La vida en una goleta

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El estilo de vida y la significación de la industria pesquera en Iquique tuvo distintas connotaciones conforme fue pasando el tiempo. Cuando se instalaron las primeras pesqueras en 1956 la crisis en la ciudad era profunda. Iquique era una ciudad pequeña, con 15 mil habitantes, la mayoría ex pampinos cesantes y sus familias.

En ese tiempo ya se encontraba la Pesquera Cavancha, que más adelante adquiriría el nombre de Iquique.

Para Hugo Herrera, presidente del Sindicato de Interempresas de Tripulantes, en un principio el trabajo en alta mar en grandes naves recolectoras era una situación poco común.

En 1960 comenzó una rápida instalación de pesqueras y armadurías para sustentar lo que sería un gran negocio para inversionistas locales y nacionales. Para entonces, los rumores y expectativas de trabajo, eran más auspiciosas. Todos ponían las esperanzas en la extracción de anchoa, principalmente.

En marzo de 1963 fue creado el Sindicato de Profesionales de Tripulantes que más adelante se transformaría en interempresas.

A mediados de los 60 Iquique contaba con 27 plantas instaladas, de las cuales no todas trabajaban. También existían dos industrias en Pisagua e incluso una en Patillos. En 1961 llegan Astilleros Marco a Chile para invertir en Iquique, sumándose de esa manera a apoyar el desarrollo de la industria pesquera del norte y la invitación extendida por la Corporación del Fomento, Corfo.

A mediados de esa década el Sindicato Profesional de Tripulantes Pesqueros surgía como una de las entidades gremiales más fuertes de Iquique con más de mil 800 socios inscritos. Ya en ese año, la economía local daba vueltas en torno a la cuota de extracción de las pesqueras. Las banderas negras, que hacía siete años eran comunes en las casas, ahora eran reemplazadas por banderas chilenas.

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La vida en una goleta

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El estilo de vida y la significación de la industria pesquera en Iquique tuvo distintas connotaciones conforme fue pasando el tiempo. Cuando se instalaron las primeras pesqueras en 1956 la crisis en la ciudad era profunda. Iquique era una ciudad pequeña, con 15 mil habitantes, la mayoría ex pampinos cesantes y sus familias.

En ese tiempo ya se encontraba la Pesquera Cavancha, que más adelante adquiriría el nombre de Iquique.

Para Hugo Herrera, presidente del Sindicato de Interempresas de Tripulantes, en un principio el trabajo en alta mar en grandes naves recolectoras era una situación poco común.

En 1960 comenzó una rápida instalación de pesqueras y armadurías para sustentar lo que sería un gran negocio para inversionistas locales y nacionales. Para entonces, los rumores y expectativas de trabajo, eran más auspiciosas. Todos ponían las esperanzas en la extracción de anchoa, principalmente.

En marzo de 1963 fue creado el Sindicato de Profesionales de Tripulantes que más adelante se transformaría en interempresas.

A mediados de los 60 Iquique contaba con 27 plantas instaladas, de las cuales no todas trabajaban. También existían dos industrias en Pisagua e incluso una en Patillos. En 1961 llegan Astilleros Marco a Chile para invertir en Iquique, sumándose de esa manera a apoyar el desarrollo de la industria pesquera del norte y la invitación extendida por la Corporación del Fomento, Corfo.

A mediados de esa década el Sindicato Profesional de Tripulantes Pesqueros surgía como una de las entidades gremiales más fuertes de Iquique con más de mil 800 socios inscritos. Ya en ese año, la economía local daba vueltas en torno a la cuota de extracción de las pesqueras. Las banderas negras, que hacía siete años eran comunes en las casas, ahora eran reemplazadas por banderas chilenas.

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La vida en una goleta

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El estilo de vida y la significación de la industria pesquera en Iquique tuvo distintas connotaciones conforme fue pasando el tiempo. Cuando se instalaron las primeras pesqueras en 1956 la crisis en la ciudad era profunda. Iquique era una ciudad pequeña, con 15 mil habitantes, la mayoría ex pampinos cesantes y sus familias.

En ese tiempo ya se encontraba la Pesquera Cavancha, que más adelante adquiriría el nombre de Iquique.

