El Sistema Shanks

El ingeniero químico James T. Humberstone fue uno de los industriales del salitre que influyó fuertemente en la vida pampina y mejoró el método de procesamiento del mineral.
Humbersone, pasó a los libros de historia como Santiago Humberstone.
Este científico adoptó a las industrias del nitrato el sistema de elaboración denominado «shanks» que se empleaba en Inglaterra para la elaboración de soda.
El sistema consistía en la disolución del caliche en bateas de doble fondo calentadas a vapor con temperaturas más alta de lo que habitualmente utilizaban. El otro cambio sustancial fue el traslado de las «aguas madres» o «residuales» para el aprovechamiento de caliche con leyes de hasta el 13 por ciento. Esto, en definitiva,  evitó perder material que anteriormente quedaba depositado en los ripios.
La oficina San Antonio, en 1877; Agua Santa en 1878; y Tres Marías, en 1881, fueron las primeras en practicar esta metodología. En cada una de ellas, el propio Humberstone asistió a la instalación de los equipos.
Con tan sólo 25 años, este inglés logró la confianza de uno de los industriales salitreros más poderosos de Tarapacá y Atacama, John Thomas North, quien lo empleó como administrador de varias oficinas en 1892. Luego Humberstone fue nombrado administrador general de la Corporación de Salitres y Ferrocarril de Agua Santa. Durante 34 años trabajó como ejecutivo de esta salitrera. Introdujo el petróleo como fuente de energía, el generador diesel y filtros para maquinarias.
Al acogerse a retiro, la compañía de Salitres de Tarapacá y Antofagasta rebautizó a la antigua salitrera La Palma como Santiago Humberstone.
A la ceremonia de cambio de nombre no asistió el homenajeado. Su complicado estado de salud le impidió visitar a la remodelada oficina Santiago Humberstone.
Humberstone vivió sus últimos días en Iquique. Falleció en 1929 a la edad 89 años.

Los Changos en el norte de Chile

Los Changos

En las primeras expediciones de los españoles en el norte de Chile encontraron en la zona costera a grupos de aborígenes que vivían en pequeñas comunidades y que mantenían una vida sencilla en comparación con las etnias de las quebradas del interior.
A este grupo de pescadores y recolectores, descendientes directos de la milenaria cultura Chinchorro, los españoles les denominaron Changos.
Los Changos existían desde el sur de Perú hasta la rivera del Aconcagua, sin embargo, existen registros del siglo XIX que los ubican hasta la desembocadura del río Maule. Estos pescadores eran de espaldas anchas. Los hombres medían 1,60 centímetros y las mujeres 1,45 centímetros.
Aparte de la pesca en alta mar, gracias a sus balsas de cuero de lobo marino inflado y la recolección de mariscos en el litoral, los Changos a principios de nuestra era iniciaron la extracción de guano conociendo sus bondades como fertilizante. Intercambiaban este producto con los poblados del interior, cuyos cultivos lo requerían.
Las influencias de los poblados del interior y su herencia Chinchorro fue patente en la cultura de los Changos. Como característica común entre estos grupos se encuentran los tocados cefálicos y los deformadores de cráneos, que fueron empleados desde épocas remotas.
Los Changos adoraban al mar o a la “Mamacocha” y a parte de los productos que extraían de él. En forma especial veneraban a la ballena y en ciertos sectores a peces específicos, dependiendo de la abundancia de extracción de la especie durante un periodo determinado.
En sus rituales funerarios era común que los cuerpos los pintaran y cubrieran con pieles y plumas de pelícanos.Tags: 

Historia del mineral de plata de Huantajaya

Plata de Huantajaya

Como un punto de conexión con Perú y puerto intermedio para el Reino de Chile, la caleta de Ique-Ique presentó avances desde la llegada de los españoles, especialmente en el envío de guano a las quebradas del interior para trabajar los nuevos cultivos que introdujeron los conquistadores.

Hacia 1580 la actividad de Iquique ya había alcanzado el desarrollo económico que mantendría hasta comienzos del siglo XIX.

La extracción de guano desde la antigua isla Serrano era transportada en barco a Arica y otros puertos cercanos, favoreciendo a los valles de Chaca, Lluta, Sama, Locumba, Moquehua y otros sitios del Alto Perú.

