Cinco hitos que ligan al mineral de plata de Huantajaya con la historia general de la Región de Tarapacá

El 12 de agosto el Consejo de Monumentos Nacionales aprobó la solicitud de declaratoria como monumento histórico el asentamiento minero de San Agustín de Huantajaya.

Es considerado como un sitio de alto valor histórico y patrimonial.

La mina de plata de Huantajaya tiene una extensa historia que prolonga por siglos desde el uso primero por parte de los Incas, los españoles en la época colonial y también durante la historia más reciente como parte del Virreinato del Perú y luego como parte de la Región de Tarapacá.

Huantajaya es testigo del desarrollo económico de la zona donde congregaron hombres y mujeres de diferentes orígenes, nacionales y culturas.

Acá hay más antecedentes sobre la declaratoria de monumento nacional.

¿Qué es lo que queda de Huantajaya?

  1. El asentamiento minero San Agustín de Huantajaya mantiene aún buena parte su registro material, testimonio de la vida de hombres y mujeres de distintos grupos étnicos y etarios, que trabajaron en uno de los más importantes minerales de plata del sur del Virreinato del Perú. Y es que Huantajaya fue una mina que empezó a ser trabajada en período Inca, por lo que sus basurales históricos y ruinas de antiguas edificaciones entregan información de distintos períodos ocupacionales, en particular por sus tipos cerámicos y estilo de la textilería, casi perfectamente conservada.
  2. Del asentamiento solo quedan las ruinas, pero es posible conocer -a través de acuarelas y fotografías- que la construcción que imperó en siglo XVIII se basó en el uso de rocas del lugar para pircados, paredes y basamentos y fibra vegetal en las techumbres (caña, totora, etc). Es escasa la madera por la falta de este recurso en el lugar, por ello se destaca la iglesia, que como se ha podido corroborar en imágenes fotográficas posteriores, era exclusivamente de madera.
  3. Hoy, se conserva el trazado de las calles originales, parte de las bases y muros de casas y patios interiores. El mayor valor está en sus basurales históricos, algunos de ellos aún intactos conservan materialidad del siglo XVIII (textiles, cerámica, tela, metal, restos orgánicos entre otros).

Huantajaya forma parte de la historia de la región de Tarapacá

Huantajaya tuvo varias etapas de auge y caída de su actividad económica y la vida que se desarrollaba alrededor de esta actividad productiva.

Acá adjunto algunos de los hitos que relacionan a Huantajaya como parte integral de la historial general de la Región de Tarapacá.

De alguna manera la historia de la región siempre estuvo ligada a Huantajaya ya sea porque las personas llegaron a buscar fortuna o porque su actividad fue necesario para cimentar el desarrollo de algún proyecto ya sea una campaña bélica o la industria salitrera.

Huantajaya también es nombrada en el relato que da oriente a la leyenda de La Tirana. El aventurero Vasco de Almeyda, fue capturado por las huestes de la tirana, la reina del Tamarugal y en su cautiverio afirmó que pertenecía a un grupo de mineros portugueses establecidos en el mineral de Huantajaya. Este aventurero minero se enamoró de la Ñusta. El resto forma parte de la leyenda que todos conocemos.

El mineral siempre estuvo ligado a la historia económica de la región. 

Los incas utilizaron la mina de plata. Utilizaban el salitre existente en la pampa para avanzar las prospecciones del mineral.

Actualmente es posible determinar que el pasado de Huantajaya existía mucho antes que los españoles llegaran y escucharan las fantásticas historias sobre una gigantesca fuente de plata.

En 1389 el inca de la sexta dinastía, Yahuar Huacac, invadió con sus tropas la región de Tarapacá.

Llegó hasta el sur en donde se ubicada Atacama la Grande (actual San Pedro de Atacama) y ese mismo año inició los trabajos de extracción en Huantajaya.

A comienzos del siglo XVIII, la mina de plata de Huantajaya fue sinónimo de riqueza para las familias acaudaladas que vivían en el oasis de Pica.

Durante el dominio español durante la colonia, Huantajaya tuvo gran actividad extractiva. La mina y el asentamiento humano existente a su alrededor creció en forma considerable. Los españoles requerían de un estricto control sobre la plata que se generaba en Huantajya. Puedes conocer la historia completa del mineral en este artículo: “Historia completa del mineral de Huantajaya”.

George Smith, el rey de salitre llegó a 1821 con intenciones de buscar fortuna en Perú. En 1826, viajó a la provincia de Tarapacá y participó en prospecciones menores en Huantajaya a los 24 años edad.

Con el financiamiento de su tío Archivald Robson y su amigo William Bollaert, Smith comenzó la exploración de las zonas aledañas a Iquique, Bajo Molle y la cordillera de la costa.

 

Situación militar del Perú y Bolivia antes de la Guerra del Pacífico

Perú

La capacidad militar del Perú no había logrado mantener una relación con la creciente prosperidad económica experimentada en la década de 1870 pues el gobierno del presidente Manuel Pardo había reducido fuertemente los gastos militares como parte de la política civilista de neutralizar el papel dominante de las fuerzas armadas. Al asumir la presidencia, Mariano Prado encontró sus opciones limitadas y como el Per˙ volvió a sumirse en una crisis financiera, no pudo hacer las correcciones del caso.

