El estilo de vida y la significación de la industria pesquera en Iquique tuvo distintas connotaciones conforme fue pasando el tiempo. Cuando se instalaron las primeras pesqueras en 1956 la crisis en la ciudad era profunda. Iquique era una ciudad pequeña, con 15 mil habitantes, la mayoría ex pampinos cesantes y sus familias.
En ese tiempo ya se encontraba la Pesquera Cavancha, que más adelante adquiriría el nombre de Iquique.
Para Hugo Herrera, presidente del Sindicato de Interempresas de Tripulantes, en un principio el trabajo en alta mar en grandes naves recolectoras era una situación poco común.
En 1960 comenzó una rápida instalación de pesqueras y armadurías para sustentar lo que sería un gran negocio para inversionistas locales y nacionales. Para entonces, los rumores y expectativas de trabajo, eran más auspiciosas. Todos ponían las esperanzas en la extracción de anchoa, principalmente.
En marzo de 1963 fue creado el Sindicato de Profesionales de Tripulantes que más adelante se transformaría en interempresas.
A mediados de los 60 Iquique contaba con 27 plantas instaladas, de las cuales no todas trabajaban. También existían dos industrias en Pisagua e incluso una en Patillos. En 1961 llegan Astilleros Marco a Chile para invertir en Iquique, sumándose de esa manera a apoyar el desarrollo de la industria pesquera del norte y la invitación extendida por la Corporación del Fomento, Corfo.
A mediados de esa década el Sindicato Profesional de Tripulantes Pesqueros surgía como una de las entidades gremiales más fuertes de Iquique con más de mil 800 socios inscritos. Ya en ese año, la economía local daba vueltas en torno a la cuota de extracción de las pesqueras. Las banderas negras, que hacía siete años eran comunes en las casas, ahora eran reemplazadas por banderas chilenas.
Durante 2001 el gobierno lanzó el proyecto más ambicioso para el sector, el Plan Integral, con un costo de 19 mil millones de pesos, organizó los terrenos, urbanizó sitios, levantó nuevas viviendas y entregó el equipamiento comunitario necesario para llevar adelante la vida en esos populosos sectores. Al mismo tiempo, el gobierno inició una serie de proyectos para incentivar la creación de escuelas subvencionadas, instalación de oficinas públicas y mejoramiento vial.
La historia del Plan Integral de Alto Hospicio
A mediados del año 2000, en plena campaña Presidencial, el entonces candidato Ricardo Lagos Escobar llegó a Alto Hospicio a conocer en terreno la realidad que atravesaban las familias que habitaban en la toma de terreno más grande de la historia del país. Fue entonces cuando Lagos adquirió el compromiso de llevar a cabo un proyecto para mejorar la calidad de vida de las personas que habitaban las tomas de La Negra, La Pampa y El Boro. La meta era solucionar el problema de vivienda a 4.500 familias que habitaban este sector.
Una vez electo Presidente, Ricardo Lagos instruyó al entonces ministro de Vivienda, Claudio Orrego y a un equipo de esta cartera, apoyados por la Organización de las Naciones Unidas, para realizar un diagnóstico a través de una encuesta del Instituto Nacional de Estadísticas y fichas CAS, para proponer alternativas para acudir en ayuda de esta población.
El Ministerio de Vivienda propuso entonces la construcción de 4.000 soluciones en un período de 6 años. Ese proyecto fue bautizado como “Plan Integral”.
Al mismo tiempo, tanto pobladores como dirigentes y el alcalde Jorge Soria, pidieron la posibilidad que se entregaran sitios urbanizados para continuar con los proyectos de la Autoconstrucción iniciados por el municipio local.
El 28 de febrero de 2001, Jaime Ravinet asumió como Ministro de Vivienda y de inmediato realizó una reunión de directorio y aprobó la sugerencia de pobladores y del alcalde entregando dos alternativas a los habitantes de la localidad. Por un lado la posibilidad de acceder a una vivienda a través de subsidios entregados por Serviu y financiamiento de instituciones bancarias y otra modalidad parar obtener un sitio urbanizado donde construir en forma independiente su casa.
