Sobre el pensamiento positivo

Mark Manson publicó esta idea sobre el pensamiento positivo. Siempre lo ha criticado, construyó toda una teoría en su contra y luego se da cuenta de que el pensamiento positivo no es tan malo, sino que es una herramienta más para usar, para avanzar, para salir del estancamiento y seguir adelante. Buena idea:

Y después de pensarlo, adopté una postura que me convence: pensar en positivo mientras estás sentado en el sofá viendo vídeos de gatos no sirve de nada.

De hecho, probablemente solo te mantiene más tiempo en ese sofá.

Pero el pensamiento positivo en medio de una lucha, cuando todo en ti quiere dejarlo? Ahí es cuando puede marcar la diferencia entre seguir adelante y rendirse.

Resulta que el pensamiento positivo es como cualquier herramienta.

Un martillo no sirve para cortar madera, pero eso no significa que los martillos sean una tontería.

Mark Manson

Redes sociales: del experimento fallido al agujero negro donde perdemos la atención

Hace unos días revisé el artículo “Redes sociales: un experimento fallido que deberíamos haber clausurado hace años”, publicado por Enrique Dans en su blog personal. No era la primera vez que escuchaba críticas a las plataformas sociales.

Dans sostiene que aquello que nació envuelto en la promesa de conectar personas se ha convertido en una maquinaria gigantesca de vigilancia, manipulación y ruido.

Y tiene sentido. Llevo tiempo sintiendo que las redes sociales —todas, sin excepción— han mutado en algo que no sé si quiero seguir teniendo tan cerca. Quizá el ejemplo más claro sea el formato Reels, omnipresente en cualquier plataforma que uno abra. Y, cuando me doy cuenta, llevo quince minutos desplazando el dedo hacia arriba sin recordar ni una sola cosa que he visto.

Empiezo a pensar en los Reels como un auténtico agujero negro del tiempo: lo absorben todo. Mi foco, mi intención, mis ganas de estar presente. Es una corriente continua de estímulos que no pesan, no duran y no aportan, pero que consumen más energía mental de la que parecen.

Lo inquietante es que esta dinámica encaja con lo que Dans denuncia: plataformas diseñadas no para informarnos ni conectarnos, sino para mantenernos atrapados en un flujo infinito de microcontenidos que no significan nada, pero que nos cuestan muchísimo: Tiempo, atención, claridad mental. Todo eso que, paradójicamente, hoy vale más que nunca.

Tal vez no estemos ante un simple problema de hábitos. Quizá, como apunta Dans, llevamos años atrapados en un experimento fallido que seguimos alimentando por inercia.

Lectura y transformación: por qué leer aún importa

Leer únicamente para obtener información ya no tiene sentido. Hoy esa información está disponible en múltiples formatos —vídeos, artículos breves, hilos, podcasts— y suele llegar incluso más rápido y más simplificada que en un libro. Pero leer es otra cosa. Es un proceso más profundo, casi existencial, en el que al llegar a la última página no solo sabemos algo nuevo: somos alguien distinto.

Cuando un libro es bueno, no solo te transmite datos, sino que te transforma. Te ayuda a mirar el mundo con otros ojos, a comprender mejor a los demás, a empatizar con realidades que no son la tuya y a reconocer lo pequeños que somos frente a la inmensidad del conocimiento humano. La lectura ensancha la mirada, abre mundos y, poco a poco, nos hace mejores personas.

Por eso leer sigue teniendo sentido, incluso más que nunca. No por la información, sino por la transformación.

Robots e Imperio: Inteligencia Artificial y Futuro Humano

¿Puede la inteligencia artificial cambiar el destino de la humanidad? Robots e Imperio, de Isaac Asimov, explora esta idea en un relato que mezcla ciencia, filosofía y poder.

La primera mitad del libro parece dispersa, sin un protagonista claro. Pero todo cobra sentido en la segunda parte: los robots, con un perfil bajo, administran la humanidad para garantizar su supervivencia. Su objetivo no es individual, sino colectivo: crear un imperio que asegure el futuro.

Asimov plantea algo fascinante: ¿qué pasa cuando una inteligencia superior toma decisiones más allá de los intereses personales? Hoy, la IA identifica patrones invisibles para nosotros y abre caminos nuevos. En la novela, los robots hacen lo mismo, pero con un propósito que trasciende la vida individual.

Otro punto clave es la evolución humana. Asimov imagina dos ramas: los humanos terrestres y los espaciales, con estilos de vida y valores distintos. ¿Podría la vida fuera de la Tierra generar una nueva especie, como ocurrió con el Homo sapiens? Las condiciones del entorno siempre han definido la evolución.

Este libro no solo entretiene: invita a reflexionar sobre el papel de la tecnología, la sociedad y nuestra capacidad de adaptarnos. Un futuro que parece lejano, pero no imposible.