La fortuna de John Thomas North

El llamado rey del salitre llegó a Chile sin recursos financieros ni contactos en las altas esferas. En la autobiografía publicada en 1896, North relató como ingresó al negocio salitrero.

“La suerte me llegó de esta manera. Mi firma tenía un contrato para instalar una línea de ferrocarril en Perú. Ellos consideraron que como yo era uno de los mejores jóvenes trabajadores en la sección de máquinas, podría ir allá hasta posiblemente mejorar mi situación. Acepté tal posibilidad de inmediato. Simplemente me presenté voluntariamente para el trabajo. Ofrecí ur por el salario que estaba ganando, que era de 18 chelines a la semana, y pasaje, rogándole a mis jefes que lo descontaran de mi sueldo. Se rieron y me dijeron, North nos gusta tu entusiasmo y debes ir”.

Bueno, la proyectada línea de ferrocarril, no fue precisamente una bonanza, pero nos pagaron nuestros salarios, y mientras tanto yo buscaba algo para mi. Tendimos las líneas a traves de la selva de Perú y tuvimos aventuras de todo tipo. UN día mientras vagaba cerca de un arroyo que deba a un graí río, vi un viejo y oxidado vapor que había sido dejado allí como desecho.Repentinamente concebí la idea de esa este pequeño barco para comerciar río abajo y arriba, llevando granos y otras provisiones a los pueblos y villas. Tomé posesión del vapor por unos cientos de dólares y cuando lo obtuve, no tenía un centavo en los bolsillos”.

“No tenía crédito. Pero logré de alguna manera conseguir un cargamento de mercaderías y manejé mi pequeño barquichuelo con resultados satisfactorios. Un día cuando chile y Perú estaban en guerra, mi pequeño vaporcito se encontró en la boca del río en un momento crítico. No había ningún buque de guerra peruano en las cercanías y ellos (los chilenos) me hicieron señas que estaban muriéndose de hambre, y estaban de gran necesidad de comida y agua”.

“Fui capaz de solucionar sus necesidades inmediatas y cuando terminó la guerra, solicité alguna compensación por los servicios de mi barquito había rendido. Fue así como logré una concesión para trabajar hasta ese momento, un no explotado yacimiento de salitre. Esta concesión llevó a muchas otras. Un feliz accidente sentó la base de mi fortuna.

Nuevos Inversionistas: Pedro Gamboni

Para fines del siglo XIX, el sistema de paradas en que se sustentaba la industria, comenzaba a colapsar.Un joven chileno de 25 años llamado Pedro Gamboni se encontraba en quique con la intención de trabajar como químico industrial en alguna salitrera de la zona.

Gamboni nació en Valparaíso el 26 de septiembre de 1825.

Durante más de un año analizó detenidamente el proceso de “las paradas”. Sus conclusiones fueron tajantes. Lo primero fue aumentar la ley del salitre y reutilizar la costra residual del caliche. Para ello reemplazó el cocimiento del mineral en fondos por grande estanques en que se inyectaba vapor de agua a altas temperaturas.

El resultado de sus experimentos arrojó que el salitre se disolvió en forma más pura. Todo el sistema incluyó calderas, hornillas para hervir el agua, tuberías y estanques.

Después se agregó la fuerza del vapor para “chancar” en forma más rápida y pareja el caliche recién extraído de la pampa.

Con estos resultados, Pedro Gamboni patentó su procedimiento en 1853 y lo dio a conocer a algunos industriales e inversionistas. Varios bancos financiaron su proyecto y a los pocos meses se instaló su nueva tecnología en la oficina que llamó Sebastopol.

Esta oficina quedaba cerca de la oficina La Noria de George Smith.

De esta manera Gamboni dio inicio al sistema de “oficina de máquinas” y al estilo de campamento que actualmente se conocer, o sea, con casas de administración, operarios, desalinizadoras de agua, habitaciones para los trabajadores y las tradicionales tortas de ripio que actualmente se encuentran por toda la pampa.

Extracción de yodo

Luego de modificar exitosamente el proceso de extracción de salitre, Gamboni emprendió una nueva tarea: extraer yodo de las “aguas madres” del salitre. Desde 1817, el yodo era extraído de las cenizas de algas marinas. El proceso era complicado y no aseguraba un alto grado de pureza.

No se sabe con certeza cómo Gamboni llegó a conocer la existencia del yodo en forma de sodio en el caliche.

