Astilleros Marco Chilena

Parte importante de la historia iquiqueña de los últimos 40 años ha estado ligada a Astilleros Marco Chilena Ltda., cuya presencia en la ciudad abrió fuentes laborales y nuevas perspectivas de futuro. 

Marco Chilena comenzó a laborar en Iquique en 1960 con el propósito de participar en el desarrollo y fomento del sector pesquero en el norte del país, que impulsaba el Gobierno de la época. De hecho, durante los primeros años, parte importante de la flota pesquera nacional fue construida por esta empresa en Iquique y en un año llegó a entregar 52 embarcaciones de 140 toneladas, hito en la construcción naval del país. 

En la década del ‘60, un alto porcentaje de las naves pesqueras construidas por Marco fueron apoyadas por créditos Corfo, gran motor de la industria del sector. 

En los ‘70, más del 50% de la flota había sido construida por Marco y a partir de 1985 la compañía participó activamente en el crecimiento de la flota pesquera nacional y no sólo en el norte, sino también en la VIII Región, construyendo pesqueros desde 550 a 1.550 metros cúbicos en 1997. 

Ese ritmo decayó bruscamente con la crisis de fines de los noventa, debido a una baja en el sector pesquero. Marco, entonces, cambió el rumbo hacia la construcción y exportación de barcos atuneros. 

Para implementar ese plan, invirtió en la ciudad US$4.673.000 en rellenos para aumentar las explanadas de la compañía y adecuar las instalaciones para la construcción y reparación de estos barcos. 

La oferta exportable de Marco Chilena en su nuevo nicho de mercado es la construcción de naves dedicadas a la extracción de atún, más reparación y modificación de los que operan en el Pacífico. 

Ambas actividades altamente intensivas en la contratación de mano de obra, entre ingenieros navales, mecánicos y eléctricos de gran preparación y experiencia; pero no solamente para la construcción y reparaciones navales, sino también para los servicios relacionados con la minería, rubro que explora hace siete años.

El puerto junto a Iquique

En sus inicios, Iquique era una caleta de pescadores. Su principal actividad económica estuvo ligada a la extracción de productos del mar y los trabajos en las guaneras existentes en la zona.

 A medida que avanzaba el desarrollo del poblado y el ciclo salitrero, comenzaron a recalar embarcaciones provenientes de Valparaíso y El Callao con productos de primera necesidad como cebada, charqui, harina y frutos secos. 

Hacia 1830 empezó a producir lentamente el desarrollo de la industria salitrera en el Cantón de La Noria, con lo que también produjo el aumento de la actividad portuaria. Además cobró más vigor con la adopción de la maquinaria a vapor para la explotación del salitre.

Iquique dejó de ser una caleta de pescadores para transformarse en un pequeño puerto. En 1828 el gobierno peruano autorizó las exportaciones de salitre a través del puerto de Iquique, pero los buques debían recalar en Arica para ser despachados desde ahí a sus destinos finales. Esta limitiación terminó cuando Iquique pasó a ser calificado como Puerto Mayor, el 26 de junio de 1855. Esa designación sólo pretendía mejorar la administración y el control tributario y en ningún caso impulsaba la creación de obras portuarias fiscales. 

La iniciativa particular se veía condicionada, a su vez, por la falta de estímulo estata, la escasez y el enorme costo de los materiales. 

Contribuyó además a desincentivar la construcción de muelles el terremoto (y posterior maremoto) de agosto de 1868, que destruyó los escasos embarcaderos existentes. Iniciada la ocupación chilena y, a pesar de su febril actividad, Iquique contaba sólo con cinco muelles, tres de ellos en deplorables condiciones. 

La formación de un puerto 

Finalizada la Guerra del Pacífico, con un Estado convertido exclusivamente en recaudador de impuestos salitreros y sin mayor interés privado en invertir en infraestructura, la actividad portuaria seguía siendo rústica y manual. 

Recién en 1891, el ingeniero Enrique Budge fue comisionado por el gobierno para estudiar la construcción de un muelle fiscal presentando, al año siguiente, un proyecto de dársenas y malecón, uniendo para tal efecto la isla Serrano con el continente a través de un molo.

 En 1896, Camille de Cordemoy elaboró un estudio relativo al puerto de Iquique, diseñando su estructura preliminar. En 1899, y cuando aún no concluían los estudios pertinentes, una violenta marejada destruyó el molo, encareciendo el costo de las obras y su realización. 