Para Hugo Herrera, presidente del Sindicato de Interempresas de Tripulantes, en un principio el trabajo en alta mar en grandes naves recolectoras era una situación poco común.

En 1960 comenzó una rápida instalación de pesqueras y armadurías para sustentar lo que sería un gran negocio para inversionistas locales y nacionales. Para entonces, los rumores y expectativas de trabajo, eran más auspiciosas. Todos ponían las esperanzas en la extracción de anchoa, principalmente.

En marzo de 1963 fue creado el Sindicato de Profesionales de Tripulantes que más adelante se transformaría en interempresas.

A mediados de los 60 Iquique contaba con 27 plantas instaladas, de las cuales no todas trabajaban. También existían dos industrias en Pisagua e incluso una en Patillos. En 1961 llegan Astilleros Marco a Chile para invertir en Iquique, sumándose de esa manera a apoyar el desarrollo de la industria pesquera del norte y la invitación extendida por la Corporación del Fomento, Corfo.

A mediados de esa década el Sindicato Profesional de Tripulantes Pesqueros surgía como una de las entidades gremiales más fuertes de Iquique con más de mil 800 socios inscritos. Ya en ese año, la economía local daba vueltas en torno a la cuota de extracción de las pesqueras. Las banderas negras, que hacía siete años eran comunes en las casas, ahora eran reemplazadas por banderas chilenas.

La historia de la pesca en Iquique

A mediados del siglo XX la crisis salitrera era una realidad. La ciudad se encontraba alicaída y las calles estaban pobladas de pampinos cesantes que habían llegado desde el desierto con sus familias en busca de algún trabajo.

En este escenario de recesión económica comienza a gestarse la industria pesquera, destinada a salvar la economía local.  La primera conservera se inició en 1935 y lentamente la industria avanzó hacia la fabricación de harina de pescado.

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Pero si bien en este período se comienza a vislumbrar lo que sería la industria pesquera a gran escala, años antes existía ya una fuerte presencia de la pesca artesanal que surtía tanto a la ciudad como a las localidades vecinas con abundantes productos del mar.

Ley de apoyo

En 1953 se promulga el Decreto con Fuerza de Ley 208 que otorga franquicias de inversión pesquera, paralelamente la Corporación de Fomento comienza sus actividades de planificación. Gracias a estas medidas la industria pesquera comenzó su despegue y, de su mano, Iquique soñó con salir de la crisis económica en que se encontraba sumido.

Un incentivo especial al desarrollo pesquero en Iquique fue el ejemplo dado por Perú, país que mostraba un creciente interés por esta industria y que invertía considerables capitales en ella.

Imitando esa idea, el Presidente Jorge Alessandri dispuso estudiar la posibilidad de establecer factorías en el país y en especial en el norte, cuyas aguas ricas en nutrientes atraían a grandes cardúmenes.  En 1960, a través del decreto N°266, se estableció un tratamiento preferencial en materias tributarias para impulsar el desarrollo y consolidación del sector pesquero nacional. Asimismo se promulgan dos leyes especiales para la zona norte: la 12.937 y la 13.039 que favorecían la inversión, tanto nacional como extranjera en el sector.

Las nuevas disposiciones legales marcaron un hito en el despegue de la industria pesquera, provocando un inusitado interés en los inversionistas que vieron facilitada la instalación de varaderos y maestranzas en Cavancha, con ayuda de la Corporación de Fomento de la Producción, Corfo.

Paralelamente se ejecutó un proyecto de asistencia técnica y de investigación de los recursos marinos, creándose el Instituto de Fomento Pesquero.

En 1957 el desembarque de pescado en Iquique alcanzó a las 20 mil 505 toneladas. Un año después esa cifra era duplicada hasta llegar a los 48 mil 671 toneladas.

En 1960 ya nadie podía parar a las pesqueras. Ese año desembarcaron 1 millón 717 mil 749 toneladas convirtiendo a Iquique en el primer puerto de Chile con la mayor producción pesquera.

Poco tiempo después, en 1962, la Corporación de Fomento elaboró un plan acelerado que pretende lograr un mayor crecimiento del sector para el período comprendido entre 1962 y 1965.

Con la intervención del Estado chileno comenzó a fomentarse la pesca reductiva, sobre la base principalmente de la anchoveta. En este período se iniciaron también las exportaciones de la Empresa Iquique, pionera en este rubro.

