Pueblos Originarios en la Región de Tarapacá, Chile.

Tierra de dinosaurios

Hace 65 millones de años, los dinosaurios dominaron esta tierra. En vez de extensos desiertos, en la Región de Tarapacá existían sinuosos ríos y amplios bosques que en nada hacían presagiar la sequedad de hoy. A 70 kilómetros al sureste de Pica se encuentra la Quebrada de Chacarillas. En ese lugar existen varias docenas de huellas de dinosaurios que habitaron el Norte Grande. Las huellas pertenecen al periodo cretácico, que comenzó hace 100 millones de años y se caracterizó por la gran variedad de dinosaurios que existieron.

Las huellas fueron descubiertas en 1962 por paleontólogos norteamericanos. Estudios posteriores establecieron que al menos hubo cuatro especies en esta zona: el estegosaurio, el allosaurio, el iguanodón y el tiranosaurio rex.Presencia humana

Presencia humana

Miles de años después, y luego que el mundo enfrentara la última era Glacial, comenzó el poblamiento humano. Los primeros cazadores recolectores y sus familias llegaron al continente americano provenientes del noreste asiático.

Atravesaron el estrecho de Bering y paulatinamente comenzaron a poblar el territorio de norte a sur.
Se estima que las primeras tribus de cazadores recolectores llegaron hace aproximadamente doce mil años a la zona de Tarapacá; no obstante, las primeras huellas registradas tienen unos 10.000 años.
Los habitantes originarios se transformaron en cazadores de guanacos y recolectores de semillas y frutos de algarrobo y chañar. Se organizaban en grupos de 25 personas aproximadamente y tenían una vida nómada.
Se les llamó paleoindios, correspondientes a una epoca muy primitiva de la prehistoria. Utilizaban para su supervivencia piedras, huesos y trozos de madera con las que confeccionaban utencilios.
El antropólogo Lautaro Núñez indica que en esa época el nivel del mar estaba 150 metros más abajo del actual, las temperaturas eran más bajas y las lluvias en la cordillera ocurrían con una mayor frecuencia. Algunos de los salares eran entonces lagos rodeados de una vegetación de estepa.

Gente de la costa

Los primeros habitantes de esta zona, donde miles de años después nacerá Iquique, conformaban pequeñas tribus nómades que vagaban por el área costera.

Eran descendientes directos de los aborígenes que en algún momento bajaron del altiplano y posteriormente de la depresión intermedia, permaneciendo su estilo de vida sin grandes cambios, durante cuatro mil años.
De este grupo se sabe poco sobre sus creencias y vida espiritual, pero a partir del periodo arcaico (8.000 AC) hay indicios de un desarrollo cultural mayor identificado como Cultura Chinchorro, que tomó su nombre del balneario donde fueron descubiertas las más antiguas del mundo. Son incluso más arcaicas que las egipcias.
El hombre de Chinchorro pertenecía a un pueblo seminómade, habitando la costa en el circuito comprendió entre Arica y la desembocadura del río Loa.
Con características especiales, los chinchorro permanecían en los afloramientos de napas subterráneas y en los faldeos de los cerros en donde se acumulaba cierta cantidad de agua generada por la camanchaca.
Cuatro mil años antes de Cristo tomaron contacto con los pueblos ubicados en las quebradas del interior y las familias trashumantes de la Pampa del Tamarugal. Otras características que marca la cultura Chinchorro son sus rituales funerarios. Este pueblo enterraba a sus muertos bajo sus viviendas, confeccionadas sobre bases de piedras y levantadas con troncos de cactus.

Momificación

La vida del hombre de Chinchorro era sencilla; su preparación para la muerte, no.

El nivel de especialización que alcanzaron en la momificación era alto. A pesar que existen al menos tres variantes para este proceso de preparación de los cuerpos, dependiente de la época y desarrollo del pueblo; la más común y elaborada es la que se puede apreciar en el Museo Regional de Iquique.
En una de sus alas exhiben seis momias que dejan en evidencia el arduo trabajo para detener el proceso de descomposición: el sistema involucraba  retirar la piel, separar la carne del esqueleto y retirar las vísceras para luego apartar las extremidades y reforzarlas amarrando las articulaciones con fibras vegetales.
Después depositaban los músculos en su posición original y colocaban la piel, transformada en pliegues de 10 centímetros como una venda para sostener los músculos. El penúltimo paso consistía  en introducir palos de tamarugo longitudinalmente junto a la espina dorsal y en brazos y piernas para garantizar la rigidez del cuerpo.
Sobre el rostro confeccionaban una máscara de arcilla pinta de rojo o negro.
Esta práctica alcanzó su apogeo hacia el año 3.000 AC y comenzó a simplificarse hacia 2.000 antes de Cristo, conservándose en su etapa terminal tan sólo el uso de mascarillas de barro.