El Gobierno abrió registros para los interesados en alguna de las opciones y así poder planificar la cantidad de viviendas y sitios necesarios para los pobladores.
La dirección de este proyecto, denominado Plan Integral, fue Hernán Ortega Castillo, administrador público y ex director de la Corporación Municipal de Santiago.
Metas cumplidas
El primer trimestre de 2003 marca la finalización de la mayoría de los proyectos que incluía el Plan Integral, a pesar de algunos problemas con las empresas encargadas de realizar los trabajos de urbanización.
En diciembre de 2002 entregaron 500 viviendas Serviu, de un total de 1.200. La Negra cuenta con luz y agua potable desde la última semana de diciembre de 2002.
En tanto que El Boro y La Pampa tuvieron instalados los servicios básicos durante enero de 2003. En febrero de 2003 la pavimentación de las principales calles de estos tres asentamientos fue completada.
En cuanto a la macro urbanización de estos tres sectores, el Gobierno, ha implementado obras de alta ingeniería para incorporarlos al sistema de urbanización de la comuna. Es así como se han construido plantas de tratamiento de aguas servidas y plantas elevadoras además de un proyecto innovador que permitirá no desechar toda el agua al mar y utilizarla en procesos de irrigación en el cultivo de olivos en el sector de El Boro, planteando una nueva visión del futuro de Hospicio a través de la incorporación del factor agrícola.
El investigador iquiqueño Mario Zollezzi establece que al comenzar el siglo XX, la «cuestión social» en Tarapacá entra en una nueva fase. Bajo la presidencia de Pedro Montt, en Iquique, los trabajadores del vital sector portuario realizaban periódicos movimientos reivindicativos. En la Pampa Salitrera empezó a manifestarse el malestar de los obreros de las Oficinas en «memoriales», reclamando al Gobierno atención a sus planteamientos sociales.
En el país, la estéril lucha por el poder entre la Alianza Liberal y la Coalición desacreditaba cada vez más al sistema parlamentario, instaurado tras la derrota de Balmaceda en 1891.
Este problema político agudizó en 1907 la crisis financiera que hacía bajar el cambio y subir los precios de los artículos de primera necesidad. La moneda se depreció al punto que llegó a valer apenas 8 peniques. La inestabilidad cambiaria golpeaba a la clase obrera.
En noviembre de 1907 laboraban en las salitreras de Tarapacá y Antofagasta unos 40.000 operarios; 13.000 de ellos extranjeros: bolivianos y peruanos en su mayoría.
La provincia de Tarapacá, según el censo de población levantado el 28 de noviembre de 1907, tenía 110.000 habitantes.
Primeros antecedentes
Con este clima adverso, una gran huelga estalla con los trabajadores de la Empresa de Ferrocarriles Salitreros el 4 de diciembre de 1907. La paralización duró sólo un par de días, luego de conseguir que los sueldos fuesen pagados con el tipo de cambio que existía antes de la devaluación del peso.
Esta misma petición la presentaron los trabajadores de la cuadrillas salitreras que trabajan en el puerto de Iquique. A pocos días, los trabajadores de la oficina San Lorenzo, del cantón Alto San Antonio, dejaron sus faenas y comenzaron a reunirse en las estaciones de ferrocarriles. Su intención era viajar hasta Iquique y hablar directamente con las autoridades del gobierno central.
De a poco, el movimiento fue abarcando toda la pampa. A mediados de diciembre, al menos treinta oficinas tenían detenidas sus faenas.
Zolezzi afirma que la gran huelga de los pampinos fue conocida como «huelga de los 18 peniques», porque el punto principal de sus demandas era el cambio de sus fichas de pago por dinero a ese valor. El movimiento reivindicativo era fomentado por anarquistas, demócratas y balmacedistas; estos últimos eran liberales democráticos, que mantenían la veneración de los trabajadores salitreros al difunto Presidente, considerado por algunos como símbolo de la defensa del salitre a las ambiciones monopólicas del magnate inglés J. T. North.