El investigador Jorge Ríos Bordones afirma que esta sal permanece en disoluciones después que se separa por cristalización el nitrato de sodio. A esta solución se le conoce con el nombre de “aguas madres”.

Tras diez años de ensayos, Pedro Gamboni patentó en 1866 el sistema para extraer yodo de las “aguas madres” del caliche y obtiene concesión exclusiva de los gobierno de Perú y Bolivia, haciendo fortuna y convirtiéndose en uno de los principales personajes de Iquique. Falleció en esta ciudad en 1895 a la edad de 70 años.

La Nueva Noria

En un primer momento el método de Gamboni no fue tomado en cuenta. Luego de varios años y tras los resultados positivos, el sistema fue empleado en nuevas oficinas salitreras. Uno de los más entusiastas en copiar la iniciativa fue George Smith quien la puso en práctica en 1856 con su proyecto de “La Nueva Noria”.

Nuevos inversionistas: George Smith

A mediados del siglo XIX la industria salitrera pedía un cambio. Hasta el momento, los empresarios peruanos se habían dedicado a extraer el mineral sin desarrollar nuevas tecnologías para hacer más eficiente la producción.

En 1850 surgieron inversionistas ingleses y chilenos que dieron un nuevo auge a Tarapacá, creando nuevos sistemas para mejorar la producción salitrera. Los hombres más connotados en esta época fueron el inglés George Smith y el chileno, Pedro Gamboni. Ambos tuvieron una participación importantísima en el desarrollo de la región.

George o Jorge Smith llegó a Perú en 1821 con intenciones de invertir en el país. En 1826 viajó a la Provincia de Tarapacá y comenzó con prospecciones menores en Huantajaya, cuando apenas tenía 24 años. Con el financiamiento de su tío Archivald Robson y su amigo William Bollaert, Smith comenzó la exploración de las zonas aledañas a Iquique, Bajo Molle y la cordillera de la costa.

En sus expediciones a la pampa salitrera demostró su interés por la geografía y el dibujo.

Además de su espíritu aventurero parte de su trabajo generó un mapa sobre la Provincia de Tarapacá y un informe sobre los recursos de la zona. Ambos documentos los elaboró a petición del gobierno peruano.

Pero no todo fue interés científico. En sus exploraciones descubrió un rico mineral de salitre que llamó La Noria. Esta oficina funcionó en primera instancia con el sistema de paradas.

Al mismo tiempo, Smith creó en Iquique una compañía de servicios de agua potable y perfeccionó el método de desalinizar agua de mar. El nuevo método de Smith ayudó a paliear la creciente demanda iquiqueña de este recurso.

En 1852 creó la George Smith y Cía. y estabeció vínculos estrechos con bancos de Valparaíso, de la misma manera como lo hicieron otros empresarios salitreros.



La Nueva Noria

Como complemento de esta faena salitrera, se reactivó la caleta de Bajo Molle que no funcionaba como muelle desde la conquista española. En el lugar también construyó bodegas y un edificio para el control aduanero. También puso en marca un andarivel que trasladaba la carga desde La Noria hasta la costa. Después de varios intentos, esta modalidad de transporte fue desechada porque el cable de acero se rompió en varias ocasiones. Defraudado, Smith volvió a las caravanas de mulas.

Luego de 40 años en Tarapacá, Smith preparó paulatinamente su regreso a Inglaterra. Esta decisión la tomó en parque porque adquirió créditos que no pudo cancelar a la Casa Gibbs de Valparaíso. Tras meses de negociaciones, Smith vendió sus activos a Gibbs y en 1866 se conformó la Compañía de Salitres de Tarapacá. Smith sólo tuvo una mínima parte de las acciones de la compañía.

Falleció en Norwood, Ingalterra, el 28 de noviembre de 1870 a los 68 años de edad.