 Rituales de momificación

Junto a los cuerpos se ofrendaban figurillas de arcilla en miniatura. Una de ellas, que actualmente es exhibida en el Museo Regional de Iquique, contiene un cráneo de ave, imitando a la cabeza humana y una espina de cactus que simboliza la estructura ósea.
Para la arqueóloga Cora Moragas, esta actividad representaba una simbología que hasta el momento no se ha podido establecer con exactitud, especialmente porque los Chinchorro no acostumbraban enterrar a sus muertos con los artefactos que utilizaron en vida.

Vivir frente al mar

Más allá del proceso de momificación, existe una actividad transhumántica y asentamiento relativamente estable donde vivían los chinchorro. Bajo Molle, donde hoy se levante el Barrio Industrial sur de Iquique, hubo un extenso asentamiento humano. Hace veinte años se encontró en el lugar una tumba colectiva a escasa profundidad, la cual fue estudiada por arqueólogos de la Universidad de Tarapacá.

En Caleta Caramucho, a 47 kilómetros al sur de Iquique, existió un campamento semipermanente de cazadores y recolectores, al igual que en Los verdes y Punta de Lobos.
El arqueólogo y antropólogo Olaf Olmos, explicó que en Caramucho encontraron gran cantidad de artefactos correspondientes a la Cultura Chinchorro: cuchillos y puntas de flechas confeccionadas en piedra, morteros de hueso, maderas, anzuelos de conchas de choros y de espinas de cactus. Todos ellos con una data de 6 mil 300 años de antigüedad.

Los primitivos habitantes de la costa desarrollaban varias técnicas para proveerse de utensilios de uso diario. En una primera etapa desgastaban piedras livianas y las convertían en vasijas y pequeñas fuentes. Para cumplir con su objetivo debían raspar la pieza a tallar con una segunda roca más dura.

Las dos vasijas que actualmente se exhiben en el Museo Regional de Iquique corresponden a piedras volcánicas traídas desde el altiplano. Esto demuestra que el contacto con los pueblos del interior comenzó en una etapa muy temprana.

 

Evolución de la cultura Chinchorro

La Cultura Chinchorro evolucionó y sus descendientes lograron extenderse por todo el litoral del norte de Chile y del sur del Perú, desarrollando constantemente nuevas tecnologías, como artefactos en piedras, cuarzo o basalto como punta de arpones, cuchillos, elaborados y rapadores de pieles.

Para confeccionar sus herramientas golpeaban las piedras directamente en la roca. Los trozos desprendidos en forma de láminas era afilados y retocados para su uso doméstico.
Para la recolección, utilizaban “chopes”, una especie de cucharón de hueso para desconchar los mariscos.
Para sus continuos viajes por el borde litoral llevaban agua en bolsas elaboradas en vientres o vejigas de lobo marino. Cerca del año 300 AC, el desarrollo los llevó a internarse mar adentro gracias a las embarcaciones fabricadas con cueros inflados de lobos marinos. De esta manera lograron alcanzar grandes cardúmenes, lo que posibilitó aumentar su excedente de recursos y a su vez mejorar su interacción con los asentamientos de la depresión intermedia.
Con la navegación extendieron su presencia en todas las caletas de abrigo del litoral y diversificaron su dieta gracias a la caza de albacora y cetáceos menores utilizando arpones de piedra y cuerdas de cuero.
El faenamiento de la caza se realizaba incluso con dientes de tiburón.
Los turbantes deformadores de cráneos eran parte importante de la vestimenta de los hombres primitivos. En un principios eran confeccionados con pelo humano. Luego evolucionaron hacia otro tipo de textiles, como lana de auquénidos y fibra vegetal. Era posible conocer la procedencia de la persona a través de la manera en que estaba deformada la cabeza.

