparaíso entregaron los recursos para salvar sus inversiones que se remontaban al último cuarto del siglo XIX.

    Pero los esfuerzos fueron inútiles. Las ventas y ganancias siguieron en picada. Para salvar la industria en 1930 el Estado chileno, bajo el gobierno de Carlos Ibáñez Del Campo, creó la Corporación de Salitre de Chile, Cosach.
    A pesar de los esfuerzos centrales y de los propios empresarios, la organización fracasó. Decretaron su liquidación cuatro años después.
    Luego, el Presidente Arturo Alessandri, dio los primeros pasos para impulsar la Corporación de Ventas del Salitre, Covensa, que tuvo como principal función establecer una especie de estanco para la exportación y el comercio de salitre que operaban en Tarapacá y Antofagasta. La organización se centró primordialmente en la producción de nitrato, yodo y subproductos.
    En la época de la creación de Covensa, la producción estuvo focalizada en tres grandes consorcios: la Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta, la Corporación Salitrera Anglo-Chilena y la Lautaro Nitrate Co., concentrando entre ellas el 90 por ciento de la producción total del nitrato en Chile.
    Poco más de treinta años pasaron y Covensa, pese a sus esfuerzos, no logró evitar el descalabro económico que ocurrió en la pampa. De las cien salitreras que funcionaban en Tarapacá a principios del siglo XX, sólo quedaban tres operando para mediados de la década del 60.
    En 1968 el presidente Eduardo Frei Montalva decretó el fin de Covensa. A su vez creó a Sociedad Química y Minera de Chile, Soquimich, entidad mixta que funcionó en sus primeros años a través de la Corporación de Fomento, Corfo, haciéndose cargo de las salitreras de María Elena, Pedro de Valdivia y Victoria.
    Tres años después el Estado decretó la nacionalización de las salitreras, pero la medida tampoco sirvió.

    Avance de Iquique
    Cuando la industria y las exportaciones del salitre comenzó su etapa de colapso, varios fueron los intentos por desarrollar la plataforma comercial, infraestructura y servicios que ayudaran a ser más competitiva la industria del caliche.

    De acuerdo al historiador Carlos Donoso, estos esfuerzos llegaron tarde y resultaron inútiles.
    En 1905 las autoridades inauguraron una sucursal de la Caja Nacional de Ahorros, cuya presencia era reclamada en la ciudad desde la ocupación de Iquique por las fuerzas chilenas.
    En 1924 inauguraron la Caja de Seguro Obligatorio, cuando la cesantía arreciaba y nadie podía cotizar.
    También ese año comenzó a funcionar el servicio de agua potable organizado por el gobierno. Antes existieron cobros abusivos por las empresas privadas. La diferencia estuvo en que ahora el servicio era fiscal, barato y abundante.
    En 1929 inauguraron el Ferrocarril a Pintados. Sólo en 1934, con la creación de la sede local de la Superintendencia de Salitre y Yodo, las autoridades comprendieron que el negocio del nitrato podía ser manejado desde Iquique.
    «Las quiebras comerciales comenzaron recién en 1926 cuando comenzó a funcionar en la provincia el Síndico de Quiebras».
    Respecto al tema de seguridad ciudadana, Iquique era considerado por muchos como refugio de peligrosos delincuentes. Sólo en 1908 se estableció una oficina de identificación y recién en 1918 funcionó en la ciudad el primer cuartel de Investigaciones.
    Antes de 1936, el 85 por ciento de las calles de Iquique era de tierra. Ese año la municipalidad creó la Dirección de Pavimentación. Con ello comenzó un proceso de mejorar la calidad de veredas y las principales arterias de la ciudad.

    Resumen del fin

    El ocaso de la industria del salitre fue evidente. Hacia 1950 ya se había puesto fin a cien años de prosperidad económica.

