Las huellas de dinosaurio en la quebrada de Chacarillas

Hace cien millones de años Sudamérica estaba unido a Africa y lo que actualmente es desierto, antes era un amplio territorio selvático con amplios ríos que marcaron la geografía de la zona. En ese ambiente los dinosaurios dominaban la tierra y la marca irrefutable de su presencia la podemos observar a 70 kilómetros al sureste del Oasis de Pica, específicamente en la Quebrada de Chacarillas, lugar donde existen huellas de cuatro especies de dinosaurios:  el estegosaurio, el allosaurio, el iguanodón y el tiranosaurio rex.
Lo que hace millones de años el fondo de un río pantanoso, hoy son las laderas de esta quebrada donde están impresas decenas de huellas que fueron descubiertas recién en 1962 por paleontólogos norteamericanos y que hace pocos años fueron relanzadas como atractivo turístico por la propia Municipalidad de Pica. Al ingresar al oasis encontramos un parque con reproducciones a escala real de tres especies de dinosaurios. Este parque es un recordatorio de lo que se puede apreciar en terreno.
Para llegar a la quebrada es necesario contar con un vehículo 4X4 y un guía que conozca el terreno. Existen visitas guidas desde Pica. El recorrido comienza a primera hora y el viaje puede extenderse durante más de dos horas, dependiente de las condiciones del terreno.
El mejor horario para admirar las huellas es entre el mediodía y las tres de tarde debido a que las sombras marcan la profundidad y siluetas de las pisadas.
En Chacarillas hay pisadas de varios animales que caminaban juntos y a una misma velocidad. Esto refirmaría la teoría que los dinosaurios tenían comportamiento social y avanzaban en manadas.

Callejones y socavones de Pica

Al hablar de los callejones y socavonez de Pica la gente se remonta a tiempos pasados, épocas donde este pequeño poblado permanecía aislado y su principal preocupación era la subsistencia diaria, así lo señala
Enelidolfo O’Ryan encargado de la Casa de la Cultura de esta localidad.
«Lo cierto es que los callejones, pasadizos entre una casa y otra rodeados de árboles frutales como mangos, naranjos y otros, eran utilizados por los lugareños para transitar ya sea a sus trabajos o a distintas partes del pueblo».
De acuerdo a O’Ryan en estos lugares los piqueños desarrollaban gran parte de su vida social, puesto que durante las tardes, después del trabajo diario, hombres, mujeres y niños se reunían aquí para conversar hasta altas horas de la noche respecto a las últimas noticias del poblado, o bien para hacer negocios.
«Esta tradición es algo que hoy queremos recuperar y que los turistas conozcan estos lugares de encuentro poco difundidos y de gran belleza como son, por ejemplo, los callejones Vitaile y Loayza».

Socavones
Hacia mediados del siglo XVIII las cinco vertientes que abastecían de aguas al oasis (Vertiente de Concoa, Resbaladero, Las Animas, Comiña y  Cruz) no dieron abasto debido a la gran extensión de lassuperficies de cultivo de la emergente economía agraria piqueña. Por esto se recurrió a una adelantado sistema de aprovechamiento de losrecursos hídricos subterráneos, llamados socavones.
Los socavones consisten en galería subterráneas de sección y extensión variables, cuya profundida no alcanzaba los seis metros. Su función esencial era facilitar el escurrimiento de las aguas ascendentes por
presión artesanal, provenientes de la formación de los Altos de Pica.
Cada socavón está formado por cuatro partes, las galerías, el canal de escurrimiento, las lumbreras y las cochas.


Partes del socavón
Las galerías son paredes cortadas verticalmente con la suficiente amplitud para desplazarse en ellas, sus dimensiones en cuanto a profundidad y tramos son variable.
El canal de escurrimiento se encuentra en la base del socavón por donde escurre libremente el agua. No todos están encementados, hecho que produce un gran porcentajes de pérdidas de filtración, su ancho medio alcanzan los 25 centímetros.
Las lumbreras son galerías auxiliares que relacionan los socavones con la superficie y son de vital importancia para el acarreo de escombros hacia el exterior por desprendimiento de arenas.
Las cochas son estanques receptores de agua proveniente de los socavones desde donde son repartidas a través de canales de cemento o piedra. Las más importante por su caudal es la del Resbaladero.

Actualidad
Hoy los socavones son solo un recuerdo, manifesta O’Ryan quien señala que durante muchos años permanecieron abiertos, pero en la actualidad y debido a su deterioro han sido cerrados por los dueños de las propiedades donde están ubicados.

Capítulo 3: Los conquistadores españoles

Los conquistadores españoles

En 1535, la expedición de Diego de Almagro atravesó la Cordillera de Los Andes para descender en el valle de Copiapó. Estuvo varios meses buscando las riquezas que se suponía tenía la comarca. Los relatos que escuchó en Perú eran falsos. Regresó con las manos vacías.
Al volver siguió la senda que muchos creen que era uno de los caminos construidos por los Incas.
Al llegar a Pica decidió quedarse un par de meses en el oasis descansando y aprovisionándose luego de su larga jornada por el descampado de Atacama.
Durante su estada, algunos españoles decidieron radicarse en el poblado e iniciar de esta manera la colonización de la zona.
En 1536 Diego de Almagro dejó a cuatro de sus hombres en Pica. Ellos fueron Juan Castro, Matías de la Fuente, Sebastián Uganzo y Ruy Díaz, quienes generaron  importantes cambios en el oasis, entre ellos el desarrollo agrícola y minero en la zona.
En 1537 Almagro volvió a Cuzco.
En 1572 el Imperio Inca despareció definitivamente.

– Diego de Almagro, en 1535 inició la exploración de Chile, que entonces era considerada un territorio aislado y de difícil acceso.
– Pedro de Valdivia, también pasó por Pica. Sin embargo, siguió hacia el sur fundando ciudades: Santiago en 1541, Concepción 1550 y Valdivida en 1552.

El impacto de la conquista

Para el dirigente aymara David Esteban Moscoso, la llegada de los españoles durante el siglo XVI produce un quiebre en la sociedad andina y en la estructura productiva del pueblo.
«Luego de la ocupación española en las zonas más bajas de la región, especialmente en los poblados de Tarapacá y Pica, la población indígena se mantuvo entre la cordillera y el altiplano; ya no bajaba tanto a la costa.
De similar opinión  es el antropólogo Olaf Olmos. El profesional explica que la administración española y la instauración de los sistemas de explotación económica españoles de encomienda y mitas, menoscabaron la organización tradicional de la nación aymara.

– La Iglesia de Matilla es un ejemplo del esplendor que tuvo el poblado durante el periodo de la presencia española antes que se desarrollar el ciclo salitrero.
– Cariquima es un gran ejemplo de la unión de dos culturas. Junto a la centenaria iglesia, pasa lo que alguna vez fue el Camino del Inca.

