La gran crisis de la industria salitrera

A mediados de la década de 1940 fue común ver trabajadores que pasaban de salitrera en salitrera, buscando trabajo. A esa altura del siglo XX la industria estaba en franca decadencia y los esfuerzos gubernamentales por asegurar la producción y establecer los precios a nivel internacional fueron inútiles.

La Segunda Guerra Mundial se encontraba en su apogeo, por lo que el bloqueo existente en Europa y la producción de salitre sintético en distintos puntos del planeta hicieron poco atractivo comprar este producto desde un país tan lejano como Chile.
Hacía ya cien años que el salitre chileno reinaba en los mercados internacionales. En 1900 Iquique presentaba un rostro renovado gracias a la efervescente actividad que existía en la pampa.
Luego del desorden en que quedaron las arcas fiscales al finalizar la Guerra del Pacífico, los inversionistas ingleses y chilenos apostaron nuevamente por Tarapacá. Es así como en menos de dos años la producción salitrera alcanzó las 800 mil toneladas métricas, cifra superior en 200 mil toneladas a lo que exportó la zona antes del conflicto bélico. En 1896 la cifra aumentó a un millón 107 mil 45 toneladas.
Al inicio del siglo XX ya funcionaban cerca de 170 salitreras entre Tarapacá y Antofagasta. En 1911 la exportación por Iquique siguió en alza, con 2 millones y medio de toneladas métricas anuales y en 1916 casi llegó a los tres millones.
En tanto que la mano de obra pampina en la provincia llegó a los 21 mil trabajadores, sin contar sus familias.
Incertidumbre

Antes de la Primera Guerra Mundial, Chile controlaba la industria mundial de los fertilizantes. Sin embargo, ese rótulo quedó rápidamente obsoleto a medida que los embarques se distanciaron en el tiempo.

La crisis fue desencadenada completamente en 1921 cuando la producción apenas llegó a poco más de un millón de toneladas, la mitad que en 1919.
Con estas cifras se agudizó el problema de la cesantía, pues cerraron las oficinas más pequeñas y alejadas de la provincia que no fueron capaces de competir con las más grandes y modernas.
Cuando terminó la primera gran Guerra, la situación tendió a normalizarse principalmente por el término del bloqueo económico que existió en gran parte de Europa. En 1929 la producción en Tarapacá alcanzó los tres millones de toneladas métricas. Sin embargo las ventas no alcanzaron a cubrir el sobre stock existente en las bodegas del puerto.
Segunda Guerra Mundial

Los diez años siguientes fueron de incertidumbre para muchas familias que vivieron con el persistente rumor que cerrarían la salitrera en donde trabajaban.  El tiro de gracia llegó en 1939 cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y la crisis se agudizó porque los principales mercados se cerraron.

La clausura de oficinas continuó, pero el mayor impacto de todos lo marcó el fin de Alianza, Humberstone y Santa Laura a mediados del siglo XX.
En Tarapacá quedó la moderna oficina Victoria que hizo gala de eficiencia y calidad de vida desde 1943. Luego de 35 años cesó sus funciones el 7 de septiembre de 1978. Para muchos ese año marcó el fin de la época del oro blanco. La vida pampina comenzó a ser un recuerdo.

Intentos por salvar la industria
Múltiples fueron los esfuerzos que hizo la empresa privada por mantener a flote la industria salitrera. Los ejecutivos de bancos en Valparaíso, algunos accionistas de salitreras que habitaban en el norte y otros de Inglaterra, hicieron eco del mismo grito pidiendo al gobierno central que tomara cartas en el asunto para evitar el descalabro económico.