En el Ejército y Marina del Perú, el personal era reclutado a través del sistema de «enganche». Al estallar la guerra, el Per˙ contaba con un Ejército de 7.000 plazas en total, de las cuales 2679 eran jefes y oficiales.
Benjamín Vicuña Mackenna habla de 4200 plazas de soldados y de 387o eran jefes.
El coronel peruano Dellepiane manifiesta que el ejército de su patria: » no alcanzaba en pie de paz sino cerca de los 5000 hombres, incluyendo la gendarmería.
De acuerdo a la Dirección General de Estadística de Perú, en 1879, el ejército de ese país estaba organizado en 7 batallones de infantería, 3 regimientos de caballería y 2 regimientos de artillería, con un total de 5613 plazas.
El servicio de sanidad, contaba con 57 cirujanos y la Hacienda Militar con 10 empleados. Existía desde enero de 1869 el Colegio Militar, para la formación de oficiales y una Escuela de Cabos, para la de suboficiales y clases.
Los armamentos eran de diferentes sistemas y modelos. La infantería usaba fusiles comblain, Chasspot, CataÒÛn, Remington, Beaumont, Minie, Springfield. Las carabinas eran Spencer, Henry, Zinder y MiniÈ y los revólveres Lefaucheux  y Colt.
El Ejército tenía distribuidas sus unidades a través del territorio de la república. Tal repartición hacía imposible tener organizadas las unidades mayores y con ello la instrucción práctica que se hacía deficiente.
Como reserva Perú tenía una Guardia Nacional de 65.000 hombres en 1879.
Al comenzar en 1879, la Escuadra Peruana contaba con los siguientes buques: los blindados Huáscar e Independencia, los monitores Manco Capac y Atahualpa y las corbetas Unión y Pilcomayo. Además poseía los transportes Chalaco, Talismán y Limeña.
La ubicación del teatro de operaciones marítimo estaba enorme distancia de la base de la Escuadra chilena en Valparaíso, lo que significó una considerable limitación logística.
La Armada enemiga, en cambio, aunque con base principal en El Callao, disponía de un apoyo más efectivo a sus operaciones en las bases secundarias de Arica, Ilo e Islay.
Al inicio de la guerra, la Escuadra peruana estaba prácticamente desmantelada en El Callao. Las calderas de la «Independencia» estaban en tierra y el «Huáscar» se encontraba desartillado.

La Armada Peruana









La Armada peruana contaba con los siguientes buques :

-Monitores blindados «Manco Cápac» y «Atahualpa»; 17 años en servicio;
andar de 3,5 nudos, y 2 cañones de 500 lbs.
-Monitor blindado «Huáscar»: 14 años en servicio; andar de 11 nudos; casco de fierro acorazado; 2 cañones de 300 lbs. en una torre giratoria; 2 de 40 lbs. y 1 de 12 lbs; dotación de 200 hombres.
-Fragata blindada «Independencia»: 15 años de servicio; andar de 12,5 nudos; casco de fierro, 2 cañones de 150 lbs., 12 de 70 lbs., 4 de 32 lbs., y 4 de 9 lbs.
-Corbeta «Unión»: 15 años en servicio; andar de 12,5 nudos; casco de madera, y 14 cañones de 70 lbs.
-Cañonera «Pilcomayo»: 15 años en servicio; andar de 10,5 nudos; casco de madera; 2 cañones de 70 lbs., 4 de 40 lbs. y 4 de 12 lbs.

Bolivia

 
Bolivia prácticamente no disponía de escuadra. Años antes que estallara el conflicto con Chile, aquel país contaba con una fuerza naval muy modesta, compuesta por el viejo bergantín General Sucre, incorporado a su flotilla en el año 1844, cuya función era resguardar las costas del litoral desde Paposo hasta el río Loa. También poseía el bergantín María Luisa, de 240 toneladas de desplazamiento, en mal estado de conservación, el mismo que fue rematado en 1872.
Otra nave era la cañonera El Morro, embarcación pequeña pero moderna adquirida en 1875 y puesta al servicio del Ingeniero Francés Andrés Bresson, contratado por el gobierno de La Paz para efectuar estudios y exploraciones científicas en el Litoral boliviano. Había otros buques de menor porte que conjuntamente con los barcos de la flota mercante, entre ellos el Potosí, el Bolívar, el Charchamocha y el Elisa, serían capturados por la marina chilena durante la ocupación del litoral boliviano.
Existen varias cifras sobre el ejército boliviano. Para el ejército de línea se calculaban 2000 hombres y para la guardia nacional uno 54.500.
Vicuña Mackenna hablaba de 2232 plazas de acuerdo con documentos de origen boliviano.
Bulnes dice: «Constaba  entonces el Ejército boliviano de 3000 plazas incompletas, distribuidas en tres cuerpos de infantería y dos de caballería. El cuerpo de lujo era el de los colorados, base del orden político existente en la Época. Estaba armado con rifles remington, mientras los otros fusiles tenían de fulminante o piedra».
El coronel boliviano Julio Díaz Daza afirma que, al estallar la guerra, Bolivia «no contaba sino con 2165 soldados sin instrucción, carentes de armas y otros pertrechos de guerra, comandados por 18 generales, 35 coroneles, 97 comandantes, 120 sargentos mayores, 100 capitanes, 184 tenientes y 72 subtenientes».
El servicio sanitario contaba con 11 cirujanos y la Hacienda Militar con nueve empleados.

Una versión boliviana de la Época indicaba que el ejército de ese país, ?competía en modestia con su fuerza naval, pues se componía de un general de división, un general de brigada, nueve coroneles y otros oficiales que en conjunto sumaban 359. La tropa estaba constituida por 1,522 soldados armados con fusiles Remington, Martini y Winchester. La caballería constaba de 200 hombres y la artillería sólo poseía dos cañones rayados, dos ametralladoras de calibre mayor, dos de calibre menor y 95 rifles de Sharfo.

Situación militar del Perú y Bolivia antes de la Guerra del Pacífico

Perú

La capacidad militar del Perú no había logrado mantener una relación con la creciente prosperidad económica experimentada en la década de 1870 pues el gobierno del presidente Manuel Pardo había reducido fuertemente los gastos militares como parte de la política civilista de neutralizar el papel dominante de las fuerzas armadas. Al asumir la presidencia, Mariano Prado encontró sus opciones limitadas y como el Per˙ volvió a sumirse en una crisis financiera, no pudo hacer las correcciones del caso.

