Iquique, cuna de la música sound

Ninguno de los integrantes de la extinta banda American Sound pensó que 1996 marcarían un hito y forjarían el camino para que otras agrupaciones cultivaran la música tropical con mezclas electrónicas, también llamado tecno-cumbia o simplemente Música Sound.
El locutor iquiqueño Héctor Díaz conoce el origen de la denominación «Sound». «Es una herencia que dejó «American Sound», la primera agrupación que destacó a nivel nacional. Es que su vocalista, cada vez que cantaba o pronunciaba el nombre del grupo repetía varias veces la palabra Sound. «Es así de simple».



Actualmente existen quince conjuntos que cultivan la música «post-tropical». Cada uno de ellos posee un club de fans que los siguen en sus presentación en distintos puntos de la región, la mayoría de ellas efectuadas en las localidades del interior.
«Elixir» es uno de los más destacados en estos momentos. Lo integran siete personas. Para el guitarrista Fidel Moscoso el sueño del grupo es darse a conocer en todo Chile, meta que es difícil debido a que no cuentan con los recursos necesarios para trasladarse a Santiago e impulsar su carrera. Pero ellos no aflojan. Ya tienen dos producciones musicales y están preparando un tercer disco.
«Chicos Elixir» es la agrupación de fans que los sigue a todos sus eventos. Graciela Ferreira es la presidenta. Hasta el momento son treinta socios e intentan ir a todas las presentaciones del grupo. No importa si el lugar queda apartado. «Este tipo de música es la que más me gusta y los seguiré apoyando».
«Genimans» es el grupo más antiguo de Iquique. Llevan juntos desde 1991 cuando la tecno-cumbia aún no era un movimiento fuerte. El director, Carlos Mamani, dice que ellos seguirán con su trabajo «porque recibimos mucho cariño de la gente». Tres club de fans avalan esta afirmación.
La forma de trabajo es similar a otros grupos sound. Semanalmente se reúnen en casa de uno de los integrantes y ensayan las canciones y, especialmente, las coreografías. Incluso tienen una persona destinada exclusivamente para los movimientos de baile. Esta persona es el «animador» y cumple la misión de alegrar al público antes y durante la presentación. 

Leyenda de La Tirana

 

En 1535 Diego de Almagro salió del Cuzco para conquistar Chile. Lo acompañaron alrededor de 50 españoles y diez mil indios peruanos. En esta comitiva iban dos personajes importantes: Paullo Tupac, príncipe de la familia de los incas y Huillac Huma, último sacerdote del extinguido culto al dios sol. Estaban destinados a pagar con la vida si se producía una rebelión entre los indios de la expedición.
Secretamente vinieron algunos wilkas o capitanes experimentados de los antiguos ejércitos imperiales incas.
 Acompañaba a Huillac Huma, su hija la Ñusta. En sus venas tenía sangre de los incas soberanos del Tahuantiusyo. Huillac Huma escapó de los españoles hacia Calama. Sus planes eran fomentar una rebelión. La Ñusta con un grupo de incas los alcanzó más tarde en Pica, desde donde huyó seguida de un centenar de wilkas hacia la Pampa del Tamarugal. Los incas apodaron a esta región Tarapacá, que significa escondite o boscaje impenetrable.
Durante cuatro años la Ñusta fue la reina de esos lugares. Regido por una férrea mano, la princesa pasó a llamarse «La Tirana del Tamarugal». De todos los rincones acudieron a rendirle pleitesía y a jurarle lealtad. Los indios valerosos hicieron una guerra sin cuartel que tenía una regla invariable: dar muerte a todo español o indio bautizado que cayese en su poder.


