Bares, clubes y tradiciones en Iquique

Bares con tradición

El Genovés

La tradición italiana es fuerte en este bar que para no olvidar sus raíces le puso nombre «El Genovés» y como lema «El bar de los deportistas». Para muchos este local es considerado toda una institución iquiqueña ubicada en la esquina de Tarapacá con Amunátegui.

Desde 1958, José Solimano Cánepa, un genovés arraigado en Iquique, anima gran parte de la vida social del puerto. En sus mesas germinó en los años 70 la idea de crear un club profesional de fútbol que años más tarde se llamó Deportes Iquique.

El Democrático

Los años 50 se quedaron entre las paredes de este bar ubicado en Obispo Labbé entre Serrano y San Martín. Es común que entre sus mesas se juegue dominó y póker durante las tardes. Es un bar al estilo de las películas de vaqueros. A medida que pasa el tiempo, el local se ha ido achicando cerca de dos metros, en uno de sus costados.

El Dándalo

Este bar se ubica en pleno Barrio Matadero. Se ubica en la esquina de Juan Martínez con Sotomayor. Debido a su posición estratégica, es centro de la actividad social que se origina con todos los carnavales y los campeonatos deportivos que gana este tradicional barrio iquiqueño. Abrió sus puertas en la década del 50 a cargo de Vittorio Vaccaro. En un principio el bar llevaba el nombre de su dueño. Años después cambió por el mítico Dándalo.

Clubes sociales 

  • La intensa vida social y cultural de Iquique, a fines del siglo XIX y principios del XX, dio origen a 11 clubes.
  • Club Inglés.- Fue fundado el 20 de febrero de 1886. Estuvo ubicado frente a la Plaza Prat esquina Luis Uribe.
  • Club Italiano.- Fue fundado el 12 de noviembre de 18791. Estuvo ubicado en el Edificio Colombino, en calle Tarapacá 44.
  • Club Peruano.- El 28 de julio de 1892, los residente peruanos funda este club. Estuvo en calle Serrano 45 y luego Plaza Prat N°43.
  • Casino Peruano.- Fue fundado en julio de 1908. Estuvo ubicado en la Plaza Prat, en la azotea del Almacén Capella.
  • Club Slavo (Slavenki Dom).- Se fundó el 4 de octubre de 1903. Es el actual Club Croata.
  • Club Liberal Democrático.- Fue fundado en enero de 1908. Tuvo una corta duración.
  • Club Iquique.- Funcionó en el local de la Sociedad Filarmónica de Tarapacá.
  • Club de la Unión.- Fue fundado el 3 de agosto de 1892. Está ubicado en frente a la Plaza Prat, a un costado de calle Luis Uribe. El 8 de noviembre de 1936 fue reorganizado. Actualmente se emplaza en la parte superior de una entidad bancaria.
  • Casino Español.- Fue fundado el 12 de febrero de 1892. El investigador Sergio González explica que «en el Casino Español tocaban una pieza de Albéniz y la música, saltando en las puntas de sus pies minúsculos, ponía castañuelas en los corazones. Prósperos comerciantes iberos habían constituido ahí su alhambra, su solar godomorisco, recargado y pintoresco, con ángeles, majas, soldados y caballeros de gorguera, capa y espada, símbolos de la España aventurera y donjuanesca».
  • Sociedad Protectora de Empleados.- Fue fundado en XXX. González explica que en este lugar «retumbaba el palitroque. La ciudad soñolienta recogía a intervalos el derrumbe de los palos. Velaban los ojos del reloj de la torre, orientadas las esferas hacia los cuatros puntos cardinales y las flores de opulenta y lujuriosa lozanía perfumaban el aire húmedo».

Chumbeque, sabor iquiqueño

El chumbeque es un dulce iquiqueño que se ha mantenido por 77 años en las preferencias del norte de Chile.

Petronila Bustillos y Ernesto Koo dieron forma a este producto en 1926 mezclando recetas propias de la ciudad china de Cantón con las de Pica. La palabra chumbeque proviene de la familia de apellido «Chun» que originó la pasta parecida a los «queques» chilenos. Ernesto juntó ambas palabras para dar origen a una incipiente empresa.

Actualmente la compañía «Mr. Koo» produce actualmente seis variedades de apetecibles chumbeques.

La conquista de paladares de otros lugares del país y del extranjero tiene su origen en una simple receta que utiliza el aceite, el agua, la harina y la miel del limón de Pica para fabricar diferentes sabores de Chumbeque.

Arturo Mejía señala que comenzó hace quince años una fuerte ofensiva para captar los más diversos mercados de la ciudad y de otras regiones. «En un comienzo mis abuelos recorrían sólo algunas escuelas como puntos de venta, pero actualmente abarcamos todos los colegios de la ciudad y casi todos los supermercados».

