Cosmovisión andina en la región de Tarapacá

El investigador Juan Alvarez Ticuna desarrolló un estudio sobre la cosmovisión andina y su impacto en las tradiciones religiosas de la Región de Tarapacá. En ella explica que hace más de 500 años se estableció en nuestra provincia, por presión y reacción, una nueva situación religiosa.
«Los ritos ancestrales que hasta entonces se celebraban con toda libertad, tuvieron que ocultarse bajo el calendario cristiano-romano, para no ser definitivamente erradicados».
De esta manera, la fiesta más importante de los conquistadores -la fiesta patronal- fue reinterpretada y celebrada bajo moldes de la propia cosmovisión indígena, asumiéndola como fiesta también de la comunidad.
«En un mundo globalizado, que tiende a teñirse de homogeneización y universalización, las costumbres de los pueblos rurales luchan por conservarse en la memoria oral y en la responsabilidad social de fabriqueros, mayordomos, alféreces, yatires y ancianos».
Agrega que «no se trata de una empecinada negativa a los cambios que trae consigo la modernidad, sino de afincar el presente y el futuro en la piedra angular del desarrollo de los pueblos milenarios: su pasado y su tradición».
«Esta tradición adopta elementos foráneos y recientes, pero que no claudica en reproducir aquellos patrones que miran al mundo, contemplación que ha permitido sobrevivir culturalmente ya cinco siglos, con perspectivas cada vez más esperanzadoras y humanas».

San Lorenzo de Tarapacá

San Lorenzo de Tarapacá

Si bien no tiene el carácter masivo de La Tirana, la fiesta con que los fieles saludan a San Lorenzo de Tarapacá cada 10 de agosto cuenta con las mismas muestras de fe y devoción de las festividades patronales de todo Chile.
San Lorenzo, el «Lolito» como le llaman cariñosamente los peregrinos, fue un diácono del Papa Sixto II, que se dedicaba a recaudar dinero para repartirlo entre la gente más pobre de Roma. Valeriano, el Emperador romano de esa época, ordenó al sacerdote reunir todo el dinero posible en una plaza de la ciudad. El día estipulado para que el diácono cumpliera su misión, Lorenzo dijo al monarca que se acercara a la ventana, que allí estaba toda la riqueza de la Iglesia. Valeriano al ver la plaza poblada de mendigos ordenó matar a Lorenzo en las brasas de una parrilla el 10 de agosto del año 258 de nuestra era. 
Mientras San Lorenzo era quemado vivo a causa del castigo, oró a Dios diciendo «Gracias te doy, Señor mío, por haberme dado poder para entrar en el Reino de tu eterna bienaventuranza». Luego expiró.
Su imagen es venerada cada año en distintas partes del mundo, siendo la de Tarapacá una de las fiestas más antiguas de América que se realiza en su memoria.
El cuerpo del santo fue enterrado en su ciudad natal, Huesta, dentro del Monasterio «El Escorial» y su devoción llegó a Chile junto con los conquistadores españoles.
A pesar de haber sido azotado por terremotos e incendios, el pueblo de Tarapacá conserva gran parte de su estilo arquitectónico. 
El actual templo se encuentra en reconstrucción desde que en 1997 fue destruido por un terremoto en más de un 70 por ciento de su estructura.


Fiesta de la reliquia

Cada 28 de abril en el poblado de Tarapacá realiza una festividad religiosa en honor a la Reliquia de San Lorenzo.
Fermín Méndez, encargado del comité organizador, destaca que esta fiesta se institucionalizó en el Santuario en 1997, año en que fue traída desde España una pequeña parte del hueso parietal del santo.
En 1997 los administradores de El Escorial, lugar en donde descansa los restos de San Lorenzo, a petición del ex obispo de Iquique Raúl Troncoso, accedieron a enviar un trozo del cuerpo del santo al templo de Tarapacá.

