Fiestas patronales en la Región de Tarapacá

Fiestas patronales

El mundo aymara está repleto de festividades comunitarias que mezclan la tradición originaria con las creencias religiosas cristianas. En el poblado precordillerano de Cariquima, distante a 200 kilómetros al este de Iquique, se desarrolla cada 24 de junio la fiesta patronal de San Juan, el Bautista.
La fe católica establece que el día de San Juan es el 24 de junio, pero en Cariquima lo celebran cinco meses después de esa fecha. Todo el pueblo respeta este extraño cambio de fecha. Sin embargo, nadie sabe cuándo ocurrió. Es una tradición que ha pasado por generaciones. 
Familias enteras viajan desde distintos puntos del país con el objetivo de estar en su tierra durante los días de fiesta.
La fiesta de San Andrés de Pica se desarrolla entre el 20 y 30 de noviembre. Esta celebración patronal es similar a las anteriores descritas. Sus características particulares radican en que se baila el cachimbo piqueño, una variante de esta danza nortina.
Matilla celebra, cada 13 de junio, a San Antonio de Padua. La comunidad saca en andas al santo luego de una semana de actividades y oficios religiosos. Los acompaña una banda de bronce, alertados por los petardos que revientan las personas de mayor edad en el poblado.
En Iquique la fiesta religiosa más llamativa es la de San Pedro, patrono de los pescadores. Cada 29 de junio los pescadores artesanales salen en sus embarcaciones para pasear la imagen del santo por la bahía de Cavancha. Parte de las celebraciones incluyen bailes de la agrupación «Los Morenos de Cavancha» que cada año danzan por las calles de la Península.

San Lorenzo de Tarapacá

San Lorenzo de Tarapacá

Si bien no tiene el carácter masivo de La Tirana, la fiesta con que los fieles saludan a San Lorenzo de Tarapacá cada 10 de agosto cuenta con las mismas muestras de fe y devoción de las festividades patronales de todo Chile.
San Lorenzo, el «Lolito» como le llaman cariñosamente los peregrinos, fue un diácono del Papa Sixto II, que se dedicaba a recaudar dinero para repartirlo entre la gente más pobre de Roma. Valeriano, el Emperador romano de esa época, ordenó al sacerdote reunir todo el dinero posible en una plaza de la ciudad. El día estipulado para que el diácono cumpliera su misión, Lorenzo dijo al monarca que se acercara a la ventana, que allí estaba toda la riqueza de la Iglesia. Valeriano al ver la plaza poblada de mendigos ordenó matar a Lorenzo en las brasas de una parrilla el 10 de agosto del año 258 de nuestra era. 
Mientras San Lorenzo era quemado vivo a causa del castigo, oró a Dios diciendo «Gracias te doy, Señor mío, por haberme dado poder para entrar en el Reino de tu eterna bienaventuranza». Luego expiró.
Su imagen es venerada cada año en distintas partes del mundo, siendo la de Tarapacá una de las fiestas más antiguas de América que se realiza en su memoria.
El cuerpo del santo fue enterrado en su ciudad natal, Huesta, dentro del Monasterio «El Escorial» y su devoción llegó a Chile junto con los conquistadores españoles.
A pesar de haber sido azotado por terremotos e incendios, el pueblo de Tarapacá conserva gran parte de su estilo arquitectónico. 
El actual templo se encuentra en reconstrucción desde que en 1997 fue destruido por un terremoto en más de un 70 por ciento de su estructura.


Fiesta de la reliquia

Cada 28 de abril en el poblado de Tarapacá realiza una festividad religiosa en honor a la Reliquia de San Lorenzo.
Fermín Méndez, encargado del comité organizador, destaca que esta fiesta se institucionalizó en el Santuario en 1997, año en que fue traída desde España una pequeña parte del hueso parietal del santo.
En 1997 los administradores de El Escorial, lugar en donde descansa los restos de San Lorenzo, a petición del ex obispo de Iquique Raúl Troncoso, accedieron a enviar un trozo del cuerpo del santo al templo de Tarapacá.

Fiesta de La Tirana reseñada en 1900

La Patria

Mártes, 24 de julio de 1900

Animadas en extenso han estado este años las fiestas religiosas en el pueblecito de La Tirana.
A la asistencia de más de doscientos peregrinos, unióse la del Vicario Capitular de Tarapacá, monseñor Cárter, y la de varios sacerdotes de otras parroquias dando a aquellas más solemnidad que otras veces.
Las gentes devotas de la pampa acuden allá, como se sabe, a visitar el templo de La Tirana, que es muy hermoso y está muy bien adornado y a tomar parte en la procesión de la Virgen del Carmen, cuya imagen es paseada en andas y seguida por los romeros que con fe sencilla o con verdadero amor patrio, saludan en ella a la invicta Patrona del Ejército de Chile.
Después de estas ceremonias, la fiesta de La Tirana continuó revistiendo los caracteres simplemente profanos de costumbre.
Lo usual, lo que sucede siempre.
Los indios de las sierras vecinas bailan sus danzas y tocan sus tambores y los peregrinos en general buscan el medio de divertirse como mejor pueden, aunque siempre con sencillez y guardando la compostura que les impone la proximidad del templo.

