Luis Emilio Recabarren Serrano 1876-1924

Luis Emilio Recabarren nació en Valparaíso el 6 de julio de 1876. Su padre fue José Agustín Recabarren y su madre Juana Rosa Serrano. Tuvo cinco hermanas y un hermano. Pertenecían a una familia de comerciantes. 
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 Recabarren realizó sus primeros estudios en la Escuela Santo Tomás de Aquino, de los padres salesianos. En ese colegio aprendió el oficio de tipógrafo.
Cuando joven tuvo que comenzar a trabajar para ayudar a sus padres. En 1890 laboró en un pequeño taller que le permitió acercarse a variada literatura, especialmente relacionada con política y filosofía.
En 1894 se incorporó a las filas del Partido Democrático de Chile, que en esos años representaba a los sectores más avanzados y era integrado principalmente por obreros, artesanos y profesionales.
Recabarren fue adquiriendo cierta jerarquía dentro del partido y también comenzó a dar prueba de sus cualidades como periodista en el semanario de la colectividad, La Democracia. Años después llegó a ser director del periódico. Le estampó un estilo más crítico y utilizó seudónimo en varias ocasiones.
En 1903, los demócratas lograron un importante éxito electoral. Eligieron diputados en Valparaíso, Santiago y Concepción. En el puerto obtuvieron también el control de la Municipalidad.  Para los sectores tradicionales, esta victoria resultó inaceptable. Acusaron a Recabarren de fraude electoral y estuvo en la cárcel durante tres meses.
Ese mismo año Recabarren presidió la Comisión Organizadora del Congreso Social Obrero. En esa ocasión tomó contacto con Gregorio Trincado, fundador de la Mancomunal de Tocopilla. Trincando le propuso trasladarse a esa zona para dirigir un periódico.

Alma de nortino

Recabarren se hizo cargo de la dirección y redacción del periódico El Trabajo. A causa de la publicación de duros artículos que criticaban la situación de la clase obrera en el norte, sufrió nuevamente la prisión durante ocho meses. En 1905 se radicó en Antofagasta donde publicó el periódico La Vanguardia.
Ese mismo año, el Partido Democrático lo proclamó candidato a diputado. Obtuvo un triunfo inobjetable, pero al negarse a jurar por Dios, su elección fue desconocida. Los comicios se repitieron. Volvió a ser elegido, pero el Congreso no aceptó el resultado.
Con un pequeño grupo de partidarios de su posición, Recabarren fundó ese mismo año el Partido Demócrata Doctrinario. Inmediatamente creó el periódico La Reforma.

En el extranjero

En octubre de 1905 los Tribunales de Justicia dictaron sentencia en contra de Recabarren por su publicaciones. Lo condenaron a 541 días de cárcel. El decidió cruzar Los Andes y radicarse en Argentina.
Mientras se encontraba en ese país, ocurrió la masacre de la Escuela Santa María en Iquique.
En Argentina, Recabarren se incorporó a las filas del Partido Socialista. En 1908 viajó España, Francia y Bélgica. A fines de ese año regresó a Chile.
Llegando al país, Recabarren fue detenido y remitido a la cárcel de Los Andes durante 18 meses. Cumplió su condena en agosto de 1909. Ese lapso lo utilizó para escribir dos libros que publicó en 1910 «Ricos y Pobres en un Siglo de Vida Republicana» y «Mi Juramento».
En 1911 se radicó en Iquique y fundó el Partido Obrero Socialista. También creó el periódico «El Despertar de los Trabajadores» y «El Bonete, anticlerical».
En 1915 fue candidato a diputado por Antofagasta y fue derrotado. Se trasladó a Valparaíso y permaneció en el puerto hasta comienzos de 1916, cuando hizo una gira hacia el Sur. Llegó hasta Punta Arenas.
En 1918 viajó a Argentina y participó en la fundación del Partido Comunista Argentino, integrando su primera Dirección Nacional.
A su regreso a Chile, estuvo en el Tercer Congreso del POS, que acordó iniciar gestiones para incorporarse a la Tercera Internacional y cambiar su nombre por Partido Comunista de Chile.
Recabarren fue designado como candidato a la presidencia de la República en 1920, año en que triunfó Alessandri. La elección lo sorprendió en la cárcel y logró una escasa votación.
Sin embargo, al año siguiente fue elegido diputado por Antofagasta. En el Congreso declaró representar a «los peones de la pampa del salitre».
Pronunció también su primer discurso parlamentario, posteriormente publicado con el título «Los Albores de la Revolución Social».
En 1924 Recabarren no aceptó postular a la reelección de diputado. A las 7 de la mañana del 19 de diciembre de ese año se suicidó. Tenía 25 años de edad.

