Bailes de La Tirana

La gran variedad de colores, ritmos y coreografías es sin duda una de las principales características de esta festividad, donde cada baile expresa de manera distinta su devoción a la Virgen .


Los Chinos

Este baile tiene raíces post hispánicas y fue traído desde el Santuario de Andacollo. Aparece en La Tirana en 1907.
El baile chino posee una jerarquía especial, ya que ellos sacan a la Virgen en procesión. La tradición se impuso a fines del siglo XIX cuando Tarapacá estaba en pleno proceso de chilenización. El Baile Chino era reconocido como una institución antigua que nació en Andacollo, es decir, eminentemente chileno.



Los Chunchos

El baile representan a los indígenas de la vertiente oriental de Los Andes con una estructura que nace en Bolivia y data de 1848.
Hoy es el único baile del tipo tradicional selvático. Anteriormente estaban los Tobas, Callaguayas, Cambas, Chirihuanos y Llameros, los que asistieron a la construcción del nuevo templo de La Tirana.
Describen bailes en círculos, con pasos y saltos largos, realizan inclinaciones quedando en cuclillas y vuelven a incorporarse. Estos bailes se acompañan de una lanza de madera que lleva un fino alambre o elástico a lo largo de ella, el que hacen sonar al tirarlo y soltarlo. 


Los Morenos

Aparecen en La Tirana durante los años 30 cuyo origen está ligado a los bailes negros africanos traídos a América.
Utilizan la matraca para acompañar el baile. A partir de 1930 hubo notorios cambios en cuanto a la creatividad de la danza. Nacieron variantes al Baile Moreno tradicional. Así nacieron los hindúes, Alí Babá y Arabes que se difundieron por las oficinas salitreras.


Las Kullacas


Bailan danzas incaicas exclusivamente femeninas, asociadas a los bailes ceremoniales al sol y también a los pastores aymaras.
En lengua aymara, Kullacas significa «hermana mayor». Pertenecen al grupo de bailes pastoriles agrarios y es el único en su categoría que perdura hasta hoy.
Este baile utiliza un poste en el centro de la pista, del que se descuelgan múltiples cintas de colores, las que van trenzando a medida que bailan.


Los Gitanos


Este baile surgió después de 1930. Imitan a agrupaciones de gitanos. Para ello utilizan trajes coloridos, pañueños y panderos. Bailan con movimientos rápidos en rueda y girando sobre sí mismos. Se estima que el juego de pañuelos que realizan al bailar fue asimilado de los bailes moreno, que antiguamente lo utilizaban.


Sambos caporales

Es una danza de raíces coloniales, bolivianas y afroportuguesa. Se caracteriza como un baile que satiriza a los capataces de las plantaciones de azúcar. Por eso llevan un látigo, grandes botas y sombrero ancho con uno de sus costado doblado hacia arriba. También utilizan pitos que soplan al ir marcando sus pasos. Las damas describen movimientos mas suaves y pegados al suelo.

Las Diabladas

Nacen en el santuario en 1957, cuando don Gregorio Ordenes agrupa a los «diablos sueltos» y funda la primera diablada.  


Los Antawara

Está basado en una danza ritual inca de culto al sol. Es un baile que realiza armoniosos movimientos de brazos y manos dirigidos hacia el cielo. Con pasos y saltos describen ágiles desplazamientos. Baila un personaje con un tocado de plumas en la cabeza. Es una estructura de alambres que se va ensanchando hacia arriba.

 

Bailes religiosos en La Tirana

Iglesia y Bailes

Durante 1920 y 1930 comienzan las dificultades entre los bailes y la jerarquía eclesiástica. «Los obispos, como el Cardenal Caro, no veían con buenos ojos la presencia de estas danzas por considerarlas paganas, hechos que son corroborados por la prensa de la época que afirma que quienes participan en este tipo de expresiones en su mayoría son lo peor de las salitreras», señala el rector de La Tirana, indicando que existían muchos escándalos por los robos y borracheras que se producían durante la festividad.
Estos problemas llegaron a su máxima expresión cuando empezaron a celebrarse dos fiestas. La primera amparada por la iglesia católica dentro del templo a puertas cerradas y la segunda efectuada por los danzantes en la explanada de la iglesia, los que debían bailar ahí ya que tenían prohibido su ingreso al recinto religioso.
Con la llegada de los padres Oblatos en los años cuarenta se inicia un proceso de diálogo e integración entre la iglesia y los bailes religiosos.


