El auge de Iquique

Según las investigaciones del historiador iquiqueño Leonel Lamagdelaine, Iquique no tuvo un desarrollo significativo hasta mediados del siglo XIX.
En los primeros años de ese siglo, sólo era «una pobre caleta de pescadores».
La zona oriente, más cercana a la costa, se encontraba prácticamente deshabitada. La construcción más separada de la playa era una casa de piedra de un piso edificada en 1768. de acuerdo a los archivos se ubicaba en lo que hoy es la intersección de Luis Uríbe con Bolívar y pertenecía a la familia Cuadros, quienes tuvieron la autorización del rey de España para explotar el guano de la isla que hoy conocemos como Serrano.
En 1832 esta casa fue vendida a Atanasio Tnaxas con su «buitrón» que era un patio para el depósito de minerales. En el terreno en el que actualmente se encuentra la Aduana había otra casa de piedra que perteneció a María de Eleustondo. Frente a esta propiedad se encontraba la celta de desembarco por donde se realizaba el escaso comercio que tenía Iquique.
Había también otro edificio de piedra en las vecindades actuales de calles Pedro Lagos y Serraño. Se supone que ahí estaba la primera iglesia de Iquique; junto a ella, se ubicaba el Cementerio.

Desarrollo Urbano de Iquique

A juicio de la especialista en el patrimonio iquiqueños, Cora Moragas, a comienzos del siglo XIX, la ciudad no ofrecía ningún atractivo para las principales familias de la provincia, quienes permanecían asentadas en los valles y oasis interiores.
Sólo fue a partir de 1830 cuando el puerto de Iquique cobró importancia debido a los primeros embarques de salitre. Esta actividad generó posteriormente la construcción de nuevos edificios fiscales y residenciales. Los extranjeros dueños de minas de plata o de yacimientos salitreros se instalaron en el barrio residencial «La Puntilla» . En el barrio «El Morro», vivían los mestizos, y los indios y negros en la Península de Cavancha.
En 1830 los embarques se hacían desde la playa en balsas de cuero de lobo. Poco después se construyeron los primeros muelles formales para facilitar la operación en pequeños botes.
El poblado de Iquique comenzó a presentar en un corto lapso el panorama de un sitio animado por un continuo movimiento portuario y por un incipiente comercio.
En 1840 los registros indicaban un crecimiento espontáneo hacia el este y el sur; partiendo del antiguo trazado que avanza desde el puerto.
Ancestrales caminos prehispánicos reutilizados durante la Colonia, determinaron las direcciones de las primeras calles. El primer camino central llegaba al puerto por la costa desde Bajo Molle (calle Pedro Lagos), bajando los cerros desde Alto Hospicio (Latorre) y desde la Quebrada de Huantaca (Calle Sotomayor).

– Calle de la Aduana, actual Aníbal Pinto, tenía una gran actividad comercial y portuaria. Su desarrollo estuvo ligado íntimamente a la producción salitrera en la pampa.
– El alumbrado público de Iquique era conformado por lámparas a gas. En tanto que las casas eran iluminadas con diferentes tipos de combustible, desde aceites, hasta alcohol. Todo dependía del nivel económico de la familia.


Terremotos y Maremotos en Iquique


El rápido avance del puerto fue detenido por constantes catástrofes naturales y grandes incendios que hicieron estragos dentro de la población. El 13 de agosto de1868 ocurrió el gran terremoto de Iquique que también afectó Arequipa, Moquehua, Tacna y Arica. El sismo derrumbó en iquique decenas de casas y la posterior salida de mar provocó grandes daños estructurales en el puerto. 

Pero la destrucción trajo algo positivo. El precio del salitre aumentó de 10 a 15 chelines, lo que generó mayores divisas ante la escasez obligatoria del mineral. Este fue otro factor que incidió en el crecimiento de las oficinas salitreras. 

Es así como entre 1870 y 1877 aumentó en forma explosiva la demanda de salitre en Perú y Europa. En 1875 fondearon mil 249 barcos en Iquique. 

Ese mismo año, en la madrugada del 8 de octubre, se registró un incendio de proporciones que destruyó 20 manzanas de la ciudad. 

Luego en 1877 un nuevo terremoto se sintió en Iquique y Patillos, dejando nuevamente el puerto sumido en la destrucción. Dos años después, las crónicas establecen para el 9 de mayo de 1879 otro tsunami que afectó las instalaciones portuarias, destruyendo muelles. 

En 1880, la historia se repite durante la Guerra del Pacífico cuando Iquique llevaba pocos meses ocupada por tropas chilenas, un incendio de proporciones épicas consumió en unas cuantas horas treinta manzanas del centro de la ciudad. El siniestro redujo considerablemente la capacidad comercial y mercantil de la ciudad, como también su número de habitantes. 

Ya para ese entonces el conflicto bélico entre Chile, Perú y Bolivia había causado cambios en la tranquila vida de la gente iquiqueña. 

Los terremotos en el siglo XIX provocaron grandes cambios en el paisaje urbano de Iquique. Varias edificaciones históricas desaparecieron en esta época.




La odisea del agua


El agua siempre ha sido un bien escaso en Iquique. Más aún cuando comenzó el desarrollo de las faenas mineras en Huantajaya y posteriormente en la pampa salitrera. El agua era traída por barco o en mula desde Pisagua, Pozo Almonte y Arica. 

En 1764 el irlandés Antonio O’Brien fue el primero que intentó organizar un suministro constante de agua potable. Su iniciativa fracasó. Sólo hasta mediados del siglo XIX cuando llegaron los primeros inversionistas dedicados exclusivamente a este rubro, la ciudad pudo contar con este servicio en algunos de sus barrios. 

En 1840 Bernardo Digoy instaló en Iquique la primera máquina para condensar agua de mar y catorce años más tarde, se contabilizadas tres de estos dispositivos. Sin embargo, el servicio era irregular. Aún era común traer agua desde Valparaíso o importar hielo desde Lima. 

En 1856 instalaron en Cavancha una máquina para hacer hielo. Además de atender a Iquique, cubría los pedidos de Lima, Guayaquil y Panamá. 

Fue el ingeniero Federico Torrico quien realizó las primeras prospecciones en la región y determinó que las napas subterráneas de Pica eran las mejores para el consumo humano. Sin embargo, el intento de llevar agua desde la pampa a la costa fracasó por falta de recursos por parte del gobierno peruano. Luego vendría la Guerra del Pacífico y con ello el atraso en los planes de dotar a la ciudad de agua más limpia. 

Durante la Guerra incluso hubo bloqueo para que las desalinizadoras llevaran el líquido hacia otros destinos, como también los embarques que ingresaban a la ciudad. 

En 1890, la empresa “The Tarapacá Water Works” transportó el suministro a través de cañerías desde las vertientes de Pica, motivando de esta manera la disminución de los cultivos de viñedos en el oasis. La inversión tuvo un costo de 400 mil libras. El servicio era autorizado por la Municipalidad de Iquique y ofrecido por la empresa que era de propiedad de Thomas North, llamado el rey del salitre. 

Siglo XX


A fines de la década de 1910, sólo el 17 por ciento de la población iquiqueña contaba con cañerías de agua potable a domicilio. El resto de la gente debía obtenerla a través de revendedores. En 1920 el ministerio de Industria y Comercio inició obras para ampliar el servicio a toda la ciudad. 

En 1940 el gobierno creó la Dirección de Obras Sanitarias, DOS, quien amplía la red regional. En 1977 surge Sendos y en 1990 se constituyó la empresa de Servicios Sanitarios de Tarapacá, Essat, que corresponde a una sociedad anónima abierta. En 1999 Essat anunció la puesta en marcha de la aducción de El Carmelo. Esta instalación, en conjunto con el sistema Canchones, aseguró el suministro de agua potable hasta el año 2040. 

La única manera de llevar agua a las casas iquiqueñas era través de carretas especiales que ofrecían sus servicios por todas las calles de la ciudad


Inmigrantes en el siglo XIX


En 1835, Charles Darwin en su visita a Iquique había estimado la población de la ciudad en 1.000 habitantes; sin embargo, hacia el año 1876 Iquique ya sobrepasaba los 19.000 habitantes. Por esta época fueron construidos nuevos edificios fiscales y particulares, ya que muchos habían sufrido daños en el maremoto y terremoto de 1868. Entre los nuevos edificios destacan el de la Aduana, levantado en 1871, y la torre del reloj de la Plaza de Armas, de 1877; la cual originalmente se ubicó frente a la calle Luis Uribe, siendo trasladada al centro de la plaza en 1899.

Otra manera de analizar el nivel cosmopolita de Iquique durante el siglo XIX lo entrega el historiador Carlos Donoso.

Señala que entre 1895 y 1920 ciudadanos de 39 nacionalidades habitaron en el Departamento de Tarapacá. “Eran técnicos contratados por la industria salitrera, aventureros en busca de riqueza, fugados de la justicia o simplemente necesitados que llegaron a la zona y se quedaron. En un periodo de 25 años la provincia fue la zona del país con mayor número de extranjeros”.

En 1895 había 735 británicos, 695 italianos, 279 austriacos. La tendencia se mantuvo entre 1907 y 1920.

Mientras gran parte de los migrantes europeos se dedicaba principalmente al comercio o eran empleados particulares, los latinoamericanos oficiaban como jornaleros.

Cualquiera sea el trabajo, sin embargo, muy pocos de los extranjeros tenían entonces intenciones de perpetuar su estada en la zona. Entre 1895 y 1907 solo se consignaron 54 solicitudes de nacionalización.

A fines del siglo XIX la inmigración inglesa era común en tierras iquiqueñas. En esta foto dos ciudadanos de procedencia británica disfrutan de Playa Brava. En ese tiempo llegar hasta este lugar era un viaje hacia las afueras de la ciudad.

Familias del salitre

El investigador Alvaro Carevic Rivera destaca el trabajo que desarrollaron algunas familias durante los primeros años del ciclo salitrero. Unidos al desarrollo de la naciente industria salitrera se encuentran los nombres de algunas de las principales familias de la época. Entre ellas hay que destacar a los Arias, Hidalfo, Carpio y Tinajas. Especial mención merece Antonio Tinajas, quien llegó a transformarse en uno de los hombres más ricos de la región.

En 1810 numerosos chilenos empezaron a incorporarse a las faenas salitreras y trabajaron en todos los niveles, desde operarios hasta directivos. Uno de estos casos fue Julián Fierro, administrador general de la oficina de Negreiros y director de todas las faenas de elaboración en esa empresa.

Toda la producción marítima de salitre y de plata se transportaba por vía marítima. Esto significó el progresivo desarrollo de Iquique, que se convirtió en el principal puerto de la provincia. Mientras tanto, el curso de la emancipación americana había transformado el antiguo virreinato en la naciente república de Perú.

Desde el punto de vista local, el orden instaurado se tradujo en la emigración de algunos propietarios españoles, quienes vendieron o arrendaron sus calicheras a otros empresarios mejor relacionados con las nuevas autoridades.

Entre 1828 y 1830 los nombres más destacados en la explotación de salitre fueron los de Juan Alba, Félix Bustos, Hermenegildo García y el chileno Santiago de Zavala, vinculado a destacadas familias de Chile y Perú.

A este empresario chileno corresponde el mérito de haber efectuado los primeros embarques de salitre a Estados Unidos y a Europa. En 1830 el bergantín “Globo” llevaba el primer cargamento a Norteamérica, mientras que el “Intrépido” zarpaba hacia Francia.

Cinco años después, el comercio del salitre empezaba a generalizarse. Iquique recibía al mes tres a cuatro barcos que cargaban el producto con destino a los Estados Unidos, Francia, Inglaterra e Italia.

La presencia china

Entre los grupo extranjeros, la colonia china fue una de las más numerosas.

La presencia de ciudadanos chinos en Iquique se remonta al desarrollo de la industria del guano y luego en la salitrera. Lamentablemente en estos lugares muchos de los inmigrantes recibieron maltrato y engaño.

La vida para los chinos que trabajaron en el siglo pasado en las guaneras y minas ubicadas en las cercanías de Iquique, no fue grata. Eran “enganchados” en Oriente con la promesa de probar fortuna en América. Antes de subir al barco debían firmar un contrato que los amarraba por ocho años. Si sobrevivían ese lapso debían trabajar otro periodo similar para pagar el pasaje en barco que utilizaron.

Dormían a la intemperie, cargaban sacos de 50 kilos por estrechos senderos al borde de precipicios. Muchos de ellos morían antes de “pagar” su llegada a la zona.

La presencia de chinos de la zona se remonta a principios del siglo XVII con la llegada de barcos que traían esclavos a trabajar en las guaneras de Iquique.
Durante el siglo XIX, ciudadanos chinos llegaron a la zona atraídos por la bonanza económica que generó el salitre.

Italianos en la zona

La extracción de salitre no sólo trajo consigo el desarrollo de capitales chilenos y peruanos, sino que también provocó una fuerte inmigración del empresariado del Viejo Mundo.

En 1898 ya estaba en su apogeo la “europeización” en la industria del salitre.

El Censo Nacional de 1885 demostró que la colectividad más numerosa era la italiana con 490 habitantes, seguida por 411 inglreses y 195 alemanes.

El italiano más destacado fue Pedro Gamboni, quien en 1850, revolucionó la producción del salitre, adaptándole la fuerza del vapor y haciendo técnicamente posible su desenvolvimiento a grane scala.

La mayoría de las familias italianas desarrollaron negocios basados en el comercio con las salitreras y surtidores de variados productos en Iquique, Pisagua y otras localidades menores. Algunas de ellas, como los Solari y Sacco, mantienen aún esa tradicional actividad.

Los ingleses en Tiliviche

George Smith y John Thomas North son dos de los principales exponentes de la presencia británica en la Región de Tarapacá. Cada uno de ellos representa el perfil del inversionista europeo que llegó para amasar una fortuna a través de la explotación del salitre.

