Buscando el oro blanco

Iquique Siglo XX

Capítulo 8

Buscando el oro blanco

La industria del salitre comenzó en La Tirana, hasta donde un grupo de indígenas llevaba el caliche extraído de la pampa y lo procesaba con una técnica milenaria que los incas habían perfeccionado. Este producto servía para cubrir las necesidades de pólvora de toda la zona de Tarapacá. y en algunos casos, era enviado a Perú para abastecer a los ejércitos de la corona española. Sin embargo, esta industria incipiente siempre estuvo en un bajo perfil debido principalmente a su baja calidad y al rudimentario proceso de elaboración que existía desde tiempos inmemoriales.

Incas y aymaras conocían las propiedades del caliche. Lo pulverizaban con un mazo y después lo usaban como fertilizante en sus cultivos de papa y maíz.
También lo ocupaban como insumo para crear una especie de pólvora que servía para sus prospecciones en las minas de Huantajaya, Parquina, Casicsa y Virquinta.

Más tarde el proceso evolucionó técnicamente hasta transformarse en el primitivo sistema de paradas, que siglos más tarde sería la base para la industria del salitre.

Los incas utilizaron vasijas metálicas traídas del altiplano, en donde cocían el caliche bajo una fogata. Luego que el material era disuelto en un caldo hirviente era traspasado a otro recipiente en donde se decantaba y surgían los cristales de salitre depurado.

Este proceso se repitió durante siglos hasta que los españoles le agregaron algunas mejoras para acelerar el trabajo y la cantidad de salitre extraído en cada cocción.

Los fondos metálicos estaban en una construcción cuadrada, hecha de piedra y arcilla, se encendía una hornilla para cocer el caliche extraído en forma manual en pleno desierto.

Luego del trasvasije de los caldos, el material era secado al sol hasta que el salitre se separa de la costra que quedaba pegada al recipiente.

Con este proceso, la industria del salitre se encontraba en espera que la demanda del mineral incentivara la producción en masa.

LLEGA EL RUMOR

En 1709 en España llega un rumor sobre Chile. Este dice que la comarca tiene grandes criaderos de salitre en la zona de Tarapacá. De esta manera se dicta la cédula real del 22 de enero de 1710, que indica la constitución de una fábrica en Chile para aprovechar el recurso en la producción de pólvora.

El motivo de esta orden se debía principalmente a que la fabrica de pólvora que existía en Perú, entraba en una especie de retroceso al escasearle sus insumos para la industria bélica.

Ante esta situación, en el sector sur de lo que actualmente es La Tirana, los españoles iniciaron la producción. Para ello cortaban los tamarugos y los convertían en carbón, utilizaban el agua para el proceso de conversión y traían azufre desde el altiplano. Con estos tres elementos lograban preparar pólvora de regular calidad.

A principios del siglo XVII, de 45 minas que existían en el corregimiento de Tarapacá, sólo 17 eran explotadas y 28 se encontraban con cierto número limitado de trabajadores. La situación económica no era buena y las condiciones de vida no mejoraban excepto en las quebradas y oasis.

Iquique Siglo XX fue publicado en diciembre de 1999 en La Estrella de Iquique.

Capítulo 7: La segunda oportunidad de Huantajaya

Iquique Siglo XXI

Capítulo 7

La segunda oportunidad de Huantajaya

En el primer cuarto del siglo XVII en Huantajaya existían poblaciones de mineros en los faldeos y en los altos de los cerros. La vida era difícil, a pesar de la existencia de herreros, pulperías y corrales para animales de carga.

Lo más complicado era el transporte del agua. En la primera época se traía cargamentos desde el río Loa.

Luego los españoles utilizaron los recursos existentes en el oasis de La Tirana. Extrajeron el agua que era traída por mulas hasta el mineral.

La mina de plata de Huantajaya también incluía otros yacimientos en Santa Rosa, Carmen Sacramento y Cacicsa, cobre en Viquintipa y oro en Paiquina.

Huantajaya tomó fuerza alrededor de 1746, generando necesidad de más mano de obra. Indígenas libres y mestizos fueron contratados como peones. La gran demanda de trabajadores motivó a que José Basilio de la Fuerte y Loayza, uno de los principales mineros de la zona, utilizara los indígenas de las inmediaciones bajo el sistema de “mita” que fue una forma de trabajo obligatorio por turnos remunerados.

El sistema de “mita” fue creado luego que el 23 de agosto de 1718 el rey de España disolvió las encomiendas y dejó en libertada a todos los indígenas.

La solicitud del hacendado fue aceptada en 1756 luego de muchos conflictos con los jefes indígenas de la región que no querían ingresar a esa modalidad de trabajo, en especial por las difíciles condiciones de vida que existían alrededor de la mina.

En definitiva logró una mita de 50 indígenas de los repartimiento de San Lorenzo de Tarapacá y de San Nicolás de Sibaya.

De esta manera se llevó el trabajo en Huantajaya hasta que fue desechada definitivamente la actividad minera al finalizar el siglo XVIII.