Encomienda en Tarapacá

Las crónicas del siglo XVI establece que Francisco Pizarro entregó a varios de sus capitanes y soldados «encomiendas» (terrenos para la explotación y un grupo de indígenas para el trabajo, los cuales debían ser evangelizados) como recompensa por su participación en la conquista del Imperio Inca.
Uno de ellos fue Lucas Martínez Begazo quien recibió un extenso territorio que incluía las quebradas del interior y la caleta de Ike Ike. El encomendero se instaló en la quebrada de Tarapacá, en lo que actualmente son las ruinas de Tarapacá Viejo. Desde allí organizó a los indígenas para que prestaran sus servicios a la corona española y pagaran tributo al encomendero, quien se encargó de su adoctrinamiento religioso.
El aumento de la producción agrícola en Tarapacá, Locumba, Sama, Camiña, Lluta y Azapa obligó a una mayor extracción de guano desde la actual Isla Serrano.
Su trabajo permitió en pocos años, que sun barco de su propiedad iniciara en 1.541 viajes continuos por toda la zona entre Perú e Ike Ike, pasando por las caletas de Pisagua Viejo y Arica.
Sin embargo, a pesar de esta actividad la población indígena se mantuvo estática.
En la costa, desde Pisagua hasta El Loa, parte del corregimiento de Arica, el número de habitantes osciló entre las 300 y mil personas durante el siglo XVI.

– Desde la quebrada de Tarapacá hasta la costa de Ike Ike se extendió la primera «encomienda» que existió en esta zona.
– El poblado de Tarapacá fue el centro de la actividad agrícola y minera durante los primeros años de la conquista española.

División administrativa

El Corregimiento de Arica, dependiente de la Provincia de Arequipa, fue establecido el 17 de agosto de 1565 por le gobernador de Perú, Lope García Carrasco. De esta unidad administrativa dependían los tenientazgos o Distritos de Tacna, Tarapacá y Locumba.
En el siglo XVII los Corregimientos estaban divididos en Repartimientos, cada uno con un pueblo cabecera, cacique de indios y administración hispana. Estaban Arica, que dominaba el valle de Azapa, Codpa con gobierno de todos los «pueblos de indios» de la sierra y el altiplano; Camiña que alcanzaba hasta Isluga, Tarapacá y los alrededores de la quebrada; Sibaya con poblaciones del Alto Tarapacá y Pica que abarcaba hasta Huatacondo.

Evangelización

La labor pastoral de la Iglesia Católica estaba presente entre «pueblo de indios», fundando las primeras Capillas. De esta manera configuraron el panorama poblacional y administrativo del territorio.
Aparecen los curatos estables, divididos en parroquias fundadas desde 1620 y dependientes del Arzobispado de Arequipa. Fiel testimonio del trabajo evangelizador son las 60 capillas y campanarios, construidos en aquella época, que subsisten en la Primera Región.

– Aún existen algunas viviendas de la época colonial en San Lorenzo de Tarapacá. Fueron construidas en las últimas décadas del siglo XVIII.
. La iglesia y campanario de Tarapacá fueron declarados Monumentos Nacionales en 1951. Ambas construcciones son testimonio de la importancia que tuvo el poblado durante los primeros años de asentamiento hispano en la región.

Pueblos de Indios

De acuerdo a la política española, los indígenas debían ser reducidos en «pueblos de indios».
La arqueóloga e historiadora Cora Moragas estima que a partir del siglo XVI la aldea indígena que hoy se denomina  Tarapacá Viejo, ubicada al costado sur de la quebrada y que estaba siendo habitada por la población nativa aproximadamente desde el siglo XIII D.C. se constituyó en un reducto indígena o «Pueblo de Indios».
«El encomendero, su mayordomo y otros funcionarios españoles debieron habitar otros espacios de la quebrada, puesto que por Cédula Real se prohibía a los españoles, con excepción del cura, entrar o habitar en estos pueblos».
Bajo esta ley, los indígenas fueron organizados en municipios. Se elegían alcaldes y regidores indios. Ellos tenían la misión de mantener el orden social y político dentro de su reducto. Tales nombramientos recaían en los caciques que previamente era evangelizado por el sacerdote.
«Estos jefes indios podían imponer castigos a los pobladores de mal comportamiento».
De la misma manera, los jefes indios designaban los turnos para el trabajo al encomendero y recolectaban el tributo del pueblo.
De acuerdo a las estimaciones de Cora Moragas, los indígenas habían vivido en Tarapacá Viejo hasta 1717, fecha en que según los registros, se produjo una gran epidemia que diezmó a la población. Los sobrevivientes se trasladaron al costado norte de la quebrada, donde actualmente se sitúa el poblado de Tarapacá.
En 1578 existían diversos «pueblos de indios» en el Tenientazgo de Tarapacá. los más representativos eran San Lorenzo de Tarapacá, San Antonio de Mocha, Santa María de Huaviña, Santo Tomás de Camiña y San Andrés de Pica. En cada poblado se asume que debió existir  una iglesia no obstante sus rastros se perdieron luego de los sismos que azotaron a la región.
El historiador Oscar Bermúdez estima que la población indígena en al Provincia de Tarapacá durante la época de la Conquista ascendía a unos 6.000 a 8.000 habitantes.

Aportes y cambio de cultura

Desde 1548 los aportes de los conquistadores como el ganado, aves domésticas, artesanías de fierro, semillas, tecnología extractiva, arquitectura y liturgia europea, iniciaron un radical cambio en las estructuras sociales locales.
El arqueólogo Lautaro Núñez afirma que en este lapso cambió el uso de los suelos: del maíz al trigo, de la chicha al vino, algarrobales y chañares por frutales.
Los españoles fueron conquistadores primeros y colonizadores después. Tal como los Incas, ocuparon las tierras donde vivían los caudillos locales en Camiña, Tarapacá, Pica, Huatacondo y Quillagua.
– Los tamarugos fueron una de las especies que utilizaron los españoles para la construcción de sus casas solariegas, también como carbón para la cocina y en los primeros intentos de extraer plata y salitre.
– Todos los cultivos que mantenía el pueblo aymara en los oasis y quebradas de Tarapacá fueron cambiados paulatinamente por los terratenientes españoles. en vez de maíz, quínoa y los frutos de los chañares; los españoles impusieron árboles frutales y los viñedos. En la actualidad Pica y Matilla son conocidos por los limones, naranjas y productos de origen tropical como mangos.
– El poblado de La Tirana fue el centro de las primeras actividades  mineras de Tarapacá. Existen varias  litografías que muestra como refinaban plata a través de varios casilleros de madera de tamarugo.
Indios en la costa
Ya avanzada la Colonia, la presencia indígena en la costa era limitada.
Muchísimos de los changos siguieron haciendo su vida de forma independiente, navegando sin mayor compromiso con el sistema español..
Darwin, por ejemplo, en 1835 los menciona como tribus nómades que se desplazaban libremente por toda la costa del norte de Chile. Hay muchos otros viajeros que hacen alusión a ellos durante esta época.
En los valles y oasis vivían indios que se resistían  a cambiar. También había otros muy españolizados por la cohabitación junto a negros, españoles y criollos, conformando una sociedad cada vez más mezclada, plural y tarapaqueña, tan pujante que sus líderes pasaron de la agricultura y sus viñas, a la minería de la plata y a la fabricación de pólvora con el uso de las pampas de nitratos.

El legado español colonial

Antigua Iglesia de La Tirana

Capilla de gruesos muros de arenisca compacta, levantada probablemente durante 1765, comenzó a usarse en 1789 por españoles e indígenas. Durante esa época el sector se llamaba Pozo del Carmen. Posteriormente, y de acuerdo a su costumbre, los españoles  construyeron en torno a la capilla sus chozas de adobe y paja, dando nacimiento así al pueblo de La Tirana. La capilla fue destruida en 1868. Años más tarde se construyó una nueva iglesia que se conoce actualmente.