Smith recorrió la pampa buscando las vetas del mineral y al mismo tiempo realizó dibujos de alto nivel sobre las actividades de la pampa, trazó mapas de la región y describió la flora y fauna de la zona.

En tanto que North se dedicó a amasar un imperio comercial que abarcó la industria salitrera, el ferrocarril y el servicio de aguas en Iquique.

Ambas historias están íntimamente relacionadas con el desarrollo del salitre y la vida de Iquique. El punto en común de ambos hombres se encuentra en la quebrada de Tiliviche, donde se reunía la sociedad británica de esa época. Tiliviche era considerado un oasis inglés en medio de la pampa.

El estero de Tiliviche cruza la Pampa del Tamarugal permitiendo en sus alrededores la práctica de la agricultura.

La hacienda de Tiliviche perteneció desde mediados del siglo XIX a ingleses con intereses en la industria del salitre.

Aún existe la casa patronal de la hacienda con su típica arquitectura rural inglesa.

La abundante población inglesa asentada entre Zapiga y Huara, la lejanía del puerto de Iquique y la ausencia en la pampa de cementerios organizados, llevaron a la colonia inglesa a establecer un cementerio propio.

El cementerio fue fundado en 1876 y fue emplazado en la ladera norte del estero, llegando a cubrir unos 3 mil metros cuadrados.

Está cercado por una reja de fierro puesta sobre un pequeño muro de piedra estucada, cuyos barrotes terminan en puntas de flecha.

El cementerio continene más de 100 tumbas. El último entierro ocurrió en 1974. Las sepulturas están indicadas con sencillas cruces de fierro, piedra y madera.

El estero de Tiliviche cruza la pampa del Tamarugal. La hacienda es la construcción principal que resalta desde la carretera.
El cementerio de Tiliviche es un testimonio de la presencia inglesa en la zona de Tarapacá.

Los cuatro nombres de Iquique

Iquique ha tenido cuatro nombres diferentes a través del tiempo. En el siglo XVI se le denominó Puerto de Tarapacá, debido a que era la salida que tenían los poblados del interior hacia Perú y otros destinos de ultramar. En el siglo XVII se le conoció como puerto de Ike Ike, situación que coincidía con la denominación que le entregaban los nativos de pueblos originarios.

A fines del siglo XVII los españoles, denominaron a este sector como Nuestra Señora de la Concepción de Iquey, nombre que correspondía la costumbre hispánica de bautizar a las localidades con el nombre un santo patrono y luego con la identificación geográfica del lugar.

Finalmente, al comenzar el auge salitrero durante el siglo XIX la pequeña caleta y puerto recibió su actual denominación como Iquique.

El nombre de “Iquique” proviene del aymara Iquique, cuyo significado es “sueño” y “cama”. Según el profesor Eduardo Lamagdelaine, los habitantes del altiplano y la precordillera sufrían las consecuencias del gran cambio de altitud que existía entre sus aldeas y el puerto. Esto originaba un incontenible deseo de dormir cuando llegaban a la costa y por ello emplearon este vocablo para identificar la zona.

También existen otras versiones según la cual Iquique significa “dormida en el camino”.

Lamagdelaine agrega también que la palabra Ike Ike puede significar “buche” , aludiendo a los pájaros que anidaban en la ex Isla Serrano, en donde actualmente se encuentra el espigón del puerto. 

El auge de Iquique

Según las investigaciones del historiador iquiqueño Leonel Lamagdelaine, Iquique no tuvo un desarrollo significativo hasta mediados del siglo XIX.
En los primeros años de ese siglo, sólo era «una pobre caleta de pescadores».
La zona oriente, más cercana a la costa, se encontraba prácticamente deshabitada. La construcción más separada de la playa era una casa de piedra de un piso edificada en 1768. de acuerdo a los archivos se ubicaba en lo que hoy es la intersección de Luis Uríbe con Bolívar y pertenecía a la familia Cuadros, quienes tuvieron la autorización del rey de España para explotar el guano de la isla que hoy conocemos como Serrano.
En 1832 esta casa fue vendida a Atanasio Tnaxas con su «buitrón» que era un patio para el depósito de minerales. En el terreno en el que actualmente se encuentra la Aduana había otra casa de piedra que perteneció a María de Eleustondo. Frente a esta propiedad se encontraba la celta de desembarco por donde se realizaba el escaso comercio que tenía Iquique.
Había también otro edificio de piedra en las vecindades actuales de calles Pedro Lagos y Serraño. Se supone que ahí estaba la primera iglesia de Iquique; junto a ella, se ubicaba el Cementerio.

Desarrollo Urbano de Iquique

A juicio de la especialista en el patrimonio iquiqueños, Cora Moragas, a comienzos del siglo XIX, la ciudad no ofrecía ningún atractivo para las principales familias de la provincia, quienes permanecían asentadas en los valles y oasis interiores.
Sólo fue a partir de 1830 cuando el puerto de Iquique cobró importancia debido a los primeros embarques de salitre. Esta actividad generó posteriormente la construcción de nuevos edificios fiscales y residenciales. Los extranjeros dueños de minas de plata o de yacimientos salitreros se instalaron en el barrio residencial «La Puntilla» . En el barrio «El Morro», vivían los mestizos, y los indios y negros en la Península de Cavancha.
En 1830 los embarques se hacían desde la playa en balsas de cuero de lobo. Poco después se construyeron los primeros muelles formales para facilitar la operación en pequeños botes.
El poblado de Iquique comenzó a presentar en un corto lapso el panorama de un sitio animado por un continuo movimiento portuario y por un incipiente comercio.
En 1840 los registros indicaban un crecimiento espontáneo hacia el este y el sur; partiendo del antiguo trazado que avanza desde el puerto.
Ancestrales caminos prehispánicos reutilizados durante la Colonia, determinaron las direcciones de las primeras calles. El primer camino central llegaba al puerto por la costa desde Bajo Molle (calle Pedro Lagos), bajando los cerros desde Alto Hospicio (Latorre) y desde la Quebrada de Huantaca (Calle Sotomayor).

– Calle de la Aduana, actual Aníbal Pinto, tenía una gran actividad comercial y portuaria. Su desarrollo estuvo ligado íntimamente a la producción salitrera en la pampa.
– El alumbrado público de Iquique era conformado por lámparas a gas. En tanto que las casas eran iluminadas con diferentes tipos de combustible, desde aceites, hasta alcohol. Todo dependía del nivel económico de la familia.


Terremotos y Maremotos en Iquique


El rápido avance del puerto fue detenido por constantes catástrofes naturales y grandes incendios que hicieron estragos dentro de la población. El 13 de agosto de1868 ocurrió el gran terremoto de Iquique que también afectó Arequipa, Moquehua, Tacna y Arica. El sismo derrumbó en iquique decenas de casas y la posterior salida de mar provocó grandes daños estructurales en el puerto. 

Pero la destrucción trajo algo positivo. El precio del salitre aumentó de 10 a 15 chelines, lo que generó mayores divisas ante la escasez obligatoria del mineral. Este fue otro factor que incidió en el crecimiento de las oficinas salitreras. 

Es así como entre 1870 y 1877 aumentó en forma explosiva la demanda de salitre en Perú y Europa. En 1875 fondearon mil 249 barcos en Iquique. 

Ese mismo año, en la madrugada del 8 de octubre, se registró un incendio de proporciones que destruyó 20 manzanas de la ciudad. 

Luego en 1877 un nuevo terremoto se sintió en Iquique y Patillos, dejando nuevamente el puerto sumido en la destrucción. Dos años después, las crónicas establecen para el 9 de mayo de 1879 otro tsunami que afectó las instalaciones portuarias, destruyendo muelles. 

En 1880, la historia se repite durante la Guerra del Pacífico cuando Iquique llevaba pocos meses ocupada por tropas chilenas, un incendio de proporciones épicas consumió en unas cuantas horas treinta manzanas del centro de la ciudad. El siniestro redujo considerablemente la capacidad comercial y mercantil de la ciudad, como también su número de habitantes. 

Ya para ese entonces el conflicto bélico entre Chile, Perú y Bolivia había causado cambios en la tranquila vida de la gente iquiqueña. 

Los terremotos en el siglo XIX provocaron grandes cambios en el paisaje urbano de Iquique. Varias edificaciones históricas desaparecieron en esta época.




La odisea del agua


El agua siempre ha sido un bien escaso en Iquique. Más aún cuando comenzó el desarrollo de las faenas mineras en Huantajaya y posteriormente en la pampa salitrera. El agua era traída por barco o en mula desde Pisagua, Pozo Almonte y Arica. 

En 1764 el irlandés Antonio O’Brien fue el primero que intentó organizar un suministro constante de agua potable. Su iniciativa fracasó. Sólo hasta mediados del siglo XIX cuando llegaron los primeros inversionistas dedicados exclusivamente a este rubro, la ciudad pudo contar con este servicio en algunos de sus barrios. 

En 1840 Bernardo Digoy instaló en Iquique la primera máquina para condensar agua de mar y catorce años más tarde, se contabilizadas tres de estos dispositivos. Sin embargo, el servicio era irregular. Aún era común traer agua desde Valparaíso o importar hielo desde Lima. 

En 1856 instalaron en Cavancha una máquina para hacer hielo. Además de atender a Iquique, cubría los pedidos de Lima, Guayaquil y Panamá. 

Fue el ingeniero Federico Torrico quien realizó las primeras prospecciones en la región y determinó que las napas subterráneas de Pica eran las mejores para el consumo humano. Sin embargo, el intento de llevar agua desde la pampa a la costa fracasó por falta de recursos por parte del gobierno peruano. Luego vendría la Guerra del Pacífico y con ello el atraso en los planes de dotar a la ciudad de agua más limpia. 

Durante la Guerra incluso hubo bloqueo para que las desalinizadoras llevaran el líquido hacia otros destinos, como también los embarques que ingresaban a la ciudad. 

En 1890, la empresa “The Tarapacá Water Works” transportó el suministro a través de cañerías desde las vertientes de Pica, motivando de esta manera la disminución de los cultivos de viñedos en el oasis. La inversión tuvo un costo de 400 mil libras. El servicio era autorizado por la Municipalidad de Iquique y ofrecido por la empresa que era de propiedad de Thomas North, llamado el rey del salitre. 

Siglo XX


A fines de la década de 1910, sólo el 17 por ciento de la población iquiqueña contaba con cañerías de agua potable a domicilio. El resto de la gente debía obtenerla a través de revendedores. En 1920 el ministerio de Industria y Comercio inició obras para ampliar el servicio a toda la ciudad. 

En 1940 el gobierno creó la Dirección de Obras Sanitarias, DOS, quien amplía la red regional. En 1977 surge Sendos y en 1990 se constituyó la empresa de Servicios Sanitarios de Tarapacá, Essat, que corresponde a una sociedad anónima abierta. En 1999 Essat anunció la puesta en marcha de la aducción de El Carmelo. Esta instalación, en conjunto con el sistema Canchones, aseguró el suministro de agua potable hasta el año 2040. 

La única manera de llevar agua a las casas iquiqueñas era través de carretas especiales que ofrecían sus servicios por todas las calles de la ciudad


Inmigrantes en el siglo XIX


En 1835, Charles Darwin en su visita a Iquique había estimado la población de la ciudad en 1.000 habitantes; sin embargo, hacia el año 1876 Iquique ya sobrepasaba los 19.000 habitantes. Por esta época fueron construidos nuevos edificios fiscales y particulares, ya que muchos habían sufrido daños en el maremoto y terremoto de 1868. Entre los nuevos edificios destacan el de la Aduana, levantado en 1871, y la torre del reloj de la Plaza de Armas, de 1877; la cual originalmente se ubicó frente a la calle Luis Uribe, siendo trasladada al centro de la plaza en 1899.

Otra manera de analizar el nivel cosmopolita de Iquique durante el siglo XIX lo entrega el historiador Carlos Donoso.

Señala que entre 1895 y 1920 ciudadanos de 39 nacionalidades habitaron en el Departamento de Tarapacá. “Eran técnicos contratados por la industria salitrera, aventureros en busca de riqueza, fugados de la justicia o simplemente necesitados que llegaron a la zona y se quedaron. En un periodo de 25 años la provincia fue la zona del país con mayor número de extranjeros”.

En 1895 había 735 británicos, 695 italianos, 279 austriacos. La tendencia se mantuvo entre 1907 y 1920.

Mientras gran parte de los migrantes europeos se dedicaba principalmente al comercio o eran empleados particulares, los latinoamericanos oficiaban como jornaleros.

Cualquiera sea el trabajo, sin embargo, muy pocos de los extranjeros tenían entonces intenciones de perpetuar su estada en la zona. Entre 1895 y 1907 solo se consignaron 54 solicitudes de nacionalización.

A fines del siglo XIX la inmigración inglesa era común en tierras iquiqueñas. En esta foto dos ciudadanos de procedencia británica disfrutan de Playa Brava. En ese tiempo llegar hasta este lugar era un viaje hacia las afueras de la ciudad.

Familias del salitre

El investigador Alvaro Carevic Rivera destaca el trabajo que desarrollaron algunas familias durante los primeros años del ciclo salitrero. Unidos al desarrollo de la naciente industria salitrera se encuentran los nombres de algunas de las principales familias de la época. Entre ellas hay que destacar a los Arias, Hidalfo, Carpio y Tinajas. Especial mención merece Antonio Tinajas, quien llegó a transformarse en uno de los hombres más ricos de la región.

En 1810 numerosos chilenos empezaron a incorporarse a las faenas salitreras y trabajaron en todos los niveles, desde operarios hasta directivos. Uno de estos casos fue Julián Fierro, administrador general de la oficina de Negreiros y director de todas las faenas de elaboración en esa empresa.