En 1713 la caleta de Iquique sacaba entre 10 y 12 barcos con guano anuales, el cual era extraído principalmente por indios y negros, traídos desde Perú.

Otros productos que se obtenían en Iquique eran la sal y brea para embadurnar los soportes en que se trasladaba el azogue desde Arica a Potosí.

Sin embargo, esta relación con Potosí también determinó el estancamiento de Iquique hasta entrado el siglo XIX. Los españoles requerían de un estricto control sobre la plata que se generaba en Huantajaya. Para impedir la extracción del mineral en forma ilegal se prohibió a los arrieros bajar y a los barcos recalar en el muelle de Iquique. Esto sirvió para que la plata saliera forzosamente por Arica, lugar donde existía control aduanero.

Huantajaya

En los poblados del interior, la historia seguía un curso distinto. Con su interés en encontrar riquezas minerales, a la par con el trabajo agrícola, los españoles recorrieron el desierto en busca de alguna veta de plata o salitre. Ya en 1558 habían explorado toda la zona de Tarapacá sin resultados positivos.

Durante esa época llegó a oídos de españoles la existencia del mineral de Huantajaya que había sido explotado por los indígenas desde tiempos inmemoriales. De esta manera el yacimiento de plata se convirtió en el principal descubrimiento para los europeos durante el siglo XVI.

Para algunos historiadores, las faenas en San Agustín de Huantajaya y en Santa Rosa son los primeros pasos para que siglos más adelante se desarrollara la industria salitrera.

A pesar de esta actividad económica, la costa continuaba siendo un lugar sin importancia para los españoles. Sin embargo, la situación cambió al iniciar el siglo XVII cuando necesitan que su producción salga hacia Perú y cuando aumentan sus necesidades de productos confeccionados en Chile, como charqui, sebo, grasa, carne salada, frutas secas, tocino y cobre.

Luego de 100 años de presencia española en la región sólo existían unos cuantos grupos de europeos que explotaban el mineral y en lo oasis.

Para esa época se estima la población aborigen entre los 6 mil y 8 mil personas en Pica, Camarones, La Tirana y Huatacondo.

De un momento a otro Huantajaya fue olvidado, porque resultaba demasiado caro el traslado de la producción de plata hasta Bolivia para su fundición. En 1718 fue reabierto por Bartolomé Loayza.

La segunda oportunidad de Huantajaya

En el primer cuarto del siglo XVII en Huantajaya existían poblaciones de mineros en los faldeos y en los altos de los cerros. La vida era difícil, a pesar de la existencia de herreros, pulperías y corrales para animales de carga.

Lo más complicado era el transporte del agua. En la primera época se traía cargamentos desde el río Loa.

Luego los españoles utilizaron los recursos existentes en el oasis de La Tirana. Extrajeron el agua que era traída por mulas hasta el mineral.

La mina de plata de Huantajaya también incluía otros yacimientos en Santa Rosa, Carmen Sacramento y Cacicsa, cobre en Viquintipa y oro en Paiquina.

Huantajaya tomó fuerza alrededor de 1746, generando necesidad de más mano de obra. Indígenas libres y mestizos fueron contratados como peones. La gran demanda de trabajadores motivó a que José Basilio de la Fuerte y Loayza, uno de los principales mineros de la zona, utilizara los indígenas de las inmediaciones bajo el sistema de «mita» que fue una forma de trabajo obligatorio por turnos remunerados.

El sistema de «mita» fue creado luego que el 23 de agosto de 1718 el rey de España disolvió las encomiendas y dejó en libertada a todos los indígenas.

La solicitud del hacendado fue aceptada en 1756 luego de muchos conflictos con los jefes indígenas de la región que no querían ingresar a esa modalidad de trabajo, en especial por las difíciles condiciones de vida que existían alrededor de la mina.

En definitiva logró una mita de 50 indígenas de los repartimiento de San Lorenzo de Tarapacá y de San Nicolás de Sibaya.

de esta manera se llevó el trabajo en Huantajaya hasta que fue desechada definitivamente la actividad minera al finalizar el siglo XVIII.

