Inversiones chilenas en el descampado de Atacama

Oficina abandonada en región de Antofagasta.

En 1866 José Santos Ossa y Francisco Puelma descubrieron mantos de salitre en el Salar del Carmen, ubicado al este de Antofagasta. Casi inmediatamente obtuvieron las concesiones para explotar el mineral. La única obligación era construir un muelle en Antofagasta. Este permiso fue heredado más adelante por la Compañía de Salitres de Antofagasta.

En primera instancia Puelma y Ossa trasladaron estos derechos a la Compañía Explotadora del Desierto de Atacama. Esta empresa gestionó en Bolivia otros permisos como explotar el recurso por 15 años a cambio del pago de 10.000 sólo una vez la construcción de un camino de 30 leguas y que llegara a puerto. También le dieron una franja de territorio de una legua de ancho por toda la extensió del camino para que la explotaran.

Los beneficios eran tan buenos, que la gente de Bolivia protestó. En tanto que los chilenos afirmaban que sólo recibían lo que pertenecía a Chile.

En 1871, Bolivia restringió todos los derechos sobre esta zona. A excepción de la Empresa Melbourne, Clark y Cía, entidad que heredó los recursos de la Sociedad Explotadora del Desierto de Atacama.

En 1874 hubo otro permiso que entregó a la nueva empresa llamada Compañía de Salitres y FF.CC. de Antofagasta. Fue gestionado a nivel de gobiernos. La empresa tenÌa 15 años de permiso, grandes extensiones de terreno y facilidades para sacar la carga por los puertos de la zona. El artículo 4 decía: «desde el 1 de enero de 1874 la empresa tiene el derecho a explotar libremente los depósitos de salitres y el de exportar por el puerto de Antofagasta los productos de esos depósitos libres de todo derecho de exportación y de cualquier otro gravamen municipal o fiscal».

El tratado de 1874 fue mejorado y decía que «las personas, industrias y capitales chilenos que quedarán sujetos a más contribuciones, de cualquier clase que sean, que a las que al presente existen».

Con estos acuerdos, los problemas de límites y la industria chilena en la zona estaba protegida. Hasta que en 1878, la asamblea boliviana desenterró este decreto y vio que económicamente el país estaba perdiendo recursos. El Ejecutivo boliviano, dictó el 14 de febrero de 1878 la siguiente resolución: «Se aprueba la transacción celebrada por el Ejecutivo el 27 de noviembre de 1873 con el apoderado de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, a condición de hacer efectivo como mínimo un impuesto de 10 centavos en quintal exportado».

Ese mismo año los ejecutivos de la compañía en Valparaíso, viajaron a Santiago y pidieron la intervención del gobierno. En primera instancia se utilizó el envío de un diplomático que pidieron la extensión del acuerdo suscrito en 1874. La respuesta de Bolivia se demoró por varios meses. No hubo respuestas y en Bolivia se hablaba de echar a los ingleses de Antofagasta.

La Moneda envió una carta a La Paz en la que decía: «La negativa del gobierno de Bolivia una exigencia tan justa como demostrada colocaría declarar nulo el tratado de límites que nos liga con ese país, y las consecuencias de esta declaración dolorosa, pero absolutamente justificada y necesaria, serían de la exclusiva responsabilidad de la parte que hubiere dejado de dar cumplimiento a lo pactado».

Bolivia insistió en el gravamen de 10 centavos. Incluso estableció que debía ser retroactivo y que se cobraría desde el 14 de febrero de 1878, a pesar que el trámite fue despachado el 17 de diciembre de ese mismo.

«El 6 de enero de 1879, el prefecto Zapata notificó a la compañía el pago de los derechos a contar desde la fecha indicada en la ley. El 11 de mandó a trabar embargo en sus bienes y llevar a la cárcel al gerente Jorge Hicks.

