Los libros son mejor que la vida misma

Los libros presentan historias estructuradas, donde cada elemento narrativo cumple una función definida y los eventos tienen explicaciones claras. Por ejemplo, la introducción de un mechero amarillo en el relato suele anticipar su relevancia futura. Según Chéjov, la presencia de una pistola en una historia implica que será utilizada posteriormente.

En comparación, la vida real está llena de situaciones y objetos que no siempre encuentran un propósito claro o significado determinado. Estos elementos pueden permanecer dispersos sin un papel concreto en nuestra experiencia cotidiana. La existencia incluye numerosos estímulos, ideas, personas y acciones que pueden llevar a caminos indefinidos, y ello genera incertidumbre ante la que se busca claridad.

Superando Límites: Un Viaje Épico de Fuerza y Determinación en el Gimnasio

El sol estaba apenas asomándose cuando llegué al gimnasio. Sabía que hoy sería un día duro, pero estaba decidido a darlo todo. Empecé con las sentadillas. Había llegado cansado y no esperaba mucho, pero mientras avanzaba en las repeticiones, me di cuenta de que podía más de lo que imaginaba. Aunque me sentía fatigado, decidí hacer otra serie. Apenas la terminé, pero llegué al fallo muscular y eso me hizo perder el miedo a ese punto. Ahora sé que siempre puedo hacer un poco más.

Luego, pasé a las pantorrillas libres. Solo logré hacer tres de las cuatro series programadas. Fue frustrante, y me di cuenta de que necesito enfocarme más para completar todas las series. Me prometí a mí mismo que la próxima vez no me daría por vencido.

El hip thrust fue un desafío diferente. Sentí el peso, pero pude hacer todas las repeticiones con buena técnica. Sentí el trabajo en mis glúteos y eso me dio una sensación de logro. Estoy mejorando en este ejercicio, y eso me motiva a seguir adelante.

Finalmente, las pantorrillas en máquina. Sentí cómo el músculo se iba fatigando y las repeticiones se volvían lentas y con un rango más pequeño. Pero, a pesar de eso, sentí que hice el ejercicio correctamente. Fue una sensación satisfactoria ver que mi esfuerzo estaba dando frutos.

Cada uno de estos ejercicios me enseñó algo valioso. Descubrí que puedo superar mis límites, que necesito enfocarme más para completar mis objetivos, y que la buena técnica es clave para maximizar los resultados. También aprendí a escuchar a mi cuerpo y a no tener miedo de llegar al fallo. Cada día es una oportunidad para crecer y mejorar, y estoy decidido a seguir adelante.

Todos los domingos se escucha la flauta de pan de cañas, proveniente de aquel hombre que jamás se alcanza. La velocidad de sus dos ruedas deja el deseo de alguna vez enfrentarlo con los cuchillos empuñados y hambrientos. Hemos estado atentos como familia, pero él cruza las calles en diferentes direcciones, entre Thompson y Ramírez. Mientras se acumulan frágiles filos desde la ventana del tercer piso, nos deja las ganas de volar y atraparlo. Dicen que es el único de la ciudad. Desconocemos su rostro. Sólo sabemos que es nombrado como el afilador de cuchillos, el inalcanzable.

FRANKIE EN IQUIQUE, Juan José Podestá Barnao, 33 años, Iquique

Las enseñanzas del alfabeto generaban en él, apenas, un rasguño de curiosidad. Aun a su edad, mantenía la viveza del que nace ajeno al ritmo de lo urbano. Para quien de muy joven fue arrastrado a las faenas, el tiempo arrebató, poco a poco, los apremios de la visión. Su casa regularmente pintada viene cada día a mal traer. Sobre su mesa se cuentan más de 12 cartas de desalojo. Él, tambaleante, algo ebrio de consuelo, es quien recibe limosna como invidente en calle Vivar. A veces, cuando las personas se marchan, se inclina a contar el monto reunido.

“ASTUCIA CIEGA”, Ricardo Liberona Alvarado, 16 años, Iquique

Las enseñanzas del alfabeto generaban en él, apenas, un rasguño de curiosidad. Aun a su edad, mantenía la viveza del que nace ajeno al ritmo de lo urbano. Para quien de muy joven fue arrastrado a las faenas, el tiempo arrebató, poco a poco, los apremios de la visión. Su casa regularmente pintada viene cada día a mal traer. Sobre su mesa se cuentan más de 12 cartas de desalojo. Él, tambaleante, algo ebrio de consuelo, es quien recibe limosna como invidente en calle Vivar. A veces, cuando las personas se marchan, se inclina a contar el monto reunido.

«ASTUCIA CIEGA», Ricardo Liberona Alvarado, 16 años, Iquique