¿Qué harías si te tocara la lotería?
Un premio que no se anuncia,
sonrisa que desborda,
mar que da certezas.Camino suave,
con la sonrisa abierta
como mañana.Bajo a la playa:
el mar me va diciendo
que todo es posible.
¿Qué harías si te tocara la lotería?
Un premio que no se anuncia,
sonrisa que desborda,
mar que da certezas.Camino suave,
con la sonrisa abierta
como mañana.Bajo a la playa:
el mar me va diciendo
que todo es posible.
Son libros que llevo tiempo dejando pendientes. Son libros que les debo un espacio en mi tiempo.
Entre ellos tengo Moby Dick y otros clásicos que siempre he querido experimentar en su forma original. También está El conde de Montecristo, una novela que me intriga especialmente por todas las versiones cinematográficas que existen. Siempre me pregunto si alguna se acerca realmente al espíritu del libro. Para resolverlo, solo hay un camino: leerlo.
Otro libro que tengo en espera es Orgullo y prejuicio. Después de ver varias adaptaciones, tengo curiosidad por descubrir qué matices y emociones ofrece el texto original de Jane Austen que no aparecen en pantalla.
También tengo pendiente la biografía de Bill Gates. Me interesa entender qué factores marcaron su infancia y su camino hacia el éxito. Me pregunto qué decisiones, circunstancias o hábitos hicieron que su historia fuese tan distinta de la de tantas otras personas con aspiraciones parecidas.
Y cuando quiero avanzar sin prisa, recurro a la antología de cuentos de Isaac Asimov, que leo poco a poco. Cuando la lectura principal se vuelve densa, tomo uno de sus relatos para despejarme. Me gusta porque en esos cuentos se ve la semilla de muchas de sus grandes obras: pequeñas ideas que luego evolucionaron en historias enormes.
Al final, elegir qué leer es un acto personal y sencillo. Y una lista de «querer leer» se vuelve a una lista de «libros pendientes».
Tener tiempo libre no debería ser motivo de angustia. A veces sentimos que debemos llenarlo con mil cosas, y otras veces nos frustra no tener suficiente. La clave está en priorizar y elegir actividades que nos conecten con el presente: leer un buen libro, hacer ejercicio, pasear, o simplemente disfrutar del silencio.
Evita caer en el consumo interminable de redes sociales y contenidos vacíos que solo generan distracción. Regálate espacios para pensar, sentir y darte cuenta de dónde estás. El tiempo libre es tu oportunidad para reconectar contigo.

¿Cómo definirías a un buen vecino?
Ah, el buen vecino ideal. Siempre tiene una sonrisa y un «¿cómo estás?» listo, mostrándonos su sincero interés. En esos momentos de crisis, no duda en aparecer en nuestra puerta, dispuesto a ayudar en lo que pueda, y luego regresa a su rutina diaria sin hacer ruido. Nada dice «vecindario unido» como alguien que sabe estar presente cuando se le necesita, sin olvidar el valor de la discreción.
Cuando la música falta, es como si la mente se quedara sin luz: todo parece apagarse un poco. La música nos da ese brillo especial que alegra los días grises y nos acompaña en cada emoción, haciéndonos sentir más vivos y conectados.
Suscríbete para obtener acceso al contenido íntegro de esta entrada y demás contenido exclusivo para suscriptores.
Debe estar conectado para enviar un comentario.