Los obreros marcharon desde la pampa hacia Iquique. Varios convoyes del ferrocarril bajaban repletos de trabajadores junto a sus familias. Mientras, las autoridades habían informado sobre al situación a Santiago; el Presidente Montt envió fuerzas militares a la zona en el crucero «Blanco Encalada» y la alcaldía suspendió cualquier espectáculo público y clausuraron las cantinas.
Los huelguitas del cantón alto San Antonio fueron hospedados en el Club Sport, que era el hipódromo existente en el camino a Cavancha.
Resistencia de los pobladores
Luego de las primeras conversaciones con las autoridades y dejar en claro que no volverían a la pampa hasta conseguir sus reivindicaciones sociales, los huelguistas, que continuaban llegando en masa, fueron trasladados hasta la escuela fiscal «Domingo Santa María».
Mientras el intendente interino, Julio Guzmán García, mediaba las negociaciones entre salitreros y representantes pampinos, la ciudad de Iquique paralizaba en apoyo a los huelguistas.
Al mismo tiempo llegan a Iquique el intendente titular, Carlos Eastman y el general Roberto Silva Renard, jefe de la I Zona Militar, que venía a tomar el mando de las tropas reforzadas de la guarnición.
El 16 de diciembre los principales cabecillas del movimiento, Luis Olea y José Briggs, presentaron un petitorio de diez puntos. Los principales eran la eliminación del sistema de fichas, libertad del comercio en las oficinas, mejorar las medidas de seguridad y el pago de la jornada laboral a un cambio de 18 peniques por peso. Hasta ese momento el cambio era de 8 peniques. Los industriales dijeron que estudiarían inmediatamente las solicitudes.
Otros sectores obreros de la ciudad también habían paralizado y las calles eran custodiadas por patrullas militares.
En tanto, se había ordenado a los pampinos concentrarse en la plaza Manuel Montt y en la Escuela Santa María. Una nueva disposición oficial determinó que los huelguistas debían evacuar esos dos puntos y ubicarse en el Hipódromo, para luego tomar los trenes rumbo a la Pampa, reanudando las faenas. Les informaron que los empresarios salitreros rechazaban la presión, sosteniendo que perderían «autoridad moral» en la Pampa.
Los empleadores y las autoridades propusieron al grupo que dejara una delegación de dirigentes para continuar las negociaciones, pero que la mayoría debía regresar a sus puestos de trabajo.
Los obreros se negaron.
El 19 de diciembre las directivas de los pampinos y los trabajadores del puerto de Iquique crearon el Comité Central Unido. El Presidente era José Briggs y como vicepresidente, Luis Olea.
Un día después el intendente, Carlos Eastmann, recibió la orden del ministro del interior, Rafael Sotomayor, para declarar el Estado de Sitio.
21 de diciembre de 1907
Al llegar el 21 de diciembre, en la Escuela Santa María y la Plaza Manuel Montt, ubicada donde actualmente está el Mercado Centenario, había entre ocho y diez mil personas. Esa mañana, las huelguitas no acataron por segunda vez la orden de trasladarse hasta el hipódromo y luego regresar a la pampa.
Dentro de un marco de discursos, consignas y gritos, transcurrieron las horas, mientras que el general de brigada Roberto Silva Renard ordenaba el traslado de dos ametralladoras que hizo colocar frente a la Escuela. Un piquete del Regimiento O’Higgins se ubicó a la izquierda de las ametralladoras. Luego envió dos oficiales para convencer a los obreros que terminaran con el movimiento y media hora más tarde él mismo ingresó al local, sin lograr un cambio de actitud en los huelguitas. Los últimos en ingresar a la Escuela Santa María fueron los cónsules de Perú y Bolivia, pero después de una hora de conversaciones salieron del lugar sin lograr su objetivo.
Disparos
A las 15.45 horas se da la orden de disparar. Desde ese instante surgen varias versiones del hecho. Algunos historiadores indican que las ráfagas de metralleta duraron treinta segundos, otros señalan que el ataque se prolongó por casi dos minutos.