Historia del Salitre en la Región de Tarapacá

Buscando el oro blanco


La industria del salitre comenzó en La Tirana, hasta donde un grupo de indígenas llevaba el caliche extraído de la pampa y lo procesaba con una técnica milenaria que los incas habían perfeccionado. Este producto servía para cubrir las necesidades de pólvora de toda la zona de Tarapacá. y en algunos casos, era enviado a Perú para abastecer a los ejércitos de la corona española. Sin embargo, esta industria incipiente siempre estuvo en un bajo perfil debido principalmente a su baja calidad y al rudimentario proceso de elaboración que existía desde tiempos inmemoriales.
Incas y aymaras conocían las propiedades del caliche. Lo pulverizaban con un mazo y después lo usaban como fertilizante en sus cultivos de papa y maíz. También lo ocupaban como insumo para crear una especie de pólvora que servía para sus prospecciones en las minas de Huantajaya, Parquina, Casicsa y Virquinta.
Más tarde el proceso evolucionó técnicamente hasta transformarse en el primitivo sistema de paradas, que siglos más tarde sería la base para la industria del salitre.
Los incas utilizaron vasijas metálicas traídas del altiplano, en donde cocían el caliche bajo una fogata. Luego que el material era disuelto en un caldo hirviente era traspasado a otro recipiente en donde se decantaba y surgían los cristales de salitre depurado.
Este proceso se repitió durante siglos hasta que los españoles le agregaron algunas mejoras para acelerar el trabajo y la cantidad de salitre extraído en cada cocción.
Los fondos metálicos estaban en una construcción cuadrada, hecha de piedra y arcilla, se encendía una hornilla para cocer el caliche extraído en forma manual en pleno desierto.
Luego del trasvasije de los caldos, el material era secado al sol hasta que el salitre se separa de la costra que quedaba pegada al recipiente.
Con este proceso, la industria del salitre se encontraba en espera que la demanda del mineral incentivara la producción en masa.

LLEGA EL RUMOR


En 1709 en España llega un rumor sobre Chile. Este dice que la comarca tiene grandes criaderos de salitre en la zona de Tarapacá. De esta manera se dicta la cédula real del 22 de enero de 1710, que indica la constitución de una fábrica en Chile para aprovechar el recurso en la producción de pólvora.
El motivo de esta orden se debía principalmente a que la fabrica de pólvora que existía en Perú, entraba en una especie de retroceso al escasearle sus insumos para la industria bélica.
Ante esta situación, en el sector sur de lo que actualmente es La Tirana, los españoles iniciaron la producción. Para ello cortaban los tamarugos y los convertían en carbón, utilizaban el agua para el proceso de conversión y traían azufre desde el altiplano. Con estos tres elementos lograban preparar pólvora de regular calidad.
A principios del siglo XVII, de 45 minas que existían en el corregimiento de Tarapacá, sólo 17 eran explotadas y 28 se encontraban con cierto número limitado de trabajadores. La situación económica no era buena y las condiciones de vida no mejoraban excepto en las quebradas y oasis.

Mejorar la pólvora


En 1795 España nació el interés de producir nitrato potásico y durante varias décadas dedicó a científicos en Perú a perfeccionar le sistema de elaboración del salitre de alta calidad.
Esta búsqueda del método se prolongó hasta 1809. Ya en esa fecha la necesidad de conseguir nitrato potásico para la pólvora era urgente para toda la colonia española en América. La amenaza de Napoleón de invadir España y el continente americano obligó a la corona a desarrollar aún más su industria para la guerra.
Ante esto el virrey del Perú, Gil de Taboada, pidió aumentar la producción, lo que a su vez generó la imperiosa necesidad de extraer caliche de Tarapacá. 
Las primeras exportaciones comenzaron en en 1806. Los arrieros bajaban con mulas el caliche en bruto para ser embarcado en Iquique y ser enviado al Callao. Durante estas faenas los terratenientes españoles siguieron indagando para conseguir un producto de mayor calidad.
Fue así que el 15 de julio de 1809, el diario «Minerva Peruana» publicó un artículo que informaba sobre elnaturalista Tadeo Haencke . Este científico encontró la manera de convertir el nitrato de sodio en potásico, osea, salitre bruto en refinado, especial para la pólvora. Con esta información los industriales españoles Sebastián de Ugarrisa y Matías de la Fuente, quienes explotaban el caliche en la pampa, fueron en búsqueda de Haencke para que les entregara la fórmula.
El científico alemán se encontraba  en la hacienda de Santa Cruz de Elicona, ubicado cerca de Cochabamba en el Alto Perú. Hasta allá llegaron los industriales españoles, quienes consiguieron la valiosa información de Haencke.
Con este método, los empresarios construyeron las primeras oficinas salitrera entre 1810 y 1822 en Pampa Zapiga, Pampa Negra y Negreiros. La producción de salitre refinado iba mayormente a Lima y en menor porción a Chile.

