Gente de la Costa

Iquique Siglo XX
A las puertas del nuevo milenio
Capítulo 1
Gente de la Costa

Hace doce mil años una figura humana caminó por las playas de la Región de Tarapacá recolectando productos del mar como única manera de sobrevivir en un ambiente inhóspito, donde la abundante pesca que entregaba el océano contrastaba con la escasez de agua dulce y lugares para el abrigo.
Los primeros habitantes de esa zona, donde miles de años después nacerá Iquique, conformaban pequeñas tribus nómades que vagaban por el área costera, descendientes directos de los aborígenes que en algún momento bajaron del altiplano y posteriormente de la depresión intermedia permaneciendo su estilo de vida sin grandes cambios durante cuatro mil años.

Cultura Chinchorro

Ocho mil años antes de Cristo surgió la que en la actualidad se conoce como la Cultura Chinchorro. Lleva el nombre de esta playa ariqueña debido a que en este sector fueron encontradas las momias más antiguas que se tiene conocimiento, incluso más arcaicas que las egipcias.
El hombre de Chinchorro vivió en la costa en el sector comprendido entre Arica y la desembocadura del río Loa.
Con características especiales, los Chinchorro permanecían en los afloramientos de napas subterráneas y en los faldeos de los cerros en donde se acumulaba cierta cantidad de reservas de agua generadas por la camanchaca. Eran un pueblo seminómade y establecían una especie de circuito entre las caletas más productivas.
Cuatro mil años antes de Cristo tomaron contacto con los pueblos ubicados en las quebradas del interior y las familias trashumantes de la Pampa del Tamarugal.
Otras características que marcan la cultura Chinchorro son sus rituales funerarios. Este pueblo enterraba a sus muertos bajo sus viviendas confeccionadas sobre bases de piedas y levantas con troncos de cactus.

Prolongar la vida

Especialización y técnica son dos conceptos que los primeros habitantes practicaron con el ritual de momificación.
A pesar que existen al menos tres variantes para este proceso de preparación de los cuerpos, dependiendo de la época y desarrollo del pueblo. La más común y elaborada es la que se puede apreciar en el Museo Regional de Iquique. En una de sus salas exhiben seis momias que dejan en evidencia el arduo trabajo que hacían para detener el proceso de descomposición.
El proceso involucraba retirar la piel, separar la carne del esqueleto y retirar las vísceras para luego separar las extremidades y reforzarlas amarrando las articulaciones con fibras vegetales.
Después depositaban los músculos en su posición original y colocaban la piel, transformada en pliegues de 10 centímetros como una venda para sostener los músculos. El penúltimo paso consistía en introducir los palos de tamarugo longitudinalmente junto a la espina dorsal y en brazos y piernas para garantizar la rigidez del cuerpo.
Sobre el rostro confeccionaban una máscara de arcilla pintada de rojo o negro.

Simbología de la muerte

Junto a los cuerpos se ofrendaban figurillas de arcilla en miniaturas. Una de ellas, que se exhibe en el Museo Regional de Iquique, contiene un cráneo de ave, imitando a la cabeza humana y una espina de cactus que simboliza la estructura ósea.
Para la arqueóloga Cora Moragas, esta actividad representaba una simbología que hasta el momento no se ha podido establecer con exactitud, especialmente porque los Chinchorro no acostumbraban enterrar a sus muertos con artefactos que utilizaron en vida. Valiosa información se perdió debido a esta práctica poco común entre las culturas aborígenes de la Región de Tarapacá.

