¿Por qué es tan difícil crear una audiencia para tu blog?

No existen fórmulas mágicas para crear contenido. Requiere esfuerzo, tiempo, y capacidad de análisis.

Es difícil crear una audiencia para tu blog porque implica un esfuerzo que se prolonga en un largo plazo.

Y eso es difícil, especialmente si eres un emprendedor que está buscando las vías para hacer crecer tu negocio en un mundo cada día más complicado.

Pero eso no implica que sea imposible.

Tener una base de lectores o usuarios en tu sitio web es crítico para vender, dar a conocer u otra acción que requieras de tus potenciales clientes.

Lograr una audiencia comienza con un objetivo principal: conectar con las personas correctas. Cualquier pieza de contenido tiene que responder a una consulta, un requerimiento o inquietud de la audiencia.

Calidad y regularidad cuando creas contenidos

Calidad en los contenidos y regularidad en la publicación son dos características necesarias para aumentar tu audiencia.

No importa el tema, siempre implicará un intenso trabajo, ya que aumentar la audiencia es una faena extensa y que siempre estará ligada a ofrecer contenido de calidad y con cierta regularidad.

Un esfuerzo por crear contenido relevante

También crear contenido implica un desafío físico. Requiere de esfuerzo y planeación.

El contenido puede ser un artículo, un video, una imagen o infografía. Sea cual sea el formato, necesitarás de base, un sitio donde publicarlo.

Por eso es tan importante contar con un sitio web propio, con dominio propio y capacidad de gestión para desarrollar el proyecto de manera profesional. No es suficiente con tener activadas las cuentas en redes sociales. Requieres de un espacio propio donde puedas controlar todos los elementos de diseño, publicación y capacidad de ser escalable. La mejor opción es lanzar tu sitio web con wordpress.com, una manera sencilla de contar con un sistema de publicación potente y que responde a las diferentes configuraciones, según las necesidades y objetivos que tengas.

La frecuencia publicación es clave

Existen varios estudios que reafirman una convicción: crear y desarrollar una audiencia está ligado a la frecuencia con que creas contenido para ellos. Las empresas o negocios locales que escriben más de 11 posts al mes tuvieron mayor interacción y aumentaron su tráfico, en comparación a los negocios que sólo publicaron un artículo al mes.

Existe una relación entre la cantidad de publicaciones y el tráfico que recibe la página. Este efecto es aún mayor en los negocios locales.

En resumen, publicar permanentemente es clave para atraer tráfico orgánico.

La constancia en la publicación aumenta las posibilidades de interacción con tu audiencia

Publicar en forma constante, aumenta las posibilidades de conectar con tu audiencia y lograra que ese lector sea cliente tuyo, compre algo, haga clic en un punto específico de la página o entregue su email para recibir actualizaciones.

Encuentra un ritmo de publicación que puedas mantener en el tiempo. También considera la frecuencia de actualización no abrume a tus lectores. Mucha información también puede ser contraproducente.

La mejor manera es crear un calendario, una agenda y establece los temas y las fechas de publicación.

Por estas razones es difícil crear una audiencia. Requiere esfuerzo, constancia y revisión de las reacciones de las personas que acceden a tu blog. No es un objetivo imposible, pero sí requiere de una dedicación que va más allá de escribir.

Chile despertó, Iquique despertó

18 de octubre marcó el día del estallido social.
Pero el movimiento había comenzando una semana atrás con las evasiones masivas en el metro.
La tarde del 18 de octubre fue el día en que el Metro cerró sus puertas y miles de personas tuvieron que buscar alternativas para regresar a sus hogares.
Las caminatas, las micros y la ayuda de un conductos solidario palió el tema puntual.
Pero un despacho televisivo. Una opinión de una señora demostró que había algo diferente en el malestar de la gente.

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A nivel nacional y durante ese día la Fundación Sol entregó un dato decidor.

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El día 19 de octubre, las portadas los principales diarios del norte no mostraron la magnitud de lo que se estaba viviendo en Santiago.

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Ese mismo sábado apareció la primera convocatoria anónima a manifestarse en Iquique

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Iquique comenzó como espectador y con el pasar los días se transformó en un protagonistas del mayor movimiento social que Chile ha visto luego del retorno de la democracia.

