Historia del Salitre en la Región de Tarapacá

Buscando el oro blanco


La industria del salitre comenzó en La Tirana, hasta donde un grupo de indígenas llevaba el caliche extraído de la pampa y lo procesaba con una técnica milenaria que los incas habían perfeccionado. Este producto servía para cubrir las necesidades de pólvora de toda la zona de Tarapacá. y en algunos casos, era enviado a Perú para abastecer a los ejércitos de la corona española. Sin embargo, esta industria incipiente siempre estuvo en un bajo perfil debido principalmente a su baja calidad y al rudimentario proceso de elaboración que existía desde tiempos inmemoriales.
Incas y aymaras conocían las propiedades del caliche. Lo pulverizaban con un mazo y después lo usaban como fertilizante en sus cultivos de papa y maíz. También lo ocupaban como insumo para crear una especie de pólvora que servía para sus prospecciones en las minas de Huantajaya, Parquina, Casicsa y Virquinta.
Más tarde el proceso evolucionó técnicamente hasta transformarse en el primitivo sistema de paradas, que siglos más tarde sería la base para la industria del salitre.
Los incas utilizaron vasijas metálicas traídas del altiplano, en donde cocían el caliche bajo una fogata. Luego que el material era disuelto en un caldo hirviente era traspasado a otro recipiente en donde se decantaba y surgían los cristales de salitre depurado.
Este proceso se repitió durante siglos hasta que los españoles le agregaron algunas mejoras para acelerar el trabajo y la cantidad de salitre extraído en cada cocción.
Los fondos metálicos estaban en una construcción cuadrada, hecha de piedra y arcilla, se encendía una hornilla para cocer el caliche extraído en forma manual en pleno desierto.
Luego del trasvasije de los caldos, el material era secado al sol hasta que el salitre se separa de la costra que quedaba pegada al recipiente.
Con este proceso, la industria del salitre se encontraba en espera que la demanda del mineral incentivara la producción en masa.

LLEGA EL RUMOR


En 1709 en España llega un rumor sobre Chile. Este dice que la comarca tiene grandes criaderos de salitre en la zona de Tarapacá. De esta manera se dicta la cédula real del 22 de enero de 1710, que indica la constitución de una fábrica en Chile para aprovechar el recurso en la producción de pólvora.
El motivo de esta orden se debía principalmente a que la fabrica de pólvora que existía en Perú, entraba en una especie de retroceso al escasearle sus insumos para la industria bélica.
Ante esta situación, en el sector sur de lo que actualmente es La Tirana, los españoles iniciaron la producción. Para ello cortaban los tamarugos y los convertían en carbón, utilizaban el agua para el proceso de conversión y traían azufre desde el altiplano. Con estos tres elementos lograban preparar pólvora de regular calidad.
A principios del siglo XVII, de 45 minas que existían en el corregimiento de Tarapacá, sólo 17 eran explotadas y 28 se encontraban con cierto número limitado de trabajadores. La situación económica no era buena y las condiciones de vida no mejoraban excepto en las quebradas y oasis.

Mejorar la pólvora


En 1795 España nació el interés de producir nitrato potásico y durante varias décadas dedicó a científicos en Perú a perfeccionar le sistema de elaboración del salitre de alta calidad.
Esta búsqueda del método se prolongó hasta 1809. Ya en esa fecha la necesidad de conseguir nitrato potásico para la pólvora era urgente para toda la colonia española en América. La amenaza de Napoleón de invadir España y el continente americano obligó a la corona a desarrollar aún más su industria para la guerra.
Ante esto el virrey del Perú, Gil de Taboada, pidió aumentar la producción, lo que a su vez generó la imperiosa necesidad de extraer caliche de Tarapacá. 
Las primeras exportaciones comenzaron en en 1806. Los arrieros bajaban con mulas el caliche en bruto para ser embarcado en Iquique y ser enviado al Callao. Durante estas faenas los terratenientes españoles siguieron indagando para conseguir un producto de mayor calidad.
Fue así que el 15 de julio de 1809, el diario «Minerva Peruana» publicó un artículo que informaba sobre elnaturalista Tadeo Haencke . Este científico encontró la manera de convertir el nitrato de sodio en potásico, osea, salitre bruto en refinado, especial para la pólvora. Con esta información los industriales españoles Sebastián de Ugarrisa y Matías de la Fuente, quienes explotaban el caliche en la pampa, fueron en búsqueda de Haencke para que les entregara la fórmula.
El científico alemán se encontraba  en la hacienda de Santa Cruz de Elicona, ubicado cerca de Cochabamba en el Alto Perú. Hasta allá llegaron los industriales españoles, quienes consiguieron la valiosa información de Haencke.
Con este método, los empresarios construyeron las primeras oficinas salitrera entre 1810 y 1822 en Pampa Zapiga, Pampa Negra y Negreiros. La producción de salitre refinado iba mayormente a Lima y en menor porción a Chile.