La Cultura del Anzuelo

Los cazadores, recolectores y pescadores del litoral de la actual Primera Región estaban bien representados en los asentamientos que existieron en la zona de Pisagua. Hacia el 4.000 AC se desarrolló la “Cultura del Anzuelo de Concha”, denominación utilizada por el arqueólogo Lautaro Núñez.
De acuerdo a sus estudios, estas personas vivían en campamentos-bases destinados primordialmente para la explotación de especies marinas que iban desde pescador a mariscos. La dieta de estas personas incluían mamíferos marinos, tortugas y aves, además de una reducida caza terrestre. En sus basurales fue posible encontrar escasos artefactos confeccionados con huesos de guanaco.
Entre sus utensilios se destacaban morteros de roca con huecos cónicos y tazones de lava negra, de uso previo a la masificación de la agricultura y cerámica.
El equipo de pesca reunía anzuelos de concha y pesas de piedra, arpones de madera con cabeceras desprendibles, plomadas o pesas en forma cilíndrica, chuzos o “chopes” de hueso para el despegue y desconche de mariscos, pesas en forma de bolas, puntas de proyectiles y chuchillos de piedra.
Todos estos utensilios fueron evolucionando y siendo confeccionados con diferentes insumos, dependiendo del nivel de evolución social.

Lienza y anzuelos son implementos que utilizaron los primitivos habitantes de Iquique. Primero usaron concha en forma de arco y luego evolucionaron a espinas que eran calentadas para alcanzar su curvatura.

El azuelo de cactus es reemplazado por el de cobre cerca del año 1.000 de nuestra era. Los Changos utilizaron piedras en forma de cigarrillos como una forma de hacer peso en el azuelo.

 

Los Chuzos o “chopes” evolucionaron desde hueso de ballenas hasta trozos de maderas con empuñadura de piel o pelos humanos que eran hilados a mano por los changos.

Gran asentamiento humano

La concentración mayor de poblaciones prehispánicas se ha localizado en la desembocadura del río Loa., donde la disponibilidad de agua permitió el asentamiento humano, según los vestigios hallados, desde el año 3.800 AC.
Los arqueólogos llamaron a este campamento como Huelén-42. El sitio fue levantado por pescadores recolectores que se instalaron y conformaron un lugar compuesto de varios recintos semicirculares.
Los investigadores estiman que a pesar de la sedentarización de la población, su costumbre pudo incluir viajes periódicos para el aprovechamiento de otros ambientes mas altos verificando a través de recolecciones de madera, de frutas silvestres, rocas para tallar artefactos y áreas de caza.
Lautaro Núñez, antropólogo de la Universidad Católica del Norte, afirma que ese campamento contiene cuerpos humanos que fueron sepultados bajo las prácticas  funerarias tipo Chinchorro asociadas a tradiciones cazadoras, caracterizadas por sus largas puntas de lanzas.

La desembocadura del río Loa fue un sitio de gran actividad durante tiempos inmemoriales. Luego fueron ocupados por los españoles como campamento base para la extracción de minerales.

 

 

Receptáculo que contenía pigmentos naturales. Eran confeccionados con picorocos. En ocasiones pintaban las balsas de cuero para acarrear agua.

 

En Busca del Agua

Conseguir agua en una zona completamente árida fue una verdadera epopeya para los primeros habitantes del litoral de la Provincia de Iquique. Debido a ello el desarrollo se ve asociado a las aguadas y vertientes, que cobran un papel fundamental en el desarrollo de la vida a lo largo del litoral.
Según el arqueólogo Lautaro Núñez, el agua se podía obtener, al igual que hoy, gracias a la neblina o camanchaca que se levanta desde el mar y es empujada por los vientos contra los cerros altos de la Cordillera de la Costa. En las partes altas, esta neblina se condensa al chocar y gotea, formando hilillos de agua entre rocas o una superficie relativamente impermeable. De esta forma se apoza en cuencas naturales, dando origen a las aguadas ubicadas en los cerros. Sin embargo, a veces la roca está fisurada y el agua escurre bajo tierra hasta los faldeos del mismo cerro y aflora en fallas geológicas.
También se podía conseguir agua gracias a napas subterráneas presentes en los sedimentos del borde occidental de la Pampa del Tamarugal. Estas aguas provienen a su vez de precipitaciones infiltradas en las partes altas de la Cordillera de Los Andes. El agua pasa bajo el desierto y aparecen como vertiente en la costa.
Cualquiera sea el caso, los primitivos tuvieron que caminar largas distancias en busca del agua. Desde tiempos inmemoriales utilizaron cuero de lobos marinos y los estómagos de estos animales como cantimploras o depósitos que eran llevados en las espaldas.
Los antecedentes expuestos coinciden con la ubicación de las aguadas de neblinas y los sitios arqueológicos. Entre la zona costera de Pisagua y Taltal se han reconocido más de 80 vertientes, en cada una de las cuales hay vestigios de uno o más asentamientos humanos.