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En Santiago, los cacerolazos fueron espontáneos.

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La primera marcha en Iquique apareció a nivel nacional y tuvo como punto relevante el retiro del cañón histórico que se encontraba en exhibición en el frontis de la VI División de Ejército.
Luego de ese día, la guardia del recinto redobló su presencia y fuerza militar.
Luego, de la marcha social, familiar y pacífica, se desprendieron un grupo pequeño de manifestantes que provocaron daños en a locales comerciales en el centro de Iquique y escaramuzas en otros puntos de la ciudad, foco en intentar saquear supermercados o farmacias.

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Al día siguiente la autoridad decretó el estado de emergencia y pocas horas después el toque de queda para Iquique y Alto Hospicio

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El toque de queda sólo despertó la indignación de la gente de a pie y con ello las cacerolas retumbaron en todos los puntos de la ciudad.

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Las cacerolas sonaron fuerte todas las noches en la hora exacta que comenzaron los toques de queda.

El primer día hábil en Iquique fue extraño. Parecía un domingo en la tarde. Poco movimiento de personas y escasa actividad comercial.

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Con el pasar de los días, el movimiento en la ciudad se reactivo en algunos horarios, pero eso no quitaba que estábamos viviendo en un tiempo de anormalidad.

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Los supermercados sintieron la presión de la gente y los clientes llenaron y aprovisionaron ante la incertidumbre. Los horarios de atención se redujeron y con ello las horas en que hubo actividad comercial.

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La semana se extendió con ese tipo de movimiento y no hubo normalidad.

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Las marchas continuaron y poco se vio que existieron convocatorias para mantener el movimiento activo.

El viernes marcó la pauta. Al igual que en Santiago, la marcha en Iquique durante esa tarde fue histórica por cantidad de personas.

Familias, adultos, mayores, estudiantes, trabajadores y profesionales salieron a la calle y marcharon desde distintos puntos a avenida Arturo Prat. Cavancha y Playa Brava fueron testigo de la alta afluencia de ciudadanos. Màs de treinta mil personas marcharon para pedir un cambio: mismo mensaje: Terminar con los abusos.

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El segundo fin de semana redujo el movimiento de las marchas. As familias se dieron un tiempo para ellos. Caminaron por los parques, salieron a descansar.

UN alivio fue el retiro del toque de queda.

Pero eso no implicó que el lunes siguiente, las marchas nuevamente comenzaron y la violencia de un grupo menor ha ido en aumento.

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El retiro de las fuerzas militares implicó presencia los desmanes màs fuertes en algunos puntos específicos de la ciudad.

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El fin de semana del 01 de noviembre las movilización bajaron en intensidad.

La más llamativa ocurrió la tarde previa a Halloween donde mucha gente salió a marchas disfrazado.

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El movimiento más intenso ocurrió el lunes 4 de noviembre con el inicio de clases normales.

Las principales movilizaciones estuvieron centradas en las barricadas registradas en los accesos carreteros y marchas tanto en horario de mañana como en la tarde. La convocatoria no bajó.

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El martes 5 los estudiantes de colegios municipales y particulares de iquique protagonizaron fugas masivas de sus colegios y realizaron varias marchas que se congregaron en el centro de Iquique. Esto originó barricadas en puntos frente a Inacap, frente a u santo tomas y mall plaza Iquique en cavancha y playa brava.

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Esto obligó al cierre anticipado del mall Plaza Iquique, Jumbo y Lider y Zofri a las 17:00 horas.

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Iquique, cuna del béisbol chileno

En medio del auge del ciclo salitrero, un barco de la Línea Maru atracó en las costas de Iquique. Aunque no parece nada extraño considerando el movimiento industrial de una ciudad pujante ante los ojos del mundo, la llegada de esa nave marcaría para siempre la historia del deporte en la ciudad, pues a bordo venía Tatukichi Sakurada Endo, un japonés atraído por la bonanza del norte de Chile y que venía entusiasmado con la práctica de un deporte que era la sensación en los Estados Unidos, Europa y Japón. Sakurada, ya autobautizado como Juan, se dispone a buscar ocho interesados iquiqueños en aprender esta nueva disciplina y es así que en 1931 se forma la primera Asociación de Béisbol en Iquique y en Chile.

