Fue una de las primeras tomas de Chile | Población Caupolicán

Fue una de las primeras tomas de Chile | Población Caupolicán celebra su aniversario 63 años en 2020 | El Sol de Iquique

Una crónica del diario El Tarapacá, señala que el 17 de junio de 1957, sería la primera toma organizada en Chile y América Latina, ya que la toma de la Población Victoria en Santiago, que se dice es la primera, es de octubre de 1957 y la Caupolicán es del 14 de junio de ese mismo año.
«La población Caupolicán se fundó el 14 de junio de 1957 con la toma de los terrenos por parte de familias pampinas que viajaron hacia Iquique, a los cuales se unieron familias sin casa, de pescadores y pequeños comerciantes. La Población siempre se llamó Caupolicán, eso tiene que ver que la mayoría de la gente que venía de la salitrera era del sur quienes se identificaron con los caciques mapuches por su ejemplo de lucha y fuerza. Así está en nuestros registros» dijo sociólogo Aníbal Valenzuela, encargado de Patrimonio del Centro Social y Cultural Caminos.

Diccionario Pampino

Salitrera abierta: Se dice de la calichera en la que queda descubierto el salitre.

Acabar el tiro: Atravesar el manto de caliche para llegar a la «coba» y poner la carga de explosivos, la que se hace después de haber «tocochado» el tiro.

Acendradora: Aparato para triturar el caliche. Chancho, chancadora.

Apegualar: Arrastrar.

Azulado: El que ha sido notificado de su recibo.

Beneficio: Operaciones destinadas a la elaboración del salitre.

Bolón: Trozo compacto del caliche.

Caminero: Encargado de la conservación y riego de las huellas.

Cancha: Terreno o plataforma horizontal en que se acopia, seca y ensaca el salitre para su embarque en el puerto.

Cancho: Remuneración extraordinaria.

Chonchón: Lámparas de parafina o aceite crudo sin tubo.

Chulla: Clarificación de los caldos del caliche.

Cogotes: Partes no explotadas en terreno calichoso no trabajado.

Congrio: Billete de 5 pesos.

Dar la bota: Despedir a algún dependiente u obrero.

Empatillar: Encontrar ocupación en las labores.

Fonda: Local en que se proporciona comida a los operarios y alojamiento a los forasteros.

Galleta: Despedir a un operario.

Guachimán: Sereno.

Guarisnaque: Aguardiente de baja calidad. Persona muy confiada.

Jabas: Camión acondicionado con bancas, en el cual transportaban a los obreros a la pampa.

Jernal: Clavo grande.

Lampear: Remover la tierra con palos.

Lonchero: Cajita metálica cerrada en la que los obreros llevaban alimentos.

Llavera: Mujer que prepara el rancho en la administración o en las viviendas de los empleados.

Machar: Triturar, machacar los trozos grandes de caliche.

Maucho: Chileno proveniente del sur del país.

Ministro: Disminutivo afectuoso con que solía denominarse al administrador de la oficina.

Piltrafas: Menudencias de los animales faenados.

Pitman: Operario encargado de arrastrar el cable elécrico alimentador de las palas.

Pulpería: Local en que se expenden mercaderías y artículos de consumo, a los empleados y trabajadores de las oficinas.

Recateo: Reconocer nuevamente la pampa para su ubicación precisa.

Recova: Local en que se expenden verduras y frutas en las oficinas.

Sifón: Vertedero de traspaso del caldo o líquido en los cachuchos que actúa por diferencias de altura y temperatura.

Una gárgara: Invitación para beber un trago.

Vaciar: Traspasar el caliche de las carretas, a los carros y de estos a los cachuchos.

Vivir entre el sol y el caliche

Iquique siglo XX

Capítulo 16

Vivir entre el sol y el caliche

De las trescientas oficinas salitreras que alguna vez funcionaron en el desierto chileno, actualmente nada queda de ellas. Hoy sólo hay recuerdos de un estilo de vida que desaparece junto a los últimos pampinos nacidos y criados en las oficinas.
Por cuarenta años Chile viviá de las divisas que generaba el salitre. Durante ese lapso el gobierno administró la nación con holgura sin la necesidad de cobrar impuestos elevados o que estuviesen al mismo nivel que los países vecinos.
Una proyección de la bonanza que generó la industria radica que entre 1880 y 1930 sólo los derechos de exportación del recurso, dieron al fisco más de seis millones de pesos, cifra que abarcó aproximadamente el 60 por ciento de la riqueza del país durante el primer cuarto del Siglo XX.

