El verano se queda en Iquique

El cualquier otra ciudad de Chile el verano finaliza el 28 de febrero. En Iquique es diferente. El verano se queda en Iquique. Buen clima, cielos despejados y agradables temperaturas que no bajar de los 20 grados atraen al visitante durante todo el año.

Iquique es una ciudad privilegiada que recibe al visitante durante todo el año. Las actividades no se detienen. En mayo se organizan torneo de surf y bodyboard donde deportistade todo el mundo se dan cita en esta ciudad para dominar las distintas olas que existen en este litoral.

Semana Santa es un buena alternativa de entretención para disfrutar de la playa en forma tranquila y sin el ajetreo del verano.

El Casino de Juegos de Iquique nunca cierra sus puertas y recibe al visitante en cualquier momento. Puede jugar en la sala de máquinas tragamonedas, desayunar, almorzar o disfrutar un buen trago al atardecer.

La Zona Franca abre sus puertas y es una alternativa para adquirir buenas marcas en ropas, electrodomésticos y perfumes a un precio inmejorable.

Nuevo edificio municipal

Iquique está a punto de cumplir diez años sin tener un edificio municipal acorde al desarrollo económico y poblacional de esta ciudad.

Ya en 1997 el concejo municipal de ese momento tomó la decisión de vender el antiguo edificio consistorial que existía frente a la Plaza Condell y también la legendaria Casa del Deportista. Esta venta significó un ingreso a las arcas municipales de más de 900 millones de pesos que en su momento serían ocupados para financiar la construcción de un moderno edificio.

Este anuncio nunca se concretó y desde ese momento las oficinas municipales se disgregaron aún más en distintos recintos del centro de Iquique. Esta realidad ocurre hasta ahora donde solamente una parte de las oficinas municipales ocupan el segundo piso del edificio de la ex Aduana. El Consejo de Monumentos Nacionales en más de una ocasión ha afirmado que la ex Aduana no debiera enfrentar el desgaste que ha tenido que sufrir durante los últimos años.

Es por eso que la decisión del actual concejo municipal de Iquique de retomar en forma seria la construcción de un edificio consistorial significa un avance importante en el desarrollo de la ciudad.

Las autoridades edilicias hablan de un presupuesto de dos mil millones de pesos y que los terrenos, ubicados a un costado del Barrio de El Morro ya están considerados en el proyecto.

En esta ocasión se ve una actitud más responsable y “aterrizada” sobre la construcción del edificio. Es evidente que los concejales comprendieron que Iquique necesita un edificio funcional, sencillo y que cubra todas las necesidades de los habitantes de la ciudad. El principal objetivo es que todas las reparticiones edilicias estén en un sólo lugar y así los usuarios puedan hacer sus trámites de mejor manera y evitar los periplos que actualmente se realizan a través de toda la ciudad.

A nivel económico, tener un edificio significaría al municipio ahorrar cerca de 300 millones de pesos anuales en concepto de arriendo.

Del edificio de 17 pisos, los concejales exigieron algo más acorde. Seis pisos fue el nivel acordado y también solicitaron reconsiderar los estudios de factibilidad y diseño. Es de esperar que estos estudios no se prolonguen en el tiempo y que el trabajo se ajuste al actual presupuesto.

La idea es que el edificio ya sea una realidad antes de finalizar este periodo edilicio.

Aún quedan detalles por afirmar, especialmente en el tema de los terrenos colindantes. Representantes de municipio anunciaron que ya se llegó a un acuerdo con el dueño del terreno colindante. Ahora es necesario analizar el tema de la concesión marítima y los derechos existentes en el fondo marino y si la construcción de un molo para proteger este edificio no choca con los intereses y los derechos que posee el actual Puerto de Iquique.

Nuevo edificio municipal

Iquique está a punto de cumplir diez años sin tener un edificio municipal acorde al desarrollo económico y poblacional de esta ciudad.

Ya en 1997 el concejo municipal de ese momento tomó la decisión de vender el antiguo edificio consistorial que existía frente a la Plaza Condell y también la legendaria Casa del Deportista. Esta venta significó un ingreso a las arcas municipales de más de 900 millones de pesos que en su momento serían ocupados para financiar la construcción de un moderno edificio.