Tags: Iquique, Chile, Historia, Chinchorro, Aborígenes

Matanza en la escuela Santa María de Iquique

Capítulo 35

Iquique Siglo XX

Matanza en la escuela Santa María

Una gran huelga estalló con los trabajadores de la Empresa de Ferrocarriles Salitreros el 4 de diciembre de 1907.
La paralización  duró sólo un par de días, luego de conseguir que los sueldos fuesen  pagados con el tipo de cambio que existía antes de la devaluación del peso.
Esta misma petición la presentaron los trabajadores de las cuadrillas salitreras que trabajaban en el puerto de Iquique. A los pocos días, los trabajadores de la oficina San Lorenzo, del cantón Alto San Antonio, dejaron sus faenas y comenzaron a reunirse en las estaciones de ferrocarriles. Su intención era viajar hasta Iquique y hablar directamente con las autoridades del gobierno central.
De a poco, el movimiento fue abarcando toda la pampa. A mediados de diciembre, al menos treinta oficinas tenían detenidas sus faenas.
Mientras en Iquique, las autoridades habían informado sobre la situación a Santiago. El presidente Montt envió el crucero «Blanco Encalada», la alcaldía suspendió cualquier espectáculo público y clausuraron las cantinas. Todas estas medidas respondieron al hecho que variosconvoyes de ferrocarril bajaban repletos de trabajadores junto a sus familias.
Los huelguistas del cantón Alto San Antonio fueron hospedados en el Club Sport, que era el hipódromo existente en el camino a Cavancha.

NO SE VAN

Luego de las primeras conversaciones con las autoridades y dejar en claro que no volverían  a la pampa hasta conseguir sus reivindicaciones sociales, los huelguistas, que continuaban llegando en masa, fueron trasladados hasta la escuela fiscal «Domingo Santa María».
El 16 de diciembre, los principales cabecillas del movimiento, Luis Olea y José Brigg, presentaron un petitorio de diez puntos. Los principales eran la eliminación del sistema de fichas, libertad del comercio en las oficinas, mejorar las medidas de seguridad y el pago de la jornada laboral a un cambio de 18 peniques por peso. Hasta ese momento el cambio era de 8 peniques. Los industriales dijeron que las estudiarían inmediatamente. Otros sectores obreros de la ciudad también habían paralizados y las calles eran custodiadas por patrullas militares.
Para el 19 de diciembre las directivas de los pampinos y los trabajadores del puerto de Iquique crearon el Comité Central Unido. El presidente era JoséBriggs y como vicepresidente, Luis Olea. Un día después el intendente Carlos Eastmann, recibió la orden del ministro del Interior, Rafael Sotomayor, para declarar Estado de Sitio.
Al llegar el 21 de diciembre, en la Escuela Santa María y la plaza Manuel Montt, ubicada donde actualmente está el Mercado Centenario, había entre ocho y diez mil personas. Esa mañana los huelguistas no acataron la orden de trasladarse hasta el hipódromo de Iquique. Dentro de un marco de discursos y consignas y gritos, transcurrieron las horas, mientras el general de brigada Roberto SilvaRenard ordenó el traslado de dos ametralladoras que hizo colocar frente a la escuela.
Un piquete del regimiento O’Higgins se ubicó a la izquierda de las ametralladoras. Luego envió dos oficiales para convencer a los obreros que terminaran con el movimiento. Media hora más tarde, él mismo ingresó sin lograr un cambio de actitud en los huelguistas. Los últimos en ingresar a la escuela fueron los cónsules de Perú y Bolivia.  Después de una hora de conversaciones salieron del lugar sin lograr su objetivo.

Disparos

A las 15.45 horas se dio la orden de disparar. Desde este instante surgen variadas versiones del hecho. Algunos historiadores indican que las ráfagas demetralleta duraron treinta segundos, otros señalan que el ataque se prolongó por casi dos minutos.
El informe oficial que dio el general Silva Renard fijó la cifra de heridos en 140. Los cuerpos consulares establecieron en un número de 150 muertos y 200 heridos.
El historiador de la Universidad Arturo Prat Prat, Sergio González, explica que la cifra aceptada actualmente como cierta, alcanza a las 2 mil personas fallecidas y un número similar de heridos.
Los sobrevivientes fueron derivados ese mismo día a las oficinas de origen. Los heridos fueron atendidos en el hospital de beneficencia. Los cuerpos de los obreros fallecidos simplemente desaparecieron.
Tres días después el comercio pudo abrir sus puertas. Iquique volvió a su actividad normal.