Para el historiador Oscar Bermúdez, el gobierno intervino y lo hizo por una razón muy simple: no podía prescindir de los ingresos que recibía por concepto de impuestos de exportación. Por cuarenta años Chile vivió del sueldo que entregó el «oro blanco». El país no estuvo preparado para perder ese capital. Aún la industria del cobre y la necesidad del mercado mundial no estaban adecuados.
Los salitreros vieron la llegada de tiempos difíciles. Es por ello que crearon la Asociación de Productores de Salitre. Esta organización tuvo como función primordial reunir toda la producción de nitrato y ofrecerlo en conjunto a los diferentes mercados.
De esa manera regularon la oferta, trataron de evitar que los precios bajaran aún más y evitaron que los industriales tuvieran sobre stock en sus bodegas.
Los primeros préstamos

En 1921 la recesión en Tarapacá se hizo sentir. Los industriales salitreros pidieron los primeros préstamos en la historia para solventar los gastos que generaron las faenas. Los bancos en Valparaíso entregaron los recursos para salvar sus inversiones que se remontaban al último cuarto del siglo XIX.

Pero los esfuerzos fueron inútiles. Las ventas y ganancias siguieron en picada. Para salvar la industria en 1930 el Estado chileno, bajo el gobierno de Carlos Ibáñez Del Campo, creó la Corporación de Salitre de Chile, Cosach.
A pesar de los esfuerzos centrales y de los propios empresarios, la organización fracasó. Decretaron su liquidación cuatro años después.
Luego, el Presidente Arturo Alessandri, dio los primeros pasos para impulsar la Corporación de Ventas del Salitre, Covensa, que tuvo como principal función establecer una especie de estanco para la exportación y el comercio de salitre que operaban en Tarapacá y Antofagasta. La organización se centró primordialmente en la producción de nitrato, yodo y subproductos.
En la época de la creación de Covensa, la producción estuvo focalizada en tres grandes consorcios: la Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta, la Corporación Salitrera Anglo-Chilena y la Lautaro Nitrate Co., concentrando entre ellas el 90 por ciento de la producción total del nitrato en Chile.
Poco más de treinta años pasaron y Covensa, pese a sus esfuerzos, no logró evitar el descalabro económico que ocurrió en la pampa. De las cien salitreras que funcionaban en Tarapacá a principios del siglo XX, sólo quedaban tres operando para mediados de la década del 60.
En 1968 el presidente Eduardo Frei Montalva decretó el fin de Covensa. A su vez creó a Sociedad Química y Minera de Chile, Soquimich, entidad mixta que funcionó en sus primeros años a través de la Corporación de Fomento, Corfo, haciéndose cargo de las salitreras de María Elena, Pedro de Valdivia y Victoria.
Tres años después el Estado decretó la nacionalización de las salitreras, pero la medida tampoco sirvió.

Avance de Iquique
Cuando la industria y las exportaciones del salitre comenzó su etapa de colapso, varios fueron los intentos por desarrollar la plataforma comercial, infraestructura y servicios que ayudaran a ser más competitiva la industria del caliche.

De acuerdo al historiador Carlos Donoso, estos esfuerzos llegaron tarde y resultaron inútiles.
En 1905 las autoridades inauguraron una sucursal de la Caja Nacional de Ahorros, cuya presencia era reclamada en la ciudad desde la ocupación de Iquique por las fuerzas chilenas.
En 1924 inauguraron la Caja de Seguro Obligatorio, cuando la cesantía arreciaba y nadie podía cotizar.
También ese año comenzó a funcionar el servicio de agua potable organizado por el gobierno. Antes existieron cobros abusivos por las empresas privadas. La diferencia estuvo en que ahora el servicio era fiscal, barato y abundante.
En 1929 inauguraron el Ferrocarril a Pintados. Sólo en 1934, con la creación de la sede local de la Superintendencia de Salitre y Yodo, las autoridades comprendieron que el negocio del nitrato podía ser manejado desde Iquique.
«Las quiebras comerciales comenzaron recién en 1926 cuando comenzó a funcionar en la provincia el Síndico de Quiebras».
Respecto al tema de seguridad ciudadana, Iquique era considerado por muchos como refugio de peligrosos delincuentes. Sólo en 1908 se estableció una oficina de identificación y recién en 1918 funcionó en la ciudad el primer cuartel de Investigaciones.
Antes de 1936, el 85 por ciento de las calles de Iquique era de tierra. Ese año la municipalidad creó la Dirección de Pavimentación. Con ello comenzó un proceso de mejorar la calidad de veredas y las principales arterias de la ciudad.