Los habitantes del Altiplano

Al mismo tiempo que la odisea de los primeros hombres del litoral, se ubica el avance de las primeras tribus existentes en el área andina. Corresponde a grupos nómades de cazadores y recolectores que habitaban preferentemente sobre los 3.000 metros de altura, debido a que las condiciones ambientales les aseguraban la existencia de caza de auquénidos.
Los hábitos de ocupación correspondían  a la pernoctación en cavernas o quebradas rocosas y en las cercanías de pequeños arroyos que descienden de la cordillera.

Primeras herramientas

Hace cuatro mil años los primeros habitantes del altiplano comenzaron a desarrollar sus utensilios líticos.
Puntas de flechas y piedras con doble filo fueron las herramientas que usaron para cazar y cortar la carne de llamas y alpacas. La mayoría de estos restos arqueológicos fueron encontrados en cavernas, cursos de ríos o afloramientos de napas subterráneas, en casi toda la Provincia de Iquique.

Domesticar al medio

En la región andina, la población se mantiene relativamente estática hasta el año 3.000 AC. Ante la necesidad de alimentos, estos grupos humanos ensayan la domesticación de plantas y animales. Hacía el año 1.000 AC se les encuentra ya como incipientes agricultores. De esta manera, el hombre inicia el manejo de la tierra y del agua para producir alimentos.
Según los estudios realizados en la zona, estos cambios en las costumbres de las primeras poblaciones andinas son el resultado de los múltiples contactos y las influencias de grupos culturalmente más avanzados en las zonas que hoy corresponde a Perú y Bolivia.
En esta misma época ya comienzan las primeras conexiones entre pobladores del altiplano y la costa, permitiendo el intercambio de productos y, por consiguiente, la complementariedad alimenticia.

Pueblos costeros y Aymaras

 

Changos y Aymaras

A pesar de estar separados por la Cordillera de la Costa, las comunidades de changos o habitantes de la costa, y los poblados aymaras (habitantes de la precordillera y el altiplano) mantuvieron un estrecho contacto a través de los siglos. El intercambio fue tanto comercial como cultural.
Los Changos ofrecían los productos del mar y su capacidad para enfrentar situaciones extremas, especialmente en el tema de la búsqueda de agua. En tanto que los poblados aymaras ofrecían los productos generados por sus cultivos y las nuevas técnicas para textiles y cerámica.
De esta manera, la interacción de estos dos pueblos se prolongó hasta la llegada de los españoles. Con la intervención de los conquistadores, parte del intercambio quedó suspendido y las nuevas costumbres fueron impuestas en todo el territorio de Tarapacá.

Un pueblo frente al mar

Las primeras expediciones de los españoles en el norte de Chile encontraron en la zona costera a grupos de aborígenes que vivían en pequeñas comunidades que mantenían una vida sencilla en comparación con las etnias de los valles del interior.
A este grupo de pescadores y recolectores, descendientes directos de la milenaria cultura Chinchorro, los españoles les denominaron «changos».
el término chango aparece documentado por primera vez en 1659, según los cronistas y viajeros del siglo XVII.
Esta etnia existió desde el sur de Perú hasta el río Aconcagua. Sin embargo, hay registros del siglo pasado que los ubican hasta la desembocadura del río Maule.
Los Changos se extendieron desde el norte de Perú hasta las costas de la Cuarta Región de Chile. En toda su zona de influencia mantuvieron un constante intercambio económico y cultural con los pueblos del interior
.
La ornamentación personal fue parte importante de las costumbres de los pueblos changos. Confeccionaban flautines con huesos de aves marinas y collares de conchillas
.
Morteros y vasijas en pieda o «lava negra» eran confeccionados por los Changos cerca del año cero.

Curtidos por el sol

Estos pescadores eran de espaldas anchas. Los hombre medían 1.60 centímetros y las mujeres 1.45 centímetros.
Con relación al aspecto físico de los changos, el obispo de Concepción, Reginaldo de Lizarraga, que visitó las costas de Tarapará a fines del siglo XVII, hizo la siguiente observación: «Los rostros y cuero de sus cuerpos se les ha vuelto como una costra colorada, durísima. dicen que les proviene de la sangre que beben de los lobos marinos y por este color son conocidísimos».
La tumba de este «señor de la costa» fue hallada cerca de Iquique. Se estima que vivió en la zona de Bajo Molle en el año 1.200 DC. Usa un chaleco de lana y un sombrero confeccionado con plumas de aves tropicales. Cazaba con arco y flecha. Guardaba sus utensilios en un «Carcaj» de piel de zorro.
La construcción de balsas de cuero de lobo marino inlfado, fue la característica típica de los changos.
Los changos recorrieron la costa entre Arica y Aconcagua en pequeños grupos familiares que se movilizaban en balsas de cuerpo de lobos inflados.