Sistema de Paradas


Con la base de conocimiento inca y el trabajo desarrollado en menor escala por los primeros colonizadores españoles para tener fertilizante destinado a sus cultivos en las quebradas se logró dar los primeros pasos en esta incipiente industria.
Al principio, la empresa era extremadamente rudimentaria y se dividía principalmente en tres etapas: la extracción del caliche con mazos y chuzos y el traslado del material hasta la «oficina», el procesamiento del mineral y la comercialización del mismo.
El sistema de paradas, como lo llamaron los industriales españoles, es similar a la técnica que desarrollaron los indígenas. La diferencia estaba en el volumen de producción y los materiales que utilizaron en el proceso.
Separados de esta estructura había dos estanques llamados en la época dorada del salitre como «chulladores», en lo que se revolvían los caldos y se clarificaban luego de ser hervidos en los fondos metálicos. El traspaso entre ambos recipientes en una primera época se hacía con grandes cucharones y luego a través de un sistema de canaletas.
Las bateas cristalizadoras era de madera y planas, tenían poca profundidad y estaban depositadas en pequeños muros de piedras y barros. En esta última etapa se lograba captar el nitrato potásico en la pureza necesaria que exigían los mercados del Perú y Europa.
Junto a estas faenas se levantaban las chozas de los trabajadores y la oficina de administración. Este sistema recibió el nombre paradas porque las faenas se trasladaban a otro punto de la pampa cuando la zona que explotaban ya no entregaba salitre de buena ley.
Los primeros quintales destinados al viejo mundo fueron embarcados a principios de 1830.

Pedro Gamboni, vientos de cambio en la industria salitrera

A mediados del siglo XIX, el sistema de paradas en que se sustentaba la industria salitrera comenzaba a colapsar. De esta manera un joven chileno de 25 años llamado Pedro Gamboni, se encuentra en Iquique con la intención de trabajar como químico industrial en alguna salitrera de la zona.
Durante más de un año Gamboni analizó detenidamente el proceso de “las paradas”. Sus conclusiones fueron tajantes. Lo primero fue aumentar la ley del salitre y reutilizar la costra residual del caliche. Para ello reemplazó el cocimiento del mineral en fondos por grandes estanques. en que se inyectaba vapor de agua a altas temperaturas. El resultado de sus experimentos arrojaron que el salitre se disolvió en forma más pura. Todo el sistema incluyó calderas, hornillas para hervir el agua, tuberías y los estanques. Después se agregaría la fuerza del vapor para chancar en forma más rápida y pareja el caliche recién extraído de la pampa. Con estos resultados, Pedro Gamboni patentó su procedimiento en 1853, y lo dio a conocer a algunos industriales e inversionistas. Varios bancos financiaron su proyecto y a los poco meses se instaló con su nueva tecnología en la oficina que se llamaría Sebastopol, ubicada al norte del distrito salitrero de “Cocina”, vecino de la oficina La Noria de Jorge Smith.
De esta manera Gamboni, da inicio al sistema de las oficinas de “máquinas” y al estilo de campamento que actualmente se conoce, o sea, con casa de administración, operarios, desalinizadores de agua, habitaciones para los trabajadores y las tradicionales tortas de ripio que actualmente se encuentran por toda la pampa.
Tras diez años de ensayos, Pedro Gamboni patenta en 1866 el sistema para extraer yodo de las “aguas viejas” del caliche y obtiene concesión exclusiva de los gobiernos de Perú y Bolivia, haciendo fortuna y convirtiéndose en uno de los principales personajes de Iquique. Falleció en Iquique en 1895 a la edad de 70 años.

Aceptan la idea

En un primer momento el método de Gamboni no fue tomado en cuenta. Luego de varios años y tras los resultados positivos, el sistema fue empleado en nuevas oficinas salitreras. Uno de los más entusiastas en copiar la iniciativa fue Jorge Smith, quien la puso en práctica en 1856 con su proyecto de “La Nueva Noria”.
Como complemento de esta nueva faena salitrera, reactiva la caleta de Bajo Molle, que no funcionaba como muelle desde la conquista española. En el lugar también construyó bodegas y un edificio para el control aduanero. También puso en marcha un andarivel que trasladaría la carga desde La Noria hasta la costa. Después de varios intentos, esta modalidad de transporte fue desechada porque el cable de acero se rompió en varias ocasiones. Defraudado, Smith volvió a las caravanas de mulas.
Luego de 40 años en Tarapacá, Smith preparó paulatinamente su regreso a Inglaterra luego que adquiriera créditos que no pudo cancelar con la Casa Gibbs de Valparaíso. Luego de meses de negociaciones, Smith vende sus activos a Gibbs y en 1866 conformar la Compañía de Salitres de Tarapacá, dejando para él una mínima parte de las acciones de la compañía.
Smith falleció en Norwood, Inglaterra, el 28 de noviembre de 1870, a los 68 años.