En el Ejército y Marina del Perú, el personal era reclutado a través del sistema de «enganche». Al estallar la guerra, el Per˙ contaba con un Ejército de 7.000 plazas en total, de las cuales 2679 eran jefes y oficiales.
Benjamín Vicuña Mackenna habla de 4200 plazas de soldados y de 387o eran jefes.
El coronel peruano Dellepiane manifiesta que el ejército de su patria: » no alcanzaba en pie de paz sino cerca de los 5000 hombres, incluyendo la gendarmería.
De acuerdo a la Dirección General de Estadística de Perú, en 1879, el ejército de ese país estaba organizado en 7 batallones de infantería, 3 regimientos de caballería y 2 regimientos de artillería, con un total de 5613 plazas.
El servicio de sanidad, contaba con 57 cirujanos y la Hacienda Militar con 10 empleados. Existía desde enero de 1869 el Colegio Militar, para la formación de oficiales y una Escuela de Cabos, para la de suboficiales y clases.
Los armamentos eran de diferentes sistemas y modelos. La infantería usaba fusiles comblain, Chasspot, CataÒÛn, Remington, Beaumont, Minie, Springfield. Las carabinas eran Spencer, Henry, Zinder y MiniÈ y los revólveres Lefaucheux  y Colt.
El Ejército tenía distribuidas sus unidades a través del territorio de la república. Tal repartición hacía imposible tener organizadas las unidades mayores y con ello la instrucción práctica que se hacía deficiente.
Como reserva Perú tenía una Guardia Nacional de 65.000 hombres en 1879.
Al comenzar en 1879, la Escuadra Peruana contaba con los siguientes buques: los blindados Huáscar e Independencia, los monitores Manco Capac y Atahualpa y las corbetas Unión y Pilcomayo. Además poseía los transportes Chalaco, Talismán y Limeña.
La ubicación del teatro de operaciones marítimo estaba enorme distancia de la base de la Escuadra chilena en Valparaíso, lo que significó una considerable limitación logística.
La Armada enemiga, en cambio, aunque con base principal en El Callao, disponía de un apoyo más efectivo a sus operaciones en las bases secundarias de Arica, Ilo e Islay.
Al inicio de la guerra, la Escuadra peruana estaba prácticamente desmantelada en El Callao. Las calderas de la «Independencia» estaban en tierra y el «Huáscar» se encontraba desartillado.

La Armada Peruana









La Armada peruana contaba con los siguientes buques :

-Monitores blindados «Manco Cápac» y «Atahualpa»; 17 años en servicio;
andar de 3,5 nudos, y 2 cañones de 500 lbs.
-Monitor blindado «Huáscar»: 14 años en servicio; andar de 11 nudos; casco de fierro acorazado; 2 cañones de 300 lbs. en una torre giratoria; 2 de 40 lbs. y 1 de 12 lbs; dotación de 200 hombres.
-Fragata blindada «Independencia»: 15 años de servicio; andar de 12,5 nudos; casco de fierro, 2 cañones de 150 lbs., 12 de 70 lbs., 4 de 32 lbs., y 4 de 9 lbs.
-Corbeta «Unión»: 15 años en servicio; andar de 12,5 nudos; casco de madera, y 14 cañones de 70 lbs.
-Cañonera «Pilcomayo»: 15 años en servicio; andar de 10,5 nudos; casco de madera; 2 cañones de 70 lbs., 4 de 40 lbs. y 4 de 12 lbs.

Bolivia

 
Bolivia prácticamente no disponía de escuadra. Años antes que estallara el conflicto con Chile, aquel país contaba con una fuerza naval muy modesta, compuesta por el viejo bergantín General Sucre, incorporado a su flotilla en el año 1844, cuya función era resguardar las costas del litoral desde Paposo hasta el río Loa. También poseía el bergantín María Luisa, de 240 toneladas de desplazamiento, en mal estado de conservación, el mismo que fue rematado en 1872.
Otra nave era la cañonera El Morro, embarcación pequeña pero moderna adquirida en 1875 y puesta al servicio del Ingeniero Francés Andrés Bresson, contratado por el gobierno de La Paz para efectuar estudios y exploraciones científicas en el Litoral boliviano. Había otros buques de menor porte que conjuntamente con los barcos de la flota mercante, entre ellos el Potosí, el Bolívar, el Charchamocha y el Elisa, serían capturados por la marina chilena durante la ocupación del litoral boliviano.
Existen varias cifras sobre el ejército boliviano. Para el ejército de línea se calculaban 2000 hombres y para la guardia nacional uno 54.500.
Vicuña Mackenna hablaba de 2232 plazas de acuerdo con documentos de origen boliviano.
Bulnes dice: «Constaba  entonces el Ejército boliviano de 3000 plazas incompletas, distribuidas en tres cuerpos de infantería y dos de caballería. El cuerpo de lujo era el de los colorados, base del orden político existente en la Época. Estaba armado con rifles remington, mientras los otros fusiles tenían de fulminante o piedra».
El coronel boliviano Julio Díaz Daza afirma que, al estallar la guerra, Bolivia «no contaba sino con 2165 soldados sin instrucción, carentes de armas y otros pertrechos de guerra, comandados por 18 generales, 35 coroneles, 97 comandantes, 120 sargentos mayores, 100 capitanes, 184 tenientes y 72 subtenientes».
El servicio sanitario contaba con 11 cirujanos y la Hacienda Militar con nueve empleados.

Una versión boliviana de la Época indicaba que el ejército de ese país, ?competía en modestia con su fuerza naval, pues se componía de un general de división, un general de brigada, nueve coroneles y otros oficiales que en conjunto sumaban 359. La tropa estaba constituida por 1,522 soldados armados con fusiles Remington, Martini y Winchester. La caballería constaba de 200 hombres y la artillería sólo poseía dos cañones rayados, dos ametralladoras de calibre mayor, dos de calibre menor y 95 rifles de Sharfo.

