La fuerza militar chilena previo a la Guerra del Pacífico

Cuando comenzó la guerra en 1879, el Ejército chileno se encontraba mal organizado y con una dotación que se había reducido paulatinamente durante los últimos diez años.
La crisis económica del país agravó aún más los recursos de la institución castrense. Esto se veía aumentado con el ambiente pacifista y el sentimiento de hermandad latinoamérica que existía en la población.
Las fuerzas armadas estaban integradas por el Ejército, la Armada y la Guardia Nacional.
La ley del 12 de septiembre de 1878 había fijado la dotación del Ejército en 3.122 plazas, pero por razones económicas el número se redujo en la práctica a 2.440 plazas. Sin embargo el número efectivo fluctuaba entre los 2.000 y 2.200 hombres.
Lo cierto es que Chile contaba con objetivos políticos claramente definidos y una acuciosa capacidad de organización que le permitiría levantar tres ejércitos en poco m·s de seis meses: El Ejército del Sur, que operaba en la Araucanía, el Ejército del Centro que operaba como reserva, y el Ejército en Campaña, que enfrentaría al Perú y Bolivia. Este último ejército llegó a superar los veinticinco mil hombres. Además, a partir de 1872 Misiones militares chilenas adquirieron de Gran Bretaña, Francia y Prusia armas de última generación, como ametralladoras Gatling, cañones Krupp y fusiles Comblain, material que modernizó su arsenal.

Distribución del Ejército


El Ejército de Línea estaba distribuido en 5 batallones de infantería de 300 plazas cada uno; dos regimientos de caballería a 3 escuadrones de 106 jinetes cada uno; y un regimiento de artillería a dos baterías con un total general de 410 hombres.

Infantería:
– Batallón Buin 1 de línea, 302 plazas.
– Batallón 2º de línea, 321 plazas.
– Batallón 3º de línea, 300 plazas.
– Batallón 4º de línea, 403 plazas.
– Batallón Zapadores, 334 plazas.

Caballería
– Regimiento Cazadores de caballo de 304 plazas.
– Regimiento Granaderos a caballo de 230 plazas.

Artillería
– Un regimiento de 400 plazas.

En total eran 2.594 hombres. Faltaban 528 personas para completar las 3.122 plazas que fijaba la ley de 1878.
Además existía la Escuela Militar que fue declarada en receso en noviembre de 1876. Comenzó a funcionar nuevamente en marzo de 1879 con 37 alumnos.
En 1879 la planta de oficiales era la siguiente: Tres generales de división, 5 generales de brigada, 7 coroneles, 29 tenientes coroneles, 38 sargentos mayores, 100 capitales, 20 ayudantes, 82 tenientes y 117 subtenientes.
En total eran 401 oficiales. Su distribución en el territorio era la siguiente: 100 de ellos estaban  encargados de la instrucción de la Guardia Nacional. Otros 100 era distribuidos en las oficinas militares y 201 estaban en los cuerpos de tropas.
La dotación de suboficiales y clases comprendía en total a 459 personas. Por grados correspondían a 37 sargentos 1º, 142 sargentos 2º, 138 cabos 1º y 142 cabos 2º. Divididos por «armas», habían 216 hombres de infantería, 134 de caballería, 57 para artillería y 52 en zapadores

Ubicación

Gran parte del Ejército de Línea estaba en la frontera con la Araucanía. El resto cubría las guarniciones de Santiago y Valparaíso. De acuerdo con la «Memoria de Guerra de 1878» las unidades de tropa cubrían las siguientes guarniciones del país.
El Batallón Buin 1º de línea prestaba servicios en Collipulli. En tanto que el Batallón 2º  de línea tenía 2 compañías en Valparaíso; 1 compañía en Cañete y otra en Toltén. El Batallón 3º de línea estaba en Angol. El 4º de línea tenía su sede en Santiago. El batallón Zapadores estaba radicado en Lumaco. Los   Regimientos Cazadores y Granaderos a a Caballo funcionaban en Santiago y la frontera. A su vez el Regimiento de Artillería estaba en Santiago y Valparaíso.

Reclutamiento

El servicio militar obligatorio se estableció en 1833, pero en la pr·ctica no era aplicado. El reclutamiento consistía en el enganche voluntario con una prima en dinero a través de un contrato.