En sus rituales funerarios, los Changos confeccionaban pequeñas balsas de madera de cactus como una manera de proveer al difunto de todo lo necesario para «seguir la vida». Todos los artefactos que iban junto al difunto eran pintados de rojo, colo considerado para las ceremonias de luto.

Saladores de Pescado

Los changos procesaron el pescado, sobre todo el congrio y el toyo. Fuerons los primeros trabajando bajo la modalidad de «seco» y «salado». También arponeaban grandes cetaceos y recolectaron mariscos en el litoral.
Los changos por siglos extraían guano en baja escala. Ellos conocían sus bondades como fertilizante. Intercambiaban este producto con los pobladores del interior, cuyos cultivos lo requerían.
A principios del siglo XVI iniciaron la extracción en forma más organizada y bajo el control de los españoles.
Las influencias de los poblados del interior fueron patentes en la cultura de los changos. Como características común entre estos grupos se encuentea los tocados cefálicos  y los deformadores de cráneos que fueron empleados desde épocas remotas. Como aprte de su espiritualidad los changos adoraban al mar o a la a»mamacocha» y a parte de los productos que extraían de él.
En forma especial respetaban a la ballena y en ciertos sectores a peces específicos, dependiendo la abundancia de extracción de la especie durante un periodo determinado.
En sus rituales funerarios era común que pintaran los cuerpos y los cubrieran con pieles y plumas de pelícanos. También poseían algunas características de la momificació estilo Chinchorro. Las sepulturas de la costa durante el período de Desarrollo  Regional incluían  en las ofrendas figuras que simbolizaban algún aspecto de la actividad pesquera artesanal.

Una vida contemporánea

El sociólogo Bernardo Guerrero  indica que luego de la llegada de los españoles, los poblados indígenas del litoral sufrieron la explotación hispana del guano y de una pequeña industria de pescados secos. Los changos fueron la principal mano de obra en estas actividades, las que permitieron el desarrollo paulatino de los puerto de Pisagua, Iquique y El Loa.
Ya en el siglo XVII exitían registros en que indicaban que los changos se acercaron al puerto como mano de obra en la explotación del guano, tal como sucedió en la isla Serano.
Al comenzar el siglo XVIII, la población de changos fue decreciendo. Indicador de lo anterior es que en la Isla Serrano se incorporó población  de raza negra en la extracción de guano.
Los changos también, aunque en un modo periférico, trabajaron en el salitre, cargando sacos del «oro blanco» en sus balsas en dirección a los veleros que lo llevaban al Viejo Mundo.
El investigador Patricio Advis estima que la población de changos en 1581 oscilaba entre las 2.000 y 3.000 personas. En un intento por construir un plano urbano de Iquique de ese entonces, Advis indentifica asentamientos en Iquique, Cavancha, Bajo Molle, Punta Gruesa, Chucumata, Aguadita, Punta de Lobos y hacia el interior en Soronal y Alto Caramucho.
Con el correr de los años, según Guerrero, la identidad cultural de los changos se fue diluyendo a medida que la ciudad avanzaba y la modernidad llegaba al puerto.

En su época más primitiva los hombres de la costa utilizaban taparrabos confeccionados con fibras vegetales.
Los tejidos con lanas de auquénidos y, en algunos casos, de cabello humano, forman parte de los vestigios que dejaron los primitivos habitantes de la costa.
La influencia Tiwanaku se sintió en la costa. Este gorro de 4 puntas servía para deformar cráneos de niños y adolescentes.
Tiwanaku también trajo el uso de alucinógenos en ceremonias religiosas. En los asentamiento de la costa se encontraron diversas formas de tablillas, tubos para aspirar y brochas para limpiar.
Varias reproducciones realizadas por historiadores consignan que los changos utilizaron sus embarcaciones para transportar salitre hacia los barcos. 

Los pueblos del interior

El intercambio que se generó entre los pueblos de la costa y del interior duró hasta la llegada de los españoles.
Cestería y trabajos en fibra vegetal con diseños rudimentarios era lo que generaban los poblados agroalfareros mil años A.C.
Caravanas de llamas cargadas con granos y cereales eran parte de la vida integrada por ambos grupos aborígenes. De esta manera los del interior iniciaron la colonización de algunas caletas para explotar sus propios recursos. Posteriormente el pueblo Chinchorro y los llegados desde el interior se mezclaron y generaron un nuevo pueblo con características propias, que más adelante posibilitaría la aparición de los Changos.
– Quínoa y maiz, además de textiles y cerámicas eran los productos que intercambiaban los pueblos del altiplano con sus hermanos de la costa.