Más allá de las ganancias

Más allá de las cifras económicas y del impacto industrial del país, la historia del salitre fue estructurada a través de recuerdos y un estilo de vida que marcó a generaciones y que aún es posible rescatar entre las ruinas de lo que algunas vez fueron ciudades e industrias pujantes que exist�an en medio del desierto.
Juan Rubén Castro, integrante de la Corporación Hijos del Salitre, recuerda que la vida en la salitrera fue triste y feliz a la vez. “Mucho se habla de las injusticias y tratos indignos”…

Para él, al igual que otros 60 mil pampinos que viven en la Provincia de Iquique, hablar de salitreras es recordar los buques, las jornadas de trabajo de diez horas, las viandas a la hora del almuerzo, la estación de trenes, el biógrafo, el cine mexicano, el fútbol y las apariciones esporádicas de grupos teatrales.
“Todos los que alcanzamos a vivir en las salitreras recordamos un tiempo muy bonito.Vivíamos felices sin miedo a la delincuencia y problemas que hoy sí existen en la ciudad”.
Juan Rubén Castro indica que durante el gobierno del presidente de Chile, Arturo Alessandri Palma, se abrió un nuevo horizonte para los trabajadores, especialmente por la implementación de leyes sociales que fueron complementadas con los gobiernos de Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos y Gabriel González Videla.
En general los recuerdos de las personas que actualmente viven en Iquique hacen referencia a principios de la década de 1950. Antes, el panorama de las salitreras era diferente.

Abusos del empleador

Gerónimo Caballero, investigador pampino, dice que para entender cómo era el estilo de vida en el desierto hay que dividir la historia del salitre antes y después de las leyes sociales y el fortalecimiento de la presencia sindical.
Hasta fines de la década del treinta las fichas era el único sistema de intercambio de mercaderías y suplía al circulante real. También el sistema funcionaba con vales. Cada ficha, confeccionada de madera, metal o tela, equivalía un kilo de pan, un litro de agua o una determinada cantidad de azúcar, por ejemplo.
Otro aspecto que demostraba la total falta de salud o atención médica, era que muchos de los jubilados no podían bajar a Iquique o radicarse en una ciudad costera. La excesiva humedad de la zona cercana al mar afectaba directamente los pulmones de los trabajadores que por décadas habían absorbido el polvo del caliche.

Vivir entre el sol y el caliche

Iquique siglo XX

Capítulo 16

Vivir entre el sol y el caliche

De las trescientas oficinas salitreras que alguna vez funcionaron en el desierto chileno, actualmente nada queda de ellas. Hoy sólo hay recuerdos de un estilo de vida que desaparece junto a los últimos pampinos nacidos y criados en las oficinas.
Por cuarenta años Chile viviá de las divisas que generaba el salitre. Durante ese lapso el gobierno administró la nación con holgura sin la necesidad de cobrar impuestos elevados o que estuviesen al mismo nivel que los países vecinos.
Una proyección de la bonanza que generó la industria radica que entre 1880 y 1930 sólo los derechos de exportación del recurso, dieron al fisco más de seis millones de pesos, cifra que abarcó aproximadamente el 60 por ciento de la riqueza del país durante el primer cuarto del Siglo XX.

Más allá de las ganancias

Más allá de las cifras económicas y del impacto industrial del país, la historia del salitre fue estructurada a través de recuerdos y un estilo de vida que marcó a generaciones y que aún es posible rescatar entre las ruinas de lo que algunas vez fueron ciudades e industrias pujantes que exist�an en medio del desierto.
Juan Rubén Castro, integrante de la Corporación Hijos del Salitre, recuerda que la vida en la salitrera fue triste y feliz a la vez. “Mucho se habla de las injusticias y tratos indignos”…

Para él, al igual que otros 60 mil pampinos que viven en la Provincia de Iquique, hablar de salitreras es recordar los buques, las jornadas de trabajo de diez horas, las viandas a la hora del almuerzo, la estación de trenes, el biógrafo, el cine mexicano, el fútbol y las apariciones esporádicas de grupos teatrales.
“Todos los que alcanzamos a vivir en las salitreras recordamos un tiempo muy bonito.Vivíamos felices sin miedo a la delincuencia y problemas que hoy sí existen en la ciudad”.
Juan Rubén Castro indica que durante el gobierno del presidente de Chile, Arturo Alessandri Palma, se abrió un nuevo horizonte para los trabajadores, especialmente por la implementación de leyes sociales que fueron complementadas con los gobiernos de Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos y Gabriel González Videla.
En general los recuerdos de las personas que actualmente viven en Iquique hacen referencia a principios de la década de 1950. Antes, el panorama de las salitreras era diferente.

Abusos del empleador

Gerónimo Caballero, investigador pampino, dice que para entender cómo era el estilo de vida en el desierto hay que dividir la historia del salitre antes y después de las leyes sociales y el fortalecimiento de la presencia sindical.
Hasta fines de la década del treinta las fichas era el único sistema de intercambio de mercaderías y suplía al circulante real. También el sistema funcionaba con vales. Cada ficha, confeccionada de madera, metal o tela, equivalía un kilo de pan, un litro de agua o una determinada cantidad de azúcar, por ejemplo.
Otro aspecto que demostraba la total falta de salud o atención médica, era que muchos de los jubilados no podían bajar a Iquique o radicarse en una ciudad costera. La excesiva humedad de la zona cercana al mar afectaba directamente los pulmones de los trabajadores que por décadas habían absorbido el polvo del caliche.