Guerra contra Confederación Perú-Boliviana


A partir de 1830 se produjeron varios conflictos entre Chile y Perú que culminaron en un enfrentamiento armado.
Perú debía a Chile un millón y medio de pesos, más los intereses, que eran parte del préstamo solicitado por Chile a Inglaterra. A esto se sumaban los gastos de la expedición libertadora durante el proceso de independencia.
Desde 1824, el gobierno peruano había subido los derechos de aduanas a los productos agrícolas provenientes de Chile.
Con los almacenes libres, Valparaíso se había convertido en el primer centro comercial del Pacífico. Perú deseaba revertir la situación a favor del puerto de Callao, para lo cual le agregó impuestos especiales a las mercancías provenientes del puerto chileno.
A estos problemas se sumó el hecho que entre 1824 y 1825, el libertador Simón Bolívar dividió el antiguo Virreinato del Perú en dos estados independientes: Perú y Bolivia. Sin embargo, el mariscal boliviano Andrés Santa Cruz deseaba la reunificación.

En 1836, Santa Cruz, que había asumido la presidencia de Bolivia, aprovechó la anarquía interna en Perú, ganó adeptos y fuerza. Es así que invadió el Perú y derrocó al presidente Agustín Gamarra.
Ante el grueso de la población apareció como el salvador del Perú y pudo proclamar la unión de ambas naciones en la Confederación Perú-Boliviana, de la cual se auto nombró su Gran Protector.
Chile no pudo permanecer indiferente ante la política invasora de Santa Cruz, pues el gobierno chileno, ya enemistado con el del Perú por cuestiones aduaneras y comerciales, se consideró amenazado y declaró la guerra a la Confederación.
Portales se dedicó a la tarea de movilizar las tropas y prepararlas para la confrontación. Ordenó al marino español Victorino Garrido que perpetrara un ataque contra la escuadra peruana fondeada en Callao.
Pese a la inferioridad de la escuadra chilena, la gran mayoría de los barcos peruanos fueron capturados. Ante esta situación, la Confederación intentó entablar negociaciones pacíficas.
El gobierno chileno envió a Mariano Egaña a exigir a Santa Cruz la solución de los temas económicos pendientes y la disolución de la Confederación. El Presidente boliviano se rehusó, Egaña dio por declarada la guerra el 28 de diciembre de 1836.
La situación no era muy favorable para Chile, ya que Santa Cruz consiguió el apoyo de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos. En tanto, los aliados chilenos, Argentina y Ecuador, no se atrevieron a intervenir en el conflicto.
Al mismo tiempo al interior del país existían tensiones entre liberales y conservadores. En Quillota y Valparaíso hubo un intento de motín. Portales fue detenido y llevado hasta el puerto. El intento de motín fue detenido por las fuerzas que estaban ubicadas en el puerto y comandadas por el general Blanco Encalada. De esta manera en el amanecer del 6 de junio de 1837 fue asesinado por parte de oficiales amotinados.
La muerte de Portales no desarmó los planes del gobierno contra la Confederación Perú – Boliviana. El general Blanco Encalada fue mandado al Perú con dos 2.700 hombres. Desembarcó en Quilca y se dirigió a Arequipa. Sin embargo en su trayecto vio que la resistencia era fuerte y que las fuerzas peruanas eran mayores. De esta manera el general chileno decidió pactar con el general Santa Cruz y ambos firmaron el tratado de Paucarpata. En seguida el Ejército Expedicionario volvió a Chile en noviembre de 1837.
La derrota de la primera expedición y la firma del tratado de Paucarpata provocaron disgusto en la sociedad chilena. El presidente Prieto no reconoció el acuerdo y comenzó a preparar una segunda expedición restauradora de la libertad del Perú.
Meses más tarde el general Manuel Bulnes desembarcó cerca de Lima con un Ejército de 6.000 soldados.
El primer enfrentamiento ocurrió en el sector denominado Portada de Guías. Chile ganó y de esta manera el Ejército entró a Lima en agosto de 1838. Posteriormente triunfó en los combates de Matucana y Puente de Buín. Al mismo tiempo el comandante Roberto Simpson, marino inglés y antiguo oficial de Lord Cochrane, rechazaba en Casma las fuerzas navales de la Confederación. Días después las fuerzas restantes del Ejército de Santa Cruz fueron derrotadas en la Batalla de Yungay.
– Este artículo está publicado en la sección La Guerra del Pacífico. Más información en el Capítulo 1: Chile en el siglo XIX y en la Bibliografía.