IMPORTANCIA

Para Sergio González, la matanza en la Escuela Santa María marcó para siempre el movimiento sindical y obrero chileno. Los hechos ocurridos el 21 de diciembre de 1907 no fueron olvidados, como tampoco las reivindicaciones sociales que exigían los trabajadores. Todas ellas permanecieron latentes hasta que en 1912 se fundó en Iquique el Partido Obrero Socialista.
A parte de la importancia en la lucha social, la gran huelga del salitre dio paso a una conciencia multinacional.
A juicio del investigador Bernardo Guerrero, el movimiento reivindicatorio tuvo como característica particular la participación de chilenos, peruanos, argentinos y bolivianos.
«Más que una sensación de chilenidad, que sí existía, había además un ambiente de ser iquiqueño o tarapaqueño».

La conciencia social

Capítulo 34

Iquique siglo XX

La conciencia social

Con la Revolución del 91, los trabajadores salitreros dieron los primeros avances en la concreción de su «conciencia social».
La presión y el descontento en la masa obrera generó la gran huelga del salitre que comienza a mediados de 1907.
El gobierno, presidido por Pedro Montt, envió una comisión consultiva para conocer la «cuestión obrera». Durante dos días trabajaron en Iquique y recibieron las visitas de los empresarios salitreros, representantes de los trabajadores, comerciantes y funcionarios públicos.Luego subieron a la pampa y recorrieron al menos 23 oficinas para conocer en terreno las condiciones en que se desarrollaba la actividad industrial.
Los informes que emitió esta comisión no tuvieron el impacto y resolución que esperaban los trabajadores. El descontento seguía igual y se vio empeorado por la devaluación de la moneda ocasionado por las bajas en las ventas del salitre. Esto desembocó en el alza de precios de los productos de necesidad básica.

La Crisis

Iquique cosmopolita de principios del siglo XX, se convirtió en el centro de la actividad económica del norte de Chile.
Antes de la Primera Guerra Mundial, que comenzó en 1914 y se extendió hasta 1919, Chile tenía el monopolio total del mercado de fertilizantes a nivel global. Sin embargo, la explosión del conflicto bélico y el bloqueo económico que existía en Europa influyó directamente en la ostensible baja de la demanda de salitre.
Esto, sumado a la imperiosa necesidad de Alemania de contar con un producto para la fabricación de pólvora y abono a cultivos, sirvió para que científicos de esa nacionalidad crearan el salitre sintético.
Como respuesta a los difíciles tiempos que se aproximaban, nace la Asociación de Productores de Salitre, entidad encargada de poner el material a la venta.
Al terminar la guerra mundial en 1919 ocurrió la primera crisis de importancia Ese año paralizaron al menos 35 oficinas. No obstante de la mala situación económica que pasaba la región, Iquique no estuvo ajeno a las festividades del triunfo de las fuerzas aliadas y el fin de la guerra.
Grande y chicos salieron a las calles para festejar la noticia que llegaba con una semana de retraso. Las familias se reunieron en la Plaza Prat y celebraron con música y baile, mientras que los ciudadanos chinos lanzaron fuegos artificiales desde las azoteas de sus casas.
Según el actor iquiqueños Willie Zegarra, las personas pensaban que vendrían días mejores. Sin embargo, la crisis estalló en toda su magnitud en 1921 con la disminución de la demanda generada por la creación del salitre sintético.

