Donde estabas hace seis años?

Hace seis años estaba en la playa. Regresé a la casa y ya tenía comprados los tickets para un viaje al extranjero. Estaba cotizando hoteles. Había reservado varios lugares para conocer. Buscando qué ropa llevar.
Preparando la salida del fin de semana, un paseo por la playa. Mis padres llegarían a visitarme en pocos días.

Todo perfecto.

Justo en ese momento apareció el virus del COVID y todo lo agendado, con varios meses o semanas de preparación, desapareció. Encerrado.

Ahora, seis años después, te das cuenta que nada es permanente. Que los planes son buenos pero no son definitivos. Que no todo es «voluntad» y que la vida puede cambiar tan rápido.

Adaptarnos y entender que nada es tan terrible o nada es tan perfecto. Y que al final es la vida así. Lo importante es aprovechar los días, no perderlos en cosas sin sentido.

Las redes sociales son ese sinsentido. Adictivas como TikTok con sus videos infinitos que nos consumen tiempo, memoria y energía.

¿Dónde estabas hace seis años? ¿Haciendo algo bueno o bonito, o perdiendo memoria con alguna red social?

Libros pendientes: mi guía para elegir qué leer ahora

Sugerencia de escritura del día
¿Qué libros te gustaría leer?

Son libros que llevo tiempo dejando pendientes. Son libros que les debo un espacio en mi tiempo.

Entre ellos tengo Moby Dick y otros clásicos que siempre he querido experimentar en su forma original. También está El conde de Montecristo, una novela que me intriga especialmente por todas las versiones cinematográficas que existen. Siempre me pregunto si alguna se acerca realmente al espíritu del libro. Para resolverlo, solo hay un camino: leerlo.

Otro libro que tengo en espera es Orgullo y prejuicio. Después de ver varias adaptaciones, tengo curiosidad por descubrir qué matices y emociones ofrece el texto original de Jane Austen que no aparecen en pantalla.

También tengo pendiente la biografía de Bill Gates. Me interesa entender qué factores marcaron su infancia y su camino hacia el éxito. Me pregunto qué decisiones, circunstancias o hábitos hicieron que su historia fuese tan distinta de la de tantas otras personas con aspiraciones parecidas.

Y cuando quiero avanzar sin prisa, recurro a la antología de cuentos de Isaac Asimov, que leo poco a poco. Cuando la lectura principal se vuelve densa, tomo uno de sus relatos para despejarme. Me gusta porque en esos cuentos se ve la semilla de muchas de sus grandes obras: pequeñas ideas que luego evolucionaron en historias enormes.

Al final, elegir qué leer es un acto personal y sencillo. Y una lista de «querer leer» se vuelve a una lista de «libros pendientes».