La radio en las salitreras

Amplitud modulada

La radiotelefonía no estuvo ajena a la vida pampina. En la oficina Alianza existió la radio «Juan Bosco» que sólo transmitía unas cuantas horas diarias. Al terminar su programación habitual el locutor se despedía diciendo «Buenas noches, Chile; Buenas noches, América», a pesar que la estación apenas alcanzaba cubrir el perímetro de la salitrera.

RADIO1
A pocos kilómetros más al este se escuchaba radio «León XII» en la oficina Victoria. La emisora era mantenida por los padres Oblatos que mantenían una variada programación desde noticias locales, enlaces con Santiago, música ranchera y la transmisión de la misa dominical.
Una experiencia más cercana al mundo de la radiotelefonía tuvo Gerónimo Caballero, quien fue empleado toda su vida en la salitrera Humberstone. Recuerda que en 1936 llegó por primera vez la radio a la oficina. En su despacho instalaron un receptor General Electric que sintonizaba radio «Nuevo Mundo» de Argentina. Los administradores de la salitrera dispusieron nueve altavoces por todo el campamento para que el único receptor de radio fuese escuchado por toda la población. Por la tarde una gran cantidad de familias concurrían hasta la plaza para estar al tanto de las noticias trasandinas.
En 1940 la administración adquirió los equipos y lanzó la difusora Humberstone. Para entonces varias familias en el campamento contaban con su propio receptor para escuchar las transmisiones locales que incluía noticias, avisos y música ranchera.

La vida al interior de una salitrera

Los empleados salitreros
IQUIQUENOS-DESCANSO

El segundo estrato social de la pampa lo constituían los empleados o administrativos y sus familias. Ellos vivían en el rancho de los empleados que quedaba en el centro del campamento. De esta manera dividían la oficina entre los sectores más pobres con los más pudientes. El rancho de los empleados disponía servicios básicos con arranques domiciliarios de agua. Había mayor cantidad de espacio y existían mejores lugares para la entretención. Todas estas comodidades hacían más llevadera la vida en la pampa.

El Barrio Americano 
 Más allá se emplazaba del rancho de los empleados se encontraba el Barrio Americano. Consistía en extensos jardines con casas de estilo georgiano que eran construidas para los jefes extranjeros y sus familias. Dependiendo de la oficina, disponían de canchas de tenis, fútbol e incluso piscinas. A este sector era impedido el paso de los obreros. Este rígido sistema clasista se disolvió paulatinamente, mejorando así la convivencia entre todos los habitantes de la oficina. Entre la década del 50 y 60 la vida en la pampa fue más agradable y placentera, a pesar que era común presenciar la muerte y el cierre de las salitreras más pequeñas.

La vida al interior de una salitrera

Los empleados salitreros
IQUIQUENOS-DESCANSO

El segundo estrato social de la pampa lo constituían los empleados o administrativos y sus familias. Ellos vivían en el rancho de los empleados que quedaba en el centro del campamento. De esta manera dividían la oficina entre los sectores más pobres con los más pudientes. El rancho de los empleados disponía servicios básicos con arranques domiciliarios de agua. Había mayor cantidad de espacio y existían mejores lugares para la entretención. Todas estas comodidades hacían más llevadera la vida en la pampa.

El Barrio Americano 
 Más allá se emplazaba del rancho de los empleados se encontraba el Barrio Americano. Consistía en extensos jardines con casas de estilo georgiano que eran construidas para los jefes extranjeros y sus familias. Dependiendo de la oficina, disponían de canchas de tenis, fútbol e incluso piscinas. A este sector era impedido el paso de los obreros. Este rígido sistema clasista se disolvió paulatinamente, mejorando así la convivencia entre todos los habitantes de la oficina. Entre la década del 50 y 60 la vida en la pampa fue más agradable y placentera, a pesar que era común presenciar la muerte y el cierre de las salitreras más pequeñas.

La vida en la pampa

La vida en una oficina salitrera fue relativamente similar en todos los cantones del norte de Chile, durante el siglo XX. Los niveles sociales estaban muy marcados entre los trabajadores, empleados o administrativos y los jefes o personal de procedencia extranjera. HOMBRES-TRABAJANDOLos trabajadores vivían en habitaciones de madera o de calamina, sin agua potable o servicios higiénicos al interior de sus casas. El agua se sacaba de los pilones que existían en las calles cada cien metros aproximadamente. En tanto que el baño era literalmente cualquier sitio alejado del campamento. Después de la década del cuarenta la administración de las salitreras dispuso de servicios higiénicos para la clase obrera. Estos consistían en diez casetas que compartían un mismo pozo séptico. Hombres y mujeres estaban divididos por una muralla. En este mismo sector se encontraban los buques o habitaciones para solteros en donde el hacinamiento y la insalubridad eran factores comunes. Los muebles eran fabricados por los mismos obreros. El ejemplo más patente lo constituyeron las camas «patas de oso» que no eran otra cosa que cuatro tarros parafineros llenos de barro que soportaban una calamina que hacía de somier. Según el escritor pampino Juan Rubén Castro, presidente de la Corporación Hijos del Salitre, la dieta de los trabajadores era poco variada. En algunos casos, dependiendo de los recursos existentes, el desayuno consistía en carne, huevos y cebolla frita o harina tostada con sal. Un almuerzo promedio era cazuela de vacuno y porotos. De postre, huesillos con mote o limonada. Las «onces» o el «lonche» consistía en hallullas con mantequilla y té. En la noche se servían una sopa acompañada de fideos o carne estofada.

