Salitre y guano en Antofagasta

De acuerdo a los documentos albergados en la Biblioteca Nacional de Santiago, sólo en 1842 Chile descubrió que en el desierto de Atacama existían depósitos de guano. Ese mismo año el gobierno envió una comisión para explorar. El informe fue que las reservas no eran abundantes. Sin embargo, el presidente Manuel Bulnes aprobó una ley con el apoyo del Congreso para declarar que los guanos al sur del paralelo 23 era de propiedad de la República de Chile, «por encontrarse dentro de los límites de su territorio». La ley se promulgó el 13 de octubre de 1842 y con ello dejaba a Mejillones oficialmente dentro del Chile.

Poblado de Cobija en 1875.
Bolivia protestó y dijo que su límite austral no era el paralelo 23, sino que el 26. Hubo varios roces a nivel diplomático hasta que en 1863 la situación se volvió incontenible y se comenzó a hablar de una crisis política entre ambas naciones. Sin embargo, este conflicto quedó en compás de espera debido a la Guerra contra España. De cierta manera Chile y Bolivia se unieron para enfrentar un enemigo común.
El presidente de Bolivia de esa época, Mariano Melgarejo, reanudó relaciones con Chile y propuso un arreglo limítrofe. En 1866 el acuerdo fue:
1. El límite internacional era el paralelo 24.
2. Se repartirían por mitades entre Chile y Bolivia los derechos de exportación del guano y minerales de la zona comprendida entre los grados 23 y 25.
3. Bolivia habilitaría una aduana en Mejillones y que sería la única que podría percibir estos derechos de exportación.
El tratado fue firmado a pesar de las protestas generadas en ambos países.
El presidente Melgarejo fue derrocado en 1871 y el congreso dictó una resolución que declaró nulo el acuerdo internacional.
Nuevamente hubo negociaciones que sólo fructificaron el 5 de diciembre de 1872. En esa oportunidad quedó «firme el deslinde internacional en el paralelo 24 y la medianería: pero se reglamentaba esta última al conceder a Chile el derecho a supervigilar las aduanas que se establecieran en los grados 23 a 24 y a Bolivia, las que Chile fundase en los paralelo 24 a 25.
El congreso peruano revisó el documento, pero no lo ratificó. Este trámite lo atrasó hasta 1874. En ese momento Bolivia ya había firmado el pacto secreto con Perú.
El gobierno de Chile acreditó frente a Bolivia al delegado Carlos Walker Martínez. El representante chileno se dio cuenta que los ánimos estaban caldeados y que Per˙ simpatizaba con Bolivia. Iniciaron nuevas gestiones para mejorar el antiguo tratado de 1866 con el ministro de relaciones exteriores de Bolivia, Mariano Baptista.
El tratado llegó en 1874. «El límite entre ambos países se consideró en el paralelo 24. Se suprimió la medianería, excepto para la industria guanera. Chile renunció a los beneficios que le producía el derecho a exportación de los minerales ubicados entre el paralelo 23 y 24 y Bolivia se comprometía a no aumentar las contribuciones existentes durante 25 años sobre capitales e industrias chilenas. También acordó a mantener en servicio como puertos mayores a Antofagasta y Mejillones.
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Aún existe un monolito cerca de Paposo que establece el antiguo límite entre Chile y Perú.

Mediterraneidad

El historiador antofagastino, Floreal Recabarren indica que el problema de mediterraneidad de Bolivia ha sido siempre una situación paradojal «porque cuando tuvo mar no supo aprovecharlo, pues, poco se interesó por tener marina mercante y menos una Escuadra».
Agrega que «desde 1825, fecha en que Simón Bolivar ordenó la fundación del puerto de Cobija, hasta 1879, el inicio de la Guerra del Pacífico, esto es, más de medio siglo, Bolivia no tomó conciencia que tuvo en su poder los puertos de Tocopilla, Mejillones y Antofagasta y que un hermoso océano estaba bajo su jurisdicción».
«En el caso de Cobija, en una década, 1827 a 1837, entraron a este puerto más de 300 buques, de los cuales sólo 20 eran de bandera boliviana, siendo el Potosí el de mayor tonelaje. Los otros eran simples barquichuelos. En cuanto a la Escuadra de guerra para resguardar las costas, la tuvo sólo por coyuntura».
El propio Presidente Andrés de Santa Cruz, que fue el más interesado en darle vida a Cobija, expresó, cuando el Prefecto de esa localidad le escribió para interesarlo en la formación de una unidad: «Bolivia no puede ser un poder marítimo aunque quiera…su fuerza es y sólo podrá serlo terrestre».