El 1 de febrero el Presidente Daza dictó un decreto en que afirmaba que como la Compañía de Salitres de Tarapacá no quería pagar el impuesto y no respecta los acuerdos, dejaba sin efecto el acuerdo suscrito en 1873. Reivindicó las salitreras detentadas por la compaÒÌa.

El 7 de febrero la Moneda recibió un telegrama que indicaba que el gobierno boliviano remataría las salitreras.

El presidente Aníbal Pinto dispuso que el Cochrane y la O’Higgins fueran a Antofagasta con dos compañías de artillería a bordo a las Ordenes del coronel Emilio Sotomayor Baeza.

El 14 de febrero, por la mañana, una escuadrilla compuesta por el Blanco, el Cochrane y la O’Higgins apareció fondeada en la bahÌa de Antofagasta. Las compañías bajaron a tierra y el prefecto Zapata y sus 40 policiales se retiraron de la ciudad.

Problemas con Argentina

Los problemas limítrofes no sólo estaban en el norte. La frontera con Argentina en el sur también complicaba al gobierno chileno.

El tema de la pertenencia de la región de la Patagonia era un tema obligado en la sociedad argentina. Incluso esta tensión entre ambos países jugaba en contra de Chile, debido a que Per˙ y Bolivia tenían la intención que Argentina se uniera en un pacto defensivo contra Chile.

Las negociaciones de Chile permitieron que la tensión disminuyera y la nación trasandina se mantuviera a un lado durante el conflicto de la Guerra del Pacífico.

Es así como Con este país, se llegó a un acuerdo en el Tratado de Límites de 1881, que estableció como límite entre ambos países la Cordillera de los Andes en sus más altas cumbres que dividen las aguas. En caso de problemas, se nombrarían peritos y se recurrirÌa al arbitraje de una potencia amiga.

El Estrecho de Magallanes quedó bajo la soberanía chilena. Tierra del Fuego serÌa dividida y compartida por ambos países. Las islas situadas al sur del Canal Beagle hasta el Cabo de Hornos y las que se encontrasen al occidente de Tierra del Fuego pertenecerían a Chile.

La aplicación del Tratado de 1881 originó inconvenientes, y para superarlos se firmó un Protocolo el 1 de mayo de 1893. Pero, como los problemas subsistían, fueron sometidos al arbitraje de la corona Británica. Fue el Rey Eduardo VII de Inglaterra quien ofició de árbitro en el conflicto limítrofe entre Chile y Argentina, que culminó con la firma de los Pactos de Mayo, en 1902.

– Este artículo está publicado en la sección La Guerra del Pacífico. Más información en el índice y Bibliografía.

Inversiones chilenas en el descampado de Atacama

Oficina abandonada en región de Antofagasta.

En 1866 José Santos Ossa y Francisco Puelma descubrieron mantos de salitre en el Salar del Carmen, ubicado al este de Antofagasta. Casi inmediatamente obtuvieron las concesiones para explotar el mineral. La única obligación era construir un muelle en Antofagasta. Este permiso fue heredado más adelante por la Compañía de Salitres de Antofagasta.

En primera instancia Puelma y Ossa trasladaron estos derechos a la Compañía Explotadora del Desierto de Atacama. Esta empresa gestionó en Bolivia otros permisos como explotar el recurso por 15 años a cambio del pago de 10.000 sólo una vez la construcción de un camino de 30 leguas y que llegara a puerto. También le dieron una franja de territorio de una legua de ancho por toda la extensió del camino para que la explotaran.

Los beneficios eran tan buenos, que la gente de Bolivia protestó. En tanto que los chilenos afirmaban que sólo recibían lo que pertenecía a Chile.

En 1871, Bolivia restringió todos los derechos sobre esta zona. A excepción de la Empresa Melbourne, Clark y Cía, entidad que heredó los recursos de la Sociedad Explotadora del Desierto de Atacama.

