Petroglifos de Tamentica son una “fotografía” de la vida de los pueblos precolombinos

Un sector del camino hacia el pueblo de Huatacondo está decorado por figuras grabadas en piedras que fueron creadas en tiempos precolombinos (aproximadamente hace 2 mil años). 

Gracias a la aridez del norte chileno, estas figuras en las piedras han permanecido con el paso de los años. 

Los petroglifos llaman la atención por su riqueza rupestre. 

En los dibujos se aprecian aves marinas y hombres cargando bultos en sus espaldas. 

Estas figuras son especiales porque reflejan el estilo de vida que tuvieron estas personas en la época precolombina, muestran las condiciones naturales y geográficas en las que vivían. 

Este es el principal valor de los petroglifos de Tamentica, que se ubican en la quebrada de Huatacondo en la Región de Tarapacá. 

La expresividad de los petroglifos 

Bernardo Toloza, investigador del departamento de arqueología de la Universidad católica del Norte (Toloza, 1967) afirmó que los petroglifos destacan por su “expresividad, formas muy definidas y decorativas describen sutilmente la vida de esta gente. La decoración es típica de los pueblos primitivos. Los símbolos son escasos, lo que prima es la figuración humana y los animales”. 

Los petroglifos constituyeron uno de los medios de comunicación de la época y se encuentra asociado a centros aldeanos, cercanos a cementerios “Gentilares”, o centros de culto en sectores geográficos donde existió asentamiento humano y sus dibujos son fiel reflejo de la actividad que realizaban cotidianamente y el tráfico interregional que se producía en antaño. 

Las noches espectrales en el pueblo fantasma de Humberstone

  • Ubicada a 47 kilómetro al este de la ciudad de Iquique, Humberstone es actualmente un monumento nacional y, desde 2005, está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

No hay farolas que iluminen sus noches cerradas. Sólo el desafinado tintineo de los techos de calamina rompe el silencio que se cuela por las calles de Humberstone, el pueblo abandonado en medio del desierto chileno que en otro tiempo fue símbolo del esplendor del país.
Desde hace años esta pequeña ciudad en ruinas, que otrora encarnó la imagen de la prosperidad chilena basada en la extracción del salitre, aguanta impertérrita el avance del tiempo y el desierto que poco a poco intenta devorarla.
Lejos de su pasado resplandor, el Humberstone que en su día albergó a más de 3.700 habitantes, está considerado hoy como uno de los diez lugares más fantasmales del planeta, lo que ha animado a agencias turísticas a conducir de noche a los curiosos por sus polvorientas calles.
«Con el frío y la poca visibilidad, los sentidos se agudizan y uno puede percibir sensaciones muy distintas de las que se pueden notar a pleno sol», explicó a Efe el director de la Corporación Museo del Salitre de Iquique, Silvio Zerega, para quien pasear por Humbertone de noche es una experiencia apasionante.
La popular web de viajes TripAdvisor clasificó al pueblo abandonado del norte de Chile como el quinto lugar más fantasmal del planeta, en el que la vida y el bullicio de otros tiempos dejaron paso a la nostalgia del silencio.
Un «galardón» que ha atraído muchos turistas internacionales que, según Zerega, acuden a Humberstone en busca de experiencias intrépidas y también, si cabe, de algún fantasma perdido.
Ubicada a 47 kilómetro al este de la ciudad de Iquique, Humberstone es actualmente un monumento nacional y, desde 2005, está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Las intactas calles, plazas e iglesias de la población son un reflejo del esplendor y contraste que vivió la región entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, cuando pasó de ser el epicentro de la época dorada al testimonio de una ambiciosa civilización pasada.
Fundada en 1872 por la «Compañía de Nitratos del Perú» y bautizado en sus inicios como «La Palma», Humberstone comenzó un rápido crecimiento, convirtiéndose rápidamente en un agitado pueblo caracterizado por una arquitectura de estilo clásico de ultramar inglés.
Sin embargo, con el acaecimiento de la Gran Depresión de 1929 y el desarrollo de la producción sintética de amoníaco, su modelo económico colapsó.
Prácticamente en quiebra, La Palma fue comprada por Cosatan, una compañía salitrera de Antofagasta que renovó sus instalaciones y rebautizó las oficinas como «Santiago Humberstone», en honor a James Thomas Humberstone, padre de la industria salitrera.
Con el pasar de los años, la era dorada de Humberstone se empezó a apagar y en 1960 el pueblo y las oficinas fueron abandonados.
Pero las vivencias, recuerdos y sacrificios de todos los que la habitaron parecen no haber abandonado nunca esas casas levantadas bajo el inclemente sol del desierto.