Ante la falta de rivales, el equipo de Sakurada sólo podía dividirse para practicar el béisbol, a la espera de la llegada de un barco con norteamericanos u orientales amantes de este deporte.

Muy poco después, la fiebre del béisbol fue contagiada a otras ciudades del norte de nuestro país y comienzan a gestarse los primeros clubes y competencias en Antofagasta, Chuquicamata, Tocopilla y sobre todo Iquique.

Manos hinchadas

Ante la falta de implementación, el propio Sakurada elaboró guantes, bates y pelotas de béisbol, “que obviamente no tenían las medidas ni el peso adecuado y terminábamos con las manos hinchadas”, recuerda Luis Guerrero, seleccionado iquiqueño y campeón nacional en 1960.

Se jugaba en un improvisado diamante en la península de Cavancha, donde hoy se ubica el Hotel Chucumata. “Lo hacíamos arriba de las piedras y antes de empezar limpiábamos la cancha. En invierno salía un ojo de mar y nos íbamos a Iquitados”.

Para llegar hasta Cavancha, los deportistas debían bajarse de la micro en el sector de las “cinco esquinas”, frente al Liceo Politécnico, y caminar por la costa hasta el Sipt, como se conocía a las canchas en la entrada de la península de Cavancha.

Otros japoneses llegaron a Santiago y junto a nicaragüenses, venezolanos y chilenos interesados forman los primeros clubes, uno de los cuales llegaría a Iquique en 1949 para participar en un mini torneo, el primer interciudades del béisbol chileno.

Poco a poco se forman clubes en nuestra ciudad, como Nitch, Cóndor, Sol Naciente, Salvo, Splendid, Blindado, Norteamérica, Deportivo Español y luego Olimpo, Academia de Educación Física, Cardenales de San Martín, Crisol, Iquitados, Remache y Canadá. De ellos saldría la primera novena iquiqueña que se tituló campeona del béisbol en Chile y luego vendría la obtención del primer lugar en Antofagasta en 1956, en 1958 en María Elena y el último en Iquique en 1960. Manuel Loyola y Luis Guerrero son dos de los “héroes” de este último logro.

Ocaso de un deporte

El éxito del béisbol en el norte no sólo se debía a los buenos exponentes de la disciplina, sino que también cumplían un papel fundamental los dirigentes, cuya desaparición -a juicio de los dos ex campeones del 60- provocó una baja en la práctica del deporte. “El béisbol empezó a decaer por la falta de dirigentes interesados y un mal manejo de las asociaciones”, enfatiza Guerrero. Los clubes lentamente se desintegraron y la profesionalización de otras disciplinas con mayores seguidores terminó con la práctica masiva del béisbol, aunque Iquique conseguiría importantes logros en las décadas posteriores al “boom” de la actividad, principalmente a través de representantes en los seleccionados nacionales de 1968 y 1975.

Pero los antiguos estandartes de la disciplina, como Luis Guerrero y Manuel Loyola, guardan el orgullo de haber pertenecido a las novenas campeonas de Chile, representando a la ciudad que vio nacer al béisbol en el país.

Santo home-run

Son cientos los deportistas y dirigentes a los cuales el béisbol iquiqueño les debe su historia, pero entre ellos resalta la figura de un sacerdote de los Oblatos de María Inmaculada, el canadiense Marcelo Quirión. Con la fuerza y técnica de su batazo, logró inmemorables hazañas para Iquique. Llegó a nuestra ciudad en 1949 y trajo desde su Sherbrooke natal la magia del mejor béisbol, ese que actualmente sólo puede ser visto por los canales de televisión especializados.

