La crisis salitrera en la región de Tarapacá

El Iquique cosmopolita de principios de siglo, se convirtió en el centro de la actividad económica del norte de Chile.
Antes de la Primera Guerra Mundial, que comenzó en 1914 y se extendió hasta 1919, Chile tenía el monopolio total del mercado de fertilizantes a nivel global.  Sin embargo, la explosión del conflicto bélico y el bloqueo económico que existía en Europa influyó directamente en la ostensible baja de la demanda de salitre.
Sin embargo, el monopolio de nada sirvió ante dos avances tecnológicos mundiales que marcaron el destino de Iquique durante el primer cuarto del siglo XX. El primero de ellos ocurrió en 1900 con el desarrollo del  sistema Guggenheim para la producción del salitre.
Este nuevo sistema consistió en la utilización de la electricidad en los procesos productivos y en la mecanización de la totalidad de las faenas. Esto trajo consigo el empleo de menos mano de obra y la capacidad para procesar caliche de leyes de hasta un siete por ciento, lo que significaba la posibilidad de utilizar costrones que fueron desestimados durante el siglo pasado porque no eran rentables.
Al otro lado del mundo ocurrió otro avance tecnológico que marcó el futuro de la industria salitrera. En 1914, científicos alemanes lograron producir sulfato de amonio sintético a través del proceso Haber-Bosh. Este fue usado para fabricar salitre sintético a gran escala y a menor costo que el exportado por Chile.
La competencia del salitre sintético deterioró notablemente la situación del salitre natural, que en el transcurso del siglo fue cediendo gradualmente su lugar al cobre como principal producto de la minería nacional.

El proceso Haber-Bosch 

El proceso Haber-Bosch se desarrolló en Alemania y permitió fabricar amoniaco a partir del nitrógeno del aire. Del amoniaco se pueden sintetizar los demás compuestos de nitrógeno.
Una planta piloto con el proceso Haber funcionó por primera vez en 1910, y una planta completa con capacidad para 30.000 toneladas de sulfato amónico anuales empezó su producción en 1913
Igual que con otros avances científicos y tecnológicos, la guerra fue el principal incentivo para la producción.
Gran Bretaña y sus aliados controlaban las rutas marítimas por las cuales llegaban el nitrato de Chile y el guano peruano. Alemania y las potencias centrales quedaron aisladas de esta fuente para la agricultura y los explosivos. Es por ello que se vieron obligados a innovar o perecer.
Alemania construyó importantes plantas industriales y amplió la capacidad de producción a 120.000 toneladas de amoníaco sintético anuales.
Hay pocas dudas acerca que el proceso Haber fue de importancia decisiva en la primera guerra mundial. Proporcionó a Alemania y sus aliados el nitrógeno que necesitaban para la producción de municiones y alimentos. Algunos autores piensan que una de las principales razones por las cuales Alemania perdió la guerra no fue la escasez de explosivos sino que el ejército usó tal cantidad de compuestos nitrogenados que no quedaron suficientes para los agricultores. En 1917 y 1918 las cosechas fueron desastrosas. Irónicamente, en el país donde se había encontrado la solución al problema del nitrógeno, escaseaba el trigo y la gente tenía hambre.

El gobierno reacciona

Como respuesta a los difíciles tiempos que se aproximaban en Chile, nace la Asociación de Productores del Salitre, entidad encargada de poner el mineral a la venta.
Al terminar la guerra mundial en 1919 ocurre la primera crisis de importancia.  Ese año paralizan al menos 35 oficinas.  No obstante de la mala situación económica que pasaba la región, Iquique no estuvo ajeno a las festividades por el triunfo de las fuerzas aliadas y el fin de la guerra.
Grandes y chicos, salieron a las calles para festejar la noticia que llegaba con una semana de retraso.  Las familias se reunieron en la Plaza Prat y celebraron con música y baile, mientras que los ciudadanos chinos lanzaron fuegos artificiales desde las azoteas de sus casas.
Según el actor iquiqueño Willy Zegarra, las personas pensaban que vendrían días mejores.  Sin embargo, la crisis estalla en toda su magnitud en 1921 con la disminución de la demanda, generada por la creación del salitre sintético.