Este anuncio nunca se concretó y desde ese momento las oficinas municipales se disgregaron aún más en distintos recintos del centro de Iquique. Esta realidad ocurre hasta ahora donde solamente una parte de las oficinas municipales ocupan el segundo piso del edificio de la ex Aduana. El Consejo de Monumentos Nacionales en más de una ocasión ha afirmado que la ex Aduana no debiera enfrentar el desgaste que ha tenido que sufrir durante los últimos años.

Es por eso que la decisión del actual concejo municipal de Iquique de retomar en forma seria la construcción de un edificio consistorial significa un avance importante en el desarrollo de la ciudad.

Las autoridades edilicias hablan de un presupuesto de dos mil millones de pesos y que los terrenos, ubicados a un costado del Barrio de El Morro ya están considerados en el proyecto.

En esta ocasión se ve una actitud más responsable y “aterrizada” sobre la construcción del edificio. Es evidente que los concejales comprendieron que Iquique necesita un edificio funcional, sencillo y que cubra todas las necesidades de los habitantes de la ciudad. El principal objetivo es que todas las reparticiones edilicias estén en un sólo lugar y así los usuarios puedan hacer sus trámites de mejor manera y evitar los periplos que actualmente se realizan a través de toda la ciudad.

A nivel económico, tener un edificio significaría al municipio ahorrar cerca de 300 millones de pesos anuales en concepto de arriendo.

Del edificio de 17 pisos, los concejales exigieron algo más acorde. Seis pisos fue el nivel acordado y también solicitaron reconsiderar los estudios de factibilidad y diseño. Es de esperar que estos estudios no se prolonguen en el tiempo y que el trabajo se ajuste al actual presupuesto.

La idea es que el edificio ya sea una realidad antes de finalizar este periodo edilicio.

Aún quedan detalles por afirmar, especialmente en el tema de los terrenos colindantes. Representantes de municipio anunciaron que ya se llegó a un acuerdo con el dueño del terreno colindante. Ahora es necesario analizar el tema de la concesión marítima y los derechos existentes en el fondo marino y si la construcción de un molo para proteger este edificio no choca con los intereses y los derechos que posee el actual Puerto de Iquique.

El fin del caso del sicópata de Hospicio

https://i0.wp.com/www.percyavendano.com/wp-content/uploads/2006/10/rostrosliceanas.jpg

Julio Pérez Silva permanecerá de por vida en la cárcel

Esta semana se cerró judicialmente el caso más impactante que ha golpeado a la comunidad de Iquique y Alto Hospicio. La Corte Suprema confirmó la sentencia de presidio perpetuo calificado contra Julio Pérez Silva.

De esta manera el sicópata de Alto Hospicio tendrá que cumplir de por vida las condenas por 14 homicidios y dos violaciones.

Hace ocho años comenzó una de las historias más oscuras que han sucedido en la provincia. El 17 de septiembre de 1998 fue encontrado el cuerpo de Graciela Monserrat Saravia en una playa cercana de Chanavayita. Su cuerpo mostraba golpes, indicaciones de estrangulamiento y contusiones en el cráneo. Por años su caso estuvo cerrado hasta que se logró la detención de Julio Pérez.

Al año siguiente encontraron en un basural de Alto Hospicio el cuerpo de Sara Gómez Cuevas. La joven desapareció en el trayecto de su casa hasta la ruta A-16 donde debía tomar un bus hacia Pozo Almonte. Desde ese comenzó a perfilarse la manera en que Pérez Silva escogía el momento y atacaba a sus víctimas.

Tanto el crimen de Graciela y Sara quedaron calificados como sin resolver.Luego comenzaron las extrañas desapariciones de las liceanas en Alto Hospicio. A pesar que existía un patrón recurrente, la policía negaba la posibilidad de conexión entre ellas.
Las jóvenes vivían en las tomas de La Negra y La Pampa y que transitaban en la intersección de la ruta A-16 con el liceo que antiguamente se llamaba Eleuterio Ramírez.

Las desapariciones salieron a la luz pública en junio de 2000 cuando Viviana Garay Moena, hija del actual concejal de Alto Hospicio, Orlando Garay, desapareció en el trayecto de su casa al liceo. En ese momento su padre comenzó una cruzada ante carabineros y la policía. En ambas instancias le indicaron que su hija regresaría en cualquier momento. Sin embargo, Orlando Garay no aceptó esa versión. El sentía que algo malo le ocurrió a su hija y comenzó a juntar a los padres de las otras estudiantes del sector que también habían desaparecido sin llevarse pertenencias o documentos de
identificación. En ese momento comenzó el calvario de seis familias de Alto Hospicio.