Vasco de Almeida


Un día las huestes de la Tirana atacaron a un grupo de españoles y capturaron prisioneros. Así fue como llevaron a su presencia a uno de los extranjeros. Cuando lo interrogó, muy altivo dijo llamarse Vasco de Almeyda y pertenecer a un grupo de mineros portugueses establecidos en Huantajaya.
El corazón de la Ñusta se enamoró del europeo. Lamentablemente para la princesa, los wilkas y los ancianos de la tribu, acordaron la aplicación de la pena de muerte para el prisionero. La princesa se estremeció al escuchar sentencia. Entonces comenzó a pensar en cómo librarlo de su ejecución. En su carácter de sacerdotisa fingió consultar los astros del cielo e interrogar a los ídolos, tutelares de la tribu. Después de meditar, reunió a su tribu y dijo que la ejecución del prisionero debía retardarse hasta el término del cuarto plenilunio.
Los cuatro meses siguientes fueron de descenso para los guerreros del Tamarugal. La princesa no repitió durante ese período las correrías asoladoras que eran el espanto de los colonos de Pica y Huantajaya. 
Según la leyenda, la princesa le preguntó al portugués:
-Y de ser cristiana y morir como tal ¿renaceré en la vida del más allá y mi alma vivirá unida a la tuya por siempre jamás?
– Así es, amada mía. Contestó Almeyda.
– Estas seguro de ello, ¿verdaderamente seguro?
– Me mandan creerlo mi Dios y mi religión, que son la fuente de toda verdad.
En un rapto impetuoso la Ñusta pronunció las palabras que serían su perdición. 
– Entonces bautízame, quiero ser cristiana, quiero ser tuya en ésta y en la otra vida.
Almeyda cogió agua vertiéndola sobre la cabeza de la amada y pronunció las palabras sacramentales:
– Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu…
No pudo terminar la frase, porque los wilkas que los vigilaban no pudieron resistir esa traición y lanzaron flechas sobre ellos.
Ambos cayeron abatidos. La Ñusta, herida de muerte, llamó a su alrededor al pueblo con voz entrecortada.
– Muero contenta, muero feliz, segura como estoy, como creyente en Jesucristo, en que mi alma inmortal ascenderá a la gloria y llegaré al trono de Dios, junto a quien estará mi amado, con quien viviré toda una eternidad. Sólo les pido que después de mi muerte coloquen una cruz en mi sepultura y al lado de la de mi amado.


Consagración


Entre 1540 y 1550, fray Antonio Rondon, de la Real Orden Mercedaria, evangelizador de Tarapacá y Pica, llegó al Tamarugal para levantar el estandarte de Cristo. Un día vio un arcoiris y siguió su haz de luz hasta un bosque de tamarugo, donde encontró una cruz cristiana.
Fray Antonio vio en ello una especie de indicio del cielo, una llamada de recuerdo a la Princesa Tirana del Tamarugal. En el lugar edificó una ermita que con el correr del tiempo se convirtió en iglesia. La colocó bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen, pensando en el escapulario carmelita que llevaba Vasco de Almeyda.

Leyenda de La Tirana

 

En 1535 Diego de Almagro salió del Cuzco para conquistar Chile. Lo acompañaron alrededor de 50 españoles y diez mil indios peruanos. En esta comitiva iban dos personajes importantes: Paullo Tupac, príncipe de la familia de los incas y Huillac Huma, último sacerdote del extinguido culto al dios sol. Estaban destinados a pagar con la vida si se producía una rebelión entre los indios de la expedición.
Secretamente vinieron algunos wilkas o capitanes experimentados de los antiguos ejércitos imperiales incas.
 Acompañaba a Huillac Huma, su hija la Ñusta. En sus venas tenía sangre de los incas soberanos del Tahuantiusyo. Huillac Huma escapó de los españoles hacia Calama. Sus planes eran fomentar una rebelión. La Ñusta con un grupo de incas los alcanzó más tarde en Pica, desde donde huyó seguida de un centenar de wilkas hacia la Pampa del Tamarugal. Los incas apodaron a esta región Tarapacá, que significa escondite o boscaje impenetrable.
Durante cuatro años la Ñusta fue la reina de esos lugares. Regido por una férrea mano, la princesa pasó a llamarse «La Tirana del Tamarugal». De todos los rincones acudieron a rendirle pleitesía y a jurarle lealtad. Los indios valerosos hicieron una guerra sin cuartel que tenía una regla invariable: dar muerte a todo español o indio bautizado que cayese en su poder.