El informe oficial que dio el general Silva Renard fija la cifra de heridos en 140. Los cuerpos consulares establecieron un número de 150 muertos y 200 heridos.
El historiador de la universidad Arturo Prat, Sergio González, explica que la cifra aceptada actualmente como cierta alcanza a las 2 mil personas fallecidas y un número similar de heridos.
Los sobrevivientes fueron derivados ese mismo día a las oficinas de origen. Los heridos fueron atendidos en el hospital de beneficencia, pero los cuerpos de los obreros muertos, simplemente desaparecieron.
Tres días después el comercio pudo abrir sus puertas. Iquique volvía a su actividad normal.
Resumen de la historia del Salitre en la Región de Tarapacá, Chile. Sus antecedentes prehispánicos hasta los primeros pasos en la industrialización de la zona.
Buscando el oro blanco
La industria del salitre comenzó en La Tirana, hasta donde un grupo de indígenas llevaba el caliche extraído de la pampa y lo procesaba con una técnica milenaria que los incas habían perfeccionado. Este producto servía para cubrir las necesidades de pólvora de toda la zona de Tarapacá. y en algunos casos, era enviado a Perú para abastecer a los ejércitos de la corona española. Sin embargo, esta industria incipiente siempre estuvo en un bajo perfil debido principalmente a su baja calidad y al rudimentario proceso de elaboración que existía desde tiempos inmemoriales. Incas y aymaras conocían las propiedades del caliche. Lo pulverizaban con un mazo y después lo usaban como fertilizante en sus cultivos de papa y maíz. También lo ocupaban como insumo para crear una especie de pólvora que servía para sus prospecciones en las minas de Huantajaya, Parquina, Casicsa y Virquinta. Más tarde el proceso evolucionó técnicamente hasta transformarse en el primitivo sistema de paradas, que siglos más tarde sería la base para la industria del salitre. Los incas utilizaron vasijas metálicas traídas del altiplano, en donde cocían el caliche bajo una fogata. Luego que el material era disuelto en un caldo hirviente era traspasado a otro recipiente en donde se decantaba y surgían los cristales de salitre depurado. Este proceso se repitió durante siglos hasta que los españoles le agregaron algunas mejoras para acelerar el trabajo y la cantidad de salitre extraído en cada cocción. Los fondos metálicos estaban en una construcción cuadrada, hecha de piedra y arcilla, se encendía una hornilla para cocer el caliche extraído en forma manual en pleno desierto. Luego del trasvasije de los caldos, el material era secado al sol hasta que el salitre se separa de la costra que quedaba pegada al recipiente. Con este proceso, la industria del salitre se encontraba en espera que la demanda del mineral incentivara la producción en masa.
LLEGA EL RUMOR
En 1709 en España llega un rumor sobre Chile. Este dice que la comarca tiene grandes criaderos de salitre en la zona de Tarapacá. De esta manera se dicta la cédula real del 22 de enero de 1710, que indica la constitución de una fábrica en Chile para aprovechar el recurso en la producción de pólvora. El motivo de esta orden se debía principalmente a que la fabrica de pólvora que existía en Perú, entraba en una especie de retroceso al escasearle sus insumos para la industria bélica. Ante esta situación, en el sector sur de lo que actualmente es La Tirana, los españoles iniciaron la producción. Para ello cortaban los tamarugos y los convertían en carbón, utilizaban el agua para el proceso de conversión y traían azufre desde el altiplano. Con estos tres elementos lograban preparar pólvora de regular calidad. A principios del siglo XVII, de 45 minas que existían en el corregimiento de Tarapacá, sólo 17 eran explotadas y 28 se encontraban con cierto número limitado de trabajadores. La situación económica no era buena y las condiciones de vida no mejoraban excepto en las quebradas y oasis.