El auge de Iquique

Según las investigaciones del historiador iquiqueño Leonel Lamagdelaine, Iquique no tuvo un desarrollo significativo hasta mediados del siglo XIX.
En los primeros años de ese siglo, sólo era «una pobre caleta de pescadores».
La zona oriente, más cercana a la costa, se encontraba prácticamente deshabitada. La construcción más separada de la playa era una casa de piedra de un piso edificada en 1768. de acuerdo a los archivos se ubicaba en lo que hoy es la intersección de Luis Uríbe con Bolívar y pertenecía a la familia Cuadros, quienes tuvieron la autorización del rey de España para explotar el guano de la isla que hoy conocemos como Serrano.
En 1832 esta casa fue vendida a Atanasio Tnaxas con su «buitrón» que era un patio para el depósito de minerales. En el terreno en el que actualmente se encuentra la Aduana había otra casa de piedra que perteneció a María de Eleustondo. Frente a esta propiedad se encontraba la celta de desembarco por donde se realizaba el escaso comercio que tenía Iquique.
Había también otro edificio de piedra en las vecindades actuales de calles Pedro Lagos y Serraño. Se supone que ahí estaba la primera iglesia de Iquique; junto a ella, se ubicaba el Cementerio.

Desarrollo Urbano de Iquique

A juicio de la especialista en el patrimonio iquiqueños, Cora Moragas, a comienzos del siglo XIX, la ciudad no ofrecía ningún atractivo para las principales familias de la provincia, quienes permanecían asentadas en los valles y oasis interiores.
Sólo fue a partir de 1830 cuando el puerto de Iquique cobró importancia debido a los primeros embarques de salitre. Esta actividad generó posteriormente la construcción de nuevos edificios fiscales y residenciales. Los extranjeros dueños de minas de plata o de yacimientos salitreros se instalaron en el barrio residencial «La Puntilla» . En el barrio «El Morro», vivían los mestizos, y los indios y negros en la Península de Cavancha.
En 1830 los embarques se hacían desde la playa en balsas de cuero de lobo. Poco después se construyeron los primeros muelles formales para facilitar la operación en pequeños botes.
El poblado de Iquique comenzó a presentar en un corto lapso el panorama de un sitio animado por un continuo movimiento portuario y por un incipiente comercio.
En 1840 los registros indicaban un crecimiento espontáneo hacia el este y el sur; partiendo del antiguo trazado que avanza desde el puerto.
Ancestrales caminos prehispánicos reutilizados durante la Colonia, determinaron las direcciones de las primeras calles. El primer camino central llegaba al puerto por la costa desde Bajo Molle (calle Pedro Lagos), bajando los cerros desde Alto Hospicio (Latorre) y desde la Quebrada de Huantaca (Calle Sotomayor).

– Calle de la Aduana, actual Aníbal Pinto, tenía una gran actividad comercial y portuaria. Su desarrollo estuvo ligado íntimamente a la producción salitrera en la pampa.
– El alumbrado público de Iquique era conformado por lámparas a gas. En tanto que las casas eran iluminadas con diferentes tipos de combustible, desde aceites, hasta alcohol. Todo dependía del nivel económico de la familia.


Terremotos y Maremotos en Iquique


El rápido avance del puerto fue detenido por constantes catástrofes naturales y grandes incendios que hicieron estragos dentro de la población. El 13 de agosto de1868 ocurrió el gran terremoto de Iquique que también afectó Arequipa, Moquehua, Tacna y Arica. El sismo derrumbó en iquique decenas de casas y la posterior salida de mar provocó grandes daños estructurales en el puerto. 

Pero la destrucción trajo algo positivo. El precio del salitre aumentó de 10 a 15 chelines, lo que generó mayores divisas ante la escasez obligatoria del mineral. Este fue otro factor que incidió en el crecimiento de las oficinas salitreras. 

Es así como entre 1870 y 1877 aumentó en forma explosiva la demanda de salitre en Perú y Europa. En 1875 fondearon mil 249 barcos en Iquique. 

Ese mismo año, en la madrugada del 8 de octubre, se registró un incendio de proporciones que destruyó 20 manzanas de la ciudad. 

