El peligro de vivir con las etiquetas que otros te imponen

Mark Manson lo dijo esta semana:
«Es sorprendentemente fácil modificar, sin darte cuenta, la forma en que te percibes a ti mismo según aquello que los demás celebran. Alguien te elogia por ser de cierta manera, y de pronto empiezas a comportarte como si realmente lo fueras.
Hacemos esto con todo tipo de etiquetas:

  • «Estoy nervioso.»
  • «Soy introvertido.»
  • «Soy Escorpio, por eso estoy desquiciado.»

En cuanto adoptas una etiqueta como identidad, tu mente hace los malabares necesarios para convertirla en realidad. Y cuando menos lo esperas, ya estás dando piruetas en el trampolín de las expectativas que nunca terminan de satisfacer».

Donde estabas hace seis años?

Hace seis años estaba en la playa. Regresé a la casa y ya tenía comprados los tickets para un viaje al extranjero. Estaba cotizando hoteles. Había reservado varios lugares para conocer. Buscando qué ropa llevar.
Preparando la salida del fin de semana, un paseo por la playa. Mis padres llegarían a visitarme en pocos días.

Todo perfecto.

Justo en ese momento apareció el virus del COVID y todo lo agendado, con varios meses o semanas de preparación, desapareció. Encerrado.

Ahora, seis años después, te das cuenta que nada es permanente. Que los planes son buenos pero no son definitivos. Que no todo es «voluntad» y que la vida puede cambiar tan rápido.

Adaptarnos y entender que nada es tan terrible o nada es tan perfecto. Y que al final es la vida así. Lo importante es aprovechar los días, no perderlos en cosas sin sentido.

Las redes sociales son ese sinsentido. Adictivas como TikTok con sus videos infinitos que nos consumen tiempo, memoria y energía.

¿Dónde estabas hace seis años? ¿Haciendo algo bueno o bonito, o perdiendo memoria con alguna red social?

Después de los 50: el poder de un solo cambio

Cumplir 50 años trae consigo una punzada silenciosa que te dice que pudiste hacerlo mejor. Que podrías haber tomado un curso extra, una carrera adicional para complementar lo que estudiaste en tu juventud. Que tal vez pudiste dormir más, viajar más, cuidarte mejor. Menos comida chatarra, más comida real. Más ejercicio y menos tardes enteras frente a la televisión. Más tiempo presente con tus hijos y menos distracciones. O haber cuidado esas amistades que se fueron diluyendo con el tiempo.

Y sí, es posible que todo eso sea cierto. Que efectivamente pudiste ser más en tus años anteriores. Pero ya fue.

El pasado no cambia. Lo único que puedes transformar es el ahora. No todo a la vez, sino una sola cosa. Un cambio pequeño, concreto, sostenido.

Yo ya lo hice. Y en un año pude ver los resultados de ese pequeño ajuste que decidí implementar. Es un resultado personal, reservado, pero funciona. Porque ese resultado marca lo que viene por delante. Y tú también puedes hacerlo.