Toda la producción marítima de salitre y de plata se transportaba por vía marítima. Esto significó el progresivo desarrollo de Iquique, que se convirtió en el principal puerto de la provincia. Mientras tanto, el curso de la emancipación americana había transformado el antiguo virreinato en la naciente república de Perú.

Desde el punto de vista local, el orden instaurado se tradujo en la emigración de algunos propietarios españoles, quienes vendieron o arrendaron sus calicheras a otros empresarios mejor relacionados con las nuevas autoridades.

Entre 1828 y 1830 los nombres más destacados en la explotación de salitre fueron los de Juan Alba, Félix Bustos, Hermenegildo García y el chileno Santiago de Zavala, vinculado a destacadas familias de Chile y Perú.

A este empresario chileno corresponde el mérito de haber efectuado los primeros embarques de salitre a Estados Unidos y a Europa. En 1830 el bergantín “Globo” llevaba el primer cargamento a Norteamérica, mientras que el “Intrépido” zarpaba hacia Francia.

Cinco años después, el comercio del salitre empezaba a generalizarse. Iquique recibía al mes tres a cuatro barcos que cargaban el producto con destino a los Estados Unidos, Francia, Inglaterra e Italia.

La presencia china

Entre los grupo extranjeros, la colonia china fue una de las más numerosas.

La presencia de ciudadanos chinos en Iquique se remonta al desarrollo de la industria del guano y luego en la salitrera. Lamentablemente en estos lugares muchos de los inmigrantes recibieron maltrato y engaño.

La vida para los chinos que trabajaron en el siglo pasado en las guaneras y minas ubicadas en las cercanías de Iquique, no fue grata. Eran “enganchados” en Oriente con la promesa de probar fortuna en América. Antes de subir al barco debían firmar un contrato que los amarraba por ocho años. Si sobrevivían ese lapso debían trabajar otro periodo similar para pagar el pasaje en barco que utilizaron.

Dormían a la intemperie, cargaban sacos de 50 kilos por estrechos senderos al borde de precipicios. Muchos de ellos morían antes de “pagar” su llegada a la zona.

La presencia de chinos de la zona se remonta a principios del siglo XVII con la llegada de barcos que traían esclavos a trabajar en las guaneras de Iquique.
Durante el siglo XIX, ciudadanos chinos llegaron a la zona atraídos por la bonanza económica que generó el salitre.

Italianos en la zona

La extracción de salitre no sólo trajo consigo el desarrollo de capitales chilenos y peruanos, sino que también provocó una fuerte inmigración del empresariado del Viejo Mundo.

En 1898 ya estaba en su apogeo la “europeización” en la industria del salitre.

El Censo Nacional de 1885 demostró que la colectividad más numerosa era la italiana con 490 habitantes, seguida por 411 inglreses y 195 alemanes.

El italiano más destacado fue Pedro Gamboni, quien en 1850, revolucionó la producción del salitre, adaptándole la fuerza del vapor y haciendo técnicamente posible su desenvolvimiento a grane scala.

La mayoría de las familias italianas desarrollaron negocios basados en el comercio con las salitreras y surtidores de variados productos en Iquique, Pisagua y otras localidades menores. Algunas de ellas, como los Solari y Sacco, mantienen aún esa tradicional actividad.

Los ingleses en Tiliviche

George Smith y John Thomas North son dos de los principales exponentes de la presencia británica en la Región de Tarapacá. Cada uno de ellos representa el perfil del inversionista europeo que llegó para amasar una fortuna a través de la explotación del salitre.

Smith recorrió la pampa buscando las vetas del mineral y al mismo tiempo realizó dibujos de alto nivel sobre las actividades de la pampa, trazó mapas de la región y describió la flora y fauna de la zona.

En tanto que North se dedicó a amasar un imperio comercial que abarcó la industria salitrera, el ferrocarril y el servicio de aguas en Iquique.

Ambas historias están íntimamente relacionadas con el desarrollo del salitre y la vida de Iquique. El punto en común de ambos hombres se encuentra en la quebrada de Tiliviche, donde se reunía la sociedad británica de esa época. Tiliviche era considerado un oasis inglés en medio de la pampa.

El estero de Tiliviche cruza la Pampa del Tamarugal permitiendo en sus alrededores la práctica de la agricultura.

La hacienda de Tiliviche perteneció desde mediados del siglo XIX a ingleses con intereses en la industria del salitre.

Aún existe la casa patronal de la hacienda con su típica arquitectura rural inglesa.

La abundante población inglesa asentada entre Zapiga y Huara, la lejanía del puerto de Iquique y la ausencia en la pampa de cementerios organizados, llevaron a la colonia inglesa a establecer un cementerio propio.

El cementerio fue fundado en 1876 y fue emplazado en la ladera norte del estero, llegando a cubrir unos 3 mil metros cuadrados.

Está cercado por una reja de fierro puesta sobre un pequeño muro de piedra estucada, cuyos barrotes terminan en puntas de flecha.

El cementerio continene más de 100 tumbas. El último entierro ocurrió en 1974. Las sepulturas están indicadas con sencillas cruces de fierro, piedra y madera.

El estero de Tiliviche cruza la pampa del Tamarugal. La hacienda es la construcción principal que resalta desde la carretera.
El cementerio de Tiliviche es un testimonio de la presencia inglesa en la zona de Tarapacá.

Los cuatro nombres de Iquique

Iquique ha tenido cuatro nombres diferentes a través del tiempo. En el siglo XVI se le denominó Puerto de Tarapacá, debido a que era la salida que tenían los poblados del interior hacia Perú y otros destinos de ultramar. En el siglo XVII se le conoció como puerto de Ike Ike, situación que coincidía con la denominación que le entregaban los nativos de pueblos originarios.

A fines del siglo XVII los españoles, denominaron a este sector como Nuestra Señora de la Concepción de Iquey, nombre que correspondía la costumbre hispánica de bautizar a las localidades con el nombre un santo patrono y luego con la identificación geográfica del lugar.

Finalmente, al comenzar el auge salitrero durante el siglo XIX la pequeña caleta y puerto recibió su actual denominación como Iquique.

El nombre de “Iquique” proviene del aymara Iquique, cuyo significado es “sueño” y “cama”. Según el profesor Eduardo Lamagdelaine, los habitantes del altiplano y la precordillera sufrían las consecuencias del gran cambio de altitud que existía entre sus aldeas y el puerto. Esto originaba un incontenible deseo de dormir cuando llegaban a la costa y por ello emplearon este vocablo para identificar la zona.

También existen otras versiones según la cual Iquique significa “dormida en el camino”.

Lamagdelaine agrega también que la palabra Ike Ike puede significar “buche” , aludiendo a los pájaros que anidaban en la ex Isla Serrano, en donde actualmente se encuentra el espigón del puerto. 

Capítulo 7: Historia del Salitre en la Región de Tarapacá

La industria del salitre comenzó en La Tirana hasta donde un grupo de indígenas llevaba el caliche extraído de la pampa y lo procesaba con una técnica milenaria que los incas habían desarrollado para usarlo en la agricultura.

Historia del Salitre
Los primeros en utilizar el salitre fueron los alquimistas chinos. Los monjes de la secta Tao, seguidores de la filosofía de Lao Tse, iniciaron los experimentos con este y otros minerales. Ellos descubrieron el modo de preparar el alumbre. el cristal, el salitre y el finalmente, la pólvora.
Existen antecedentes históricos que indican que la pólvora fue utilizada por los chinos y los romanos antes de Cristo, aún cuando no conocían su fuerza explosiva y la utilizaban sólo como medio para incendiar cosas a través del arco y la flecha.
Hasta el momento se tiene establecido que fueron los chinos los que primero utilizaron el salitre para sus trabajos de alquimia, mucho antes de la Era Cristiana, derivándose, posteriormente, de esos trabajos los fuegos artificiales alrededor del siglo VI.
Pero la pista del nitrato y de la pólvora se hace más clara a partir de los trabajos alquímicos de algunos árabes. Debido a esto se le adjudica al alquimista Geber ser el precursor de los cristales del salitre, a fines del siglo VIII.
En el siglo XII, se dieron a conocer por primera vez los escritos de Marcus Grecus, quien llamó a este nitrato Sal Patrossun o Sal Patressi. Sólo en el siglo XIII, gracias a Raimundo Lulio, se generalizó el nombre de Sal Niter; sal de nitrato, o simplemente Nitro. Salitre viene el latín «Sal Nitrum».
Alberto El Grande, en sus obras herméticas, escritas en 1250, dice qe en 1173 se usaban en Persia fuegos artificiales. En el siglo XIII en Europa los alquimistas árabes empezaron a recurrir al salitre para esos mismos fines.
De esta forma, los primeros usos de la pólvora explosiva en Europa habrían ocurrido en 1331, en el norte de Italia. Su aplicación iba a tener, en el campo militar, una influencia extraordinaria al desplazar a las antiguas composiciones incendiarias y dar paso a nuevas armas de guerra, artefactos que lanzaban proyectiles gracias a la enorme fuerza impulsora.

– Los chinos fueron los primeros en utilizar el salitre para fabricar pólvora. Los conocimientos adquiridos por esta cultura fueron traspasados a Europa en el Siglo XV.

Europa y España

Desde fines del siglo XV, las pólvoras españolas eran consideradas las mejoras de Europa. Se construyeron fábricas en Navarra, Cataluña, Barcelona y Aragón.
La buena calidad de la pólvora se debía al método utilizado en su elaboración. El salitre se lavaba repetidas veces en grandes artesas para despojarle los cuerpos extraños y luego se le sometía a cocción en una caldera, con lo que perdía parte de los cloruros y otras sustancias. El carbón y el azufre se trituraban a mano, con mazos de madera, hasta reducirlos a polvo.
A partir de esto, el desarrollo de la industria de guerra dio una creciente importancia al nitrato.
A poco andar, el nitrato obtenido en las cuevas salitreras y de las «plantaciones, no daba abasto. De esta manera se hizo necesario ir a buscarlo en el Oriente y luego en américa.
Sin darse cuenta, la provincia de Tarapacá tomaría un inusitado interés por parte de los españoles.

– La pólvora negra, que utilizaron los españoles durante la Conquista, corresponde a una mezcla de un 75 por ciento de nitrato potásico (salitre), 15% de carbón y un 10% de azufre.

Tarapacá, cuna de la industria

Varias historias relatan la manera en que indígenas y españoles descubrieron la importancia del salitre. Una de ellas corresponde a la leyenda del cura de Camiña.
Dos indígenas acamparon en la pampa. Para protegerse del frío encendieron una fogata y con mucha sorpresa vieron que de la tierra surgieron chispas y fogonazos.
Ambos aymaras huyeron del lugar y le contaron lo que ocurrió al cura de Camiña.
El sacerdote visitó el lugar y volvió al poblado. Analizó la tierra y comprobó que contenía nitrato de potasio. Comprendió que este componente servía para la preparación de pólvora.
El resto de la tierra de muestra la arrojó en el patio de la casa parroquial. Las plantas crecieron más allá de lo habitual. El cura recomendó el caliche como «excelente tónico para el reino vegetal».
El historiador Lamagdelaine, indica que la leyenda del cura de Camiña es un ejemplo de la antigüedad del uso del caliche. Sin embargo, el relato carece de fundamento. La parroquia de Santo Tomás de Camiña se fundó a mediados del siglo XVII y las primeras oficinas nacieron en 1800.
A pesa de estas diferencias de fechas, Tarapacá fue la cuna de la industria salitrera y es natural que los pobladores originarios de esta comarca hayan tenido una participación muy directa en la elaboración en la extracción del caliche.
Así como en China se conocía la existencia del salitre; los miembros delos pueblos originarios conocían las propiedades de esta mineral y lo utilizaron artesanalmente. Pedro fue sólo después del auge de Huatajaya cuando usaron los antiguos fondos o pilas de cobre que se habían ocupado en las faenas de los minerales de plata para preparar el salitre.
Según los antecedentes históricos , ya en 1775 habían personas interesadas en explorar el salitre y encontrar un medio eficaz para beneficiar el caliche, con el objeto de reemplazar las pailas de cobre que estaban en uso. Para lograr un desarrollo industrial como el que se conoció en el esplendor del salitre aún faltarían cien años de historia.

Olla del indio
Los Incas utilizaron vasijas metálicas en donde cocían el caliche en una fogata. Luego el material era disuelto en un caldo hirviente era traspasado a otro recipiente en donde se decantaba y surgían los cristales de salitre depurado.
Este proceso, conocido como «Olla del indio», se repititió durante siglos hasta que los españoles le agregaron algunas mejoras para acelerar el trabajo y la cantidad de salitre extraído en cada cocción.
Los fondos metálicos estaban en una construcción cuadrada, hecha de piedra y arcilla, se encendía una hornilla para cocer el caliche extraído en forma manual en pleno desierto.
Luego del trasvasije de los caldos, el material era secado al sol hasta que el salitre se separaba de la costra que quedaba pegada al recipiente.
Con este proceso, la industria del salitre se encontraba en espera de la demanda del material incentivara la producción en masa.

– Rudimentarios procedimientos ejecutaron los primeros españoles e indios que extrajeron el caliche en la pampa.

Criaderos de salitre
En 1709 llegó a España un rumor sobre Chile: la comarca tiene grandes criaderos de salitre en la zona de Tarapacá.
desde esta manera se dictó la Cédula Real del 22 de enero de 1970., que indicó la constitución de una fábrica para aprovechar el recurso en al producción de pólvora.
El motivo de esta orden se debía principalmente a que la fábrica de pólvora que existían en Perú entraba en una especie de retroceso y escaseaban sus insumos para la industria bélica.
Ante esta situación, en el sector sur de lo que actualmente es La Tirana, los españoles iniciaron la producción de caliche.
Cortaron los tamarugos para convertirlos en carbón, utilizaron el agua para el proceso de conversión y trajeron azufre desde el altiplano. Con estos tres elementos lograron prepara pólvora de regular calidad.
A principios del siglo XVII de 45 minas que existía en el corregimiento de Tarapacá, sólo 17 eran explotadas e 28 se encontraban con un número limitado de trabajadores. La situación económica no era buena y las condiciones de vida no mejoraban excepto en las quebradas y oasis.