– Este artículo está publicado en la sección La Guerra del Pacífico. Más información en el índice y Bibliografía.

Los Problemas limítrofe de Chile y Bolivia

El tema limítrofe en el norte de Chile siempre ha estado en el debate de los historiadores. Una parte de los textos hablan sobre los problemas que tenÌa Chile y Bolivia respecto sus límites territoriales. Como hito divisorio se hablaba del Descampado de Atacama, un desierto que tiene una extensión de 600 kilómetros.

Otras versiones indican que Bolivia o el Departamento de Charcas, como en ese tiempo era denominado, nunca limitó con Chile y que no tuvo una salida directa al mar. Esta teoría habla que Chile limitó con Perú al norte y la línea divisoria estuvo marcada por el curso del río Loa.

Esto se sustenta en parte por el acuerdo del «Uti Possidetis» de 1810 que marcaba los límites de acuerdo a lo que esta establecido ese año y relacionado con la distribución administrativa que dio en su momento la corona española.

Eso sí, todos los historiadores están de acuerdo que los límites cualquiera sea su versión eran vagos e imprecisos.

De acuerdo al libro de la Historia Militar de Chile «jamás ha limitado al norte con Bolivia». Su vecino septentrional siempre ha sido Perú. Para ellos existen varios documentos que avalan esta posición.

El cronista Santiago de Tessillo, en su «Epítome Chileno», editado en 1646, afirma que Chile «es costa de norte a sur, continuada desde el Perú hasta el Estrecho de Magallanes».

Otra instancia es el Mapa de la América Meridional, confeccionado por el cartógrafo D. Juan de la Cruz Cano y Olmedilla, de acuerdo con lo dispuesto por el ministro Marqués de Grimaldi. Fue finalizado en 1775 y el límite del norte chileno fue fijado en los 21∞ 27′ Lat. S., es decir, en la desembocadura del río Loa.

El Mercurio Peruano, con fecha 2 de enero de 1791, publica un artículo llamado «Idea General del Perú» que «el río Guayaquil lo divide del nuevo reino de Granda por la parte septentrional; el despoblado de Atacama lo separa del reino de Chile».

A pesar de todas estos documentos que avalan la teoría que Bolivia no controlaba la zona de Antofagasta, lo cierto es que la administración chilena no prestó atención sobre los acontecimientos que ocurría en este vasto sector. Ya a mediados del siglo XIX era evidente que el gobierno boliviano organizaba, dictaba órdenes y controlaba el comercio que se estaba generando en los depósitos de guano y en las calicheras que se estaban descubriendo.

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Los Problemas limítrofe de Chile y Bolivia

El tema limítrofe en el norte de Chile siempre ha estado en el debate de los historiadores. Una parte de los textos hablan sobre los problemas que tenÌa Chile y Bolivia respecto sus límites territoriales. Como hito divisorio se hablaba del Descampado de Atacama, un desierto que tiene una extensión de 600 kilómetros.

Otras versiones indican que Bolivia o el Departamento de Charcas, como en ese tiempo era denominado, nunca limitó con Chile y que no tuvo una salida directa al mar. Esta teoría habla que Chile limitó con Perú al norte y la línea divisoria estuvo marcada por el curso del río Loa.

Esto se sustenta en parte por el acuerdo del «Uti Possidetis» de 1810 que marcaba los límites de acuerdo a lo que esta establecido ese año y relacionado con la distribución administrativa que dio en su momento la corona española.

Eso sí, todos los historiadores están de acuerdo que los límites cualquiera sea su versión eran vagos e imprecisos.

De acuerdo al libro de la Historia Militar de Chile «jamás ha limitado al norte con Bolivia». Su vecino septentrional siempre ha sido Perú. Para ellos existen varios documentos que avalan esta posición.

El cronista Santiago de Tessillo, en su «Epítome Chileno», editado en 1646, afirma que Chile «es costa de norte a sur, continuada desde el Perú hasta el Estrecho de Magallanes».