Iglesia de Tarapacá

Fue construida en 1730. Está compuesta por dos naves paralelas y una sólida torre campanario de gran altura. Posee una rica  ornamentación tallada en piedra, característica del estilo barroco americano desarrollado en las urbes hispánicas durante la Colonia.
La torre del campanario está en buen estado. La iglesia ha sufrido diversas alteraciones por acción del fuego y de movimientos sísmicos. Sufrió severos daños en el terremoto y 2005 y fue recosntruida a través de aportes de privados.

Iglesia de Matilla

de fines del siglo XVIII data la primitiva iglesia de Matilla. Esa primera construcción fue destruida por el terremoto de 1878. Sobre los cimientos de la antigua edificación se erigió la iglesia que existe hasta el día de hoy. El constructor español José Durán fue el encargado de levantar las tabiquerías de cañas de la parte frontal y los gruesos muros de roca y adobe de la zona. En el interior se encuentra el retablo en albañilería que se supone proviene de la iglesia original.
El sólido campanario corresponde al siglo XVIII y se levanta en forma separada del cuerpo de la iglesia como ocurre con varias iglesias coloniales de Tarapacá. 
Tiene capacidad para contener ocho campanas, Utilizaron para su construcción bloques de cal, tiza y bórax.

Iglesia de Pica

Entre 1880 u 1886 fue construida la actual Iglesia de San Andrés de Pica. Este templo reemplazó al anterior que fue destruido por un terremoto. Para su construcción usaron madera de la zona. Tiene una cubierta  de fierro galvanizado. La iglesia cuenta con tres naves divididas por columnas acanaladas. En su interior hay ingeniería religiosa colonial con figuras de tamaño casi naturales que representan la Ultima cena.
Lagar de Matilla
La plantación de viñedos en Pica y Matilla comenzó a fines del siglo XVI, En 1860 la producción de vino llegaba a las 15.000 botijas al año. Tras la cosecha  de la uva se procedía al pisado y prensado de la pulpa. El prensado se realizaba mediante el uso de la viga, grueso troncoo de algarrobo que, accionado por un cabrestrante efectuaba un movimiento de báscula. El que, a objeto de que mantuviera una temperatura uniforme, eran enterradas parcialmente. El destape de las primeras tinajas ocurría durante la fiesta de San Antonio, todos los 13  de junio.
Luego en 1870 la producción comenzó a disminuir debido a la escasez de agua y la destrucción de las plantaciones. En 1937 se efectuó la última vendimia en Matilla.

Iglesia de Isluga

Isluga está a 276 kilómetros al noreste de Iquique y a una altura de 3.780 metros sobre el nivel del mar. La iglesia data del siglo XVIII. El templo consta de una nave central y un campanario levantado en forma independiente. Ambas estructuras están rodeadas por un muro perimetral que está confeccionado con estructuras ornamentales  de piedra. El muro se prolonga  y envuelve la plaza lateral llamado «kancha».

Presencia española

Los colonos españoles en los valles del interior dejaron marcada su presencia en la provincia.
La arqueóloga Cora Moragas destaca la presencia de viviendas solariegas que se remontan a al época de la Colonia y de iglesias y campanarios construidos en la época de los primeros asentamientos hispanos, que permanecen levantados en la actualidad.
Ella realza la importancia de las iglesias de San Lorenzo de Tarapacá, y de San Antonio de Matilla, como también del antiguo convento de Tarapacá.
Además en Tarapacá residieron industriales mineros. Una constancia de ellos son los vestigios en donde se procesaban minerales como plata y cobre, una fábrica de pólvora.
«Todo ellos constituye la marca que dejó la explotación minera de Huantajaya en los valles interiores», explicó la investigadora.
Según la arqueóloga, existe una variada gama de vestigios que testimonia un pasado de interés notable. «Es impresionante constatar que ha existido tanta vida dentro de esta desértica  región. En los sectores más inverosímiles hay evidencias de antiguos pioneros y esforzados colonos que al establecerse en las tierras desérticas  de la provincia le transfirieron vida y legaron su labor como patrimonio».
Otra marca española se encuentra en los oasis de Pica y Matilla, especialmente en los lagares y todas las dependencias  relacionadas con al industria vitivinícola.
«Esos vestigios son un testimonio del auge de estas localidades durante los siglos pasados», asegura Moragas.

Canchones del Tamarugal

La Pampa del Tamarugal, a partir del siglo XVIII, fue poblada por pequeños grupos familiares dedicados a satisfacerla demanda de abastecimientos que requerían las oficinas salitreras. Entre las principales actividades radicaba la fabricación de carbón, la crianza de ovinos y caprinos y el cultivo de la tierra a través del particular sistemas de canchones.
Este consiste en la remoción de la costra salina de la superficie con el objeto de aprovechar la humedad procedente de la napa subterránea. 
Los principales cultivos realizados en los canchones eran la alfalfa, primordial para la alimentación de las llamas y mulas utilizadas como medio de transporte. También se plantaban algarrobos, cuya madera constituye un excelente combustible siendo su fruto un nutritivo forraje para el ganado.
Como consecuencia de estas antiguas labores, la Pampa del Tamarugal presenta pequeños grupos de viviendas ahora abandonadas. Estas fueron  construidas con adobes o con costrones salinos propios de la localidad.
En algunos casos, las viviendas conservan la techumbre armada con tortas de barro y paja sobre troncos de tamarugos atados con tiras de cueros. Hornos de barro y corrales complementaban las viviendas.

– Aún es posible apreciar los canchones en la Pampa del Tamarugal. En una vista aérea se ve los cambios en el terreno que realizaron los grupos familiares asentados en esta zona. 

Las aldeas españolas

Más allá de Pica, Matilla y Tarapacá, los españoles mantuvieron una presencia en distintas  aldeas, ya sea, en la costa o al interior de la Pampa del Tamarugal. Pisagua Viejo y los caseríos que aún se pueden ver en las inmediaciones de La Tirana y La Huayca son los ejemplos patentes del tesón español por desarrollar la provincia.

Pisagua Viejo

Los restos de Pisagua Viejo se sitúan a un par de kilómetros al norte del actual Pisagua. El poblado estuvo al lado sur de la desembocadura de la Quebrada de Tana.
Su actividad comenzó  el siglo XVII y siguió hasta comienzos del siglo XIX cuando la industria salitrera necesitó de un puerto con mejores muelles y aguas más profundas.
La aldea de Pisagua Viejo ejercía la función de controlar  el tráfico de embarque y desembarque de productos que se internaban a Potosí por la quebrada de Tana.
La arqueóloga Cora Moragas explica que es posible que los colonos hayan aprovechado el agua de vertientes cercanas del interior para pequeños cultivos. «Es probable  que la corona española, al igual que en otros sectores de la costa, haya instalado allí factorías de salar pescado y mariscos».

– La desembocadura de la Quebrada de Tana es el escenario donde se desarrolló el poblado español colonial de Pisagua Viejo.
– Pisagua Viejo aún conserva algunas edificaciones del siglo XVII. Corresponden a construcciones levantadas por españoles durante el desarrollo de la industria de la plata y el guano.

Capítulo 4: Historia de Iquique

El desarrollo de Iquique está íntimamente ligado al crecimiento de la actividad portuaria. a principios del siglo XX la carga de salitre, sal y guano quedaba a la intemperie. Posteriormente con el aumento del comercio hacia Estados Unidos y Europa, los empresarios comenzaron a construir bodegas y otras estructuras para albergar sus productos.