Los Changos en el norte de Chile

Los Changos

En las primeras expediciones de los españoles en el norte de Chile encontraron en la zona costera a grupos de aborígenes que vivían en pequeñas comunidades y que mantenían una vida sencilla en comparación con las etnias de las quebradas del interior.
A este grupo de pescadores y recolectores, descendientes directos de la milenaria cultura Chinchorro, los españoles les denominaron Changos.
Los Changos existían desde el sur de Perú hasta la rivera del Aconcagua, sin embargo, existen registros del siglo XIX que los ubican hasta la desembocadura del río Maule. Estos pescadores eran de espaldas anchas. Los hombres medían 1,60 centímetros y las mujeres 1,45 centímetros.
Aparte de la pesca en alta mar, gracias a sus balsas de cuero de lobo marino inflado y la recolección de mariscos en el litoral, los Changos a principios de nuestra era iniciaron la extracción de guano conociendo sus bondades como fertilizante. Intercambiaban este producto con los poblados del interior, cuyos cultivos lo requerían.
Las influencias de los poblados del interior y su herencia Chinchorro fue patente en la cultura de los Changos. Como característica común entre estos grupos se encuentran los tocados cefálicos y los deformadores de cráneos, que fueron empleados desde épocas remotas.
Los Changos adoraban al mar o a la “Mamacocha” y a parte de los productos que extraían de él. En forma especial veneraban a la ballena y en ciertos sectores a peces específicos, dependiendo de la abundancia de extracción de la especie durante un periodo determinado.
En sus rituales funerarios era común que los cuerpos los pintaran y cubrieran con pieles y plumas de pelícanos.Tags: 

Historia del mineral de plata de Huantajaya

Plata de Huantajaya

Como un punto de conexión con Perú y puerto intermedio para el Reino de Chile, la caleta de Ique-Ique presentó avances desde la llegada de los españoles, especialmente en el envío de guano a las quebradas del interior para trabajar los nuevos cultivos que introdujeron los conquistadores.
Hacia 1580 la actividad de Iquique ya había alcanzado el desarrollo económico que mantendría hasta comienzos del siglo XIX.
La extracción de guano desde la antigua isla Serrano era transportada en barco a Arica y otros puertos cercanos, favoreciendo a los valles de Chaca, Lluta, Sama, Locumba, Moquehua y otros sitios del Alto Perú.
En 1713 la caleta de Iquique sacaba entre 10 y 12 barcos con guano anuales, el cual era extraído principalmente por indios y negros, traídos desde Perú.
Otros productos que se obtenían en Iquique eran la sal y brea para embadurnar los soportes en que se trasladaba el azogue desde Arica a Potosí.
Sin embargo, esta relación con Potosí también determinó el estancamiento de Iquique hasta entrado el siglo XIX. Los españoles requerían de un estricto control sobre la plata que se generaba en Huantajaya. Para impedir la extracción del mineral en forma ilegal se prohibió a los arrieros bajar y a los barcos recalar en el muelle de Iquique. Esto sirvió para que la plata saliera forzosamente por Arica, lugar donde existía control aduanero.

Huantajaya

En los poblados del interior, la historia seguía un curso distinto. Con su interés en encontrar riquezas minerales, a la par con el trabajo agrícola, los españoles recorrieron el desierto en busca de alguna veta de plata o salitre. Ya en 1558 habían explorado toda la zona de Tarapacá sin resultados positivos.
Durante esa época llegó a oídos de españoles la existencia del mineral de Huantajaya que había sido explotado por los indígenas desde tiempos inmemoriales. De esta manera el yacimiento de plata se convirtió en el principal descubrimiento para los europeos durante el siglo XVI.
Para algunos historiadores, las faenas en San Agustín de Huantajaya y en Santa Rosa son los primeros pasos para que siglos más adelante se desarrollara la industria salitrera.
A pesar de esta actividad económica, la costa continuaba siendo un lugar sin importancia para los españoles. Sin embargo, la situación cambió al iniciar el siglo XVII cuando necesitan que su producción salga hacia Perú y cuando aumentan sus necesidades de productos confeccionados en Chile, como charqui, sebo, grasa, carne salada, frutas secas, tocino y cobre.
Luego de 100 años de presencia española en la región sólo existían unos cuantos grupos de europeos que explotaban el mineral y en lo oasis.
Para esa época se estima la población aborigen entre los 6 mil y 8 mil personas en Pica, Camarones, La Tirana y Huatacondo.
De un momento a otro Huantajaya fue olvidado, porque resultaba demasiado caro el traslado de la producción de plata hasta Bolivia para su fundición. En 1718 fue reabierto por Bartolomé Loayza.