Bailes de La Tirana

La gran variedad de colores, ritmos y coreografías es sin duda una de las principales características de esta festividad, donde cada baile expresa de manera distinta su devoción a la Virgen .

Los Chinos

Este baile tiene raíces post hispánicas y fue traído desde el Santuario de Andacollo. Aparece en La Tirana en 1907.
El baile chino posee una jerarquía especial, ya que ellos sacan a la Virgen en procesión. La tradición se impuso a fines del siglo XIX cuando Tarapacá estaba en pleno proceso de chilenización. El Baile Chino era reconocido como una institución antigua que nació en Andacollo, es decir, eminentemente chileno.

Los Chunchos

El baile representan a los indígenas de la vertiente oriental de Los Andes con una estructura que nace en Bolivia y data de 1848.

Hoy es el único baile del tipo tradicional selvático. Anteriormente estaban los Tobas, Callaguayas, Cambas, Chirihuanos y Llameros, los que asistieron a la construcción del nuevo templo de La Tirana.
Describen bailes en círculos, con pasos y saltos largos, realizan inclinaciones quedando en cuclillas y vuelven a incorporarse. Estos bailes se acompañan de una lanza de madera que lleva un fino alambre o elástico a lo largo de ella, el que hacen sonar al tirarlo y soltarlo.
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Los Morenos

Aparecen en La Tirana durante los años 30 cuyo origen está ligado a los bailes negros africanos traídos a América.
Utilizan la matraca para acompañar el baile. A partir de 1930 hubo notorios cambios en cuanto a la creatividad de la danza. Nacieron variantes al Baile Moreno tradicional. Así nacieron los hindúes, Alí Babá y Arabes que se difundieron por las oficinas salitreras.

Las Kullacas

Bailan danzas incaicas exclusivamente femeninas, asociadas a los bailes ceremoniales al sol y también a los pastores aymaras.
En lengua aymara, Kullacas significa «hermana mayor». Pertenecen al grupo de bailes pastoriles agrarios y es el único en su categoría que perdura hasta hoy.
Este baile utiliza un poste en el centro de la pista, del que se descuelgan múltiples cintas de colores, las que van trenzando a medida que bailan.

Los Gitanos

Este baile surgió después de 1930. Imitan a agrupaciones de gitanos. Para ello utilizan trajes coloridos, pañuelos y panderos. Bailan con movimientos rápidos en rueda y girando sobre sí mismos. Se estima que el juego de pañuelos que realizan al bailar fue asimilado de los bailes moreno, que antiguamente lo utilizaban.

Sambos caporales

Es una danza de raíces coloniales, bolivianas y afroportuguesa. Se caracteriza como un baile que satiriza a los capataces de las plantaciones de azúcar. Por eso llevan un látigo, grandes botas y sombrero ancho con uno de sus costado doblado hacia arriba. También utilizan pitos que soplan al ir marcando sus pasos. Las damas describen movimientos mas suaves y pegados al suelo.

Las Diabladas

Nacen en el santuario en 1957, cuando don Gregorio Ordenes agrupa a los «diablos sueltos» y funda la primera diablada.

Los Antawara

Está basado en una danza ritual inca de culto al sol. Es un baile que realiza armoniosos movimientos de brazos y manos dirigidos hacia el cielo. Con pasos y saltos describen ágiles desplazamientos. Baila un personaje con un tocado de plumas en la cabeza. Es una estructura de alambres que se va ensanchando hacia arriba.

Bailes religiosos en La Tirana

Iglesia y Bailes

Durante 1920 y 1930 comienzan las dificultades entre los bailes y la jerarquía eclesiástica. «Los obispos, como el Cardenal Caro, no veían con buenos ojos la presencia de estas danzas por considerarlas paganas, hechos que son corroborados por la prensa de la época que afirma que quienes participan en este tipo de expresiones en su mayoría son lo peor de las salitreras», señala el rector de La Tirana, indicando que existían muchos escándalos por los robos y borracheras que se producían durante la festividad.
Estos problemas llegaron a su máxima expresión cuando empezaron a celebrarse dos fiestas. La primera amparada por la iglesia católica dentro del templo a puertas cerradas y la segunda efectuada por los danzantes en la explanada de la iglesia, los que debían bailar ahí ya que tenían prohibido su ingreso al recinto religioso.
Con la llegada de los padres Oblatos en los años cuarenta se inicia un proceso de diálogo e integración entre la iglesia y los bailes religiosos.