Mejía asegura que el producto posee 376 calorías, cuatro veces más que una empanada. «Un chumbeque junto a un vaso de leche es suficiente para mantener en pie a un niño por seis horas».

A la par con su valor nutricional, dice, la clave está en diversificar los sabores para captar la mayor cantidad de clientes. En un comienzo sólo vendían el dulce tradicional a base miel, luego salió el de mango, guayaba, naranja y el de papaya pensando en el potencial mercado de la Cuarta Región. También está el chumbeque de manjar y el de pomelo diet.

Con todos estas variantes, el chumbeque tiene asegurado un futuro en los paladares de todos los iquiqueño.

La quema de Judas en Iquique

La «Quema de Judas» es una costumbre que está resurgiendo de las cenizas luego de décadas de olvido.

Esta tradición comenzó en Iquique durante los años 30 y se extendió hasta 1955. Durante esa época, el organizador de la fiesta popular era Jorge Muñoz. Se realiza en la tienda «Mi Casa», ubicada en la esquina de Juan Martínez con Zegers.

«Mi Casa» era un gran almacén que tenía alguna similitud con un supermercado de barrio. En él trabajaron 40 personas. Parte de su negocio era vender la mercadería a las distintas oficinas salitreras.

Varios grupos de músicos, entre ellos la «Banda del Litro», ubicados en una glorieta interpretaban viejas melodías.

Una semana antes de la fiesta, el domingo de Resurrección, se repartían volantes. Estos mismos papeles luego servían para las tradicionales rifas de chanchos lechones, botellas de vino, carne y conservas.

La parte principal de la fiesta era la Quema de Judas, que vestía de manera formal, es decir, con pantalón de parada, chaleco y sombrero. Años más tarde la figura de Judas fue vestida a la usanza en los tiempos de Cristo.

El encargado de la fiesta, Jorge Muñoz, rociaba con parafina el muñeco y luego encenderlo con un chonchón. Al mismo tiempo, desde el segundo piso del local, personas arrojaban dulces y pastillas.

Con la muerte de Jorge Muñoz la tradición se perdió por varios años. Luego en cada barrio tradicional de Iquique se intentó reeditarlo.

Actualmente la Corporación Hijos de Iquique mantiene presente esta tradición. La versión moderna de esta actividad se desarrolla a un costado del Mercado Centenario por calle Sargento Aldea. En ella participa toda la comunidad iquiqueña. Judas es colgado en una viga y a medida que lo queman, van cayendo monedas de diferente valor. Los más valientes toman las monedas a pesar que están calientes. Esta actividad se desarrolla cerca de la una de la tarde. Sin embargo la fiesta comienza dos horas antes con competencias y presentaciones musicales, además de las tradicionales rifas. Los premios son patrocinados por los distintos locatarios del Mercado Centenario.

Tradiciones culinarias de Iquique

Del Ceviche al Chumbeque

La cocina tradicional iquiqueña data de los tiempos en que la ciudad sólo era una pequeña caleta de pescadores. Una mezcla entre changos, pampa salitrera y modernidad es lo que genera la tradición culinaria en Iquique.

El investigador Luis Gavilán Vega estableció un catastro sobre los la cocina iquiqueña. Su reseña está dividida en los platos, desde la entrada hasta los postres, desde el ceviche hasta el tradicional Chumbeque.

Entradas

El ceviche es el plato de entrada de preferencia de los iquiqueños, ya sea de lenguado, acha, corvina o cojinova. También están los pejerreyes al dedo, las entradas de pulpo, erizos y almejas y el pescado escabechado.

Sobre los «pejerreyes al dedo» existe una versión que entrega el historiador Carlos Alfaro indica que «existió en Cavancha un restaurante frecuentado por pescadores. el establecimiento tenía la autorización restringida de venta de alcoholes. Sólo podían consumir vino acompañado de comida. Esta situación legal coartaba la actividad en el local, ya que los parroquianos sólo bebían y no necesariamente comían; como una estrategia para evitar las infracciones, la solución estuvo poniendo un plato de ceviche de pejerreyes en cada mesa del local. Cuando llegaron los fiscalizadores y le preguntaron por los cubiertos, el propietario les contestó que para comer ese plato no los necesitaban, sólo usaban los dedos».

«Sánguche de pescado»

El más popular es el Caletero que consiste en un pan batido o marraqueta con corvina, cojinova o cualquier pescado ya frito. El Caletero Cavanchino tiene incluido además picles, lechuga y tomate.

Caldos

La base de los caldos se prepara con vino blanco y verduras a fuego lento con pescado o mariscos y cebolla, ajo y laurel. Los preferidos son los caldillos de congrio.

Guisos

Los guisos más apetecidos radican en la tradición aymara. El locoto, ají en extremo picante, es parte importante de estos platos para preparar pescados o mariscos, especialmente las lapas.