Elías Lafertte Gaviño 1886-1961

Sus primeros años

Elías Lafertte nació el 19 de diciembre de 1886 en el pueblo de Salamanca, ubicado en la provincia de Coquimbo. Su madre, Juana Gaviño, era profesora. Su padre dejó a la familia cuando Elías era muy pequeño. Posteriormente, él ingresó a estudiar en la Escuela Normal de La Serena.
Debido a las difíciles condiciones económicas que atravesaba su familia  Elías trabajó desde muy niño para ayudar financieramente a su madre. Su primer trabajo fue en una parroquia de La Serena como monaguillo.
Alrededor de 1897 se marchó a la pampa. En la zona de Tarapacá trabajó en la Oficina Salitrera Providencia. Allí laboraba un tío, quien lo empleó en su pulpería. Insatisfecho con esta labor, se trasladó a la Oficina La Perla, donde se desempeñó como machacador de salitre.
Tenía doce años cuando decidió volver a la casa de su madre en La Serena. Sin embargo, poco tiempo después decidió regresar al Norte Grande.
Lafertte trabajó en todas las labores posibles: picó el caliche, fue buscador en las calicheras, atendió las pulperías, fue cateador, operario y herramentero.
En 1905 comenzó a trabajar como tornero en el Ferrocarril Salitrero.

Problemas del proletariado
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Fue en la pampa salitrera de Tarapacá que Elías Lafferte comenzó a ver los problemas que enfrentaba el proletariado.
No tenía preparación política. La primera personas que lo adoctrinó en la lucha social fue Gerónimo Zambrano.
En 1907 trabajó en la oficina San Lorenzo, donde conoció los principios del movimiento mutualista pero no se incluyó oficialmente en sus filas.
De la misma manera Lafertte no participó directamente en la gran huelga de 1907 y no estuvo presente en Iquique durante la matanza de la Escuela Santa María. Los historiadores afirman que fue este hecho el que gatilló su incorporación al mundo político del proletariado chileno.
En 1911 comenzó a trabajar en la Oficina Ramírez como carrocero. Allí conoció a Luis Emilio Recabarren, quien posteriormente fundaría el Partido Comunista Chileno. A partir de esta oportunidad Recabarren y Lafertte se hicieron amigos.
En 1912, junto a otros dirigentes que abandonaron el Partido Demócrata, al igual que Recabarren, fundó el Partido Obrero Socialista, que se considera el antecesor del Partido Comunista.
Lafertte se encargó de movilizar y organizar a la clase obrera a través de la creación de cooperativas y gremios en las oficinas salitreras.


Militante activo

Lafertte abandonó el trabajo salitrero para involucrarse en profundidad en la difusión de los ideales proletarios. Trabajó en el diario de La Revolución y comenzó su militancia activa. Esta decisión provocó sus primeras detenciones, que ocurieron en la gran huelga de Antofagasta en 1914.
Entre 1915 y 1920 Elías Lafertte trabajó en la difusión de los ideales de su partido. En 1915 este obtuvo sus primeros triunfos electorales: fue regidor en Pisagua. En 1916 asumió el cargo de secretario del alcalde de Pisagua. En 1917 trabajó en el diario La Vanguardia de Valparaíso.
En 1923 fue elegido miembro de la Junta Ejecutiva de la Federación Obrera de Chile, FOCH. En este momento su figura destacaba más allá de las tierras iquiqueñas.
En 1927 Lafertte fue desterrado a la Isla Más Afuera, actual Juan Fernández, por el Presidente Carlos Ibáñez del Campo. Regresó al continente y participó en varias movilizaciones sociales. En 1930 lo desterraron nuevamente. En esta ocasión fue a Isla de Pascua. Al año siguiente lo enviaron a Calbuco, Chiloé. Terminado el gobierno de Ibáñez, recobró la libertad e inmediatamente retomó su cargo en la Federación Obrera de Chile.