Sistema de Paradas


Con la base de conocimiento inca y el trabajo desarrollado en menor escala por los primeros colonizadores españoles para tener fertilizante destinado a sus cultivos en las quebradas se logró dar los primeros pasos en esta incipiente industria.
Al principio, la empresa era extremadamente rudimentaria y se dividía principalmente en tres etapas: la extracción del caliche con mazos y chuzos y el traslado del material hasta la «oficina», el procesamiento del mineral y la comercialización del mismo.
El sistema de paradas, como lo llamaron los industriales españoles, es similar a la técnica que desarrollaron los indígenas. La diferencia estaba en el volumen de producción y los materiales que utilizaron en el proceso.
Separados de esta estructura había dos estanques llamados en la época dorada del salitre como «chulladores», en lo que se revolvían los caldos y se clarificaban luego de ser hervidos en los fondos metálicos. El traspaso entre ambos recipientes en una primera época se hacía con grandes cucharones y luego a través de un sistema de canaletas.
Las bateas cristalizadoras era de madera y planas, tenían poca profundidad y estaban depositadas en pequeños muros de piedras y barros. En esta última etapa se lograba captar el nitrato potásico en la pureza necesaria que exigían los mercados del Perú y Europa.
Junto a estas faenas se levantaban las chozas de los trabajadores y la oficina de administración. Este sistema recibió el nombre paradas porque las faenas se trasladaban a otro punto de la pampa cuando la zona que explotaban ya no entregaba salitre de buena ley.
Los primeros quintales destinados al viejo mundo fueron embarcados a principios de 1830.

Desarrollo económico y social de Iquique en el siglo XIX

Iquique, de caleta a puerto mayor


Potosí, como polo de desarrollo minero y Arica, considerado puerto de salida de la producción del Alto Perú, mantuvieron a la caleta de Iquique en un segundo plano de importancia hasta el primer tercio del siglo XIX.
El primer indicio de desarrollo vino con la incipiente industria salitrera. El empresario español Sebastián de Ugarrisa mandó a construir bodegas para guardar su cargamento y cobijar insumos destinados al proceso productivo del caliche. Ya en 1811 había un funcionario de aduanas que se encargaba de organizar los embarques.
En 1820 el pueblo contaba con 500 habitantes aproximadamente. El investigador Francisco Marull Bermúdez, explica en su libro «Historia de la antigua provincia de Tarapacá», que en esa época los extranjeros y peruanos de Iquique vivían muy cerca de la costa en el sector de La Puntilla, en donde actualmente se ubican las dependencias de la Cuarta Zona Naval. Los mestizos tenían sus casas en la zona de El Morro, mientras que los changos, al ver el aumento del tráfico mercantil del incipiente puerto, se trasladaron más al sur hasta instalare en la península de Cavancha.
Parte de este ambiente fue capturado por las impresiones que escribió el naturalista Charles Darwin cuando recaló en Iquique el 12 de julio de 1835. En su bitácora de viaje dejó de manifiesto su impresión por las pequeñas viviendas que estaban ubicadas bajo los faldeos del farellón costero.
También caracterizó la flora, la geografía y la situación social que había en el poblado durante esa época.

APOYO GUBERNAMENTAL


Dos puntos claves incidieron en el desarrollo de la caleta. El primero de ellos ocurrió 1828 cuando comenzó a regir el decreto que permitía la exportación de salitre hacia los mercados extranjeros Sólo en 1830 se sintió realmente el desarrollo de Iquique cuando se enviaron los primeros quintales de salitre directamente a Europa, anteriormente sólo había cubierto las necesidades de Perú y Chile. En ese año las embarcaciones llegaron a Inglaterra, Francia, Alemania e Italia.
El segundo impulso clave ocurrió en 1855 cuando elevaron a Iquique a la categoría de puerto mayor. En ese instante la extracción a gran escala de guano y la cada vez más poderosa producción de salitre auguraban un excelente futuro para el recién nacido terminal marítimo.
Un año después Iquique contaba con agua de mar destilada para el consumo humano y servía como puerto de tránsito y depósito para la zona de Bolivia.
En ese tiempo la isla Serrano había sido unida al continente de una manera rudimentaria y era llamada Isla de Cuadros porque pertenecía a una distinguida familia peruana de ese apellido.
A mediados del siglo XIX los habitantes del litoral tarapaqueño alcanzaban a las tres mil personas, principalmente dedicados a la pesca, comercio, extracción de guano y el embarque de buques.
En uno de los trabajos publicados por el historiador Adolfo Ibáñez en la revista Norte Grande de la Universidad Católica de Chile, establece que el crecimiento de Iquique también se reflejó en la división política. En 1857 fue creada la Provincia de Tarapacá, como una de las cuatro que formaban el Departamento de Moquegua. Esta provincia contaba con cinco distritos, entre los cuales estaba Iquique.
En 1861, debido al auge de la actividad salitrera, comenzó la construcción de un ferrocarril que facilitó la salida del mineral hasta el puerto. La obra fue inaugurada diez años después, el 28 e julio de 1871, y ostentaba una extensa red que puso en contacto a Iquique con varias salitreras de la zona. El movimiento se intensificó y con ello las divisas para el poblado.
Con este último avance, la población creció vertiginosamente. En 1862 contaba con dos mil 500 habitantes, en 1872 eran cinco mil personas y en 1876, llegaban a casi las diez mil. Este desarrollo repercutió después en cambios en la división política. En 1877 la Provincia de Tarapacá, con sede en Iquique, pasó a denominarse Departamento Litoral.
Parte de este desarrollo se refleja en la construcción de la Torre del Reloj de la Plaza Prat que fue diseñado en 1877 por el ingeniero francés Eduardo Layperouse , quien llegó a ser uno de los primeros alcaldes del municipio iquiqueños cuando éste pasó a dominio chileno en 1879.