Mejorar la pólvora
En 1795 España nació el interés de producir nitrato potásico y durante varias décadas dedicó a científicos en Perú a perfeccionar le sistema de elaboración del salitre de alta calidad. Esta búsqueda del método se prolongó hasta 1809. Ya en esa fecha la necesidad de conseguir nitrato potásico para la pólvora era urgente para toda la colonia española en América. La amenaza de Napoleón de invadir España y el continente americano obligó a la corona a desarrollar aún más su industria para la guerra. Ante esto el virrey del Perú, Gil de Taboada, pidió aumentar la producción, lo que a su vez generó la imperiosa necesidad de extraer caliche de Tarapacá. Las primeras exportaciones comenzaron en en 1806. Los arrieros bajaban con mulas el caliche en bruto para ser embarcado en Iquique y ser enviado al Callao. Durante estas faenas los terratenientes españoles siguieron indagando para conseguir un producto de mayor calidad. Fue así que el 15 de julio de 1809, el diario «Minerva Peruana» publicó un artículo que informaba sobre el naturalista Tadeo Haencke . Este científico encontró la manera de convertir el nitrato de sodio en potásico, osea, salitre bruto en refinado, especial para la pólvora. Con esta información los industriales españoles Sebastián de Ugarrisa y Matías de la Fuente, quienes explotaban el caliche en la pampa, fueron en búsqueda de Haencke para que les entregara la fórmula. El científico alemán se encontraba en la hacienda de Santa Cruz de Elicona, ubicado cerca de Cochabamba en el Alto Perú. Hasta allá llegaron los industriales españoles, quienes consiguieron la valiosa información de Haencke. Con este método, los empresarios construyeron las primeras oficinas salitrera entre 1810 y 1822 en Pampa Zapiga, Pampa Negra y Negreiros. La producción de salitre refinado iba mayormente a Lima y en menor porción a Chile.
Sistema de Paradas
Con la base de conocimiento inca y el trabajo desarrollado en menor escala por los primeros colonizadores españoles para tener fertilizante destinado a sus cultivos en las quebradas se logró dar los primeros pasos en esta incipiente industria. Al principio, la empresa era extremadamente rudimentaria y se dividía principalmente en tres etapas: la extracción del caliche con mazos y chuzos y el traslado del material hasta la «oficina», el procesamiento del mineral y la comercialización del mismo. El sistema de paradas, como lo llamaron los industriales españoles, es similar a la técnica que desarrollaron los indígenas. La diferencia estaba en el volumen de producción y los materiales que utilizaron en el proceso. Separados de esta estructura había dos estanques llamados en la época dorada del salitre como «chulladores», en lo que se revolvían los caldos y se clarificaban luego de ser hervidos en los fondos metálicos. El traspaso entre ambos recipientes en una primera época se hacía con grandes cucharones y luego a través de un sistema de canaletas. Las bateas cristalizadoras era de madera y planas, tenían poca profundidad y estaban depositadas en pequeños muros de piedras y barros. En esta última etapa se lograba captar el nitrato potásico en la pureza necesaria que exigían los mercados del Perú y Europa. Junto a estas faenas se levantaban las chozas de los trabajadores y la oficina de administración. Este sistema recibió el nombre paradas porque las faenas se trasladaban a otro punto de la pampa cuando la zona que explotaban ya no entregaba salitre de buena ley. Los primeros quintales destinados al viejo mundo fueron embarcados a principios de 1830.
En Artes y Letras de El Mercurio apareció un artículo sobre los cerros que marcan la historia y la identidad de las ciudad. El recorrido fue de Arica hacia el sur y acá rescato los tres cerros más importantes del norte. Cada uno tiene su historia y su manera en cómo está inserto dentro de la ciudad.