En 1874 hubo otro permiso que entregó a la nueva empresa llamada Compañía de Salitres y FF.CC. de Antofagasta. Fue gestionado a nivel de gobiernos. La empresa tenÌa 15 años de permiso, grandes extensiones de terreno y facilidades para sacar la carga por los puertos de la zona. El artículo 4 decía: «desde el 1 de enero de 1874 la empresa tiene el derecho a explotar libremente los depósitos de salitres y el de exportar por el puerto de Antofagasta los productos de esos depósitos libres de todo derecho de exportación y de cualquier otro gravamen municipal o fiscal».

El tratado de 1874 fue mejorado y decía que «las personas, industrias y capitales chilenos que quedarán sujetos a más contribuciones, de cualquier clase que sean, que a las que al presente existen».

Con estos acuerdos, los problemas de límites y la industria chilena en la zona estaba protegida. Hasta que en 1878, la asamblea boliviana desenterró este decreto y vio que económicamente el país estaba perdiendo recursos. El Ejecutivo boliviano, dictó el 14 de febrero de 1878 la siguiente resolución: «Se aprueba la transacción celebrada por el Ejecutivo el 27 de noviembre de 1873 con el apoderado de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, a condición de hacer efectivo como mínimo un impuesto de 10 centavos en quintal exportado».

Ese mismo año los ejecutivos de la compañía en Valparaíso, viajaron a Santiago y pidieron la intervención del gobierno. En primera instancia se utilizó el envío de un diplomático que pidieron la extensión del acuerdo suscrito en 1874. La respuesta de Bolivia se demoró por varios meses. No hubo respuestas y en Bolivia se hablaba de echar a los ingleses de Antofagasta.

La Moneda envió una carta a La Paz en la que decía: «La negativa del gobierno de Bolivia una exigencia tan justa como demostrada colocaría declarar nulo el tratado de límites que nos liga con ese país, y las consecuencias de esta declaración dolorosa, pero absolutamente justificada y necesaria, serían de la exclusiva responsabilidad de la parte que hubiere dejado de dar cumplimiento a lo pactado».

Bolivia insistió en el gravamen de 10 centavos. Incluso estableció que debía ser retroactivo y que se cobraría desde el 14 de febrero de 1878, a pesar que el trámite fue despachado el 17 de diciembre de ese mismo.

«El 6 de enero de 1879, el prefecto Zapata notificó a la compañía el pago de los derechos a contar desde la fecha indicada en la ley. El 11 de mandó a trabar embargo en sus bienes y llevar a la cárcel al gerente Jorge Hicks.

El 1 de febrero el Presidente Daza dictó un decreto en que afirmaba que como la Compañía de Salitres de Tarapacá no quería pagar el impuesto y no respecta los acuerdos, dejaba sin efecto el acuerdo suscrito en 1873. Reivindicó las salitreras detentadas por la compaÒÌa.

El 7 de febrero la Moneda recibió un telegrama que indicaba que el gobierno boliviano remataría las salitreras.

El presidente Aníbal Pinto dispuso que el Cochrane y la O’Higgins fueran a Antofagasta con dos compañías de artillería a bordo a las Ordenes del coronel Emilio Sotomayor Baeza.

El 14 de febrero, por la mañana, una escuadrilla compuesta por el Blanco, el Cochrane y la O’Higgins apareció fondeada en la bahÌa de Antofagasta. Las compañías bajaron a tierra y el prefecto Zapata y sus 40 policiales se retiraron de la ciudad.

Problemas con Argentina

Los problemas limítrofes no sólo estaban en el norte. La frontera con Argentina en el sur también complicaba al gobierno chileno.

El tema de la pertenencia de la región de la Patagonia era un tema obligado en la sociedad argentina. Incluso esta tensión entre ambos países jugaba en contra de Chile, debido a que Per˙ y Bolivia tenían la intención que Argentina se uniera en un pacto defensivo contra Chile.

Las negociaciones de Chile permitieron que la tensión disminuyera y la nación trasandina se mantuviera a un lado durante el conflicto de la Guerra del Pacífico.

