Lo que Stephen King puede enseñar a quienes necesitan comunicar algo

Todos, en algún momento, debemos comunicar una idea. Y para que esa idea esté bien, primero debe ser escrita. Por eso, en el fondo, todos somos escritores.

Stephen King ha vendido más de 350 millones de libros. Pero su libro más valioso puede ser el menos conocido: «On Writing», parte autobiografía, parte manual de escritura, publicado en 2000. Sus lecciones no son solo para novelistas: aplican a cualquier persona que tenga que comunicar algo con claridad y fuerza.

Aquí están sus 13 consejos más importantes, adaptados al contexto del profesional que necesita dar a conocer algo.

  1. Usa el fracaso como combustible. Ningún comunicador nace sabiendo. Los primeros comunicados, artículos y discursos son inevitablemente malos. Quien aprende a ver el rechazo como información —no como sentencia— mejora más rápido que quien lo evita.
  2. Escribe con la puerta cerrada, reescribe con la puerta abierta. El primer borrador es para ti: escribe sin autocensura, sin imaginar al lector, sin el miedo al juicio. La reescritura es para el lector: ahí sí piensas en quién te va a leer.
  3. No adornes el vocabulario sin necesidad. Una palabra simple usada con precisión vale más que diez palabras rebuscadas. El objetivo de la escritura es que se entienda, no que impresione.
  4. Los adverbios son tus enemigos. «Caminó rápidamente» es más débil que «corrió». «Dijo firmemente» es más débil que «declaró». El adverbio suele señalar que el verbo no fue bien elegido.
  5. Los párrafos son mapas de intención. Cada párrafo lleva al lector un paso más adelante. Si un párrafo no avanza la idea, no debería estar ahí.
  6. La verdad incomoda, pero conecta. El texto que evita lo difícil termina diciendo nada. La escritura que se acerca a la verdad —aunque incomode— crea la conexión más duradera con el lector.
  7. Leer mucho es condición necesaria para escribir bien. No hay atajo. Quien no lee no tiene material, no tiene modelos, no tiene oído para el ritmo del lenguaje escrito.
  8. Las mejores historias se descubren, no se inventan. En periodismo esto es especialmente cierto: la historia más poderosa es la que ya ocurrió y solo espera que alguien la encuentre y la cuente.
  9. Clarifica el punto de tu historia antes de reescribir. ¿Qué quieres que el lector piense, sienta o haga después de leer tu texto? Si no puedes responder eso en una frase, el texto todavía no está listo.
  10. El segundo borrador = el primero menos el 10%. Cortar siempre mejora. Lo que te da miedo eliminar suele ser lo que más necesita irse.
  11. No escribas para impresionar: escribe para comunicar. Las notas de prensa, los comunicados, los artículos de opinión que funcionan son los que el lector puede leer sin diccionario ni traductor.
  12. Cada persona debe encontrar su propio ritmo. No existe una hora del día ni un método universal. Existe el método que funciona para ti, que encontrarás solo experimentando.
  13. La lectura en voz alta revela lo que el ojo no ve. Lee tu texto en voz alta antes de publicarlo o de usarlo. Las palabras que tropiezan en la boca tropezarán también en la mente del lector.

Lo que Einstein y Feynman tenían en común (y que puedes aplicar hoy)

Cuando pensamos en genios, tendemos a imaginar mentes que solo piensan en su campo: el físico que solo habla de física, el matemático que solo resuelve ecuaciones. Pero la historia real de las mentes más brillantes del siglo XX cuenta una historia diferente.

Terminé de leer la biografía de Einstein y esto me dejó algunas ideas dando vueltas.

No eran los más inteligentes del salón

Albert Einstein y Richard Feynman tenían algo en común que raramente aparece en sus biografías populares: no eran necesariamente los más brillantes en términos técnicos. Tenían mentores que los superaban en ciertas áreas. Su coeficiente intelectual era extraordinario, pero no era el único factor de su genialidad.

Lo que los diferenciaba era la amplitud deliberada de sus intereses fuera de la física.

Einstein y la música

Einstein tocaba el violín con pasión. No como hobby superficial, sino como práctica seria y regular. Según sus propios relatos, en los momentos en que un problema físico lo tenía bloqueado, se sentaba a tocar y frecuentemente la solución llegaba durante o después de la música.

La razón, hoy comprendida desde la neurociencia, es que los mismos circuitos del cerebro que procesan la estructura musical procesan la estructura matemática. La música era para Einstein una forma de pensar en otro idioma.

Feynman y la curiosidad sin fronteras

Richard Feynman, Premio Nobel de Física en 1965, era conocido por sus excursiones intelectuales fuera de la física: tocaba los tambores de bongo en bares de jazz de Albuquerque, aprendía a abrir cajas de seguridad solo por el placer del problema, estudiaba hipnosis, analizaba cómo funcionaban los sueños y dibujaba desnudos en una galería de arte de Pasadena.

Feynman creía que esos intereses cruzados le ayudaban a formar analogías, a unir conceptos de campos distintos y a encontrar intersecciones donde otros no veían conexión.

La encrucijada como método

Lo que Einstein y Feynman practicaban inconscientemente hoy se estudia en la ciencia de la creatividad como «intersección de dominios«: la capacidad de tomar una idea de un campo y aplicarla a otro.

Las innovaciones más importantes de la historia raramente vienen de dentro de un campo. Vienen de los márgenes, de los bordes donde una disciplina toca a otra. Darwin aplicó economía a la biología. Steve Jobs aplicó caligrafía al diseño de tipografías de computadores.

