A un año del terremoto

Carreteras

El terremoto del año pasado me pilló en la sala de redacción de La Estrella. Fue día lunes, así que estaba reemplazando al jefe de crónica. La pantalla del computador comenzó a moverse. Primer fue suave y luego hubo un golpe fuerte y comenzó a moverse sólo. Todos se levantaron y quedaron frente a sus computadores. Yo, sabiendo que es mejor quedarse donde uno está, salí hacia el pasillo y me puso bajo de una mampara sin darme cuenta que estaba demasiado cerca de unos ventanales.

Entre levantarme, caminar en medio del movimiento y llegar a la mampara sobraron bastantes segundos para disfrutar del terremoto que parecía no terminaría nunca.

Luego la gente de las otros departamentos del diario comenzó a salir. Nos quedamos unos minutos más y luego nos acordamos del tema del maremoto. Todos se fueron a sus casas. Yo subí caminando hasta la plaza Condell porque al final no podía ir de inmediato al departamento porque está en la primera línea de inundación.

Más tarde llegué al departamento y estaba inundado el estanque del baño de visitas había literalmente quebrado por completo y el agua había salido sin que ningún vecino tuviera la idea de cerrar la llave de paso a pesar de ver que el agua bajaba por la escalera.

A la hora de ocurrido el terremoto comenzamos a trabajar. Recibimos llamadas de los medios de Santiago y comenzamos a juntar a la gente, ir a buscar los datos y saber qué había pasado en realidad.

Mientras la ciudad estaba a oscura, no había radio, un sólo canal de televisión, cortes de agua, cables de electricidad cortados, el acceso a Hospicio colapsado, nosotros estábamos trabajando.

Al día siguiente tomé esta foto en la cuesta de Pachica.

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