SACOS1

Impacto y reactivación

Al finalizar la Primera Guerra mundial, la producción salitrera bajó. Ya no era necesario comprar grandes cantidad para sustentar la industria bélica y la producción de pólvora y sus derivados. Al mismo tiempo, la invención del salitre sintético ofrecía una alternativa al virtual monopolio que tenía Chile sobre este mineral.
Paulatinamente los grandes compradores comprendieron que era más barato comprar el sucedáneo en Europa y traer el producto natura desde Sudamérica.
El rápido éxito alcanzado por este nuevo y artificial compuesto desplazó paulatinamente la producción chilena.
Si el producto nacional para 1910 representaba el 65 por ciento de los abonos nitrogenados consumidos en el mundo, éste bajó a 30 por ciento en 1920. Luego se redujo drásticamente a sólo un 10 por ciento en 1930. En la década del ’50 sólo se utilizó un 3 por ciento del salitre criollo en el orbe.

5089

Producción

En 1929, la producción de salitre en Chile llega a los 2  millones 898 mil 141 toneladas métricas. Más adelante, todo fue en picada.
En 1930 para salvar la industria, el Estado Chileno intentó dar solución a la crisis creando la Corporación de Salitre de Chile, Cosach.
En 1934 nació la Corporación de Ventas de Salitre, Convensa.  En ella se centralizó la exclusividad de la comercialización del salitre, yodo y subproductos del área.  En esa época la actividad estaba centrada en tres grandes empresas, Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta, la Corporación Salitrera Anglo-Chilena y la Lautaro Nitrate Co.  Las tres representaban a mediados de la década  del 30, el 90 por ciento de la producción total.  Este escenario oscuro para la provincia, Iquique entra en un período de estancamiento.  La  necesidad de desarrollar nuevas entradas económicas para la ciudad hacen mirar hacia el mar de una manera distinta a la que la gente estaba acostumbrada.  La industria pesquera da sus primeros pasos.

Propiedad salitrera

En 1900 la propiedad de las oficinas salitreras estaba mayoritariamente en manos extranjeras, especialmente en británicas. En esa época el Estado chileno obtuvo su participación a través de los derechos aduaneros de exportación que cobró en los puertos de embarque.
Estos impuestos cubrieron el 56,29 por ciento de las entradas fiscales. En las dos siguientes décadas, la tradicional unión económica de Chile con Gran Bretaña y Alemania comenzó a debilitarse, no sólo en lo relativo al comercio internacional, sino también en las inversiones y préstamos. Así fue que de una dependencia británica se pasó a una dependencia norteamericana.

La crisis salitrera en la región de Tarapacá

El Iquique cosmopolita de principios de siglo, se convirtió en el centro de la actividad económica del norte de Chile.
Antes de la Primera Guerra Mundial, que comenzó en 1914 y se extendió hasta 1919, Chile tenía el monopolio total del mercado de fertilizantes a nivel global.  Sin embargo, la explosión del conflicto bélico y el bloqueo económico que existía en Europa influyó directamente en la ostensible baja de la demanda de salitre.
Sin embargo, el monopolio de nada sirvió ante dos avances tecnológicos mundiales que marcaron el destino de Iquique durante el primer cuarto del siglo XX. El primero de ellos ocurrió en 1900 con el desarrollo del  sistema Guggenheim para la producción del salitre.
Este nuevo sistema consistió en la utilización de la electricidad en los procesos productivos y en la mecanización de la totalidad de las faenas. Esto trajo consigo el empleo de menos mano de obra y la capacidad para procesar caliche de leyes de hasta un siete por ciento, lo que significaba la posibilidad de utilizar costrones que fueron desestimados durante el siglo pasado porque no eran rentables.
Al otro lado del mundo ocurrió otro avance tecnológico que marcó el futuro de la industria salitrera. En 1914, científicos alemanes lograron producir sulfato de amonio sintético a través del proceso Haber-Bosh. Este fue usado para fabricar salitre sintético a gran escala y a menor costo que el exportado por Chile.
La competencia del salitre sintético deterioró notablemente la situación del salitre natural, que en el transcurso del siglo fue cediendo gradualmente su lugar al cobre como principal producto de la minería nacional.

