Historia del mineral de plata de Huantajaya

Iquique, región de Tarapacá, Chile

Historia de Huantajaya, mineral de plata que fue descubierto en épocas precolombinas y que luego fue explotado por conquistadores españoles.

Plata de Huantajaya

Como un punto de conexión con Perú y puerto intermedio para el Reino de Chile, la caleta de Ique-Ique presentó avances desde la llegada de los españoles, especialmente en el envío de guano a las quebradas del interior para trabajar los nuevos cultivos que introdujeron los conquistadores.
Hacia 1580 la actividad de Iquique ya había alcanzado el desarrollo económico que mantendría hasta comienzos del siglo XIX.
La extracción de guano desde la antigua isla Serrano era transportada en barco a Arica y otros puertos cercanos, favoreciendo a los valles de Chaca, Lluta, Sama, Locumba, Moquehua y otros sitios del Alto Perú.
En 1713 la caleta de Iquique sacaba entre 10 y 12 barcos con guano anuales, el cual era extraído principalmente por indios y negros, traídos desde Perú.
Otros productos que se obtenían en Iquique eran la sal y brea para embadurnar los soportes en que se trasladaba el azogue desde Arica a Potosí.
Sin embargo, esta relación con Potosí también determinó el estancamiento de Iquique hasta entrado el siglo XIX. Los españoles requerían de un estricto control sobre la plata que se generaba en Huantajaya. Para impedir la extracción del mineral en forma ilegal se prohibió a los arrieros bajar y a los barcos recalar en el muelle de Iquique. Esto sirvió para que la plata saliera forzosamente por Arica, lugar donde existía control aduanero.

Huantajaya

En los poblados del interior, la historia seguía un curso distinto. Con su interés en encontrar riquezas minerales, a la par con el trabajo agrícola, los españoles recorrieron el desierto en busca de alguna veta de plata o salitre. Ya en 1558 habían explorado toda la zona de Tarapacá sin resultados positivos.
Durante esa época llegó a oídos de españoles la existencia del mineral de Huantajaya que había sido explotado por los indígenas desde tiempos inmemoriales. De esta manera el yacimiento de plata se convirtió en el principal descubrimiento para los europeos durante el siglo XVI.
Para algunos historiadores, las faenas en San Agustín de Huantajaya y en Santa Rosa son los primeros pasos para que siglos más adelante se desarrollara la industria salitrera.
A pesar de esta actividad económica, la costa continuaba siendo un lugar sin importancia para los españoles. Sin embargo, la situación cambió al iniciar el siglo XVII cuando necesitan que su producción salga hacia Perú y cuando aumentan sus necesidades de productos confeccionados en Chile, como charqui, sebo, grasa, carne salada, frutas secas, tocino y cobre.
Luego de 100 años de presencia española en la región sólo existían unos cuantos grupos de europeos que explotaban el mineral y en lo oasis.
Para esa época se estima la población aborigen entre los 6 mil y 8 mil personas en Pica, Camarones, La Tirana y Huatacondo.
De un momento a otro Huantajaya fue olvidado, porque resultaba demasiado caro el traslado de la producción de plata hasta Bolivia para su fundición. En 1718 fue reabierto por Bartolomé Loayza.

La segunda oportunidad de Huantajaya

En el primer cuarto del siglo XVII en Huantajaya existían poblaciones de mineros en los faldeos y en los altos de los cerros. La vida era difícil, a pesar de la existencia de herreros, pulperías y corrales para animales de carga.
Lo más complicado era el transporte del agua. En la primera época se traía cargamentos desde el río Loa.
Luego los españoles utilizaron los recursos existentes en el oasis de La Tirana. Extrajeron el agua que era traída por mulas hasta el mineral.
La mina de plata de Huantajaya también incluía otros yacimientos en Santa Rosa, Carmen Sacramento y Cacicsa, cobre en Viquintipa y oro en Paiquina.
Huantajaya tomó fuerza alrededor de 1746, generando necesidad de más mano de obra. Indígenas libres y mestizos fueron contratados como peones. La gran demanda de trabajadores motivó a que José Basilio de la Fuerte y Loayza, uno de los principales mineros de la zona, utilizara los indígenas de las inmediaciones bajo el sistema de «mita» que fue una forma de trabajo obligatorio por turnos remunerados.
El sistema de «mita» fue creado luego que el 23 de agosto de 1718 el rey de España disolvió las encomiendas y dejó en libertada a todos los indígenas.
La solicitud del hacendado fue aceptada en 1756 luego de muchos conflictos con los jefes indígenas de la región que no querían ingresar a esa modalidad de trabajo, en especial por las difíciles condiciones de vida que existían alrededor de la mina.
En definitiva logró una mita de 50 indígenas de los repartimiento de San Lorenzo de Tarapacá y de San Nicolás de Sibaya.
de esta manera se llevó el trabajo en Huantajaya hasta que fue desechada definitivamente la actividad minera al finalizar el siglo XVIII.