Comienza la extracción
La industria del salitre comenzó en La Tirana hasta donde un grupo de indígenas llevaba el caliche extraído de la pampa y lo procesaba con una técnica milenaria que los incas habían desarrollado para usarlo en la agricultura.
Este producto servía para cubrir las necesidades de pólvora de toda la zona de Tarapacá. y en algunos casos era enviado a Perú para abastecer a los ejércitos de la corona española.
Sin embargo, la industria incipiente siempre estuvo en un bajo perfil debido principalmente a su baja calidad y al rudimentario proceso de elaboración, que existía desde tiempos inmemoriales.
Incas y aymaras conocían las propiedades del caliche. Lo pulverizaban con un mazo y después lo usaban como fertilizante en sus cultivos de papa y maíz. También lo ocupaban como insumo para crear una especie de pólvora que servía para sus prospecciones en las minas de Huantajaya, Pariquina, Casicsa y Virquinta.
Más tarde el proceso evolucionó técnicamente hasta transformarse en el primitivo «sistema de paradas» que siglos más tarde sería la base para la industria del salitre.

Industria bélica
En 1775 los Reyes de España tuvieron el interés de producir nitrato potásico y durante varias décadas enviaron a científicos a Perú a perfeccionar el sistema de elaboración del salitre de alta calidad.
Esta búsqueda del método se prolongó hasta 1809. Ya en esa fecha la necesidad de conseguir nitrato potásico para la pólvora era urgente para toda la colonia española en América. La amenaza de Napoleón de invadir España y el continente americano obligó a la corona a desarrollar aún más su industria para la guerra.
Ante esto el virrey del Perú, Gil de Taboada, pidió aumentar la producción, lo que a su vez generó la imperiosa necesidad de extraer caliche de Tarapacá.
Las primeras exportaciones comenzaron en 1806. Los arrieros bajaban el caliche en bruto con mulas para ser embarcado en Iquique y enviado a El Callao.

– El ejército de Napoleón era una amenaza para la corona española en Europa y las colonias existentes en América. La monarquía necesitaba tener a sus tropas bien abastecidas de pólvora y armamentos,.
– Durante el siglo XVII y XVIII el salitre exportado desde Tarapacá sirvió para la fabricación de pólvora en Perú. y en la industria bélica que funcionó en Europa. Durante esta época la pólvora era transportada en depósitos especiales finamente elaborados.

En busca de una fórmula

Durante años, los terratenientes españoles siguieron indagando para conseguir un producto de mayor calidad.
Fue así que el 15 de julio de 1809, el diario «Minera Peruana» publicó un artículo que informaba sobre el naturalista «Tadeo Haencke». Este científico encontró la manera de convertir el nitrato de sodio en potásico, o sea, salitre bruto en refinado especial para la fabricación de la pólvora.
Con esta información los industriales españoles Sebastián de Ugarrisa y Matías de la Fuente, quienes explotaban el caliche de la pampa, fueron en búsqueda de Haencke para que les entregara la fórmula.
El científico se encontraba en la hacienda de Santa Cruz de Elicona, ubicada cerca de Cochabamba en el Alto Perú. Hasta allá llegaron los industriales españoles, quienes consiguieron la valiosa información de Haencke.
Con este método, los empresarios comenzaron la explotación de las primeras oficinas salitreras entre 1810 y 1822 en Pampa Zapiga, Pampa Negra y Negreiros. La producción de salitre refinado iba a Lima y en menor porción a Chile.
Entre 1812 y 1813, el millonario salitrero Sebastián de Ugarrisa despacha a El Callao siete cargamentos de salitre, lo que lo convirtieron en el principal productor de este mineral en América.

Negreiros fue el lugar de abastecimiento, entretención y conexión de la zona más al norte de Tarapacá. En este poblado estuvo radicada la Sociedad de Socorros Mutuos de Trabajadores de la Pampa, fundada el 11 de marzo de 1894. Al parecer el nombre de Negreiros viene de un industrial portugués que explotó este sector de la pampa.
Zapiga siempre estuvo vinculada al puerto de Pisagua. Su desarrollo estaba directamente relacionado con la estación de trenes. A comienzos del siglo XX su población llegó a las 500 personas. Su calle principal era «avenida Brasil», donde se ubicaba el comercio del pueblo.

La vieja y nueva Pisagua

En 1810 Pisagua era una caleta semi abandonada de pescadores acostumbrados sólo a recibir periódicamente embarcaciones aguadoras de Iquique. Según el investigador Mario Zolezzi, durante esa época comenzaron a llegar esporádicamente veleros para tomar pequeños cargamentos de salitre rumbo a El Callao y Talcahuano.
En el transcurso de la guerra de independencia de Perú, la industria salitrera tomó su primer impulso gracias a la necesidad de tener salitre y fabricar pólvora.
La pequeña ensenada de Pisagua no estaba capacitada para afrontar la actividad marítima derivada del comercio de exportación del nitrato de sodio.
Por este motivo se procedió a abandonar el caserío para establecer un nuevo emplazamiento de la caleta salitrera en el litoral vecino, situado inmediatamente al sur de Punta Pisagua.
El modesto poblado se levantó en la costa sur de la rada, al abrigo de Punta Pichalo. Recibió la denominación de Huayna Pisagua, es decir, Nueva Pisagua. Tiempo después el nombre se simplificó y sólo se llamó Pisagua. En cambio, la infortunada caleta de la quebrada de Tana empezó a ser llamada Pisagua Viejo.
De acuerdo a Zolezzi no existe fecha exacta del traslado de Pisagua. Pero se estima que ocurrió entre 1831 y 1835.
El diario El Comercio de Lima, el 26 de mayo de 1856, dice en sus páginas que «Huayna Pisagua que no figuraba en otro tiempo sino como una miserable caleta, hoy día toma importancia por su comercio y población que asciende a mil habitantes».
Años después, su mayor actividad justificaba que la caleta fuera elevada a la categoría de puerto menor. Esta necesidad se convirtió en un gran anhelo del poblado. Esto ocurrió recién el 22 de mayo 1862.

Tadeo Haencke, padre del salitre

Tadeo Haencke fue conocido en el mundo entero como naturalista. Sus estudios abarcaron la botánica, zoología y geología. Nació el 6 de diciembre de 1761 en Kreibitz, ciudad ubicada en la región de bohemia, actual Eslovaquia.
Haencke estudió en Praga, en donde aprendió matemáticas y astronomía. En 1780 ingresó a la universidad local y luego a la universidad de Viena. Allí se especializó en botánica, medicina y minerología.
En 1789, el gobierno de España desarrolló una expedición científica , la más importante en su época. El comandante de la empresa, Alejandro Malaspina, solicitó a la universidad de Viena a un botánico. La elección recayó en Haencke, quien tenía 28 años y era reconocido entre sus pares.
Haencke llegó atrasado. Las corbetas «Descubierta» y «Atrevida» zarparon de Cádiz días antes. Así que tomó otro barco para alcanzarlos. Sin embargó, naufragó en Río de la Plata y el joven naturalista se salvó nadando. Permaneció en Montevideo por un tiempo y aprovechó de conocer la zona. Recolectó casi 800 plantas. En diciembre llegó a Buenos Aires, pero nuevamente estaba atrasado unos días.
Haencke inspeccionó el río Las Conchas y el Paraná, recogió 600 especies botánicas y tomó notas zoológicas y mineralógicas durante dos meses.
En febrero de 1790, decidió atravesar Argentina y dirigirse a Chile, en un viaje que para la época resultaba casi imposible. Haencke lo hizo; primero registró las sierras cordobesas y puntanas y llegó a Mendoza en marzo, con 500 nuevas plantas en su colección. A fines de ese mes, cruzó la cordillera, juntando otras 600 plantas de la flora de montaña.
Llegó el 2 de abril a Santiago de Chile, y allí, por fin pudo encontrar a varios integrantes de la expedición, aunque no a las corbetas, que esperaban en Valparaíso.
Integrado a la expedición, llegó a El Callao. Entonces, pidió permiso a Malaspina para regresar a Buenos Aires por tierra; en esa ciudad abordaría una de las corbetas (que volvería por el Cabo de Hornos) y regresar luego a España. Así le fue concedido y Haenke inició una larga marcha a través de Perú, Bolivia y el norte argentino. En ese periplo, ascendió al volcán Misti, de 5.300 metros sobre el nivel del mar, lo que resultó toda una hazaña, visitó Cuzco y Arequipa, La Paz, el norte boliviano, el lago titicaca, el monte nevado de Ancohuma ( de 6.500 metros), Potosí y Cochabamba. En ese lugar interrumpió su viaje, sin motivo conocido, por lo que Malaspina que esperaba en Buenos Aires, decidió regresar sin él.
En Boliva, Haencke estudió la flora, la fauna y la mineralogía del territorio, ejerció la medicina e introdujo por primera vez la técnica de la vacunación. También se especializó en el estudio de las plantas autóctonas con propiedades farmacológicas.
Más tarde, Haencke se las arregló para llegar a España, donde en 1795 publicó Descripción, de Perú y Buenos Aires.
Luego regresó a América y a Cochabamba, donde escribió la introducción a la Historia Natural de la Provincia.
Hacia 1807, marcó a Buenos Aires, donde actuó en el ejército durante las invasiones inglesas, como instructor de las milicias y especialista en la fabricación de pólvora mediante la purificación de salitres. Luego regresó a Cochabamba donde en 1817 un accidente doméstico le provocó la muerte.

Tadeo Haencke nació en la región de Eslovaquia en 1761 y falleció en Cochabamba en 1817.
El proceso de la tronadura requería preparación. Los trabajadores enterraban los cartuchos de dinamita a un metro de profundidad. Luego de la explosión, los costrones quedaban expuestos a nivel del terreno.

Sistema de Paradas

Con la base de conocimiento Inca y el trabajo desarrollado en menor escala por los primeros colonizadores españoles para tener fertilizante destinado a sus cultivos en las quebradas, se logró dar los primeros pasos en la incipiente industria salitrera.
Al principio, la empresa era extremadamente rudimentaria y se dividía principalmente en tres etapas: la extracción del caliche con mazos y chuzos y el traslado del material hasta la «oficina» ; el procesamiento del mineral y la comercialización del mismo.
El sistema de paradas, como lo llamaron los industriales españoles, era similar a la técnica que desarrollaron los indígenas. La diferencia estaba en el volumen de producción y los materiales que utilizaban en el proceso.
Separados de esta estructura había dos estanques, llamados en la época dorada del salitre como «chulladores», en los que se revolvían los caldos y se clarificaban luego de ser hervidos en los fondos metálicos. El traspaso entre ambos recipientes en una primera época se hacía con grandes cucharones y luego a través de un sistema de canaletas.
Las bateas cristalizadoras eran de madera y planas, tenían poca profundidad y estaban depositadas en pequeños muros de piedras y barro. En esta última etapa se lograba captar el nitrato potásico en la pureza necesaria que exigían los mercados de Perú y Europa.
Junto a estas faenas se levantaban las chozas de los trabajadores y la oficina de administración. Este sistema recibió el nombre «paradas», porque las faenas se trasladaban a otro punto de la pampa cuando la zona explotada ya no entregaba salitre de buena ley.
Los primeros quintales destinados al Viejo Mundo Fueron embarcados a principios de 1830.

La dura costra del caliche la extraían a fuerza de chuzo y pala. La carga era transportada a lomo de mula o en carretas hasta el puesto en donde el dueño de los terrenos compraba la producción y luego procesaba para su embarque.

Exportación de salitre desde Iquique

El crecimiento de Iquique está directamente relacionado con la evolución que presenta la Aduana y la manera como eran despachados los sacos con guano y, más tarde, los quintales con salitre.
Los registros del gobierno peruano indican que en 1811 se instaló la primera oficina oficial de aduanas, en el mismo lugar en donde se emplaza el actual edificio considerado Monumento Nacional. No obstante, el primero edificio fiscal fue ordenado construir en 1788 y estuvo en funciones en 1792. Fue emplazado un poco más al sur del actual edificio y, al parecer, fue una casa común y corriente.
Esto ocurrió después de un año que comenzaron los primeros embarques de salitre hacia Lima. En 1841 se construyó un edificio de mayores dimensiones. No obstante, la construcción fue destruida por el maremoto de 1861. Diez años después, en 1871, el presidente de Perú, José Balta, decidió levantar el edificio que permanece hasta nuestros días. En sus amplias habitaciones funcionó la Prefectura Provincial de Tarapacá, la Capitanía de Puerto y la Aduana.
Su emplazamiento fue pensado especialmente para que destacara cuando los barcos llegaran a puerto. Desde el mar, la Aduana se destaca del resto de la ciudad. y aparece como puerta de entrada. En tanto que mirando desde la rada de Iquique, parece como si estuviera emplazado dentro de la trama urbana de la ciudad.
El edificio es rectangular y tiene dos pisos. Tiene un patio interior donde sobresalen los pasillos de madera.

Hitos históricos

La Aduana de Iquique fue escenario de varios hechos históricos trascendentes para la ciudad. El 5 de abril de 1879 se presentó en el edificio el capitán Arturo Prat para anunciar a las autoridades peruanas el bloqueo del puerto por parte de La Esmeralda y la Covadonga.
En 1880, el gobierno chileno, durante plena Guerra del Pacífico, instaló en la aduana, las oficinas de la intendencia de la nueva provincia y la tesorería.
Durante la Revolución de 1891, la aduana sirvió para que se atrincheraran las fuerzas que apoyaban al Congreso cuando fueron asediados por los balmacedistas.