Incendios y terremotos en Iquique

El rápido avance del puerto de Iquique fue detenido por constantes catástrofes naturales y grandes incendios que hicieron estragos dentro de la población. El 13 de agosto de 1868 ocurrió el gran terremoto de Iquique que también afectó a Arequipa, Moquegua, Tacna y Arica. El sismo derrumbó en Iquique decenas de casas y la posterior salida del mar provocó graves daños estructurales en el puerto.
Con la destrucción de los muelles el precio del salitre aumentó de 10 a 15 chelines, lo que generó mayores divisas ante la escasez obligatoria del mineral. Este fue otro factor que incidió en el crecimiento de las oficinas salitreras. Es así como entre 1870 y 1877 aumentó en forma explosiva la demanda de salitre e Perú y Europa. En 1875 fondearon mil 249 barcos en Iquique.
Ese mismo año, en la madrugada del 8 de octubre se registró un incendio de proporciones que destruyó 20 manzanas de la ciudad.
Luego en 1877 un sismo de gran intensidad se sintió en Iquique y Patillos dejando nuevamente al puerto sumido en la destrucción. Dos años después, las crónicas establecen para el 9 de mayo de 1879, pocos días antes del Combate Naval de Iquique, otro tsunami que afecto seriamente las instalaciones portuarias.
En 1880, la historia se repite durante plena Guerra del Pacífico y cuando Iquique llevaba pocos meses ocupada por tropas chilenas, un incendio de proporciones épicas consumió en unas cuantas horas treinta manzanas del centro de la ciudad. El siniestro redujo considerablemente la capacidad comercial y mercantil de la ciudad, como también su número de habitantes.
Ya para ese entonces el conflicto bélico entre Chile, Perú y Bolivia había causado grandes cambios en la tranquila vida de la gente iquiqueña.

Pedro Gamboni, vientos de cambio en la industria salitrera

A mediados del siglo XIX, el sistema de paradas en que se sustentaba la industria salitrera comenzaba a colapsar. De esta manera un joven chileno de 25 años llamado Pedro Gamboni, se encuentra en Iquique con la intención de trabajar como químico industrial en alguna salitrera de la zona.
Durante más de un año Gamboni analizó detenidamente el proceso de “las paradas”. Sus conclusiones fueron tajantes. Lo primero fue aumentar la ley del salitre y reutilizar la costra residual del caliche. Para ello reemplazó el cocimiento del mineral en fondos por grandes estanques. en que se inyectaba vapor de agua a altas temperaturas. El resultado de sus experimentos arrojaron que el salitre se disolvió en forma más pura. Todo el sistema incluyó calderas, hornillas para hervir el agua, tuberías y los estanques. Después se agregaría la fuerza del vapor para chancar en forma más rápida y pareja el caliche recién extraído de la pampa. Con estos resultados, Pedro Gamboni patentó su procedimiento en 1853, y lo dio a conocer a algunos industriales e inversionistas. Varios bancos financiaron su proyecto y a los poco meses se instaló con su nueva tecnología en la oficina que se llamaría Sebastopol, ubicada al norte del distrito salitrero de “Cocina”, vecino de la oficina La Noria de Jorge Smith.
De esta manera Gamboni, da inicio al sistema de las oficinas de “máquinas” y al estilo de campamento que actualmente se conoce, o sea, con casa de administración, operarios, desalinizadores de agua, habitaciones para los trabajadores y las tradicionales tortas de ripio que actualmente se encuentran por toda la pampa.
Tras diez años de ensayos, Pedro Gamboni patenta en 1866 el sistema para extraer yodo de las “aguas viejas” del caliche y obtiene concesión exclusiva de los gobiernos de Perú y Bolivia, haciendo fortuna y convirtiéndose en uno de los principales personajes de Iquique. Falleció en Iquique en 1895 a la edad de 70 años.