Las guaneras de la costa

Como punto de conexión con Perú y puerto intermedio para el Reino de Chile, la caleta Ike-Ike presentó avances desde la llegada de los españoles, especialmente en el envío de guano a las quebradas del interior para trabajar los nuevos cultivos que introdujeron los conquistadores.
Hacia 1580 la actividad de Iquique ya había alcanzado el desarrollo económico que mantendría hasta el siglo XIX.sfvcx
A comienzos del siglo XVIII, la Isla Blanca (después llamada Serrano) era conocida por su calidad en el guano extraído. El producto era enviado a Arica, Tacna, Sama y Locumba como fertilizante. La mano de obra utilizada fue indígena y negra. En el siglo XIX utilizaron a chinos.
El guano extraído desde la isla era transportado en barco a Arica y otros puertos cercanos, favoreciendo a los valles de Chaca, Azapa, Lluta, Sama, Locumba, Moquehua, y sitios del Alto Perú.
En 1713 desde la caleta de Iquique salían anualmente entre 10 y 12 barcos con cargamento de guano.

Mal explotado

La costa iquiqueña siempre ha generado guano, pero no siempre fue bien explotado. En 1839, el químico francés Alejandro Cochet, al llegar a la ciudad señaló: «Los más antiguos habitantes de Iquique me han asegurado que hace medio siglo era tanta la cantidad de pájaros que veían pasar sobre Iquique que parecían nubes».
Una opinión similar tuvo el explorador francés Amadeo Frezier.
Años después, en 1855, el explorador chileno Francisco Puelma se extrañó ante la inmensa cantidad de gaviotas en la ciudad. A su juicio, esta presencia podía genera una interesante oportunidad económica. La presencia del guano para su extracción siempre fue un tema latente.
Esta actividad económica fue regulada en 1842 cuando el gobierno peruano comisionó al británico George Peacock para reconocer las covaderas de la zona. Por varios años, las autoridades sólo autorizaron la explotación de las islas Chinchs, en Perú. Hasta en 1869 sólo se permitió sacar un reducido cargamento anual de guano para el consumo interno del Departamento de Moquegua.
A pesar de las grandes riquezas que existían en las covaderas, el gobierno no desarrolló la industria. Es así como a las pocas décadas el sistema colapsó ante las deudas contraídas por las autoridades.
En 1873 una comisión especializada revisó los depósitos y determinó que existían en la zona de Iquique 9 millones de toneladas  de guano de alta calidad, seis de los cuales estaban en Pabellón de Pica, dos en Punta de Lobos y 900 mil kilos en Huanillos.
Para el historiador Carlos Donoso, las guaneras de Tarapacá reportaron cuantiosos dividendos al erario peruano debido a que el gobierno de ese país no invirtió en infraestructura ni garantizó plenamente la inversión privada.
– La presecia de aves marinas en la costa iquiqueña fue clave para la industria guanera La recolección de este material fue gravitante para el desarrollo del poblado durante los siglo XVI y XVII.

Producción en la costa

Otros productos que se obtenían en la pequeña aldea de Iquique eran la sal y brea para embardurnar los soportes en que se trasladaban el azogue desde Arica a Potosí. El azogue es un metal derivado del mercurio que sirve para confeccionar espejos.
Sin embargo, esta relación con Potosí también determinó el estancamiento de Iquique hasta bien entrado el siglo XIX. Los españoles requerían de un estricto control sobre la plata que se generaba en Huantajya. Para impedir la extracción del minera en forma ilegal, se prohibió a los arrieros bajar y a los barcos recalar en el muelle de Iquique. esto sirvió para que la plata saliera forzosamente por Arica, lugar, donde existía control aduanero.
Este «centralismo» ostentado por Arica comenzó en 1545 cuando se descubrieron las minas de Plata de Potosí. Arica fue el puerto de salida durante 150 años.
En esta época también se desarrolló la extracción de guano blanco en los sectores de Patache, Patillos y Pabellón de Pica. Desde tiempos coloniales, la corona española había concedido autorización para explotar estos yacimientos a comerciantes a cambio del pago de fuertes impuestos.
– Pabellón de Pica, ubicado a 75 kilómetros al sur de Iquique, fue una de las principales guaneras que se explotaron hasta fines del siglo XIX. En sus faenas trabajaron esclavos chinos y negros. Hasta hoy es posible encontrar restos humanos en los acantilados del lugar.
– La extracción de sal en la Región de Tarapacá se mantiene hasta hoy.

Mineral de Huantajaya

Mientras en la costa se explotaba el guano; en los poblados del interior la historia seguía su curso distinto. Con su interés en encontrar riquezas  minerales, a la par con el trabajo agrícola, los españoles  recorrieron el desierto en busca de alguna veta  de plata o salitre. Ya en 1558 habían explorado toda la zona de Tarapacá sin resultados positivos.
Durante esa época llegó a oídos de españoles la existencia del mineral de Huantajaya que había sido explotado por los indígenas desde tiempos inmemoriales. de esta manera, el yacimiento de plata se convirtió en el principal descubrimiento  para los europeos durante el siglo XVI. No obstante, fue un portugués quien halló el yacimiento: Francisco Rodríguez de Almeida  en 1556. Trabajó en las minas sólo por un corto periodo de tiempo, puesto que en 1565 fue nombrado corregidor de Arica.
Para algunos historiadores, las faenas en San Agustín de Huantajaya y en Santa Rosa son los primeros pasos para que siglos después se desarrollarse la industria salitrera.

Segundo ciclo de Huantajaya

De un momento a otro Huatajaya fue olvidada, porque resultaba demasiado caro el traslado de la producción de plata hasta Bolivia para su fundición. En 1718 fue reabierto por Bartolomé Loayza.
En el primer cuarto del siglo XVIII en Huantajaya existían poblaciones de mineros en los faldeos y en los altos de los cerros. La vida era difícil, a pesar de la existencia de herreros, pulperías y corrales para animales de carga.
Lo más complicado era el transporte del agua. En la primera época se traían cargamentos desde el río Loa. Luego los españoles  utilizaron los recursos existentes en el oasis de La Tirana. Extrajeron el agua que era llevada por mulas hasta el mineral.
La mina de plata de Huantajaya también incluía otros yacimientos en Santa Rosa, Carmen, Sacramento y Cacicsa, cobre en Viquintipa y otro en Paiquina.
Huantajaya tomó fuerza alrededor de 1746, generando necesidad de más mano de obra. Indígenas libres y mestizos fueron contratados como peones.
La gran demanda de trabajadores motivó a que José Basilio de la Fuente y Loayza, uno de los principales mineros de la zona, utilizara los indígenas de las inmediaciones bajo el sistema de «mita» que fue una forma de trabajo obligatorio, por turnos remunerados.
– Huantajaya fue explotada industrialmente desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XIX. Durante toda su historia fue el centro de la minería en la Provincia de Tarapacá. En su apogeo, Huantajaya fue un poblado con una gran actividad económica. En sus últimos tiempos, sólo quedaban algunas construcciones destinadas al procesamiento del minera.
– A mediados del siglo XIX la actividad en Huantajaya declinó considerablemente. El minera era acumulado en varias zonas para su posterior procesamiento y envío hacia el puerto de Iquique.