6 lugares de la Región de Tarapacá que no te puedes perder

Los rincones ocultos de la región de Tarapacá

Iquique es más que playa sol y desierto. La región de Tarapacá alberga lagunas milenarias en el altiplano, huellas de dinosaurios y tradiciones culinarias.

Más allá de playa Cavancha, la zona franca y la salitrera Santiago Humberstone, Iquique ofrece varios destinos que son desconocidos para la mayoría de los chilenos.
Playas solitarias de suaves arenas, lagunas a milenarias en el altiplano y valles pocos visitados repletos de huellas de dinosaurios son parte de los secretos por descubrir en la Región de Tarapacá.
Ike Ike es una playa que se ubica a 109 kilómetros al sur de Iquique. Por años fue conocida por playa peruana y ahora fue rebautizada como Ike Ike, el nombre original que tenía Iquique en tiempo precolombinos. Con siete kilómetros de extensión, este amplio sector se caracteriza con arenas blancas, miradores naturales y una topografía casi totalmente plana. Sin embargo, lo más importante es la tranquilidad de sus aguas y la casi nula afluencia de público durante todo el año. Ike Ike es un remanso de tranquilidad que permite la práctica de deportes náuticos y pesca. Es una playa virgen. No existe ningún tipo de servicios. Sin embargo, es un destino perfecto para conocer durante este verano.
A Ike Ike se llega por una carretera pavimentada que une las ciudades de Iquique y Tocopilla.

LA PLAYA DE PISAGUA

De una extensión más pequeña, pero con las mismas cualidades de arenas blancas, suave oleaje y tranquilidad, la playa blanca que se ubica a pocos kilómetros al norte de Pisagua, es un destino poco conocido incluso para los mismos nortinos.

Caminando también se llega a una zona de acantilados donde encontrará antiguos cañones que datan de la Guerra del Pacífico. Pisagua fue escenario del primer desembarco anfibio de la historia. Con este movimiento bélico, Chile inició su avance a la región de Tarapacá en 1879.
Pisagua está marcado por su esplendor como puerto salitrero durante el siglo XIX y también por oscuras historias ligadas al campo de prisioneros que fue utilizado por varios gobiernos durante el siglo XX. Ahora Pisagua resurge como destino turístico.

Cuesta imaginar que a fines del siglo XIX en Pisagua, donde hoy viven más de 400 personas, habitaban más de 3 mil lugareños. Pisagua tuvo sus días de gloria hace más de un siglo cuando en el Teatro Municipal participaron destacados artistas traídos desde Europa, donde el Hospital fue uno de los más modernos de la zona norte y que las mujeres llevaban los mejores trajes de la época. Ahora es posible ver estos edificios históricos que existen en la calle principal de Pisagua. Lo más llamativo es que Pisagua está aprisionada entre el cerro y la costa.

A lo anterior se debe agregar la playa paradisiaca que posee y la tranquilidad que hoy se respira en ese sector. La ruta a Pisagua está pavimentada en su totalidad y está a tres horas y media de camino desde Iquique.

EL DESCANSO DE MATILLA

La noche en que reinuaguraron la Iglesia de Matilla
El Oasis de Matilla es un remanso de tranquilidad durante todo el año. Ubicado a 109 kilómetros al sureste de Iquique y a hora y media de camino, el principal atractivo son sus tradicionales alfajores. Dos fábricas producen este tradicional dulce a base de miel de mango y coco rallado.
El principal hito de Matilla es su iglesia consagrada a San Antonio de Padua. Cada año, el 13 de junio, los matillanos que viven en el oasis y también quienes residen en distintos puntos de Chile regresan a la tierra que los vio nacer y participan en una gran celebración religiosa y social. La iglesia de Mailla data de 1590. De esta primera construcción a penas sobreviven los cimientos que fueron descubiertos hace un año cuando el templo estaba siendo reconstruido luego que literalmente se viniera abajo en el terremoto de 2005.