Aceptan la idea

En un primer momento el método de Gamboni no fue tomado en cuenta. Luego de varios años y tras los resultados positivos, el sistema fue empleado en nuevas oficinas salitreras. Uno de los más entusiastas en copiar la iniciativa fue Jorge Smith, quien la puso en práctica en 1856 con su proyecto de “La Nueva Noria”.
Como complemento de esta nueva faena salitrera, reactiva la caleta de Bajo Molle, que no funcionaba como muelle desde la conquista española. En el lugar también construyó bodegas y un edificio para el control aduanero. También puso en marcha un andarivel que trasladaría la carga desde La Noria hasta la costa. Después de varios intentos, esta modalidad de transporte fue desechada porque el cable de acero se rompió en varias ocasiones. Defraudado, Smith volvió a las caravanas de mulas.
Luego de 40 años en Tarapacá, Smith preparó paulatinamente su regreso a Inglaterra luego que adquiriera créditos que no pudo cancelar con la Casa Gibbs de Valparaíso. Luego de meses de negociaciones, Smith vende sus activos a Gibbs y en 1866 conformar la Compañía de Salitres de Tarapacá, dejando para él una mínima parte de las acciones de la compañía.
Smith falleció en Norwood, Inglaterra, el 28 de noviembre de 1870, a los 68 años.

Desarrollo económico y social de Iquique en el siglo XIX

Iquique, de caleta a puerto mayor


Potosí, como polo de desarrollo minero y Arica, considerado puerto de salida de la producción del Alto Perú, mantuvieron a la caleta de Iquique en un segundo plano de importancia hasta el primer tercio del siglo XIX.
El primer indicio de desarrollo vino con la incipiente industria salitrera. El empresario español Sebastián de Ugarrisa mandó a construir bodegas para guardar su cargamento y cobijar insumos destinados al proceso productivo del caliche. Ya en 1811 había un funcionario de aduanas que se encargaba de organizar los embarques.
En 1820 el pueblo contaba con 500 habitantes aproximadamente. El investigador Francisco Marull Bermúdez, explica en su libro «Historia de la antigua provincia de Tarapacá», que en esa época los extranjeros y peruanos de Iquique vivían muy cerca de la costa en el sector de La Puntilla, en donde actualmente se ubican las dependencias de la Cuarta Zona Naval. Los mestizos tenían sus casas en la zona de El Morro, mientras que los changos, al ver el aumento del tráfico mercantil del incipiente puerto, se trasladaron más al sur hasta instalare en la península de Cavancha.
Parte de este ambiente fue capturado por las impresiones que escribió el naturalista Charles Darwin cuando recaló en Iquique el 12 de julio de 1835. En su bitácora de viaje dejó de manifiesto su impresión por las pequeñas viviendas que estaban ubicadas bajo los faldeos del farellón costero.
También caracterizó la flora, la geografía y la situación social que había en el poblado durante esa época.

APOYO GUBERNAMENTAL


Dos puntos claves incidieron en el desarrollo de la caleta. El primero de ellos ocurrió 1828 cuando comenzó a regir el decreto que permitía la exportación de salitre hacia los mercados extranjeros Sólo en 1830 se sintió realmente el desarrollo de Iquique cuando se enviaron los primeros quintales de salitre directamente a Europa, anteriormente sólo había cubierto las necesidades de Perú y Chile. En ese año las embarcaciones llegaron a Inglaterra, Francia, Alemania e Italia.
El segundo impulso clave ocurrió en 1855 cuando elevaron a Iquique a la categoría de puerto mayor. En ese instante la extracción a gran escala de guano y la cada vez más poderosa producción de salitre auguraban un excelente futuro para el recién nacido terminal marítimo.
Un año después Iquique contaba con agua de mar destilada para el consumo humano y servía como puerto de tránsito y depósito para la zona de Bolivia.
En ese tiempo la isla Serrano había sido unida al continente de una manera rudimentaria y era llamada Isla de Cuadros porque pertenecía a una distinguida familia peruana de ese apellido.
A mediados del siglo XIX los habitantes del litoral tarapaqueño alcanzaban a las tres mil personas, principalmente dedicados a la pesca, comercio, extracción de guano y el embarque de buques.
En uno de los trabajos publicados por el historiador Adolfo Ibáñez en la revista Norte Grande de la Universidad Católica de Chile, establece que el crecimiento de Iquique también se reflejó en la división política. En 1857 fue creada la Provincia de Tarapacá, como una de las cuatro que formaban el Departamento de Moquegua. Esta provincia contaba con cinco distritos, entre los cuales estaba Iquique.
En 1861, debido al auge de la actividad salitrera, comenzó la construcción de un ferrocarril que facilitó la salida del mineral hasta el puerto. La obra fue inaugurada diez años después, el 28 e julio de 1871, y ostentaba una extensa red que puso en contacto a Iquique con varias salitreras de la zona. El movimiento se intensificó y con ello las divisas para el poblado.
Con este último avance, la población creció vertiginosamente. En 1862 contaba con dos mil 500 habitantes, en 1872 eran cinco mil personas y en 1876, llegaban a casi las diez mil. Este desarrollo repercutió después en cambios en la división política. En 1877 la Provincia de Tarapacá, con sede en Iquique, pasó a denominarse Departamento Litoral.
Parte de este desarrollo se refleja en la construcción de la Torre del Reloj de la Plaza Prat que fue diseñado en 1877 por el ingeniero francés Eduardo Layperouse , quien llegó a ser uno de los primeros alcaldes del municipio iquiqueños cuando éste pasó a dominio chileno en 1879.