A fines del siglo XIX, la situación cambió. Entre los sectores de La Puntilla y El Morro,  se habían construido 19 muelles para e embarque del salitre. 

En esa época el gobierno comenzó el desarrollo de obras portuarias en Iquique. Para ello construyó un malecón y el molo de unión entre Isla Serrano y tierra firme. 

En 1908, Adam Scott fue comisionado para analizar en terreno la factibilidad de construir un puerto fiscal. Al año siguiente Scott, presentó un informe donde confirmó la necesidad técnica y económica de la obra, vinculando su construcción con el término del proyectado Ferrocarril Longitudinal, situación que contribuiría a dar mayor importancia comercial a la ciudad. 

Cuando todo apuntaba a un pronto inicio de las faenas, en 1911 Jacobo Krauss, técnico holandés contratado para estudiar el proyecto de Scott, presagiando el decaimiento de las exportaciones salitreras, desecharía su construcción privilegiando las obras del puerto de  San Antonio en la actual V Región. 

En 1912 Iquique era un puerto muy importante, ya que la actividad salitrera originaba un movimiento de 1.300.000 toneladas al año. La transferencia de carga se realizaba a través de varios muelles particulares.

 

Un terminal moderno 

Las dos Guerras Mundiales repercutieron en la economía chilena de la peor manera. La exportación de salitre decayó notablemente y con ello el movimiento portuario. 

Después de años de espera, en febrero de 1927, el gobierno de Carlos Ibáñez a través de la Comisión de Puertos, llamó a propuesta pública para construir el puerto fiscal de Iquique, aceptando el presupuesto de la Compañía General de Construcciones. Los trabajos, a pesar de la crisis económica y los problemas políticos del país, se cumplieron en los plazos fijados. El 20 de mayo de 1933 la obra gruesa era entregada a una comisión del gobierno, comenzando a operar en plena decadencia del salitre con una infraestructura mínima y sólo como punto de atraco de embarcaciones menores. 

Las obras finalizaron justo cuando la crisis económica estaba en el punto más complicado para la ciudad. 

Las obras consideraron un molo de unión entre la ciudad y la Isla Serrano más firme del que entonces estaba emplazado en ese lugar. También construyeron un molo de abrigo de 864 metros de longuitud que incluía un malecón de atraque y el espigón de 330 de longuitud. 

La iniciativa se llevó a cabo con rocas extraídas de las canteras ubicadas en el actual sector de Punta Negra, trasladadas en carretas. 

Inicialmente se diseñaron siete sitios de atraque. Pero actualmente sólo se encuentran cuatro habilitados. Hay que tener en cuenta que en esa época las esloras (longitud de las naves)  promedio variaban entre 70 y 80 metros, y actualmente ascienden hasta 190 metros. 

En los años ‘40, fueron construidas dos grandes bodegas para el almacenaje de salitre, las cuales funcionaron con dicho objetivo hasta 1965. 

Las nuevas intalaciones fueron administradas por el Estado a través del Servicio de Explotación de Puertos, entidad creada  para organizar en forma centralizada  los diferentes terminales marítimos del país. 

En 1960 fue creada la Empresa Portuaria de Chile, Emporchi, entidad que funcionó hasta diciembre de 1997, cuando fue promulgada la ley N° 19.542 de “Modernización del Sector Portuario Estatal” que estableció la creación de empresas portuarias autónomas. 

Bajo este nuevo contexto en abril 1998 fue creada la Empresa Portuaria Iquique, Epi; que debía funcionar en un sistema de administración mixta, licitando algunos frentes de atraque a empresas privadas. 

En julio de 1999 el gobierno chileno entregó las bases para esa licitación y el 4 de febrero de 2000 el Frente Nº2 fue adjudicado a la concesionaria Iquique Terminal Internacional S.A., Iti, filial de SAAM. Esta nueva empresa inició formalmente su gestión el 1 de julio de 2000. 

El contrato tiene incialmente una duración de 20 años, renovables por otros 10, si la empresa cumple con las inversiones, mejoramiento y desarrollo económico establecido en las bases. Uno de esos requisitos es la entrega al Estado, por concepto de concesión, dos millones de dólares, más un monto variable anual. 