Iquique Siglo XX fue publicado en diciembre de 1999 en La Estrella de Iquique.

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Capítulo 6: Plata de Huantajaya

Iquique Siglo XX

Capítulo 6

Plata de Huantajaya

Como un punto de conexión con Perú y puerto intermedio para el Reino de Chile, la caleta de Ique-Ique presentó avances desde la llegada de los españoles, especialmente en el envío de guano a las quebradas del interior para trabajar los nuevos cultivos que introdujeron los conquistadores.
Hacia 1580 la actividad de Iquique ya había alcanzado el desarrollo económico que mantendría hasta comienzos del siglo XIX.
La extracción de guano desde la antigua isla Serrano era transportada en barco a Arica y otros puertos cercanos, favoreciendo a los valles de Chaca, Lluta, Sama, Locumba, Moquehua y otros sitios del Alto Perú.
En 1713 la caleta de Iquique sacaba entre 10 y 12 barcos con guano anuales, el cual era extraído principalmente por indios y negros, traídos desde Perú.
Otros productos que se obtenían en Iquique eran la sal y brea para embadurnar los soportes en que se trasladaba el azogue desde Arica a Potosí.
Sin embargo, esta relación con Potosí también determinó el estancamiento de Iquique hasta entrado el siglo XIX. Los españoles requerían de un estricto control sobre la plata que se generaba en Huantajaya. Para impedir la extracción del mineral en forma ilegal se prohibió a los arrieros bajar y a los barcos recalar en el muelle de Iquique. Esto sirvió para que la plata saliera forzosamente por Arica, lugar donde existía control aduanero.

Huantajaya

En los poblados del interior, la historia seguía un curso distinto. Con su interés en encontrar riquezas minerales, a la par con el trabajo agrícola, los españoles recorrieron el desierto en busca de alguna veta de plata o salitre. Ya en 1558 habían explorado toda la zona de Tarapacá sin resultados positivos.
Durante esa época llegó a oídos de españoles la existencia del mineral de Huantajaya que había sido explotado por los indígenas desde tiempos inmemoriales. De esta manera el yacimiento de plata se convirtió en el principal descubrimiento para los europeos durante el siglo XVI.
Para algunos historiadores, las faenas en San Agustín de Huantajaya y en Santa Rosa son los primeros pasos para que siglos más adelante se desarrollara la industria salitrera.
A pesar de esta actividad económica, la costa continuaba siendo un lugar sin importancia para los españoles. Sin embargo, la situación cambió al iniciar el siglo XVII cuando necesitan que su producción salga hacia Perú y cuando aumentan sus necesidades de productos confeccionados en Chile, como charqui, sebo, grasa, carne salada, frutas secas, tocino y cobre.
Luego de 100 años de presencia española en la región sólo existían unos cuantos grupos de europeos que explotaban el mineral y en lo oasis.
Para esa época se estima la población aborigen entre los 6 mil y 8 mil personas en Pica, Camarones, La Tirana y Huatacondo.
De un momento a otro Huantajaya fue olvidado, porque resultaba demasiado caro el traslado de la producción de plata hasta Bolivia para su fundición. En 1718 fue reabierto por Bartolomé Loayza.

Iquique Siglo XX fue publicado en diciembre de 1999 en La Estrella de Iquique.

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Capítulo 3: Los dueños de la tierra

Iquique Siglo XX

Capítulo 3

Los dueños de la tierra

Antes de la presencia Inca en estas tierras, de la llegada de los españoles o de la creación del estado Chileno, el pueblo aymara ha estado presente en el altiplano y en los valles y oasis de la Primera Región.
Con mil años de historia como pueblo unificado en una sola lengua, costumbres y organización social, esta cultura evolucionó gracias a la creación de reinos o señoríos indígenas.
Estos grupos, esparcidos en lo que hoy es Bolivia, Perú y Chile, se reunían en reinos que tenían en común la lengua aymara o Haque Aru. Los pueblos se llamaban collas, ipuacas, pacajes, omasuyos, canas, canchis, carangas, lipez, collaguas y ubinas.
Con el paso de los siglos, unieron criterios culturales hasta convertirse en lo que actualmente se conoce como nación aymara.

Dibujos en la tierra

Los aymaras mantuvieron un gran desarrollo cultural durante el periodo conocido como de desarrollo regional entre el 1100 y 1470 después de Cristo. Al igual que los asentamientos changos, los aymaras desarrollaron su sistema de señoríos.
La conformación de los territorios autónomos dio pie a la construcción de los pukaras que eran fortalezas defensivas en contra el ataque de pueblos foráneos o rivales.
En este periodo también se construyeron los geoglifos en los faldeos de algunos cerros de la Región de Tarapacá.
Cada geoglifo tenía una ubicación estratégica, en los cerros, en los faldeos orientales de la Cordillera de la Costa, el sector de Pintados en la comuna de Pozo Almonte y en las quebradas que atraviesan la Pampa del Tamarugal. Existen desde el valle de Azapa hasta el río Loa.
Investigaciones actuales han determinado que el objetivo de los geoglifos eran señalizar el paso de las caravanas entre la sierra y la costa y mostrar puntos para abastecerse de agua. También por su simbología no se descarta que cumplían funciones rituales o de culto a las divinidades.