Cómo aplicarlo

No necesitas ser Einstein. El principio funciona a cualquier escala. Si trabajas en comunicaciones, aprender sobre psicología cognitiva te hará mejor comunicador. Si trabajas en gestión, estudiar historia te dará perspectiva que los análisis de coyuntura no pueden dar.

La pregunta práctica para hoy es: ¿qué campo completamente diferente al tuyo podrías explorar este mes? No para hacerte experto, sino para que tus dos mundos se hablen.

Así surgen grandes ideas.

Los libros ofrecen lo que las pantallas no pueden darte

Un tweet te da la conclusión. Un libro te hace recorrer el camino. Y esa diferencia lo cambia todo.

Hay una pregunta que me ronda hace tiempo: ¿por qué veo 30 minutos de videos en TikTok me siento como si perdí tiempo, pero cuando termino de leer cien páginas me siento bien?

La respuesta, creo, tiene que ver con el tipo de atención que cada cosa exige. Las redes sociales capturan tu atención. Los libros la entrenan.

La trampa de consumir sin procesar

TikTok, Instagram, los noticieros digitales: todos están diseñados para que consumas sin detenerte. Un video termina y otro empieza solo. No tienes que decidir nada. No tienes que esforzarte. Y ahí está el problema.

Un libro funciona al revés. Exige que decidas abrirlo, que elijas quedarte, que infieras, que imagines lo que el autor no te dice directamente. Esa fricción no es un defecto: es el entrenamiento.

“Leer también invita a la imaginación, a inferir información, a desarrollar ideas y a contrastar opiniones. Es una manera de desarrollar la capacidad para comprender ideas más extensas que un tweet o un video que dura solo 24 horas en Instagram.”

— De los archivos de Cápsulas.blog

Cómo superar los pensamientos negativos

Los pensamientos negativos son esas ideas que nos hacen sentir mal, que nos limitan, que nos hacen anticipar lo peor, que nos hacen dudar de nosotros mismos y que nos alejan de nuestros objetivos. Son pensamientos que no se basan en la realidad, sino en nuestra interpretación distorsionada de la misma, y que nos generan emociones negativas como el miedo, la ansiedad, la tristeza, la culpa o la ira.

El problema de los pensamientos negativos es muy común en la sociedad actual, donde se piensa más de lo que se actúa, y se reflexiona demasiado antes de hacer las cosas.

Los pensamientos negativos son normales y todos los tenemos en algún momento, pero cuando se vuelven recurrentes, automáticos, inflexibles y absolutistas, pueden afectar seriamente a nuestra salud mental, provocando problemas como el estrés, la depresión, la baja autoestima, la fobia, el pánico o el trastorno obsesivo-compulsivo.

¿Qué podemos hacer para combatir los pensamientos negativos y liberarnos de la carga que suponen?

En uno de los capítulos del podcast «Entiende tu mente” se centró en el tema de los pensamientos negativos, y ofreció algunas sugerencias prácticas para romper el ciclo negativo y pedir ayuda si es necesario.

Estas son algunas de las ideas principales que se extrajeron del podcast:

  • Los pensamientos negativos son una forma de anticipar eventos negativos que no tienen por qué ocurrir, y que limitan nuestra capacidad de acción y nuestra autoestima.
  • El problema de los pensamientos negativos es muy común en la sociedad actual, donde se piensa más de lo que se actúa, y se reflexiona demasiado antes de hacer las cosas.
  • La solución para los pensamientos negativos no es intentar cambiarlos por pensamientos positivos, sino dejar de pensar en ellos, y enfocarse en la acción y en el presente.
  • Para dejar de pensar en los pensamientos negativos, se pueden usar técnicas como la parada de pensamiento, que consiste en interrumpir el flujo de pensamientos negativos con una palabra o un gesto, y sustituirlos por una actividad que nos distraiga o nos motive.
  • Es importante tener la percepción de que la anticipación negativa es inútil, y que no podemos controlar el futuro, sino solo el presente.
  • Se recomienda crear un cuaderno para apuntar el contexto, el momento, las sensaciones, y todo lo que nos pasa cuando tenemos pensamientos negativos, y contrarrestarlos diciendo en voz alta que no van a pasar, y que no son ciertos.
  • Se reconoce que no es fácil dejar de pensar en lo negativo, y que a veces se necesita la ayuda de buenos terapeutas que nos puedan ayudar a romper el hábito y a superar el sufrimiento que nos causan los pensamientos negativos.
  • Es importante tener la percepción de que la anticipación negativa es inútil, y que no podemos controlar el futuro, sino solo el presente.

En resumen, podemos enfrentar las ideas negativas

Los pensamientos negativos son una forma de anticipar eventos negativos que no tienen por qué ocurrir, y que limitan nuestra capacidad de acción y nuestra autoestima. Este problema es muy común en la sociedad actual, donde se piensa más de lo que se actúa, y se reflexiona demasiado antes de hacer las cosas. La solución para los pensamientos negativos no es intentar cambiarlos por pensamientos positivos, sino dejar de pensar en ellos, y enfocarse en la acción y en el presente. Para ello, se pueden usar técnicas como la parada de pensamiento, que consiste en interrumpir el flujo de pensamientos negativos con una palabra o un gesto, y sustituirlos por una actividad que nos distraiga o nos motive. Es importante tener la percepción de que la anticipación negativa es inútil, y que no podemos controlar el futuro, sino solo el presente.