De esta manera quedó configurado el Puerto de Iquique para enfrentar las exigencias que presenta un mercado globalizado en el siglo XXI y la posibilidad de integración subregional con los países vecinos y el amplio mercado de Asia Pacífico.

La historia del Sicópata de Alto Hospicio

La mañana del 3 de octubre de 2001 la figura de una niña de 13 años apareció junto a la carretera. Un vendedor de huevos detuvo su furgón al percatarse de las graves heridas y el rostro desfigurado por el horror que presentaba la pequeña.

El comerciante la llevó hasta la subcomisaría de Alto Hospicio. En ese lugar Barbarita contó que un sujeto la había secuestrado, violado y arrojado a un pique en el desierto. La historia parecía increíble, más aún cuando agregó que su agresor se había identificado como el sicópata de Alto Hospicio.

Esa fría mañana de octubre, luego de meses de incertidumbre, comenzó a revelarse la historia más impactante que ha tenido que enfrentar Iquique y Alto Hospicio. Ese día el país entero vio con estupor cómo la hipótesis menos atendida por los equipos que investigaban la misteriosa desaparición de jóvenes cobraba realidad: un asesino en serie había atacado impunemente.

Carabineros lograron ubicar a Julio Segundo Pérez Silva gracias a las pistas que entregó la menor.

Ella recordó que el abusador vestía una polera con el logo de la municipalidad de Iquique, tenía el pelo entrecano, era alto, de contextura maciza y tenía patillas gruesas. En el parabrisas de su automóvil blanco colgaban dos figuras de la serie televisiva Bananas en Pijama. Hasta dio detalles del cuchillo que usaba el sujeto. Su hoja era de siete centímetros con empuñadura de cinta adhesiva de color negro.

Búsqueda en La Pampa 

La búsqueda se centró en el sector de La Pampa y la Autoconstrucción. Al día siguiente, 4 de octubre de 2001, un solitario carabinero detuvo un auto blanco que bajaba por las calle que divide los sectores de La Pampa y la Autoconstrucción en Alto Hospicio. Las señas eran las mismas. El sujeto respondía a la descripción de la joven ultrajada, excepto porque se había teñido el pelo y cortado las patillas. Era Julio Pérez Silva que iniciaba otra jornada como chofer de taxi ilegal.

Sólo al día siguiente de su detención, Pérez Silva confesó su participación en el ataque a Barbarita. En su casa en la pampa el equipo de investigación no encontró pistas que lo incriminaran, excepto recortes con información de las niñas desaparecidas.

El domingo en la tarde entregó la ubicación de los tres primeros cadáveres y el resto entre la noche del lunes y la madrugada del martes.

De esa manera se estableció que era el autor de los asesinatos de las seis estudiantes que comenzaron a desaparecer a fines de 1999. También de los asesinatos no resueltos hasta esa fecha de Graciela Monserrat Saravia y Sara Gómez.

La lista de víctimas aumentó con Ornella Linares e Ivonne Carrillo, la artesana Gisella Melgarejo, Angélica Lay, Daysi Castro y Angélica Palape. Sus cuerpos fueron encontrados en Huantajaya y basurales alrededor de Hospicio.

Una fría confesión 

El modo con que operaba Pérez Silva era aterrador, meticuloso y sistemático. Conseguía acercarse a su víctima ofreciéndole amablemente llevarlas en su automóvil hasta el colegio o el lugar del trabajo. Conversaba con ellas, las entretenía hasta que se desviaba del camino y las llevaba a las afueras de Hospicio, en donde con cuchillo en mano las ultrajaba y golpeaba.

Luego las arrojaba a los piques de 150 metros en Huantajaya o las sepultaba en basureros clandestinos. Indistintamente del lugar donde abandonaba a las víctimas, el psicópata las remataba arrojándoles grandes piedras sobre sus cabezas.

Desde que capturaron a Julio Pérez Silva sus testimonios para aclarar los hechos han ido desde reconocer la autoría de los crímenes de Alto Hospicio a desmentir su participación.