La segunda oportunidad de Huantajaya

En el primer cuarto del siglo XVII en Huantajaya existían poblaciones de mineros en los faldeos y en los altos de los cerros. La vida era difícil, a pesar de la existencia de herreros, pulperías y corrales para animales de carga.
Lo más complicado era el transporte del agua. En la primera época se traía cargamentos desde el río Loa.
Luego los españoles utilizaron los recursos existentes en el oasis de La Tirana. Extrajeron el agua que era traída por mulas hasta el mineral.
La mina de plata de Huantajaya también incluía otros yacimientos en Santa Rosa, Carmen Sacramento y Cacicsa, cobre en Viquintipa y oro en Paiquina.
Huantajaya tomó fuerza alrededor de 1746, generando necesidad de más mano de obra. Indígenas libres y mestizos fueron contratados como peones. La gran demanda de trabajadores motivó a que José Basilio de la Fuerte y Loayza, uno de los principales mineros de la zona, utilizara los indígenas de las inmediaciones bajo el sistema de «mita» que fue una forma de trabajo obligatorio por turnos remunerados.
El sistema de «mita» fue creado luego que el 23 de agosto de 1718 el rey de España disolvió las encomiendas y dejó en libertada a todos los indígenas.
La solicitud del hacendado fue aceptada en 1756 luego de muchos conflictos con los jefes indígenas de la región que no querían ingresar a esa modalidad de trabajo, en especial por las difíciles condiciones de vida que existían alrededor de la mina.
En definitiva logró una mita de 50 indígenas de los repartimiento de San Lorenzo de Tarapacá y de San Nicolás de Sibaya.
de esta manera se llevó el trabajo en Huantajaya hasta que fue desechada definitivamente la actividad minera al finalizar el siglo XVIII.

Pueblos Originarios en la Región de Tarapacá, Chile.

Tierra de dinosaurios

Hace 65 millones de años, los dinosaurios dominaron esta tierra. En vez de extensos desiertos, en la Región de Tarapacá existían sinuosos ríos y amplios bosques que en nada hacían presagiar la sequedad de hoy. A 70 kilómetros al sureste de Pica se encuentra la Quebrada de Chacarillas. En ese lugar existen varias docenas de huellas de dinosaurios que habitaron el Norte Grande. Las huellas pertenecen al periodo cretácico, que comenzó hace 100 millones de años y se caracterizó por la gran variedad de dinosaurios que existieron.

Las huellas fueron descubiertas en 1962 por paleontólogos norteamericanos. Estudios posteriores establecieron que al menos hubo cuatro especies en esta zona: el estegosaurio, el allosaurio, el iguanodón y el tiranosaurio rex.Presencia humana

Presencia humana

Miles de años después, y luego que el mundo enfrentara la última era Glacial, comenzó el poblamiento humano. Los primeros cazadores recolectores y sus familias llegaron al continente americano provenientes del noreste asiático.

Atravesaron el estrecho de Bering y paulatinamente comenzaron a poblar el territorio de norte a sur.
Se estima que las primeras tribus de cazadores recolectores llegaron hace aproximadamente doce mil años a la zona de Tarapacá; no obstante, las primeras huellas registradas tienen unos 10.000 años.
Los habitantes originarios se transformaron en cazadores de guanacos y recolectores de semillas y frutos de algarrobo y chañar. Se organizaban en grupos de 25 personas aproximadamente y tenían una vida nómada.
Se les llamó paleoindios, correspondientes a una epoca muy primitiva de la prehistoria. Utilizaban para su supervivencia piedras, huesos y trozos de madera con las que confeccionaban utencilios.
El antropólogo Lautaro Núñez indica que en esa época el nivel del mar estaba 150 metros más abajo del actual, las temperaturas eran más bajas y las lluvias en la cordillera ocurrían con una mayor frecuencia. Algunos de los salares eran entonces lagos rodeados de una vegetación de estepa.

Gente de la costa

Los primeros habitantes de esta zona, donde miles de años después nacerá Iquique, conformaban pequeñas tribus nómades que vagaban por el área costera.