El Municipio de Iquique

El primer Consejo Municipal se instaló en Iquique el 28 de octubre de 1873. Estuvo formado por un alcalde, un teniente y tres regidores. A pesar del escaso presupuesto que disponían, realizaron una obra de progreso comunal como fue dotar de alumbrado público a las calles, plazas casas particulares. Este consejo funcionó hasta 1875.
El segundo municipio se gestó por la ley de 23 de febrero de 1875. Iquique pasó a ser la capital  de la provincial del litoral de Tarapacá. Los concejos municipales que funcionaban en la antigua capital, San Lorenzo de Tarapacá, se trasladaron a Iquique.
El Concejo Departamental se instaló en Iquique el 3 de enero de 1876. Esta formado por 26 concejales. Fue su presidente José Gutiérrez de la Fuente, secretario Guillermo Billinnhurst. En tanto que Edurdo de Lapeyrouse fue concejal permanente.
Entre las obras realizadas  por este Concejo a favor de la ciudad estuvieron el traslado de los mataderos del sector sur al norte y la reedificación  de los sectores centrales de Iquique destruidos por los incendios.
También dispusieron un nuevo trazado de las calles, proyectándolas  más anchas para prevenir futuros desastres y la prohibición de tránsito de los carros del ferrocarril después de las 18 horas y también ordenó la limpieza de los patios y azoteas de las casas, además de entregar recursos para levantar la catedral de Iquique.
En 1876 el presupuesto del Concejo Departamental era de 12 mil osles, de los cuales sólo se cubrían 10.000 soles gracas a las contribuciones que pagaban los industriales.
El Concejo Provincial se instaló en Iquique el 4 de febrero en 1876. Estaba formado por 28 concejales. Entre ellos elegía una junta directiva que incluía cargos como un alcalde, un teniente alcalde, un inspector de policía municipal, un inspector de instrucción primaria, un instructor de Estado Civil y un inspector de mercados aguas, obras e higiene.
El alcalde del concejo fue Alfonso de Ugarte,
Todas estas instituciones funcionaron, además de los concejos de distrito, en forma regular hasta 1879, cuando se desata la Guerra de 1879.

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Iquique, 10.000 años de historia
Capítulo 11

Evolución de las salitreras

El historiador Oscar Bermúdez en su libro «Pequeña historia del salitre» establece un análisis sobre el desarrollo de la industria desde una perspectiva técnica. Tres etapas se pueden distinguir en la vida de esta industria en la zona de Tarapacá.

El fogón

Esta fase comienza a fines del siglo XVIII y se prolonga durante la primera mitad del siglo XIX. Los primeros salitreros utilizaron fogones para el procesamiento del salitre. El sistema de paradas evolucionó desde esta forma rudimentaria de trabajo.
Durante este tiempo la producción osciló entre las 20 y 30 mil quintales anuales. Destacó la falta de capitales de para invertir.
El transporte del producto se hizo hasta los puertos a través de «caminos de herradura» , es decir, gracias a carretas empujadas por caballos o mulas.
La población trabajadora era mestiza. Principalmente peruanos con una pequeña participación chilena y boliviana.
Las condiciones económicas y sociales eran deficientes. Había escasez de medios para subsistir en la pampa. El abastecimiento de productos agrícolas para las salitreras se realizo especialmente en la zona de las quebradas. Durante este periodo hubo bajos niveles demográficos en toda la provincia.

Vapor de agua
Esta fase se prolongó durante la segunda mitad del siglo XIX. Resaltó la construcción de ferrocarriles para el transporte salitrero. También estuvo la influencia del comercio bancario chileno y peruano después de la Guerra del Pacífico.
Surgió el capitalismo salitrero y la ampliación de los mercados de consumo. También en esta etapa estuvo la formación de las luchas sociales del obrero salitrero.
Hubo aumento de los índices demográficos en Tarapacá y Antofagasta y el desarrollo de los puertos y aumento del comercio en las ciudades.

Temperatura moderada
En esta etapa, que comenzó con el siglo XX, la industria salitrera fue basada en la elaboración del caliche a temperaturas moderadas y en la mecanización de las faenas.
Esto incluyó el mejoramiento de las condiciones sociales del obrero y modernización de las formas de vida en la pampa.
También destacó la disminución de la población trabajadora y la detención del desarrollo demográfico y comercial en Tarapacá. Paulatinamente la industria fue desapareciendo a medida que la demanda del producto disminuyó.