El historial del sicópata de Alto Hospicio también incluye dos violaciones de menores de edad. Ambas lograron sobrevivir a los salvajes vejámenes que realizó Julio Pérez Silva. El primero de ellos ocurrió en abril de 2001 cuando la estudiantes de nombre Maritza fue atacada en un sector aledaño a la Autoconstrucción. A causa de este hecho, carabineros de Alto Hospicio detuvieron a una persona acusada falsamente. Meses después comprobaron con exámenes de ADN que Pérez Silva era el culpable. No obstante el proceso contra esa persona inocente continúa, a pesar de estos antecedentes. La segunda violación fue la de Barbarita, la niña que permitió la captura de Pérez Silva

Discriminación en Hospicio 

Sin duda que el caso de Alto Hospicio dejó al descubierto la discriminación social existente en el país, ya que en forma apresurada se presumió que las seis estudiantes desaparecidas habían abandonado voluntariamente sus hogares para ingresar al mundo de la prostitución.

Sin embargo, esas niñas estaban enterradas a más de 180 metros de profundidad en el pique minero de Huantajaya y otras repartidas en los alrededores de Alto Hospicio.

Al comprobarse que todas fueron víctimas de Julio Pérez Silva se pasó del malestar a la indignación en contra de las más altas esferas de gobierno y policiales, obligando al Presidente de la República, Ricardo Lagos, a dictar nuevas normas para que en Chile no se repitan estos casos.

A los pocos días de ubicados los cuerpos, el Ministro del Interior, José Miguel Insulza, solicitó la renuncia de cuatro efectivos policiales.

El Director General de Investigaciones, Nelson Mery, haciendo efectiva la responsabilidad del mando, cursó la renuncia del prefecto inspector José Henríquez Ochoa, quien hasta ese momento encabezada la Primera Zona Policial. También estuvo en esa lista el prefecto inspector Baltazar Donoso Azúa.

En tanto que el Director General de Carabineros, general Manuel Ugarte, relevó de su cargo al hasta ese entonces Jefe del OS7 en Iquique, mayor Guillermo Valenzuela, quien dirigió la investigación del caso en los últimos dos años. También llamó a retiro al coronel Iván Bustamante Rivera, quien se desempeñó como Prefecto de Carabineros de Iquique hasta marzo de 2001.

Los cuatro funcionarios destituidos estuvieron a cargo de la comisión mixta de investigación que ordenó crear el Presidente Ricardo Lagos. Esta instancia tenía como objetivo ubicar a las liceanas. Todo ese esfuerzo no surtió efecto hasta que apareció Barbarita, la niña que sobrevivió al terror de enfrentarse al sicópata que durante tres años recorrió las calles de la ciudad en total impunidad.

Las primeras víctimas 

Las vidas de Graciela Monserrat Saravia e Ivonne Carrillo tienen un triste lazo en común. Ellas fueron las primeras dos víctimas del sicópata de Alto Hospicio.

La joven de 18 años Graciela Monserrat apareció muerta en los roqueríos de Playa Chanavayita durante el fin de semana de Fiestas Patrias en 1998. Durante casi dos años el homicidio permaneció sin detenidos y pistas que pudieran dar con el asesino. El desinterés de las policías cambió cuando los propios familiares y amigos de Graciela reconocieron a Julio Pérez Silva como uno de los vecinos de la víctima.

Betty Estrellé, es abuela de Graciela y recuerda los días posteriores a la detención de Julio Pérez. En ese tiempo Graciela vivía en una pensión con su pololo en el sector de Las Pasionarias con Pedro Gamboni. Doblando la esquina, vivía la pareja compuesta por Julio Pérez y Nancy Boero, antes que trasladaran su domicilio hasta La Pampa en Alto Hospicio.

Según la versión familiares hubo una fiesta en una cabaña de Chanavayita en donde estuvieron Graciela y Julio Pérez. Ese día ocurrió el asesinato.

Ivonne Carrillo 

Ivonne Carrillo Lefno tenía quince años cuando desapareció el 7 de agosto de 1999. Durante tres años los familiares de esta joven de Caldera nunca pensaron ella era una de las víctimas de Alto Hospicio.

Su cuerpo recién apareció en un basural de Alto Hospicio el 2 de julio de 2002. Su hermana Mabel, siempre tuvo la esperanza que Ivonne estuviera con vida viviendo en Caldera o Copiapó. Durante esos tres años siempre recibieron informaciones de amigos que veían a la joven con vida en algún punto de la Tercera Región.

La madre de Ivonne, Magaly, estaba en Iquique cuando vio La Estrella y supo sobre el cuerpo no identificado de una joven. Con un mal presentimiento, madre e hija fueron al Instituto Médico Legal, en donde tuvieron que enfrentar la peor de las pesadillas.