Guardia Nacional

Era una agrupación que no poseía todas las características de un cuerpo militar profesional y jerarquizado. Su objetivo era ser un elemento de reserva. Los ciudadanos inscritos en los registros debían reunirse los domingo o días festivos en lugares públicos a fin de recibir instrucción militar. De acuerdo a la época, «la Guardia Nacional alejaba al individuo de la taberna en sus horas de ocio y contribuía a mantener en el hábito de la disciplina y el cariño por las armas».

Armamento y munición

La infantería usaba el fusil Comblain, modelo 1873, francés, era considerado como el mejor de acuerdo a sus condiciones balísticas.
Existían además cerca de 40.000 fusiles Chassepo, modelo 1874, francés; Beaumont, modelo 1871. En os arsenales había 2.800.000 cartuchos comblain y en los depósito de la Araucanía. 49.730. En total habían 2.849.730 cartuchos.
La CaballerÌa tenía el sable y la carabina. Esta ultima de las marchas Winchester y Spencer.
La artillería tenía 75 piezas de campaña en el parque. 14 cañones de campaña Krupp, 4 cañones de montaña y 6 ametralladoras Gatling.
En la maestranza de Limache se habían construido 12 cañones de campaña, 12 cañones de montaña y 6 cañones de bronce para montaña.

La fuerza militar chilena previo a la Guerra del Pacífico

Cuando comenzó la guerra en 1879, el Ejército chileno se encontraba mal organizado y con una dotación que se había reducido paulatinamente durante los últimos diez años.
La crisis económica del país agravó aún más los recursos de la institución castrense. Esto se veía aumentado con el ambiente pacifista y el sentimiento de hermandad latinoamérica que existía en la población.
Las fuerzas armadas estaban integradas por el Ejército, la Armada y la Guardia Nacional.
La ley del 12 de septiembre de 1878 había fijado la dotación del Ejército en 3.122 plazas, pero por razones económicas el número se redujo en la práctica a 2.440 plazas. Sin embargo el número efectivo fluctuaba entre los 2.000 y 2.200 hombres.
Lo cierto es que Chile contaba con objetivos políticos claramente definidos y una acuciosa capacidad de organización que le permitiría levantar tres ejércitos en poco m·s de seis meses: El Ejército del Sur, que operaba en la Araucanía, el Ejército del Centro que operaba como reserva, y el Ejército en Campaña, que enfrentaría al Perú y Bolivia. Este último ejército llegó a superar los veinticinco mil hombres. Además, a partir de 1872 Misiones militares chilenas adquirieron de Gran Bretaña, Francia y Prusia armas de última generación, como ametralladoras Gatling, cañones Krupp y fusiles Comblain, material que modernizó su arsenal.

Distribución del Ejército


El Ejército de Línea estaba distribuido en 5 batallones de infantería de 300 plazas cada uno; dos regimientos de caballería a 3 escuadrones de 106 jinetes cada uno; y un regimiento de artillería a dos baterías con un total general de 410 hombres.

Infantería:
– Batallón Buin 1 de línea, 302 plazas.
– Batallón 2º de línea, 321 plazas.
– Batallón 3º de línea, 300 plazas.
– Batallón 4º de línea, 403 plazas.
– Batallón Zapadores, 334 plazas.

Caballería
– Regimiento Cazadores de caballo de 304 plazas.
– Regimiento Granaderos a caballo de 230 plazas.

Artillería
– Un regimiento de 400 plazas.

En total eran 2.594 hombres. Faltaban 528 personas para completar las 3.122 plazas que fijaba la ley de 1878.
Además existía la Escuela Militar que fue declarada en receso en noviembre de 1876. Comenzó a funcionar nuevamente en marzo de 1879 con 37 alumnos.
En 1879 la planta de oficiales era la siguiente: Tres generales de división, 5 generales de brigada, 7 coroneles, 29 tenientes coroneles, 38 sargentos mayores, 100 capitales, 20 ayudantes, 82 tenientes y 117 subtenientes.
En total eran 401 oficiales. Su distribución en el territorio era la siguiente: 100 de ellos estaban  encargados de la instrucción de la Guardia Nacional. Otros 100 era distribuidos en las oficinas militares y 201 estaban en los cuerpos de tropas.
La dotación de suboficiales y clases comprendía en total a 459 personas. Por grados correspondían a 37 sargentos 1º, 142 sargentos 2º, 138 cabos 1º y 142 cabos 2º. Divididos por «armas», habían 216 hombres de infantería, 134 de caballería, 57 para artillería y 52 en zapadores