Vasco de Almeida


Un día las huestes de la Tirana atacaron a un grupo de españoles y capturaron prisioneros. Así fue como llevaron a su presencia a uno de los extranjeros. Cuando lo interrogó, muy altivo dijo llamarse Vasco de Almeyda y pertenecer a un grupo de mineros portugueses establecidos en Huantajaya.
El corazón de la Ñusta se enamoró del europeo. Lamentablemente para la princesa, los wilkas y los ancianos de la tribu, acordaron la aplicación de la pena de muerte para el prisionero. La princesa se estremeció al escuchar sentencia. Entonces comenzó a pensar en cómo librarlo de su ejecución. En su carácter de sacerdotisa fingió consultar los astros del cielo e interrogar a los ídolos, tutelares de la tribu. Después de meditar, reunió a su tribu y dijo que la ejecución del prisionero debía retardarse hasta el término del cuarto plenilunio.
Los cuatro meses siguientes fueron de descenso para los guerreros del Tamarugal. La princesa no repitió durante ese período las correrías asoladoras que eran el espanto de los colonos de Pica y Huantajaya. 
Según la leyenda, la princesa le preguntó al portugués:
-Y de ser cristiana y morir como tal ¿renaceré en la vida del más allá y mi alma vivirá unida a la tuya por siempre jamás?
– Así es, amada mía. Contestó Almeyda.
– Estas seguro de ello, ¿verdaderamente seguro?
– Me mandan creerlo mi Dios y mi religión, que son la fuente de toda verdad.
En un rapto impetuoso la Ñusta pronunció las palabras que serían su perdición. 
– Entonces bautízame, quiero ser cristiana, quiero ser tuya en ésta y en la otra vida.
Almeyda cogió agua vertiéndola sobre la cabeza de la amada y pronunció las palabras sacramentales:
– Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu…
No pudo terminar la frase, porque los wilkas que los vigilaban no pudieron resistir esa traición y lanzaron flechas sobre ellos.
Ambos cayeron abatidos. La Ñusta, herida de muerte, llamó a su alrededor al pueblo con voz entrecortada.
– Muero contenta, muero feliz, segura como estoy, como creyente en Jesucristo, en que mi alma inmortal ascenderá a la gloria y llegaré al trono de Dios, junto a quien estará mi amado, con quien viviré toda una eternidad. Sólo les pido que después de mi muerte coloquen una cruz en mi sepultura y al lado de la de mi amado.


Consagración


Entre 1540 y 1550, fray Antonio Rondon, de la Real Orden Mercedaria, evangelizador de Tarapacá y Pica, llegó al Tamarugal para levantar el estandarte de Cristo. Un día vio un arcoiris y siguió su haz de luz hasta un bosque de tamarugo, donde encontró una cruz cristiana.
Fray Antonio vio en ello una especie de indicio del cielo, una llamada de recuerdo a la Princesa Tirana del Tamarugal. En el lugar edificó una ermita que con el correr del tiempo se convirtió en iglesia. La colocó bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen, pensando en el escapulario carmelita que llevaba Vasco de Almeyda.