El Morro de Arica
//embedr.flickr.com/assets/client-code.js No hay rincón de Chile que se identifique más con un cerro como Arica y su Morro. Lucas Martínez Vegazo, el fundador de la ciudad, la emplazó en abril de 1541 a «300 varas castellanas del cerro llamado Morro» para protegerla del viento y de los alzamientos de los indios guaneros de la isla Alacrán (Diego de Almagro descansó a sus pies las fatigas de la expedición a Chile en 1536). Los numerosos cementerios Chinchorro, que en sus faldeos concentran la mayor cantidad de las momias más antiguas del mundo, apuntan a que desde hace milenios la imponente mole pétrea de 114 metros de altura tuvo un significado especial para los habitantes locales. El 7 de junio de 1880 fue el escenario de la mayor hazaña de infantería del Ejército chileno, que tomó en 55 minutos el peñón poderosamente artillado por Perú, en una decisiva batalla de la guerra del Pacífico. Entre 1960 y 1965 el Morro fue sometido a tronaduras para usarlo como cantera. Con el material extraído se construyeron los espigones del puerto, la costanera San Martín y se convirtió en península la isla del Alacrán. Ello rompió el equilibrio que el peñón había alcanzado en 160 millones de años, dejando rocas inestables en su farellón occidental. En 1971, fue declarado monumento nacional.
El Cerro El Ancla está ubicado en el sector norte de Antofagasta, en la parte alta de la población Oriente. Forma parte del cordón montañoso de la cordillera de la Costa y es considerado uno de los símbolos más representativos de la ciudad, junto a La Portada y las Ruinas de Huanchaca.
En los faldeos, y cerca de la cumbre ubicada a 1.007 metros de altura, tiene un ancla confeccionada con concreto y pintada de color blanco, que reforzó la estructura original instalada en 1868 por Jorge Hicks, superintendente del cuerpo de bomberos y administrador de la Compañía de Ferrocarriles y Salitre de la zona.
La estructura fue emplazada para servir de guía a vapores y veleros que llegaban a la bahía en la segunda mitad del siglo XIX, con el inicio del auge de la industria salitrera. Su presencia siempre ha estado ligada a los principales acontecimientos que se celebran en la ciudad: desde la corrida «Ascensión al Cerro El Ancla» (que se realiza desde 1936 en el mes de febrero para conmemorar el aniversario de Antofagasta), hasta el lanzamiento de fuegos artificiales durante año nuevo.
Las zonas aledañas al acceso del cerro son focos de delincuencia, sobre todo de microtráfico de pasta base. Actualmente, los proyectos del municipio para recuperar el sector se encuentran paralizados. El saliente alcalde Daniel Adaro anunció la construcción de un funicular hasta la cumbre del cerro donde se edificaría un paseo mirador e incluso un zoológico, pero el proyecto no se concretó.
Un hito urbano de Iquique es el Cerro Dragón, ubicado al sureste de la ciudad con una superficie de 112 hectáreas. Para imaginar las dimensiones de esta imponente duna, sólo basta indicar que es casi 20 veces más grande que el Cerro Santa Lucía de Santiago.
Según el análisis científico, este cerro es una duna litoral longitudinal situada en una terraza marina baja, rocosa y estrecha entre la costa y un acantilado.
Tiene 4 kilómetros de largo y una cima de 320 metros. El 2005 fue declarado Santuario de la Naturaleza, sin embargo, el accionar irresponsable de algunos sigue afectando el lugar, fundamentalmente por la carencia de un plano regulador para el sector, la presencia de basurales clandestinos, construcciones cercanas y el paso de vehículos todo terreno y motos.
A futuro se considera construir frente a una de sus laderas una ciudad deportiva, a lo que se agregará una avenida tipo circunvalación y la estación de un funicular.
El cerro es llamado Dragón debido a su forma y sirve como imagen de la ciudad, así como también para el apodo que reciben los jugadores del club de fútbol profesional Municipal Iquique: los «Dragones Celestes».
Noviembre es un mes que une tragedias y logros deportivos en Iquique. Por un lado del espectro recordamos el gigantesco incendió que destruyó el mítico Teatro Nacional y en el otro extremo se encuentra Eduardo «Maravilla» Prieto y su triunfo como campeón nacional en la categoría pluma.
Percy Avendaño G.
Noviembre es un mes que une tragedias y logros deportivos en Iquique. Por un lado del espectro recordamos el gigantesco incendió que destruyó el mítico Teatro Nacional y en el otro extremo se encuentra Eduardo «Maravilla» Prieto y su triunfo como campeón nacional en la categoría pluma. También recordamos hitos importantes como el nombramiento de monseñor Marco Ordenes como Obispo de Iquique o también el anunció que ocurrió hace tres años cuando se dio a conocer el proyecto del segundo recinto amurallado de Zona Franca. Todas estas historias hacen que noviembre sea un mes para recordar y que quede marcado en nuestras retinas.