Influencia Tiwanaku

Cerca del año 400 DC la cultura Tiahuanaco o Tiwanaku, inició lentamente su influencia en el altiplano chileno y los valles y poblados de la Pampa del Tamarugal.
Tiahuanaco levantó templos y construcciones monumentales para el culto a los dioses representados por pumas y cóndores. Parte de su quehacer fue traspasado a los pueblos costeros y de los valles del norte de Chile, en especial la intensificación del uso de la llama para el transporte de maíz, pieles y cereales. También introdujo el uso de alucinógenos, bolsos y tejidos rudimentarios.
A pesar de su poderío, el pueblo Tiahuanaco no dominó políticamente la zona; sólo influyó en su concepción cultural hasta el año 1.100 DC, cuando comenzó su proceso de desintegración.
– La influencia Tiwanaku se evidencia en la gran elaboración de los textiles.
– Los deformadores de cráneo eran de dos tipos. Uno anular que utilizaban turbante de textil y otro tabular en el que usaban almohadillas similares a cintillos. La usanza tabular era más común en el interior.
– Sombreros y adornnos de la cultura Tiwanaku del año 1.000 a 1.450.


La identidad aymara



Antes de la presencia Inca en estas tierras, de la llegada de los españoles y la posterior creación de los estados, el pueblo aymara estaba presente en el altiplano; en los valles y oasis de la Primera Región.
Con mil años de historia como pueblo unificado en una sola lengua, costumbres y organización social, esta cultura evolucionó gracias a la creación de los reinos o señoríos indígenas.
estos grupos, esparcidos en lo que hoy es Bolivia, Perú y Chile, se reunían en reinos que tenían en común la lengua aymara o Haque Aru.
Con el paso de los siglos, unieron criterios culturales hasta convertirse en lo que actualmente se conoce como «Nación Aymara».


– A pesar de la imposición de la cultura hispana, el pueblo aymara continúa con muchas de sus tradiciones hasta la actualidad.
– Los «yatiri» o curanderos aymaras aún prestan sus servicios en los poblados del altiplano. El arte de sanar se pasa de generación en generación desde tiempos prehispánicos.






Dibujos en la tierra

Los aymaras mantuvieron un gran desarrollo cultural durante el periodo conocido como de Desarrollo Regional, entre el 1100 y 1470 DC.
Conformaron territorios autónomos y construyeron los pukaras que eran fortalezas defensivas en contra del ataque de pueblos foráneos o rivales.
En este periodo también se construyeron los geoglifos en los faldeos de algunos cerros de la Primera Región. Cada geoglifo tenía una ubicación estratégica, en los cerros, en los faldeos orientales dela Cordillera de la Costa, el sector de Pintados y en las quebradas que atraviesan la Pampa del Tamarugal.
Existen desde el valle de Azapa hasta el Río Loa.
Investigaciones actuales han determinado que el objetivo de los geoglifos era señalizar el paso de las caravanas entre la sierra y la costa y mostrar puntos para abastecerse de agua.
También por su simbología no se descarta que cumplieran funciones rituales o de culto a las divinidades.






– El Gigante de Atacama ubicado en el cerro Unita, es uno de los geoglifos más reconocidos en el Norte Grande de Chile.

– Los geoglifos de Pintados en la comuna de Pozo Almonte, indican el paso de grupos de caravanas hacia la costa.

Territorio Aymara

Para el antropólogo Olaf Olmos, el concepto de «Territorio Aymara» viene de tiempos inmemoriales. A su juicio «fue antes de los Incas, de la llegada de los españoles y previo a la conformación de los países».
Dentro de la cosmología prehispánica existía la idea de una sola y gran nación que ocupaba, vivían y compartía los recursos provenientes del mar, valles, sierra y selva.
«Esta era la nación aymara que la conformaban los reinos como los Collas, Pacajes, Carangas, Omasuyos, Canas, Canchis, Ubinas, Lipez, Collaguas, que junto a otros pequeños señoríos tenían en común la lengua Haque Aru; una cerámica que usaba colores similares y una misma forma de organizar la comunidad en mitades o sayas».
Todos los pueblos compartían creencias, una misma forma de entender y comprender el mundo, una misma religión, además de utilizar sin problemas los recursos de un mismo y gran territorio, ubicado desde las cercanías de la selva, el altiplano y hasta los pequeños y grandes valles serranos y costeños.
«A este territorio respetaban y rendían culto porque de sus recursos vegetales, animales, suelos agrícolas y aguas sabían que dependían sus posibilidades de vivir».
Esta conciencia social genera el respeto y culto a la «Pachamama».De ella dependía la subsistencia de la comunidad, la familia, los hijos y del ganado.
Sus antiguos habitantes relataban a través de mitos y leyendas cómo de las aguas había surgido la vida y dado origen a sus antepasados creadores de los linajes, de sus reinos o señoríos, en los cuales ellos reconocían sus parentesco.
En la religiosidad y creencias de estos pueblos, también los animales eran importantes. A través, de ritos se les rendía cultos a especies de gran prestigio para la forma de comprender el mundo. El puma, el cóndor, la serpiente, el zorro y la rana fueron algunos de estos animales sagrados. Muchos de los ritos que ellos representaban asimilaban los movimientos, sonidos o comportamiento de estas especies.
«El hombre andino se veía a sí mismo como parte de esa naturaleza en la cual vivía y esa es la visión que aún conserva», señala Olmos.