Fue la figura indiscutida del nacional de 1960 en Iquique, junto a Reynoso, Guajardo, Cortés, Loyola (capitán) y Guerrero, quien el mismo año sería convocado a la selección nacional. Quirión antes había resaltado en el vicecampeonato del 57 en Santiago y en el título del 56 en Antofagasta, del que se recuerda el batazo que envió la pelota fuera de la cancha y obligó el término del partido ante la algarabía de los iquiqueños. “Fue la rúbrica final del jugador más brillante del torneo, del que se robó todos los elogios y del que brilló con luz propia de crack dentro y fuera del diamante”, escribió en una crónica el gran Homero Avila, Premio Nacional de Periodismo Deportivo.

El padre Quirión vivió por muchos años en la Oficina Victoria y falleció durante el año 2000 en el hospital de los misioneros oblatos de Richelieu, Canadá.

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Iquique, cuna del béisbol chileno

En medio del auge del ciclo salitrero, un barco de la Línea Maru atracó en las costas de Iquique. Aunque no parece nada extraño considerando el movimiento industrial de una ciudad pujante ante los ojos del mundo, la llegada de esa nave marcaría para siempre la historia del deporte en la ciudad, pues a bordo venía Tatukichi Sakurada Endo, un japonés atraído por la bonanza del norte de Chile y que venía entusiasmado con la práctica de un deporte que era la sensación en los Estados Unidos, Europa y Japón. Sakurada, ya autobautizado como Juan, se dispone a buscar ocho interesados iquiqueños en aprender esta nueva disciplina y es así que en 1931 se forma la primera Asociación de Béisbol en Iquique y en Chile.

Ante la falta de rivales, el equipo de Sakurada sólo podía dividirse para practicar el béisbol, a la espera de la llegada de un barco con norteamericanos u orientales amantes de este deporte.

Muy poco después, la fiebre del béisbol fue contagiada a otras ciudades del norte de nuestro país y comienzan a gestarse los primeros clubes y competencias en Antofagasta, Chuquicamata, Tocopilla y sobre todo Iquique.

Manos hinchadas

Ante la falta de implementación, el propio Sakurada elaboró guantes, bates y pelotas de béisbol, “que obviamente no tenían las medidas ni el peso adecuado y terminábamos con las manos hinchadas”, recuerda Luis Guerrero, seleccionado iquiqueño y campeón nacional en 1960.

Se jugaba en un improvisado diamante en la península de Cavancha, donde hoy se ubica el Hotel Chucumata. “Lo hacíamos arriba de las piedras y antes de empezar limpiábamos la cancha. En invierno salía un ojo de mar y nos íbamos a Iquitados”.

Para llegar hasta Cavancha, los deportistas debían bajarse de la micro en el sector de las “cinco esquinas”, frente al Liceo Politécnico, y caminar por la costa hasta el Sipt, como se conocía a las canchas en la entrada de la península de Cavancha.

Otros japoneses llegaron a Santiago y junto a nicaragüenses, venezolanos y chilenos interesados forman los primeros clubes, uno de los cuales llegaría a Iquique en 1949 para participar en un mini torneo, el primer interciudades del béisbol chileno.

Poco a poco se forman clubes en nuestra ciudad, como Nitch, Cóndor, Sol Naciente, Salvo, Splendid, Blindado, Norteamérica, Deportivo Español y luego Olimpo, Academia de Educación Física, Cardenales de San Martín, Crisol, Iquitados, Remache y Canadá. De ellos saldría la primera novena iquiqueña que se tituló campeona del béisbol en Chile y luego vendría la obtención del primer lugar en Antofagasta en 1956, en 1958 en María Elena y el último en Iquique en 1960. Manuel Loyola y Luis Guerrero son dos de los “héroes” de este último logro.

Ocaso de un deporte

El éxito del béisbol en el norte no sólo se debía a los buenos exponentes de la disciplina, sino que también cumplían un papel fundamental los dirigentes, cuya desaparición -a juicio de los dos ex campeones del 60- provocó una baja en la práctica del deporte. “El béisbol empezó a decaer por la falta de dirigentes interesados y un mal manejo de las asociaciones”, enfatiza Guerrero. Los clubes lentamente se desintegraron y la profesionalización de otras disciplinas con mayores seguidores terminó con la práctica masiva del béisbol, aunque Iquique conseguiría importantes logros en las décadas posteriores al “boom” de la actividad, principalmente a través de representantes en los seleccionados nacionales de 1968 y 1975.