Crecimiento de la población de Iquique en el siglo XIX

Capítulo 8
Iquique, 10.000 años de historia

A mediados del siglo XIX, los habitantes del litoral iquiqueño alcanzaban 3.000 personas. Ellos estaban dedicados principalmente a la pesca, el comercio, la extracción de guano y el embarque de buques.
En uno de los estudios publicados por el historiador Adolfo Ibáñez en la revista Norte Grande de la Universidad Católica, establece que que el crecimiento de Iquique también fue reflejado en la división política. En 1857 crearon la Provincia de Tarapacá, como una de las cuatro que formaban el Departamento de Moquehua. Esta provincia contaba con cinco distritos, entre los cuales estaba Iquique.
En 1861, debido al auge de la actividad salitrera, comenzó la construcción de un ferrocarril que facilitó la salida del mineral hasta el puerto. La obra fue inaugurada diez años después, el 28 de julio de 1871, y ostentaba una extensa red que puso en contacto a Iquique con varias salitreras de la zona. El movimiento aumentó  y con ello, las divisas para el poblado.
Con este último  avance, la población creció vertiginosamente. En 1862 contaba con dos mil 500 habitantes, en 1872 era 5.000 personas y en 1876, llegaba a casi las 10.000 personas. Este desarrollo repercutió después en cambios en la división política. En 1877 la Provincia de Tarapacá, con sede en Iquique, pasó a denominarse Departamento Litoral.

Grabado de la estación de trenes de Iquique a fines del Siglo XIX.

Capítulo 7: Historia del Salitre en la Región de Tarapacá

La industria del salitre comenzó en La Tirana hasta donde un grupo de indígenas llevaba el caliche extraído de la pampa y lo procesaba con una técnica milenaria que los incas habían desarrollado para usarlo en la agricultura.

Historia del Salitre
Los primeros en utilizar el salitre fueron los alquimistas chinos. Los monjes de la secta Tao, seguidores de la filosofía de Lao Tse, iniciaron los experimentos con este y otros minerales. Ellos descubrieron el modo de preparar el alumbre. el cristal, el salitre y el finalmente, la pólvora.
Existen antecedentes históricos que indican que la pólvora fue utilizada por los chinos y los romanos antes de Cristo, aún cuando no conocían su fuerza explosiva y la utilizaban sólo como medio para incendiar cosas a través del arco y la flecha.
Hasta el momento se tiene establecido que fueron los chinos los que primero utilizaron el salitre para sus trabajos de alquimia, mucho antes de la Era Cristiana, derivándose, posteriormente, de esos trabajos los fuegos artificiales alrededor del siglo VI.
Pero la pista del nitrato y de la pólvora se hace más clara a partir de los trabajos alquímicos de algunos árabes. Debido a esto se le adjudica al alquimista Geber ser el precursor de los cristales del salitre, a fines del siglo VIII.
En el siglo XII, se dieron a conocer por primera vez los escritos de Marcus Grecus, quien llamó a este nitrato Sal Patrossun o Sal Patressi. Sólo en el siglo XIII, gracias a Raimundo Lulio, se generalizó el nombre de Sal Niter; sal de nitrato, o simplemente Nitro. Salitre viene el latín «Sal Nitrum».
Alberto El Grande, en sus obras herméticas, escritas en 1250, dice qe en 1173 se usaban en Persia fuegos artificiales. En el siglo XIII en Europa los alquimistas árabes empezaron a recurrir al salitre para esos mismos fines.
De esta forma, los primeros usos de la pólvora explosiva en Europa habrían ocurrido en 1331, en el norte de Italia. Su aplicación iba a tener, en el campo militar, una influencia extraordinaria al desplazar a las antiguas composiciones incendiarias y dar paso a nuevas armas de guerra, artefactos que lanzaban proyectiles gracias a la enorme fuerza impulsora.

– Los chinos fueron los primeros en utilizar el salitre para fabricar pólvora. Los conocimientos adquiridos por esta cultura fueron traspasados a Europa en el Siglo XV.