Ubicación

Gran parte del Ejército de Línea estaba en la frontera con la Araucanía. El resto cubría las guarniciones de Santiago y Valparaíso. De acuerdo con la «Memoria de Guerra de 1878» las unidades de tropa cubrían las siguientes guarniciones del país.
El Batallón Buin 1º de línea prestaba servicios en Collipulli. En tanto que el Batallón 2º  de línea tenía 2 compañías en Valparaíso; 1 compañía en Cañete y otra en Toltén. El Batallón 3º de línea estaba en Angol. El 4º de línea tenía su sede en Santiago. El batallón Zapadores estaba radicado en Lumaco. Los   Regimientos Cazadores y Granaderos a a Caballo funcionaban en Santiago y la frontera. A su vez el Regimiento de Artillería estaba en Santiago y Valparaíso.

Reclutamiento

El servicio militar obligatorio se estableció en 1833, pero en la pr·ctica no era aplicado. El reclutamiento consistía en el enganche voluntario con una prima en dinero a través de un contrato.

Guardia Nacional

Era una agrupación que no poseía todas las características de un cuerpo militar profesional y jerarquizado. Su objetivo era ser un elemento de reserva. Los ciudadanos inscritos en los registros debían reunirse los domingo o días festivos en lugares públicos a fin de recibir instrucción militar. De acuerdo a la época, «la Guardia Nacional alejaba al individuo de la taberna en sus horas de ocio y contribuía a mantener en el hábito de la disciplina y el cariño por las armas».

Armamento y munición

La infantería usaba el fusil Comblain, modelo 1873, francés, era considerado como el mejor de acuerdo a sus condiciones balísticas.
Existían además cerca de 40.000 fusiles Chassepo, modelo 1874, francés; Beaumont, modelo 1871. En os arsenales había 2.800.000 cartuchos comblain y en los depósito de la Araucanía. 49.730. En total habían 2.849.730 cartuchos.
La CaballerÌa tenía el sable y la carabina. Esta ultima de las marchas Winchester y Spencer.
La artillería tenía 75 piezas de campaña en el parque. 14 cañones de campaña Krupp, 4 cañones de montaña y 6 ametralladoras Gatling.
En la maestranza de Limache se habían construido 12 cañones de campaña, 12 cañones de montaña y 6 cañones de bronce para montaña.

José Santos Ossa Vega


Nació en Huayco en 1827. A los 12 años se radicó en Vallenar. Huérfano a temprana edad, se educó en forma autodidacta. Vivió de allegado en varios hogares de familias vinculadas a la fundición y compra de minerales. En Vallenar trabajó para la familia Walker, de Vallenar, donde adquirió sus primeros conocimientos de Química, Mineralogía, Contabilidad, Inglés, y su afición por la lectura.
 En su juventud recorrió las zonas agrícolas de San Carlos y Chillán. Luego de una breve permanencia en Iquique, Ossa se instala en Cobija en 1845. En un principio se dedicó a la compraventa de minerales, pero las facilidades concedidas por los abundantes depósitos de guano que existían en el ·rea lo convencieron para cambiar de rubor.
En 1855 fallece la primera esposa de José Santos Ossa, Melchora Ruiz. Ese mismo año viajó a Iquique, donde conoció a su futuro socio, Francisco Puelma.
De vuelta a Cobija, inicia el proyecto de construcción, junto a José Artola, de una planta desaladora de agua y comienza nuevamente la explotación a gran escala de los depósitos de guano., lo que le generar· una pequeÒa fortuna con la que se retira Chillán. Sin embargo, a los pocos meses regresarÌa a la zona.
Dos expediciones realizadas en abril y diciembre de 1860, lo ponen en contacto con los yacimientos de salitres de Cuevitas y Salar del Carmen.
La crisis económica de 1861 le hizo perder sus propiedades y sus activos. Regresó a Cobija a comenzar todo nuevamente. Fue nombrado cónsul honorario de Chile en territorio boliviano, y sus hijos volvieron de Europa, donde los había enviado a estudiar.
En 1863 inició nuevas exploraciones al desierto en busca de yacimientos de plata, para reunir capital, pero sufrió una nueva tragedia: el 10 de diciembre de 1865 se quemaron su casa y sus bodegas de trabajo, donde tenÌa las maquinarias y maderas.
Seis años después se establece en la Caleta de La Chimba, la que gracias a su empuje y negocios creció hasta transformarse en el puerto de Antofagasta. En ese periodo José Santos Ossa y Francisco Puelma se asocian y crearon la Sociedad Explotadora del Desierto de Atacama, entidad que crecerÌa hasta entrar en negociaciones con Gibas y CÌa. Posteriormente mantienen relaciones comerciales con las Casas Melbourne, Clark Smith y Agustín Edwards Ossandón en 1869.
Su aporte más significativo para el desarrollo de Antofagasta fue el lograr que las naves de la Pacific Steam Navegation Company consideraran a este puerto entre sus escalas.
En 1872 la Compañía de Ossa y Puelma se transformÛ en Sociedad Anónima bajo el nombre de Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta.
Al conocerse el descubrimiento de yacimientos superficiales de guano en las Islas de San Ambrosio y San Féix, ubicadas a 950 kilómetros frente a Chañaral, José Santos Ossa organizó una expedición para investigar los depósitos. Embarcado en el vapor ìFanny Hareî, zarparon desde el puerto peruano de El Callao, navegando durante dos semanas hasta llegar a su objetivo.
José Santos Ossa murió en el mar el 13 de Agosto de 1878. Contagió una neumonía. No pudo llegar al continente para recibir tratamiento médico.