Es así como Con este país, se llegó a un acuerdo en el Tratado de Límites de 1881, que estableció como límite entre ambos países la Cordillera de los Andes en sus más altas cumbres que dividen las aguas. En caso de problemas, se nombrarían peritos y se recurrirÌa al arbitraje de una potencia amiga.

El Estrecho de Magallanes quedó bajo la soberanía chilena. Tierra del Fuego serÌa dividida y compartida por ambos países. Las islas situadas al sur del Canal Beagle hasta el Cabo de Hornos y las que se encontrasen al occidente de Tierra del Fuego pertenecerían a Chile.

La aplicación del Tratado de 1881 originó inconvenientes, y para superarlos se firmó un Protocolo el 1 de mayo de 1893. Pero, como los problemas subsistían, fueron sometidos al arbitraje de la corona Británica. Fue el Rey Eduardo VII de Inglaterra quien ofició de árbitro en el conflicto limítrofe entre Chile y Argentina, que culminó con la firma de los Pactos de Mayo, en 1902.

– Este artículo está publicado en la sección La Guerra del Pacífico. Más información en el índice y Bibliografía.

Salitre y guano en Antofagasta

De acuerdo a los documentos albergados en la Biblioteca Nacional de Santiago, sólo en 1842 Chile descubrió que en el desierto de Atacama existían depósitos de guano. Ese mismo año el gobierno envió una comisión para explorar. El informe fue que las reservas no eran abundantes. Sin embargo, el presidente Manuel Bulnes aprobó una ley con el apoyo del Congreso para declarar que los guanos al sur del paralelo 23 era de propiedad de la República de Chile, «por encontrarse dentro de los límites de su territorio». La ley se promulgó el 13 de octubre de 1842 y con ello dejaba a Mejillones oficialmente dentro del Chile.

Poblado de Cobija en 1875.
Bolivia protestó y dijo que su límite austral no era el paralelo 23, sino que el 26. Hubo varios roces a nivel diplomático hasta que en 1863 la situación se volvió incontenible y se comenzó a hablar de una crisis política entre ambas naciones. Sin embargo, este conflicto quedó en compás de espera debido a la Guerra contra España. De cierta manera Chile y Bolivia se unieron para enfrentar un enemigo común.
El presidente de Bolivia de esa época, Mariano Melgarejo, reanudó relaciones con Chile y propuso un arreglo limítrofe. En 1866 el acuerdo fue:
1. El límite internacional era el paralelo 24.
2. Se repartirían por mitades entre Chile y Bolivia los derechos de exportación del guano y minerales de la zona comprendida entre los grados 23 y 25.
3. Bolivia habilitaría una aduana en Mejillones y que sería la única que podría percibir estos derechos de exportación.
El tratado fue firmado a pesar de las protestas generadas en ambos países.
El presidente Melgarejo fue derrocado en 1871 y el congreso dictó una resolución que declaró nulo el acuerdo internacional.
Nuevamente hubo negociaciones que sólo fructificaron el 5 de diciembre de 1872. En esa oportunidad quedó «firme el deslinde internacional en el paralelo 24 y la medianería: pero se reglamentaba esta última al conceder a Chile el derecho a supervigilar las aduanas que se establecieran en los grados 23 a 24 y a Bolivia, las que Chile fundase en los paralelo 24 a 25.
El congreso peruano revisó el documento, pero no lo ratificó. Este trámite lo atrasó hasta 1874. En ese momento Bolivia ya había firmado el pacto secreto con Perú.
El gobierno de Chile acreditó frente a Bolivia al delegado Carlos Walker Martínez. El representante chileno se dio cuenta que los ánimos estaban caldeados y que Per˙ simpatizaba con Bolivia. Iniciaron nuevas gestiones para mejorar el antiguo tratado de 1866 con el ministro de relaciones exteriores de Bolivia, Mariano Baptista.
El tratado llegó en 1874. «El límite entre ambos países se consideró en el paralelo 24. Se suprimió la medianería, excepto para la industria guanera. Chile renunció a los beneficios que le producía el derecho a exportación de los minerales ubicados entre el paralelo 23 y 24 y Bolivia se comprometía a no aumentar las contribuciones existentes durante 25 años sobre capitales e industrias chilenas. También acordó a mantener en servicio como puertos mayores a Antofagasta y Mejillones.
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Aún existe un monolito cerca de Paposo que establece el antiguo límite entre Chile y Perú.