Los sacos con salitre eran embarcados a través de botes fabricados por los changos.
La explanada del muelle fue el centro de la actividad salitrera en Iquique.

Capítulo 7: Historia del Salitre en la Región de Tarapacá

La industria del salitre comenzó en La Tirana hasta donde un grupo de indígenas llevaba el caliche extraído de la pampa y lo procesaba con una técnica milenaria que los incas habían desarrollado para usarlo en la agricultura.

Historia del Salitre
Los primeros en utilizar el salitre fueron los alquimistas chinos. Los monjes de la secta Tao, seguidores de la filosofía de Lao Tse, iniciaron los experimentos con este y otros minerales. Ellos descubrieron el modo de preparar el alumbre. el cristal, el salitre y el finalmente, la pólvora.
Existen antecedentes históricos que indican que la pólvora fue utilizada por los chinos y los romanos antes de Cristo, aún cuando no conocían su fuerza explosiva y la utilizaban sólo como medio para incendiar cosas a través del arco y la flecha.
Hasta el momento se tiene establecido que fueron los chinos los que primero utilizaron el salitre para sus trabajos de alquimia, mucho antes de la Era Cristiana, derivándose, posteriormente, de esos trabajos los fuegos artificiales alrededor del siglo VI.
Pero la pista del nitrato y de la pólvora se hace más clara a partir de los trabajos alquímicos de algunos árabes. Debido a esto se le adjudica al alquimista Geber ser el precursor de los cristales del salitre, a fines del siglo VIII.
En el siglo XII, se dieron a conocer por primera vez los escritos de Marcus Grecus, quien llamó a este nitrato Sal Patrossun o Sal Patressi. Sólo en el siglo XIII, gracias a Raimundo Lulio, se generalizó el nombre de Sal Niter; sal de nitrato, o simplemente Nitro. Salitre viene el latín «Sal Nitrum».
Alberto El Grande, en sus obras herméticas, escritas en 1250, dice qe en 1173 se usaban en Persia fuegos artificiales. En el siglo XIII en Europa los alquimistas árabes empezaron a recurrir al salitre para esos mismos fines.
De esta forma, los primeros usos de la pólvora explosiva en Europa habrían ocurrido en 1331, en el norte de Italia. Su aplicación iba a tener, en el campo militar, una influencia extraordinaria al desplazar a las antiguas composiciones incendiarias y dar paso a nuevas armas de guerra, artefactos que lanzaban proyectiles gracias a la enorme fuerza impulsora.

– Los chinos fueron los primeros en utilizar el salitre para fabricar pólvora. Los conocimientos adquiridos por esta cultura fueron traspasados a Europa en el Siglo XV.

Europa y España

Desde fines del siglo XV, las pólvoras españolas eran consideradas las mejoras de Europa. Se construyeron fábricas en Navarra, Cataluña, Barcelona y Aragón.
La buena calidad de la pólvora se debía al método utilizado en su elaboración. El salitre se lavaba repetidas veces en grandes artesas para despojarle los cuerpos extraños y luego se le sometía a cocción en una caldera, con lo que perdía parte de los cloruros y otras sustancias. El carbón y el azufre se trituraban a mano, con mazos de madera, hasta reducirlos a polvo.
A partir de esto, el desarrollo de la industria de guerra dio una creciente importancia al nitrato.
A poco andar, el nitrato obtenido en las cuevas salitreras y de las «plantaciones, no daba abasto. De esta manera se hizo necesario ir a buscarlo en el Oriente y luego en américa.
Sin darse cuenta, la provincia de Tarapacá tomaría un inusitado interés por parte de los españoles.

– La pólvora negra, que utilizaron los españoles durante la Conquista, corresponde a una mezcla de un 75 por ciento de nitrato potásico (salitre), 15% de carbón y un 10% de azufre.

Tarapacá, cuna de la industria

Varias historias relatan la manera en que indígenas y españoles descubrieron la importancia del salitre. Una de ellas corresponde a la leyenda del cura de Camiña.
Dos indígenas acamparon en la pampa. Para protegerse del frío encendieron una fogata y con mucha sorpresa vieron que de la tierra surgieron chispas y fogonazos.
Ambos aymaras huyeron del lugar y le contaron lo que ocurrió al cura de Camiña.
El sacerdote visitó el lugar y volvió al poblado. Analizó la tierra y comprobó que contenía nitrato de potasio. Comprendió que este componente servía para la preparación de pólvora.
El resto de la tierra de muestra la arrojó en el patio de la casa parroquial. Las plantas crecieron más allá de lo habitual. El cura recomendó el caliche como «excelente tónico para el reino vegetal».
El historiador Lamagdelaine, indica que la leyenda del cura de Camiña es un ejemplo de la antigüedad del uso del caliche. Sin embargo, el relato carece de fundamento. La parroquia de Santo Tomás de Camiña se fundó a mediados del siglo XVII y las primeras oficinas nacieron en 1800.
A pesa de estas diferencias de fechas, Tarapacá fue la cuna de la industria salitrera y es natural que los pobladores originarios de esta comarca hayan tenido una participación muy directa en la elaboración en la extracción del caliche.
Así como en China se conocía la existencia del salitre; los miembros delos pueblos originarios conocían las propiedades de esta mineral y lo utilizaron artesanalmente. Pedro fue sólo después del auge de Huatajaya cuando usaron los antiguos fondos o pilas de cobre que se habían ocupado en las faenas de los minerales de plata para preparar el salitre.
Según los antecedentes históricos , ya en 1775 habían personas interesadas en explorar el salitre y encontrar un medio eficaz para beneficiar el caliche, con el objeto de reemplazar las pailas de cobre que estaban en uso. Para lograr un desarrollo industrial como el que se conoció en el esplendor del salitre aún faltarían cien años de historia.

Olla del indio
Los Incas utilizaron vasijas metálicas en donde cocían el caliche en una fogata. Luego el material era disuelto en un caldo hirviente era traspasado a otro recipiente en donde se decantaba y surgían los cristales de salitre depurado.
Este proceso, conocido como «Olla del indio», se repititió durante siglos hasta que los españoles le agregaron algunas mejoras para acelerar el trabajo y la cantidad de salitre extraído en cada cocción.
Los fondos metálicos estaban en una construcción cuadrada, hecha de piedra y arcilla, se encendía una hornilla para cocer el caliche extraído en forma manual en pleno desierto.
Luego del trasvasije de los caldos, el material era secado al sol hasta que el salitre se separaba de la costra que quedaba pegada al recipiente.
Con este proceso, la industria del salitre se encontraba en espera de la demanda del material incentivara la producción en masa.

– Rudimentarios procedimientos ejecutaron los primeros españoles e indios que extrajeron el caliche en la pampa.

Criaderos de salitre
En 1709 llegó a España un rumor sobre Chile: la comarca tiene grandes criaderos de salitre en la zona de Tarapacá.
desde esta manera se dictó la Cédula Real del 22 de enero de 1970., que indicó la constitución de una fábrica para aprovechar el recurso en al producción de pólvora.
El motivo de esta orden se debía principalmente a que la fábrica de pólvora que existían en Perú entraba en una especie de retroceso y escaseaban sus insumos para la industria bélica.
Ante esta situación, en el sector sur de lo que actualmente es La Tirana, los españoles iniciaron la producción de caliche.
Cortaron los tamarugos para convertirlos en carbón, utilizaron el agua para el proceso de conversión y trajeron azufre desde el altiplano. Con estos tres elementos lograron prepara pólvora de regular calidad.
A principios del siglo XVII de 45 minas que existía en el corregimiento de Tarapacá, sólo 17 eran explotadas e 28 se encontraban con un número limitado de trabajadores. La situación económica no era buena y las condiciones de vida no mejoraban excepto en las quebradas y oasis.

Comienza la extracción
La industria del salitre comenzó en La Tirana hasta donde un grupo de indígenas llevaba el caliche extraído de la pampa y lo procesaba con una técnica milenaria que los incas habían desarrollado para usarlo en la agricultura.
Este producto servía para cubrir las necesidades de pólvora de toda la zona de Tarapacá. y en algunos casos era enviado a Perú para abastecer a los ejércitos de la corona española.
Sin embargo, la industria incipiente siempre estuvo en un bajo perfil debido principalmente a su baja calidad y al rudimentario proceso de elaboración, que existía desde tiempos inmemoriales.
Incas y aymaras conocían las propiedades del caliche. Lo pulverizaban con un mazo y después lo usaban como fertilizante en sus cultivos de papa y maíz. También lo ocupaban como insumo para crear una especie de pólvora que servía para sus prospecciones en las minas de Huantajaya, Pariquina, Casicsa y Virquinta.
Más tarde el proceso evolucionó técnicamente hasta transformarse en el primitivo «sistema de paradas» que siglos más tarde sería la base para la industria del salitre.

Industria bélica
En 1775 los Reyes de España tuvieron el interés de producir nitrato potásico y durante varias décadas enviaron a científicos a Perú a perfeccionar el sistema de elaboración del salitre de alta calidad.
Esta búsqueda del método se prolongó hasta 1809. Ya en esa fecha la necesidad de conseguir nitrato potásico para la pólvora era urgente para toda la colonia española en América. La amenaza de Napoleón de invadir España y el continente americano obligó a la corona a desarrollar aún más su industria para la guerra.
Ante esto el virrey del Perú, Gil de Taboada, pidió aumentar la producción, lo que a su vez generó la imperiosa necesidad de extraer caliche de Tarapacá.
Las primeras exportaciones comenzaron en 1806. Los arrieros bajaban el caliche en bruto con mulas para ser embarcado en Iquique y enviado a El Callao.

– El ejército de Napoleón era una amenaza para la corona española en Europa y las colonias existentes en América. La monarquía necesitaba tener a sus tropas bien abastecidas de pólvora y armamentos,.
– Durante el siglo XVII y XVIII el salitre exportado desde Tarapacá sirvió para la fabricación de pólvora en Perú. y en la industria bélica que funcionó en Europa. Durante esta época la pólvora era transportada en depósitos especiales finamente elaborados.

En busca de una fórmula

Durante años, los terratenientes españoles siguieron indagando para conseguir un producto de mayor calidad.
Fue así que el 15 de julio de 1809, el diario «Minera Peruana» publicó un artículo que informaba sobre el naturalista «Tadeo Haencke». Este científico encontró la manera de convertir el nitrato de sodio en potásico, o sea, salitre bruto en refinado especial para la fabricación de la pólvora.
Con esta información los industriales españoles Sebastián de Ugarrisa y Matías de la Fuente, quienes explotaban el caliche de la pampa, fueron en búsqueda de Haencke para que les entregara la fórmula.
El científico se encontraba en la hacienda de Santa Cruz de Elicona, ubicada cerca de Cochabamba en el Alto Perú. Hasta allá llegaron los industriales españoles, quienes consiguieron la valiosa información de Haencke.
Con este método, los empresarios comenzaron la explotación de las primeras oficinas salitreras entre 1810 y 1822 en Pampa Zapiga, Pampa Negra y Negreiros. La producción de salitre refinado iba a Lima y en menor porción a Chile.
Entre 1812 y 1813, el millonario salitrero Sebastián de Ugarrisa despacha a El Callao siete cargamentos de salitre, lo que lo convirtieron en el principal productor de este mineral en América.

Negreiros fue el lugar de abastecimiento, entretención y conexión de la zona más al norte de Tarapacá. En este poblado estuvo radicada la Sociedad de Socorros Mutuos de Trabajadores de la Pampa, fundada el 11 de marzo de 1894. Al parecer el nombre de Negreiros viene de un industrial portugués que explotó este sector de la pampa.
Zapiga siempre estuvo vinculada al puerto de Pisagua. Su desarrollo estaba directamente relacionado con la estación de trenes. A comienzos del siglo XX su población llegó a las 500 personas. Su calle principal era «avenida Brasil», donde se ubicaba el comercio del pueblo.

La vieja y nueva Pisagua

En 1810 Pisagua era una caleta semi abandonada de pescadores acostumbrados sólo a recibir periódicamente embarcaciones aguadoras de Iquique. Según el investigador Mario Zolezzi, durante esa época comenzaron a llegar esporádicamente veleros para tomar pequeños cargamentos de salitre rumbo a El Callao y Talcahuano.
En el transcurso de la guerra de independencia de Perú, la industria salitrera tomó su primer impulso gracias a la necesidad de tener salitre y fabricar pólvora.
La pequeña ensenada de Pisagua no estaba capacitada para afrontar la actividad marítima derivada del comercio de exportación del nitrato de sodio.
Por este motivo se procedió a abandonar el caserío para establecer un nuevo emplazamiento de la caleta salitrera en el litoral vecino, situado inmediatamente al sur de Punta Pisagua.
El modesto poblado se levantó en la costa sur de la rada, al abrigo de Punta Pichalo. Recibió la denominación de Huayna Pisagua, es decir, Nueva Pisagua. Tiempo después el nombre se simplificó y sólo se llamó Pisagua. En cambio, la infortunada caleta de la quebrada de Tana empezó a ser llamada Pisagua Viejo.
De acuerdo a Zolezzi no existe fecha exacta del traslado de Pisagua. Pero se estima que ocurrió entre 1831 y 1835.
El diario El Comercio de Lima, el 26 de mayo de 1856, dice en sus páginas que «Huayna Pisagua que no figuraba en otro tiempo sino como una miserable caleta, hoy día toma importancia por su comercio y población que asciende a mil habitantes».
Años después, su mayor actividad justificaba que la caleta fuera elevada a la categoría de puerto menor. Esta necesidad se convirtió en un gran anhelo del poblado. Esto ocurrió recién el 22 de mayo 1862.