Reactivación

Síntomas de reactivación comenzaron a sentirse a mediados de la década. En 1929, la producción llegó a los 2 millones 898 mil 141 toneladas métricas. Más adelante, todo fue en picada.
En 1930 para salvar la industria, el Estado Chileno intentó dar solución a la crisis creando la Corporación de Salitre de Chile,Cosach.
En 1934 nació la Corporación de Ventas de Salitre, Covensa. En esa se centralizó la exclusividad de la comercialización del salitre, yodo, y subproductos del área. En esa época la actividad estaba centrada en tres grandes empresas, la Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta, la Corporación Salitrera Anglo-Chilena y laLautaro Nitrate CO. Las tres representaban a mediados de la década del 30, el 90 por ciento de la producción total.
En este escenario oscuro para la provincia, Iquique entró en un periodo de estancamiento. La necesidad de desarrollar nuevas entradas económicas para la ciudad hicieron mirar hacia el mar de una manera distinta a la que la gente estaba acostumbrada. La industria pesquera dio sus primeros pasos.

Tarapacá entra al siglo XX

Iquique siglo XX

Capítulo 33

Tarapacá entra al siglo XX

El esplendor salitrero en Iquique duró cuarenta años, entre 1880 y 1920, Durante este lapso múltiples construcciones convirtieron a la ciudad en una urbe cosmopolita. De esa época datan las viviendas de calle Baquedano, el Teatro Municipal, la torre del reloj de la Plaza de Armas, el edificio de las Sociedad Protectora de Empleados, el Casiño Español, el Palacios Astoreca, la catedral y, en forma posterior, el muelle de pasajeros.
Las grandes fiestas, una rica vida social, la llegada de artistas de renombre y la visita de personajes ilustres desde Santiago hicieron a Iquique el centro de la actividad cultural del norte del país y la «capital del salitre» con una gran influencia extranjera en sus costumbres.
En 1876 en Iquique había ocho mil personas, en 1885 la población alcanzaba las 15 mil almas y en 1907 el número de habitantes llegaba a los cuarenta mil.
A nivel económico, la situación también era auspiciosa, luego de la Guerra del Pacífico, la producción de salitre inicia una rápida escalada. En 1891 exportaron 789 mil 312 toneladas y en 1896 la cifra crece a un millón 107 mil 45 toneladas.
Al iniciar el siglo XX la industria seguía su expansión. En 1911 alcanzaba los dos millones 449 mil 515 toneladas y en 1916 llega a casi tres millones.

ELECTRICIDAD

A nivel social, Iquique mostraba signos de adelantos como el inicio del sistema de alumbrado a gas que funcionaba incluso en el Teatro Municipal en donde la araña de luces que estaba en el centro del salón usaba este sistema. Atrás del escenario estaba el piloto automático. Era común ver una pequeña flama que era regulada en forma similar a un cálefont actual.
Ya para 1920 entra definitivamente la electricidad a Iquique con la instalación de focos en el alumbrado público en vez de las tradicionales lámparas a gas.

EN LA PAMPA

En forma paralela al éxito de industriales y comerciantes se encontraba la masa obrera con múltiples deficiencias laborales y sociales. En 1900 la mano de obra en la pampa salitrera sobrepasaba los 21 mil trabajadores en 170 oficinas repartidas por el territorio de Tarapacá.
Parte del sistema para conseguir mano de obra consistía en el enganche de trabajadores desde el sur de Chile y de las comarcas peruanas y bolivianas. Hombres contratados por las salitreras recorrían el país pregonando las grandes expectativas económicas en Tarapacá.
En visitas y reuniones estas personas relataban que, con poco trabajo, se podía amasar  una pequeña fortuna  y regresar un par de años después a la tierra natal.

Sin embargo, como señala el historiador iquiqueños Leonel Lamagdelaine, las expectativas contrastaban con las condiciones laborales en que se desarrollaban las faenas y la vida salitrera en general.
Malas condiciones higiénicas, hacinamiento en los «buques», inexistencia del descanso dominical, vacaciones o indemnizacones por accidentes del trabajo, escasas medidas de seguridad en las faenas, falta de escuelas, hospitales, abusos en el sistema de pulperías donde la administración de las oficinas vendía los productos a precios elevados a través de fichas canjeables, iban en desmedro de la calidad de vida de las familias.