La plata de los Incas

Actualmente es posible determinar que el pasado de Huantajaya existía mucho antes que los españoles llegaran  y escucharan las fantásticas historias sobre una gigantesca fuente de plata.
En 1389 el inca de la sexta dinastía, Yahuar Huacac, invadió con sus tropas las región de Tarapacá.
Llegó hasta el sur en donde se ubicada Atacama la Grande (actual San Pedro de Atacama) y ese mismo año inició los trabajos de extracción en Huantajaya.
En 1400 el inca Pachacutec consolida el Tawantinsuyu (reino de los cuatro suyus, abarcando los cuatro puntos cardinales). Se intensifican los trabajos en la mina. La veta más rica es trabajada por el Dios Sol, Inti.
En 1475, el Inca Yupanqui, hijo de Pachacutec, organizó el gobierno en Tarapacá en la «huaira», un horno de barro portátil empleado para purificar el mineral.
Con la llegada de los españoles, los incas optaron por ocular los mayores minerales, ya que significaba la posibilidad de esclavitud de las poblaciones aledañas a estos lugares.
De esta manera, Huantajaya cae en el olvido por algunos años, hasta que llega Francisco Rodríguez de Almeida.

El corsario Francis Drake

De acuerdo a los estudios de la arqueóloga Cora Moragas, a comienzos del siglo XVI existían unos pocos españoles asentados en la costa de Iquique. La mayoría de la población estaba constituida por changos.
En las bitácoras de viajes de miembros de la tripulación del corsario Francis Drake, quienes recorrieron las costas de la provincia entre 1578 y 1579 a bordo del «Golden Hind», indicando haber quitado trece barras de plata a un español que dormía entre roqueríos. Las versiones varían. Algunos indican que sólo fue una pieza. Otros señalaban que la persona era chango y no europeo.
«Es probable que estos lingotes provinieran del mineral de Huantajaya», indica Moragas.
El 5 de febrero de 1681, piratas saquearon el pueblo de Iquique, llevándose los objetos de plata que adornaban el altar y la imagen de Nuestra Señora de la Concepción. Eran una corona, un cáliz, vinajeras y dos campañas pequeñas.

RIQUEZA COLONIAL

Huantajaya no sólo representó el sueño de riqueza, durante la época colonial, sino también el comienzo de la aventura minera de Tarapacá.
El investigador Luis Castro afirma que Huantajaya permitió a los españoles hacer realidad sus aspiraciones de riqueza. «Para ello se atrevieron a aventurarse en tierras lejanas y agrestes».
Ubicado este yacimiento a una distancia de 16 kilómetros en los cerros costeros frente a Iquique, transitó a lo largo de su historia por distintas etapas de desarrollo productivo hasta finalmente, paralizar completamente hacia la década de 1940; es decir, cuatro siglos después de que los españoles sacaran por primera vez la codiciada plata de sus vetas.
El Siglo XVIII encontró a Huantajaya en su etapa más productiva, transformándose en el eje minero y económico de Tarapacá. Su apogeo redundó en la configuración de un nuevo personaje: el empresario minero-agrícola y en la implementación de circuitos mercantiles internos.
En sus yacimientos se llegaron a implementar algo más de 45 minas, encontrándose «papas», es decir, trozos de plata pura de 400 y 800 libras en 1729 y 1749, respectivamente.
La población alcanzó un promedio de 4.000 habitantes en el periodo, registrándose un máximo de 7.000.
Toda esta bonanza duró hasta fines del Siglo VVIII y comienzos del XIX a causa del agotamiento de sus mejores vetas.
De esta manera Huantajaya entro en el Siglo XX como un fantasma de su propia fama. En 1910 la población del lugar apenas llegaba a las 200 personas. Casi todas las minas estaban abandonadas.

El sistema de mita

El sistema de Mita fue creado luego que el 23 de agosto de 1718 el Rey de España, Felipe V, disolvió las encomiendas y dejó en libertad a todos los indígenas.
José Basilio de la Fuente y Loayza lo utilizó para explotar el mineral. Su solicitud de «mita» fue aceptada en 1756 luego de muchos conflictos con los jefes indígenas de la región que no querían ingresar a esa modalidad de trabajo, en especial por las difíciles condiciones de vida que existían alrededor de la mina.
En definitiva, logró una mita de 50 indígenas de los repartimientos de San Lorenzo de Tarapacá y San Nicolás de Sibaya.
de esta manera se llevó el trabajo en Huantajaya hasta que fue desechada definitivamente la actividad minera, al finalizar el siglo XVIII.
– Felipe V de España otorgó permisos para entregar las primeras mitas en la zona de Tarapacá.

Poco Desarrollo de Iquique en la época Colonial

A pesar del desarrollo de la actividad económica, la costa continuaba siendo un lugar sin importancia para los españoles. La situación cambió al iniciar el siglo XVII cuando necesitaron que su producción de plata saliera hacia Perú y aumentaron sus necesidades de productos confeccionados en Chile, como chaqui, sebo, grasa, carne salada, frutas secas, tocino y cobre.
Luego de 100 años de presencia española en la región sólo existían  unos cuantos grupos de europeos que explotaban el mineral y grupos de colonos en los oasis. Para esa época se estima la población aborigen entre los 6 mil y 8 mil personas en Pica, Camarones, La Tirana y Huatacondo.
– Potosí fue el centro de la industria de la plata en el Alto Perú. Durante el siglo XVI y XVII la producción de Huantajaya era derivada a esta ciudad y luego exportada a Europa.
– Potosí fue promocionada por la corona española como el mayor productor de plata en América. Durante su época de esplendor varias litografías circulaban en diferentes partes de virreinato del Alto Perú.

El esplendor de Pica

Hacia fines del siglo XVIII Pica se había convertido en un polo de atracción.Entre 1750 y 1760, grandes familias de Arica y Potosí se radicaron en este oasis para desarrollarla actividad minera y agrícola En esta época comenzó el desarrollo de la indutria vitivinícola.
El lagar de Matilla, ubicado cerca de la iglesia de ese poblado, es uno de los quince que existieron en la zona y es un fiel testimonio de la importancia que tenían los vinos de Pica y Matilla en el mercado de Bolivia, Perú y Europa.
– El crecimiento de Pica durante el siglo XVIII y XIX estuvo relacionado con la industria vitivinícola y del comercio que se generaba entre el oasis y las primeras oficinas salitreras.
– Las principales familias radicadas en Pica, al constatar el aumento de la actividad salitrera en la pampa, organizaron diligencias que recorrían las principales oficinas ubicadas entre Pica y La Noria.

Iquique, de caleta a puerto mayor

Potosí, como polo de desarrollo minero y Arica, considerado puerto de salida de la producción del Alto Perú, mantuvieron a la caleta de Iquique en un segundo plano de importancia hasta el primer tercio del siglo XIX.
El primer indicio del desarrollo vino con la incipiente industria salitrera. El empresario español Sebastián de Ugarrisa mandó a construir  bodegas para guardar su cargamento y cobijar los insumos destinados al proceso productivo del caliche. Ya en 1811 había un funcionario de Aduanas que se encargaba de organizar los embarques.
En 1820 el pueblo contaba con 500 habitantes aproximadamente. El investigador Francisco Marull Bermúdez, explica en su libre «Historia de la antigua Provincia de Tarapacá», que en esa época los extranjeros y peruanos de Iquique vivían muy cerca de la costa, en el sector de La Puntilla, en donde actualmente se ubican las dependencias de la Cuarta Zona Naval. Los mestizos tenían sus casas en la zona de El Morro, mientras que los changos, al ver al aumento de tráfico mercantil del incipiente puerto se trasladaron más al sur hasta instalarse en la península de Cavancha.