OFICINA SANTIAGO HUMBERSTONE: SUS PRINCIPALES RINCONES

La salitrera Santiago Humberstone fue construida en 1872 por la Peruvian Nitrate Company. Durante los primeros cincuenta años de funcionamiento fue conocida como «La Palma«. En 1932 fue adquirida por la Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta y luego sometida a una gran remodelación. Desde el 21 de noviembre de 1934, La Palma fue conocida como Santiago Humberstone.
La salitrera cerró sus puertas en 1960, en 1970 fue declarada Monumento Nacional  y luego de varias décadas de contienda judicial entre el Fisco y sus dueños, la familia de Isidoro Andía, el 2002 pasó a manos de la Corporación Museo del Salitre, entidad que planifica realizar en ella un Museo de Sitio y lograr que la Unesco la declare, junto a Santa Laura, como Patrimonio de la Humanidad.

Iglesia

La Iglesia de la oficina fue construida en 1934, al mismo tiempo que se remodeló la maestranza y el pueblo. El templo estuvo a cargo de la Orden de los Padres Oblatos de María Inmaculada. Para su construcción utilizaron sólo pino oregón y su línea arquitectónica es contemporánea. En 1989, la iglesia fue restaurada, gracias a aportes de privados.

Iglesia de Salitrera Humberstone.

 

 

Mercado

El Mercado o Recova de Humberstone se ubica al frente de la plaza. En su época de apogeo además de instalar puesto de venta de frutas y verduras, tenía varios negocios estables. Entre ellos el taller fotográfico de Paulo, la farmacia, la tienda y zapatería de Humberto Diomedi, la paquetería de Victoria Bustamante, más conocida como doña Tova.

Por el otro extremo se ubicó la fuente de soda y heladería Saavedra, la tienda de Blanca Varas, la libreRía de Armando Duarte, un taller de modas y la sombrería de Juan Blasdassano.

Club Social y Hotel

En sus momentos de esplendor, el acceso al Club Social estaba restringido para unos pocos. Sólo podían asistir los jefes, los empresarios y los empleados de la administración junto a sus familias.
En los salones del club social fueron frecuentes los bailes de gala. El encuentro tenía características muy particulares. Cada asistente recibía una tarjeta numerada: roja para los varones y blanca para las damas. Los números eran repartidos al azar, así que nadie sabía con quién iba a bailar.
En el salón existían dos filas de sillas. En cada extreno se ubicadan los varones y las damas. Al centro se situaba el maestro de ceremonias que portaba un bastón. Para iniciar el baile, había que golpear tres veces el suelo con la punta del bastón. Luego cada invitado buscaba su pareja para el baile.

Teatro

El Teatro de Humberstone fue levatado con pino oregón. Aun existen, en la platea y los balcones, la mayoría de las butacas. En tanto que en la galería, sólo había bancas de madera.
Por este escenario pasaron compañías de operetas y zarzuelas, ademas de grupos itinerantes de teatro que presentaban sus obras de salitrera en salitrera.
La amplia sala también funcionó como cinematógrafo, en donde exihibieron filmes en blanco y negro, mudo y sonoro. Casi al final de la explotación salitrera, llegó el technicolor.

Pulpería

La pulpería es un edificio blanco con grandes portales. En su interior existieron grandes estantes y habitaciones en donde vendían desde una aguja hasta un terno de calidad. También el edificio tenía secciones de carnicería, panadería, perfumería y de abarrotes en general. Cuando la oficina se llamó La Palma funcionó el sistema fichas y vales. Desde que fue renombrado como Santiago Humberstone, el sistema fue el pago contado o descuento desde planilla.

Rancho de empleados

La casa de administración o rancho de los empleados es una casona que aún existe y que fue restaurada en su fachada. La construcción es de pino oregón, de un solo piso y con un largo corredor con barandas.
Acá estaban las habitaciones de los empleados solteros. En su interior existía una biblioteca, sala de billar, salón de juegos y bar. Este es uno de los pocos edificios que fue levantado cuando la oficina se llamó La Pampa.

Capítulo 8: Iquique y el auge del salitre

Dos acontecimientos claves incidieron en el desarrollo de Iquique y en su designación como Puerto Mayor.
El primero de ellos ocurrió en 1828 cuando comenzó a regir el decreto que permitía la exportación de salitre hacia mercados extranjeros.
Sin embargo, solo en 1830 fue apreciado realmente el desarrollo de Iquique. En ese año, los productores enviaron los primeros quintales de salitre directamente a Europa. Anteriormente los embarques sólo habían cubierto las necesidades de Perú y Chile. En ese año las cargas llegaron a Inglaterra, Francia, Alemania e Italia.

Decretan Puerto Mayor

El segundo impulso clave ocurrió el 26 de junio de 1843, cuando elevaron a Iquique a la categoría de Puerto Mayor: En ese instante la extracción a gran escala de guano y la cada vez más poderosa producción de salitre auguraban un excelente futuro para el recién nacido terminal marítimo.
La ventaja de ser puerto mayor era que se podía comerciar y tributar directamente en Iquique sin necesidad que los productos para ser exportados o importados tuvieran que pasar por Arica.
Un año después Iquique contaba con agua de mar destilada para el consumo humano y servía como puerto de tránsito y depósito para la zona de Bolivia. En ese tiempo la Isla Serrano había sido unida al continente y era llamada Isla de Cuadros, porque pertenecía a una familia peruana de ese apellido.

– Plano de provincia de Tarapacá en 1851.