Luego en 1877 un nuevo terremoto se sintió en Iquique y Patillos, dejando nuevamente el puerto sumido en la destrucción. Dos años después, las crónicas establecen para el 9 de mayo de 1879 otro tsunami que afectó las instalaciones portuarias, destruyendo muelles. 

En 1880, la historia se repite durante la Guerra del Pacífico cuando Iquique llevaba pocos meses ocupada por tropas chilenas, un incendio de proporciones épicas consumió en unas cuantas horas treinta manzanas del centro de la ciudad. El siniestro redujo considerablemente la capacidad comercial y mercantil de la ciudad, como también su número de habitantes. 

Ya para ese entonces el conflicto bélico entre Chile, Perú y Bolivia había causado cambios en la tranquila vida de la gente iquiqueña. 

Los terremotos en el siglo XIX provocaron grandes cambios en el paisaje urbano de Iquique. Varias edificaciones históricas desaparecieron en esta época.




La odisea del agua


El agua siempre ha sido un bien escaso en Iquique. Más aún cuando comenzó el desarrollo de las faenas mineras en Huantajaya y posteriormente en la pampa salitrera. El agua era traída por barco o en mula desde Pisagua, Pozo Almonte y Arica. 

En 1764 el irlandés Antonio O’Brien fue el primero que intentó organizar un suministro constante de agua potable. Su iniciativa fracasó. Sólo hasta mediados del siglo XIX cuando llegaron los primeros inversionistas dedicados exclusivamente a este rubro, la ciudad pudo contar con este servicio en algunos de sus barrios. 

En 1840 Bernardo Digoy instaló en Iquique la primera máquina para condensar agua de mar y catorce años más tarde, se contabilizadas tres de estos dispositivos. Sin embargo, el servicio era irregular. Aún era común traer agua desde Valparaíso o importar hielo desde Lima. 

En 1856 instalaron en Cavancha una máquina para hacer hielo. Además de atender a Iquique, cubría los pedidos de Lima, Guayaquil y Panamá. 

Fue el ingeniero Federico Torrico quien realizó las primeras prospecciones en la región y determinó que las napas subterráneas de Pica eran las mejores para el consumo humano. Sin embargo, el intento de llevar agua desde la pampa a la costa fracasó por falta de recursos por parte del gobierno peruano. Luego vendría la Guerra del Pacífico y con ello el atraso en los planes de dotar a la ciudad de agua más limpia. 

Durante la Guerra incluso hubo bloqueo para que las desalinizadoras llevaran el líquido hacia otros destinos, como también los embarques que ingresaban a la ciudad. 

En 1890, la empresa “The Tarapacá Water Works” transportó el suministro a través de cañerías desde las vertientes de Pica, motivando de esta manera la disminución de los cultivos de viñedos en el oasis. La inversión tuvo un costo de 400 mil libras. El servicio era autorizado por la Municipalidad de Iquique y ofrecido por la empresa que era de propiedad de Thomas North, llamado el rey del salitre. 

Siglo XX


A fines de la década de 1910, sólo el 17 por ciento de la población iquiqueña contaba con cañerías de agua potable a domicilio. El resto de la gente debía obtenerla a través de revendedores. En 1920 el ministerio de Industria y Comercio inició obras para ampliar el servicio a toda la ciudad. 

En 1940 el gobierno creó la Dirección de Obras Sanitarias, DOS, quien amplía la red regional. En 1977 surge Sendos y en 1990 se constituyó la empresa de Servicios Sanitarios de Tarapacá, Essat, que corresponde a una sociedad anónima abierta. En 1999 Essat anunció la puesta en marcha de la aducción de El Carmelo. Esta instalación, en conjunto con el sistema Canchones, aseguró el suministro de agua potable hasta el año 2040. 

La única manera de llevar agua a las casas iquiqueñas era través de carretas especiales que ofrecían sus servicios por todas las calles de la ciudad


Inmigrantes en el siglo XIX


En 1835, Charles Darwin en su visita a Iquique había estimado la población de la ciudad en 1.000 habitantes; sin embargo, hacia el año 1876 Iquique ya sobrepasaba los 19.000 habitantes. Por esta época fueron construidos nuevos edificios fiscales y particulares, ya que muchos habían sufrido daños en el maremoto y terremoto de 1868. Entre los nuevos edificios destacan el de la Aduana, levantado en 1871, y la torre del reloj de la Plaza de Armas, de 1877; la cual originalmente se ubicó frente a la calle Luis Uribe, siendo trasladada al centro de la plaza en 1899.

