Albert Einstein, según una cita que probablemente no dijo pero que sigue siendo útil, llamó al interés compuesto «la octava maravilla del mundo». Lo que sí es verdad es que el principio detrás de esa idea es uno de los más poderosos —y más subestimados— de las finanzas personales.
Qué es el interés compuesto
El interés simple funciona así: si depositas 100 mil pesos al 5% anual, al cabo de un año tienes 105 mil. El siguiente año vuelves a ganar 5.000 sobre los 100 mil originales. Siempre el mismo porcentaje sobre la misma base.
El interés compuesto funciona diferente: ese mismo año ganas 5.000 pesos de interés. Pero el segundo año calculas el 5% sobre los 105.000 pesos, no sobre los 100.000. Son 5.250. El tercer año es el 5% sobre 110.250. Y así sucesivamente. Los intereses generan intereses. El dinero trabaja para ti.
El factor tiempo lo es todo
Aquí es donde el interés compuesto se vuelve revolucionario. La diferencia entre empezar a los 25 años y empezar a los 35 años no es de 10 años: es de cientos de millones de pesos.
Una persona que ahorra 20.000 pesos mensuales desde los 25 años con un rendimiento del 7% anual acumula aproximadamente 48 millones de pesos al llegar a los 55. Una persona que empieza a los 35 con la misma cantidad y el mismo rendimiento acumula solo 24 millones. La mitad. Por esperar diez años.
Por qué los obreros de las fábricas no pudieron usarlo
Los trabajadores de las fábricas del siglo XIX, aquellos que construyeron el mutualismo a fines del siglo XIX, no tenían acceso a instrumentos de ahorro formales. No tenían acceso práctico al interés compuesto como herramienta financiera, porque carecían de instituciones bancarias accesibles, educación financiera y excedentes de ingresos para invertir. Su única alternativa era la solidaridad organizada: la mutual.
Hoy esa barrera no existe. Existen fondos mutuos con montos mínimos de inversión de 5.000 pesos chilenos. Existen aplicaciones de ahorro automático. Existen cuentas de ahorro voluntario con beneficios tributarios. El acceso al interés compuesto nunca ha sido más democrático.
Por dónde empezar
No existe una respuesta única, pero existen principios comunes: empieza, aunque sea con poco, hazlo automático para que no dependa de tu fuerza de voluntad, elige instrumentos con bajo costo de administración, y no toques ese dinero.
La magia del interés compuesto no requiere grandes cantidades. Requiere tiempo y consistencia. Dos cosas que están disponibles para cualquiera que empiece hoy.
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