Otra instancia es el Mapa de la América Meridional, confeccionado por el cartógrafo D. Juan de la Cruz Cano y Olmedilla, de acuerdo con lo dispuesto por el ministro Marqués de Grimaldi. Fue finalizado en 1775 y el límite del norte chileno fue fijado en los 21∞ 27′ Lat. S., es decir, en la desembocadura del río Loa.

El Mercurio Peruano, con fecha 2 de enero de 1791, publica un artículo llamado «Idea General del Perú» que «el río Guayaquil lo divide del nuevo reino de Granda por la parte septentrional; el despoblado de Atacama lo separa del reino de Chile».

A pesar de todas estos documentos que avalan la teoría que Bolivia no controlaba la zona de Antofagasta, lo cierto es que la administración chilena no prestó atención sobre los acontecimientos que ocurría en este vasto sector. Ya a mediados del siglo XIX era evidente que el gobierno boliviano organizaba, dictaba órdenes y controlaba el comercio que se estaba generando en los depósitos de guano y en las calicheras que se estaban descubriendo.

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Guerra contra España

Este conflicto armado ocurrió durante la presidencia del José Joaquín Pérez. Asumió en 1861 y finalizó su periodo en 1871. Su gobierno fue considerado como de «conciliación», dictó una ley de amnistía para todos los desterrados políticos. Contó con el apoyo de liberales y conservadores.

La tranquilidad de su gobierno fue interrumpido por la Guerra Contra España. El conflicto comenzó por el sentido americanista que existía en la Època y la hermandad que florecía entre Chile y Perú.
En 1865, España había reconocido formalmente la independencia chilena, pero no la del Perú, que aún estaba gestionándose ante la corte por los canales diplomáticos.
Una fuerza naval hispana presente en el Pacífico Sur, es recibida con manifestaciones de hostilidad en los puertos peruanos, lo que hace sentirse agraviado al almirante español José Miguel Pareja, quien como represalia toma las islas Chinchas.
Otras versiones indican que la Escuadra Española tomó las islas como una manera de saldar antiguas deudas que tenía el Perú desde tiempos de la Colonia.
No obstante, Perú y España manejaron el conflicto suscitado en forma bilateral. Al final los españoles devolvieron las islas.
Durante las negociaciones anteriores, la opinión pública chilena estaba enfurecida con los españoles, se realizaron actos hostiles contra los españoles residentes, se ridiculizó a sus soberanos y se negó todo apoyo logístico a las unidades navales españolas en los puertos chilenos.
El 18 de septiembre de 1865, el Almirante José Manuel Pareja recala en Valparaíso y exige al Gobierno chileno un desagravio humillante, so pena de bloquear nuestros puertos y destruir con su artillería los dos terminales marítimos principales.
Chile rechaza las condiciones y la fuerza hispana inicia las hostilidades declarando el bloqueo de nuestros puertos. El Gobierno chileno declara la guerra a España.
Simultáneamente, el frente diplomático accionaba eficazmente en el Perú, fin de conseguir una alianza que permitiera formar una Escuadra combinada con unidades chileno-peruanas para alcanzar un relativo equilibrio y poder iniciar la campaña marítima.
Pero la nación del norte estaba en medio de una revolución y su escuadra se había dividido en leales y contrarios al gobierno.
Nuestro Ministro Plenipotenciario enviado al Perú, Domingo Santa María, logró después de enormes esfuerzos, que el coronel Mariano Ignacio Prado, líder de los revolucionarios, se comprometiera a enviar a Chiloé los buques que le eran afectos, siempre que la corbeta «Esmeralda» y el vapor «Maipú» concurrieran hasta El Perú, para desarrollar la peligrosa travesía al sur en conjunto.
Sin embargo, Juan Williams Rebolledo a cargo de la nave Esmeralda se apoderó de la embarcación española «Covadonga» en el Combate de Papudo, ocurrido en noviembre de 1865. Pareja, luego de la derrota cometió suicidio.
La Escuadra Española fue asumida por el capitán de navío Casto Méndez Núñez. La situación para los europeos era insostenible. Adicionalmente, había redundado en que Perú, Ecuador y Bolivia le hubiesen declarado la guerra a España, con lo que se encontraban privados de toda posible posición para apoyo logístico de las naves cerca del teatro de operaciones. Faltaban el carbón, los víveres y hasta el cebo para las máquinas.