Europa y España

Desde fines del siglo XV, las pólvoras españolas eran consideradas las mejoras de Europa. Se construyeron fábricas en Navarra, Cataluña, Barcelona y Aragón.
La buena calidad de la pólvora se debía al método utilizado en su elaboración. El salitre se lavaba repetidas veces en grandes artesas para despojarle los cuerpos extraños y luego se le sometía a cocción en una caldera, con lo que perdía parte de los cloruros y otras sustancias. El carbón y el azufre se trituraban a mano, con mazos de madera, hasta reducirlos a polvo.
A partir de esto, el desarrollo de la industria de guerra dio una creciente importancia al nitrato.
A poco andar, el nitrato obtenido en las cuevas salitreras y de las «plantaciones, no daba abasto. De esta manera se hizo necesario ir a buscarlo en el Oriente y luego en américa.
Sin darse cuenta, la provincia de Tarapacá tomaría un inusitado interés por parte de los españoles.

– La pólvora negra, que utilizaron los españoles durante la Conquista, corresponde a una mezcla de un 75 por ciento de nitrato potásico (salitre), 15% de carbón y un 10% de azufre.

Tarapacá, cuna de la industria

Varias historias relatan la manera en que indígenas y españoles descubrieron la importancia del salitre. Una de ellas corresponde a la leyenda del cura de Camiña.
Dos indígenas acamparon en la pampa. Para protegerse del frío encendieron una fogata y con mucha sorpresa vieron que de la tierra surgieron chispas y fogonazos.
Ambos aymaras huyeron del lugar y le contaron lo que ocurrió al cura de Camiña.
El sacerdote visitó el lugar y volvió al poblado. Analizó la tierra y comprobó que contenía nitrato de potasio. Comprendió que este componente servía para la preparación de pólvora.
El resto de la tierra de muestra la arrojó en el patio de la casa parroquial. Las plantas crecieron más allá de lo habitual. El cura recomendó el caliche como «excelente tónico para el reino vegetal».
El historiador Lamagdelaine, indica que la leyenda del cura de Camiña es un ejemplo de la antigüedad del uso del caliche. Sin embargo, el relato carece de fundamento. La parroquia de Santo Tomás de Camiña se fundó a mediados del siglo XVII y las primeras oficinas nacieron en 1800.
A pesa de estas diferencias de fechas, Tarapacá fue la cuna de la industria salitrera y es natural que los pobladores originarios de esta comarca hayan tenido una participación muy directa en la elaboración en la extracción del caliche.
Así como en China se conocía la existencia del salitre; los miembros delos pueblos originarios conocían las propiedades de esta mineral y lo utilizaron artesanalmente. Pedro fue sólo después del auge de Huatajaya cuando usaron los antiguos fondos o pilas de cobre que se habían ocupado en las faenas de los minerales de plata para preparar el salitre.
Según los antecedentes históricos , ya en 1775 habían personas interesadas en explorar el salitre y encontrar un medio eficaz para beneficiar el caliche, con el objeto de reemplazar las pailas de cobre que estaban en uso. Para lograr un desarrollo industrial como el que se conoció en el esplendor del salitre aún faltarían cien años de historia.

Olla del indio
Los Incas utilizaron vasijas metálicas en donde cocían el caliche en una fogata. Luego el material era disuelto en un caldo hirviente era traspasado a otro recipiente en donde se decantaba y surgían los cristales de salitre depurado.
Este proceso, conocido como «Olla del indio», se repititió durante siglos hasta que los españoles le agregaron algunas mejoras para acelerar el trabajo y la cantidad de salitre extraído en cada cocción.
Los fondos metálicos estaban en una construcción cuadrada, hecha de piedra y arcilla, se encendía una hornilla para cocer el caliche extraído en forma manual en pleno desierto.
Luego del trasvasije de los caldos, el material era secado al sol hasta que el salitre se separaba de la costra que quedaba pegada al recipiente.
Con este proceso, la industria del salitre se encontraba en espera de la demanda del material incentivara la producción en masa.

– Rudimentarios procedimientos ejecutaron los primeros españoles e indios que extrajeron el caliche en la pampa.