El trabajo pampino
El particular: No tenía contrato director con la compañía, pero realizaba trabajos esporádicos en zonas específicas de algunas oficinas.
El patizorro. No tenía una especialidad, pero debía saber de todo un poco porque se desempeñaba en distintos lugares dependiendo de la necesidad diaria.
El barretero. Se encargaba del manejo de las gruesas «barretas» para remover costrones y efectuar tronaduras de material.
El capataz. Fue el encargado de cumplir los horarios de los obreros y el movimiento de las carretas con el material extraído.
El costrero. Su responsabilidad era comprobar la calidad del caliche que había extraído. Utilizaba una «mecha» y un «chonchón» (soplete) para encender el salitre y ver el nivel de concentración del mineral.
El desripiador. Estaba encargado de cargar las carretas con el «ripio» o desecho que no se ocupaba luego del proceso de elaboración. Su trabajo era amontonar el material sobrante en las «tortas» o cerros artificiales que se formaron luego de años de acumulación.

Iquique exporta al mundo

El salitre de la Provincia de Tarapacá llegaba a distintas partes del mundo a través de un complejo sistema naviero que cubría las necesidades de Estados Unidos, Perú, Chile y Europa en lo que se referí a fertilizantes e insumos para explosivos.
Durante varios años, la forma de producir salitre no varió en su extracción, producción o comercialización. El único cambio patente era el aumento constante de sus volúmenes de carga, la mayor, cantidad de mano de obra y el desarrollo económico y social de puerto como Arica, Iquique, Pisagua y Cobija.
Hasta poco antes de la Primera Guerra Mundial el salitre de Tarapacá tuvo el monopolio del mercado global de fertilizantes,
Las cifras eran auspiciosas. en 1830 la producción era de 860 toneladas métricas; en 1841 aumentó a 12.810; en 1861 subió a las 62.500; en 1866 la exportación era de 100.635 toneladas métricas y en 1876 se elevó a las 323.642.
Todo un récord para una industria que se basaba directamente en la cantidad de hombres que laboraban en la pampa.
Trabajadores de distintas partes de Perú, Bolivia y Chile llegaban hasta las tierras de Tarapacá para extraer el caliche en forma artesanal.
Era común ver en pleno desierto una decena de hombres desprendiendo el duro caliche con pesados mazos para luego trasladar la cal viva hasta la «oficina». En ese lugar vendían sus productos al dueño de las instalaciones. Más tarde otro grupo de trabajadores procesaba el minera. Eran varios fondos metálicos lo cocían a altas temperaturas. Luego trasladaban el «caldo» a otro recipiente para que decantara y se cristalizara. El resultado era salitre con una ley de 50 al 60 por ciento. Esta cifra era bastante buena para el nivel de tecnología que utilizaban.
La costra sobrante que quedaba pegada en estas grandes ollas era removida y arrojada como desecho. No obstante, durante el primer cuarto del siglo XIX se conocía que el residuo contaba al menos con un 30 por ciento de salitre que no se podía comercializar debido a que el «sistema de paradas» no era eficiente.

Nuevos inversionistas

A mediados del siglo XIX la industria salitrera pedía un cambio. Hasta el momento, los empresarios peruanos se habían dedicado a extraer el mineral sin desarrollar nuevas tecnologías para hacer más eficiente la producción.

En 1850 surgieron inversionistas ingleses y chilenos que dieron un nuevo auge a Tarapacá, creando nuevos sistemas para mejorar la producción salitrera. Los hombres más connotados en esta época fueron el inglés George Smith y el chileno, Pedro Gamboni. Ambos tuvieron una participación importantísima en el desarrollo de la región.

George Smith

George o Jorge Smith llegó a Perú en 1821 con intenciones de invertir en el país. En 1826 viajó a la Provincia de Tarapacá y comenzó con prospecciones menores en Huantajaya, cuando apenas tenía 24 años. Con el financiamiento de su tío Archivald Robson y su amigo William Bollaert, Smith comenzó la exploración de las zonas aledañas a Iquique, Bajo Molle y la cordillera de la costa.

En sus expediciones a la pampa salitrera demostró su interés por la geografía y el dibujo.

Además de su espíritu aventurero parte de su trabajo generó un mapa sobre la Provincia de Tarapacá y un informe sobre los recursos de la zona. Ambos documentos los elaboró a petición del gobierno peruano.

Pero no todo fue interés científico. En sus exploraciones descubrió un rico mineral de salitre que llamó La Noria. Esta oficina funcionó en primera instancia con el sistema de paradas.

Al mismo tiempo, Smith creó en Iquique una compañía de servicios de agua potable y perfeccionó el método de desalinizar agua de mar. El nuevo método de Smith ayudó a paliear la creciente demanda iquiqueña de este recurso.

En 1852 creó la George Smith y Cía. y estabeció vínculos estrechos con bancos de Valparaíso, de la misma manera como lo hicieron otros empresarios salitreros.

Pedro Gamboni

Para fines del siglo XIX, el sistema de paradas en que se sustentaba la industria, comenzaba a colapsar.Un joven chileno de 25 años llamado Pedro Gamboni se encontraba en quique con la intención de trabajar como químico industrial en alguna salitrera de la zona.

Gamboni nació en Valparaíso el 26 de septiembre de 1825.

Durante más de un año analizó detenidamente el proceso de “las paradas”. Sus conclusiones fueron tajantes. Lo primero fue aumentar la ley del salitre y reutilizar la costra residual del caliche. Para ello reemplazó el cocimiento del mineral en fondos por grande estanques en que se inyectaba vapor de agua a altas temperaturas.

El resultado de sus experimentos arrojó que el salitre se disolvió en forma más pura. Todo el sistema incluyó calderas, hornillas para hervir el agua, tuberías y estanques.

Después se agregó la fuerza del vapor para “chancar” en forma más rápida y pareja el caliche recién extraído de la pampa.

Con estos resultados, Pedro Gamboni patentó su procedimiento en 1853 y lo dio a conocer a algunos industriales e inversionistas. Varios bancos financiaron su proyecto y a los pocos meses se instaló su nueva tecnología en la oficina que llamó Sebastopol.