El proceso Haber-Bosch 

El proceso Haber-Bosch se desarrolló en Alemania y permitió fabricar amoniaco a partir del nitrógeno del aire. Del amoniaco se pueden sintetizar los demás compuestos de nitrógeno.
Una planta piloto con el proceso Haber funcionó por primera vez en 1910, y una planta completa con capacidad para 30.000 toneladas de sulfato amónico anuales empezó su producción en 1913
Igual que con otros avances científicos y tecnológicos, la guerra fue el principal incentivo para la producción.
Gran Bretaña y sus aliados controlaban las rutas marítimas por las cuales llegaban el nitrato de Chile y el guano peruano. Alemania y las potencias centrales quedaron aisladas de esta fuente para la agricultura y los explosivos. Es por ello que se vieron obligados a innovar o perecer.
Alemania construyó importantes plantas industriales y amplió la capacidad de producción a 120.000 toneladas de amoníaco sintético anuales.
Hay pocas dudas acerca que el proceso Haber fue de importancia decisiva en la primera guerra mundial. Proporcionó a Alemania y sus aliados el nitrógeno que necesitaban para la producción de municiones y alimentos. Algunos autores piensan que una de las principales razones por las cuales Alemania perdió la guerra no fue la escasez de explosivos sino que el ejército usó tal cantidad de compuestos nitrogenados que no quedaron suficientes para los agricultores. En 1917 y 1918 las cosechas fueron desastrosas. Irónicamente, en el país donde se había encontrado la solución al problema del nitrógeno, escaseaba el trigo y la gente tenía hambre.

El gobierno reacciona

Como respuesta a los difíciles tiempos que se aproximaban en Chile, nace la Asociación de Productores del Salitre, entidad encargada de poner el mineral a la venta.
Al terminar la guerra mundial en 1919 ocurre la primera crisis de importancia.  Ese año paralizan al menos 35 oficinas.  No obstante de la mala situación económica que pasaba la región, Iquique no estuvo ajeno a las festividades por el triunfo de las fuerzas aliadas y el fin de la guerra.
Grandes y chicos, salieron a las calles para festejar la noticia que llegaba con una semana de retraso.  Las familias se reunieron en la Plaza Prat y celebraron con música y baile, mientras que los ciudadanos chinos lanzaron fuegos artificiales desde las azoteas de sus casas.
Según el actor iquiqueño Willy Zegarra, las personas pensaban que vendrían días mejores.  Sin embargo, la crisis estalla en toda su magnitud en 1921 con la disminución de la demanda, generada por la creación del salitre sintético.

SACOS1

Impacto y reactivación

Al finalizar la Primera Guerra mundial, la producción salitrera bajó. Ya no era necesario comprar grandes cantidad para sustentar la industria bélica y la producción de pólvora y sus derivados. Al mismo tiempo, la invención del salitre sintético ofrecía una alternativa al virtual monopolio que tenía Chile sobre este mineral.
Paulatinamente los grandes compradores comprendieron que era más barato comprar el sucedáneo en Europa y traer el producto natura desde Sudamérica.
El rápido éxito alcanzado por este nuevo y artificial compuesto desplazó paulatinamente la producción chilena.
Si el producto nacional para 1910 representaba el 65 por ciento de los abonos nitrogenados consumidos en el mundo, éste bajó a 30 por ciento en 1920. Luego se redujo drásticamente a sólo un 10 por ciento en 1930. En la década del ’50 sólo se utilizó un 3 por ciento del salitre criollo en el orbe.