Eran descendientes directos de los aborígenes que en algún momento bajaron del altiplano y posteriormente de la depresión intermedia, permaneciendo su estilo de vida sin grandes cambios, durante cuatro mil años.
De este grupo se sabe poco sobre sus creencias y vida espiritual, pero a partir del periodo arcaico (8.000 AC) hay indicios de un desarrollo cultural mayor identificado como Cultura Chinchorro, que tomó su nombre del balneario donde fueron descubiertas las más antiguas del mundo. Son incluso más arcaicas que las egipcias.
El hombre de Chinchorro pertenecía a un pueblo seminómade, habitando la costa en el circuito comprendió entre Arica y la desembocadura del río Loa.
Con características especiales, los chinchorro permanecían en los afloramientos de napas subterráneas y en los faldeos de los cerros en donde se acumulaba cierta cantidad de agua generada por la camanchaca.
Cuatro mil años antes de Cristo tomaron contacto con los pueblos ubicados en las quebradas del interior y las familias trashumantes de la Pampa del Tamarugal. Otras características que marca la cultura Chinchorro son sus rituales funerarios. Este pueblo enterraba a sus muertos bajo sus viviendas, confeccionadas sobre bases de piedras y levantadas con troncos de cactus.

Momificación

La vida del hombre de Chinchorro era sencilla; su preparación para la muerte, no.

El nivel de especialización que alcanzaron en la momificación era alto. A pesar que existen al menos tres variantes para este proceso de preparación de los cuerpos, dependiente de la época y desarrollo del pueblo; la más común y elaborada es la que se puede apreciar en el Museo Regional de Iquique.
En una de sus alas exhiben seis momias que dejan en evidencia el arduo trabajo para detener el proceso de descomposición: el sistema involucraba  retirar la piel, separar la carne del esqueleto y retirar las vísceras para luego apartar las extremidades y reforzarlas amarrando las articulaciones con fibras vegetales.
Después depositaban los músculos en su posición original y colocaban la piel, transformada en pliegues de 10 centímetros como una venda para sostener los músculos. El penúltimo paso consistía  en introducir palos de tamarugo longitudinalmente junto a la espina dorsal y en brazos y piernas para garantizar la rigidez del cuerpo.
Sobre el rostro confeccionaban una máscara de arcilla pinta de rojo o negro.
Esta práctica alcanzó su apogeo hacia el año 3.000 AC y comenzó a simplificarse hacia 2.000 antes de Cristo, conservándose en su etapa terminal tan sólo el uso de mascarillas de barro.

 Rituales de momificación

Junto a los cuerpos se ofrendaban figurillas de arcilla en miniatura. Una de ellas, que actualmente es exhibida en el Museo Regional de Iquique, contiene un cráneo de ave, imitando a la cabeza humana y una espina de cactus que simboliza la estructura ósea.
Para la arqueóloga Cora Moragas, esta actividad representaba una simbología que hasta el momento no se ha podido establecer con exactitud, especialmente porque los Chinchorro no acostumbraban enterrar a sus muertos con los artefactos que utilizaron en vida.

Vivir frente al mar

Más allá del proceso de momificación, existe una actividad transhumántica y asentamiento relativamente estable donde vivían los chinchorro. Bajo Molle, donde hoy se levante el Barrio Industrial sur de Iquique, hubo un extenso asentamiento humano. Hace veinte años se encontró en el lugar una tumba colectiva a escasa profundidad, la cual fue estudiada por arqueólogos de la Universidad de Tarapacá.

En Caleta Caramucho, a 47 kilómetros al sur de Iquique, existió un campamento semipermanente de cazadores y recolectores, al igual que en Los verdes y Punta de Lobos.
El arqueólogo y antropólogo Olaf Olmos, explicó que en Caramucho encontraron gran cantidad de artefactos correspondientes a la Cultura Chinchorro: cuchillos y puntas de flechas confeccionadas en piedra, morteros de hueso, maderas, anzuelos de conchas de choros y de espinas de cactus. Todos ellos con una data de 6 mil 300 años de antigüedad.

Los primitivos habitantes de la costa desarrollaban varias técnicas para proveerse de utensilios de uso diario. En una primera etapa desgastaban piedras livianas y las convertían en vasijas y pequeñas fuentes. Para cumplir con su objetivo debían raspar la pieza a tallar con una segunda roca más dura.