Incendios y terremotos en Iquique

El rápido avance del puerto de Iquique fue detenido por constantes catástrofes naturales y grandes incendios que hicieron estragos dentro de la población. El 13 de agosto de 1868 ocurrió el gran terremoto de Iquique que también afectó a Arequipa, Moquegua, Tacna y Arica. El sismo derrumbó en Iquique decenas de casas y la posterior salida del mar provocó graves daños estructurales en el puerto.
Con la destrucción de los muelles el precio del salitre aumentó de 10 a 15 chelines, lo que generó mayores divisas ante la escasez obligatoria del mineral. Este fue otro factor que incidió en el crecimiento de las oficinas salitreras. Es así como entre 1870 y 1877 aumentó en forma explosiva la demanda de salitre e Perú y Europa. En 1875 fondearon mil 249 barcos en Iquique.
Ese mismo año, en la madrugada del 8 de octubre se registró un incendio de proporciones que destruyó 20 manzanas de la ciudad.
Luego en 1877 un sismo de gran intensidad se sintió en Iquique y Patillos dejando nuevamente al puerto sumido en la destrucción. Dos años después, las crónicas establecen para el 9 de mayo de 1879, pocos días antes del Combate Naval de Iquique, otro tsunami que afecto seriamente las instalaciones portuarias.
En 1880, la historia se repite durante plena Guerra del Pacífico y cuando Iquique llevaba pocos meses ocupada por tropas chilenas, un incendio de proporciones épicas consumió en unas cuantas horas treinta manzanas del centro de la ciudad. El siniestro redujo considerablemente la capacidad comercial y mercantil de la ciudad, como también su número de habitantes.
Ya para ese entonces el conflicto bélico entre Chile, Perú y Bolivia había causado grandes cambios en la tranquila vida de la gente iquiqueña.

Pedro Gamboni, vientos de cambio en la industria salitrera

A mediados del siglo XIX, el sistema de paradas en que se sustentaba la industria salitrera comenzaba a colapsar. De esta manera un joven chileno de 25 años llamado Pedro Gamboni, se encuentra en Iquique con la intención de trabajar como químico industrial en alguna salitrera de la zona.
Durante más de un año Gamboni analizó detenidamente el proceso de “las paradas”. Sus conclusiones fueron tajantes. Lo primero fue aumentar la ley del salitre y reutilizar la costra residual del caliche. Para ello reemplazó el cocimiento del mineral en fondos por grandes estanques. en que se inyectaba vapor de agua a altas temperaturas. El resultado de sus experimentos arrojaron que el salitre se disolvió en forma más pura. Todo el sistema incluyó calderas, hornillas para hervir el agua, tuberías y los estanques. Después se agregaría la fuerza del vapor para chancar en forma más rápida y pareja el caliche recién extraído de la pampa. Con estos resultados, Pedro Gamboni patentó su procedimiento en 1853, y lo dio a conocer a algunos industriales e inversionistas. Varios bancos financiaron su proyecto y a los poco meses se instaló con su nueva tecnología en la oficina que se llamaría Sebastopol, ubicada al norte del distrito salitrero de “Cocina”, vecino de la oficina La Noria de Jorge Smith.
De esta manera Gamboni, da inicio al sistema de las oficinas de “máquinas” y al estilo de campamento que actualmente se conoce, o sea, con casa de administración, operarios, desalinizadores de agua, habitaciones para los trabajadores y las tradicionales tortas de ripio que actualmente se encuentran por toda la pampa.
Tras diez años de ensayos, Pedro Gamboni patenta en 1866 el sistema para extraer yodo de las “aguas viejas” del caliche y obtiene concesión exclusiva de los gobiernos de Perú y Bolivia, haciendo fortuna y convirtiéndose en uno de los principales personajes de Iquique. Falleció en Iquique en 1895 a la edad de 70 años.