Charles Dawin

Parte de este ambiente fue capturado por las impresiones que escribió el naturalista Charles Darwin cuando recaló en Iquique el 12 de julio de 1835. En su bitácora de viaje dejó de manifiesto su impresión por las pequeñas viviendas que estaban ubicadas bajo los faldeos del farellón costero. También caracterizó la flora, geografía y la situación social que había en el poblado durante es época.
Darwin pasó por Iquique durante su primer viaje por el mundo. Luego de esta travesía de cinco años, el naturalista europeo postuló en 18838 su teoría de la evolución de las Especies por selección natural. En su viaje reunió las pruebas que sustentaban su hipótesis. Su paso por Iquique forma parte de la información que recopiló durante su vida.

Capítulo 3: Los conquistadores españoles

Iquique, 10.000 años de historia.

En 1535, la expedición de Diego de Almagro atravesó la Cordillera de Los Andes para descender en el valle de Copiapó. Estuvo varios meses buscando las riquezas que se suponía tenía la comarca. Los relatos que escuchó en Perú eran falsos. Regresó con las manos vacías.

Los conquistadores españoles

En 1535, la expedición de Diego de Almagro atravesó la Cordillera de Los Andes para descender en el valle de Copiapó. Estuvo varios meses buscando las riquezas que se suponía tenía la comarca. Los relatos que escuchó en Perú eran falsos. Regresó con las manos vacías.
Al volver siguió la senda que muchos creen que era uno de los caminos construidos por los Incas.
Al llegar a Pica decidió quedarse un par de meses en el oasis descansando y aprovisionándose luego de su larga jornada por el descampado de Atacama.
Durante su estada, algunos españoles decidieron radicarse en el poblado e iniciar de esta manera la colonización de la zona.
En 1536 Diego de Almagro dejó a cuatro de sus hombres en Pica. Ellos fueron Juan Castro, Matías de la Fuente, Sebastián Uganzo y Ruy Díaz, quienes generaron  importantes cambios en el oasis, entre ellos el desarrollo agrícola y minero en la zona.
En 1537 Almagro volvió a Cuzco.
En 1572 el Imperio Inca despareció definitivamente.

– Diego de Almagro, en 1535 inició la exploración de Chile, que entonces era considerada un territorio aislado y de difícil acceso.
– Pedro de Valdivia, también pasó por Pica. Sin embargo, siguió hacia el sur fundando ciudades: Santiago en 1541, Concepción 1550 y Valdivida en 1552.

El impacto de la conquista

Para el dirigente aymara David Esteban Moscoso, la llegada de los españoles durante el siglo XVI produce un quiebre en la sociedad andina y en la estructura productiva del pueblo.
«Luego de la ocupación española en las zonas más bajas de la región, especialmente en los poblados de Tarapacá y Pica, la población indígena se mantuvo entre la cordillera y el altiplano; ya no bajaba tanto a la costa.
De similar opinión  es el antropólogo Olaf Olmos. El profesional explica que la administración española y la instauración de los sistemas de explotación económica españoles de encomienda y mitas, menoscabaron la organización tradicional de la nación aymara.

– La Iglesia de Matilla es un ejemplo del esplendor que tuvo el poblado durante el periodo de la presencia española antes que se desarrollar el ciclo salitrero.
– Cariquima es un gran ejemplo de la unión de dos culturas. Junto a la centenaria iglesia, pasa lo que alguna vez fue el Camino del Inca.

Encomienda en Tarapacá

Las crónicas del siglo XVI establece que Francisco Pizarro entregó a varios de sus capitanes y soldados «encomiendas» (terrenos para la explotación y un grupo de indígenas para el trabajo, los cuales debían ser evangelizados) como recompensa por su participación en la conquista del Imperio Inca.
Uno de ellos fue Lucas Martínez Begazo quien recibió un extenso territorio que incluía las quebradas del interior y la caleta de Ike Ike. El encomendero se instaló en la quebrada de Tarapacá, en lo que actualmente son las ruinas de Tarapacá Viejo. Desde allí organizó a los indígenas para que prestaran sus servicios a la corona española y pagaran tributo al encomendero, quien se encargó de su adoctrinamiento religioso.
El aumento de la producción agrícola en Tarapacá, Locumba, Sama, Camiña, Lluta y Azapa obligó a una mayor extracción de guano desde la actual Isla Serrano.
Su trabajo permitió en pocos años, que sun barco de su propiedad iniciara en 1.541 viajes continuos por toda la zona entre Perú e Ike Ike, pasando por las caletas de Pisagua Viejo y Arica.
Sin embargo, a pesar de esta actividad la población indígena se mantuvo estática.
En la costa, desde Pisagua hasta El Loa, parte del corregimiento de Arica, el número de habitantes osciló entre las 300 y mil personas durante el siglo XVI.

– Desde la quebrada de Tarapacá hasta la costa de Ike Ike se extendió la primera «encomienda» que existió en esta zona.
– El poblado de Tarapacá fue el centro de la actividad agrícola y minera durante los primeros años de la conquista española.

División administrativa

El Corregimiento de Arica, dependiente de la Provincia de Arequipa, fue establecido el 17 de agosto de 1565 por le gobernador de Perú, Lope García Carrasco. De esta unidad administrativa dependían los tenientazgos o Distritos de Tacna, Tarapacá y Locumba.
En el siglo XVII los Corregimientos estaban divididos en Repartimientos, cada uno con un pueblo cabecera, cacique de indios y administración hispana. Estaban Arica, que dominaba el valle de Azapa, Codpa con gobierno de todos los «pueblos de indios» de la sierra y el altiplano; Camiña que alcanzaba hasta Isluga, Tarapacá y los alrededores de la quebrada; Sibaya con poblaciones del Alto Tarapacá y Pica que abarcaba hasta Huatacondo.

Evangelización

La labor pastoral de la Iglesia Católica estaba presente entre «pueblo de indios», fundando las primeras Capillas. De esta manera configuraron el panorama poblacional y administrativo del territorio.
Aparecen los curatos estables, divididos en parroquias fundadas desde 1620 y dependientes del Arzobispado de Arequipa. Fiel testimonio del trabajo evangelizador son las 60 capillas y campanarios, construidos en aquella época, que subsisten en la Primera Región.

– Aún existen algunas viviendas de la época colonial en San Lorenzo de Tarapacá. Fueron construidas en las últimas décadas del siglo XVIII.
. La iglesia y campanario de Tarapacá fueron declarados Monumentos Nacionales en 1951. Ambas construcciones son testimonio de la importancia que tuvo el poblado durante los primeros años de asentamiento hispano en la región.