– Este artículo está publicado en la sección La Guerra del Pacífico. Más información en el índice y Bibliografía.

José Santos Ossa Vega


Nació en Huayco en 1827. A los 12 años se radicó en Vallenar. Huérfano a temprana edad, se educó en forma autodidacta. Vivió de allegado en varios hogares de familias vinculadas a la fundición y compra de minerales. En Vallenar trabajó para la familia Walker, de Vallenar, donde adquirió sus primeros conocimientos de Química, Mineralogía, Contabilidad, Inglés, y su afición por la lectura.
 En su juventud recorrió las zonas agrícolas de San Carlos y Chillán. Luego de una breve permanencia en Iquique, Ossa se instala en Cobija en 1845. En un principio se dedicó a la compraventa de minerales, pero las facilidades concedidas por los abundantes depósitos de guano que existían en el ·rea lo convencieron para cambiar de rubor.
En 1855 fallece la primera esposa de José Santos Ossa, Melchora Ruiz. Ese mismo año viajó a Iquique, donde conoció a su futuro socio, Francisco Puelma.
De vuelta a Cobija, inicia el proyecto de construcción, junto a José Artola, de una planta desaladora de agua y comienza nuevamente la explotación a gran escala de los depósitos de guano., lo que le generar· una pequeÒa fortuna con la que se retira Chillán. Sin embargo, a los pocos meses regresarÌa a la zona.
Dos expediciones realizadas en abril y diciembre de 1860, lo ponen en contacto con los yacimientos de salitres de Cuevitas y Salar del Carmen.
La crisis económica de 1861 le hizo perder sus propiedades y sus activos. Regresó a Cobija a comenzar todo nuevamente. Fue nombrado cónsul honorario de Chile en territorio boliviano, y sus hijos volvieron de Europa, donde los había enviado a estudiar.
En 1863 inició nuevas exploraciones al desierto en busca de yacimientos de plata, para reunir capital, pero sufrió una nueva tragedia: el 10 de diciembre de 1865 se quemaron su casa y sus bodegas de trabajo, donde tenÌa las maquinarias y maderas.
Seis años después se establece en la Caleta de La Chimba, la que gracias a su empuje y negocios creció hasta transformarse en el puerto de Antofagasta. En ese periodo José Santos Ossa y Francisco Puelma se asocian y crearon la Sociedad Explotadora del Desierto de Atacama, entidad que crecerÌa hasta entrar en negociaciones con Gibas y CÌa. Posteriormente mantienen relaciones comerciales con las Casas Melbourne, Clark Smith y Agustín Edwards Ossandón en 1869.
Su aporte más significativo para el desarrollo de Antofagasta fue el lograr que las naves de la Pacific Steam Navegation Company consideraran a este puerto entre sus escalas.
En 1872 la Compañía de Ossa y Puelma se transformÛ en Sociedad Anónima bajo el nombre de Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta.
Al conocerse el descubrimiento de yacimientos superficiales de guano en las Islas de San Ambrosio y San Féix, ubicadas a 950 kilómetros frente a Chañaral, José Santos Ossa organizó una expedición para investigar los depósitos. Embarcado en el vapor ìFanny Hareî, zarparon desde el puerto peruano de El Callao, navegando durante dos semanas hasta llegar a su objetivo.
José Santos Ossa murió en el mar el 13 de Agosto de 1878. Contagió una neumonía. No pudo llegar al continente para recibir tratamiento médico.