Guerra contra Confederación Perú-Boliviana


A partir de 1830 se produjeron varios conflictos entre Chile y Perú que culminaron en un enfrentamiento armado.
Perú debía a Chile un millón y medio de pesos, más los intereses, que eran parte del préstamo solicitado por Chile a Inglaterra. A esto se sumaban los gastos de la expedición libertadora durante el proceso de independencia.
Desde 1824, el gobierno peruano había subido los derechos de aduanas a los productos agrícolas provenientes de Chile.
Con los almacenes libres, Valparaíso se había convertido en el primer centro comercial del Pacífico. Perú deseaba revertir la situación a favor del puerto de Callao, para lo cual le agregó impuestos especiales a las mercancías provenientes del puerto chileno.
A estos problemas se sumó el hecho que entre 1824 y 1825, el libertador Simón Bolívar dividió el antiguo Virreinato del Perú en dos estados independientes: Perú y Bolivia. Sin embargo, el mariscal boliviano Andrés Santa Cruz deseaba la reunificación.

En 1836, Santa Cruz, que había asumido la presidencia de Bolivia, aprovechó la anarquía interna en Perú, ganó adeptos y fuerza. Es así que invadió el Perú y derrocó al presidente Agustín Gamarra.
Ante el grueso de la población apareció como el salvador del Perú y pudo proclamar la unión de ambas naciones en la Confederación Perú-Boliviana, de la cual se auto nombró su Gran Protector.
Chile no pudo permanecer indiferente ante la política invasora de Santa Cruz, pues el gobierno chileno, ya enemistado con el del Perú por cuestiones aduaneras y comerciales, se consideró amenazado y declaró la guerra a la Confederación.
Portales se dedicó a la tarea de movilizar las tropas y prepararlas para la confrontación. Ordenó al marino español Victorino Garrido que perpetrara un ataque contra la escuadra peruana fondeada en Callao.
Pese a la inferioridad de la escuadra chilena, la gran mayoría de los barcos peruanos fueron capturados. Ante esta situación, la Confederación intentó entablar negociaciones pacíficas.
El gobierno chileno envió a Mariano Egaña a exigir a Santa Cruz la solución de los temas económicos pendientes y la disolución de la Confederación. El Presidente boliviano se rehusó, Egaña dio por declarada la guerra el 28 de diciembre de 1836.
La situación no era muy favorable para Chile, ya que Santa Cruz consiguió el apoyo de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos. En tanto, los aliados chilenos, Argentina y Ecuador, no se atrevieron a intervenir en el conflicto.
Al mismo tiempo al interior del país existían tensiones entre liberales y conservadores. En Quillota y Valparaíso hubo un intento de motín. Portales fue detenido y llevado hasta el puerto. El intento de motín fue detenido por las fuerzas que estaban ubicadas en el puerto y comandadas por el general Blanco Encalada. De esta manera en el amanecer del 6 de junio de 1837 fue asesinado por parte de oficiales amotinados.
La muerte de Portales no desarmó los planes del gobierno contra la Confederación Perú – Boliviana. El general Blanco Encalada fue mandado al Perú con dos 2.700 hombres. Desembarcó en Quilca y se dirigió a Arequipa. Sin embargo en su trayecto vio que la resistencia era fuerte y que las fuerzas peruanas eran mayores. De esta manera el general chileno decidió pactar con el general Santa Cruz y ambos firmaron el tratado de Paucarpata. En seguida el Ejército Expedicionario volvió a Chile en noviembre de 1837.
La derrota de la primera expedición y la firma del tratado de Paucarpata provocaron disgusto en la sociedad chilena. El presidente Prieto no reconoció el acuerdo y comenzó a preparar una segunda expedición restauradora de la libertad del Perú.
Meses más tarde el general Manuel Bulnes desembarcó cerca de Lima con un Ejército de 6.000 soldados.
El primer enfrentamiento ocurrió en el sector denominado Portada de Guías. Chile ganó y de esta manera el Ejército entró a Lima en agosto de 1838. Posteriormente triunfó en los combates de Matucana y Puente de Buín. Al mismo tiempo el comandante Roberto Simpson, marino inglés y antiguo oficial de Lord Cochrane, rechazaba en Casma las fuerzas navales de la Confederación. Días después las fuerzas restantes del Ejército de Santa Cruz fueron derrotadas en la Batalla de Yungay.
– Este artículo está publicado en la sección La Guerra del Pacífico. Más información en el Capítulo 1: Chile en el siglo XIX y en la Bibliografía.