Aceptan la idea

En un primer momento el método de Gamboni no fue tomado en cuenta. Luego de varios años y tras los resultados positivos, el sistema fue empleado en nuevas oficinas salitreras. Uno de los más entusiastas en copiar la iniciativa fue Jorge Smith, quien la puso en práctica en 1856 con su proyecto de “La Nueva Noria”.
Como complemento de esta nueva faena salitrera, reactiva la caleta de Bajo Molle, que no funcionaba como muelle desde la conquista española. En el lugar también construyó bodegas y un edificio para el control aduanero. También puso en marcha un andarivel que trasladaría la carga desde La Noria hasta la costa. Después de varios intentos, esta modalidad de transporte fue desechada porque el cable de acero se rompió en varias ocasiones. Defraudado, Smith volvió a las caravanas de mulas.
Luego de 40 años en Tarapacá, Smith preparó paulatinamente su regreso a Inglaterra luego que adquiriera créditos que no pudo cancelar con la Casa Gibbs de Valparaíso. Luego de meses de negociaciones, Smith vende sus activos a Gibbs y en 1866 conformar la Compañía de Salitres de Tarapacá, dejando para él una mínima parte de las acciones de la compañía.
Smith falleció en Norwood, Inglaterra, el 28 de noviembre de 1870, a los 68 años.

Capítulo 8: Iquique y el auge del salitre

Dos acontecimientos claves incidieron en el desarrollo de Iquique y en su designación como Puerto Mayor.
El primero de ellos ocurrió en 1828 cuando comenzó a regir el decreto que permitía la exportación de salitre hacia mercados extranjeros.
Sin embargo, solo en 1830 fue apreciado realmente el desarrollo de Iquique. En ese año, los productores enviaron los primeros quintales de salitre directamente a Europa. Anteriormente los embarques sólo habían cubierto las necesidades de Perú y Chile. En ese año las cargas llegaron a Inglaterra, Francia, Alemania e Italia.

Decretan Puerto Mayor

El segundo impulso clave ocurrió el 26 de junio de 1843, cuando elevaron a Iquique a la categoría de Puerto Mayor: En ese instante la extracción a gran escala de guano y la cada vez más poderosa producción de salitre auguraban un excelente futuro para el recién nacido terminal marítimo.
La ventaja de ser puerto mayor era que se podía comerciar y tributar directamente en Iquique sin necesidad que los productos para ser exportados o importados tuvieran que pasar por Arica.
Un año después Iquique contaba con agua de mar destilada para el consumo humano y servía como puerto de tránsito y depósito para la zona de Bolivia. En ese tiempo la Isla Serrano había sido unida al continente y era llamada Isla de Cuadros, porque pertenecía a una familia peruana de ese apellido.

– Plano de provincia de Tarapacá en 1851.

El trabajo pampino
El particular: No tenía contrato director con la compañía, pero realizaba trabajos esporádicos en zonas específicas de algunas oficinas.
El patizorro. No tenía una especialidad, pero debía saber de todo un poco porque se desempeñaba en distintos lugares dependiendo de la necesidad diaria.
El barretero. Se encargaba del manejo de las gruesas «barretas» para remover costrones y efectuar tronaduras de material.
El capataz. Fue el encargado de cumplir los horarios de los obreros y el movimiento de las carretas con el material extraído.
El costrero. Su responsabilidad era comprobar la calidad del caliche que había extraído. Utilizaba una «mecha» y un «chonchón» (soplete) para encender el salitre y ver el nivel de concentración del mineral.
El desripiador. Estaba encargado de cargar las carretas con el «ripio» o desecho que no se ocupaba luego del proceso de elaboración. Su trabajo era amontonar el material sobrante en las «tortas» o cerros artificiales que se formaron luego de años de acumulación.

