CAMPEONES DE IQUIQUE

A los nombres de los míticos “Tani” Loayza, Arturo Godoy y Eduardo “Maravilla” Prieto se suman en la gran historia del boxeo los nombres de los monarcas sudamericanos amateur y profesional Humberto Loayza y sus hermanos Mario y Rubén; Edilberto Olivencia (primer campeón de Chile en 1927), Francisco Bahamondes, Marcos Cerda, José “car’e guagua” Castro, Oscar Francino, Bernardo León, Mario Gárate, Manuel Castillo, Guillermo Cisternas, Joaquín Cubillos, Jaime Silva, Jorge Prieto, Humberto Sepúlveda, padre e hijo, el trágicamente desaparecido Rubén Godoy, entre otros. La primera estrella nacional del básquetbol se consiguió en 1932. En 1941 y 1942 Iquique logró el bicampeonato de básquetbol nacional, con los nombres de los históricos Freddy Wood, Manuel Ledesma, Mario Bonta, Augusto Chang, José Bocic, Arturo Cruzat, Gregorio Hammen, Juan Gallo, Raúl Salinas y Arturo Chía. En 1948 siete iquiqueños dan nuevamente fama a la “Tierra de Campeones” al integrar la selección nacional para las olimpiadas de Londres, donde jugaron Ledezma, Juan Ostoic, Mitrovic, Gallo, Eduardo Cordero, Machiolli y Verdugo. Juan Gallo y Eduardo Cordero también defendieron a Chile en el Mundial de 1950 en Brasil. Jugadores destacados fueron el desaparecido Lorenzo “Lolo” Pardo y los hermanos Humberto y Manuel Carrasco.

EL DEPORTE EN IQUIQUE EN LOS AÑOS 30 Y 40

Durante los años 30 y 40 Iquique, debido al cierre de la mayor parte de las salitreras, enfrentó una grave crisis económica que afectó a todos los sectores de la ciudad. Sin embargo, el deporte continuó siendo un pilar inquebrantable de la voluntad de la gente por continuar siendo la Tierra de Campeones. Esta situación excepcional fue destacada por la revista deportiva Estadio el 14 de diciembre de 1944: “Iquique atraviesa por una crisis económica que ha hecho emigrar a lo mejor de su juventud. Pero así y todo sigue dando quehacer y qué decir en el deporte nacional. No se puede desmentir la calidad de sus muchachos y de sus hombres. En este reciente campeonato de boxeo, los cuatro pesos pesados que llegaron a las semifinales son oriundos de las tierras del salitre: Herrera, Garrido, Camus y Rodríguez. Tres de los cuatro finalistas del liviano: León, Francini y Vicuña. Dos del mediano: Rodríguez y Jacques. Uno en la mosca: Castro; y uno en el pluma: Cisternas. Debió haber uno también en el medio pesado: el herrero Araya, que se lesionó y no pudo pelear. Intervinieron 280 púgiles de todo el país. Esa calidad iquiqueña se reflejó igualmente en el reciente campeonato nacional de básquetbol en Valparaíso. En el team de Santiago actuaban dos iquiqueños: Maiochi y Sánchez; en el de Valparaíso: Ledesma y los hermanos Cordero; y en el de la Universidad: Mitrovich, Verdugo y Mathei. No hay que olvidar que el equipo de Iquique ganó el último campeonato nacional de fútbol, y que cabritos iquiqueños acaban de adjudicarse el campeonato nacional de básquetbol escolar. Iquique sigue siendo Tierra de Campeones y sigue también haciéndole propaganda al gran abono blanco”.

Iquique, cuna del béisbol chileno

En medio del auge del ciclo salitrero, un barco de la Línea Maru atracó en las costas de Iquique. Aunque no parece nada extraño considerando el movimiento industrial de una ciudad pujante ante los ojos del mundo, la llegada de esa nave marcaría para siempre la historia del deporte en la ciudad, pues a bordo venía Tatukichi Sakurada Endo, un japonés atraído por la bonanza del norte de Chile y que venía entusiasmado con la práctica de un deporte que era la sensación en los Estados Unidos, Europa y Japón. Sakurada, ya autobautizado como Juan, se dispone a buscar ocho interesados iquiqueños en aprender esta nueva disciplina y es así que en 1931 se forma la primera Asociación de Béisbol en Iquique y en Chile.