Macarena del Carmen Sánchez Jabré, Viviana Melisa Garay Moena, Patricia Edith
Palma Valdivia, Macarena Montecinos Iglesias, Laura Zola y Katherine Arce fueron las liceanas asesinadas por Julio Pérez Silva.

Durante un año se especuló sobre el paradero de las jóvenes. Hubo testigos que las vieron en la Quinta Región y en Tacna. Incluso los padres viajaron a Perú para ver si era
cierto. La policía insistía en el abandono de hogar y la posibilidad que las jóvenes se estaban dedicando a la prostitución.

El martes 9 de octubre Iquique y Chile se estremeció al conocer la detención de Julio Pérez Silva, quien fue acusado por intento de violación de una joven hospiciana.

Bárbara el día anterior había aparecido caminando cerca de un basural. Un trabajador en un furgón pasó por ahí y la rescató. La menor de trece años afirmó en ese momento que un sujeto que la intentó matar y que la había arrojado a un pique en
Huantajaya, se había identificado como el «sicópata de Alto Hospicio».

Con el testimonio de Bárbara se configuró la hipótesis que la policía rechazaba
desde un principio: la existencia de un asesino en serie en Alto Hospicio.

Luego de dos días detenido, Julio Pérez Silva comenzó su fría confesión y relató
cómo había asesinado a las jóvenes. Primero confesó su participación en la muerte de siete mujeres, pero luego se fueron agregando otros casos que la policía
logró relacionar con el sicópata.

Después comenzó el extenso y penoso trabajo de recorrer los piques de Huatajaya para recuperar los cuerpos. En un lapso de tres meses, entre febrero y mayo de 2002 se logró encontrar a las víctimas de Pérez Silva.

Durante la recuperación de los cadáveres también se encontró a la deportista
Angélica Lay Alcayaga, quien era madre y había sido reportada como desaparecida en Alto Hospicio. Sin embargo esos antecedentes nunca fueron relacionados con los otros casos por la policía.

El estupor continuó. En julio de 2002 surgió una nueva arista del caso. Las muertes no se limitaban a las liceanas. Surgieron otros nombres que no fueron relacionados. El 2
de julio encontraron en el sector de Santa Rosa los restos de Ivonne Carrillo Lefno, Daysi Castro y Ornella Linares, quienes habían desaparecido el año anterior.

La lista se completó con los cuerpos de Gisella Melgarejo y Angélica Palape. Sus
cuerpos fueron encontrados en Huantajaya y en un basural cercano a Hospicio.

Actualmente Julio Pérez Silva se encuentra internado en la cárcel de Acha en Arica, pero se espera que sea trasladado a la cárcel de alta seguridad en Colina en el corto
plazo. Julio Pérez estará en la cárcel de por vida.

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El fin del caso del sicópata de Hospicio

Julio Pérez Silva permanecerá de por vida en la cárcel

Esta semana se cerró judicialmente el caso más impactante que ha golpeado a la comunidad de Iquique y Alto Hospicio. La Corte Suprema confirmó la sentencia de presidio perpetuo calificado contra Julio Pérez Silva.

De esta manera el sicópata de Alto Hospicio tendrá que cumplir de por vida las condenas por 14 homicidios y dos violaciones.

Hace ocho años comenzó una de las historias más oscuras que han sucedido en la provincia. El 17 de septiembre de 1998 fue encontrado el cuerpo de Graciela Monserrat Saravia en una playa cercana de Chanavayita. Su cuerpo mostraba golpes, indicaciones de estrangulamiento y contusiones en el cráneo. Por años su caso estuvo cerrado hasta que se logró la detención de Julio Pérez.

Al año siguiente encontraron en un basural de Alto Hospicio el cuerpo de Sara Gómez Cuevas. La joven desapareció en el trayecto de su casa hasta la ruta A-16 donde debía tomar un bus hacia Pozo Almonte. Desde ese comenzó a perfilarse la manera en que Pérez Silva escogía el momento y atacaba a sus víctimas.

Tanto el crimen de Graciela y Sara quedaron calificados como sin resolver.Luego comenzaron las extrañas desapariciones de las liceanas en Alto Hospicio. A pesar que existía un patrón recurrente, la policía negaba la posibilidad de conexión entre ellas.
Las jóvenes vivían en las tomas de La Negra y La Pampa y que transitaban en la intersección de la ruta A-16 con el liceo que antiguamente se llamaba Eleuterio Ramírez.