La expansión de la actividad generó empleos para 3500 personas. “En ese período germinaron las esperanzas de los habitantes de esta zona, aumentando drásticamente la demanda de mano de obra y efectuando uno de los fenómenos más interesantes de reconversión de trabajo. Los pampinos, que habían crecido laborando en las salitreras, emigraron hacia el puerto buscando una nueva fuente de ingresos para sobrevivir, trasladándose del sector salitrero, a la industria pesquera”, recuerda Jorge Toro, actual director regional del Servicio Nacional de Pesca, Sernap.

La primera crisis pesquera

Hasta mediados de los 60 la industria era auspiciosa y nadie pensaba en la posibilidad que surgiera una crisis en las pesqueras. Pero esta llegó, desencadenada por la sobreexplotación de los recursos.  En consecuencia, en 1966 las pesqueras más pequeñas enfrentaron graves problemas por la falta de cardúmenes que sustentaran su actividad. Sólo las industrias más grandes lograron sobrevivir e, incluso, lograron fortalecerse al absorber a las más chicas.

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En este período surgieron cómo líderes del mercado las Pesqueras Coloso y Guanaye. También el grupo Angellini se reagrupó con las empresas Iquique, Indo y Eperva.

En 1967 el desembarque total sólo llegó a las 509 mil toneladas anuales. Entre el 69 y el 70 la cifra baja hasta las 348 mil toneladas. Para entonces la flota iquiqueña alcanzaba las 123 naves, de las cuales 79 correspondían a la captura de anchoveta y 8 de atún.  Sin embargo, un tercio, o sea 36 embarcaciones, permanecían inactivas porque no tenían qué pescar.

En el área de la pesca artesanal, sin embargo, Iquique continúa siendo líder con una cuota de 70 toneladas.

Recuperación

A principios de los 70 la actividad pesquera tiene otro repunte debido principalmente  al aumento de recursos y a la llegada de inversiones extranjeras que acarrearon consigo mejoras en la tecnología de captura y de procesamiento de productos.

En este aspecto destacan fondos sudafricanos que crearon la Pesquera del Norte, cuyas embarcaciones presentaban grandes adelantos para detectar los cardúmenes y capturados con redes más amplias y fuertes. Si antes era necesaria una hora para levantar la red hasta cubierta, con la tecnología, esta faena se realizaba en veinte minutos.

José Cáceres, tripulante con más de 20 años de experiencia en el mar, explica que las jornadas de trabajo, a pesar que su extensión, eran más productivas que en la actualidad.

«Antes con una pasada en la red llenábamos el barco, ahora que los barcos tienen más capacidad hay que hacer diez pasadas».

Eperva, Empresa Pesquera de Tarapacá, Sociedad Pesquera Delucchi, Indo, Pesquera Iquique, Coloso y Guanaye, eran las principales firmas que operaban en la ciudad.

En 1973 el desembarque de peces a puerto llegaba sólo a las 166 mil 808 toneladas anuales; un año después sobrepasaba las 340 mil toneladas. A esas alturas las pesqueras producían casi 71 toneladas de harina de pescado y poco más de 2 mil toneladas de aceite.

En 1975 Iquique aportaba el 53 por ciento de la producción total pesquera existente en el país. El puerto vecino de Arica, cubría el 35 por ciento del total.

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Iquique, cuna del béisbol chileno

En medio del auge del ciclo salitrero, un barco de la Línea Maru atracó en las costas de Iquique. Aunque no parece nada extraño considerando el movimiento industrial de una ciudad pujante ante los ojos del mundo, la llegada de esa nave marcaría para siempre la historia del deporte en la ciudad, pues a bordo venía Tatukichi Sakurada Endo, un japonés atraído por la bonanza del norte de Chile y que venía entusiasmado con la práctica de un deporte que era la sensación en los Estados Unidos, Europa y Japón. Sakurada, ya autobautizado como Juan, se dispone a buscar ocho interesados iquiqueños en aprender esta nueva disciplina y es así que en 1931 se forma la primera Asociación de Béisbol en Iquique y en Chile.

Ante la falta de rivales, el equipo de Sakurada sólo podía dividirse para practicar el béisbol, a la espera de la llegada de un barco con norteamericanos u orientales amantes de este deporte.