– Este artículo está publicado en la sección La Guerra del Pacífico. Más información en el índice y Bibliografía.

Inversiones chilenas en el descampado de Atacama

Oficina abandonada en región de Antofagasta.

En 1866 José Santos Ossa y Francisco Puelma descubrieron mantos de salitre en el Salar del Carmen, ubicado al este de Antofagasta. Casi inmediatamente obtuvieron las concesiones para explotar el mineral. La única obligación era construir un muelle en Antofagasta. Este permiso fue heredado más adelante por la Compañía de Salitres de Antofagasta.

En primera instancia Puelma y Ossa trasladaron estos derechos a la Compañía Explotadora del Desierto de Atacama. Esta empresa gestionó en Bolivia otros permisos como explotar el recurso por 15 años a cambio del pago de 10.000 sólo una vez la construcción de un camino de 30 leguas y que llegara a puerto. También le dieron una franja de territorio de una legua de ancho por toda la extensió del camino para que la explotaran.

Los beneficios eran tan buenos, que la gente de Bolivia protestó. En tanto que los chilenos afirmaban que sólo recibían lo que pertenecía a Chile.

En 1871, Bolivia restringió todos los derechos sobre esta zona. A excepción de la Empresa Melbourne, Clark y Cía, entidad que heredó los recursos de la Sociedad Explotadora del Desierto de Atacama.

En 1874 hubo otro permiso que entregó a la nueva empresa llamada Compañía de Salitres y FF.CC. de Antofagasta. Fue gestionado a nivel de gobiernos. La empresa tenÌa 15 años de permiso, grandes extensiones de terreno y facilidades para sacar la carga por los puertos de la zona. El artículo 4 decía: «desde el 1 de enero de 1874 la empresa tiene el derecho a explotar libremente los depósitos de salitres y el de exportar por el puerto de Antofagasta los productos de esos depósitos libres de todo derecho de exportación y de cualquier otro gravamen municipal o fiscal».

El tratado de 1874 fue mejorado y decía que «las personas, industrias y capitales chilenos que quedarán sujetos a más contribuciones, de cualquier clase que sean, que a las que al presente existen».

Con estos acuerdos, los problemas de límites y la industria chilena en la zona estaba protegida. Hasta que en 1878, la asamblea boliviana desenterró este decreto y vio que económicamente el país estaba perdiendo recursos. El Ejecutivo boliviano, dictó el 14 de febrero de 1878 la siguiente resolución: «Se aprueba la transacción celebrada por el Ejecutivo el 27 de noviembre de 1873 con el apoderado de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, a condición de hacer efectivo como mínimo un impuesto de 10 centavos en quintal exportado».

Ese mismo año los ejecutivos de la compañía en Valparaíso, viajaron a Santiago y pidieron la intervención del gobierno. En primera instancia se utilizó el envío de un diplomático que pidieron la extensión del acuerdo suscrito en 1874. La respuesta de Bolivia se demoró por varios meses. No hubo respuestas y en Bolivia se hablaba de echar a los ingleses de Antofagasta.

La Moneda envió una carta a La Paz en la que decía: «La negativa del gobierno de Bolivia una exigencia tan justa como demostrada colocaría declarar nulo el tratado de límites que nos liga con ese país, y las consecuencias de esta declaración dolorosa, pero absolutamente justificada y necesaria, serían de la exclusiva responsabilidad de la parte que hubiere dejado de dar cumplimiento a lo pactado».

Bolivia insistió en el gravamen de 10 centavos. Incluso estableció que debía ser retroactivo y que se cobraría desde el 14 de febrero de 1878, a pesar que el trámite fue despachado el 17 de diciembre de ese mismo.

«El 6 de enero de 1879, el prefecto Zapata notificó a la compañía el pago de los derechos a contar desde la fecha indicada en la ley. El 11 de mandó a trabar embargo en sus bienes y llevar a la cárcel al gerente Jorge Hicks.

El 1 de febrero el Presidente Daza dictó un decreto en que afirmaba que como la Compañía de Salitres de Tarapacá no quería pagar el impuesto y no respecta los acuerdos, dejaba sin efecto el acuerdo suscrito en 1873. Reivindicó las salitreras detentadas por la compaÒÌa.