Cosmovisión andina en la región de Tarapacá

El investigador Juan Alvarez Ticuna desarrolló un estudio sobre la cosmovisión andina y su impacto en las tradiciones religiosas de la Región de Tarapacá. En ella explica que hace más de 500 años se estableció en nuestra provincia, por presión y reacción, una nueva situación religiosa.
«Los ritos ancestrales que hasta entonces se celebraban con toda libertad, tuvieron que ocultarse bajo el calendario cristiano-romano, para no ser definitivamente erradicados».
De esta manera, la fiesta más importante de los conquistadores -la fiesta patronal- fue reinterpretada y celebrada bajo moldes de la propia cosmovisión indígena, asumiéndola como fiesta también de la comunidad.
«En un mundo globalizado, que tiende a teñirse de homogeneización y universalización, las costumbres de los pueblos rurales luchan por conservarse en la memoria oral y en la responsabilidad social de fabriqueros, mayordomos, alféreces, yatires y ancianos».
Agrega que «no se trata de una empecinada negativa a los cambios que trae consigo la modernidad, sino de afincar el presente y el futuro en la piedra angular del desarrollo de los pueblos milenarios: su pasado y su tradición».
«Esta tradición adopta elementos foráneos y recientes, pero que no claudica en reproducir aquellos patrones que miran al mundo, contemplación que ha permitido sobrevivir culturalmente ya cinco siglos, con perspectivas cada vez más esperanzadoras y humanas».

Fiestas patronales en la Región de Tarapacá

Fiestas patronales

El mundo aymara está repleto de festividades comunitarias que mezclan la tradición originaria con las creencias religiosas cristianas. En el poblado precordillerano de Cariquima, distante a 200 kilómetros al este de Iquique, se desarrolla cada 24 de junio la fiesta patronal de San Juan, el Bautista.
La fe católica establece que el día de San Juan es el 24 de junio, pero en Cariquima lo celebran cinco meses después de esa fecha. Todo el pueblo respeta este extraño cambio de fecha. Sin embargo, nadie sabe cuándo ocurrió. Es una tradición que ha pasado por generaciones. 
Familias enteras viajan desde distintos puntos del país con el objetivo de estar en su tierra durante los días de fiesta.
La fiesta de San Andrés de Pica se desarrolla entre el 20 y 30 de noviembre. Esta celebración patronal es similar a las anteriores descritas. Sus características particulares radican en que se baila el cachimbo piqueño, una variante de esta danza nortina.
Matilla celebra, cada 13 de junio, a San Antonio de Padua. La comunidad saca en andas al santo luego de una semana de actividades y oficios religiosos. Los acompaña una banda de bronce, alertados por los petardos que revientan las personas de mayor edad en el poblado.
En Iquique la fiesta religiosa más llamativa es la de San Pedro, patrono de los pescadores. Cada 29 de junio los pescadores artesanales salen en sus embarcaciones para pasear la imagen del santo por la bahía de Cavancha. Parte de las celebraciones incluyen bailes de la agrupación «Los Morenos de Cavancha» que cada año danzan por las calles de la Península.

Fiestas patronales en la Región de Tarapacá

Fiestas patronales

El mundo aymara está repleto de festividades comunitarias que mezclan la tradición originaria con las creencias religiosas cristianas. En el poblado precordillerano de Cariquima, distante a 200 kilómetros al este de Iquique, se desarrolla cada 24 de junio la fiesta patronal de San Juan, el Bautista.
La fe católica establece que el día de San Juan es el 24 de junio, pero en Cariquima lo celebran cinco meses después de esa fecha. Todo el pueblo respeta este extraño cambio de fecha. Sin embargo, nadie sabe cuándo ocurrió. Es una tradición que ha pasado por generaciones. 
Familias enteras viajan desde distintos puntos del país con el objetivo de estar en su tierra durante los días de fiesta.
La fiesta de San Andrés de Pica se desarrolla entre el 20 y 30 de noviembre. Esta celebración patronal es similar a las anteriores descritas. Sus características particulares radican en que se baila el cachimbo piqueño, una variante de esta danza nortina.
Matilla celebra, cada 13 de junio, a San Antonio de Padua. La comunidad saca en andas al santo luego de una semana de actividades y oficios religiosos. Los acompaña una banda de bronce, alertados por los petardos que revientan las personas de mayor edad en el poblado.
En Iquique la fiesta religiosa más llamativa es la de San Pedro, patrono de los pescadores. Cada 29 de junio los pescadores artesanales salen en sus embarcaciones para pasear la imagen del santo por la bahía de Cavancha. Parte de las celebraciones incluyen bailes de la agrupación «Los Morenos de Cavancha» que cada año danzan por las calles de la Península.