Ropa, calzado y la dentadura fueron los tres puntos que permitieron el reconocimiento del cuerpo. Para Mabel Carrillo ver a su hermana en ese estado, fue la experiencia más horrible de su vida.

Ornella Linares 

Ornella Linares tenía 16 años al momento de su desaparición. El último día que la vieron con vida fue el 5 de abril de 1999 cuando esperaba locomoción para dirigirse a La Tirana. Ella cursaba séptimo básico en el Liceo Eleuterio Ramírez de Alto Hospicio y el trayecto que realizó ese día era parte de su rutina. Otro antecedente importante es que Ornella conocía a otras dos víctimas de Julio Pérez. Ellas eran Laura Zola y Macarena Sánchez.

Los familiares sólo reportaron su desaparición en agosto de 1999, casi cuatro meses después que fue vista por última vez.

Su caso no fue considerado en la investigación por las 6 liceanas asesinadas por el sicópata Julio Pérez Silva, a pesar que también estudiaba en el Liceo Eleuterio Ramírez. Ella desapareció mientras esperaba locomoción para trasladarse a La Tirana, donde residía.

Gisela Melgarejo 

El cuerpo de Gisella Melgarejo apareció el 2 de febrero de 2000, en las mismas condiciones que los otros: maniatada, con la cabeza rota a golpes, casi desnuda, tirada en un basural.

Gisella Melgarejo llegó a la zona durante la primavera de 1998. Era artesana y diseñadora gráfica. Vivía en Pozo Almonte, desde donde precisamente desapareció hasta que fue encontrada.

Su padre Hugo Melagarejo la recuerda.”Fue algo terrible para nosotros todo lo que vivimos, porque cuando desapareció la familia se trasladó a Iquique a buscarla, pero tenían respuestas de diferentes tipos. Después se conoció lo que pasó con las niñas de Alto Hospicio y comenzamos a pensar que nuestra hija también podría ser víctima del sicópata”.

Las seis liceanas 

De toda la información generada con estos casos se ha podido establecer el escenario en que ocurrieron los hechos. Viviana Garay Moena estuvo en clases hasta el mediodía cuando pidió al inspector del liceo un pase especial para retirarse antes porque tenía que retirar a su hermanito en un lugar no determinado.

Macarena Sánchez Jabré se extravió el 23 de noviembre cuando iba al liceo. Según su padre Juan Sánchez la policía sólo los tomó en cuenta cuando los otros cinco casos salieron a la luz pública.

Laura Andrea Zola Henríquez, 15 años, desapareció el 23 de marzo. Su madre vio cuando salió de la casa en La Negra y tomó un colectivo “pirata” que la llevaría hasta el Colegio Robert Johnson. 

Katherine Elizabeth Arce Rivera, 16 años, desapareció el 5 de abril luego que terminara su jornada escolar. Apenas asistió tres días al liceo Eleuterio Ramírez. 

Patricia Edith Palma Valdivia, 17 años, fue vista por última vez el 22 de mayo a la salida del colegio cerca de las 13.30 horas. 

El caso más atípico es de Macarena Cecilia Montecinos Iglesias, 16 años, quien tenía su residencia en calle Valle Verde en Iquique. El 4 de junio ella salió camino a la Escuela España, pero nunca ingresó al establecimiento educacional. La situación familiar de la menor era complicada. Ella mantenía una mejor relación con su hermana que vive en una parcela en Alto Hospicio.

26 de enero de 1986: Explosión en planta Cardoen

A las 10.45 horas del 26 de enero de 1986, veintinueve obreros de la planta 3 de las industrias Cardoen S.A., ubicada en Alto Hospicio, murieron producto de una explosión en un depósito de la sección armaduría, dedicada a la fabricación de armamentos y elementos bélicos, específicamente bombas de racimo.

Tras 14 días del accidente la totalidad de los familiares de las víctimas, que promediaban los 24 años de edad, lograron recuperar sus restos.

Rápidamente se designó un ministro en visita para el caso, pero ni él ni ninguna investigación posterior dilucidaron las causales de lo acontecido.

No obstante, se supo que 60 “bomblets”, de las 240 que contenía una bomba de racimo, provocaron el primer estallido.