Pero los antiguos estandartes de la disciplina, como Luis Guerrero y Manuel Loyola, guardan el orgullo de haber pertenecido a las novenas campeonas de Chile, representando a la ciudad que vio nacer al béisbol en el país.

Santo home-run

Son cientos los deportistas y dirigentes a los cuales el béisbol iquiqueño les debe su historia, pero entre ellos resalta la figura de un sacerdote de los Oblatos de María Inmaculada, el canadiense Marcelo Quirión. Con la fuerza y técnica de su batazo, logró inmemorables hazañas para Iquique. Llegó a nuestra ciudad en 1949 y trajo desde su Sherbrooke natal la magia del mejor béisbol, ese que actualmente sólo puede ser visto por los canales de televisión especializados.

Fue la figura indiscutida del nacional de 1960 en Iquique, junto a Reynoso, Guajardo, Cortés, Loyola (capitán) y Guerrero, quien el mismo año sería convocado a la selección nacional. Quirión antes había resaltado en el vicecampeonato del 57 en Santiago y en el título del 56 en Antofagasta, del que se recuerda el batazo que envió la pelota fuera de la cancha y obligó el término del partido ante la algarabía de los iquiqueños. “Fue la rúbrica final del jugador más brillante del torneo, del que se robó todos los elogios y del que brilló con luz propia de crack dentro y fuera del diamante”, escribió en una crónica el gran Homero Avila, Premio Nacional de Periodismo Deportivo.

El padre Quirión vivió por muchos años en la Oficina Victoria y falleció durante el año 2000 en el hospital de los misioneros oblatos de Richelieu, Canadá.

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Iquique, cuna del béisbol chileno

En medio del auge del ciclo salitrero, un barco de la Línea Maru atracó en las costas de Iquique. Aunque no parece nada extraño considerando el movimiento industrial de una ciudad pujante ante los ojos del mundo, la llegada de esa nave marcaría para siempre la historia del deporte en la ciudad, pues a bordo venía Tatukichi Sakurada Endo, un japonés atraído por la bonanza del norte de Chile y que venía entusiasmado con la práctica de un deporte que era la sensación en los Estados Unidos, Europa y Japón. Sakurada, ya autobautizado como Juan, se dispone a buscar ocho interesados iquiqueños en aprender esta nueva disciplina y es así que en 1931 se forma la primera Asociación de Béisbol en Iquique y en Chile.

Ante la falta de rivales, el equipo de Sakurada sólo podía dividirse para practicar el béisbol, a la espera de la llegada de un barco con norteamericanos u orientales amantes de este deporte.

Muy poco después, la fiebre del béisbol fue contagiada a otras ciudades del norte de nuestro país y comienzan a gestarse los primeros clubes y competencias en Antofagasta, Chuquicamata, Tocopilla y sobre todo Iquique.

Manos hinchadas

Ante la falta de implementación, el propio Sakurada elaboró guantes, bates y pelotas de béisbol, «que obviamente no tenían las medidas ni el peso adecuado y terminábamos con las manos hinchadas», recuerda Luis Guerrero, seleccionado iquiqueño y campeón nacional en 1960.

Se jugaba en un improvisado diamante en la península de Cavancha, donde hoy se ubica el Hotel Chucumata. «Lo hacíamos arriba de las piedras y antes de empezar limpiábamos la cancha. En invierno salía un ojo de mar y nos íbamos a Iquitados».

Para llegar hasta Cavancha, los deportistas debían bajarse de la micro en el sector de las «cinco esquinas», frente al Liceo Politécnico, y caminar por la costa hasta el Sipt, como se conocía a las canchas en la entrada de la península de Cavancha.

Otros japoneses llegaron a Santiago y junto a nicaragüenses, venezolanos y chilenos interesados forman los primeros clubes, uno de los cuales llegaría a Iquique en 1949 para participar en un mini torneo, el primer interciudades del béisbol chileno.