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Producción

En 1929, la producción de salitre en Chile llega a los 2  millones 898 mil 141 toneladas métricas. Más adelante, todo fue en picada.
En 1930 para salvar la industria, el Estado Chileno intentó dar solución a la crisis creando la Corporación de Salitre de Chile, Cosach.
En 1934 nació la Corporación de Ventas de Salitre, Convensa.  En ella se centralizó la exclusividad de la comercialización del salitre, yodo y subproductos del área.  En esa época la actividad estaba centrada en tres grandes empresas, Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta, la Corporación Salitrera Anglo-Chilena y la Lautaro Nitrate Co.  Las tres representaban a mediados de la década  del 30, el 90 por ciento de la producción total.  Este escenario oscuro para la provincia, Iquique entra en un período de estancamiento.  La  necesidad de desarrollar nuevas entradas económicas para la ciudad hacen mirar hacia el mar de una manera distinta a la que la gente estaba acostumbrada.  La industria pesquera da sus primeros pasos.

Propiedad salitrera

En 1900 la propiedad de las oficinas salitreras estaba mayoritariamente en manos extranjeras, especialmente en británicas. En esa época el Estado chileno obtuvo su participación a través de los derechos aduaneros de exportación que cobró en los puertos de embarque.
Estos impuestos cubrieron el 56,29 por ciento de las entradas fiscales. En las dos siguientes décadas, la tradicional unión económica de Chile con Gran Bretaña y Alemania comenzó a debilitarse, no sólo en lo relativo al comercio internacional, sino también en las inversiones y préstamos. Así fue que de una dependencia británica se pasó a una dependencia norteamericana.

Tarapacá entra al siglo XX

El esplendor salitrero en Iquique duró cuarenta años, entre 1880 y 1920.  Durante este lapso múltiples construcciones convirtieron a la ciudad en una urbe cosmopolita.  De esta época datan las viviendas  de calle Baquedano, el Teatro Municipal, la Torre del Reloj de la Plaza de Armas, el edificio de la Sociedad Protectora de Empleados, el Centro Español, el Palacio Astoreca, la Catedral y en forma posterior, el muelle de pasajeros.
Las grandes fiestas, una rica vida social, la llegada de artistas de renombre y la visita de personajes ilustres desde Santiago, hicieron a Iquique el centro de la actividad cultural del norte del país y la «capital del salitre».
Durante estos años las costumbres de los iquiqueños recibían influencias de los extranjeros que residían en la ciudad.
Durante 1876 hubo en Iquique ocho mil personas, en 1885 la población alcanzó  las 15 mil almas y en 1907 el número de habitantes llegó a cuarenta mil.
A nivel económico, la situación también fue auspiciosa. Luego de la Guerra del Pacífico, la producción del salitre inició una rápida escalada.  En 1891 exportaron 789 mil 312 toneladas y en 1896 la cifra creció a un millón 107 mil 45 toneladas.
Al iniciar el siglo XX la industria siguió su expansión. En 1911 alcanzó los 2 millones 449 mil 515 toneladas y en 1916 llegó a casi tres millones.