Mediterraneidad

El historiador antofagastino, Floreal Recabarren indica que el problema de mediterraneidad de Bolivia ha sido siempre una situación paradojal «porque cuando tuvo mar no supo aprovecharlo, pues, poco se interesó por tener marina mercante y menos una Escuadra».
Agrega que «desde 1825, fecha en que Simón Bolivar ordenó la fundación del puerto de Cobija, hasta 1879, el inicio de la Guerra del Pacífico, esto es, más de medio siglo, Bolivia no tomó conciencia que tuvo en su poder los puertos de Tocopilla, Mejillones y Antofagasta y que un hermoso océano estaba bajo su jurisdicción».
«En el caso de Cobija, en una década, 1827 a 1837, entraron a este puerto más de 300 buques, de los cuales sólo 20 eran de bandera boliviana, siendo el Potosí el de mayor tonelaje. Los otros eran simples barquichuelos. En cuanto a la Escuadra de guerra para resguardar las costas, la tuvo sólo por coyuntura».
El propio Presidente Andrés de Santa Cruz, que fue el más interesado en darle vida a Cobija, expresó, cuando el Prefecto de esa localidad le escribió para interesarlo en la formación de una unidad: «Bolivia no puede ser un poder marítimo aunque quiera…su fuerza es y sólo podrá serlo terrestre».

– Este artículo está publicado en la sección La Guerra del Pacífico. Más información en el índice y Bibliografía.

Salitre y guano en Antofagasta

De acuerdo a los documentos albergados en la Biblioteca Nacional de Santiago, sólo en 1842 Chile descubrió que en el desierto de Atacama existían depósitos de guano. Ese mismo año el gobierno envió una comisión para explorar. El informe fue que las reservas no eran abundantes. Sin embargo, el presidente Manuel Bulnes aprobó una ley con el apoyo del Congreso para declarar que los guanos al sur del paralelo 23 era de propiedad de la República de Chile, «por encontrarse dentro de los límites de su territorio». La ley se promulgó el 13 de octubre de 1842 y con ello dejaba a Mejillones oficialmente dentro del Chile.

Poblado de Cobija en 1875.
Bolivia protestó y dijo que su límite austral no era el paralelo 23, sino que el 26. Hubo varios roces a nivel diplomático hasta que en 1863 la situación se volvió incontenible y se comenzó a hablar de una crisis política entre ambas naciones. Sin embargo, este conflicto quedó en compás de espera debido a la Guerra contra España. De cierta manera Chile y Bolivia se unieron para enfrentar un enemigo común.
El presidente de Bolivia de esa È
época, Mariano Melgarejo, reanudó relaciones con Chile y propuso un arreglo limítrofe. En 1866 el acuerdo fue:
1. El límite internacional era el paralelo 24.
2. Se repartirían por mitades entre Chile y Bolivia los derechos de exportación del guano y minerales de la zona comprendida entre los grados 23 y 25.
3. Bolivia habilitaría una aduana en Mejillones y que sería la única que podría percibir estos derechos de exportación.
El tratado fue firmado a pesar de las protestas generadas en ambos países.
El presidente Melgarejo fue derrocado en 1871 y el congreso dictó una resolución que declaró nulo el acuerdo internacional.
Nuevamente hubo negociaciones que sólo fructificaron el 5 de diciembre de 1872. En esa oportunidad quedó «firme el deslinde internacional en el paralelo 24 y la medianería: pero se reglamentaba esta última al conceder a Chile el derecho a supervigilar las aduanas que se establecieran en los grados 23 a 24 y a Bolivia, las que Chile fundase en los paralelo 24 a 25.
El congreso peruano revisó el documento, pero no lo ratificó. Este trámite lo atrasó hasta 1874. En ese momento Bolivia ya había firmado el pacto secreto con Perú.
El gobierno de Chile acreditó frente a Bolivia al delegado Carlos Walker Martínez. El representante chileno se dio cuenta que los ánimos estaban caldeados y que Per˙ simpatizaba con Bolivia. Iniciaron nuevas gestiones para mejorar el antiguo tratado de 1866 con el ministro de relaciones exteriores de Bolivia, Mariano Baptista.
El tratado llegó en 1874. «El límite entre ambos países se consideró en el paralelo 24. Se suprimió la medianería, excepto para la industria guanera. Chile renunció a los beneficios que le producía el derecho a exportación de los minerales ubicados entre el paralelo 23 y 24 y Bolivia se comprometía a no aumentar las contribuciones existentes durante 25 años sobre capitales e industrias chilenas. También acordó a mantener en servicio como puertos mayores a Antofagasta y Mejillones.