Las dos vasijas que actualmente se exhiben en el Museo Regional de Iquique corresponden a piedras volcánicas traídas desde el altiplano. Esto demuestra que el contacto con los pueblos del interior comenzó en una etapa muy temprana.

 

Evolución de la cultura Chinchorro

La Cultura Chinchorro evolucionó y sus descendientes lograron extenderse por todo el litoral del norte de Chile y del sur del Perú, desarrollando constantemente nuevas tecnologías, como artefactos en piedras, cuarzo o basalto como punta de arpones, cuchillos, elaborados y rapadores de pieles.

Para confeccionar sus herramientas golpeaban las piedras directamente en la roca. Los trozos desprendidos en forma de láminas era afilados y retocados para su uso doméstico.
Para la recolección, utilizaban “chopes”, una especie de cucharón de hueso para desconchar los mariscos.
Para sus continuos viajes por el borde litoral llevaban agua en bolsas elaboradas en vientres o vejigas de lobo marino. Cerca del año 300 AC, el desarrollo los llevó a internarse mar adentro gracias a las embarcaciones fabricadas con cueros inflados de lobos marinos. De esta manera lograron alcanzar grandes cardúmenes, lo que posibilitó aumentar su excedente de recursos y a su vez mejorar su interacción con los asentamientos de la depresión intermedia.
Con la navegación extendieron su presencia en todas las caletas de abrigo del litoral y diversificaron su dieta gracias a la caza de albacora y cetáceos menores utilizando arpones de piedra y cuerdas de cuero.
El faenamiento de la caza se realizaba incluso con dientes de tiburón.
Los turbantes deformadores de cráneos eran parte importante de la vestimenta de los hombres primitivos. En un principios eran confeccionados con pelo humano. Luego evolucionaron hacia otro tipo de textiles, como lana de auquénidos y fibra vegetal. Era posible conocer la procedencia de la persona a través de la manera en que estaba deformada la cabeza.

La Cultura del Anzuelo

Los cazadores, recolectores y pescadores del litoral de la actual Primera Región estaban bien representados en los asentamientos que existieron en la zona de Pisagua. Hacia el 4.000 AC se desarrolló la “Cultura del Anzuelo de Concha”, denominación utilizada por el arqueólogo Lautaro Núñez.
De acuerdo a sus estudios, estas personas vivían en campamentos-bases destinados primordialmente para la explotación de especies marinas que iban desde pescador a mariscos. La dieta de estas personas incluían mamíferos marinos, tortugas y aves, además de una reducida caza terrestre. En sus basurales fue posible encontrar escasos artefactos confeccionados con huesos de guanaco.
Entre sus utensilios se destacaban morteros de roca con huecos cónicos y tazones de lava negra, de uso previo a la masificación de la agricultura y cerámica.
El equipo de pesca reunía anzuelos de concha y pesas de piedra, arpones de madera con cabeceras desprendibles, plomadas o pesas en forma cilíndrica, chuzos o “chopes” de hueso para el despegue y desconche de mariscos, pesas en forma de bolas, puntas de proyectiles y chuchillos de piedra.
Todos estos utensilios fueron evolucionando y siendo confeccionados con diferentes insumos, dependiendo del nivel de evolución social.

Lienza y anzuelos son implementos que utilizaron los primitivos habitantes de Iquique. Primero usaron concha en forma de arco y luego evolucionaron a espinas que eran calentadas para alcanzar su curvatura.

El azuelo de cactus es reemplazado por el de cobre cerca del año 1.000 de nuestra era. Los Changos utilizaron piedras en forma de cigarrillos como una forma de hacer peso en el azuelo.

 

Los Chuzos o “chopes” evolucionaron desde hueso de ballenas hasta trozos de maderas con empuñadura de piel o pelos humanos que eran hilados a mano por los changos.

Gran asentamiento humano

La concentración mayor de poblaciones prehispánicas se ha localizado en la desembocadura del río Loa., donde la disponibilidad de agua permitió el asentamiento humano, según los vestigios hallados, desde el año 3.800 AC.
Los arqueólogos llamaron a este campamento como Huelén-42. El sitio fue levantado por pescadores recolectores que se instalaron y conformaron un lugar compuesto de varios recintos semicirculares.
Los investigadores estiman que a pesar de la sedentarización de la población, su costumbre pudo incluir viajes periódicos para el aprovechamiento de otros ambientes mas altos verificando a través de recolecciones de madera, de frutas silvestres, rocas para tallar artefactos y áreas de caza.
Lautaro Núñez, antropólogo de la Universidad Católica del Norte, afirma que ese campamento contiene cuerpos humanos que fueron sepultados bajo las prácticas  funerarias tipo Chinchorro asociadas a tradiciones cazadoras, caracterizadas por sus largas puntas de lanzas.