Esta oficina quedaba cerca de la oficina La Noria de George Smith.

De esta manera Gamboni dio inicio al sistema de “oficina de máquinas” y al estilo de campamento que actualmente se conocer, o sea, con casas de administración, operarios, desalinizadoras de agua, habitaciones para los trabajadores y las tradicionales tortas de ripio que actualmente se encuentran por toda la pampa.


Extracción de yodo

Luego de modificar exitosamente el proceso de extracción de salitre, Gamboni emprendió una nueva tarea: extraer yodo de las “aguas madres” del salitre. Desde 1817, el yodo era extraído de las cenizas de algas marinas. El proceso era complicado y no aseguraba un alto grado de pureza.

No se sabe con certeza cómo Gamboni llegó a conocer la existencia del yodo en forma de sodio en el caliche.

El investigador Jorge Ríos Bordones afirma que esta sal permanece en disoluciones después que se separa por cristalización el nitrato de sodio. A esta solución se le conoce con el nombre de “aguas madres”.

Tras diez años de ensayos, Pedro Gamboni patentó en 1866 el sistema para extraer yodo de las “aguas madres” del caliche y obtiene concesión exclusiva de los gobierno de Perú y Bolivia, haciendo fortuna y convirtiéndose en uno de los principales personajes de Iquique. Falleció en esta ciudad en 1895 a la edad de 70 años.

La Nueva Noria

En un primer momento el método de Gamboni no fue tomado en cuenta. Luego de varios años y tras los resultados positivos, el sistema fue empleado en nuevas oficinas salitreras. Uno de los más entusiastas en copiar la iniciativa fue George Smith quien la puso en práctica en 1856 con su proyecto de “La Nueva Noria”.

Como complemento de esta faena salitrera, se reactivó la caleta de Bajo Molle que no funcionaba como muelle desde la conquista española. En el lugar también construyó bodegas y un edificio para el control aduanero. También puso en marca un andarivel que trasladaba la carga desde La Noria hasta la costa. Después de varios intentos, esta modalidad de transporte fue desechada porque el cable de acero se rompió en varias ocasiones. Defraudado, Smith volvió a las caravanas de mulas.

Luego de 40 años en Tarapacá, Smith preparó paulatinamente su regreso a Inglaterra. Esta decisión la tomó en parque porque adquirió créditos que no pudo cancelar a la Casa Gibbs de Valparaíso. Tras meses de negociaciones, Smith vendió sus activos a Gibbs y en 1866 se conformó la Compalía de Salitres de Tarapacá. Smith sólo tuvo una mínima parte de las acciones de la compañía.

Falleció en Norwood, Ingalterra, el 28 de noviembre de 1870 a los 68 años de edad.

La fortuna de John Thomas North
El llamado rey del salitre llegóa Chile sin recursos financieros ni contactos en las altas esferas. En la autobiografía publicada en 1896, North relató como ingresó al negocio salitrero.

“La suerte me llegó de esta manera. Mi firma tenía un contrato para instalar una línea de ferrocarril en Perú. Ellos consideraron que como yo era uno de los mejores jóvenes trabajadores en la sección de máquinas, podría ir allá hasta posiblemente mejorar mi situación. Acepté tal posibilidad de inmediato. Simplemente me presenté voluntariamente para el trabajo. Ofrecí ur por el salario que estaba ganando, que era de 18 chelines a la semana, y pasaje, rogándole a mis jefes que lo descontaran de mi sueldo. Se rieron y me dijeron, North nos gusta tu entusiasmo y debes ir”.

Bueno, la proyectada línea de ferrocarril, no fue precisamente una bonanza, pero nos pagaron nuestros salarios, y mientras tanto yo buscaba algo para mi. Tendimos las líneas a traves de la selva de Perú y tuvimos aventuras de todo tipo. UN día mientras vagaba cerca de un arroyo que deba a un graí río, vi un viejo y oxidado vapor que había sido dejado allí como desecho.Repentinamente concebí la idea de esa este pequeño barco para comerciar río abajo y arriba, llevando granos y otras provisiones a los pueblos y villas. Tomé posesión del vapor por unos cientos de dólares y cuando lo obtuve, no tenía un centavo en los bolsillos”.

“No tenía crédito. Pero logré de alguna manera conseguir un cargamento de mercaderías y manejé mi pequeño barquichuelo con resultados satisfactorios. Un día cuando chile y Perú estaban en guerra, mi pequeño vaporcito se encontró en la boca del río en un momento crítico. No había ningún buque de guerra peruano en las cercanías y ellos (los chilenos) me hicieron señas que estaban muriéndose de hambre, y estaban de gran necesidad de comida y agua”.

“Fui capaz de solucionar sus necesidades inmediatas y cuando terminó la guerra, solicité alguna compensación por los servicios de mi barquito había rendido. Fue así como logré una concesión para trabajar hasta ese momento, un no explotado yacimiento de salitre. Esta concesión llevó a muchas otras. Un feliz accidente sentó la base de mi fortuna.

Capítulo 8: Iquique y el auge del salitre

Iquique y el auge del salitreDos acontecimientos claves incidieron en el desarrollo de Iquique y en su designación como Puerto Mayor.
El primero de ellos ocurrió en 1828 cuando comenzó a regir el decreto que permitía la exportación de salitre hacia mercados extranjeros.
Sin embargo, solo en 1830 fue apreciado realmente el desarrollo de Iquique. En ese año, los productores enviaron los primeros quintales de salitre directamente a Europa. Anteriormente los embarques sólo habían cubierto las necesidades de Perú y Chile. En ese año las cargas llegaron a Inglaterra, Francia, Alemania e Italia.