Pueblos de Indios

De acuerdo a la política española, los indígenas debían ser reducidos en «pueblos de indios».
La arqueóloga e historiadora Cora Moragas estima que a partir del siglo XVI la aldea indígena que hoy se denomina  Tarapacá Viejo, ubicada al costado sur de la quebrada y que estaba siendo habitada por la población nativa aproximadamente desde el siglo XIII D.C. se constituyó en un reducto indígena o «Pueblo de Indios».
«El encomendero, su mayordomo y otros funcionarios españoles debieron habitar otros espacios de la quebrada, puesto que por Cédula Real se prohibía a los españoles, con excepción del cura, entrar o habitar en estos pueblos».
Bajo esta ley, los indígenas fueron organizados en municipios. Se elegían alcaldes y regidores indios. Ellos tenían la misión de mantener el orden social y político dentro de su reducto. Tales nombramientos recaían en los caciques que previamente era evangelizado por el sacerdote.
«Estos jefes indios podían imponer castigos a los pobladores de mal comportamiento».
De la misma manera, los jefes indios designaban los turnos para el trabajo al encomendero y recolectaban el tributo del pueblo.
De acuerdo a las estimaciones de Cora Moragas, los indígenas habían vivido en Tarapacá Viejo hasta 1717, fecha en que según los registros, se produjo una gran epidemia que diezmó a la población. Los sobrevivientes se trasladaron al costado norte de la quebrada, donde actualmente se sitúa el poblado de Tarapacá.
En 1578 existían diversos «pueblos de indios» en el Tenientazgo de Tarapacá. los más representativos eran San Lorenzo de Tarapacá, San Antonio de Mocha, Santa María de Huaviña, Santo Tomás de Camiña y San Andrés de Pica. En cada poblado se asume que debió existir  una iglesia no obstante sus rastros se perdieron luego de los sismos que azotaron a la región.
El historiador Oscar Bermúdez estima que la población indígena en al Provincia de Tarapacá durante la época de la Conquista ascendía a unos 6.000 a 8.000 habitantes.

Aportes y cambio de cultura

Desde 1548 los aportes de los conquistadores como el ganado, aves domésticas, artesanías de fierro, semillas, tecnología extractiva, arquitectura y liturgia europea, iniciaron un radical cambio en las estructuras sociales locales.
El arqueólogo Lautaro Núñez afirma que en este lapso cambió el uso de los suelos: del maíz al trigo, de la chicha al vino, algarrobales y chañares por frutales.
Los españoles fueron conquistadores primeros y colonizadores después. Tal como los Incas, ocuparon las tierras donde vivían los caudillos locales en Camiña, Tarapacá, Pica, Huatacondo y Quillagua.
– Los tamarugos fueron una de las especies que utilizaron los españoles para la construcción de sus casas solariegas, también como carbón para la cocina y en los primeros intentos de extraer plata y salitre.
– Todos los cultivos que mantenía el pueblo aymara en los oasis y quebradas de Tarapacá fueron cambiados paulatinamente por los terratenientes españoles. en vez de maíz, quínoa y los frutos de los chañares; los españoles impusieron árboles frutales y los viñedos. En la actualidad Pica y Matilla son conocidos por los limones, naranjas y productos de origen tropical como mangos.
– El poblado de La Tirana fue el centro de las primeras actividades  mineras de Tarapacá. Existen varias  litografías que muestra como refinaban plata a través de varios casilleros de madera de tamarugo.
Indios en la costa
Ya avanzada la Colonia, la presencia indígena en la costa era limitada.
Muchísimos de los changos siguieron haciendo su vida de forma independiente, navegando sin mayor compromiso con el sistema español..
Darwin, por ejemplo, en 1835 los menciona como tribus nómades que se desplazaban libremente por toda la costa del norte de Chile. Hay muchos otros viajeros que hacen alusión a ellos durante esta época.
En los valles y oasis vivían indios que se resistían  a cambiar. También había otros muy españolizados por la cohabitación junto a negros, españoles y criollos, conformando una sociedad cada vez más mezclada, plural y tarapaqueña, tan pujante que sus líderes pasaron de la agricultura y sus viñas, a la minería de la plata y a la fabricación de pólvora con el uso de las pampas de nitratos.

El legado español colonial

Antigua Iglesia de La Tirana

Capilla de gruesos muros de arenisca compacta, levantada probablemente durante 1765, comenzó a usarse en 1789 por españoles e indígenas. Durante esa época el sector se llamaba Pozo del Carmen. Posteriormente, y de acuerdo a su costumbre, los españoles  construyeron en torno a la capilla sus chozas de adobe y paja, dando nacimiento así al pueblo de La Tirana. La capilla fue destruida en 1868. Años más tarde se construyó una nueva iglesia que se conoce actualmente.

Iglesia de Tarapacá

Fue construida en 1730. Está compuesta por dos naves paralelas y una sólida torre campanario de gran altura. Posee una rica  ornamentación tallada en piedra, característica del estilo barroco americano desarrollado en las urbes hispánicas durante la Colonia.
La torre del campanario está en buen estado. La iglesia ha sufrido diversas alteraciones por acción del fuego y de movimientos sísmicos. Sufrió severos daños en el terremoto y 2005 y fue recosntruida a través de aportes de privados.

Iglesia de Matilla

de fines del siglo XVIII data la primitiva iglesia de Matilla. Esa primera construcción fue destruida por el terremoto de 1878. Sobre los cimientos de la antigua edificación se erigió la iglesia que existe hasta el día de hoy. El constructor español José Durán fue el encargado de levantar las tabiquerías de cañas de la parte frontal y los gruesos muros de roca y adobe de la zona. En el interior se encuentra el retablo en albañilería que se supone proviene de la iglesia original.
El sólido campanario corresponde al siglo XVIII y se levanta en forma separada del cuerpo de la iglesia como ocurre con varias iglesias coloniales de Tarapacá. 
Tiene capacidad para contener ocho campanas, Utilizaron para su construcción bloques de cal, tiza y bórax.

Iglesia de Pica

Entre 1880 u 1886 fue construida la actual Iglesia de San Andrés de Pica. Este templo reemplazó al anterior que fue destruido por un terremoto. Para su construcción usaron madera de la zona. Tiene una cubierta  de fierro galvanizado. La iglesia cuenta con tres naves divididas por columnas acanaladas. En su interior hay ingeniería religiosa colonial con figuras de tamaño casi naturales que representan la Ultima cena.
Lagar de Matilla
La plantación de viñedos en Pica y Matilla comenzó a fines del siglo XVI, En 1860 la producción de vino llegaba a las 15.000 botijas al año. Tras la cosecha  de la uva se procedía al pisado y prensado de la pulpa. El prensado se realizaba mediante el uso de la viga, grueso troncoo de algarrobo que, accionado por un cabrestrante efectuaba un movimiento de báscula. El que, a objeto de que mantuviera una temperatura uniforme, eran enterradas parcialmente. El destape de las primeras tinajas ocurría durante la fiesta de San Antonio, todos los 13  de junio.
Luego en 1870 la producción comenzó a disminuir debido a la escasez de agua y la destrucción de las plantaciones. En 1937 se efectuó la última vendimia en Matilla.

Iglesia de Isluga

Isluga está a 276 kilómetros al noreste de Iquique y a una altura de 3.780 metros sobre el nivel del mar. La iglesia data del siglo XVIII. El templo consta de una nave central y un campanario levantado en forma independiente. Ambas estructuras están rodeadas por un muro perimetral que está confeccionado con estructuras ornamentales  de piedra. El muro se prolonga  y envuelve la plaza lateral llamado «kancha».