Otra manera de analizar el nivel cosmopolita de Iquique durante el siglo XIX lo entrega el historiador Carlos Donoso.

Señala que entre 1895 y 1920 ciudadanos de 39 nacionalidades habitaron en el Departamento de Tarapacá. “Eran técnicos contratados por la industria salitrera, aventureros en busca de riqueza, fugados de la justicia o simplemente necesitados que llegaron a la zona y se quedaron. En un periodo de 25 años la provincia fue la zona del país con mayor número de extranjeros”.

En 1895 había 735 británicos, 695 italianos, 279 austriacos. La tendencia se mantuvo entre 1907 y 1920.

Mientras gran parte de los migrantes europeos se dedicaba principalmente al comercio o eran empleados particulares, los latinoamericanos oficiaban como jornaleros.

Cualquiera sea el trabajo, sin embargo, muy pocos de los extranjeros tenían entonces intenciones de perpetuar su estada en la zona. Entre 1895 y 1907 solo se consignaron 54 solicitudes de nacionalización.

A fines del siglo XIX la inmigración inglesa era común en tierras iquiqueñas. En esta foto dos ciudadanos de procedencia británica disfrutan de Playa Brava. En ese tiempo llegar hasta este lugar era un viaje hacia las afueras de la ciudad.

Familias del salitre

El investigador Alvaro Carevic Rivera destaca el trabajo que desarrollaron algunas familias durante los primeros años del ciclo salitrero. Unidos al desarrollo de la naciente industria salitrera se encuentran los nombres de algunas de las principales familias de la época. Entre ellas hay que destacar a los Arias, Hidalfo, Carpio y Tinajas. Especial mención merece Antonio Tinajas, quien llegó a transformarse en uno de los hombres más ricos de la región.

En 1810 numerosos chilenos empezaron a incorporarse a las faenas salitreras y trabajaron en todos los niveles, desde operarios hasta directivos. Uno de estos casos fue Julián Fierro, administrador general de la oficina de Negreiros y director de todas las faenas de elaboración en esa empresa.

Toda la producción marítima de salitre y de plata se transportaba por vía marítima. Esto significó el progresivo desarrollo de Iquique, que se convirtió en el principal puerto de la provincia. Mientras tanto, el curso de la emancipación americana había transformado el antiguo virreinato en la naciente república de Perú.

Desde el punto de vista local, el orden instaurado se tradujo en la emigración de algunos propietarios españoles, quienes vendieron o arrendaron sus calicheras a otros empresarios mejor relacionados con las nuevas autoridades.

Entre 1828 y 1830 los nombres más destacados en la explotación de salitre fueron los de Juan Alba, Félix Bustos, Hermenegildo García y el chileno Santiago de Zavala, vinculado a destacadas familias de Chile y Perú.

A este empresario chileno corresponde el mérito de haber efectuado los primeros embarques de salitre a Estados Unidos y a Europa. En 1830 el bergantín “Globo” llevaba el primer cargamento a Norteamérica, mientras que el “Intrépido” zarpaba hacia Francia.

Cinco años después, el comercio del salitre empezaba a generalizarse. Iquique recibía al mes tres a cuatro barcos que cargaban el producto con destino a los Estados Unidos, Francia, Inglaterra e Italia.

La presencia china

Entre los grupo extranjeros, la colonia china fue una de las más numerosas.

La presencia de ciudadanos chinos en Iquique se remonta al desarrollo de la industria del guano y luego en la salitrera. Lamentablemente en estos lugares muchos de los inmigrantes recibieron maltrato y engaño.

La vida para los chinos que trabajaron en el siglo pasado en las guaneras y minas ubicadas en las cercanías de Iquique, no fue grata. Eran “enganchados” en Oriente con la promesa de probar fortuna en América. Antes de subir al barco debían firmar un contrato que los amarraba por ocho años. Si sobrevivían ese lapso debían trabajar otro periodo similar para pagar el pasaje en barco que utilizaron.

Dormían a la intemperie, cargaban sacos de 50 kilos por estrechos senderos al borde de precipicios. Muchos de ellos morían antes de “pagar” su llegada a la zona.

La presencia de chinos de la zona se remonta a principios del siglo XVII con la llegada de barcos que traían esclavos a trabajar en las guaneras de Iquique.
Durante el siglo XIX, ciudadanos chinos llegaron a la zona atraídos por la bonanza económica que generó el salitre.