Construción en los cerros

Existen dos familias de geoglifos. Una de ellas aprovecha el material rocoso colo oscuro para dibujar una especie de mosaico que contrasta con el fondo más claro de la tierra. Otra técnica empleada es el «raspaje» de la capa superficial oxidada, resultando unos dibujos claros contra el fondo oscuro del suelo.
Los tipos de dibujos han sido clasificados en familias geométricas con círculos, cuadrados y rombos, además de líneas quebradas. También están las familias zoomórficas que representan a animales, especialmente grupos de camélidos, pumas, y aves. La familia antropomórfica utiliza figuras humanas, a veces usando arcos y flechas. En general los geoglifos reúnen figuras que pertenecen a más de uno de estos tres grupos.

– Los geoglifos se localizan en lugares visibles como cerros aislados y en los faldeos orientales de la Cordillera de la Costa.

Los aymaras y la influencia Inca

En el altiplano, donde las comunidades mantenían una fuerte conexión social y económica, surgieron los primeros avances del imperio de los Incas. Con la expansión del Tawantinsuyo o de los cuatro «suyos», como se conocían en lengua quechua al imperio Inca, e desarrollo de los reinos y señoríos aumaras es transformado en 1470 en un anexo o provincia dependiente del Cuzco. el avance de los Incas se extendió hasta el río Maule.
Para llevar a cabo el proceso de dominación, los incas trasladaron colonias militares y campesinas a los valles asimilados. Con ellos construyeron un complejo sistema de vías de comunicación que hoy es conocido en todo el mundo como el «Camino del Inca».
El antropólogo Olaf Olmos explica que los incas al conquistas a los aymaras, les exigieron el pago de tributo en productos agrícolas, artesanales y mano de obra. Todo esto para llevar a cabo los trabajos que emprendió el imperi

o en ese tiempo como caminos, puentes y obras de riego.
a pesar de esta presión, el inca les respetó su forma de organización social, fiestas, creencias y religiosas, costumbre y sus propios jefes; pero al mismo tiempo, dependían políticamente del dominio del Cuzco.
El dominio inca duró apenas 65 años, ya que en 1535 llegaron los españoles quienes cambiaron el destino del imperio y, con ello, el futuro de la Provincia de Iquique.

– Kenos era un cáliz sagrado de madera que se utilizaba en las ceremonias incas.
– El Camino del Inca, cuya construcción comenzó en 1438 DC, atravesaba todo el imperio. Partes de esta ruta aún existen en el altiplano chileno, entre Putre y San Pedro Atacama.
– El entierro inca en Cerro Esmeralda fue encontrado hace 20 años. En él se hallaron dos cuerpos: una doncella de 18 años y una niña de 9 que presumiblemente era su servidora. Fueron sacrificadas a mediados del siglo XV, antes de la llegada de los españoles.

Los Camélidos

Los camélidos andinos se encuentran emparentados con los camellos y son los mayores animales nativos de esta zona. Fueron y son utilizados por el pueblo aymara tanto para transporte como fuente de lana, cuero y alimento.
Los españoles llamaban «oveja» a la llama y describieron en sus crónicas el uso múltipleqe le deban los indígenas.

Llama.- Es el de mayor tamaño entre los camélidos andinos. Es domesticable y usado como animal de carga y para alimentación. Su lana es la más gruesa entre los camélidos. Da unos 4 kilos de lana con esquila cada dos años. Es el menos selectivo en su alimentación y pasta entre prados de paja brava, sin ningún problema.