El presidente de la empresa, Carlos Cardoen, dispuso que mientras el trámite legal siguiera su curso, se les mantendría a las familias de las víctimas el sueldo y sus beneficios, lo que duró 3 meses. Además, prometió el levantamiento de un memorial en honor de las víctimas y la creación de una fundación de ayuda a sus familiares.

En esa época Iquique lucía con orgullo tener una de las fábricas de armas más modernas y eficientes de América Latina. Sin embargo en la mañana de ese sábado, todo cambió.

El mismo día el directorio de Industrias Cardoen entregó un comunicado donde se daban a conocer los hechos. El documento señalaba: “Hoy sábado 26 de enero de 1986, siendo las 10.30 horas aproximadamente se produjo una explosión en la sección de armado de submunición de la planta de Alto Hospicio. Como consecuencia de lo anterior, perdieron la vida cuatro trabajadores y se encuentran desaparecidos 24, hay 9 heridos de los cuales dos fueron derivados al hospital y el resto a sus casas”.

Durante ese mes La Estrella continuó dando más antecedentes de la situación, el testimonio de los familiares y criticando la posición de la empresa por la falta de información a la prensa local.

Mientras el empresario y propietario de la planta, Carlos Cardoen, afirmaba que la explosión era “el resultado de un sabotaje y que la próxima bomba la construiría con sus propias manos”.

 

¡Horrible tragedia!

La portada del diario La Estrella de Iquique de aquel 26 de enero de 1986 se destinó exclusivamente a la tragedia. Al título de ¡Horrible Tragedia!, se complementó que la empresa dijo “No hay cuerpos que entregar…”, y que por el momento se sabía que cinco eran los muertos y 24 los desaparecidos.

Además se dio cuenta que más de mil personas se agolparon en el Hospital y que como camillas improvisadas para los heridos, se ocuparon puertas.

Tres páginas relataron en detalle lo sucedido y durante los días y semanas siguientes informaron paso a paso los acontecimientos y el desarrollo de la investigación

La Estrella de Iquique

La Estrella de Iquique nació el 1 de diciembre de 1966 con un tiraje de 4 mil ejemplares y un valor de 30 centavos de escudo.

En la editorial de su primer número, La Estrella se definió como “una publicación independiente que ofrecerá sus columnas para servir a la comunidad iquiqueña y a la Provincia de Tarapacá en toda la medida de nuestra posibilidades. Pueden tener la seguridad las autoridades, las instituciones, los dirigentes, los padres de familia, que los serviremos a todos sin excepción”.

En esa tarea han trabajado cinco directores. El primero fue Enrique Rodríguez, a quien correspondió liderar el diario en la difícil etapa del cierre de las oficinas salitreras. Su labor fue secundada por periodistas como Hernán Cortés, Manuel Zavala y Rubén Valenzuela.

En abril de 1971 asume la dirección Carlos Medina Ponce, junto al jefe de crónica y redactor deportivo Hernán Cortés y los reporteros Guillermo Vilches, Ricardo Torres, y Sergio Marabolí. Además de los reporteros gráficos Enrique Díaz y Juan Gálvez.

A fines de la década del 70 y por cuatro años se posesiona como su tercer director Enrique Jorquera, a quien correspondió apoyar el surgimiento de la Zona Franca y documentar los cambios políticos y administrativos que tuvo Iquique a raíz del pronunciamiento militar de 1973.

Fue reemplazado por Arcadio Castillo Ortiz, quien permaneció en el puesto hasta su muerte en 1997.

En la actualidad el director de La Estrella de Iquique es el periodista titulado en la Universidad Católica del Norte, Caupolicán Márquez Vergara. Durante su período el diario ha enfrentado grandes cambios tecnológicos para la elaboración de páginas, redacción de textos, fotografías digitales, el envío de información, impresión de ejemplares y creación de avisos comerciales. Parte de este proceso de modernización se ve reflejado desde el 1 de diciembre de 2000 cuando La Estrella de Iquique lanzó su sitio en Internet, http://ift.tt/1brFFup

En cuanto a su organización, “La Estrella de Iquique” forma parte de la Cadena de Diarios Regionales de El Mercurio y depende administrativamente de la Empresa Periodística “El Norte S.A.”, junto a los diarios El Mercurio de Antofagasta, La Estrella del Norte, La Estrella del Loa, La Prensa de Tocopilla, La Estrella de Arica y El Mercurio de Calama.

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