Franz Ferdinand

Franz Ferdinand no es un cantante, sino una banda inglesa. Estarán de teloneros en el concierto de U2 en Chile. Parece que Franz Ferdinand está despertando tanta expectativa como U2. Se están haciando conocidos por «Do yoy want to», que pueden escuchara bajando esto..
La página directa para escuchar la canción es esta.
Un reportaje en Wikén acá y el website oficial está en este otro lado.

UPDATE: Un concierto de Franz Ferdinad en YouTube.

¿Qué leer?

Batichica, la bibliotecaria mexicana, publicó un artículo que habla sobre qué leer y la calidad de los libros que las editoriales están publicando ahora. Para pensarlo dos veces antes de comprar el best seller del momento:

Hay que , sobre todo, aquellos que han superado la prueba de humanidad: los clásicos. Estos han dignificado a los humanos tirando de ellos hacia arriba, hacia su mejor yo, y no correspondiendo vilmente a sus pasiones. La cultural más grave que hemos conocido en los últimos decenios es la reducción del libro a producto de consumo, que se elabora por cálculo anticipado de lo que halaga y confirma al lector en sus necesidades inmediatas, otorgando legitimidad a sus gustos o pecados. Se suman todos esos elementos, se agitan conjuntamente, y se le entrega el libro como un bebedizo para anestesiar sus necesidades profundas y sumergirlo plácidamente en sus cotidianas infecciones. En cambio, la lectura de un libro bueno es una de las mayores fuentes de gozo personal, más allá del mero placer instintivo y de la placidez directa.

[Reproduciendo: Julius Papp – Warm Chill – 10 – (6:42)]

La costumbre de ir a la playa

En Artes y Letras de El Mercurio publicaron un ensayo sobre la costumbre de ir a la playa y cómo se generó la costumbre de veranear frente al mar. En un principio las ciudades estaban en el interior y las zonas costeras estaban desabitadas. Nadie bajaba a las playas.

La imagen tradicional del océano era la de algo terrible: una masa inconmensurable de agua, asimilada al caótico vestigio de las catástrofes que habían castigado a los hombres y a eventuales amenazas de cólera imprevisible. Esta imagen coincidía con los peligros y la pestilencia de la playa, considerada, a su vez, como un límite enigmático donde se depositaban los excrementos del abismo.

El interés por el mar, más allá del tema del transporte marítimo, comenzó con el tema que el agua de mar era beneficioso para la salud.

El hombre entró en la arena y el mar cuando se propagó el discurso médico que exaltaba los beneficios del agua fría, que recomendaba los baños en el mar y la estancia de reposo en la orilla. Huyendo de la putrefacción y la suciedad reinante en Londres, los elegantes buscaron el retiro de la civilización en medio de la naturaleza.

Pero una cosa era mojarse en la orilla de una manera técnica y otra era nadar y disfrutar de las horas.

La natación en esta época no era algo recreativo, sino que un verdadero combate que libraba el hombre contra el mar para evitar ser engullido por éste. Mantenerse a flote requería de ejercicios violentos. Se creía que el hombre era incapaz de flotar y que la inmovilidad era garantía segura de hundimiento.

Ya entradao el siglo XIX comenzó a desarrollarse el concepto de balneario, donde las personas iban a pasar una temporada frente al mar.

Contrariamente a lo que suele creerse, la práctica del balneario se difundió de las playas del norte hacia las de la región meridional. Entre los factores que retardaron el descenso de esta costumbre a las latitudes del sur está el culto a las aguas heladas, las temidas incursiones de piratas y bandidos y el gran temor que existía ante la insalubridad de las aguas cálidas.

Casi al final del artículo, el autor habla de lo que ahora son las playas: un espacio democrático sin muchas distinciones de clase.

Las playas son democráticas e igualitarias en espíritu. Las hay más elegantes que otras, pero por lo general en la playa la competencia social se reduce a la moda del traje de baño, de la tabla de surf y del bronceado corporal.

[Reproduciendo: bjork – big time sensuality – 08 – (4:56)]

La costumbre de ir a la playa

En Artes y Letras de El Mercurio publicaron un ensayo sobre la costumbre de ir a la playa y cómo se generó la costumbre de veranear frente al mar. En un principio las ciudades estaban en el interior y las zonas costeras estaban desabitadas. Nadie bajaba a las playas.