Tadeo Haencke, padre del salitre

Tadeo Haencke fue conocido en el mundo entero como naturalista. Sus estudios abarcaron la botánica, zoología y geología. Nació el 6 de diciembre de 1761 en Kreibitz, ciudad ubicada en la región de bohemia, actual Eslovaquia.
Haencke estudió en Praga, en donde aprendió matemáticas y astronomía. En 1780 ingresó a la universidad local y luego a la universidad de Viena. Allí se especializó en botánica, medicina y minerología.
En 1789, el gobierno de España desarrolló una expedición científica , la más importante en su época. El comandante de la empresa, Alejandro Malaspina, solicitó a la universidad de Viena a un botánico. La elección recayó en Haencke, quien tenía 28 años y era reconocido entre sus pares.
Haencke llegó atrasado. Las corbetas «Descubierta» y «Atrevida» zarparon de Cádiz días antes. Así que tomó otro barco para alcanzarlos. Sin embargó, naufragó en Río de la Plata y el joven naturalista se salvó nadando. Permaneció en Montevideo por un tiempo y aprovechó de conocer la zona. Recolectó casi 800 plantas. En diciembre llegó a Buenos Aires, pero nuevamente estaba atrasado unos días.
Haencke inspeccionó el río Las Conchas y el Paraná, recogió 600 especies botánicas y tomó notas zoológicas y mineralógicas durante dos meses.
En febrero de 1790, decidió atravesar Argentina y dirigirse a Chile, en un viaje que para la época resultaba casi imposible. Haencke lo hizo; primero registró las sierras cordobesas y puntanas y llegó a Mendoza en marzo, con 500 nuevas plantas en su colección. A fines de ese mes, cruzó la cordillera, juntando otras 600 plantas de la flora de montaña.
Llegó el 2 de abril a Santiago de Chile, y allí, por fin pudo encontrar a varios integrantes de la expedición, aunque no a las corbetas, que esperaban en Valparaíso.
Integrado a la expedición, llegó a El Callao. Entonces, pidió permiso a Malaspina para regresar a Buenos Aires por tierra; en esa ciudad abordaría una de las corbetas (que volvería por el Cabo de Hornos) y regresar luego a España. Así le fue concedido y Haenke inició una larga marcha a través de Perú, Bolivia y el norte argentino. En ese periplo, ascendió al volcán Misti, de 5.300 metros sobre el nivel del mar, lo que resultó toda una hazaña, visitó Cuzco y Arequipa, La Paz, el norte boliviano, el lago titicaca, el monte nevado de Ancohuma ( de 6.500 metros), Potosí y Cochabamba. En ese lugar interrumpió su viaje, sin motivo conocido, por lo que Malaspina que esperaba en Buenos Aires, decidió regresar sin él.
En Boliva, Haencke estudió la flora, la fauna y la mineralogía del territorio, ejerció la medicina e introdujo por primera vez la técnica de la vacunación. También se especializó en el estudio de las plantas autóctonas con propiedades farmacológicas.
Más tarde, Haencke se las arregló para llegar a España, donde en 1795 publicó Descripción, de Perú y Buenos Aires.
Luego regresó a América y a Cochabamba, donde escribió la introducción a la Historia Natural de la Provincia.
Hacia 1807, marcó a Buenos Aires, donde actuó en el ejército durante las invasiones inglesas, como instructor de las milicias y especialista en la fabricación de pólvora mediante la purificación de salitres. Luego regresó a Cochabamba donde en 1817 un accidente doméstico le provocó la muerte.

Tadeo Haencke nació en la región de Eslovaquia en 1761 y falleció en Cochabamba en 1817.
El proceso de la tronadura requería preparación. Los trabajadores enterraban los cartuchos de dinamita a un metro de profundidad. Luego de la explosión, los costrones quedaban expuestos a nivel del terreno.

Sistema de Paradas

Con la base de conocimiento Inca y el trabajo desarrollado en menor escala por los primeros colonizadores españoles para tener fertilizante destinado a sus cultivos en las quebradas, se logró dar los primeros pasos en la incipiente industria salitrera.
Al principio, la empresa era extremadamente rudimentaria y se dividía principalmente en tres etapas: la extracción del caliche con mazos y chuzos y el traslado del material hasta la «oficina» ; el procesamiento del mineral y la comercialización del mismo.
El sistema de paradas, como lo llamaron los industriales españoles, era similar a la técnica que desarrollaron los indígenas. La diferencia estaba en el volumen de producción y los materiales que utilizaban en el proceso.
Separados de esta estructura había dos estanques, llamados en la época dorada del salitre como «chulladores», en los que se revolvían los caldos y se clarificaban luego de ser hervidos en los fondos metálicos. El traspaso entre ambos recipientes en una primera época se hacía con grandes cucharones y luego a través de un sistema de canaletas.
Las bateas cristalizadoras eran de madera y planas, tenían poca profundidad y estaban depositadas en pequeños muros de piedras y barro. En esta última etapa se lograba captar el nitrato potásico en la pureza necesaria que exigían los mercados de Perú y Europa.
Junto a estas faenas se levantaban las chozas de los trabajadores y la oficina de administración. Este sistema recibió el nombre «paradas», porque las faenas se trasladaban a otro punto de la pampa cuando la zona explotada ya no entregaba salitre de buena ley.
Los primeros quintales destinados al Viejo Mundo Fueron embarcados a principios de 1830.

La dura costra del caliche la extraían a fuerza de chuzo y pala. La carga era transportada a lomo de mula o en carretas hasta el puesto en donde el dueño de los terrenos compraba la producción y luego procesaba para su embarque.

Exportación de salitre desde Iquique

El crecimiento de Iquique está directamente relacionado con la evolución que presenta la Aduana y la manera como eran despachados los sacos con guano y, más tarde, los quintales con salitre.
Los registros del gobierno peruano indican que en 1811 se instaló la primera oficina oficial de aduanas, en el mismo lugar en donde se emplaza el actual edificio considerado Monumento Nacional. No obstante, el primero edificio fiscal fue ordenado construir en 1788 y estuvo en funciones en 1792. Fue emplazado un poco más al sur del actual edificio y, al parecer, fue una casa común y corriente.
Esto ocurrió después de un año que comenzaron los primeros embarques de salitre hacia Lima. En 1841 se construyó un edificio de mayores dimensiones. No obstante, la construcción fue destruida por el maremoto de 1861. Diez años después, en 1871, el presidente de Perú, José Balta, decidió levantar el edificio que permanece hasta nuestros días. En sus amplias habitaciones funcionó la Prefectura Provincial de Tarapacá, la Capitanía de Puerto y la Aduana.
Su emplazamiento fue pensado especialmente para que destacara cuando los barcos llegaran a puerto. Desde el mar, la Aduana se destaca del resto de la ciudad. y aparece como puerta de entrada. En tanto que mirando desde la rada de Iquique, parece como si estuviera emplazado dentro de la trama urbana de la ciudad.
El edificio es rectangular y tiene dos pisos. Tiene un patio interior donde sobresalen los pasillos de madera.

Hitos históricos

La Aduana de Iquique fue escenario de varios hechos históricos trascendentes para la ciudad. El 5 de abril de 1879 se presentó en el edificio el capitán Arturo Prat para anunciar a las autoridades peruanas el bloqueo del puerto por parte de La Esmeralda y la Covadonga.
En 1880, el gobierno chileno, durante plena Guerra del Pacífico, instaló en la aduana, las oficinas de la intendencia de la nueva provincia y la tesorería.
Durante la Revolución de 1891, la aduana sirvió para que se atrincheraran las fuerzas que apoyaban al Congreso cuando fueron asediados por los balmacedistas.

Los sacos con salitre eran embarcados a través de botes fabricados por los changos.
La explanada del muelle fue el centro de la actividad salitrera en Iquique.

Capítulo 7: Historia del Salitre en la Región de Tarapacá

La industria del salitre comenzó en La Tirana hasta donde un grupo de indígenas llevaba el caliche extraído de la pampa y lo procesaba con una técnica milenaria que los incas habían desarrollado para usarlo en la agricultura.

Historia del Salitre
Los primeros en utilizar el salitre fueron los alquimistas chinos. Los monjes de la secta Tao, seguidores de la filosofía de Lao Tse, iniciaron los experimentos con este y otros minerales. Ellos descubrieron el modo de preparar el alumbre. el cristal, el salitre y el finalmente, la pólvora.
Existen antecedentes históricos que indican que la pólvora fue utilizada por los chinos y los romanos antes de Cristo, aún cuando no conocían su fuerza explosiva y la utilizaban sólo como medio para incendiar cosas a través del arco y la flecha.
Hasta el momento se tiene establecido que fueron los chinos los que primero utilizaron el salitre para sus trabajos de alquimia, mucho antes de la Era Cristiana, derivándose, posteriormente, de esos trabajos los fuegos artificiales alrededor del siglo VI.
Pero la pista del nitrato y de la pólvora se hace más clara a partir de los trabajos alquímicos de algunos árabes. Debido a esto se le adjudica al alquimista Geber ser el precursor de los cristales del salitre, a fines del siglo VIII.
En el siglo XII, se dieron a conocer por primera vez los escritos de Marcus Grecus, quien llamó a este nitrato Sal Patrossun o Sal Patressi. Sólo en el siglo XIII, gracias a Raimundo Lulio, se generalizó el nombre de Sal Niter; sal de nitrato, o simplemente Nitro. Salitre viene el latín «Sal Nitrum».
Alberto El Grande, en sus obras herméticas, escritas en 1250, dice qe en 1173 se usaban en Persia fuegos artificiales. En el siglo XIII en Europa los alquimistas árabes empezaron a recurrir al salitre para esos mismos fines.
De esta forma, los primeros usos de la pólvora explosiva en Europa habrían ocurrido en 1331, en el norte de Italia. Su aplicación iba a tener, en el campo militar, una influencia extraordinaria al desplazar a las antiguas composiciones incendiarias y dar paso a nuevas armas de guerra, artefactos que lanzaban proyectiles gracias a la enorme fuerza impulsora.

– Los chinos fueron los primeros en utilizar el salitre para fabricar pólvora. Los conocimientos adquiridos por esta cultura fueron traspasados a Europa en el Siglo XV.

Europa y España

Desde fines del siglo XV, las pólvoras españolas eran consideradas las mejoras de Europa. Se construyeron fábricas en Navarra, Cataluña, Barcelona y Aragón.
La buena calidad de la pólvora se debía al método utilizado en su elaboración. El salitre se lavaba repetidas veces en grandes artesas para despojarle los cuerpos extraños y luego se le sometía a cocción en una caldera, con lo que perdía parte de los cloruros y otras sustancias. El carbón y el azufre se trituraban a mano, con mazos de madera, hasta reducirlos a polvo.
A partir de esto, el desarrollo de la industria de guerra dio una creciente importancia al nitrato.
A poco andar, el nitrato obtenido en las cuevas salitreras y de las «plantaciones, no daba abasto. De esta manera se hizo necesario ir a buscarlo en el Oriente y luego en américa.
Sin darse cuenta, la provincia de Tarapacá tomaría un inusitado interés por parte de los españoles.

– La pólvora negra, que utilizaron los españoles durante la Conquista, corresponde a una mezcla de un 75 por ciento de nitrato potásico (salitre), 15% de carbón y un 10% de azufre.

Tarapacá, cuna de la industria

Varias historias relatan la manera en que indígenas y españoles descubrieron la importancia del salitre. Una de ellas corresponde a la leyenda del cura de Camiña.
Dos indígenas acamparon en la pampa. Para protegerse del frío encendieron una fogata y con mucha sorpresa vieron que de la tierra surgieron chispas y fogonazos.
Ambos aymaras huyeron del lugar y le contaron lo que ocurrió al cura de Camiña.
El sacerdote visitó el lugar y volvió al poblado. Analizó la tierra y comprobó que contenía nitrato de potasio. Comprendió que este componente servía para la preparación de pólvora.
El resto de la tierra de muestra la arrojó en el patio de la casa parroquial. Las plantas crecieron más allá de lo habitual. El cura recomendó el caliche como «excelente tónico para el reino vegetal».
El historiador Lamagdelaine, indica que la leyenda del cura de Camiña es un ejemplo de la antigüedad del uso del caliche. Sin embargo, el relato carece de fundamento. La parroquia de Santo Tomás de Camiña se fundó a mediados del siglo XVII y las primeras oficinas nacieron en 1800.
A pesa de estas diferencias de fechas, Tarapacá fue la cuna de la industria salitrera y es natural que los pobladores originarios de esta comarca hayan tenido una participación muy directa en la elaboración en la extracción del caliche.
Así como en China se conocía la existencia del salitre; los miembros delos pueblos originarios conocían las propiedades de esta mineral y lo utilizaron artesanalmente. Pedro fue sólo después del auge de Huatajaya cuando usaron los antiguos fondos o pilas de cobre que se habían ocupado en las faenas de los minerales de plata para preparar el salitre.
Según los antecedentes históricos , ya en 1775 habían personas interesadas en explorar el salitre y encontrar un medio eficaz para beneficiar el caliche, con el objeto de reemplazar las pailas de cobre que estaban en uso. Para lograr un desarrollo industrial como el que se conoció en el esplendor del salitre aún faltarían cien años de historia.

Olla del indio
Los Incas utilizaron vasijas metálicas en donde cocían el caliche en una fogata. Luego el material era disuelto en un caldo hirviente era traspasado a otro recipiente en donde se decantaba y surgían los cristales de salitre depurado.
Este proceso, conocido como «Olla del indio», se repititió durante siglos hasta que los españoles le agregaron algunas mejoras para acelerar el trabajo y la cantidad de salitre extraído en cada cocción.
Los fondos metálicos estaban en una construcción cuadrada, hecha de piedra y arcilla, se encendía una hornilla para cocer el caliche extraído en forma manual en pleno desierto.
Luego del trasvasije de los caldos, el material era secado al sol hasta que el salitre se separaba de la costra que quedaba pegada al recipiente.
Con este proceso, la industria del salitre se encontraba en espera de la demanda del material incentivara la producción en masa.