    El investigador Oscar Bermúdez entrega una síntesis de lo que fue el ciclo salitrero desde una perspectiva referente a los hitos históricos relacionados con la industria.
    • 1780 – 1829
    • La industria estaba en sus albores: tenía un carácter doméstico. Las escasa actividad que se desarrolló a fines del siglo XVIII perteneció a mineros españoles. Estos primeros explotadores de mineral produjeron salitre para elaborar pólvora.
    • En 1810 fueron levantados los primeros establecimientos salitreros. En esta fecha surge la industria. En 1829 el naciente negocio permanece ligado a la pólvora de Perú.
  • 1830 – 1879
    • El nitrato de sodio se convierte en un producto de exportación desde que llegó a Europa y Estados Unidos. En 1830 se independiza de la industria de la pólvora peruana.
    • El salitre comienza a utilizarse como abono para la agricultura y aparecen nuevos mercados en el extranjero. «Desde la década de 1850 el porvenir del salitre está asegurado en el Perú».
    • En 1870 Perú pierde la exclusividad como productor al iniciarse actividades similares en el litoral boliviano y en el norte del territorio chileno. No obstante la zona de Tarapacá continuó siendo el principal productor.
    • La importancia de la industria salitrera en el Perú da oportunidad a una activa política intervencionista y nacionalizadora del Estado peruano. Mientras tanto su desarrollo en Antofagasta complica las relaciones entre Bolivia y Chile. Estos antecedentes forman parte de las bases en que se sustentó la Guerra del Pacífico.
  • 1880 – 1930
    • Este período de 50 años es el más importante en el desarrollo de la historia del salitre.
    • Desde el comienzo de la Guerra del Pacífico, los tres territorios salitreros quedaron entregados a una sola administración. Chile permite establecer normas comunes de política y unificar la legislación en torno al tema.
    • La formación de combinaciones salitreras desde 1884 permitió unificar los intereses de los productores.
    • La industria logra un alto desarrollo, pero ya antes de terminar este período hay perturbaciones importantes derivadas principalmente del avance de la producción sintética extranjera y al atraso de la técnica productora en Chile.
  • 1930 en adelante
    • La situación de inseguridad por la que pasaba la industria desde los comienzos de la Primera Guerra Mundial, caracterizada por altas y bajas en las exportaciones, hace crisis en 1930.
    • Se consideran fracasados y desactualizados los métodos tradicionales de producción, los que deben ser reemplazados del mismo modo que el sistema de administración de los negocios.
    • El salitre deja de ser un aporte sustancial a las entradas nacionales.
    • A pesar de los progresos efectuados en su técnica y régimen comercial, la industria no logró avances en su desarrollo.
     

    La crisis salitrera en la región de Tarapacá

    El Iquique cosmopolita de principios de siglo, se convirtió en el centro de la actividad económica del norte de Chile.
    Antes de la Primera Guerra Mundial, que comenzó en 1914 y se extendió hasta 1919, Chile tenía el monopolio total del mercado de fertilizantes a nivel global.  Sin embargo, la explosión del conflicto bélico y el bloqueo económico que existía en Europa influyó directamente en la ostensible baja de la demanda de salitre.
    Sin embargo, el monopolio de nada sirvió ante dos avances tecnológicos mundiales que marcaron el destino de Iquique durante el primer cuarto del siglo XX. El primero de ellos ocurrió en 1900 con el desarrollo del  sistema Guggenheim para la producción del salitre.
    Este nuevo sistema consistió en la utilización de la electricidad en los procesos productivos y en la mecanización de la totalidad de las faenas. Esto trajo consigo el empleo de menos mano de obra y la capacidad para procesar caliche de leyes de hasta un siete por ciento, lo que significaba la posibilidad de utilizar costrones que fueron desestimados durante el siglo pasado porque no eran rentables.
    Al otro lado del mundo ocurrió otro avance tecnológico que marcó el futuro de la industria salitrera. En 1914, científicos alemanes lograron producir sulfato de amonio sintético a través del proceso Haber-Bosh. Este fue usado para fabricar salitre sintético a gran escala y a menor costo que el exportado por Chile.
    La competencia del salitre sintético deterioró notablemente la situación del salitre natural, que en el transcurso del siglo fue cediendo gradualmente su lugar al cobre como principal producto de la minería nacional.