Criaderos de salitre
En 1709 llegó a España un rumor sobre Chile: la comarca tiene grandes criaderos de salitre en la zona de Tarapacá.
desde esta manera se dictó la Cédula Real del 22 de enero de 1970., que indicó la constitución de una fábrica para aprovechar el recurso en al producción de pólvora.
El motivo de esta orden se debía principalmente a que la fábrica de pólvora que existían en Perú entraba en una especie de retroceso y escaseaban sus insumos para la industria bélica.
Ante esta situación, en el sector sur de lo que actualmente es La Tirana, los españoles iniciaron la producción de caliche.
Cortaron los tamarugos para convertirlos en carbón, utilizaron el agua para el proceso de conversión y trajeron azufre desde el altiplano. Con estos tres elementos lograron prepara pólvora de regular calidad.
A principios del siglo XVII de 45 minas que existía en el corregimiento de Tarapacá, sólo 17 eran explotadas e 28 se encontraban con un número limitado de trabajadores. La situación económica no era buena y las condiciones de vida no mejoraban excepto en las quebradas y oasis.

Comienza la extracción
La industria del salitre comenzó en La Tirana hasta donde un grupo de indígenas llevaba el caliche extraído de la pampa y lo procesaba con una técnica milenaria que los incas habían desarrollado para usarlo en la agricultura.
Este producto servía para cubrir las necesidades de pólvora de toda la zona de Tarapacá. y en algunos casos era enviado a Perú para abastecer a los ejércitos de la corona española.
Sin embargo, la industria incipiente siempre estuvo en un bajo perfil debido principalmente a su baja calidad y al rudimentario proceso de elaboración, que existía desde tiempos inmemoriales.
Incas y aymaras conocían las propiedades del caliche. Lo pulverizaban con un mazo y después lo usaban como fertilizante en sus cultivos de papa y maíz. También lo ocupaban como insumo para crear una especie de pólvora que servía para sus prospecciones en las minas de Huantajaya, Pariquina, Casicsa y Virquinta.
Más tarde el proceso evolucionó técnicamente hasta transformarse en el primitivo «sistema de paradas» que siglos más tarde sería la base para la industria del salitre.

Industria bélica
En 1775 los Reyes de España tuvieron el interés de producir nitrato potásico y durante varias décadas enviaron a científicos a Perú a perfeccionar el sistema de elaboración del salitre de alta calidad.
Esta búsqueda del método se prolongó hasta 1809. Ya en esa fecha la necesidad de conseguir nitrato potásico para la pólvora era urgente para toda la colonia española en América. La amenaza de Napoleón de invadir España y el continente americano obligó a la corona a desarrollar aún más su industria para la guerra.
Ante esto el virrey del Perú, Gil de Taboada, pidió aumentar la producción, lo que a su vez generó la imperiosa necesidad de extraer caliche de Tarapacá.
Las primeras exportaciones comenzaron en 1806. Los arrieros bajaban el caliche en bruto con mulas para ser embarcado en Iquique y enviado a El Callao.

– El ejército de Napoleón era una amenaza para la corona española en Europa y las colonias existentes en América. La monarquía necesitaba tener a sus tropas bien abastecidas de pólvora y armamentos,.
– Durante el siglo XVII y XVIII el salitre exportado desde Tarapacá sirvió para la fabricación de pólvora en Perú. y en la industria bélica que funcionó en Europa. Durante esta época la pólvora era transportada en depósitos especiales finamente elaborados.

En busca de una fórmula

Durante años, los terratenientes españoles siguieron indagando para conseguir un producto de mayor calidad.
Fue así que el 15 de julio de 1809, el diario «Minera Peruana» publicó un artículo que informaba sobre el naturalista «Tadeo Haencke». Este científico encontró la manera de convertir el nitrato de sodio en potásico, o sea, salitre bruto en refinado especial para la fabricación de la pólvora.
Con esta información los industriales españoles Sebastián de Ugarrisa y Matías de la Fuente, quienes explotaban el caliche de la pampa, fueron en búsqueda de Haencke para que les entregara la fórmula.
El científico se encontraba en la hacienda de Santa Cruz de Elicona, ubicada cerca de Cochabamba en el Alto Perú. Hasta allá llegaron los industriales españoles, quienes consiguieron la valiosa información de Haencke.
Con este método, los empresarios comenzaron la explotación de las primeras oficinas salitreras entre 1810 y 1822 en Pampa Zapiga, Pampa Negra y Negreiros. La producción de salitre refinado iba a Lima y en menor porción a Chile.
Entre 1812 y 1813, el millonario salitrero Sebastián de Ugarrisa despacha a El Callao siete cargamentos de salitre, lo que lo convirtieron en el principal productor de este mineral en América.