– Rudimentarios procedimientos ejecutaron los primeros españoles e indios que extrajeron el caliche en la pampa.

Criaderos de salitre
En 1709 llegó a España un rumor sobre Chile: la comarca tiene grandes criaderos de salitre en la zona de Tarapacá.
desde esta manera se dictó la Cédula Real del 22 de enero de 1970., que indicó la constitución de una fábrica para aprovechar el recurso en al producción de pólvora.
El motivo de esta orden se debía principalmente a que la fábrica de pólvora que existían en Perú entraba en una especie de retroceso y escaseaban sus insumos para la industria bélica.
Ante esta situación, en el sector sur de lo que actualmente es La Tirana, los españoles iniciaron la producción de caliche.
Cortaron los tamarugos para convertirlos en carbón, utilizaron el agua para el proceso de conversión y trajeron azufre desde el altiplano. Con estos tres elementos lograron prepara pólvora de regular calidad.
A principios del siglo XVII de 45 minas que existía en el corregimiento de Tarapacá, sólo 17 eran explotadas e 28 se encontraban con un número limitado de trabajadores. La situación económica no era buena y las condiciones de vida no mejoraban excepto en las quebradas y oasis.

Comienza la extracción
La industria del salitre comenzó en La Tirana hasta donde un grupo de indígenas llevaba el caliche extraído de la pampa y lo procesaba con una técnica milenaria que los incas habían desarrollado para usarlo en la agricultura.
Este producto servía para cubrir las necesidades de pólvora de toda la zona de Tarapacá. y en algunos casos era enviado a Perú para abastecer a los ejércitos de la corona española.
Sin embargo, la industria incipiente siempre estuvo en un bajo perfil debido principalmente a su baja calidad y al rudimentario proceso de elaboración, que existía desde tiempos inmemoriales.
Incas y aymaras conocían las propiedades del caliche. Lo pulverizaban con un mazo y después lo usaban como fertilizante en sus cultivos de papa y maíz. También lo ocupaban como insumo para crear una especie de pólvora que servía para sus prospecciones en las minas de Huantajaya, Pariquina, Casicsa y Virquinta.
Más tarde el proceso evolucionó técnicamente hasta transformarse en el primitivo «sistema de paradas» que siglos más tarde sería la base para la industria del salitre.

Industria bélica
En 1775 los Reyes de España tuvieron el interés de producir nitrato potásico y durante varias décadas enviaron a científicos a Perú a perfeccionar el sistema de elaboración del salitre de alta calidad.
Esta búsqueda del método se prolongó hasta 1809. Ya en esa fecha la necesidad de conseguir nitrato potásico para la pólvora era urgente para toda la colonia española en América. La amenaza de Napoleón de invadir España y el continente americano obligó a la corona a desarrollar aún más su industria para la guerra.
Ante esto el virrey del Perú, Gil de Taboada, pidió aumentar la producción, lo que a su vez generó la imperiosa necesidad de extraer caliche de Tarapacá.
Las primeras exportaciones comenzaron en 1806. Los arrieros bajaban el caliche en bruto con mulas para ser embarcado en Iquique y enviado a El Callao.

– El ejército de Napoleón era una amenaza para la corona española en Europa y las colonias existentes en América. La monarquía necesitaba tener a sus tropas bien abastecidas de pólvora y armamentos,.
– Durante el siglo XVII y XVIII el salitre exportado desde Tarapacá sirvió para la fabricación de pólvora en Perú. y en la industria bélica que funcionó en Europa. Durante esta época la pólvora era transportada en depósitos especiales finamente elaborados.

En busca de una fórmula

Durante años, los terratenientes españoles siguieron indagando para conseguir un producto de mayor calidad.
Fue así que el 15 de julio de 1809, el diario «Minera Peruana» publicó un artículo que informaba sobre el naturalista «Tadeo Haencke». Este científico encontró la manera de convertir el nitrato de sodio en potásico, o sea, salitre bruto en refinado especial para la fabricación de la pólvora.
Con esta información los industriales españoles Sebastián de Ugarrisa y Matías de la Fuente, quienes explotaban el caliche de la pampa, fueron en búsqueda de Haencke para que les entregara la fórmula.
El científico se encontraba en la hacienda de Santa Cruz de Elicona, ubicada cerca de Cochabamba en el Alto Perú. Hasta allá llegaron los industriales españoles, quienes consiguieron la valiosa información de Haencke.
Con este método, los empresarios comenzaron la explotación de las primeras oficinas salitreras entre 1810 y 1822 en Pampa Zapiga, Pampa Negra y Negreiros. La producción de salitre refinado iba a Lima y en menor porción a Chile.
Entre 1812 y 1813, el millonario salitrero Sebastián de Ugarrisa despacha a El Callao siete cargamentos de salitre, lo que lo convirtieron en el principal productor de este mineral en América.

Negreiros fue el lugar de abastecimiento, entretención y conexión de la zona más al norte de Tarapacá. En este poblado estuvo radicada la Sociedad de Socorros Mutuos de Trabajadores de la Pampa, fundada el 11 de marzo de 1894. Al parecer el nombre de Negreiros viene de un industrial portugués que explotó este sector de la pampa.
Zapiga siempre estuvo vinculada al puerto de Pisagua. Su desarrollo estaba directamente relacionado con la estación de trenes. A comienzos del siglo XX su población llegó a las 500 personas. Su calle principal era «avenida Brasil», donde se ubicaba el comercio del pueblo.

La vieja y nueva Pisagua

En 1810 Pisagua era una caleta semi abandonada de pescadores acostumbrados sólo a recibir periódicamente embarcaciones aguadoras de Iquique. Según el investigador Mario Zolezzi, durante esa época comenzaron a llegar esporádicamente veleros para tomar pequeños cargamentos de salitre rumbo a El Callao y Talcahuano.
En el transcurso de la guerra de independencia de Perú, la industria salitrera tomó su primer impulso gracias a la necesidad de tener salitre y fabricar pólvora.
La pequeña ensenada de Pisagua no estaba capacitada para afrontar la actividad marítima derivada del comercio de exportación del nitrato de sodio.
Por este motivo se procedió a abandonar el caserío para establecer un nuevo emplazamiento de la caleta salitrera en el litoral vecino, situado inmediatamente al sur de Punta Pisagua.
El modesto poblado se levantó en la costa sur de la rada, al abrigo de Punta Pichalo. Recibió la denominación de Huayna Pisagua, es decir, Nueva Pisagua. Tiempo después el nombre se simplificó y sólo se llamó Pisagua. En cambio, la infortunada caleta de la quebrada de Tana empezó a ser llamada Pisagua Viejo.
De acuerdo a Zolezzi no existe fecha exacta del traslado de Pisagua. Pero se estima que ocurrió entre 1831 y 1835.
El diario El Comercio de Lima, el 26 de mayo de 1856, dice en sus páginas que «Huayna Pisagua que no figuraba en otro tiempo sino como una miserable caleta, hoy día toma importancia por su comercio y población que asciende a mil habitantes».
Años después, su mayor actividad justificaba que la caleta fuera elevada a la categoría de puerto menor. Esta necesidad se convirtió en un gran anhelo del poblado. Esto ocurrió recién el 22 de mayo 1862.

Tadeo Haencke, padre del salitre

Tadeo Haencke fue conocido en el mundo entero como naturalista. Sus estudios abarcaron la botánica, zoología y geología. Nació el 6 de diciembre de 1761 en Kreibitz, ciudad ubicada en la región de bohemia, actual Eslovaquia.
Haencke estudió en Praga, en donde aprendió matemáticas y astronomía. En 1780 ingresó a la universidad local y luego a la universidad de Viena. Allí se especializó en botánica, medicina y minerología.
En 1789, el gobierno de España desarrolló una expedición científica , la más importante en su época. El comandante de la empresa, Alejandro Malaspina, solicitó a la universidad de Viena a un botánico. La elección recayó en Haencke, quien tenía 28 años y era reconocido entre sus pares.
Haencke llegó atrasado. Las corbetas «Descubierta» y «Atrevida» zarparon de Cádiz días antes. Así que tomó otro barco para alcanzarlos. Sin embargó, naufragó en Río de la Plata y el joven naturalista se salvó nadando. Permaneció en Montevideo por un tiempo y aprovechó de conocer la zona. Recolectó casi 800 plantas. En diciembre llegó a Buenos Aires, pero nuevamente estaba atrasado unos días.
Haencke inspeccionó el río Las Conchas y el Paraná, recogió 600 especies botánicas y tomó notas zoológicas y mineralógicas durante dos meses.
En febrero de 1790, decidió atravesar Argentina y dirigirse a Chile, en un viaje que para la época resultaba casi imposible. Haencke lo hizo; primero registró las sierras cordobesas y puntanas y llegó a Mendoza en marzo, con 500 nuevas plantas en su colección. A fines de ese mes, cruzó la cordillera, juntando otras 600 plantas de la flora de montaña.
Llegó el 2 de abril a Santiago de Chile, y allí, por fin pudo encontrar a varios integrantes de la expedición, aunque no a las corbetas, que esperaban en Valparaíso.
Integrado a la expedición, llegó a El Callao. Entonces, pidió permiso a Malaspina para regresar a Buenos Aires por tierra; en esa ciudad abordaría una de las corbetas (que volvería por el Cabo de Hornos) y regresar luego a España. Así le fue concedido y Haenke inició una larga marcha a través de Perú, Bolivia y el norte argentino. En ese periplo, ascendió al volcán Misti, de 5.300 metros sobre el nivel del mar, lo que resultó toda una hazaña, visitó Cuzco y Arequipa, La Paz, el norte boliviano, el lago titicaca, el monte nevado de Ancohuma ( de 6.500 metros), Potosí y Cochabamba. En ese lugar interrumpió su viaje, sin motivo conocido, por lo que Malaspina que esperaba en Buenos Aires, decidió regresar sin él.
En Boliva, Haencke estudió la flora, la fauna y la mineralogía del territorio, ejerció la medicina e introdujo por primera vez la técnica de la vacunación. También se especializó en el estudio de las plantas autóctonas con propiedades farmacológicas.
Más tarde, Haencke se las arregló para llegar a España, donde en 1795 publicó Descripción, de Perú y Buenos Aires.
Luego regresó a América y a Cochabamba, donde escribió la introducción a la Historia Natural de la Provincia.
Hacia 1807, marcó a Buenos Aires, donde actuó en el ejército durante las invasiones inglesas, como instructor de las milicias y especialista en la fabricación de pólvora mediante la purificación de salitres. Luego regresó a Cochabamba donde en 1817 un accidente doméstico le provocó la muerte.

Tadeo Haencke nació en la región de Eslovaquia en 1761 y falleció en Cochabamba en 1817.
El proceso de la tronadura requería preparación. Los trabajadores enterraban los cartuchos de dinamita a un metro de profundidad. Luego de la explosión, los costrones quedaban expuestos a nivel del terreno.

Sistema de Paradas

Con la base de conocimiento Inca y el trabajo desarrollado en menor escala por los primeros colonizadores españoles para tener fertilizante destinado a sus cultivos en las quebradas, se logró dar los primeros pasos en la incipiente industria salitrera.
Al principio, la empresa era extremadamente rudimentaria y se dividía principalmente en tres etapas: la extracción del caliche con mazos y chuzos y el traslado del material hasta la «oficina» ; el procesamiento del mineral y la comercialización del mismo.
El sistema de paradas, como lo llamaron los industriales españoles, era similar a la técnica que desarrollaron los indígenas. La diferencia estaba en el volumen de producción y los materiales que utilizaban en el proceso.
Separados de esta estructura había dos estanques, llamados en la época dorada del salitre como «chulladores», en los que se revolvían los caldos y se clarificaban luego de ser hervidos en los fondos metálicos. El traspaso entre ambos recipientes en una primera época se hacía con grandes cucharones y luego a través de un sistema de canaletas.
Las bateas cristalizadoras eran de madera y planas, tenían poca profundidad y estaban depositadas en pequeños muros de piedras y barro. En esta última etapa se lograba captar el nitrato potásico en la pureza necesaria que exigían los mercados de Perú y Europa.
Junto a estas faenas se levantaban las chozas de los trabajadores y la oficina de administración. Este sistema recibió el nombre «paradas», porque las faenas se trasladaban a otro punto de la pampa cuando la zona explotada ya no entregaba salitre de buena ley.
Los primeros quintales destinados al Viejo Mundo Fueron embarcados a principios de 1830.

La dura costra del caliche la extraían a fuerza de chuzo y pala. La carga era transportada a lomo de mula o en carretas hasta el puesto en donde el dueño de los terrenos compraba la producción y luego procesaba para su embarque.

Exportación de salitre desde Iquique

El crecimiento de Iquique está directamente relacionado con la evolución que presenta la Aduana y la manera como eran despachados los sacos con guano y, más tarde, los quintales con salitre.
Los registros del gobierno peruano indican que en 1811 se instaló la primera oficina oficial de aduanas, en el mismo lugar en donde se emplaza el actual edificio considerado Monumento Nacional. No obstante, el primero edificio fiscal fue ordenado construir en 1788 y estuvo en funciones en 1792. Fue emplazado un poco más al sur del actual edificio y, al parecer, fue una casa común y corriente.
Esto ocurrió después de un año que comenzaron los primeros embarques de salitre hacia Lima. En 1841 se construyó un edificio de mayores dimensiones. No obstante, la construcción fue destruida por el maremoto de 1861. Diez años después, en 1871, el presidente de Perú, José Balta, decidió levantar el edificio que permanece hasta nuestros días. En sus amplias habitaciones funcionó la Prefectura Provincial de Tarapacá, la Capitanía de Puerto y la Aduana.
Su emplazamiento fue pensado especialmente para que destacara cuando los barcos llegaran a puerto. Desde el mar, la Aduana se destaca del resto de la ciudad. y aparece como puerta de entrada. En tanto que mirando desde la rada de Iquique, parece como si estuviera emplazado dentro de la trama urbana de la ciudad.
El edificio es rectangular y tiene dos pisos. Tiene un patio interior donde sobresalen los pasillos de madera.