Las desapariciones salieron a la luz pública en junio de 2000 cuando Viviana Garay Moena, hija del actual concejal de Alto Hospicio, Orlando Garay, desapareció en el trayecto de su casa al liceo. En ese momento su padre comenzó una cruzada ante carabineros y la policía. En ambas instancias le indicaron que su hija regresaría en cualquier momento. Sin embargo, Orlando Garay no aceptó esa versión. El sentía que algo malo le ocurrió a su hija y comenzó a juntar a los padres de las otras estudiantes del sector que también habían desaparecido sin llevarse pertenencias o documentos de
identificación. En ese momento comenzó el calvario de seis familias de Alto Hospicio.

Macarena del Carmen Sánchez Jabré, Viviana Melisa Garay Moena, Patricia Edith
Palma Valdivia, Macarena Montecinos Iglesias, Laura Zola y Katherine Arce fueron las liceanas asesinadas por Julio Pérez Silva.

Durante un año se especuló sobre el paradero de las jóvenes. Hubo testigos que las vieron en la Quinta Región y en Tacna. Incluso los padres viajaron a Perú para ver si era
cierto. La policía insistía en el abandono de hogar y la posibilidad que las jóvenes se estaban dedicando a la prostitución.

El martes 9 de octubre Iquique y Chile se estremeció al conocer la detención de Julio Pérez Silva, quien fue acusado por intento de violación de una joven hospiciana.

Bárbara el día anterior había aparecido caminando cerca de un basural. Un trabajador en un furgón pasó por ahí y la rescató. La menor de trece años afirmó en ese momento que un sujeto que la intentó matar y que la había arrojado a un pique en
Huantajaya, se había identificado como el «sicópata de Alto Hospicio».

Con el testimonio de Bárbara se configuró la hipótesis que la policía rechazaba
desde un principio: la existencia de un asesino en serie en Alto Hospicio.

Luego de dos días detenido, Julio Pérez Silva comenzó su fría confesión y relató
cómo había asesinado a las jóvenes. Primero confesó su participación en la muerte de siete mujeres, pero luego se fueron agregando otros casos que la policía
logró relacionar con el sicópata.

Después comenzó el extenso y penoso trabajo de recorrer los piques de Huatajaya para recuperar los cuerpos. En un lapso de tres meses, entre febrero y mayo de 2002 se logró encontrar a las víctimas de Pérez Silva.

Durante la recuperación de los cadáveres también se encontró a la deportista
Angélica Lay Alcayaga, quien era madre y había sido reportada como desaparecida en Alto Hospicio. Sin embargo esos antecedentes nunca fueron relacionados con los otros casos por la policía.

El estupor continuó. En julio de 2002 surgió una nueva arista del caso. Las muertes no se limitaban a las liceanas. Surgieron otros nombres que no fueron relacionados. El 2
de julio encontraron en el sector de Santa Rosa los restos de Ivonne Carrillo Lefno, Daysi Castro y Ornella Linares, quienes habían desaparecido el año anterior.

La lista se completó con los cuerpos de Gisella Melgarejo y Angélica Palape. Sus
cuerpos fueron encontrados en Huantajaya y en un basural cercano a Hospicio.

Actualmente Julio Pérez Silva se encuentra internado en la cárcel de Acha en Arica, pero se espera que sea trasladado a la cárcel de alta seguridad en Colina en el corto
plazo. Julio Pérez estará en la cárcel de por vida.

El fin del caso del sicópata de Hospicio

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Julio Pérez Silva permanecerá de por vida en la cárcel

Esta semana se cerró judicialmente el caso más impactante que ha golpeado a la comunidad de Iquique y Alto Hospicio. La Corte Suprema confirmó la sentencia de presidio perpetuo calificado contra Julio Pérez Silva.

De esta manera el sicópata de Alto Hospicio tendrá que cumplir de por vida las condenas por 14 homicidios y dos violaciones.

Hace ocho años comenzó una de las historias más oscuras que han sucedido en la provincia. El 17 de septiembre de 1998 fue encontrado el cuerpo de Graciela Monserrat Saravia en una playa cercana de Chanavayita. Su cuerpo mostraba golpes, indicaciones de estrangulamiento y contusiones en el cráneo. Por años su caso estuvo cerrado hasta que se logró la detención de Julio Pérez.