Ritual Moderno

Los años 50 y 60, según el padre Marcos, se caracterizan por la progresiva organización de los bailes. «Durante estos años los danzantes que venían en grupos comenzaron a reordenar su estructura. Así el 2 de julio de 1965, con la ayuda de monseñor José del Carmen Valle, se funda la primera Federación de Bailes Religiosos de La Tirana que muestra la apertura de los Obispos del Norte propiciada por el Papa Juan XXIII en el Concilio Vaticano Segundo».

A partir de ese momento comienza la asesoría de la iglesia a los bailes con la ayuda algunos religiosos jesuitas como Miguel Olavarría, José Vidal, Ramiro Avalos, Ramón Salas, José Donoso, Javier García y monseñor Carlos Oviedo Cavada.
De esta manera durante más de dos décadas en la fiesta de La Tirana, se observa el incremento en el número de peregrinos y organizaciones, las que en la década de los 50 alcanzaban a 4.800 personas y en la actualidad superan ya los 15 mil bailarines.

La consolidación de La Tirana como centro religioso y de peregrinaje

Tres etapas

Según los historiadores el Santuario de la Tirana desde su creación hasta hoy ha pasado por tres etapas.
El período andino, que va desde el siglo XV al XIX, la etapa pampina que se desarrollo desde el siglo XIX hasta la mitad del siglo XX y la era contemporánea o moderna que surge a partir de 1950 y se extiende hasta nuestros días.
La leyenda de La Tirana se mezcla con los antecedentes históricos. Algunos investigadores señalan que es muy posible que durante la época de la Conquista, La Tirana haya sido un Santuario precolombino aymara. En tanto que la leyenda de la Ñusta es una expresión más de lo que estaba sucediendo en América, donde se efectuaba una simbiosis entre la cultura indígena y los conquistadores.
Según el Padre Marcos Ordenes, actual rector del Santuario y asesor general de los bailes religiosos, existen pocos antecedentes históricos  que puedan comprobar la veracidad o falsedad de la leyenda de la princesa y de Vasco de Almeyda.
«Sin embargo no cabe duda que ésta se ubica históricamente también en el siglo XVI, época en que la evangelización hispánica intentaba reemplazar las festividades andinas con las propias».

Primer Templo

Según explica el padre Ordenes en los dos siglos siguientes se desarrolló un progresivo culto andino donde los conquistadores hicieron patente su influencia con danzas rituales en una ermita o templo dedicado a la Virgen, ese recinto fue considerado como el primer templo de La Tirana.
Pero la figura de Señora del Carmen viene a cobrar importancia entre los indígenas no tanto por la fe católica, profundamente mariana, sino por elementos que la vinculaban con la madre Tierra o «Pachamama» presente en la cosmovisión indígena.
A fines del siglo XVIII la devoción hacia la «Reina del Tamarugal» aumenta y comienza a construirse en su honor el segundo templo de adobe.

Ritual Pampino

La presencia del hombre pampino del Norte Grande a partir del 1900 encuentra en esta devoción tan particular una nueva forma de expresión de sus creencias y comienza a hacerla suya.
Los pampinos empiezan entonces a bailar incorporando sus propias danzas, desolazando el culto aymara predominante hasta ese momento.
En 1866, producto de un incendio, se produce la destrucción del segundo templo, iniciándose desde ese momento la recolección de materiales por todas las oficinas salitreras.
Seis años más tarde se inicia la construcción del actual templo que parará sus obras debido al comienzo de la Guerra del Pacífico, concluyéndolas sólo en 1886.
«Si observamos las dimensiones de esta iglesia, la época que fue construida y la cantidad de personas que habitaban el pueblo de La Tirana, es innegable la importancia que había adquirido este lugar sagrado para los pampinos que habían colaborado en su edificación», precisa el rector del Santuario.
Concluida la construcción del templo el liderazgo de la gente de la pampa dentro de la festividad fue evidente y comenzaron a formarse las primeras cofradías religiosas. Los bailes más antiguos, como se conocen en la actualidad, fueron el «Chino» y el de «Los pastores de la abuela Elcira».
Con el correr del tiempo se fueron estructurando más organizaciones religiosas y la gente llegaba al Santuario desde las distintas oficinas salitreras en carretas, en tren o a pie dándole mayor fama a esta festividad.
Posteriormente, con la crisis salitrera, los pampinos emigran a las ciudades y transmiten su devoción por la Virgen a toda la zona norte.