Candidato presidencial

En 1931 Elías Lafertte era un reconocido dirigente sindical. Ese mismo año fueron las elecciones presidenciales. Se presentaron cuatro candidatos: Juan Esteban Montero, Arturo Alessandri, Manuel Hidalgo, apoyado por socialistas, y Elías Lafertte, abanderado de los comunistas. En esta ocasión el candidato del PC logró el 0,88% de la votación.
En 1932, Lafertte fue proclamado nuevamente candidato presidencial por su partido. Su votación fue de 1,2%
Lafertte fue nuevamente detenido y desterrado a la Isla Mocha. También fue a Uruguay y lo deportaron a Chile. En 1937 fue elegido senador por Tarapacá y Antofagasta en dos ocasiones, entre 1937-1945 y 1945-1953.  Gracias a su cargo parlamentario, Lafertte volvió a la pampa salitrera y su figura volvió a destacar, al igual que en sus años de juventud.
Falleció en 1961.

Vivir entre el sol y el caliche

De las trescientas oficinas salitreras que alguna vez funcionaron en el desierto chileno, actualmente nada queda de ellas. Hoy sólo hay recuerdos de un estilo de vida que desaparece junto a los últimos pampinos nacidos y criados en las oficinas.
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 Por cuarenta años Chile vivió de las divisas que generaba el salitre. Durante ese lapso el gobierno administró la nación con holgura, sin la necesidad de cobrar impuestos elevados o que estuviesen al mismo nivel que los países vecinos.
Una proyección de bonanza que generó la industria radica que entre 1880 y 1930, sólo los derechos de exportación del recursos, dieron al fisco más de seis mil millones de pesos, cifra que abarcó aproximadamente el 60 por ciento de la riqueza del país durante el primer cuarto del siglo XX.

Más allá de las ganancias

Más allá de la cifras económicas y del impacto industrial del país, la historia del salitre fue estructurada a través de recuerdos y un estilo de vida que marcó a generaciones y que aún es posible rescatar entre las ruinas de lo que alguna vez fueron ciudades e industrias pujantes que existían en medio del desierto.
El escritor Juan Rubén Castro es un ex pampino. El recuerda que la vida en la salitrera fue triste y feliz a la vez. «Mucho se habla de las injusticias y tratos indignos».
Para él, al igual que otros 60 mil pampinos que viven en la Provincia de Iquique, hablar de salitreras es recodar los buques, las jornadas de trabajo de diez horas, las viandas a la hora del almuerzo, la estación de trenes, el biógrafo, el cine mexicano, el fútbol y las apariciones esporádicas de grupos teatrales.
«Todos los que alcanzamos a vivir en las salitreras recordamos un tiempo muy bonito. Vivíamos felices, con solidaridad entre la gente y sin miedo a la delincuencia y problemas que hoy sí existen en la ciudad».
Juan Rubén Castro indica que durante el gobierno de Arturo Alessandri Palma se abrió un nuevo horizonte para los trabajadores, especialmente por la implementación social lograda en los gobiernos de Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos y Gabriel González Videla.
En general los recuerdos de las personas que actualmente viven en Iquique hacen referencia a principios de la década del 50. Antes, el panorama en las salitreras era diferente.

Abusos del empleador

Gerónimo Caballero, investigador pampino, dice que para entender cómo era el estilo de vida en el desierto hay que dividir la historia del salitre en antes y después de la promulgación de las llamadas Leyes Sociales y el fortalecimiento de la presencia sindical.
Hasta fines de la década del treinta las fichas eran el único sistema de intercambio de mercaderías y suplían al circulante real. También el sistema funcionaba con vales. Cada ficha, confeccionada de maderas, metal o tela, equivalía a un kilo de pan, un litro de agua o una determinada cantidad de azúcar.
Otro aspecto que demostraba la total falta de asistencia en salud o atención médica era que muchos de los jubilados no podían bajar a Iquique o radicarse en una ciudad costera. La excesiva humedad de la zona cercana al mar afectaba directamente los pulmones de los trabajadores que, por décadas, habían absorbido el polvo del caliche.