Teatro Nacional
El 25 de noviembre de 1970 ocurrió el gigantesco incendio que destruyó el Teatro Nacional de Iquique. Esta construcción fue levantada en 1930. En su sala se presentaron espectáculos y películas que quedaron en el recuerdo de los iquiqueños. Una colilla mal apagada que quedó cerca del escenario habría originado la tragedia. El fuego comenzó a alas 22,45 horas y los pocos espectadores de esa noche escaparon sin problemas El Teatro Nacional se ubicaba en la cuadra comprendida entre Sargento Aldea, Amunátegui, Barros Aranas y Thompson. Junto con el Teatro Nacional también sufrieron daños por el fuego confitería de Juan Gahona Palacios, la farmacia Bristol, el almacén de WailingCheung, Tienda Oropeza, zapatería Iris, la frutería de AngelaRamírez, la heladería de Fabián Arce y la residencial de Víctor Romero.
Maravilla Prieto
Para Eduardo «Maravilla» Prieto noviembre es un mes marcado de hitos deportivos. El 9 de noviembre de 1972, Maravilla Prieto se transformó en campeón de Chile en peso gallo al vencer a Eduardo Poblete en una pelea desarrollada en el gimnasio de la comuna de San Bernardo. Cuatro años después, el 7 de noviembre 1976, Eduardo «Maravilla» Prieto con tan solo 20 años, se coronó campeón de Chile en la categoría pluma del boxeo profesional al superar ampliamente por punto al ex monarca en esa serie y campeón sudamericano, Raúl Astorga. “El triunfo fue recibido con júbilo por un público que repletó las aposentadurías de la Casa del Deportista, colocando brillante marco a una noche que pasará, con letras de oro, a las gloriosas páginas del historial deportivo de esta ciudad”, fue consignado por La Estrella de Iquique.
ALLENDE
Otro hito importante en Iquique ocurrió el 5 de noviembre de 1971 cuando el recién asumido Presidente salvador Allende nombró como intendente de Iquique a Alejandro Soria Varas, en reemplazo de Eduardo Zamudio.
KENITA
El 20 de noviembre de 1987 ocurrió un accidente de tránsito en avenida Pedro Prado. En avenida Pedro Prado se ubica la animita de la Kenita. Muestras de fe y cariño son evidentes en ese lugar. No muchos recuerda que 1987 falleció Jacqueline Zurita Elgueta quien iba sentada como pasajera en una moto. Un conducto ebrio atropelló a una dueña de casa que llevaba un bebé y luego su loca carrera siguió por la avenida y terminó cuando chocó la moto e impactó frontalmente a Jacqueline que iba sentada en la moto junto a su amigo. La joven falleció en el lugar y al día siguiente comenzaron a llegar flores y a los pocos días se formó una animita.
ZOFRI
A nivel económico. Noviembre también es un mes con anuncios para el desarrollo de la ciudad. El viernes 18 de noviembre de 2005 se anunció que se ocuparán ciento diez mil metros cuadros para la construcción de galpones y salas de ventas para el ambicioso proyecto de expansión que la administración de Zona Franca presentó en los terrenos que denominaron como Recinto Amurallado II. La «Nueva Zofri» como fue nombrado por el gerente general, LeonardoJorquera, se desarrollará en cuatro etapas y afirmó que la administración espera terminar de urbanizar los sitios en el 2010.
OBISPO
El domingo 19 de noviembre de 2006 se dio a conocer que el Papa Benedicto XVI nombró a monseñor Marco Antonio Ordenes como nuevo Obispo de Iquique. La ceremonia de asunción se realizó en el Santuario de La Tirana ante la presencia de 2.000 fieles, el cardenal Francisco Javier Errázuriz y los obispos Javier Prado y Juan Barros Madrid.
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