Presencia española

Los colonos españoles en los valles del interior dejaron marcada su presencia en la provincia.
La arqueóloga Cora Moragas destaca la presencia de viviendas solariegas que se remontan a al época de la Colonia y de iglesias y campanarios construidos en la época de los primeros asentamientos hispanos, que permanecen levantados en la actualidad.
Ella realza la importancia de las iglesias de San Lorenzo de Tarapacá, y de San Antonio de Matilla, como también del antiguo convento de Tarapacá.
Además en Tarapacá residieron industriales mineros. Una constancia de ellos son los vestigios en donde se procesaban minerales como plata y cobre, una fábrica de pólvora.
«Todo ellos constituye la marca que dejó la explotación minera de Huantajaya en los valles interiores», explicó la investigadora.
Según la arqueóloga, existe una variada gama de vestigios que testimonia un pasado de interés notable. «Es impresionante constatar que ha existido tanta vida dentro de esta desértica  región. En los sectores más inverosímiles hay evidencias de antiguos pioneros y esforzados colonos que al establecerse en las tierras desérticas  de la provincia le transfirieron vida y legaron su labor como patrimonio».
Otra marca española se encuentra en los oasis de Pica y Matilla, especialmente en los lagares y todas las dependencias  relacionadas con al industria vitivinícola.
«Esos vestigios son un testimonio del auge de estas localidades durante los siglos pasados», asegura Moragas.

Canchones del Tamarugal

La Pampa del Tamarugal, a partir del siglo XVIII, fue poblada por pequeños grupos familiares dedicados a satisfacerla demanda de abastecimientos que requerían las oficinas salitreras. Entre las principales actividades radicaba la fabricación de carbón, la crianza de ovinos y caprinos y el cultivo de la tierra a través del particular sistemas de canchones.
Este consiste en la remoción de la costra salina de la superficie con el objeto de aprovechar la humedad procedente de la napa subterránea. 
Los principales cultivos realizados en los canchones eran la alfalfa, primordial para la alimentación de las llamas y mulas utilizadas como medio de transporte. También se plantaban algarrobos, cuya madera constituye un excelente combustible siendo su fruto un nutritivo forraje para el ganado.
Como consecuencia de estas antiguas labores, la Pampa del Tamarugal presenta pequeños grupos de viviendas ahora abandonadas. Estas fueron  construidas con adobes o con costrones salinos propios de la localidad.
En algunos casos, las viviendas conservan la techumbre armada con tortas de barro y paja sobre troncos de tamarugos atados con tiras de cueros. Hornos de barro y corrales complementaban las viviendas.

– Aún es posible apreciar los canchones en la Pampa del Tamarugal. En una vista aérea se ve los cambios en el terreno que realizaron los grupos familiares asentados en esta zona. 

Las aldeas españolas

Más allá de Pica, Matilla y Tarapacá, los españoles mantuvieron una presencia en distintas  aldeas, ya sea, en la costa o al interior de la Pampa del Tamarugal. Pisagua Viejo y los caseríos que aún se pueden ver en las inmediaciones de La Tirana y La Huayca son los ejemplos patentes del tesón español por desarrollar la provincia.

Pisagua Viejo

Los restos de Pisagua Viejo se sitúan a un par de kilómetros al norte del actual Pisagua. El poblado estuvo al lado sur de la desembocadura de la Quebrada de Tana.
Su actividad comenzó  el siglo XVII y siguió hasta comienzos del siglo XIX cuando la industria salitrera necesitó de un puerto con mejores muelles y aguas más profundas.
La aldea de Pisagua Viejo ejercía la función de controlar  el tráfico de embarque y desembarque de productos que se internaban a Potosí por la quebrada de Tana.
La arqueóloga Cora Moragas explica que es posible que los colonos hayan aprovechado el agua de vertientes cercanas del interior para pequeños cultivos. «Es probable  que la corona española, al igual que en otros sectores de la costa, haya instalado allí factorías de salar pescado y mariscos».

– La desembocadura de la Quebrada de Tana es el escenario donde se desarrolló el poblado español colonial de Pisagua Viejo.
– Pisagua Viejo aún conserva algunas edificaciones del siglo XVII. Corresponden a construcciones levantadas por españoles durante el desarrollo de la industria de la plata y el guano.

La conquista española en la región de Tarapacá

La conquista española en la región de Tarapacá

Iquique, Chile

Llegada de los españoles a la zona de Iquique, Chile.

Llegan los conquistadores

En 1572 el Imperio Inca había desaparecido definitivamente. Cerca de cuarenta años antes, apartir de 1535, comenzaron las primeras incursiones de los españoles que conocieron principalmente la cultura desarrollada en Tarapacáy Pica y la presencia de grupos de pescadores y recolectores en ellitoral nortino.
Dos años años después, Diego de Almagro regresaba a Perú con las manos vacías
y desilucionado por las riquezas que pensó encontrar en los valles centrales de Chile. En su retorno al Cuzco, el conquistador viajó por la ruta del Inca y permaneció por un par de
meses en el oasis de Pica descansando y aprovisionándose luego de su larga jornada por el descampado de Atacama.
Durante su estada algunos españoles decidieron radicarse en el poblado e iniciar de esta manera lacolonización de la zona.
Para el dirigente aymara David Esteban Moscoso, la llegada de los españoles durante el siglo XVI produce un quiebre en la sociedad andina y en la estructura productiva del pueblo.
“Luego de la ocupación española en las zonas más bajas de la región, especialmente en los valles de Lluta y Azapa y de los poblados de Tarapacá y Pica, la población indígena se
mantuvo entre la cordillera y el altiplano; ya no bajaba más a la costa”.
De similar opinión es el antropólogo Olaff Olmos. El profesional explica que la administración española y la instauración de los sistemas de encomienda y mitas menoscabaron la organización tradicional de la nación aymara.

Primer Encomendero

Las crónicas de la época establecen que Francisco Pizarro entregó a varios de sus
capitanes y soldados encomiendas como recompensa por su participación en la conquista del imperio Inca.
Uno de ellos fue Lucas Martínez Begazo, quien recibió un extenso territorio que incluía
las quebradas del interior y la caleta de Iquique. El encomendero se instaló en la quebrada de Tarapacá en la que actualmente son las ruinas de Tarapacá Viejo. Desde allí
organizó a los indígenas para que prestaran sus servicios a la corono española y pagaran tributo al encomendero, quien se encargó de su adoctrinamiento religioso.
El aumento de la producción agrícola en Tarapacá, Locumba, Sama, Camiña,
Lluta y Azapa obligó a una mayor extracción de guano desde la isla de Ique-Ique, actual isla Serrano. Martínez Begazo también utilizó esta caleta para el ingreso de productos necesarios para su encomienda y, a la vez, exportar sus cultivos. Su trabajo permitió, en pocos años, que un barco de su propiedad iniciara en 1541 viajes continuos por toda la
zona entre Perú e Ique-Ique, pasando por las caletas de Pisagua Viejo y Arica.
Sin embargo, a pesar de esta actividad, la población indígena se mantuvo estática. En la
costa, desde Pisagua hasta el Loa, o sea, parte del corregimiento de Arica el número de habitantes osciló entre las 300 y mil personas durante el siglo XVI.

División administrativa

El corregimiento de Arica, dependiente de la Provincia de Arequipa fue establecido el 17 de agosto de 1565 por el gobernador del Perú, Lope García Carrasco. De esta unidad administrativa dependientas los tenientazgos o Distritos de Tacna, Tarapacá y Locumba.
En el siglo XVII los corregimientos estaban divididos en repartimientos cada uno con un pueblo cabecera, cacique de indios y administración hispana. Estaban Arica que dominaba el valle de Azapa, Codpa con gobierno de todos los “pueblos de indios” de la sierra y el altiplano, Camiña que alcanzaban hasta Isluga, Tarapacá y los alrededores de la
quebrada, Sibaya con poblaciones del Alto Tarapacá y Pica que abarcaba hasta Huatacondo.