La desembocadura del río Loa fue un sitio de gran actividad durante tiempos inmemoriales. Luego fueron ocupados por los españoles como campamento base para la extracción de minerales.

 

 

Receptáculo que contenía pigmentos naturales. Eran confeccionados con picorocos. En ocasiones pintaban las balsas de cuero para acarrear agua.

 

En Busca del Agua

Conseguir agua en una zona completamente árida fue una verdadera epopeya para los primeros habitantes del litoral de la Provincia de Iquique. Debido a ello el desarrollo se ve asociado a las aguadas y vertientes, que cobran un papel fundamental en el desarrollo de la vida a lo largo del litoral.
Según el arqueólogo Lautaro Núñez, el agua se podía obtener, al igual que hoy, gracias a la neblina o camanchaca que se levanta desde el mar y es empujada por los vientos contra los cerros altos de la Cordillera de la Costa. En las partes altas, esta neblina se condensa al chocar y gotea, formando hilillos de agua entre rocas o una superficie relativamente impermeable. De esta forma se apoza en cuencas naturales, dando origen a las aguadas ubicadas en los cerros. Sin embargo, a veces la roca está fisurada y el agua escurre bajo tierra hasta los faldeos del mismo cerro y aflora en fallas geológicas.
También se podía conseguir agua gracias a napas subterráneas presentes en los sedimentos del borde occidental de la Pampa del Tamarugal. Estas aguas provienen a su vez de precipitaciones infiltradas en las partes altas de la Cordillera de Los Andes. El agua pasa bajo el desierto y aparecen como vertiente en la costa.
Cualquiera sea el caso, los primitivos tuvieron que caminar largas distancias en busca del agua. Desde tiempos inmemoriales utilizaron cuero de lobos marinos y los estómagos de estos animales como cantimploras o depósitos que eran llevados en las espaldas.
Los antecedentes expuestos coinciden con la ubicación de las aguadas de neblinas y los sitios arqueológicos. Entre la zona costera de Pisagua y Taltal se han reconocido más de 80 vertientes, en cada una de las cuales hay vestigios de uno o más asentamientos humanos.

Los habitantes del Altiplano

Al mismo tiempo que la odisea de los primeros hombres del litoral, se ubica el avance de las primeras tribus existentes en el área andina. Corresponde a grupos nómades de cazadores y recolectores que habitaban preferentemente sobre los 3.000 metros de altura, debido a que las condiciones ambientales les aseguraban la existencia de caza de auquénidos.
Los hábitos de ocupación correspondían  a la pernoctación en cavernas o quebradas rocosas y en las cercanías de pequeños arroyos que descienden de la cordillera.

Primeras herramientas

Hace cuatro mil años los primeros habitantes del altiplano comenzaron a desarrollar sus utensilios líticos.
Puntas de flechas y piedras con doble filo fueron las herramientas que usaron para cazar y cortar la carne de llamas y alpacas. La mayoría de estos restos arqueológicos fueron encontrados en cavernas, cursos de ríos o afloramientos de napas subterráneas, en casi toda la Provincia de Iquique.

Domesticar al medio

En la región andina, la población se mantiene relativamente estática hasta el año 3.000 AC. Ante la necesidad de alimentos, estos grupos humanos ensayan la domesticación de plantas y animales. Hacía el año 1.000 AC se les encuentra ya como incipientes agricultores. De esta manera, el hombre inicia el manejo de la tierra y del agua para producir alimentos.
Según los estudios realizados en la zona, estos cambios en las costumbres de las primeras poblaciones andinas son el resultado de los múltiples contactos y las influencias de grupos culturalmente más avanzados en las zonas que hoy corresponde a Perú y Bolivia.
En esta misma época ya comienzan las primeras conexiones entre pobladores del altiplano y la costa, permitiendo el intercambio de productos y, por consiguiente, la complementariedad alimenticia.