La imagen tradicional del océano era la de algo terrible: una masa inconmensurable de agua, asimilada al caótico vestigio de las catástrofes que habían castigado a los hombres y a eventuales amenazas de cólera imprevisible. Esta imagen coincidía con los peligros y la pestilencia de la playa, considerada, a su vez, como un límite enigmático donde se depositaban los excrementos del abismo.

El interés por el mar, más allá del tema del transporte marítimo, comenzó con el tema que el agua de mar era beneficioso para la salud.

El hombre entró en la arena y el mar cuando se propagó el discurso médico que exaltaba los beneficios del agua fría, que recomendaba los baños en el mar y la estancia de reposo en la orilla. Huyendo de la putrefacción y la suciedad reinante en Londres, los elegantes buscaron el retiro de la civilización en medio de la naturaleza.

Pero una cosa era mojarse en la orilla de una manera técnica y otra era nadar y disfrutar de las horas.

La natación en esta época no era algo recreativo, sino que un verdadero combate que libraba el hombre contra el mar para evitar ser engullido por éste. Mantenerse a flote requería de ejercicios violentos. Se creía que el hombre era incapaz de flotar y que la inmovilidad era garantía segura de hundimiento.

Ya entradao el siglo XIX comenzó a desarrollarse el concepto de balneario, donde las personas iban a pasar una temporada frente al mar.

Contrariamente a lo que suele creerse, la práctica del balneario se difundió de las playas del norte hacia las de la región meridional. Entre los factores que retardaron el descenso de esta costumbre a las latitudes del sur está el culto a las aguas heladas, las temidas incursiones de piratas y bandidos y el gran temor que existía ante la insalubridad de las aguas cálidas.

Casi al final del artículo, el autor habla de lo que ahora son las playas: un espacio democrático sin muchas distinciones de clase.

Las playas son democráticas e igualitarias en espíritu. Las hay más elegantes que otras, pero por lo general en la playa la competencia social se reduce a la moda del traje de baño, de la tabla de surf y del bronceado corporal.

[Reproduciendo: bjork – big time sensuality – 08 – (4:56)]

La costumbre de ir a la playa

En Artes y Letras de El Mercurio publicaron un ensayo sobre la costumbre de ir a la playa y cómo se generó la costumbre de veranear frente al mar. En un principio las ciudades estaban en el interior y las zonas costeras estaban desabitadas. Nadie bajaba a las playas.

La imagen tradicional del océano era la de algo terrible: una masa inconmensurable de agua, asimilada al caótico vestigio de las catástrofes que habían castigado a los hombres y a eventuales amenazas de cólera imprevisible. Esta imagen coincidía con los peligros y la pestilencia de la playa, considerada, a su vez, como un límite enigmático donde se depositaban los excrementos del abismo.

El interés por el mar, más allá del tema del transporte marítimo, comenzó con el tema que el agua de mar era beneficioso para la salud.

El hombre entró en la arena y el mar cuando se propagó el discurso médico que exaltaba los beneficios del agua fría, que recomendaba los baños en el mar y la estancia de reposo en la orilla. Huyendo de la putrefacción y la suciedad reinante en Londres, los elegantes buscaron el retiro de la civilización en medio de la naturaleza.

Pero una cosa era mojarse en la orilla de una manera técnica y otra era nadar y disfrutar de las horas.

La natación en esta época no era algo recreativo, sino que un verdadero combate que libraba el hombre contra el mar para evitar ser engullido por éste. Mantenerse a flote requería de ejercicios violentos. Se creía que el hombre era incapaz de flotar y que la inmovilidad era garantía segura de hundimiento.

Ya entradao el siglo XIX comenzó a desarrollarse el concepto de balneario, donde las personas iban a pasar una temporada frente al mar.

Contrariamente a lo que suele creerse, la práctica del balneario se difundió de las playas del norte hacia las de la región meridional. Entre los factores que retardaron el descenso de esta costumbre a las latitudes del sur está el culto a las aguas heladas, las temidas incursiones de piratas y bandidos y el gran temor que existía ante la insalubridad de las aguas cálidas.

Casi al final del artículo, el autor habla de lo que ahora son las playas: un espacio democrático sin muchas distinciones de clase.

Las playas son democráticas e igualitarias en espíritu. Las hay más elegantes que otras, pero por lo general en la playa la competencia social se reduce a la moda del traje de baño, de la tabla de surf y del bronceado corporal.

[Reproduciendo: bjork – big time sensuality – 08 – (4:56)]