Resumen del fin

El ocaso de la industria del salitre fue evidente. Hacia 1950 ya se había puesto fin a cien años de prosperidad económica.

El investigador Oscar Bermúdez entrega una síntesis de lo que fue el ciclo salitrero desde una perspectiva referente a los hitos históricos relacionados con la industria.
  • 1780 – 1829
  • La industria estaba en sus albores: tenía un carácter doméstico. Las escasa actividad que se desarrolló a fines del siglo XVIII perteneció a mineros españoles. Estos primeros explotadores de mineral produjeron salitre para elaborar pólvora.
  • En 1810 fueron levantados los primeros establecimientos salitreros. En esta fecha surge la industria. En 1829 el naciente negocio permanece ligado a la pólvora de Perú.
  • 1830 – 1879
    • El nitrato de sodio se convierte en un producto de exportación desde que llegó a Europa y Estados Unidos. En 1830 se independiza de la industria de la pólvora peruana.
    • El salitre comienza a utilizarse como abono para la agricultura y aparecen nuevos mercados en el extranjero. «Desde la década de 1850 el porvenir del salitre está asegurado en el Perú».
    • En 1870 Perú pierde la exclusividad como productor al iniciarse actividades similares en el litoral boliviano y en el norte del territorio chileno. No obstante la zona de Tarapacá continuó siendo el principal productor.
    • La importancia de la industria salitrera en el Perú da oportunidad a una activa política intervencionista y nacionalizadora del Estado peruano. Mientras tanto su desarrollo en Antofagasta complica las relaciones entre Bolivia y Chile. Estos antecedentes forman parte de las bases en que se sustentó la Guerra del Pacífico.
  • 1880 – 1930
    • Este período de 50 años es el más importante en el desarrollo de la historia del salitre.
    • Desde el comienzo de la Guerra del Pacífico, los tres territorios salitreros quedaron entregados a una sola administración. Chile permite establecer normas comunes de política y unificar la legislación en torno al tema.
    • La formación de combinaciones salitreras desde 1884 permitió unificar los intereses de los productores.
    • La industria logra un alto desarrollo, pero ya antes de terminar este período hay perturbaciones importantes derivadas principalmente del avance de la producción sintética extranjera y al atraso de la técnica productora en Chile.
  • 1930 en adelante
    • La situación de inseguridad por la que pasaba la industria desde los comienzos de la Primera Guerra Mundial, caracterizada por altas y bajas en las exportaciones, hace crisis en 1930.
    • Se consideran fracasados y desactualizados los métodos tradicionales de producción, los que deben ser reemplazados del mismo modo que el sistema de administración de los negocios.
    • El salitre deja de ser un aporte sustancial a las entradas nacionales.
    • A pesar de los progresos efectuados en su técnica y régimen comercial, la industria no logró avances en su desarrollo.
     

    Tarapacá entra al siglo XX

    El esplendor salitrero en Iquique duró cuarenta años, entre 1880 y 1920.  Durante este lapso múltiples construcciones convirtieron a la ciudad en una urbe cosmopolita.  De esta época datan las viviendas  de calle Baquedano, el Teatro Municipal, la Torre del Reloj de la Plaza de Armas, el edificio de la Sociedad Protectora de Empleados, el Centro Español, el Palacio Astoreca, la Catedral y en forma posterior, el muelle de pasajeros.
    Las grandes fiestas, una rica vida social, la llegada de artistas de renombre y la visita de personajes ilustres desde Santiago, hicieron a Iquique el centro de la actividad cultural del norte del país y la «capital del salitre».
    Durante estos años las costumbres de los iquiqueños recibían influencias de los extranjeros que residían en la ciudad.
    Durante 1876 hubo en Iquique ocho mil personas, en 1885 la población alcanzó  las 15 mil almas y en 1907 el número de habitantes llegó a cuarenta mil.
    A nivel económico, la situación también fue auspiciosa. Luego de la Guerra del Pacífico, la producción del salitre inició una rápida escalada.  En 1891 exportaron 789 mil 312 toneladas y en 1896 la cifra creció a un millón 107 mil 45 toneladas.
    Al iniciar el siglo XX la industria siguió su expansión. En 1911 alcanzó los 2 millones 449 mil 515 toneladas y en 1916 llegó a casi tres millones.