    El proceso Haber-Bosch 

    El proceso Haber-Bosch se desarrolló en Alemania y permitió fabricar amoniaco a partir del nitrógeno del aire. Del amoniaco se pueden sintetizar los demás compuestos de nitrógeno.
    Una planta piloto con el proceso Haber funcionó por primera vez en 1910, y una planta completa con capacidad para 30.000 toneladas de sulfato amónico anuales empezó su producción en 1913
    Igual que con otros avances científicos y tecnológicos, la guerra fue el principal incentivo para la producción.
    Gran Bretaña y sus aliados controlaban las rutas marítimas por las cuales llegaban el nitrato de Chile y el guano peruano. Alemania y las potencias centrales quedaron aisladas de esta fuente para la agricultura y los explosivos. Es por ello que se vieron obligados a innovar o perecer.
    Alemania construyó importantes plantas industriales y amplió la capacidad de producción a 120.000 toneladas de amoníaco sintético anuales.
    Hay pocas dudas acerca que el proceso Haber fue de importancia decisiva en la primera guerra mundial. Proporcionó a Alemania y sus aliados el nitrógeno que necesitaban para la producción de municiones y alimentos. Algunos autores piensan que una de las principales razones por las cuales Alemania perdió la guerra no fue la escasez de explosivos sino que el ejército usó tal cantidad de compuestos nitrogenados que no quedaron suficientes para los agricultores. En 1917 y 1918 las cosechas fueron desastrosas. Irónicamente, en el país donde se había encontrado la solución al problema del nitrógeno, escaseaba el trigo y la gente tenía hambre.

    El gobierno reacciona

    Como respuesta a los difíciles tiempos que se aproximaban en Chile, nace la Asociación de Productores del Salitre, entidad encargada de poner el mineral a la venta.
    Al terminar la guerra mundial en 1919 ocurre la primera crisis de importancia.  Ese año paralizan al menos 35 oficinas.  No obstante de la mala situación económica que pasaba la región, Iquique no estuvo ajeno a las festividades por el triunfo de las fuerzas aliadas y el fin de la guerra.
    Grandes y chicos, salieron a las calles para festejar la noticia que llegaba con una semana de retraso.  Las familias se reunieron en la Plaza Prat y celebraron con música y baile, mientras que los ciudadanos chinos lanzaron fuegos artificiales desde las azoteas de sus casas.
    Según el actor iquiqueño Willy Zegarra, las personas pensaban que vendrían días mejores.  Sin embargo, la crisis estalla en toda su magnitud en 1921 con la disminución de la demanda, generada por la creación del salitre sintético.

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    Impacto y reactivación

    Al finalizar la Primera Guerra mundial, la producción salitrera bajó. Ya no era necesario comprar grandes cantidad para sustentar la industria bélica y la producción de pólvora y sus derivados. Al mismo tiempo, la invención del salitre sintético ofrecía una alternativa al virtual monopolio que tenía Chile sobre este mineral.
    Paulatinamente los grandes compradores comprendieron que era más barato comprar el sucedáneo en Europa y traer el producto natura desde Sudamérica.
    El rápido éxito alcanzado por este nuevo y artificial compuesto desplazó paulatinamente la producción chilena.
    Si el producto nacional para 1910 representaba el 65 por ciento de los abonos nitrogenados consumidos en el mundo, éste bajó a 30 por ciento en 1920. Luego se redujo drásticamente a sólo un 10 por ciento en 1930. En la década del ’50 sólo se utilizó un 3 por ciento del salitre criollo en el orbe.

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    Producción

    En 1929, la producción de salitre en Chile llega a los 2  millones 898 mil 141 toneladas métricas. Más adelante, todo fue en picada.
    En 1930 para salvar la industria, el Estado Chileno intentó dar solución a la crisis creando la Corporación de Salitre de Chile, Cosach.
    En 1934 nació la Corporación de Ventas de Salitre, Convensa.  En ella se centralizó la exclusividad de la comercialización del salitre, yodo y subproductos del área.  En esa época la actividad estaba centrada en tres grandes empresas, Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta, la Corporación Salitrera Anglo-Chilena y la Lautaro Nitrate Co.  Las tres representaban a mediados de la década  del 30, el 90 por ciento de la producción total.  Este escenario oscuro para la provincia, Iquique entra en un período de estancamiento.  La  necesidad de desarrollar nuevas entradas económicas para la ciudad hacen mirar hacia el mar de una manera distinta a la que la gente estaba acostumbrada.  La industria pesquera da sus primeros pasos.

    Propiedad salitrera

    En 1900 la propiedad de las oficinas salitreras estaba mayoritariamente en manos extranjeras, especialmente en británicas. En esa época el Estado chileno obtuvo su participación a través de los derechos aduaneros de exportación que cobró en los puertos de embarque.
    Estos impuestos cubrieron el 56,29 por ciento de las entradas fiscales. En las dos siguientes décadas, la tradicional unión económica de Chile con Gran Bretaña y Alemania comenzó a debilitarse, no sólo en lo relativo al comercio internacional, sino también en las inversiones y préstamos. Así fue que de una dependencia británica se pasó a una dependencia norteamericana.