Italianos en la zona

La extracción de salitre no sólo trajo consigo el desarrollo de capitales chilenos y peruanos, sino que también provocó una fuerte inmigración del empresariado del Viejo Mundo.

En 1898 ya estaba en su apogeo la “europeización” en la industria del salitre.

El Censo Nacional de 1885 demostró que la colectividad más numerosa era la italiana con 490 habitantes, seguida por 411 inglreses y 195 alemanes.

El italiano más destacado fue Pedro Gamboni, quien en 1850, revolucionó la producción del salitre, adaptándole la fuerza del vapor y haciendo técnicamente posible su desenvolvimiento a grane scala.

La mayoría de las familias italianas desarrollaron negocios basados en el comercio con las salitreras y surtidores de variados productos en Iquique, Pisagua y otras localidades menores. Algunas de ellas, como los Solari y Sacco, mantienen aún esa tradicional actividad.

Los ingleses en Tiliviche

George Smith y John Thomas North son dos de los principales exponentes de la presencia británica en la Región de Tarapacá. Cada uno de ellos representa el perfil del inversionista europeo que llegó para amasar una fortuna a través de la explotación del salitre.

Smith recorrió la pampa buscando las vetas del mineral y al mismo tiempo realizó dibujos de alto nivel sobre las actividades de la pampa, trazó mapas de la región y describió la flora y fauna de la zona.

En tanto que North se dedicó a amasar un imperio comercial que abarcó la industria salitrera, el ferrocarril y el servicio de aguas en Iquique.

Ambas historias están íntimamente relacionadas con el desarrollo del salitre y la vida de Iquique. El punto en común de ambos hombres se encuentra en la quebrada de Tiliviche, donde se reunía la sociedad británica de esa época. Tiliviche era considerado un oasis inglés en medio de la pampa.

El estero de Tiliviche cruza la Pampa del Tamarugal permitiendo en sus alrededores la práctica de la agricultura.

La hacienda de Tiliviche perteneció desde mediados del siglo XIX a ingleses con intereses en la industria del salitre.

Aún existe la casa patronal de la hacienda con su típica arquitectura rural inglesa.

La abundante población inglesa asentada entre Zapiga y Huara, la lejanía del puerto de Iquique y la ausencia en la pampa de cementerios organizados, llevaron a la colonia inglesa a establecer un cementerio propio.

El cementerio fue fundado en 1876 y fue emplazado en la ladera norte del estero, llegando a cubrir unos 3 mil metros cuadrados.

Está cercado por una reja de fierro puesta sobre un pequeño muro de piedra estucada, cuyos barrotes terminan en puntas de flecha.

El cementerio continene más de 100 tumbas. El último entierro ocurrió en 1974. Las sepulturas están indicadas con sencillas cruces de fierro, piedra y madera.

El estero de Tiliviche cruza la pampa del Tamarugal. La hacienda es la construcción principal que resalta desde la carretera.
El cementerio de Tiliviche es un testimonio de la presencia inglesa en la zona de Tarapacá.

Los cuatro nombres de Iquique

Iquique ha tenido cuatro nombres diferentes a través del tiempo. En el siglo XVI se le denominó Puerto de Tarapacá, debido a que era la salida que tenían los poblados del interior hacia Perú y otros destinos de ultramar. En el siglo XVII se le conoció como puerto de Ike Ike, situación que coincidía con la denominación que le entregaban los nativos de pueblos originarios.

A fines del siglo XVII los españoles, denominaron a este sector como Nuestra Señora de la Concepción de Iquey, nombre que correspondía la costumbre hispánica de bautizar a las localidades con el nombre un santo patrono y luego con la identificación geográfica del lugar.

Finalmente, al comenzar el auge salitrero durante el siglo XIX la pequeña caleta y puerto recibió su actual denominación como Iquique.

El nombre de “Iquique” proviene del aymara Iquique, cuyo significado es “sueño” y “cama”. Según el profesor Eduardo Lamagdelaine, los habitantes del altiplano y la precordillera sufrían las consecuencias del gran cambio de altitud que existía entre sus aldeas y el puerto. Esto originaba un incontenible deseo de dormir cuando llegaban a la costa y por ello emplearon este vocablo para identificar la zona.

También existen otras versiones según la cual Iquique significa “dormida en el camino”.

Lamagdelaine agrega también que la palabra Ike Ike puede significar “buche” , aludiendo a los pájaros que anidaban en la ex Isla Serrano, en donde actualmente se encuentra el espigón del puerto.