Ante la falta de rivales, el equipo de Sakurada sólo podía dividirse para practicar el béisbol, a la espera de la llegada de un barco con norteamericanos u orientales amantes de este deporte.

Muy poco después, la fiebre del béisbol fue contagiada a otras ciudades del norte de nuestro país y comienzan a gestarse los primeros clubes y competencias en Antofagasta, Chuquicamata, Tocopilla y sobre todo Iquique.

Manos hinchadas

Ante la falta de implementación, el propio Sakurada elaboró guantes, bates y pelotas de béisbol, «que obviamente no tenían las medidas ni el peso adecuado y terminábamos con las manos hinchadas», recuerda Luis Guerrero, seleccionado iquiqueño y campeón nacional en 1960.

Se jugaba en un improvisado diamante en la península de Cavancha, donde hoy se ubica el Hotel Chucumata. «Lo hacíamos arriba de las piedras y antes de empezar limpiábamos la cancha. En invierno salía un ojo de mar y nos íbamos a Iquitados».

Para llegar hasta Cavancha, los deportistas debían bajarse de la micro en el sector de las «cinco esquinas», frente al Liceo Politécnico, y caminar por la costa hasta el Sipt, como se conocía a las canchas en la entrada de la península de Cavancha.

Otros japoneses llegaron a Santiago y junto a nicaragüenses, venezolanos y chilenos interesados forman los primeros clubes, uno de los cuales llegaría a Iquique en 1949 para participar en un mini torneo, el primer interciudades del béisbol chileno.

Poco a poco se forman clubes en nuestra ciudad, como Nitch, Cóndor, Sol Naciente, Salvo, Splendid, Blindado, Norteamérica, Deportivo Español y luego Olimpo, Academia de Educación Física, Cardenales de San Martín, Crisol, Iquitados, Remache y Canadá. De ellos saldría la primera novena iquiqueña que se tituló campeona del béisbol en Chile y luego vendría la obtención del primer lugar en Antofagasta en 1956, en 1958 en María Elena y el último en Iquique en 1960. Manuel Loyola y Luis Guerrero son dos de los «héroes» de este último logro.

Ocaso de un deporte

El éxito del béisbol en el norte no sólo se debía a los buenos exponentes de la disciplina, sino que también cumplían un papel fundamental los dirigentes, cuya desaparición -a juicio de los dos ex campeones del 60- provocó una baja en la práctica del deporte. «El béisbol empezó a decaer por la falta de dirigentes interesados y un mal manejo de las asociaciones», enfatiza Guerrero. Los clubes lentamente se desintegraron y la profesionalización de otras disciplinas con mayores seguidores terminó con la práctica masiva del béisbol, aunque Iquique conseguiría importantes logros en las décadas posteriores al «boom» de la actividad, principalmente a través de representantes en los seleccionados nacionales de 1968 y 1975.

Pero los antiguos estandartes de la disciplina, como Luis Guerrero y Manuel Loyola, guardan el orgullo de haber pertenecido a las novenas campeonas de Chile, representando a la ciudad que vio nacer al béisbol en el país.

Santo home-run

Son cientos los deportistas y dirigentes a los cuales el béisbol iquiqueño les debe su historia, pero entre ellos resalta la figura de un sacerdote de los Oblatos de María Inmaculada, el canadiense Marcelo Quirión. Con la fuerza y técnica de su batazo, logró inmemorables hazañas para Iquique. Llegó a nuestra ciudad en 1949 y trajo desde su Sherbrooke natal la magia del mejor béisbol, ese que actualmente sólo puede ser visto por los canales de televisión especializados.

Fue la figura indiscutida del nacional de 1960 en Iquique, junto a Reynoso, Guajardo, Cortés, Loyola (capitán) y Guerrero, quien el mismo año sería convocado a la selección nacional. Quirión antes había resaltado en el vicecampeonato del 57 en Santiago y en el título del 56 en Antofagasta, del que se recuerda el batazo que envió la pelota fuera de la cancha y obligó el término del partido ante la algarabía de los iquiqueños. «Fue la rúbrica final del jugador más brillante del torneo, del que se robó todos los elogios y del que brilló con luz propia de crack dentro y fuera del diamante», escribió en una crónica el gran Homero Avila, Premio Nacional de Periodismo Deportivo.

El padre Quirión vivió por muchos años en la Oficina Victoria y falleció durante el año 2000 en el hospital de los misioneros oblatos de Richelieu, Canadá.