Iquique exporta al mundo

El salitre de la Provincia de Tarapacá llegaba a distintas partes del mundo a través de un complejo sistema naviero que cubría las necesidades de Estados Unidos, Perú, Chile y Europa en lo que se referí a fertilizantes e insumos para explosivos.
Durante varios años, la forma de producir salitre no varió en su extracción, producción o comercialización. El único cambio patente era el aumento constante de sus volúmenes de carga, la mayor, cantidad de mano de obra y el desarrollo económico y social de puerto como Arica, Iquique, Pisagua y Cobija.
Hasta poco antes de la Primera Guerra Mundial el salitre de Tarapacá tuvo el monopolio del mercado global de fertilizantes,
Las cifras eran auspiciosas. en 1830 la producción era de 860 toneladas métricas; en 1841 aumentó a 12.810; en 1861 subió a las 62.500; en 1866 la exportación era de 100.635 toneladas métricas y en 1876 se elevó a las 323.642.
Todo un récord para una industria que se basaba directamente en la cantidad de hombres que laboraban en la pampa.
Trabajadores de distintas partes de Perú, Bolivia y Chile llegaban hasta las tierras de Tarapacá para extraer el caliche en forma artesanal.
Era común ver en pleno desierto una decena de hombres desprendiendo el duro caliche con pesados mazos para luego trasladar la cal viva hasta la «oficina». En ese lugar vendían sus productos al dueño de las instalaciones. Más tarde otro grupo de trabajadores procesaba el minera. Eran varios fondos metálicos lo cocían a altas temperaturas. Luego trasladaban el «caldo» a otro recipiente para que decantara y se cristalizara. El resultado era salitre con una ley de 50 al 60 por ciento. Esta cifra era bastante buena para el nivel de tecnología que utilizaban.
La costra sobrante que quedaba pegada en estas grandes ollas era removida y arrojada como desecho. No obstante, durante el primer cuarto del siglo XIX se conocía que el residuo contaba al menos con un 30 por ciento de salitre que no se podía comercializar debido a que el «sistema de paradas» no era eficiente.

Nuevos inversionistas

A mediados del siglo XIX la industria salitrera pedía un cambio. Hasta el momento, los empresarios peruanos se habían dedicado a extraer el mineral sin desarrollar nuevas tecnologías para hacer más eficiente la producción.

En 1850 surgieron inversionistas ingleses y chilenos que dieron un nuevo auge a Tarapacá, creando nuevos sistemas para mejorar la producción salitrera. Los hombres más connotados en esta época fueron el inglés George Smith y el chileno, Pedro Gamboni. Ambos tuvieron una participación importantísima en el desarrollo de la región.

George Smith

George o Jorge Smith llegó a Perú en 1821 con intenciones de invertir en el país. En 1826 viajó a la Provincia de Tarapacá y comenzó con prospecciones menores en Huantajaya, cuando apenas tenía 24 años. Con el financiamiento de su tío Archivald Robson y su amigo William Bollaert, Smith comenzó la exploración de las zonas aledañas a Iquique, Bajo Molle y la cordillera de la costa.

En sus expediciones a la pampa salitrera demostró su interés por la geografía y el dibujo.

Además de su espíritu aventurero parte de su trabajo generó un mapa sobre la Provincia de Tarapacá y un informe sobre los recursos de la zona. Ambos documentos los elaboró a petición del gobierno peruano.

Pero no todo fue interés científico. En sus exploraciones descubrió un rico mineral de salitre que llamó La Noria. Esta oficina funcionó en primera instancia con el sistema de paradas.

Al mismo tiempo, Smith creó en Iquique una compañía de servicios de agua potable y perfeccionó el método de desalinizar agua de mar. El nuevo método de Smith ayudó a paliear la creciente demanda iquiqueña de este recurso.

En 1852 creó la George Smith y Cía. y estabeció vínculos estrechos con bancos de Valparaíso, de la misma manera como lo hicieron otros empresarios salitreros.

Pedro Gamboni

Para fines del siglo XIX, el sistema de paradas en que se sustentaba la industria, comenzaba a colapsar.Un joven chileno de 25 años llamado Pedro Gamboni se encontraba en quique con la intención de trabajar como químico industrial en alguna salitrera de la zona.

Gamboni nació en Valparaíso el 26 de septiembre de 1825.

Durante más de un año analizó detenidamente el proceso de “las paradas”. Sus conclusiones fueron tajantes. Lo primero fue aumentar la ley del salitre y reutilizar la costra residual del caliche. Para ello reemplazó el cocimiento del mineral en fondos por grande estanques en que se inyectaba vapor de agua a altas temperaturas.

El resultado de sus experimentos arrojó que el salitre se disolvió en forma más pura. Todo el sistema incluyó calderas, hornillas para hervir el agua, tuberías y estanques.

Después se agregó la fuerza del vapor para “chancar” en forma más rápida y pareja el caliche recién extraído de la pampa.

Con estos resultados, Pedro Gamboni patentó su procedimiento en 1853 y lo dio a conocer a algunos industriales e inversionistas. Varios bancos financiaron su proyecto y a los pocos meses se instaló su nueva tecnología en la oficina que llamó Sebastopol.

Esta oficina quedaba cerca de la oficina La Noria de George Smith.

De esta manera Gamboni dio inicio al sistema de “oficina de máquinas” y al estilo de campamento que actualmente se conocer, o sea, con casas de administración, operarios, desalinizadoras de agua, habitaciones para los trabajadores y las tradicionales tortas de ripio que actualmente se encuentran por toda la pampa.