Desde otro punto de vista, el bloqueo comercial no había surtido el efecto esperado, dados la extensión del litoral chileno, los numerosos puertos y el escaso número de naves disponibles para ejecutarlo.
Más tarde llegaron a Chiloé los buques peruanos, el monitor «Huáscar» y la fragata blindada «Independencia» para sumarse a la Escuadra aliada, que con este significativo aporte, quedó en condiciones de operar ofensivamente en el Pacífico.
Estos elementos de juicio aconsejaban la retirada. Pero, no se habían obtenido en el mar éxitos de resonancia o trascendencia suficientes como para considerar cumplida la mentada represalia a la nación chilena, que originó el conflicto.
Enfrentado a esta disyuntiva de cursos de acción contrapuestos, el jefe español resolvió la retirada, bombardeando antes la ciudad y el puerto de Valparaíso.
Para ello notificó el dÌa 27 de marzo al Gobernador de Valparaíso, que cuatro días más tarde bombardearÌa la ciudad, pidiéndole que se izaran banderas blancas en hospitales, iglesias y establecimientos de beneficencia.
Estaban en la bahía las escuadras inglesa y norteamericana. La primera al mando del Almirante Denman y la segunda al mando del Comodoro John Rodgers.
El Encargado de Negocios de Inglaterra Mr. Taylor Thomson no autorizó la intervención de la escuadra inglesa para impedir el bombardeo, pues ello significaba un combate entre ambas fuerzas navales.
El Comodoro Rodgers al conocer el pronunciamiento de los ingleses, no se atrevió a intervenir.
Entonces el Cuerpo Consular en pleno, hizo una representación al ya almirante Mendez Núñez, indicándole lo inútil de su acción y la reprobación mundial que recibiría España por ese ataque.
Poco antes del inicio del bombardeo a Valparaíso, ambas escuadras extranjeras zarparon, dejando abandonada a su suerte a la ciudad.
El día 31 de marzo, con las fragatas «Numancia», «Blanca», «Villa Madrid», «Resolución» y «Vencedora», el Almirante Mendez Núñez bombardeó el primer puerto chileno durante tres horas.
Las 2.600 bombas y granadas disparadas causaron daños avaluados en $ 14.733.700 de la época, equivalente a 3.6 veces el costo total de la Expedición Libertadora del Perú.
El 11 de abril de 1871, se firma un armisticio mucho después que la Escuadra española abandonara las aguas del Océano Pacífico.

Gracias a la gestión del capitán del Almirante Patricio Lynch Zaldívar se produce un acercamiento entre ambas naciones, firmándose en Lima el Tratado de Paz y Amistad, el 12 de junio de 1883 cuando aún Chile estaba ocupando en Lima y el fin de la Guerra del Pacífico aún no era una realidad.
– Este artículo está publicado en la sección La Guerra del Pacífico. Más información en el Capítulo 1: Chile en el siglo XIX y en la Bibliografía.

Batalla de Yungay

Monumento al Roto Chileno en la Batalla de Yungay.

El 20 de enero de 1839 ocurrió la Batalla de Yungay, pueblo peruano ubicado en el departamento de Ancash, a orillas del río Santa. El general Manuel Bulnes, junto con 50.000 hombres, extendió sus líneas frente a los cerros de Punyán y Pan de Azúcar, ocupados por Santa Cruz con seis mil soldados.
Sucesivamente los chilenos, escalaron las alturas de Punyán y Pan de Azúcar y lograron dominar la posición. Vencido el enemigo en lo cerros, la batalla se hizo general en la llanura y al fin de seis horas de lucha, con tres cargas cerradas de caballería al mando del coronel Fernando Baquedano, quedó en completa derrota Santa Cruz y anuló el poder de la confederación.
Santa Cruz huyó a Ecuador. Tiempo después volvió a Bolivia e intentó dar un golpe de Estado. Sin embargo fue desterrado a Chile, donde vivió tranquilamente en Chillán, hasta que años después Bolivia lo llamó para fuera embajador en Europa.
Al llegar a Lima el general peruano Agustín Gamarra, enemigo de Santa Cruz, declaró terminada la guerra el 6 de marzo de 1839. La ConfederaciÛn se habÌa desintegrado.

– Este artículo está publicado en la sección La Guerra del Pacífico. Más información en el Capítulo 1: Chile en el siglo XIX y en la Bibliografía.