Poco a poco se forman clubes en nuestra ciudad, como Nitch, Cóndor, Sol Naciente, Salvo, Splendid, Blindado, Norteamérica, Deportivo Español y luego Olimpo, Academia de Educación Física, Cardenales de San Martín, Crisol, Iquitados, Remache y Canadá. De ellos saldría la primera novena iquiqueña que se tituló campeona del béisbol en Chile y luego vendría la obtención del primer lugar en Antofagasta en 1956, en 1958 en María Elena y el último en Iquique en 1960. Manuel Loyola y Luis Guerrero son dos de los «héroes» de este último logro.

Ocaso de un deporte

El éxito del béisbol en el norte no sólo se debía a los buenos exponentes de la disciplina, sino que también cumplían un papel fundamental los dirigentes, cuya desaparición -a juicio de los dos ex campeones del 60- provocó una baja en la práctica del deporte. «El béisbol empezó a decaer por la falta de dirigentes interesados y un mal manejo de las asociaciones», enfatiza Guerrero. Los clubes lentamente se desintegraron y la profesionalización de otras disciplinas con mayores seguidores terminó con la práctica masiva del béisbol, aunque Iquique conseguiría importantes logros en las décadas posteriores al «boom» de la actividad, principalmente a través de representantes en los seleccionados nacionales de 1968 y 1975.

Pero los antiguos estandartes de la disciplina, como Luis Guerrero y Manuel Loyola, guardan el orgullo de haber pertenecido a las novenas campeonas de Chile, representando a la ciudad que vio nacer al béisbol en el país.

Santo home-run

Son cientos los deportistas y dirigentes a los cuales el béisbol iquiqueño les debe su historia, pero entre ellos resalta la figura de un sacerdote de los Oblatos de María Inmaculada, el canadiense Marcelo Quirión. Con la fuerza y técnica de su batazo, logró inmemorables hazañas para Iquique. Llegó a nuestra ciudad en 1949 y trajo desde su Sherbrooke natal la magia del mejor béisbol, ese que actualmente sólo puede ser visto por los canales de televisión especializados.

Fue la figura indiscutida del nacional de 1960 en Iquique, junto a Reynoso, Guajardo, Cortés, Loyola (capitán) y Guerrero, quien el mismo año sería convocado a la selección nacional. Quirión antes había resaltado en el vicecampeonato del 57 en Santiago y en el título del 56 en Antofagasta, del que se recuerda el batazo que envió la pelota fuera de la cancha y obligó el término del partido ante la algarabía de los iquiqueños. «Fue la rúbrica final del jugador más brillante del torneo, del que se robó todos los elogios y del que brilló con luz propia de crack dentro y fuera del diamante», escribió en una crónica el gran Homero Avila, Premio Nacional de Periodismo Deportivo.

El padre Quirión vivió por muchos años en la Oficina Victoria y falleció durante el año 2000 en el hospital de los misioneros oblatos de Richelieu, Canadá.

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Los años dorados del fútbol amateur en Iquique

La época más gloriosa del fútbol amateur iquiqueño ocurrió entre 1935 y 1945. Durante esa época la selección local destacó en varios torneos y en varias ocasiones derrotó elencos que eran considerados profesionales.

Esta transformación ocurrió en el Iquique de las calles de tierra y las veredas de madera. En esa época era común ver deportistas iquiqueños destacados en distintas disciplinas repartidos por todo el país.

La prensa nacional dedicada al tema le daba páginas enteras al deporte iquiqueño y sus figuras. Dentro de ese auge, el fútbol ocupaba un sitial de honor. En la década del cuarenta y en cada oficina salitrera había una cancha de tierra en las que los esforzados trabajadores aprovechaban sus escasos momentos libres bajo el inclemente sol pampino.

Una de esas oficinas, San Enrique, representó a Iquique en un campeonato nacional de fútbol amateur. En 1935 este plantel desarrolló una campaña impecable en el campeonato nacional amateur, doblegando sin mayores complicaciones a O»Higgins de Chillán, Osorno Atlético, San Lorenzo de Coquimbo, Eleuterio Ramírez de Temuco y a Universitarios de Santiago en la final, con dos goles de Sanhueza y uno de Manuel Arancibia, quien finalmente resultaría goleador del certamen y contratado por Colo-Colo. Los diarios nacionales de la época decían que era una falta de respeto mandar a una oficina salitrera el campeonato nacional, «pero resulta que esa oficina salitrera no sólo fue campeona de Chile sino que además ganó invicta», sostiene el dirigente deportivo Arsenio Lozano.