Extracción de yodo

Luego de modificar exitosamente el proceso de extracción de salitre, Gamboni emprendió una nueva tarea: extraer yodo de las “aguas madres” del salitre. Desde 1817, el yodo era extraído de las cenizas de algas marinas. El proceso era complicado y no aseguraba un alto grado de pureza.

No se sabe con certeza cómo Gamboni llegó a conocer la existencia del yodo en forma de sodio en el caliche.

El investigador Jorge Ríos Bordones afirma que esta sal permanece en disoluciones después que se separa por cristalización el nitrato de sodio. A esta solución se le conoce con el nombre de “aguas madres”.

Tras diez años de ensayos, Pedro Gamboni patentó en 1866 el sistema para extraer yodo de las “aguas madres” del caliche y obtiene concesión exclusiva de los gobierno de Perú y Bolivia, haciendo fortuna y convirtiéndose en uno de los principales personajes de Iquique. Falleció en esta ciudad en 1895 a la edad de 70 años.

La Nueva Noria

En un primer momento el método de Gamboni no fue tomado en cuenta. Luego de varios años y tras los resultados positivos, el sistema fue empleado en nuevas oficinas salitreras. Uno de los más entusiastas en copiar la iniciativa fue George Smith quien la puso en práctica en 1856 con su proyecto de “La Nueva Noria”.

Como complemento de esta faena salitrera, se reactivó la caleta de Bajo Molle que no funcionaba como muelle desde la conquista española. En el lugar también construyó bodegas y un edificio para el control aduanero. También puso en marca un andarivel que trasladaba la carga desde La Noria hasta la costa. Después de varios intentos, esta modalidad de transporte fue desechada porque el cable de acero se rompió en varias ocasiones. Defraudado, Smith volvió a las caravanas de mulas.

Luego de 40 años en Tarapacá, Smith preparó paulatinamente su regreso a Inglaterra. Esta decisión la tomó en parque porque adquirió créditos que no pudo cancelar a la Casa Gibbs de Valparaíso. Tras meses de negociaciones, Smith vendió sus activos a Gibbs y en 1866 se conformó la Compalía de Salitres de Tarapacá. Smith sólo tuvo una mínima parte de las acciones de la compañía.

Falleció en Norwood, Ingalterra, el 28 de noviembre de 1870 a los 68 años de edad.

La fortuna de John Thomas North
El llamado rey del salitre llegóa Chile sin recursos financieros ni contactos en las altas esferas. En la autobiografía publicada en 1896, North relató como ingresó al negocio salitrero.

“La suerte me llegó de esta manera. Mi firma tenía un contrato para instalar una línea de ferrocarril en Perú. Ellos consideraron que como yo era uno de los mejores jóvenes trabajadores en la sección de máquinas, podría ir allá hasta posiblemente mejorar mi situación. Acepté tal posibilidad de inmediato. Simplemente me presenté voluntariamente para el trabajo. Ofrecí ur por el salario que estaba ganando, que era de 18 chelines a la semana, y pasaje, rogándole a mis jefes que lo descontaran de mi sueldo. Se rieron y me dijeron, North nos gusta tu entusiasmo y debes ir”.

Bueno, la proyectada línea de ferrocarril, no fue precisamente una bonanza, pero nos pagaron nuestros salarios, y mientras tanto yo buscaba algo para mi. Tendimos las líneas a traves de la selva de Perú y tuvimos aventuras de todo tipo. UN día mientras vagaba cerca de un arroyo que deba a un graí río, vi un viejo y oxidado vapor que había sido dejado allí como desecho.Repentinamente concebí la idea de esa este pequeño barco para comerciar río abajo y arriba, llevando granos y otras provisiones a los pueblos y villas. Tomé posesión del vapor por unos cientos de dólares y cuando lo obtuve, no tenía un centavo en los bolsillos”.

“No tenía crédito. Pero logré de alguna manera conseguir un cargamento de mercaderías y manejé mi pequeño barquichuelo con resultados satisfactorios. Un día cuando chile y Perú estaban en guerra, mi pequeño vaporcito se encontró en la boca del río en un momento crítico. No había ningún buque de guerra peruano en las cercanías y ellos (los chilenos) me hicieron señas que estaban muriéndose de hambre, y estaban de gran necesidad de comida y agua”.

“Fui capaz de solucionar sus necesidades inmediatas y cuando terminó la guerra, solicité alguna compensación por los servicios de mi barquito había rendido. Fue así como logré una concesión para trabajar hasta ese momento, un no explotado yacimiento de salitre. Esta concesión llevó a muchas otras. Un feliz accidente sentó la base de mi fortuna.