Historia del Salitre en la Región de Tarapacá

Historia del Salitre en la Región de Tarapacá

Region de Tarapacá, Chile

Resumen de la historia del Salitre en la Región de Tarapacá, Chile. Sus antecedentes prehispánicos hasta los primeros pasos en la industrialización de la zona.

Buscando el oro blanco


La industria del salitre comenzó en La Tirana, hasta donde un grupo de indígenas llevaba el caliche extraído de la pampa y lo procesaba con una técnica milenaria que los incas habían perfeccionado. Este producto servía para cubrir las necesidades de pólvora de toda la zona de Tarapacá. y en algunos casos, era enviado a Perú para abastecer a los ejércitos de la corona española. Sin embargo, esta industria incipiente siempre estuvo en un bajo perfil debido principalmente a su baja calidad y al rudimentario proceso de elaboración que existía desde tiempos inmemoriales.
Incas y aymaras conocían las propiedades del caliche. Lo pulverizaban con un mazo y después lo usaban como fertilizante en sus cultivos de papa y maíz. También lo ocupaban como insumo para crear una especie de pólvora que servía para sus prospecciones en las minas de Huantajaya, Parquina, Casicsa y Virquinta.
Más tarde el proceso evolucionó técnicamente hasta transformarse en el primitivo sistema de paradas, que siglos más tarde sería la base para la industria del salitre.
Los incas utilizaron vasijas metálicas traídas del altiplano, en donde cocían el caliche bajo una fogata. Luego que el material era disuelto en un caldo hirviente era traspasado a otro recipiente en donde se decantaba y surgían los cristales de salitre depurado.
Este proceso se repitió durante siglos hasta que los españoles le agregaron algunas mejoras para acelerar el trabajo y la cantidad de salitre extraído en cada cocción.
Los fondos metálicos estaban en una construcción cuadrada, hecha de piedra y arcilla, se encendía una hornilla para cocer el caliche extraído en forma manual en pleno desierto.
Luego del trasvasije de los caldos, el material era secado al sol hasta que el salitre se separa de la costra que quedaba pegada al recipiente.
Con este proceso, la industria del salitre se encontraba en espera que la demanda del mineral incentivara la producción en masa.

LLEGA EL RUMOR


En 1709 en España llega un rumor sobre Chile. Este dice que la comarca tiene grandes criaderos de salitre en la zona de Tarapacá. De esta manera se dicta la cédula real del 22 de enero de 1710, que indica la constitución de una fábrica en Chile para aprovechar el recurso en la producción de pólvora.
El motivo de esta orden se debía principalmente a que la fabrica de pólvora que existía en Perú, entraba en una especie de retroceso al escasearle sus insumos para la industria bélica.
Ante esta situación, en el sector sur de lo que actualmente es La Tirana, los españoles iniciaron la producción. Para ello cortaban los tamarugos y los convertían en carbón, utilizaban el agua para el proceso de conversión y traían azufre desde el altiplano. Con estos tres elementos lograban preparar pólvora de regular calidad.
A principios del siglo XVII, de 45 minas que existían en el corregimiento de Tarapacá, sólo 17 eran explotadas y 28 se encontraban con cierto número limitado de trabajadores. La situación económica no era buena y las condiciones de vida no mejoraban excepto en las quebradas y oasis.

Mejorar la pólvora


En 1795 España nació el interés de producir nitrato potásico y durante varias décadas dedicó a científicos en Perú a perfeccionar le sistema de elaboración del salitre de alta calidad.
Esta búsqueda del método se prolongó hasta 1809. Ya en esa fecha la necesidad de conseguir nitrato potásico para la pólvora era urgente para toda la colonia española en América. La amenaza de Napoleón de invadir España y el continente americano obligó a la corona a desarrollar aún más su industria para la guerra.
Ante esto el virrey del Perú, Gil de Taboada, pidió aumentar la producción, lo que a su vez generó la imperiosa necesidad de extraer caliche de Tarapacá. 
Las primeras exportaciones comenzaron en en 1806. Los arrieros bajaban con mulas el caliche en bruto para ser embarcado en Iquique y ser enviado al Callao. Durante estas faenas los terratenientes españoles siguieron indagando para conseguir un producto de mayor calidad.
Fue así que el 15 de julio de 1809, el diario «Minerva Peruana» publicó un artículo que informaba sobre el naturalista Tadeo Haencke . Este científico encontró la manera de convertir el nitrato de sodio en potásico, osea, salitre bruto en refinado, especial para la pólvora. Con esta información los industriales españoles Sebastián de Ugarrisa y Matías de la Fuente, quienes explotaban el caliche en la pampa, fueron en búsqueda de Haencke para que les entregara la fórmula.
El científico alemán se encontraba  en la hacienda de Santa Cruz de Elicona, ubicado cerca de Cochabamba en el Alto Perú. Hasta allá llegaron los industriales españoles, quienes consiguieron la valiosa información de Haencke.
Con este método, los empresarios construyeron las primeras oficinas salitrera entre 1810 y 1822 en Pampa Zapiga, Pampa Negra y Negreiros. La producción de salitre refinado iba mayormente a Lima y en menor porción a Chile.