Ritual Moderno

Los años 50 y 60, según el padre Marcos, se caracterizan por la progresiva organización de los bailes. «Durante estos años los danzantes que venían en grupos comenzaron a reordenar su estructura. Así el 2 de julio de 1965, con la ayuda de monseñor José del Carmen Valle, se funda la primera Federación de Bailes Religiosos de La Tirana que muestra la apertura de los Obispos del Norte propiciada por el Papa Juan XXIII en el Concilio Vaticano Segundo».

A partir de ese momento comienza la asesoría de la iglesia a los bailes con la ayuda algunos religiosos jesuitas como Miguel Olavarría, José Vidal, Ramiro Avalos, Ramón Salas, José Donoso, Javier García y monseñor Carlos Oviedo Cavada.
De esta manera durante más de dos décadas en la fiesta de La Tirana, se observa el incremento en el número de peregrinos y organizaciones, las que en la década de los 50 alcanzaban a 4.800 personas y en la actualidad superan ya los 15 mil bailarines.

La consolidación de La Tirana como centro religioso y de peregrinaje

Tres etapas

Según los historiadores el Santuario de la Tirana desde su creación hasta hoy ha pasado por tres etapas.
El período andino, que va desde el siglo XV al XIX, la etapa pampina que se desarrollo desde el siglo XIX hasta la mitad del siglo XX y la era contemporánea o moderna que surge a partir de 1950 y se extiende hasta nuestros días.
La leyenda de La Tirana se mezcla con los antecedentes históricos. Algunos investigadores señalan que es muy posible que durante la época de la Conquista, La Tirana haya sido un Santuario precolombino aymara. En tanto que la leyenda de la Ñusta es una expresión más de lo que estaba sucediendo en América, donde se efectuaba una simbiosis entre la cultura indígena y los conquistadores.
Según el Padre Marcos Ordenes, actual rector del Santuario y asesor general de los bailes religiosos, existen pocos antecedentes históricos  que puedan comprobar la veracidad o falsedad de la leyenda de la princesa y de Vasco de Almeyda.
«Sin embargo no cabe duda que ésta se ubica históricamente también en el siglo XVI, época en que la evangelización hispánica intentaba reemplazar las festividades andinas con las propias».

Primer Templo

Según explica el padre Ordenes en los dos siglos siguientes se desarrolló un progresivo culto andino donde los conquistadores hicieron patente su influencia con danzas rituales en una ermita o templo dedicado a la Virgen, ese recinto fue considerado como el primer templo de La Tirana.
Pero la figura de Señora del Carmen viene a cobrar importancia entre los indígenas no tanto por la fe católica, profundamente mariana, sino por elementos que la vinculaban con la madre Tierra o «Pachamama» presente en la cosmovisión indígena.
A fines del siglo XVIII la devoción hacia la «Reina del Tamarugal» aumenta y comienza a construirse en su honor el segundo templo de adobe.