Decretan Puerto Mayor

El segundo impulso clave ocurrió el 26 de junio de 1843, cuando elevaron a Iquique a la categoría de Puerto Mayor: En ese instante la extracción a gran escala de guano y la cada vez más poderosa producción de salitre auguraban un excelente futuro para el recién nacido terminal marítimo.
La ventaja de ser puerto mayor era que se podía comerciar y tributar directamente en Iquique sin necesidad que los productos para ser exportados o importados tuvieran que pasar por Arica.
Un año después Iquique contaba con agua de mar destilada para el consumo humano y servía como puerto de tránsito y depósito para la zona de Bolivia. En ese tiempo la Isla Serrano había sido unida al continente y era llamada Isla de Cuadros, porque pertenecía a una familia peruana de ese apellido.

– Plano de provincia de Tarapacá en 1851.

El trabajo pampino

El particular: No tenía contrato director con la compañía, pero realizaba trabajos esporádicos en zonas específicas de algunas oficinas.
El patizorro. No tenía una especialidad, pero debía saber de todo un poco porque se desempeñaba en distintos lugares dependiendo de la necesidad diaria.
El barretero. Se encargaba del manejo de las gruesas «barretas» para remover costrones y efectuar tronaduras de material.
El capataz. Fue el encargado de cumplir los horarios de los obreros y el movimiento de las carretas con el material extraído.
El costrero. Su responsabilidad era comprobar la calidad del caliche que había extraído. Utilizaba una «mecha» y un «chonchón» (soplete) para encender el salitre y ver el nivel de concentración del mineral.
El desripiador. Estaba encargado de cargar las carretas con el «ripio» o desecho que no se ocupaba luego del proceso de elaboración. Su trabajo era amontonar el material sobrante en las «tortas» o cerros artificiales que se formaron luego de años de acumulación.

Iquique exporta al mundo

El salitre de la Provincia de Tarapacá llegaba a distintas partes del mundo a través de un complejo sistema naviero que cubría las necesidades de Estados Unidos, Perú, Chile y Europa en lo que se referí a fertilizantes e insumos para explosivos.
Durante varios años, la forma de producir salitre no varió en su extracción, producción o comercialización. El único cambio patente era el aumento constante de sus volúmenes de carga, la mayor, cantidad de mano de obra y el desarrollo económico y social de puerto como Arica, Iquique, Pisagua y Cobija.
Hasta poco antes de la Primera Guerra Mundial el salitre de Tarapacá tuvo el monopolio del mercado global de fertilizantes,
Las cifras eran auspiciosas. en 1830 la producción era de 860 toneladas métricas; en 1841 aumentó a 12.810; en 1861 subió a las 62.500; en 1866 la exportación era de 100.635 toneladas métricas y en 1876 se elevó a las 323.642.
Todo un récord para una industria que se basaba directamente en la cantidad de hombres que laboraban en la pampa.
Trabajadores de distintas partes de Perú, Bolivia y Chile llegaban hasta las tierras de Tarapacá para extraer el caliche en forma artesanal.
Era común ver en pleno desierto una decena de hombres desprendiendo el duro caliche con pesados mazos para luego trasladar la cal viva hasta la «oficina». En ese lugar vendían sus productos al dueño de las instalaciones. Más tarde otro grupo de trabajadores procesaba el minera. Eran varios fondos metálicos lo cocían a altas temperaturas. Luego trasladaban el «caldo» a otro recipiente para que decantara y se cristalizara. El resultado era salitre con una ley de 50 al 60 por ciento. Esta cifra era bastante buena para el nivel de tecnología que utilizaban.
La costra sobrante que quedaba pegada en estas grandes ollas era removida y arrojada como desecho. No obstante, durante el primer cuarto del siglo XIX se conocía que el residuo contaba al menos con un 30 por ciento de salitre que no se podía comercializar debido a que el «sistema de paradas» no era eficiente.

Nuevos inversionistas

A mediados del siglo XIX la industria salitrera pedía un cambio. Hasta el momento, los empresarios peruanos se habían dedicado a extraer el mineral sin desarrollar nuevas tecnologías para hacer más eficiente la producción.

En 1850 surgieron inversionistas ingleses y chilenos que dieron un nuevo auge a Tarapacá, creando nuevos sistemas para mejorar la producción salitrera. Los hombres más connotados en esta época fueron el inglés George Smith y el chileno, Pedro Gamboni. Ambos tuvieron una participación importantísima en el desarrollo de la región.

George Smith

George o Jorge Smith llegó a Perú en 1821 con intenciones de invertir en el país. En 1826 viajó a la Provincia de Tarapacá y comenzó con prospecciones menores en Huantajaya, cuando apenas tenía 24 años. Con el financiamiento de su tío Archivald Robson y su amigo William Bollaert, Smith comenzó la exploración de las zonas aledañas a Iquique, Bajo Molle y la cordillera de la costa.
En sus expediciones a la pampa salitrera demostró su interés por la geografía y el dibujo.
Además de su espíritu aventurero parte de su trabajo generó un mapa sobre la Provincia de Tarapacá y un informe sobre los recursos de la zona. Ambos documentos los elaboró a petición del gobierno peruano.
Pero no todo fue interés científico. En sus exploraciones descubrió un rico mineral de salitre que llamó La Noria. Esta oficina funcionó en primera instancia con el sistema de paradas.
Al mismo tiempo, Smith creó en Iquique una compañía de servicios de agua potable y perfeccionó el método de desalinizar agua de mar. El nuevo método de Smith ayudó a paliear la creciente demanda iquiqueña de este recurso.
En 1852 creó la George Smith y Cía. y estabeció vínculos estrechos con bancos de Valparaíso, de la misma manera como lo hicieron otros empresarios salitreros.