Al año siguiente encontraron en un basural de Alto Hospicio el cuerpo de Sara Gómez Cuevas. La joven desapareció en el trayecto de su casa hasta la ruta A-16 donde debía tomar un bus hacia Pozo Almonte. Desde ese comenzó a perfilarse la manera en que Pérez Silva escogía el momento y atacaba a sus víctimas.

Tanto el crimen de Graciela y Sara quedaron calificados como sin resolver.Luego comenzaron las extrañas desapariciones de las liceanas en Alto Hospicio. A pesar que existía un patrón recurrente, la policía negaba la posibilidad de conexión entre ellas.
Las jóvenes vivían en las tomas de La Negra y La Pampa y que transitaban en la intersección de la ruta A-16 con el liceo que antiguamente se llamaba Eleuterio Ramírez.

Las desapariciones salieron a la luz pública en junio de 2000 cuando Viviana Garay Moena, hija del actual concejal de Alto Hospicio, Orlando Garay, desapareció en el trayecto de su casa al liceo. En ese momento su padre comenzó una cruzada ante carabineros y la policía. En ambas instancias le indicaron que su hija regresaría en cualquier momento. Sin embargo, Orlando Garay no aceptó esa versión. El sentía que algo malo le ocurrió a su hija y comenzó a juntar a los padres de las otras estudiantes del sector que también habían desaparecido sin llevarse pertenencias o documentos de
identificación. En ese momento comenzó el calvario de seis familias de Alto Hospicio.

Macarena del Carmen Sánchez Jabré, Viviana Melisa Garay Moena, Patricia Edith
Palma Valdivia, Macarena Montecinos Iglesias, Laura Zola y Katherine Arce fueron las liceanas asesinadas por Julio Pérez Silva.

Durante un año se especuló sobre el paradero de las jóvenes. Hubo testigos que las vieron en la Quinta Región y en Tacna. Incluso los padres viajaron a Perú para ver si era
cierto. La policía insistía en el abandono de hogar y la posibilidad que las jóvenes se estaban dedicando a la prostitución.

El martes 9 de octubre Iquique y Chile se estremeció al conocer la detención de Julio Pérez Silva, quien fue acusado por intento de violación de una joven hospiciana.

Bárbara el día anterior había aparecido caminando cerca de un basural. Un trabajador en un furgón pasó por ahí y la rescató. La menor de trece años afirmó en ese momento que un sujeto que la intentó matar y que la había arrojado a un pique en
Huantajaya, se había identificado como el «sicópata de Alto Hospicio».

Con el testimonio de Bárbara se configuró la hipótesis que la policía rechazaba
desde un principio: la existencia de un asesino en serie en Alto Hospicio.

Luego de dos días detenido, Julio Pérez Silva comenzó su fría confesión y relató
cómo había asesinado a las jóvenes. Primero confesó su participación en la muerte de siete mujeres, pero luego se fueron agregando otros casos que la policía
logró relacionar con el sicópata.

Después comenzó el extenso y penoso trabajo de recorrer los piques de Huatajaya para recuperar los cuerpos. En un lapso de tres meses, entre febrero y mayo de 2002 se logró encontrar a las víctimas de Pérez Silva.

Durante la recuperación de los cadáveres también se encontró a la deportista
Angélica Lay Alcayaga, quien era madre y había sido reportada como desaparecida en Alto Hospicio. Sin embargo esos antecedentes nunca fueron relacionados con los otros casos por la policía.

El estupor continuó. En julio de 2002 surgió una nueva arista del caso. Las muertes no se limitaban a las liceanas. Surgieron otros nombres que no fueron relacionados. El 2
de julio encontraron en el sector de Santa Rosa los restos de Ivonne Carrillo Lefno, Daysi Castro y Ornella Linares, quienes habían desaparecido el año anterior.

La lista se completó con los cuerpos de Gisella Melgarejo y Angélica Palape. Sus
cuerpos fueron encontrados en Huantajaya y en un basural cercano a Hospicio.

Actualmente Julio Pérez Silva se encuentra internado en la cárcel de Acha en Arica, pero se espera que sea trasladado a la cárcel de alta seguridad en Colina en el corto
plazo. Julio Pérez estará en la cárcel de por vida.

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