Actualmente la iglesia recuperó su forma original y es destino obligado para quienes quieran conocer el estilo de vida en un oasis en medio de la pampa del Tamarugal.

SALAR DEL HUASCO

El altiplano de la Región de Tarapacá alberga sitios de gran belleza natural. Uno de los más renombrados en el Salar del Huasco, ubicado a 3.800 metros de altura y a 174 kilómetros al este de Iquique. Este lugar alberga una bella laguna que es el remanente de un lago del pasado geológico. Su agua tiene una alta concentración de sal y se acumuló por lluvias y acuíferos alimentados por las altas montañas.
El salar tiene una superficie de 51 kilómetros cuadrados y posee un gran ecosistema que alberga varias especies como el halcón peregrino y el flamenco chileno. También existe flora como helechos y la llareta. Es posible que los visitantes tengan la posibilidad de divisar vicuñas, llamas y zorros que viven en este sector.
Actualmente el salar es destino obligado para quienes recorren toda la zona de los oasis de Pica y Matilla, especialmente después que fue declarado santuario de la naturaleza a principios de 2005.

LLAMARA

Otro salar poco difundido en los circuitos turísticos y con una belleza extrema es la laguna de Llamara, ubicada a 104 kilómetros al sureste de Iquique y a sólo 740 metros sobre el nivel del mar. Es de fácil de acceso y está a medio camino entre la ex oficina salitrera Victoria y el control aduanero de Quillagua que limita entre las regiones de Tarapacá y Antofagasta. Las aguas de la laguna son de un intenso color azul y la formación tiene una extensión de más de 70 metros de ancho y un metro de profundidad.
El salar de Llamara se caracteriza por la formación de estromatolito o «alfombras de piedra». Estas formaciones generan un paisaje irrepetible que mezcla la belleza geológica y la existencia de un bosque de Tamarugos.

CHACARILLA

Tanto Matilla como el salar de Huasco están emplazados en la comuna de Pica. Un tercer punto de atracción mundial de esa comuna es la quebrada de Chacarilla, valle donde fueron descubiertas huellas de dinosaurios que están impresas en las laderas de los cerros.
Este lugar es considerado santuario de la naturaleza desde 2004. Hasta el momento se han encontrado huellas fosilisadas de siete especies diferentes. Las más conocidas son las de tiranosaurio rex y estegosaurio.
A primera vista las pisadas en la Quebrada de Chacarilla distan mucho de la ubicación que tuvieron hace cien millones de años, cuando un río atravesada una selva que poseía una variada flora y fauna. Las pisadas quedaron impresas en barro y con la erosión y los movimientos telúricos esas pisadas permanecieron cubiertas por millones de años hasta que salieron a la luz nuevamente en las laderas que forma la quebrada.
El lugar es de difícil acceso. Está a solo 60 kilómetros al sureste del oasis de Pica, pero el viaje demora cerca de tres horas y media.Sólo llegan vehículos 4×4 que son conducidos por personas que conocen el terreno. El trayecto más lento y largo corresponde cuando el vehículo ingresa a la quebrada y avanza directamente por el lecho del extinto río. Se recomienda que el viaje comience el amanece, para evitar las altas temperaturas del mediodía. Eso sí, la mejor hora para ver las huellas fosilizadas entre las 14 y 15 horas cuando el sol proyecta la sombra suficiente para hacer resaltar las impresiones de las pisadas.
Ver estas huellas de dinosaurios vale la pena el extenso viaje por una zona accidentada. Visitar el valle de los dinosaurios es una verdadera «aventura jurásica», a pesar que las huellas datan del periodo cretácico, más cercano la era contemporánea.

ANCOVINTO

El altiplano de la Primera Región oculta uno de los fenómenos más llamativos de sudamérica. Cerca de la zona fronteriza con Bolivia se encuentran un especie única: los cáctus gigantes de Ancovinto que crecen en las laderas de los cerros emplazados a 262 kilómetros al noroeste de Iquique.
Los cáctus gigantes de Ancovinto llegan a medir 10 metros de altura y en la zona donde están ubicados permiten divisar a lo lejos el salar de Coipasa.