Dos años más tarde de la «Hazaña de San Enrique», Iquique resultaría campeón de una de las ocho zonas en que se dividió al país para realizar el torneo de fútbol amateur. En los hoy conocidos como «play offs», la oncena local se impuso a Ovalle, Santiago y Talcahuano, para obtener el título nacional y la copa Ciudad de Montevideo.

Sin embargo, lo mejor estaría por venir, por cuanto no conforme con adjudicarse el primer lugar en el campeonato, disputó un encuentro con el campeón del fútbol profesional, Colo-Colo, para definir a quien sería el Campeón Absoluto de Chile. Zuzulich, Salfate, Cuevas, Cisternas, Barrera, Aguilar, López, Morales, Alacchi, Torrico y Leiva fueron los artífices de lo que a la postre sería una de las más grandes glorias del deporte iquiqueño. Era primera vez que un equipo amateur arrasaba con todos los equipos que se le pusieran en frente, aún cuando fueran profesionales.

Los años siguientes la escuadra iquiqueña no lograría actuaciones memorables y se vería desplazada por la oficina Pedro de Valdivia en varios torneos, hasta que llegó 1943 y se conformó la que muchos consideran la mejor selección de Iquique, que nuevamente ganó el título nacional y se quedó con el «Absoluto» tras derrotar a Unión Española, el campeón profesional, con una dupleta de Oscar Soto.

Los once hombres que alcanzaron la cima fueron Sola, Torres, Gallardo, Wood, Barreda, Torrico, Morales, Acuña, Miranda, Ramos y Pérez. «Nunca más se volvió a jugar el Campeonato Absoluto, para que el campeón profesional no fuera humillado. Desde ahí hubo un divorcio entre el fútbol amateur y el fútbol profesional, e Iquique fue causante de ese divorcio», asegura Lozano.

La mejor época

Para el sociólogo y estudioso del deporte iquiqueño, Bernardo Guerrero, la selección de fútbol amateur que existió durante los años cuarenta fue la mejor que ha tenido Iquique.

 «Sin exagerar, la revista Estadio se nutría del deporte iquiqueño y el deporte iquiqueño, a su vez, se nutría de la revista Estadio. No había revista Estadio en la que no apareciera un iquiqueño», agrega. Otra de las recordadas temporadas de la selección de Iquique fue la de 1955, cuando se adjudicó el título ante una persistente lluvia en el Estadio El Bajo, de Temuco. De los once hombres iquiqueños, hubo uno que «rugió» muy fuerte en la cancha, a tal punto que luego de esos 90 minutos quedó bautizado como «El León del Bajo», el lateral Oscar Benimellis, quien aún recuerda el ambiente vivido en la época.

Bernardo Guerrero asegura que hay dos hitos que fueron gravitantes en la caída del fútbol amateur. «Por un lado, después del Golpe de Estado de 1973, donde se prohiben todas las asociaciones y los clubes. Luego, y aunque hay mucha gente que no comparte esto, el nacimiento de Deportes Iquique perjudica el desarrollo fútbol amateur y tenemos hoy día un Deportes Iquique que no es ni profesional ni amateur». El sociólogo sostiene que durante todo el período de éxito y glorias deportivas, existía una ética y mística de un modelo amateur de hacer deporte que se quedó, pese a la profesionalización de la actividad. Guerrero tiene una visión más bien pesimista del futuro del deporte, «a menos que hubiera una reingeniería, partiendo por las políticas públicas, entendiendo que el deporte no es ir detrás de una pelota, sino crear instituciones que vayan más allá de lo netamente deportivo».

Lo ve muy lejano, pero por lo menos tiene la satisfacción de saber que hubo un momento en la historia, en que el deporte iquiqueño se hizo conocido en todas partes y alguien sabiamente acuñó la frase que quedaría inmortalizada, «Iquique, Tierra de Campeones».

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