El 7 de febrero la Moneda recibió un telegrama que indicaba que el gobierno boliviano remataría las salitreras.

El presidente Aníbal Pinto dispuso que el Cochrane y la O’Higgins fueran a Antofagasta con dos compañías de artillería a bordo a las Ordenes del coronel Emilio Sotomayor Baeza.

El 14 de febrero, por la mañana, una escuadrilla compuesta por el Blanco, el Cochrane y la O’Higgins apareció fondeada en la bahÌa de Antofagasta. Las compañías bajaron a tierra y el prefecto Zapata y sus 40 policiales se retiraron de la ciudad.

Problemas con Argentina

Los problemas limítrofes no sólo estaban en el norte. La frontera con Argentina en el sur también complicaba al gobierno chileno.

El tema de la pertenencia de la región de la Patagonia era un tema obligado en la sociedad argentina. Incluso esta tensión entre ambos países jugaba en contra de Chile, debido a que Per˙ y Bolivia tenían la intención que Argentina se uniera en un pacto defensivo contra Chile.

Las negociaciones de Chile permitieron que la tensión disminuyera y la nación trasandina se mantuviera a un lado durante el conflicto de la Guerra del Pacífico.

Es así como Con este país, se llegó a un acuerdo en el Tratado de Límites de 1881, que estableció como límite entre ambos países la Cordillera de los Andes en sus más altas cumbres que dividen las aguas. En caso de problemas, se nombrarían peritos y se recurrirÌa al arbitraje de una potencia amiga.

El Estrecho de Magallanes quedó bajo la soberanía chilena. Tierra del Fuego serÌa dividida y compartida por ambos países. Las islas situadas al sur del Canal Beagle hasta el Cabo de Hornos y las que se encontrasen al occidente de Tierra del Fuego pertenecerían a Chile.

La aplicación del Tratado de 1881 originó inconvenientes, y para superarlos se firmó un Protocolo el 1 de mayo de 1893. Pero, como los problemas subsistían, fueron sometidos al arbitraje de la corona Británica. Fue el Rey Eduardo VII de Inglaterra quien ofició de árbitro en el conflicto limítrofe entre Chile y Argentina, que culminó con la firma de los Pactos de Mayo, en 1902.

– Este artículo está publicado en la sección La Guerra del Pacífico. Más información en el índice y Bibliografía.

Inversiones chilenas en el descampado de Atacama

Oficina abandonada en región de Antofagasta.

En 1866 José Santos Ossa y Francisco Puelma descubrieron mantos de salitre en el Salar del Carmen, ubicado al este de Antofagasta. Casi inmediatamente obtuvieron las concesiones para explotar el mineral. La única obligación era construir un muelle en Antofagasta. Este permiso fue heredado más adelante por la Compañía de Salitres de Antofagasta.

En primera instancia Puelma y Ossa trasladaron estos derechos a la Compañía Explotadora del Desierto de Atacama. Esta empresa gestionó en Bolivia otros permisos como explotar el recurso por 15 años a cambio del pago de 10.000 sólo una vez la construcción de un camino de 30 leguas y que llegara a puerto. También le dieron una franja de territorio de una legua de ancho por toda la extensió del camino para que la explotaran.

Los beneficios eran tan buenos, que la gente de Bolivia protestó. En tanto que los chilenos afirmaban que sólo recibían lo que pertenecía a Chile.

En 1871, Bolivia restringió todos los derechos sobre esta zona. A excepción de la Empresa Melbourne, Clark y Cía, entidad que heredó los recursos de la Sociedad Explotadora del Desierto de Atacama.

En 1874 hubo otro permiso que entregó a la nueva empresa llamada Compañía de Salitres y FF.CC. de Antofagasta. Fue gestionado a nivel de gobiernos. La empresa tenÌa 15 años de permiso, grandes extensiones de terreno y facilidades para sacar la carga por los puertos de la zona. El artículo 4 decía: «desde el 1 de enero de 1874 la empresa tiene el derecho a explotar libremente los depósitos de salitres y el de exportar por el puerto de Antofagasta los productos de esos depósitos libres de todo derecho de exportación y de cualquier otro gravamen municipal o fiscal».

El tratado de 1874 fue mejorado y decía que «las personas, industrias y capitales chilenos que quedarán sujetos a más contribuciones, de cualquier clase que sean, que a las que al presente existen».

