Chile un país con muchas horas en el trabajo

Chile sería el segundo país más trabajador miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), después de México. Según un estudio entregado por la entidad, los mexicanos trabajan 2.317 horas promedio al año, mientras que los chile nos 2.102.

La investigación también concluyó que los chilenos trabajan unas 300 horas más que un trabajador norteamericano promedio.

Además, se registró que un 16% de los chilenos trabaja más de 50 horas a la semana, a pesar de que el tope legal es 45 horas semanales. En relación a ingresos, el estudio reveló que mientras el 20% más rico de la población gana sobre 16 millones de pesos al año en promedio, el 20% más pobre recibe un millón doscientos mil pesos al año, es decir, apenas 103 mil pesos al mes. El promedio nacional alcanza los ocho millones anuales por

persona.

¿TRABAJAMOS MUCHO?

Países como Alemania, Holanda y Austria trabajan en promedio entre 1.300 y 400 horas anuales, casi la mitad que México y Chile. El economista de la Universidad Mayor, Claudio Díaz, explica: “Las horas de las jornadas son similares a países con similares o mayores nivel de ingreso”.

Para el sicólogo laboral, Cristóbal Carvajal, esto se ex

plica, primero, con las jornadas laborales, que aunque tienen un límite legal suelen flexibilizarse y alargarse. El expone que las largas jornadas tienen una repercusión negativa en la vida familiar y personal de los trabajadores. Carvajal explica: “Las personas llegan tarde a su casa, cansados y eso afecta la convivencia en las casas, tienen poco espacio para compatibilizar y hacer planes en familia y eso hace que la personas le vayan teniendo rabia al trabajo y a la medida que eso pasa, empieza a disminuir la productividad y se genera un círculo vicioso”.

Sobre esto Díaz dice: ”Efectiva mente el terna de productividad por hora en Chile es bajo y finalmente las horas que se trabajan serían más de las establecidas. Cuando uno va a las cifras generales dentro de la economía ve que hay un baja productividad”. 

Quienes ganan dinero piensan, creen, que el dinero es el fruto de explotar la tierra y al ser humano. En el norte de Chile se escarba el terreno, se le exprime, se usufructúa de él, pero no se siembra nada. Junto con obtener dólares el país obtiene más y más desiertos, peor y peor salud, sufrimientos psicológicos, ansiedad, feroz crecimiento urbano donde se pasean ciudadanos sin saber a dónde van, ni por qué viven. Destrozar la tierra con las minas, talar bosques, infectar el medioambiente, despreciar a quien trabaja por ganarse el pan diario, vivir especulando, mintiendo… vaya vida.

Alejandro Jodorowsky

Sí, hay dolor e indignación, y también el deseo de una esperanza. El dolor está ahí. La esperanza habla de un futuro difícil. Tocopilla es para mí, un lugar sagrado. Viví ahí hasta los nueve años. Mi padre, un día, bruscamente me dijo: ‘mañana nos vamos a la capital’. Me sentí como un espejo al que partieran en mil pedazos. De un día para otro me convertí en un animalito sin territorio. Mis raíces eran esos altos montes, ese océano límpido, esas casas tan bonitas y humildes. Crecí, recorrí el mundo, siendo libre, pero en el inconsciente conservando a Tocopilla como una raíz preciosa. Regresar a mi pueblo 75 años después fue una experiencia que abrió las puertas a la expresión de mi dolor infantil, mi pérdida brutal de territorio. Me di cuenta de que Tocopilla era una parte de mí mismo. Comprendí que sus problemas me duelen en el alma.

Alejandro Jodorowsky

Sí, hay dolor e indignación, y también el deseo de una esperanza. El dolor está ahí. La esperanza habla de un futuro difícil. Tocopilla es para mí, un lugar sagrado. Viví ahí hasta los nueve años. Mi padre, un día, bruscamente me dijo: ‘mañana nos vamos a la capital’. Me sentí como un espejo al que partieran en mil pedazos. De un día para otro me convertí en un animalito sin territorio. Mis raíces eran esos altos montes, ese océano límpido, esas casas tan bonitas y humildes. Crecí, recorrí el mundo, siendo libre, pero en el inconsciente conservando a Tocopilla como una raíz preciosa. Regresar a mi pueblo 75 años después fue una experiencia que abrió las puertas a la expresión de mi dolor infantil, mi pérdida brutal de territorio. Me di cuenta de que Tocopilla era una parte de mí mismo. Comprendí que sus problemas me duelen en el alma.