Presencia inglesa en Tarapacá

Iquique siglo XX

Capítulo 32

Presencia inglesa en Tarapacá

Después de la guerra comienza la influencia británica en Tarapacá y Antofagasta.
La situación privilegiada de los ingleses tiene su base dos años antes debido a los estragos que provocó en Perú la desvalorización de los certificados salitreros.
Los industriales preocupados de perder todos sus fondos, comenzaron a vender los documentos a muy bajos precios, situación que fue aprovechada por ingleses y capitales extranjeros para adquirir fácilmente un gran número de oficinas
Entre estos destacó el inglés John Thomas North quien utilizó créditos entregados por bancos de Valparaíso para hacerse una pequeña fortuna que fue incrementado cuando extendió sus inversiones en otros ámbitos como el transporte de agua y el ferrocarril.
En 1890, el 60 por ciento de la industria era controlada por capitales ingleses.
En 1912 Chile tenía el 40 por ciento de la propiedad total en comparación con el resto que pertenecía a inversionistas extranjeros, entre ellos ingleses.

EL REY DEL SALITRE

Jhon Thomas North llegó a Chile en 1866 cuando tenia 24 años, contratado como técnico mecánico, para armar equipo ferroviario en Carrizal Bajo y Caldera. Entre 1868 y 1875 trabajo en Iquique y Pisagua en las maestranzas y oficinas salitreras de propiedad inglesa.
Con ahorro y préstamos de Amigos fundó en 1875 la compañía de Aguas de Iquique. Esta empresa es el inicio de su éxito económico. Luego adquirió los certificados de las salitreras y en 1881 North se convirtió en dueño indiscutido de las oficinas Primitiva, Peruana, Ramírez, Buen Retiro, Jazpampa y Virginia.
En 1882 regresó a Londres. Durante ocho años capitalizó su imperio económico ofreciendo acciones en la bolsa de Londres y controlando en forma directa o indirecta quince salitreras, cuatro empresas ferroviarias dependientes de la Nitrate Railways, Bank of Tarapacá and London y Nitrates Provisions, que fue una distribuidora de alimentos e importaciones.
Sus grandes negocios y un ostentoso estilo de vida convirtieron a North en el «rey del salitre», denominación que fue acuñada en Iquique ante el dominio e influencia de este inglés.
North visitó por última vez Chile durante 1889. Posteriormente pasó los últimos años de su vida en Londres. Su muerte ocurrió en 1896. A esa fecha ya se había desecho de la mayoría de sus intereses salitreros e invertido en minas de plata y oro en el Congo y Australia.