Aún existe un monolito cerca de Paposo que establece el antiguo límite entre Chile y Perú.

Mediterraneidad

El historiador antofagastino, Floreal Recabarren indica que el problema de mediterraneidad de Bolivia ha sido siempre una situación paradojal «porque cuando tuvo mar no supo aprovecharlo, pues, poco se interesó por tener marina mercante y menos una Escuadra».
Agrega que «desde 1825, fecha en que Simón Bolivar ordenó la fundación del puerto de Cobija, hasta 1879, el inicio de la Guerra del Pacífico, esto es, más de medio siglo, Bolivia no tomó conciencia que tuvo en su poder los puertos de Tocopilla, Mejillones y Antofagasta y que un hermoso océano estaba bajo su jurisdicción».
«En el caso de Cobija, en una década, 1827 a 1837, entraron a este puerto más de 300 buques, de los cuales sólo 20 eran de bandera boliviana, siendo el Potosí el de mayor tonelaje. Los otros eran simples barquichuelos. En cuanto a la Escuadra de guerra para resguardar las costas, la tuvo sólo por coyuntura».
El propio Presidente Andrés de Santa Cruz, que fue el más interesado en darle vida a Cobija, expresó, cuando el Prefecto de esa localidad le escribió para interesarlo en la formación de una unidad: «Bolivia no puede ser un poder marítimo aunque quiera…su fuerza es y sólo podrá serlo terrestre».

Salitre y guano en Antofagasta

De acuerdo a los documentos albergados en la Biblioteca Nacional de Santiago, sólo en 1842 Chile descubrió que en el desierto de Atacama existían depósitos de guano. Ese mismo año el gobierno envió una comisión para explorar. El informe fue que las reservas no eran abundantes. Sin embargo, el presidente Manuel Bulnes aprobó una ley con el apoyo del Congreso para declarar que los guanos al sur del paralelo 23 era de propiedad de la República de Chile, «por encontrarse dentro de los límites de su territorio». La ley se promulgó el 13 de octubre de 1842 y con ello dejaba a Mejillones oficialmente dentro del Chile.