Pedro Gamboni

Para fines del siglo XIX, el sistema de paradas en que se sustentaba la industria, comenzaba a colapsar.Un joven chileno de 25 años llamado Pedro Gamboni se encontraba en quique con la intención de trabajar como químico industrial en alguna salitrera de la zona.
Gamboni nació en Valparaíso el 26 de septiembre de 1825.
Durante más de un año analizó detenidamente el proceso de “las paradas”. Sus conclusiones fueron tajantes. Lo primero fue aumentar la ley del salitre y reutilizar la costra residual del caliche. Para ello reemplazó el cocimiento del mineral en fondos por grande estanques en que se inyectaba vapor de agua a altas temperaturas.
El resultado de sus experimentos arrojó que el salitre se disolvió en forma más pura. Todo el sistema incluyó calderas, hornillas para hervir el agua, tuberías y estanques.
Después se agregó la fuerza del vapor para “chancar”  en forma más rápida y pareja el caliche recién extraído de la pampa.
Con estos resultados, Pedro Gamboni patentó su procedimiento en 1853 y lo dio a conocer a algunos industriales e inversionistas. Varios bancos financiaron su proyecto y a los pocos meses se instaló su nueva tecnología en la oficina que llamó Sebastopol.
Esta oficina quedaba cerca de la oficina La Noria de George Smith.
De esta manera Gamboni dio inicio al sistema de “oficina de máquinas” y al estilo de campamento que actualmente se conocer, o sea, con casas de administración, operarios, desalinizadoras de agua, habitaciones para los trabajadores y las tradicionales tortas de ripio que actualmente se encuentran por toda la pampa.

Extracción de yodo

Luego de modificar exitosamente el proceso de extracción de salitre, Gamboni emprendió una nueva tarea: extraer yodo de las “aguas madres” del salitre. Desde 1817, el yodo era extraído de las cenizas de algas marinas. El proceso era complicado y no aseguraba un alto grado de pureza.
No se sabe con certeza cómo Gamboni llegó a conocer la existencia del yodo en forma de sodio en el caliche.
El investigador Jorge Ríos Bordones afirma que esta sal permanece en disoluciones después que se separa por cristalización el nitrato de sodio. A esta solución se le conoce con el nombre de “aguas madres”.
Tras diez años de ensayos, Pedro Gamboni patentó en 1866 el sistema para extraer yodo de las “aguas madres” del caliche y obtiene concesión exclusiva de los gobierno de Perú y Bolivia, haciendo fortuna y convirtiéndose en uno de los principales personajes de Iquique. Falleció en esta ciudad en 1895 a la edad de 70 años.

La Nueva Noria

En un primer momento el método de Gamboni no fue tomado en cuenta. Luego de varios años y tras los resultados positivos, el sistema fue empleado en nuevas oficinas salitreras. Uno de los más entusiastas en copiar la iniciativa fue George Smith quien la puso en práctica en 1856 con su proyecto de “La Nueva Noria”.

Como complemento de esta faena salitrera, se reactivó la caleta de Bajo Molle que no funcionaba como muelle desde la conquista española. En el lugar también construyó bodegas y un edificio para el control aduanero. También puso en marca un andarivel que trasladaba la carga desde La Noria hasta la costa. Después de varios intentos, esta modalidad de transporte fue desechada porque el cable de acero se rompió en varias ocasiones. Defraudado, Smith volvió a las caravanas de mulas.

Luego de 40 años en Tarapacá, Smith preparó paulatinamente su regreso a Inglaterra. Esta decisión la tomó en parque porque adquirió créditos que no pudo cancelar a la Casa Gibbs de Valparaíso. Tras meses de negociaciones, Smith vendió sus activos a Gibbs y en 1866 se conformó la Compalía de Salitres de Tarapacá. Smith sólo tuvo una mínima parte de las acciones de la compañía.

Falleció en Norwood, Ingalterra, el 28 de noviembre de 1870 a los 68 años de edad.

La fortuna de John Thomas North

El llamado rey del salitre llegóa Chile sin recursos financieros ni contactos en las altas esferas. En la autobiografía publicada en 1896, North relató como ingresó al negocio salitrero.

“La suerte me llegó de esta manera. Mi firma tenía un contrato para instalar una línea de ferrocarril en Perú. Ellos consideraron que como yo era uno de los mejores jóvenes trabajadores en la sección de máquinas, podría ir allá hasta posiblemente mejorar mi situación. Acepté tal posibilidad de inmediato. Simplemente me presenté voluntariamente para el trabajo. Ofrecí ur por el salario que estaba ganando, que era de 18 chelines a la semana, y pasaje, rogándole a mis jefes que lo descontaran de mi sueldo. Se rieron y me dijeron, North nos gusta tu entusiasmo y debes ir”.

Bueno, la proyectada línea de ferrocarril, no fue precisamente una bonanza, pero nos pagaron nuestros salarios, y mientras tanto yo buscaba algo para mi. Tendimos las líneas a traves de la selva de Perú y tuvimos aventuras de todo tipo. UN día mientras vagaba cerca de un arroyo que deba a un graí río, vi un viejo y oxidado vapor que había sido dejado allí como desecho.Repentinamente concebí la idea de esa este pequeño barco para comerciar río abajo y arriba, llevando granos y otras provisiones a los pueblos y villas. Tomé posesión del vapor por unos cientos de dólares y cuando lo obtuve, no tenía un centavo en los bolsillos”.

“No tenía crédito. Pero logré de alguna manera conseguir un cargamento de mercaderías y manejé mi pequeño barquichuelo con resultados satisfactorios. Un día cuando chile y Perú estaban en guerra, mi pequeño vaporcito se encontró en la boca del río en un momento crítico. No había ningún buque de guerra peruano en las cercanías y ellos (los chilenos) me hicieron señas que estaban muriéndose de hambre, y estaban de gran necesidad de comida y agua”.

“Fui capaz de solucionar sus necesidades inmediatas y cuando terminó la guerra, solicité alguna compensación por los servicios de mi barquito había rendido. Fue así como logré una concesión para trabajar hasta ese momento, un no explotado yacimiento de salitre. Esta concesión llevó a muchas otras. Un feliz accidente sentó la base de mi fortuna.