Iquique y la Revolución de 1891

Iquique Siglo XX

Capítulo 31

Iquique y la Revolución de 1891

Los intereses económicos de la industria salitrera y la lucha por el poder político fueron los principales ejes que desencadenaron la Revolución de 1891 entre el Presidente José Manuel Balmaceda y las fuerzas opositoras representadas por el Parlamento.
En este conflicto, Iquique y la provincia de Tarapacá ocuparon un papel preponderante al desencadenarse una huelga salitrera, la insurrección de la Armada y la creación de un gobierno paralelo.
Al asumir el poder, el programa de gobierno de Balmaceda era principalmente el engrandecimiento e independencia económica, llegando hasta la nacionalización e independencia económica, llegando hasta la nacionalización de las industrias, en especial las oficinas salitreras que hasta ese momento permanecían en manos de capitales ingleses o europeos.
Ante estos postulados, algunos sectores iniciaron una obstrucción total al trabajo de Balmaceda. Esta actitud se vio reflejada en los continuos cambios de gabinete ministerial debido al veto que ejercían los parlamentarios.
Las tensiones entre el Ejecutivo y el Legislativo llegaron a su punto más álgido el 12 de junio de 1890 cuando el congreso decide aplazar la Ley de Presupuesto que autorizaba el cobro de las contribuciones. La medida continuaría hasta que el presidente Balmaceda nombrara un gabinete que diera plenas garantías de gobernabilidad.
Balmaceda responde el 1 de enero de 1891 cuando declara que concentra todo el poder en sus manos. Tres días después pone en rigor, a través de un simple decreto, la Ley de Presupuesto.
Como reacción, el Parlamento nombra una junta de gobierno que pretende reemplazar al Presidente. El 7 de enero la Escuadra Nacional se subleva. En la expedición embarcaron el capitán Jorge Montt, el capitán Francisco J. Lima, como jefe de estado Mayor, el vicepresidente del Senado Waldo Silva; y el presidente de la Cámara de Diputados, Ramón Barros Luco.
Ese mismo día Balmaceda supo del hecho, recibe el apoyo del Ejército, suspende las garantías constitucionales y cierra los periódicos, excepto La Nación de Santiago y el Comercio de Valparaíso.
Mientras la Escuadra Nacional se dirigía al norte para controlar la zona salitrera y así lograr el financiamiento para la guerra civil y sustentar el gobierno paralelo apoyado por el Parlamento, el ambiente en Tarapacá era de efervescencia política y social.

ENFRENTAMIENTOS

Durante meses, los trabajadores pampinos habían desarrollado movimientos de protestas y de reivindicaciones salariales, culpando a Balmaceda de su precaria condición social y económica. Al conocer sobre la insurrección de la Armada la población de Pisagua se pronunció a favor del Congreso.
El coronel Estanislao del Canto a cargo de las fuerza revolucionarias se instaló en las afueras de Pisagua para preparar a su gente. En tanto, fuerzas gobiernistas salieron de Iquique, que permanecía bloqueado por la Escuadra, en dirección a Huara. El primer combate ocurrió en Zapiga donde fueron derrotados. Otro fracaso para los revolucionarios ocurrió en la antigua estación ferroviaria «Hospicio», ubicada a las afueras de Pisagua. Con esto, los gobiernistas dominaron el puerto a fines de enero.
Pero las fuerzas revolucionarias, comandadas por Del Canto no se rindieron y siguieron en la lucha hasta que el 17 de febrero fueron totalmente aniquilados en la estación de Huara por las fuerzas del coronel Eulogio Robles.
Con esta victoria se dirigieron a Iquique para controlar el puerto. Sin embargo, la acción fue detenida por 40 marinos que impidieron la ocupación resistiendo un combate que duró entre el 19 y 20 de febrero.
Las fuerzas gobiernistas se establecieron en Pozo Almonte, donde fueron sorprendidos el 7 de marzo por los batallones reorganizados del coronel Estanislao del Canto. Este enfrentamiento entregó en forma definitiva los territorios de Tacna, Arica, Tarapacá, Antofagasta y Atacama al gobierno convocado por el parlamento.

JUNTA PARALELA

La extensión de las zonas controladas originó que el 12 de abril se estableció una junta presidida por Jorge Montt. También se establecieron los ministerios de Relaciones Exteriores, Justicia, Instrucción, Hacienda, Guerra y Marina, Obras Públicas y de Interior.
Desde Iquique, el nuevo gobierno organizó la ofensiva hacia la zona central. Las torpederas Lynch y Condell lograron hundir al «Blanco Encalada», mientras que el 21 de agosto tropas fieles al Parlamento desembarcaron e Quintero para lograr el dominio de Valparaíso.
Luego de varios combates, las tropas son completamente derrotadas en Placilla. El 28 de agosto Balmaceda dimite de su cargo y se refugia en la legación argentina. Después de presiones para apresarlo, José Manuel Balmaceda se suicida.
La junta se traslada a Valparaíso, llama a elecciones y comienza un periodo de predominio del Parlamento sobre el Presidente de la República.