Muy poco después, la fiebre del béisbol fue contagiada a otras ciudades del norte de nuestro país y comienzan a gestarse los primeros clubes y competencias en Antofagasta, Chuquicamata, Tocopilla y sobre todo Iquique.

Manos hinchadas

Ante la falta de implementación, el propio Sakurada elaboró guantes, bates y pelotas de béisbol, «que obviamente no tenían las medidas ni el peso adecuado y terminábamos con las manos hinchadas», recuerda Luis Guerrero, seleccionado iquiqueño y campeón nacional en 1960.

Se jugaba en un improvisado diamante en la península de Cavancha, donde hoy se ubica el Hotel Chucumata. «Lo hacíamos arriba de las piedras y antes de empezar limpiábamos la cancha. En invierno salía un ojo de mar y nos íbamos a Iquitados».

Para llegar hasta Cavancha, los deportistas debían bajarse de la micro en el sector de las «cinco esquinas», frente al Liceo Politécnico, y caminar por la costa hasta el Sipt, como se conocía a las canchas en la entrada de la península de Cavancha.

Otros japoneses llegaron a Santiago y junto a nicaragüenses, venezolanos y chilenos interesados forman los primeros clubes, uno de los cuales llegaría a Iquique en 1949 para participar en un mini torneo, el primer interciudades del béisbol chileno.

Poco a poco se forman clubes en nuestra ciudad, como Nitch, Cóndor, Sol Naciente, Salvo, Splendid, Blindado, Norteamérica, Deportivo Español y luego Olimpo, Academia de Educación Física, Cardenales de San Martín, Crisol, Iquitados, Remache y Canadá. De ellos saldría la primera novena iquiqueña que se tituló campeona del béisbol en Chile y luego vendría la obtención del primer lugar en Antofagasta en 1956, en 1958 en María Elena y el último en Iquique en 1960. Manuel Loyola y Luis Guerrero son dos de los «héroes» de este último logro.

Ocaso de un deporte

El éxito del béisbol en el norte no sólo se debía a los buenos exponentes de la disciplina, sino que también cumplían un papel fundamental los dirigentes, cuya desaparición -a juicio de los dos ex campeones del 60- provocó una baja en la práctica del deporte. «El béisbol empezó a decaer por la falta de dirigentes interesados y un mal manejo de las asociaciones», enfatiza Guerrero. Los clubes lentamente se desintegraron y la profesionalización de otras disciplinas con mayores seguidores terminó con la práctica masiva del béisbol, aunque Iquique conseguiría importantes logros en las décadas posteriores al «boom» de la actividad, principalmente a través de representantes en los seleccionados nacionales de 1968 y 1975.

Pero los antiguos estandartes de la disciplina, como Luis Guerrero y Manuel Loyola, guardan el orgullo de haber pertenecido a las novenas campeonas de Chile, representando a la ciudad que vio nacer al béisbol en el país.

Santo home-run

Son cientos los deportistas y dirigentes a los cuales el béisbol iquiqueño les debe su historia, pero entre ellos resalta la figura de un sacerdote de los Oblatos de María Inmaculada, el canadiense Marcelo Quirión. Con la fuerza y técnica de su batazo, logró inmemorables hazañas para Iquique. Llegó a nuestra ciudad en 1949 y trajo desde su Sherbrooke natal la magia del mejor béisbol, ese que actualmente sólo puede ser visto por los canales de televisión especializados.

Fue la figura indiscutida del nacional de 1960 en Iquique, junto a Reynoso, Guajardo, Cortés, Loyola (capitán) y Guerrero, quien el mismo año sería convocado a la selección nacional. Quirión antes había resaltado en el vicecampeonato del 57 en Santiago y en el título del 56 en Antofagasta, del que se recuerda el batazo que envió la pelota fuera de la cancha y obligó el término del partido ante la algarabía de los iquiqueños. «Fue la rúbrica final del jugador más brillante del torneo, del que se robó todos los elogios y del que brilló con luz propia de crack dentro y fuera del diamante», escribió en una crónica el gran Homero Avila, Premio Nacional de Periodismo Deportivo.

El padre Quirión vivió por muchos años en la Oficina Victoria y falleció durante el año 2000 en el hospital de los misioneros oblatos de Richelieu, Canadá.

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