Presencia Inca

En este escenario donde las comunidades mantenían una fuerte conexión social y económica, surgen los primeros avances del imperio de los Incas. Con la expansión de Tawantinsuyo o de los cuatro “suyos”, como se conocía en lengua quechua al imperio Inca, el desarrollo de los reinos y señoríos aymras es transformado en 1470 en un anexo o provincia dependiente del Cuzco. El avance de los Inca llegó hasta el río Maule.
Para llevar a cabo el proceso de dominación, los incas trasladaron colonias militares y campesinas a los valles asimilados. Con ellos construyeron un complejo sistema de vías de comunicación que hoy es conocido en todo el mundo como el Camino del Inca.
El antropólogo Olaff Olmos explica que los Incas al conquistar a los aymaras les exigen el pago de tributo en productos agrícolas, artesanales y mano de obra. Todo esto para llevar a cabo los trabajos que emprendió el imperio en ese tiempo como caminos, puentes y obras de riego.
A pesar de esta presión, el Inca les respeta su forma de organización social, fiestas, creencias religiosas, costumbres y sus propios jefes; pero, al mismo tiempo dependen políticamente del dominio del Cuzco.
El dominio Inca duró apenas 65 años, ya que en 1535 llegan los españoles quienes cambian el destino del imperio y, con ello, el futuro de la Provincia de Iquique.

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Capítulo 1: Gente de la costa

Iquique Siglo XX

A las puertas del nuevo milenio

Capítulo 1

Gente de la Costa

Hace doce mil años una figura humana caminó por las playas de la Región de Tarapacá recolectando productos del mar como única manera de sobrevivir en un ambiente inhóspito, donde la abundante pesca que entregaba el océano contrastaba con la escasez de agua dulce y lugares para el abrigo.
Los primeros habitantes de esa zona, donde miles de años después nacerá Iquique, conformaban pequeñas tribus nómades que vagaban por el área costera, descendientes directos de los aborígenes que en algún momento bajaron del altiplano y posteriormente de la depresión intermedia permaneciendo su estilo de vida sin grandes cambios durante cuatro mil años.

Cultura Chinchorro

Ocho mil años antes de Cristo surgió la que en la actualidad se conoce como la Cultura Chinchorro. Lleva el nombre de esta playa ariqueña debido a que en este sector fueron encontradas las momias más antiguas que se tiene conocimiento, incluso más arcaicas que las egipcias.
El hombre de Chinchorro vivió en la costa en el sector comprendido entre Arica y la desembocadura del río Loa.
Con características especiales, los Chinchorro permanecían en los afloramientos de napas subterráneas y en los faldeos de los cerros en donde se acumulaba cierta cantidad de reservas de agua generadas por la camanchaca. Eran un pueblo seminómade y establecían una especie de circuito entre las caletas más productivas.
Cuatro mil años antes de Cristo tomaron contacto con los pueblos ubicados en las quebradas del interior y las familias trashumantes de la Pampa del Tamarugal.
Otras características que marcan la cultura Chinchorro son sus rituales funerarios. Este pueblo enterraba a sus muertos bajo sus viviendas confeccionadas sobre bases de piedas y levantas con troncos de cactus.

Prolongar la vida

Especialización y técnica son dos conceptos que los primeros habitantes practicaron con el ritual de momificación.
A pesar que existen al menos tres variantes para este proceso de preparación de los cuerpos, dependiendo de la época y desarrollo del pueblo. La más común y elaborada es la que se puede apreciar en el Museo Regional de Iquique. En una de sus salas exhiben seis momias que dejan en evidencia el arduo trabajo que hacían para detener el proceso de descomposición.
El proceso involucraba retirar la piel, separar la carne del esqueleto y retirar las vísceras para luego separar las extremidades y reforzarlas amarrando las articulaciones con fibras vegetales.
Después depositaban los músculos en su posición original y colocaban la piel, transformada en pliegues de 10 centímetros como una venda para sostener los músculos. El penúltimo paso consistía en introducir los palos de tamarugo longitudinalmente junto a la espina dorsal y en brazos y piernas para garantizar la rigidez del cuerpo.
Sobre el rostro confeccionaban una máscara de arcilla pintada de rojo o negro.

Simbología de la muerte

Junto a los cuerpos se ofrendaban figurillas de arcilla en miniaturas. Una de ellas, que se exhibe en el Museo Regional de Iquique, contiene un cráneo de ave, imitando a la cabeza humana y una espina de cactus que simboliza la estructura ósea.
Para la arqueóloga Cora Moragas, esta actividad representaba una simbología que hasta el momento no se ha podido establecer con exactitud, especialmente porque los Chinchorro no acostumbraban enterrar a sus muertos con artefactos que utilizaron en vida. Valiosa información se perdió debido a esta práctica poco común entre las culturas aborígenes de la Región de Tarapacá.

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