Poblado de Cobija en 1875.
Bolivia protestó y dijo que su límite austral no era el paralelo 23, sino que el 26. Hubo varios roces a nivel diplomático hasta que en 1863 la situación se volvió incontenible y se comenzó a hablar de una crisis política entre ambas naciones. Sin embargo, este conflicto quedó en compás de espera debido a la Guerra contra España. De cierta manera Chile y Bolivia se unieron para enfrentar un enemigo común.
El presidente de Bolivia de esa È
época, Mariano Melgarejo, reanudó relaciones con Chile y propuso un arreglo limítrofe. En 1866 el acuerdo fue:
1. El límite internacional era el paralelo 24.
2. Se repartirían por mitades entre Chile y Bolivia los derechos de exportación del guano y minerales de la zona comprendida entre los grados 23 y 25.
3. Bolivia habilitaría una aduana en Mejillones y que sería la única que podría percibir estos derechos de exportación.
El tratado fue firmado a pesar de las protestas generadas en ambos países.
El presidente Melgarejo fue derrocado en 1871 y el congreso dictó una resolución que declaró nulo el acuerdo internacional.
Nuevamente hubo negociaciones que sólo fructificaron el 5 de diciembre de 1872. En esa oportunidad quedó «firme el deslinde internacional en el paralelo 24 y la medianería: pero se reglamentaba esta última al conceder a Chile el derecho a supervigilar las aduanas que se establecieran en los grados 23 a 24 y a Bolivia, las que Chile fundase en los paralelo 24 a 25.
El congreso peruano revisó el documento, pero no lo ratificó. Este trámite lo atrasó hasta 1874. En ese momento Bolivia ya había firmado el pacto secreto con Perú.
El gobierno de Chile acreditó frente a Bolivia al delegado Carlos Walker Martínez. El representante chileno se dio cuenta que los ánimos estaban caldeados y que Per˙ simpatizaba con Bolivia. Iniciaron nuevas gestiones para mejorar el antiguo tratado de 1866 con el ministro de relaciones exteriores de Bolivia, Mariano Baptista.
El tratado llegó en 1874. «El límite entre ambos países se consideró en el paralelo 24. Se suprimió la medianería, excepto para la industria guanera. Chile renunció a los beneficios que le producía el derecho a exportación de los minerales ubicados entre el paralelo 23 y 24 y Bolivia se comprometía a no aumentar las contribuciones existentes durante 25 años sobre capitales e industrias chilenas. También acordó a mantener en servicio como puertos mayores a Antofagasta y Mejillones.

Aún existe un monolito cerca de Paposo que establece el antiguo límite entre Chile y Perú.

Mediterraneidad

El historiador antofagastino, Floreal Recabarren indica que el problema de mediterraneidad de Bolivia ha sido siempre una situación paradojal «porque cuando tuvo mar no supo aprovecharlo, pues, poco se interesó por tener marina mercante y menos una Escuadra».
Agrega que «desde 1825, fecha en que Simón Bolivar ordenó la fundación del puerto de Cobija, hasta 1879, el inicio de la Guerra del Pacífico, esto es, más de medio siglo, Bolivia no tomó conciencia que tuvo en su poder los puertos de Tocopilla, Mejillones y Antofagasta y que un hermoso océano estaba bajo su jurisdicción».
«En el caso de Cobija, en una década, 1827 a 1837, entraron a este puerto más de 300 buques, de los cuales sólo 20 eran de bandera boliviana, siendo el Potosí el de mayor tonelaje. Los otros eran simples barquichuelos. En cuanto a la Escuadra de guerra para resguardar las costas, la tuvo sólo por coyuntura».
El propio Presidente Andrés de Santa Cruz, que fue el más interesado en darle vida a Cobija, expresó, cuando el Prefecto de esa localidad le escribió para interesarlo en la formación de una unidad: «Bolivia no puede ser un poder marítimo aunque quiera…su fuerza es y sólo podrá serlo terrestre».

– Este artículo está publicado en la sección La Guerra del Pacífico. Más información en el índice y Bibliografía.

Salitre y guano en Antofagasta

De acuerdo a los documentos albergados en la Biblioteca Nacional de Santiago, sólo en 1842 Chile descubrió que en el desierto de Atacama existían depósitos de guano. Ese mismo año el gobierno envió una comisión para explorar. El informe fue que las reservas no eran abundantes. Sin embargo, el presidente Manuel Bulnes aprobó una ley con el apoyo del Congreso para declarar que los guanos al sur del paralelo 23 era de propiedad de la República de Chile, «por encontrarse dentro de los límites de su territorio». La ley se promulgó el 13 de octubre de 1842 y con ello dejaba a Mejillones oficialmente dentro del Chile.