Al pasear entre ellas, aún se puede confundir el silbido del viento con el vocerío de quienes alguna vez las habitaron.
«Yo no creo en fantasmas pero hay trabajadores del museo que aseguran haber visto apariciones espectrales y escuchado psicofonías», comentó Zerega.
Según el director del museo, el establo es uno de los espacios más tétricos del lugar, en el que se han encontrado muñecas llenas de ají y se han cerrado algunas puertas.
Estas experiencias han atemorizado a los trabajadores del museo que no se acercan al recinto «ni que les paguen».
Indudablemente, las visitas turísticas nocturnas por el campamento salitrero, que ahora cuenta con un nuevo sistema de iluminación puntual de algunas zonas, agudizarán la ya escalofriante atmósfera de desolación que, como alguna alma sin rumbo, se apodera de sus callejones al caer la noche.
Fuente: EFE

1996: Las planes de Mall Zofri para crecer

El 2 de agosto de 1996 La Estrella de Iquique publicó un artículo que anunció la creación de una nueva etapa dentro del centro comercial de la Zona Franca de Iquique.

Lo que más llama la atención que ya en ese momento se hablaba de un cine.

El anunció habla de un paseo peatonal, restaurantes y el mítico cine. El proyecto se materializó con la inauguración de la gran carpa que se instaló entre la etapa 2 y 3.

La Estrella de Iquique

La singular tradición de los carros alegóricos navideños en Iquique

Una tradición de décadas, en diciembre de 2020, quedó prohibida por motivos de la pandemia de COVID 19. Esta suspensión temporal no rompe una costumbre que se remonta hace 70 años y que forma parte de la idiosincrasia de las personas que viven en Iquique.

El domingo 6 de diciembre una singular protesta se registró en las calles de Iquique en reacción a la resolución del Ministerio de Salud de prohibir por decreto el movimiento de carros alegóricos navideños.

Al día siguiente, una segunda caravana de vehículos recorrió Iquique en protesta por la resolución del Ministerio de Salud.

La autoridad ha mantenido esta resolución. La  medida fue establecida en la resolución N°23.393, que además solicita al Jefe de la Defensa Nacional de la Región Tarapacá (JEDENA) la fiscalización y cumplimiento de la misma a través de personal de las Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad.

¿Cuándo nació la tradición de los carros navideños en Iquique?

Los carros navideños en Iquique y Alto Hospicio son una tradición que se remonta a los años cincuenta.

Los trabajadores de correos preparaban camiones con adornos, acompañados del Viejo Pascuero, y bandas de músicos, para distribuir regalos de Navidad en las viviendas de sus empleados.

Tuvieron su auge junto al crecimiento la industria pesquera.

Hoy la tradición sigue y es costumbre que las personas se reúnan para armar su carro navideño y distribuir los regalos días antes de Navidad. 

Por lo general, actualmente, la agrupación está asociada al lugar del trabajo. Es decir, trabajadores de una misma empresa se reúnen, juntan fondos, piden apoyo a su empleador y arman su carro alegórico. Ellos mismos se disfrazan en comparsa para acompañar al viejo pascuero que recorrerá a los domicilios de los trabajadores para repartir los regalos antes de Navidad.

Así los niños y niñas reciben la visita del viejo pascuero quien le entrega los regalos en forma personal.

Las comparar y los carros recorren la ciudad, entre el trayecto entre casa y casa, el correo pasa por las calles y el viejo pascuero lanza dulces a los niños y los transeúntes que están cerca.

Toda una celebración en que la ciudad participa en gran parte.

Los carros se arman por empresas o por oficinas pública, sindicatos, clubes sociales o deportivo. O sea, todas las organizaciones pueden tener su carro navideño si se ponen a trabajar en ello.

A juicio del sociólogo de la Universidad Arturo Prat, Bernardo Guerrero, “es una mezcla entre carnaval y fiesta de la primavera, que impregna a los habitantes de un ánimo festivo y que se ha replicado hasta en los migrantes. Poca gente en Chile conoce esta tradición. Colegios, reparticiones públicas, comercio y hasta políticos arman sus carros y salen a saludar a la gente distribuyendo dulces”.

Esta es una tradición iquiqueña que se realiza hace décadas y que cada año adquiere más fuerza, donde además del tradicional regalo que se les entrega a los niños, la visita viene acompañada de personajes animados y con bandas musicales, dejando una huella imborrable en la memoria de los cientos de pequeños que ven cómo el ‘viejito pascuero’ se hace presente en sus hogares de una particular forma.

Más información en este archivo de SWAY.