Sistema de Paradas


Con la base de conocimiento inca y el trabajo desarrollado en menor escala por los primeros colonizadores españoles para tener fertilizante destinado a sus cultivos en las quebradas se logró dar los primeros pasos en esta incipiente industria.
Al principio, la empresa era extremadamente rudimentaria y se dividía principalmente en tres etapas: la extracción del caliche con mazos y chuzos y el traslado del material hasta la «oficina», el procesamiento del mineral y la comercialización del mismo.
El sistema de paradas, como lo llamaron los industriales españoles, es similar a la técnica que desarrollaron los indígenas. La diferencia estaba en el volumen de producción y los materiales que utilizaron en el proceso.
Separados de esta estructura había dos estanques llamados en la época dorada del salitre como «chulladores», en lo que se revolvían los caldos y se clarificaban luego de ser hervidos en los fondos metálicos. El traspaso entre ambos recipientes en una primera época se hacía con grandes cucharones y luego a través de un sistema de canaletas.
Las bateas cristalizadoras era de madera y planas, tenían poca profundidad y estaban depositadas en pequeños muros de piedras y barros. En esta última etapa se lograba captar el nitrato potásico en la pureza necesaria que exigían los mercados del Perú y Europa.
Junto a estas faenas se levantaban las chozas de los trabajadores y la oficina de administración. Este sistema recibió el nombre paradas porque las faenas se trasladaban a otro punto de la pampa cuando la zona que explotaban ya no entregaba salitre de buena ley.
Los primeros quintales destinados al viejo mundo fueron embarcados a principios de 1830.

Historia del Salitre en la Región de Tarapacá

Historia del Salitre en la Región de Tarapacá

Region de Tarapacá, Chile

Resumen de la historia del Salitre en la Región de Tarapacá, Chile. Sus antecedentes prehispánicos hasta los primeros pasos en la industrialización de la zona.

Buscando el oro blanco


La industria del salitre comenzó en La Tirana, hasta donde un grupo de indígenas llevaba el caliche extraído de la pampa y lo procesaba con una técnica milenaria que los incas habían perfeccionado. Este producto servía para cubrir las necesidades de pólvora de toda la zona de Tarapacá. y en algunos casos, era enviado a Perú para abastecer a los ejércitos de la corona española. Sin embargo, esta industria incipiente siempre estuvo en un bajo perfil debido principalmente a su baja calidad y al rudimentario proceso de elaboración que existía desde tiempos inmemoriales.
Incas y aymaras conocían las propiedades del caliche. Lo pulverizaban con un mazo y después lo usaban como fertilizante en sus cultivos de papa y maíz. También lo ocupaban como insumo para crear una especie de pólvora que servía para sus prospecciones en las minas de Huantajaya, Parquina, Casicsa y Virquinta.
Más tarde el proceso evolucionó técnicamente hasta transformarse en el primitivo sistema de paradas, que siglos más tarde sería la base para la industria del salitre.
Los incas utilizaron vasijas metálicas traídas del altiplano, en donde cocían el caliche bajo una fogata. Luego que el material era disuelto en un caldo hirviente era traspasado a otro recipiente en donde se decantaba y surgían los cristales de salitre depurado.
Este proceso se repitió durante siglos hasta que los españoles le agregaron algunas mejoras para acelerar el trabajo y la cantidad de salitre extraído en cada cocción.
Los fondos metálicos estaban en una construcción cuadrada, hecha de piedra y arcilla, se encendía una hornilla para cocer el caliche extraído en forma manual en pleno desierto.
Luego del trasvasije de los caldos, el material era secado al sol hasta que el salitre se separa de la costra que quedaba pegada al recipiente.
Con este proceso, la industria del salitre se encontraba en espera que la demanda del mineral incentivara la producción en masa.