Con estos acuerdos, los problemas de límites y la industria chilena en la zona estaba protegida. Hasta que en 1878, la asamblea boliviana desenterró este decreto y vio que económicamente el país estaba perdiendo recursos. El Ejecutivo boliviano, dictó el 14 de febrero de 1878 la siguiente resolución: «Se aprueba la transacción celebrada por el Ejecutivo el 27 de noviembre de 1873 con el apoderado de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, a condición de hacer efectivo como mínimo un impuesto de 10 centavos en quintal exportado».

Ese mismo año los ejecutivos de la compañía en Valparaíso, viajaron a Santiago y pidieron la intervención del gobierno. En primera instancia se utilizó el envío de un diplomático que pidieron la extensión del acuerdo suscrito en 1874. La respuesta de Bolivia se demoró por varios meses. No hubo respuestas y en Bolivia se hablaba de echar a los ingleses de Antofagasta.

La Moneda envió una carta a La Paz en la que decía: «La negativa del gobierno de Bolivia una exigencia tan justa como demostrada colocaría declarar nulo el tratado de límites que nos liga con ese país, y las consecuencias de esta declaración dolorosa, pero absolutamente justificada y necesaria, serían de la exclusiva responsabilidad de la parte que hubiere dejado de dar cumplimiento a lo pactado».

Bolivia insistió en el gravamen de 10 centavos. Incluso estableció que debía ser retroactivo y que se cobraría desde el 14 de febrero de 1878, a pesar que el trámite fue despachado el 17 de diciembre de ese mismo.

«El 6 de enero de 1879, el prefecto Zapata notificó a la compañía el pago de los derechos a contar desde la fecha indicada en la ley. El 11 de mandó a trabar embargo en sus bienes y llevar a la cárcel al gerente Jorge Hicks.

El 1 de febrero el Presidente Daza dictó un decreto en que afirmaba que como la Compañía de Salitres de Tarapacá no quería pagar el impuesto y no respecta los acuerdos, dejaba sin efecto el acuerdo suscrito en 1873. Reivindicó las salitreras detentadas por la compaÒÌa.

El 7 de febrero la Moneda recibió un telegrama que indicaba que el gobierno boliviano remataría las salitreras.

El presidente Aníbal Pinto dispuso que el Cochrane y la O’Higgins fueran a Antofagasta con dos compañías de artillería a bordo a las Ordenes del coronel Emilio Sotomayor Baeza.

El 14 de febrero, por la mañana, una escuadrilla compuesta por el Blanco, el Cochrane y la O’Higgins apareció fondeada en la bahÌa de Antofagasta. Las compañías bajaron a tierra y el prefecto Zapata y sus 40 policiales se retiraron de la ciudad.

Problemas con Argentina

Los problemas limítrofes no sólo estaban en el norte. La frontera con Argentina en el sur también complicaba al gobierno chileno.

El tema de la pertenencia de la región de la Patagonia era un tema obligado en la sociedad argentina. Incluso esta tensión entre ambos países jugaba en contra de Chile, debido a que Per˙ y Bolivia tenían la intención que Argentina se uniera en un pacto defensivo contra Chile.

Las negociaciones de Chile permitieron que la tensión disminuyera y la nación trasandina se mantuviera a un lado durante el conflicto de la Guerra del Pacífico.

Es así como Con este país, se llegó a un acuerdo en el Tratado de Límites de 1881, que estableció como límite entre ambos países la Cordillera de los Andes en sus más altas cumbres que dividen las aguas. En caso de problemas, se nombrarían peritos y se recurrirÌa al arbitraje de una potencia amiga.

El Estrecho de Magallanes quedó bajo la soberanía chilena. Tierra del Fuego serÌa dividida y compartida por ambos países. Las islas situadas al sur del Canal Beagle hasta el Cabo de Hornos y las que se encontrasen al occidente de Tierra del Fuego pertenecerían a Chile.

La aplicación del Tratado de 1881 originó inconvenientes, y para superarlos se firmó un Protocolo el 1 de mayo de 1893. Pero, como los problemas subsistían, fueron sometidos al arbitraje de la corona Británica. Fue el Rey Eduardo VII de Inglaterra quien ofició de árbitro en el conflicto limítrofe entre Chile y Argentina, que culminó con la firma de los Pactos de Mayo, en 1902.

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