FOTO 127
En la pampa

En forma paralela al éxito de los industriales y comerciantes se encontraba la masa obrera con múltiples deficiencias laborales y sociales.
En 1900 la mano de obra en la pampa salitrera sobrepasó los 21 mil trabajadores en 170 oficinas repartidas por el territorio de Tarapacá.
Parte del sistema para conseguir mano de obra consistió en el enganche de trabajadores desde el sur de Chile y de las comarcas peruanas y bolivianas.  Hombres contratados por las salitreras recorrían el país pregonando las grandes expectativas económicas en Tarapacá.
Estas personas relataban en las reuniones sociales que, con poco trabajo, se podía amasar una pequeña  fortuna y regresar un par de años después a la tierra natal.
Sin embargo, como señala el historiador iquiqueño Leonel Lamagdelaine, las expectativas contrastaban con las condiciones laborales en que se desarrollaban las faenas y la vida salitrera en general.
Malas condiciones higiénicas, hacinamientos en los «buques», inexistencia del descaso dominical, vacaciones o indemnizaciones por accidentes del trabajo, escasas medidas de seguridad en las faenas, falta de escuelas, hospitales, abusos en el sistema de pulperías en donde la administración de las oficinas vendía los productos a precios elevados a través de fichas canjeables, iban en desmedro de la calidad de vida de las familias.

FOTOM 9/C-12 F/6 OPA
Conciencia Social

La cuestión social no terminó con el episodio de la Escuela Santa María. Las presiones sociales y el descontento de la masa obrera continuó durante la primera mitad del siglo XX.
Para calmar a la población pampina, el presidente Pedro Montt en 1908 envió una comisión consultiva para conocer la «cuestión  obrera».  Durante dos días trabajaron en Iquique y recibieron las visitas de los empresarios salitreros, representantes de los trabajadores, comerciantes y funcionarios públicos.
Luego subieron a la pampa y recorrieron al menos 23 oficinas para conocer en terreno las condiciones en que los pampinos desarrollaba la actividad industrial.
El informe que emitió esta comisión no tuvo el impacto y resolución que esperaron los trabajadores. El descontento seguía igual y se vio empeorado por la devaluación de la moneda, ocasionado por las bajas en la venta del salitre. Esto desembocó en el alza de precios de los productos de necesidad básica.

carreta sacos
Desarrollo financiero

En 1912 existían cinco sucursales bancarias en Iquique. Ellas eran el Banco de Chile, el Banco Alemán, el Banco Español, el Banco Anglo-Sudamericano y el Banco Italiano. Todos ellos poseían elegantes edificios en el centro de la ciudad.
A principios del siglo XX la población de Iquique estaba optimista respecto al futuro económico y social de la ciudad. El escritos y periodista iquiqueño, Fernando López Loayza escribió en un diario local que «todo vive y prospera bajo nuestro cielo a impulsos de la industria salitrera, la única en su clase que existe en el mundo… las reservas calculadas de los yacimientos salitreras están muy distantes de su agotamiento por cuanto contienen todavía materia prima suficiente para las generaciones futuras para 150 años por lo menos».
En 1906 Iquique mostró su mayor auge poblacional antes de entrar en una profunda crisis. Ese año la ciudad tuvo una población de 45 mil habitantes. En tanto que la exportación de salitre alcanzo 2.988.369 toneladas. Después la producción comenzó a disminuir inexorablemente por causa del salitre sintético.

Tarapacá entra al siglo XX

El esplendor salitrero en Iquique duró cuarenta años, entre 1880 y 1920.  Durante este lapso múltiples construcciones convirtieron a la ciudad en una urbe cosmopolita.  De esta época datan las viviendas  de calle Baquedano, el Teatro Municipal, la Torre del Reloj de la Plaza de Armas, el edificio de la Sociedad Protectora de Empleados, el Centro Español, el Palacio Astoreca, la Catedral y en forma posterior, el muelle de pasajeros.
Las grandes fiestas, una rica vida social, la llegada de artistas de renombre y la visita de personajes ilustres desde Santiago, hicieron a Iquique el centro de la actividad cultural del norte del país y la «capital del salitre».
Durante estos años las costumbres de los iquiqueños recibían influencias de los extranjeros que residían en la ciudad.
Durante 1876 hubo en Iquique ocho mil personas, en 1885 la población alcanzó  las 15 mil almas y en 1907 el número de habitantes llegó a cuarenta mil.
A nivel económico, la situación también fue auspiciosa. Luego de la Guerra del Pacífico, la producción del salitre inició una rápida escalada.  En 1891 exportaron 789 mil 312 toneladas y en 1896 la cifra creció a un millón 107 mil 45 toneladas.
Al iniciar el siglo XX la industria siguió su expansión. En 1911 alcanzó los 2 millones 449 mil 515 toneladas y en 1916 llegó a casi tres millones.