Los Ferrocarriles Salitreros en Tarapacá

Locomotora Clase 91-96.
Para movilizar la producción salitrera a los puertos y subir el abastecimiento de alimentación, combustibles y agua necesarios para la población e industria se construyeron entre 1870 y 1903, varias líneas de ferrocarriles que servían a todos los cantones de producción.
En Tarapacá, los más importantes eran los que Iquique a La Noria y de Pisagua a Zapiga. Ambos fueron inaugurados durante 1870. Otro trayecto importante fue el del Cantón Lagunas que iba de Iquique a Patillos por la costa.
En 1882 los ferrocarriles de Iquique y Pisagua pasaron a control de la Nitrate Railway Co. La empresa tiene su sede en Londres y fue controlada por el denominado «rey del salitre» John Thomas North.
Al mismo tiempo los productores independientes de salitre sufrieron el monopolio en los grupos de fletes y crearon dos nuevos ferrocarriles: el de Aguas Blancas a Caleta Buena, en 1893, y de Zapiga a Caleta Junín en 1894. Ambas líneas terminaban en andariveles de 600 metros de alta para bajar al puerto.
En Antofagasta existía el ferrocarril desde el puerto a Cantón Central (1876) y Caleta Coloso a Aguas Blanca (1903). También el de Tocopilla a Cantón Toco (1890) y el de Taltal a Cantón (1883).
De estos siete ferrocarriles, tres eran de capitales ingleses y cuatro de ellos pertenecientes a sociedades mixtas anglo-chilenas, pero administrados por ingleses.
La excepción era el tren hacia Caleta Coloso en Antofagasta que era de una empresa española con maquinaria alemana y administrada por chilenos.
Cada línea tenía su propia maestranza, la mayoría de ellos contaba con ingenieros y técnicos ingleses, lo cual influyó fuertemente en la industria salitrera.
En 1923, el Estado construye el tendido ferroviario del «longino» desde Pueblo Hundido (actual Diego de Almagro) hasta Iquique, uniendo de esta manera todos los ferrocarriles salitreros.

El nacimiento de Pozo Almonte

Iglesia de Pozo Almonte
La pampa se estaba poblando lentamente con oficinas salitreras. Sin embargo, ninguna de estas dependencias era un punto en donde se podía abastecer al viajero y a las miles de personas que trabajaban en el desierto. 
El 8 de noviembre de 1883 el jefe político de Tarapacá, Francisco Valdés Vergara, decretó la formación de un nuevo pueblo. Esta resolución respondía a una petición de los habitantes de un pequeño caserío que había surgido paulatinamente alrededor de un pozo que surtía de agua a la zona.
La resolución de la jefatura política significó poner en marcha el establecimiento de una localidad que sirviera eficazmente como cabecera administrativa y comercial del Cantón  de la Peña.
El pozo que surtía de agua a la zona pertenecía a gran familia hacendada en Pica, llamada Almonte.
Los primeros registros de esta familia radican en el Siglo XVIII. En esa época el patriarca era Domingo Almonte, quien desarrollaba cultivos de vino y frutas en Pica, como también actividad minera en Challacollo. En aquel mineral inició trabajos de explotación conjuntamente con Gabriel Soto, con quien formó sociedad en 1772.
Su hijo, Manuel Almonte, era dueño de una azoguería a principios del siglo XIX. Su nieto, Ascencio Almonte, fue propietario de 548 estacas en la Pampa de Lagunas, las cuales vendió en 1881 al grupo Delano. En 1888, fue transferida a John Thomas North.
La familia estuvo relacionado directamente con la utilización de los recursos acuíferos del famoso «Pozo de Almonte». Esta denominación aparece en varios documentos durante 1810.
La explotación de los depósitos de caliche fue favorecido por la existencia de agua. La construcción del ferrocarril de Iquique a La Noria posibilitó una ramal hasta Pozo de Almonte. Se levantó una estación que el 24 de noviembre de 1879 sirvió para que se albergara un grupo de soldados que participó en la Batalla de Tarapacá.
La autoridades se dieron cuenta de la importancia del poblado, por lo que ordenaron la confección de un plano que establecería un nuevo asentamiento. Sin embargo la idea fue desechada por varias décadas hasta que la Compañía de Salitres de Tarapacá ordenó que las personas que habitaban alrededor de la estación de trenes tenían que abandonar el sitio.
Las 18 familias afectadas pidieron un nuevo terreno para asentarse. Fue así que el 8 de noviembre de 1883 se ordenó la creación de Pozo Almonte en conformidad al plano que confeccionó el arquitecto Francisco Fierro.
El naciente pueblo se vio amenazado en 1884 debido a inundaciones conocidas como «venidas de agua». Lluvias en el altiplano hicieron surgir vertientes que inundaron el poblado.
En 1885 se creó la subdelegación de Pozo Almonte que quedó conformada por los distritos de La Tirana, Huara y Pozo Almonte.