Donde estabas hace seis años?

Hace seis años estaba en la playa. Regresé a la casa y ya tenía comprados los tickets para un viaje al extranjero. Estaba cotizando hoteles. Había reservado varios lugares para conocer. Buscando qué ropa llevar.
Preparando la salida del fin de semana, un paseo por la playa. Mis padres llegarían a visitarme en pocos días.

Todo perfecto.

Justo en ese momento apareció el virus del COVID y todo lo agendado, con varios meses o semanas de preparación, desapareció. Encerrado.

Ahora, seis años después, te das cuenta que nada es permanente. Que los planes son buenos pero no son definitivos. Que no todo es «voluntad» y que la vida puede cambiar tan rápido.

Adaptarnos y entender que nada es tan terrible o nada es tan perfecto. Y que al final es la vida así. Lo importante es aprovechar los días, no perderlos en cosas sin sentido.

Las redes sociales son ese sinsentido. Adictivas como TikTok con sus videos infinitos que nos consumen tiempo, memoria y energía.

¿Dónde estabas hace seis años? ¿Haciendo algo bueno o bonito, o perdiendo memoria con alguna red social?

Redes sociales: del experimento fallido al agujero negro donde perdemos la atención

Hace unos días revisé el artículo “Redes sociales: un experimento fallido que deberíamos haber clausurado hace años”, publicado por Enrique Dans en su blog personal. No era la primera vez que escuchaba críticas a las plataformas sociales.

Dans sostiene que aquello que nació envuelto en la promesa de conectar personas se ha convertido en una maquinaria gigantesca de vigilancia, manipulación y ruido.

Y tiene sentido. Llevo tiempo sintiendo que las redes sociales —todas, sin excepción— han mutado en algo que no sé si quiero seguir teniendo tan cerca. Quizá el ejemplo más claro sea el formato Reels, omnipresente en cualquier plataforma que uno abra. Y, cuando me doy cuenta, llevo quince minutos desplazando el dedo hacia arriba sin recordar ni una sola cosa que he visto.

Empiezo a pensar en los Reels como un auténtico agujero negro del tiempo: lo absorben todo. Mi foco, mi intención, mis ganas de estar presente. Es una corriente continua de estímulos que no pesan, no duran y no aportan, pero que consumen más energía mental de la que parecen.

Lo inquietante es que esta dinámica encaja con lo que Dans denuncia: plataformas diseñadas no para informarnos ni conectarnos, sino para mantenernos atrapados en un flujo infinito de microcontenidos que no significan nada, pero que nos cuestan muchísimo: Tiempo, atención, claridad mental. Todo eso que, paradójicamente, hoy vale más que nunca.

Tal vez no estemos ante un simple problema de hábitos. Quizá, como apunta Dans, llevamos años atrapados en un experimento fallido que seguimos alimentando por inercia.

Estar cómodo fuera de la «burbuja»

No creo que la tecnología sea mala, potencia mucho bien, pero sí creo que tendemos a usarla como una burbuja de confort para aislarnos del mundo. Salir de esa burbuja a diario es una de las cosas más importantes que podemos hacer, para no reducir nuestra capacidad de estar con la vida tal como es. Y créeme, lo he visto encogerse en muchas personas.

Leo Babauta

El Gran Error del Piloto Automático Mental

En la era digital, caemos en el gran error de saturar nuestra mente con videos verticales. Es como activar el piloto automático mental: una trampa donde la creatividad se estanca y el pensamiento crítico se desvanece. Nos convertimos en receptores pasivos de información efímera, un relleno que ocupa el vacío mental, distrayéndonos de la realidad y nuestras emociones. Este es mi mayor temor y error: permitir que mi mente se adormezca en este modo automático, perdiendo la esencia de lo que significa pensar y sentir verdaderamente. Es hora de despertar y tomar control consciente de nuestro consumo digital.