Vicuña.- Es el más pequeño de los cuatro camélidos sudamericanos. No se puede domesticar. Vive en grupos familiares de un macho y hasta de 5 hembras. Se mueve entre los pastizales y bofedales del altiplano. La hembra sólo tiene una cría al año. Fue casi exterminado por la demanda de su cuero y lana. Gran valor tiene su lana, ya que es la más delgada fibra animal existente en el mundo después de la que genera el gusano de seda. Fue empleada en los textiles más finos en las culturas nativas. La vicuña sólo produce 180 gramos de lana en un lapso de dos años. Actualmente esta especie está protegida . En 1973 existían mil de estos animales. A mediados de los años 90, su número llegaba a los 27.000.

Guanaco.- De color café claro, pelo corto y de tamaño un poco mayor que la vicuña, es de difícil domesticación. Hoy existen cerca de 1.000 ejemplares en los parques nacionales de Chile (año 2000).

Alpaca.- Es un poco más pequeña que la llama. Tiene una gruesa capa de lana que cubre hasta los ojos. Su lana es de variados colores desde el blanco, pasando por una gran gama de caé y gris, hasta el negro puro. Rinde hast 5 kilos de lana cada dos años. La textura es delgada y sedosa, por lo que la convierte en la mejor para los tejidos de calidad. La alpaca es la más selectiva en su alimentación y sólo come en los bofedales, donde los pastos son más tiernos

Primeros habitantes

Periodo Arcaico: 8.000 a 1.000 AC. Destaca la cultura Chinchorro en el litoral de Arica e Iquique. Son pueblos cazadores y recolectores.

Periodo Formativo: 1.000 AC a 300 DC. Marca el inicio de la domesticación y pastoreo de animales acompañado de una agricultura incipiente. También comienza la alfarería rudimentaria y el manejo de metales. Los textiles son dibujados con motivos geométricos.

Periodo Tiwanaku: 300 a 1.100 DC. El imperio desarrollado en la cuenca del Lago Titicaca en el altiplano boliviano extiende su influencia hacia Chile. Se intensifica el comercio entre la costa, la sierra y el altiplano. Aportan nuevas técnicas como el uso de terrazas y canales. La cerámica muestra diseños con trazos negros sobre fondo rojo y blanco. También introducen el uso de alucinógenos en ceremonias rituales.

Periodo de Desarrollo Regional: 1.100 a 1.470 DC. Es la época de los señoríos autónomos. Las manifestaciones culturales expresadas en vestimentas objetos de ornato y utilitarios revelan un extraordinario desarrollo en el uso del color. Aparecen los pukaras, fortalezas que defiende los territorios autónomos.

Periodo Inca: 1.470 a 1.535 DC. El Imperio Inca nace en la sierra peruana y se extiende a Chile hasta el río Maule. Implica la creación de vías de comunicación. Traen nuevas técnicas y estilos para la cestería, cerámica y textiles. Este corto periodo se acaba con la irrupción de los primeros conquistadores españoles, quienes generan una profunda transformación en las comunidades nativas.

Estreno teatral. – La compañía Akana Teatro estrena este fin de semana la obra familiar “El Canto del Alicanto”, montaje ganador del Fondart 2011 en la Región de Tarapacá. Esta producción se presenta hoy viernes y mañana sábado a las 19:00 horas en el Salón Té-Atro, ubicado en Ramírez 1265. La entrada es liberada.

El Alicanto es un ave mitológica que se encuentra en los cerros altiplánicos y que según cuenta la  leyenda, se alimenta de oro y  plata.

Estreno teatral. – La compañía Akana Teatro estrena este fin de semana la obra familiar “El Canto del Alicanto”, montaje ganador del Fondart 2011 en la Región de Tarapacá. Esta producción se presenta hoy viernes y mañana sábado a las 19:00 horas en el Salón Té-Atro, ubicado en Ramírez 1265. La entrada es liberada.

El Alicanto es un ave mitológica que se encuentra en los cerros altiplánicos y que según cuenta la  leyenda, se alimenta de oro y  plata.

Pueblos Originarios de la Región de Tarapacá

En Google Knol está publicado el primer capítulo de Iquique, 10.000 años de historia. En esta primera parte se cuenta la llegada de la humanidad a la zona y los primeros avances en el desarrollo de cultural local:

A partir del periodo arcaico (8.000 AC) hay indicios de un desarrollo cultural mayor identificado como Cultura Chinchorro, que tomó su nombre del balneario donde fueron descubiertas las más antiguas del mundo. Son incluso más arcaicas que las egipcias.

El hombre de Chinchorro pertenecía a un pueblo seminómade, habitando la costa en el circuito comprendió entre Arica y la desembocadura del río Loa.

Con características especiales, los chinchorro permanecían en los afloramientos de napas subterráneas y en los faldeos de los cerros en donde se acumulaba cierta cantidad de agua generada por la camanchaca.