Uno de los platos más populares para el invierno iquiqueño es el luche guisado. El capacho de albacora estofado es apetecido por los propios pescadores.

Fondos

El plato tradicional iquiqueño, especialmente por su sencillez, corresponden a los pescados fritos, arrebozados, apanados o enharinados acompañados con arroz blanco y ensalada.

El pescado «guateado» envuelto en papel de diario y cocinado en fogatas de huiro y madera es una tradición playera que aún persiste.

Dulces

La tradición iquiqueña está relacionada con los helados artesanales de mango, guayaba y de tumbo. Es decir, todos los productos tropicales que entrega el oasis de Pica. De la misma manera los jugos naturales de naranja y limonada tiene un espacio asegurado en los gustos locales. Sin embargo, la bebida más utilizada sigue siendo el té, especialmente aromatizado con hierba luisa, cedrón o canela.

También es muy apetecida la chica de piña con helado, los panes dulces para la hora de onces y, especialmente, el chumbeque.

El fin de los barrios en el Iquique antiguo

Así como la gente se ubica por los nombres o las ciudades de donde provienen, en Iquique la gente se conoce por los barrios a los cuales pertenecen.

El sociólogo Bernardo Guerrero afirma que en el barrio se expresa un estilo de vida tradicional. Es una micro-comunidad de intereses y lealtades empieza a ceder su lugar a la vida moderna y al puerto. «Eso cambia con los años, porque los bloques de departamentos obligan a vivir no al lado, sino que arriba del otro».
Los viejos y los niños, los extremos generacionales del barrio, ya no parecen ser los actores principales de esta vida tradicional. Los viejos, la memoria colectiva del barrio, viven cada día más constreñidos a sus realidades inmediatas, a ese pasado que les dio todo o casi todo. Esa rara virtud de mirar ideológicamente el pasado, al presente que se le manifiesta con todas sus energías del «montepío» y de las «perseguidoras».
«Los puntos de articulación económica y social del barrio: el zapatero, el carnicero y el almacenero, van cediendo su lugar a todo lo que viene ya hecho. Lo que se vende en el supermercado y en la tienda de moda. En estos lugares no sólo se compraba y se vendía, sino que también servía para el encuentro, la copucha y para la distribución social de la información».
Guerrero afirma que «el club, aquel maravilloso invento de la comunidad, en donde éste se representa, se simboliza y se proyecta, va poco a poco desapareciendo por no poder adaptarse a las exigencias de la vida del puerto».
El viejo barrio popular, lleno de historia y tradición, ya no encuentra motivos para proyectarse. La vieja estructura comunitaria ha caído en desuso y en descrédito. Los nuevos barrios, que recién empiezan a forjar su tradición e historia no encuentran en el pasado ni en el futuro motivos para creer en algo. «Sobre esta realidad del sin sentido y del vacío existencial; el consumo de drogas halla el terreno abonado para florecer», asegura el sociólogo.

El fin de los barrios en el Iquique antiguo

Así como la gente se ubica por los nombres o las ciudades de donde provienen, en Iquique la gente se conoce por los barrios a los cuales pertenecen.

El sociólogo Bernardo Guerrero afirma que en el barrio se expresa un estilo de vida tradicional. Es una micro-comunidad de intereses y lealtades empieza a ceder su lugar a la vida moderna y al puerto. «Eso cambia con los años, porque los bloques de departamentos obligan a vivir no al lado, sino que arriba del otro».
Los viejos y los niños, los extremos generacionales del barrio, ya no parecen ser los actores principales de esta vida tradicional. Los viejos, la memoria colectiva del barrio, viven cada día más constreñidos a sus realidades inmediatas, a ese pasado que les dio todo o casi todo. Esa rara virtud de mirar ideológicamente el pasado, al presente que se le manifiesta con todas sus energías del «montepío» y de las «perseguidoras».
«Los puntos de articulación económica y social del barrio: el zapatero, el carnicero y el almacenero, van cediendo su lugar a todo lo que viene ya hecho. Lo que se vende en el supermercado y en la tienda de moda. En estos lugares no sólo se compraba y se vendía, sino que también servía para el encuentro, la copucha y para la distribución social de la información».
Guerrero afirma que «el club, aquel maravilloso invento de la comunidad, en donde éste se representa, se simboliza y se proyecta, va poco a poco desapareciendo por no poder adaptarse a las exigencias de la vida del puerto».
El viejo barrio popular, lleno de historia y tradición, ya no encuentra motivos para proyectarse. La vieja estructura comunitaria ha caído en desuso y en descrédito. Los nuevos barrios, que recién empiezan a forjar su tradición e historia no encuentran en el pasado ni en el futuro motivos para creer en algo. «Sobre esta realidad del sin sentido y del vacío existencial; el consumo de drogas halla el terreno abonado para florecer», asegura el sociólogo.