LLEGA EL RUMOR


En 1709 en España llega un rumor sobre Chile. Este dice que la comarca tiene grandes criaderos de salitre en la zona de Tarapacá. De esta manera se dicta la cédula real del 22 de enero de 1710, que indica la constitución de una fábrica en Chile para aprovechar el recurso en la producción de pólvora.
El motivo de esta orden se debía principalmente a que la fabrica de pólvora que existía en Perú, entraba en una especie de retroceso al escasearle sus insumos para la industria bélica.
Ante esta situación, en el sector sur de lo que actualmente es La Tirana, los españoles iniciaron la producción. Para ello cortaban los tamarugos y los convertían en carbón, utilizaban el agua para el proceso de conversión y traían azufre desde el altiplano. Con estos tres elementos lograban preparar pólvora de regular calidad.
A principios del siglo XVII, de 45 minas que existían en el corregimiento de Tarapacá, sólo 17 eran explotadas y 28 se encontraban con cierto número limitado de trabajadores. La situación económica no era buena y las condiciones de vida no mejoraban excepto en las quebradas y oasis.

Mejorar la pólvora


En 1795 España nació el interés de producir nitrato potásico y durante varias décadas dedicó a científicos en Perú a perfeccionar le sistema de elaboración del salitre de alta calidad.
Esta búsqueda del método se prolongó hasta 1809. Ya en esa fecha la necesidad de conseguir nitrato potásico para la pólvora era urgente para toda la colonia española en América. La amenaza de Napoleón de invadir España y el continente americano obligó a la corona a desarrollar aún más su industria para la guerra.
Ante esto el virrey del Perú, Gil de Taboada, pidió aumentar la producción, lo que a su vez generó la imperiosa necesidad de extraer caliche de Tarapacá. 
Las primeras exportaciones comenzaron en en 1806. Los arrieros bajaban con mulas el caliche en bruto para ser embarcado en Iquique y ser enviado al Callao. Durante estas faenas los terratenientes españoles siguieron indagando para conseguir un producto de mayor calidad.
Fue así que el 15 de julio de 1809, el diario «Minerva Peruana» publicó un artículo que informaba sobre el naturalista Tadeo Haencke . Este científico encontró la manera de convertir el nitrato de sodio en potásico, osea, salitre bruto en refinado, especial para la pólvora. Con esta información los industriales españoles Sebastián de Ugarrisa y Matías de la Fuente, quienes explotaban el caliche en la pampa, fueron en búsqueda de Haencke para que les entregara la fórmula.
El científico alemán se encontraba  en la hacienda de Santa Cruz de Elicona, ubicado cerca de Cochabamba en el Alto Perú. Hasta allá llegaron los industriales españoles, quienes consiguieron la valiosa información de Haencke.
Con este método, los empresarios construyeron las primeras oficinas salitrera entre 1810 y 1822 en Pampa Zapiga, Pampa Negra y Negreiros. La producción de salitre refinado iba mayormente a Lima y en menor porción a Chile.

Sistema de Paradas


Con la base de conocimiento inca y el trabajo desarrollado en menor escala por los primeros colonizadores españoles para tener fertilizante destinado a sus cultivos en las quebradas se logró dar los primeros pasos en esta incipiente industria.
Al principio, la empresa era extremadamente rudimentaria y se dividía principalmente en tres etapas: la extracción del caliche con mazos y chuzos y el traslado del material hasta la «oficina», el procesamiento del mineral y la comercialización del mismo.
El sistema de paradas, como lo llamaron los industriales españoles, es similar a la técnica que desarrollaron los indígenas. La diferencia estaba en el volumen de producción y los materiales que utilizaron en el proceso.
Separados de esta estructura había dos estanques llamados en la época dorada del salitre como «chulladores», en lo que se revolvían los caldos y se clarificaban luego de ser hervidos en los fondos metálicos. El traspaso entre ambos recipientes en una primera época se hacía con grandes cucharones y luego a través de un sistema de canaletas.
Las bateas cristalizadoras era de madera y planas, tenían poca profundidad y estaban depositadas en pequeños muros de piedras y barros. En esta última etapa se lograba captar el nitrato potásico en la pureza necesaria que exigían los mercados del Perú y Europa.
Junto a estas faenas se levantaban las chozas de los trabajadores y la oficina de administración. Este sistema recibió el nombre paradas porque las faenas se trasladaban a otro punto de la pampa cuando la zona que explotaban ya no entregaba salitre de buena ley.
Los primeros quintales destinados al viejo mundo fueron embarcados a principios de 1830.

1830

En la provincia de Tarapacá comienza la exportación de salitre a Europa y Estados Unidos. Se decreta la libertad de derechos a la internación de maquinarias para la industria salitrera.