Ritual Pampino

La presencia del hombre pampino del Norte Grande a partir del 1900 encuentra en esta devoción tan particular una nueva forma de expresión de sus creencias y comienza a hacerla suya.
Los pampinos empiezan entonces a bailar incorporando sus propias danzas, desolazando el culto aymara predominante hasta ese momento.
En 1866, producto de un incendio, se produce la destrucción del segundo templo, iniciándose desde ese momento la recolección de materiales por todas las oficinas salitreras.
Seis años más tarde se inicia la construcción del actual templo que parará sus obras debido al comienzo de la Guerra del Pacífico, concluyéndolas sólo en 1886.
«Si observamos las dimensiones de esta iglesia, la época que fue construida y la cantidad de personas que habitaban el pueblo de La Tirana, es innegable la importancia que había adquirido este lugar sagrado para los pampinos que habían colaborado en su edificación», precisa el rector del Santuario.
Concluida la construcción del templo el liderazgo de la gente de la pampa dentro de la festividad fue evidente y comenzaron a formarse las primeras cofradías religiosas. Los bailes más antiguos, como se conocen en la actualidad, fueron el «Chino» y el de «Los pastores de la abuela Elcira».
Con el correr del tiempo se fueron estructurando más organizaciones religiosas y la gente llegaba al Santuario desde las distintas oficinas salitreras en carretas, en tren o a pie dándole mayor fama a esta festividad.
Posteriormente, con la crisis salitrera, los pampinos emigran a las ciudades y transmiten su devoción por la Virgen a toda la zona norte.

La leyenda de La Tirana

La Reina del Tamarugal

En la Tirana, un pequeño pueblo situado a 72 kilómetros al suroeste de Iquique, se efectúa cada 16 de julio la fiesta religiosa más importante de la zona norte.
Ese día y durante la semana que precede, el santuario cuadriplica su población con la llegada de peregrinos y bailes religiosos que se congregan para rendir homenaje a la Virgen del Carmen, la «Chinita», la Reina del Tamarugal, Patrona de Chile, Madre de Dios y protectora de los creyentes.
El día de fiesta se lleva a cabo una multitudinaria misa en la explanada del Santuario que es coronado con fuegos artificiales y la participación de 5 mil danzantes que integran los 120 bailes religiosos que honran a la Reina de la Pampa del Tamarugal.
El Santuario de La Tirana está actualmente en proceso de remodelación. El gobierno entregó 90 millones de pesos para llevar adelante el proyecto que incluye la ampliación de dos naves laterales, el recambio de los pilares y el mejoramiento general del edificio. La idea es lograr, a mediano plazo, que la Santa Sede conceda la categoría de Basílica al templo.

Leyenda de La Tirana     

En 1535 Diego de Almagro salió del Cuzco para conquistar Chile. Lo acompañaron alrededor de 50 españoles y diez mil indios peruanos. En esta comitiva iban dos personajes importantes: Paullo Tupac, príncipe de la familia de los incas y Huillac Huma, último sacerdote del extinguido culto al dios sol. Ambos eran tratados en forma deferente por los españoles que los consideraron por su elevada jerarquía. Estaban destinados a pagar con la vida si se producía una rebelión entre los indios de la expedición.
Secretamente vinieron algunos wilkas o capitanes experimentados de los antiguos ejércitos imperiales incas. También llegó un grupo de sacerdotes, quienes bajo su aparente humildad y sumisión esperaban sólo el momento oportuno para vengarse.
Acompañaba a Huillac Huma, su hija la Ñusta. En sus venas tenía sangre de los incas soberanos del Tahuantiusyo. Huillac Huma escapó de los españoles hacia Calama. Sus planes eran fomentar una rebelión. La Ñusta con un grupo de incas los alcanzó más tarde en Pica, desde donde huyó seguida de un centenar de wilkas hacia la Pampa del Tamarugal. Los incas apodaron a esta región Tarapacá, que significa escondite o boscaje impenetrable.

Su reinado 

Durante cuatro años la Ñusta, rodeada de sus fieles y valientes wilcas, fue la reina y señora de esos lugares. Con inteligencia organizó sus huestes y convirtió esos bosques en un baluarte inexpugnable, regido por la férrea mano de la bella princesa, que pasó a llamarse «La Tirana del Tamarugal».
Las tribus vecinas y las muy remotas vieron en la bella princesa la capitana viviente de sus ideales. La apoyaron en su airada protesta contra la dominación extranjera y rechazaron con fuerza la doctrina del cristianismo. 
De todos los rincones acudieron a rendirle pleitesía y a jurarle lealtad. Los indios valerosos hicieron una guerra sin cuartel que tenía una regla invariable: dar muerte a todo español o indio bautizado que cayese en su poder.