Poblado de Cobija en 1875.
Bolivia protestó y dijo que su límite austral no era el paralelo 23, sino que el 26. Hubo varios roces a nivel diplomático hasta que en 1863 la situación se volvió incontenible y se comenzó a hablar de una crisis política entre ambas naciones. Sin embargo, este conflicto quedó en compás de espera debido a la Guerra contra España. De cierta manera Chile y Bolivia se unieron para enfrentar un enemigo común.
El presidente de Bolivia de esa È
época, Mariano Melgarejo, reanudó relaciones con Chile y propuso un arreglo limítrofe. En 1866 el acuerdo fue:
1. El límite internacional era el paralelo 24.
2. Se repartirían por mitades entre Chile y Bolivia los derechos de exportación del guano y minerales de la zona comprendida entre los grados 23 y 25.
3. Bolivia habilitaría una aduana en Mejillones y que sería la única que podría percibir estos derechos de exportación.
El tratado fue firmado a pesar de las protestas generadas en ambos países.
El presidente Melgarejo fue derrocado en 1871 y el congreso dictó una resolución que declaró nulo el acuerdo internacional.
Nuevamente hubo negociaciones que sólo fructificaron el 5 de diciembre de 1872. En esa oportunidad quedó «firme el deslinde internacional en el paralelo 24 y la medianería: pero se reglamentaba esta última al conceder a Chile el derecho a supervigilar las aduanas que se establecieran en los grados 23 a 24 y a Bolivia, las que Chile fundase en los paralelo 24 a 25.
El congreso peruano revisó el documento, pero no lo ratificó. Este trámite lo atrasó hasta 1874. En ese momento Bolivia ya había firmado el pacto secreto con Perú.
El gobierno de Chile acreditó frente a Bolivia al delegado Carlos Walker Martínez. El representante chileno se dio cuenta que los ánimos estaban caldeados y que Per˙ simpatizaba con Bolivia. Iniciaron nuevas gestiones para mejorar el antiguo tratado de 1866 con el ministro de relaciones exteriores de Bolivia, Mariano Baptista.
El tratado llegó en 1874. «El límite entre ambos países se consideró en el paralelo 24. Se suprimió la medianería, excepto para la industria guanera. Chile renunció a los beneficios que le producía el derecho a exportación de los minerales ubicados entre el paralelo 23 y 24 y Bolivia se comprometía a no aumentar las contribuciones existentes durante 25 años sobre capitales e industrias chilenas. También acordó a mantener en servicio como puertos mayores a Antofagasta y Mejillones.

Aún existe un monolito cerca de Paposo que establece el antiguo límite entre Chile y Perú.

Mediterraneidad

El historiador antofagastino, Floreal Recabarren indica que el problema de mediterraneidad de Bolivia ha sido siempre una situación paradojal «porque cuando tuvo mar no supo aprovecharlo, pues, poco se interesó por tener marina mercante y menos una Escuadra».
Agrega que «desde 1825, fecha en que Simón Bolivar ordenó la fundación del puerto de Cobija, hasta 1879, el inicio de la Guerra del Pacífico, esto es, más de medio siglo, Bolivia no tomó conciencia que tuvo en su poder los puertos de Tocopilla, Mejillones y Antofagasta y que un hermoso océano estaba bajo su jurisdicción».
«En el caso de Cobija, en una década, 1827 a 1837, entraron a este puerto más de 300 buques, de los cuales sólo 20 eran de bandera boliviana, siendo el Potosí el de mayor tonelaje. Los otros eran simples barquichuelos. En cuanto a la Escuadra de guerra para resguardar las costas, la tuvo sólo por coyuntura».
El propio Presidente Andrés de Santa Cruz, que fue el más interesado en darle vida a Cobija, expresó, cuando el Prefecto de esa localidad le escribió para interesarlo en la formación de una unidad: «Bolivia no puede ser un poder marítimo aunque quiera…su fuerza es y sólo podrá serlo terrestre».

– Este artículo está publicado en la sección La Guerra del Pacífico. Más información en el índice y Bibliografía.