Hitos históricos

La Aduana de Iquique fue escenario de varios hechos históricos trascendentes para la ciudad. El 5 de abril de 1879 se presentó en el edificio el capitán Arturo Prat para anunciar a las autoridades peruanas el bloqueo del puerto por parte de La Esmeralda y la Covadonga.
En 1880, el gobierno chileno, durante plena Guerra del Pacífico, instaló en la aduana, las oficinas de la intendencia de la nueva provincia y la tesorería.
Durante la Revolución de 1891, la aduana sirvió para que se atrincheraran las fuerzas que apoyaban al Congreso cuando fueron asediados por los balmacedistas.

Los sacos con salitre eran embarcados a través de botes fabricados por los changos.
La explanada del muelle fue el centro de la actividad salitrera en Iquique.

Capítulo 8: Iquique y el auge del salitre

Dos acontecimientos claves incidieron en el desarrollo de Iquique y en su designación como Puerto Mayor.
El primero de ellos ocurrió en 1828 cuando comenzó a regir el decreto que permitía la exportación de salitre hacia mercados extranjeros.
Sin embargo, solo en 1830 fue apreciado realmente el desarrollo de Iquique. En ese año, los productores enviaron los primeros quintales de salitre directamente a Europa. Anteriormente los embarques sólo habían cubierto las necesidades de Perú y Chile. En ese año las cargas llegaron a Inglaterra, Francia, Alemania e Italia.

Decretan Puerto Mayor

El segundo impulso clave ocurrió el 26 de junio de 1843, cuando elevaron a Iquique a la categoría de Puerto Mayor: En ese instante la extracción a gran escala de guano y la cada vez más poderosa producción de salitre auguraban un excelente futuro para el recién nacido terminal marítimo.
La ventaja de ser puerto mayor era que se podía comerciar y tributar directamente en Iquique sin necesidad que los productos para ser exportados o importados tuvieran que pasar por Arica.
Un año después Iquique contaba con agua de mar destilada para el consumo humano y servía como puerto de tránsito y depósito para la zona de Bolivia. En ese tiempo la Isla Serrano había sido unida al continente y era llamada Isla de Cuadros, porque pertenecía a una familia peruana de ese apellido.

– Plano de provincia de Tarapacá en 1851.

El trabajo pampino
El particular: No tenía contrato director con la compañía, pero realizaba trabajos esporádicos en zonas específicas de algunas oficinas.
El patizorro. No tenía una especialidad, pero debía saber de todo un poco porque se desempeñaba en distintos lugares dependiendo de la necesidad diaria.
El barretero. Se encargaba del manejo de las gruesas «barretas» para remover costrones y efectuar tronaduras de material.
El capataz. Fue el encargado de cumplir los horarios de los obreros y el movimiento de las carretas con el material extraído.
El costrero. Su responsabilidad era comprobar la calidad del caliche que había extraído. Utilizaba una «mecha» y un «chonchón» (soplete) para encender el salitre y ver el nivel de concentración del mineral.
El desripiador. Estaba encargado de cargar las carretas con el «ripio» o desecho que no se ocupaba luego del proceso de elaboración. Su trabajo era amontonar el material sobrante en las «tortas» o cerros artificiales que se formaron luego de años de acumulación.

Iquique exporta al mundo

El salitre de la Provincia de Tarapacá llegaba a distintas partes del mundo a través de un complejo sistema naviero que cubría las necesidades de Estados Unidos, Perú, Chile y Europa en lo que se referí a fertilizantes e insumos para explosivos.
Durante varios años, la forma de producir salitre no varió en su extracción, producción o comercialización. El único cambio patente era el aumento constante de sus volúmenes de carga, la mayor, cantidad de mano de obra y el desarrollo económico y social de puerto como Arica, Iquique, Pisagua y Cobija.
Hasta poco antes de la Primera Guerra Mundial el salitre de Tarapacá tuvo el monopolio del mercado global de fertilizantes,
Las cifras eran auspiciosas. en 1830 la producción era de 860 toneladas métricas; en 1841 aumentó a 12.810; en 1861 subió a las 62.500; en 1866 la exportación era de 100.635 toneladas métricas y en 1876 se elevó a las 323.642.
Todo un récord para una industria que se basaba directamente en la cantidad de hombres que laboraban en la pampa.
Trabajadores de distintas partes de Perú, Bolivia y Chile llegaban hasta las tierras de Tarapacá para extraer el caliche en forma artesanal.
Era común ver en pleno desierto una decena de hombres desprendiendo el duro caliche con pesados mazos para luego trasladar la cal viva hasta la «oficina». En ese lugar vendían sus productos al dueño de las instalaciones. Más tarde otro grupo de trabajadores procesaba el minera. Eran varios fondos metálicos lo cocían a altas temperaturas. Luego trasladaban el «caldo» a otro recipiente para que decantara y se cristalizara. El resultado era salitre con una ley de 50 al 60 por ciento. Esta cifra era bastante buena para el nivel de tecnología que utilizaban.
La costra sobrante que quedaba pegada en estas grandes ollas era removida y arrojada como desecho. No obstante, durante el primer cuarto del siglo XIX se conocía que el residuo contaba al menos con un 30 por ciento de salitre que no se podía comercializar debido a que el «sistema de paradas» no era eficiente.

Nuevos inversionistas

A mediados del siglo XIX la industria salitrera pedía un cambio. Hasta el momento, los empresarios peruanos se habían dedicado a extraer el mineral sin desarrollar nuevas tecnologías para hacer más eficiente la producción.

En 1850 surgieron inversionistas ingleses y chilenos que dieron un nuevo auge a Tarapacá, creando nuevos sistemas para mejorar la producción salitrera. Los hombres más connotados en esta época fueron el inglés George Smith y el chileno, Pedro Gamboni. Ambos tuvieron una participación importantísima en el desarrollo de la región.

George Smith

George o Jorge Smith llegó a Perú en 1821 con intenciones de invertir en el país. En 1826 viajó a la Provincia de Tarapacá y comenzó con prospecciones menores en Huantajaya, cuando apenas tenía 24 años. Con el financiamiento de su tío Archivald Robson y su amigo William Bollaert, Smith comenzó la exploración de las zonas aledañas a Iquique, Bajo Molle y la cordillera de la costa.

En sus expediciones a la pampa salitrera demostró su interés por la geografía y el dibujo.

Además de su espíritu aventurero parte de su trabajo generó un mapa sobre la Provincia de Tarapacá y un informe sobre los recursos de la zona. Ambos documentos los elaboró a petición del gobierno peruano.

Pero no todo fue interés científico. En sus exploraciones descubrió un rico mineral de salitre que llamó La Noria. Esta oficina funcionó en primera instancia con el sistema de paradas.

Al mismo tiempo, Smith creó en Iquique una compañía de servicios de agua potable y perfeccionó el método de desalinizar agua de mar. El nuevo método de Smith ayudó a paliear la creciente demanda iquiqueña de este recurso.

En 1852 creó la George Smith y Cía. y estabeció vínculos estrechos con bancos de Valparaíso, de la misma manera como lo hicieron otros empresarios salitreros.

Pedro Gamboni

Para fines del siglo XIX, el sistema de paradas en que se sustentaba la industria, comenzaba a colapsar.Un joven chileno de 25 años llamado Pedro Gamboni se encontraba en quique con la intención de trabajar como químico industrial en alguna salitrera de la zona.

Gamboni nació en Valparaíso el 26 de septiembre de 1825.

Durante más de un año analizó detenidamente el proceso de “las paradas”. Sus conclusiones fueron tajantes. Lo primero fue aumentar la ley del salitre y reutilizar la costra residual del caliche. Para ello reemplazó el cocimiento del mineral en fondos por grande estanques en que se inyectaba vapor de agua a altas temperaturas.

El resultado de sus experimentos arrojó que el salitre se disolvió en forma más pura. Todo el sistema incluyó calderas, hornillas para hervir el agua, tuberías y estanques.

Después se agregó la fuerza del vapor para “chancar” en forma más rápida y pareja el caliche recién extraído de la pampa.

Con estos resultados, Pedro Gamboni patentó su procedimiento en 1853 y lo dio a conocer a algunos industriales e inversionistas. Varios bancos financiaron su proyecto y a los pocos meses se instaló su nueva tecnología en la oficina que llamó Sebastopol.

Esta oficina quedaba cerca de la oficina La Noria de George Smith.

De esta manera Gamboni dio inicio al sistema de “oficina de máquinas” y al estilo de campamento que actualmente se conocer, o sea, con casas de administración, operarios, desalinizadoras de agua, habitaciones para los trabajadores y las tradicionales tortas de ripio que actualmente se encuentran por toda la pampa.


Extracción de yodo

Luego de modificar exitosamente el proceso de extracción de salitre, Gamboni emprendió una nueva tarea: extraer yodo de las “aguas madres” del salitre. Desde 1817, el yodo era extraído de las cenizas de algas marinas. El proceso era complicado y no aseguraba un alto grado de pureza.

No se sabe con certeza cómo Gamboni llegó a conocer la existencia del yodo en forma de sodio en el caliche.

El investigador Jorge Ríos Bordones afirma que esta sal permanece en disoluciones después que se separa por cristalización el nitrato de sodio. A esta solución se le conoce con el nombre de “aguas madres”.

Tras diez años de ensayos, Pedro Gamboni patentó en 1866 el sistema para extraer yodo de las “aguas madres” del caliche y obtiene concesión exclusiva de los gobierno de Perú y Bolivia, haciendo fortuna y convirtiéndose en uno de los principales personajes de Iquique. Falleció en esta ciudad en 1895 a la edad de 70 años.

La Nueva Noria

En un primer momento el método de Gamboni no fue tomado en cuenta. Luego de varios años y tras los resultados positivos, el sistema fue empleado en nuevas oficinas salitreras. Uno de los más entusiastas en copiar la iniciativa fue George Smith quien la puso en práctica en 1856 con su proyecto de “La Nueva Noria”.

Como complemento de esta faena salitrera, se reactivó la caleta de Bajo Molle que no funcionaba como muelle desde la conquista española. En el lugar también construyó bodegas y un edificio para el control aduanero. También puso en marca un andarivel que trasladaba la carga desde La Noria hasta la costa. Después de varios intentos, esta modalidad de transporte fue desechada porque el cable de acero se rompió en varias ocasiones. Defraudado, Smith volvió a las caravanas de mulas.

Luego de 40 años en Tarapacá, Smith preparó paulatinamente su regreso a Inglaterra. Esta decisión la tomó en parque porque adquirió créditos que no pudo cancelar a la Casa Gibbs de Valparaíso. Tras meses de negociaciones, Smith vendió sus activos a Gibbs y en 1866 se conformó la Compalía de Salitres de Tarapacá. Smith sólo tuvo una mínima parte de las acciones de la compañía.

Falleció en Norwood, Ingalterra, el 28 de noviembre de 1870 a los 68 años de edad.

La fortuna de John Thomas North
El llamado rey del salitre llegóa Chile sin recursos financieros ni contactos en las altas esferas. En la autobiografía publicada en 1896, North relató como ingresó al negocio salitrero.

“La suerte me llegó de esta manera. Mi firma tenía un contrato para instalar una línea de ferrocarril en Perú. Ellos consideraron que como yo era uno de los mejores jóvenes trabajadores en la sección de máquinas, podría ir allá hasta posiblemente mejorar mi situación. Acepté tal posibilidad de inmediato. Simplemente me presenté voluntariamente para el trabajo. Ofrecí ur por el salario que estaba ganando, que era de 18 chelines a la semana, y pasaje, rogándole a mis jefes que lo descontaran de mi sueldo. Se rieron y me dijeron, North nos gusta tu entusiasmo y debes ir”.

Bueno, la proyectada línea de ferrocarril, no fue precisamente una bonanza, pero nos pagaron nuestros salarios, y mientras tanto yo buscaba algo para mi. Tendimos las líneas a traves de la selva de Perú y tuvimos aventuras de todo tipo. UN día mientras vagaba cerca de un arroyo que deba a un graí río, vi un viejo y oxidado vapor que había sido dejado allí como desecho.Repentinamente concebí la idea de esa este pequeño barco para comerciar río abajo y arriba, llevando granos y otras provisiones a los pueblos y villas. Tomé posesión del vapor por unos cientos de dólares y cuando lo obtuve, no tenía un centavo en los bolsillos”.

“No tenía crédito. Pero logré de alguna manera conseguir un cargamento de mercaderías y manejé mi pequeño barquichuelo con resultados satisfactorios. Un día cuando chile y Perú estaban en guerra, mi pequeño vaporcito se encontró en la boca del río en un momento crítico. No había ningún buque de guerra peruano en las cercanías y ellos (los chilenos) me hicieron señas que estaban muriéndose de hambre, y estaban de gran necesidad de comida y agua”.

“Fui capaz de solucionar sus necesidades inmediatas y cuando terminó la guerra, solicité alguna compensación por los servicios de mi barquito había rendido. Fue así como logré una concesión para trabajar hasta ese momento, un no explotado yacimiento de salitre. Esta concesión llevó a muchas otras. Un feliz accidente sentó la base de mi fortuna.