La pasión

Un día las huestes de la Tirana atacaron en las inmediaciones de la selva a un grupo enemigo y capturaron algunos prisioneros. Así fue como llevaron a su presencia a uno de los extranjeros. Cuando lo interrogó, muy altivo dijo llamarse Vasco de Almeyda y pertenecer a un grupo de mineros portugueses establecidos en Huantajaya, añadiendo que se había internado en la comarca en busca de la «Mina del Sol», cuya existencia le había revelado un cacique amigo.
El corazón de la Ñusta, tan implacable, comenzó a latir con prisa. Lamentablemente para la princesa, los wilkas y los ancianos de la tribu, acordaron la aplicación de la pena de muerte para el prisionero. El corazón de la princesa, que hasta ahora no había conocido vacilación, se estremeció de pena al escuchar la cruel sentencia. El estoico desdén ante la pena de muerte que demostró el noble y gallardo prisionero la indujeron a amarlo con desesperación. Entonces comenzó a pensar en cómo librarlo de su ejecución.
Después de pensar la noche entera la princesa encontró una fórmula para salvar a su amado. En su carácter de sacerdotisa fingió consultar los astros del cielo e interrogar a los ídolos, tutelares de la tribu. Después de meditar, reunió a su tribu y dijo que la ejecución del prisionero debía retardarse hasta el término del cuarto plenilunio.
Los cuatro meses siguientes fueron de descenso para los guerreros del Tamarugal. La princesa no repitió durante ese período las correrías asoladoras que eran el espanto de los colonos de Pica y Huantajaya. Ella ya tenía otro objetivo: quería vivir por su amor.


El Bautismo

Según la leyenda, los diálogos de la pareja se prolongaban de sol a sol. La princesa le preguntó al portugués:
-Y de ser cristiana y morir como tal ¿renaceré en la vida del más allá y mi alma vivirá unida a la tuya por siempre jamás?
– Así es, amada mía. Contestó Almeyda.
– Estas seguro de ello, ¿verdaderamente seguro?
– Me mandan creerlo mi Dios y mi religión, que son la fuente de toda verdad.
En un rapto impetuoso la Ñusta pronunció las palabras que serían su perdición. 
– Entonces bautízame, quiero ser cristiana, quiero ser tuya en ésta y en la otra vida.
Almeyda cogió agua vertiéndola sobre la cabeza de la amada y pronunció las palabras sacramentales:
– Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu…
No pudo terminar la frase, porque los wilkas que los vigilaban no pudieron resistir esa traición y en una airada reacción dispararon flechas sobre ellos.
Ambos cayeron abatidos como tronchados por un huracán. La Ñusta, herida de muerte, sobreponiéndose a sus intolerables dolores, llamó a su alrededor a los wilkas, a los sacerdotes y al pueblo con voz entrecortada.
– Muero contenta, muero feliz, segura como estoy, como creyente en Jesucristo, en que mi alma inmortal ascenderá a la gloria y llegaré al trono de Dios, junto a quien estará mi amado, con quien viviré toda una eternidad. Sólo les pido que después de mi muerte coloquen una cruz en mi sepultura y al lado de la de mi amado.


Consagración

Entre 1540 y 1550, fray Antonio Rondon, de la Real Orden Mercedaria, evangelizador de Tarapacá y Pica, llegó al Tamarugal para levantar el estandarte de Cristo. Un día vio un arcoiris y siguió su haz de luz hasta un bosque de tamarugo, donde encontró una cruz cristiana.
Fray Antonio vio en ello una especie de indicio del cielo, una llamada de recuerdo a la Princesa Tirana del Tamarugal. En el lugar edificó una ermita que con el correr del tiempo se convirtió en iglesia. La colocó bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen, pensando en el escapulario carmelita que llevaba Vasco de Almeyda.

Domingo 19 de noviembre de 2006.- El Papa Benedicto XVI nombró a monseñor Marco Antonio Ordenes como nuevo Obispo de Iquique. La ceremonia de asunción se realizó en el Santuario de La Tirana ante la presencia de 2.000 fieles, el cardenal Francisco Javier Errázuriz y los  obispos Javier Prado y Juan Barros Madrid.