Las calles de Iquique

La historia de Iquique es un recorrido por acontecimientos, hitos y personajes que forjaron el desarrollo de la ciudad. También es la constante fundación de calles y plazas que permiten dar un homenaje a las personas o recordar los hechos que marcaron la zona.

Sin embargo, desde que la ciudad pasó a manos de la administración chilena, las calles y plazas han sufrido el cambio de sus nombres.

A fines de 1910, dos cronistas de la época escribieron la primera historia de las calles de Iquique. Francisco Javier Ovalle y Juan de Dios Yávar tuvieron un gran trabajo para rastrear nombres que nacieron antes de la Guerra del Pacífico. Ellos tuvieron la tarea de buscar los inicios, de formar la «genealogía de las calles». Por ejemplo de Tacna a Obispo Labbé y Huancavélica en Avenida Baquedano.

En la década del 40, esta tarea la prosiguieron Carlos Alfaro y Miguel Bustos.

Para el sociólogo Bernardo Guerrero el cambio de nombre no es al azar. «Es el intento por marcar el territorio ocupado. Es el afán por construir fronteras aún dentro de lo ocupado».

Este proceso de cambio no termina. La playa peruana ahora se conoce como Ike-Ike. Luego del pronunciamiento militar hubo cambios. El pasaje Luis Emilio Recabarren cambió por Los Capitanes. El pasaje Ernesto «Che» Guevara se transformó en Cabo Larrondo, un conocido carabinero que vivió en Iquique. La calle Elias Laffertte pasó a llamarse genéricamente 10 Oriente.

Otra posibilidad es bautizar la calle casi al mismo tiempo en que es transcurrida. Eso ocurre en las tomas de terreno que ocurrieron en Iquique y Alto Hospicio. Los propios vecinos deciden en consenso nombrar las calles. Reunir un tema en común como árboles, flores o ciudades del extranjero y comienzan a llenar de nombres una población.

En el sector de El Boro, La Negra y La Pampa, en tanto, los nombres hacen referencia al esfuerzo y tesón de los vecinos que levantaron sus casas en medio del desierto.

El bautizar calles es una manera de crear historia. Es mostrar que la ciudad avanza a pasos agigantados.

Un nombre para una calle

Yolanda Rojas es presidenta de la junta vecinal Las Urbinas de Alto Hospicio. Esta población es una de las primeras que se crearon en la localidad hace veinte años.
Esa población tenía pequeñas casas y fueron entregadas sin urbanización ni pavimentación. La luz, el agua y el teléfono fueron agregandose con el paso del tiempo.
Lo más extraño de esta población radica en su ubicación. Están en el centro de Alto Hospicio, pero eso no los ayuda al momento de reconocer el emplazamiento de sus casas: la población Urbina no tiene nombre en sus calles. Es una población sin calles. Sólo tienen números de sitios y manzanas. Igual como si fuesen un campamento.
Una población sin nombres es un lugar sin identidad.
Los pobladores tienen la intención de cambiar el nombre de la población. Quieren rebautilzarlo como Villa Italia y que sus calles lleven nombre de ciudades de ese país.
El problema radica en la excesiva tramitación y la falta de apoyo para enfrentar de mejor manera la burocracia.
Esta gente busca un nombre para sus calles.

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