Guerra contra Confederación Perú-Boliviana


A partir de 1830 se produjeron varios conflictos entre Chile y Perú que culminaron en un enfrentamiento armado.
Perú debía a Chile un millón y medio de pesos, más los intereses, que eran parte del préstamo solicitado por Chile a Inglaterra. A esto se sumaban los gastos de la expedición libertadora durante el proceso de independencia.
Desde 1824, el gobierno peruano había subido los derechos de aduanas a los productos agrícolas provenientes de Chile.
Con los almacenes libres, Valparaíso se había convertido en el primer centro comercial del Pacífico. Perú deseaba revertir la situación a favor del puerto de Callao, para lo cual le agregó impuestos especiales a las mercancías provenientes del puerto chileno.
A estos problemas se sumó el hecho que entre 1824 y 1825, el libertador Simón Bolívar dividió el antiguo Virreinato del Perú en dos estados independientes: Perú y Bolivia. Sin embargo, el mariscal boliviano Andrés Santa Cruz deseaba la reunificación.

En 1836, Santa Cruz, que había asumido la presidencia de Bolivia, aprovechó la anarquía interna en Perú, ganó adeptos y fuerza. Es así que invadió el Perú y derrocó al presidente Agustín Gamarra.
Ante el grueso de la población apareció como el salvador del Perú y pudo proclamar la unión de ambas naciones en la Confederación Perú-Boliviana, de la cual se auto nombró su Gran Protector.
Chile no pudo permanecer indiferente ante la política invasora de Santa Cruz, pues el gobierno chileno, ya enemistado con el del Perú por cuestiones aduaneras y comerciales, se consideró amenazado y declaró la guerra a la Confederación.
Portales se dedicó a la tarea de movilizar las tropas y prepararlas para la confrontación. Ordenó al marino español Victorino Garrido que perpetrara un ataque contra la escuadra peruana fondeada en Callao.
Pese a la inferioridad de la escuadra chilena, la gran mayoría de los barcos peruanos fueron capturados. Ante esta situación, la Confederación intentó entablar negociaciones pacíficas.
El gobierno chileno envió a Mariano Egaña a exigir a Santa Cruz la solución de los temas económicos pendientes y la disolución de la Confederación. El Presidente boliviano se rehusó, Egaña dio por declarada la guerra el 28 de diciembre de 1836.
La situación no era muy favorable para Chile, ya que Santa Cruz consiguió el apoyo de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos. En tanto, los aliados chilenos, Argentina y Ecuador, no se atrevieron a intervenir en el conflicto.
Al mismo tiempo al interior del país existían tensiones entre liberales y conservadores. En Quillota y Valparaíso hubo un intento de motín. Portales fue detenido y llevado hasta el puerto. El intento de motín fue detenido por las fuerzas que estaban ubicadas en el puerto y comandadas por el general Blanco Encalada. De esta manera en el amanecer del 6 de junio de 1837 fue asesinado por parte de oficiales amotinados.
La muerte de Portales no desarmó los planes del gobierno contra la Confederación Perú – Boliviana. El general Blanco Encalada fue mandado al Perú con dos 2.700 hombres. Desembarcó en Quilca y se dirigió a Arequipa. Sin embargo en su trayecto vio que la resistencia era fuerte y que las fuerzas peruanas eran mayores. De esta manera el general chileno decidió pactar con el general Santa Cruz y ambos firmaron el tratado de Paucarpata. En seguida el Ejército Expedicionario volvió a Chile en noviembre de 1837.
La derrota de la primera expedición y la firma del tratado de Paucarpata provocaron disgusto en la sociedad chilena. El presidente Prieto no reconoció el acuerdo y comenzó a preparar una segunda expedición restauradora de la libertad del Perú.
Meses más tarde el general Manuel Bulnes desembarcó cerca de Lima con un Ejército de 6.000 soldados.
El primer enfrentamiento ocurrió en el sector denominado Portada de Guías. Chile ganó y de esta manera el Ejército entró a Lima en agosto de 1838. Posteriormente triunfó en los combates de Matucana y Puente de Buín. Al mismo tiempo el comandante Roberto Simpson, marino inglés y antiguo oficial de Lord Cochrane, rechazaba en Casma las fuerzas navales de la Confederación. Días después las fuerzas restantes del Ejército de Santa Cruz fueron derrotadas en la Batalla de Yungay.
– Este artículo está publicado en la sección La Guerra del Pacífico. Más información en el Capítulo 1: Chile en el siglo XIX y en la Bibliografía.