FOTO 127
En la pampa

En forma paralela al éxito de los industriales y comerciantes se encontraba la masa obrera con múltiples deficiencias laborales y sociales.
En 1900 la mano de obra en la pampa salitrera sobrepasó los 21 mil trabajadores en 170 oficinas repartidas por el territorio de Tarapacá.
Parte del sistema para conseguir mano de obra consistió en el enganche de trabajadores desde el sur de Chile y de las comarcas peruanas y bolivianas.  Hombres contratados por las salitreras recorrían el país pregonando las grandes expectativas económicas en Tarapacá.
Estas personas relataban en las reuniones sociales que, con poco trabajo, se podía amasar una pequeña  fortuna y regresar un par de años después a la tierra natal.
Sin embargo, como señala el historiador iquiqueño Leonel Lamagdelaine, las expectativas contrastaban con las condiciones laborales en que se desarrollaban las faenas y la vida salitrera en general.
Malas condiciones higiénicas, hacinamientos en los «buques», inexistencia del descaso dominical, vacaciones o indemnizaciones por accidentes del trabajo, escasas medidas de seguridad en las faenas, falta de escuelas, hospitales, abusos en el sistema de pulperías en donde la administración de las oficinas vendía los productos a precios elevados a través de fichas canjeables, iban en desmedro de la calidad de vida de las familias.

FOTOM 9/C-12 F/6 OPA
Conciencia Social

La cuestión social no terminó con el episodio de la Escuela Santa María. Las presiones sociales y el descontento de la masa obrera continuó durante la primera mitad del siglo XX.
Para calmar a la población pampina, el presidente Pedro Montt en 1908 envió una comisión consultiva para conocer la «cuestión  obrera».  Durante dos días trabajaron en Iquique y recibieron las visitas de los empresarios salitreros, representantes de los trabajadores, comerciantes y funcionarios públicos.
Luego subieron a la pampa y recorrieron al menos 23 oficinas para conocer en terreno las condiciones en que los pampinos desarrollaba la actividad industrial.
El informe que emitió esta comisión no tuvo el impacto y resolución que esperaron los trabajadores. El descontento seguía igual y se vio empeorado por la devaluación de la moneda, ocasionado por las bajas en la venta del salitre. Esto desembocó en el alza de precios de los productos de necesidad básica.

carreta sacos
Desarrollo financiero

En 1912 existían cinco sucursales bancarias en Iquique. Ellas eran el Banco de Chile, el Banco Alemán, el Banco Español, el Banco Anglo-Sudamericano y el Banco Italiano. Todos ellos poseían elegantes edificios en el centro de la ciudad.
A principios del siglo XX la población de Iquique estaba optimista respecto al futuro económico y social de la ciudad. El escritos y periodista iquiqueño, Fernando López Loayza escribió en un diario local que «todo vive y prospera bajo nuestro cielo a impulsos de la industria salitrera, la única en su clase que existe en el mundo… las reservas calculadas de los yacimientos salitreras están muy distantes de su agotamiento por cuanto contienen todavía materia prima suficiente para las generaciones futuras para 150 años por lo menos».
En 1906 Iquique mostró su mayor auge poblacional antes de entrar en una profunda crisis. Ese año la ciudad tuvo una población de 45 mil habitantes. En tanto que la exportación de salitre alcanzo 2.988.369 toneladas. Después la producción comenzó a disminuir inexorablemente por causa del salitre sintético.