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    En la pampa

    En forma paralela al éxito de los industriales y comerciantes se encontraba la masa obrera con múltiples deficiencias laborales y sociales.
    En 1900 la mano de obra en la pampa salitrera sobrepasó los 21 mil trabajadores en 170 oficinas repartidas por el territorio de Tarapacá.
    Parte del sistema para conseguir mano de obra consistió en el enganche de trabajadores desde el sur de Chile y de las comarcas peruanas y bolivianas.  Hombres contratados por las salitreras recorrían el país pregonando las grandes expectativas económicas en Tarapacá.
    Estas personas relataban en las reuniones sociales que, con poco trabajo, se podía amasar una pequeña  fortuna y regresar un par de años después a la tierra natal.
    Sin embargo, como señala el historiador iquiqueño Leonel Lamagdelaine, las expectativas contrastaban con las condiciones laborales en que se desarrollaban las faenas y la vida salitrera en general.
    Malas condiciones higiénicas, hacinamientos en los «buques», inexistencia del descaso dominical, vacaciones o indemnizaciones por accidentes del trabajo, escasas medidas de seguridad en las faenas, falta de escuelas, hospitales, abusos en el sistema de pulperías en donde la administración de las oficinas vendía los productos a precios elevados a través de fichas canjeables, iban en desmedro de la calidad de vida de las familias.

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    Conciencia Social

    La cuestión social no terminó con el episodio de la Escuela Santa María. Las presiones sociales y el descontento de la masa obrera continuó durante la primera mitad del siglo XX.
    Para calmar a la población pampina, el presidente Pedro Montt en 1908 envió una comisión consultiva para conocer la «cuestión  obrera».  Durante dos días trabajaron en Iquique y recibieron las visitas de los empresarios salitreros, representantes de los trabajadores, comerciantes y funcionarios públicos.
    Luego subieron a la pampa y recorrieron al menos 23 oficinas para conocer en terreno las condiciones en que los pampinos desarrollaba la actividad industrial.
    El informe que emitió esta comisión no tuvo el impacto y resolución que esperaron los trabajadores. El descontento seguía igual y se vio empeorado por la devaluación de la moneda, ocasionado por las bajas en la venta del salitre. Esto desembocó en el alza de precios de los productos de necesidad básica.

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    Desarrollo financiero

    En 1912 existían cinco sucursales bancarias en Iquique. Ellas eran el Banco de Chile, el Banco Alemán, el Banco Español, el Banco Anglo-Sudamericano y el Banco Italiano. Todos ellos poseían elegantes edificios en el centro de la ciudad.
    A principios del siglo XX la población de Iquique estaba optimista respecto al futuro económico y social de la ciudad. El escritos y periodista iquiqueño, Fernando López Loayza escribió en un diario local que «todo vive y prospera bajo nuestro cielo a impulsos de la industria salitrera, la única en su clase que existe en el mundo… las reservas calculadas de los yacimientos salitreras están muy distantes de su agotamiento por cuanto contienen todavía materia prima suficiente para las generaciones futuras para 150 años por lo menos».
    En 1906 Iquique mostró su mayor auge poblacional antes de entrar en una profunda crisis. Ese año la ciudad tuvo una población de 45 mil habitantes. En tanto que la exportación de salitre alcanzo 2.988.369 toneladas. Después la producción comenzó a disminuir inexorablemente por causa del salitre sintético.