Negreiros fue el lugar de abastecimiento, entretención y conexión de la zona más al norte de Tarapacá. En este poblado estuvo radicada la Sociedad de Socorros Mutuos de Trabajadores de la Pampa, fundada el 11 de marzo de 1894. Al parecer el nombre de Negreiros viene de un industrial portugués que explotó este sector de la pampa.
Zapiga siempre estuvo vinculada al puerto de Pisagua. Su desarrollo estaba directamente relacionado con la estación de trenes. A comienzos del siglo XX su población llegó a las 500 personas. Su calle principal era «avenida Brasil», donde se ubicaba el comercio del pueblo.

La vieja y nueva Pisagua

En 1810 Pisagua era una caleta semi abandonada de pescadores acostumbrados sólo a recibir periódicamente embarcaciones aguadoras de Iquique. Según el investigador Mario Zolezzi, durante esa época comenzaron a llegar esporádicamente veleros para tomar pequeños cargamentos de salitre rumbo a El Callao y Talcahuano.
En el transcurso de la guerra de independencia de Perú, la industria salitrera tomó su primer impulso gracias a la necesidad de tener salitre y fabricar pólvora.
La pequeña ensenada de Pisagua no estaba capacitada para afrontar la actividad marítima derivada del comercio de exportación del nitrato de sodio.
Por este motivo se procedió a abandonar el caserío para establecer un nuevo emplazamiento de la caleta salitrera en el litoral vecino, situado inmediatamente al sur de Punta Pisagua.
El modesto poblado se levantó en la costa sur de la rada, al abrigo de Punta Pichalo. Recibió la denominación de Huayna Pisagua, es decir, Nueva Pisagua. Tiempo después el nombre se simplificó y sólo se llamó Pisagua. En cambio, la infortunada caleta de la quebrada de Tana empezó a ser llamada Pisagua Viejo.
De acuerdo a Zolezzi no existe fecha exacta del traslado de Pisagua. Pero se estima que ocurrió entre 1831 y 1835.
El diario El Comercio de Lima, el 26 de mayo de 1856, dice en sus páginas que «Huayna Pisagua que no figuraba en otro tiempo sino como una miserable caleta, hoy día toma importancia por su comercio y población que asciende a mil habitantes».
Años después, su mayor actividad justificaba que la caleta fuera elevada a la categoría de puerto menor. Esta necesidad se convirtió en un gran anhelo del poblado. Esto ocurrió recién el 22 de mayo 1862.

Tadeo Haencke, padre del salitre

Tadeo Haencke fue conocido en el mundo entero como naturalista. Sus estudios abarcaron la botánica, zoología y geología. Nació el 6 de diciembre de 1761 en Kreibitz, ciudad ubicada en la región de bohemia, actual Eslovaquia.
Haencke estudió en Praga, en donde aprendió matemáticas y astronomía. En 1780 ingresó a la universidad local y luego a la universidad de Viena. Allí se especializó en botánica, medicina y minerología.
En 1789, el gobierno de España desarrolló una expedición científica , la más importante en su época. El comandante de la empresa, Alejandro Malaspina, solicitó a la universidad de Viena a un botánico. La elección recayó en Haencke, quien tenía 28 años y era reconocido entre sus pares.
Haencke llegó atrasado. Las corbetas «Descubierta» y «Atrevida» zarparon de Cádiz días antes. Así que tomó otro barco para alcanzarlos. Sin embargó, naufragó en Río de la Plata y el joven naturalista se salvó nadando. Permaneció en Montevideo por un tiempo y aprovechó de conocer la zona. Recolectó casi 800 plantas. En diciembre llegó a Buenos Aires, pero nuevamente estaba atrasado unos días.
Haencke inspeccionó el río Las Conchas y el Paraná, recogió 600 especies botánicas y tomó notas zoológicas y mineralógicas durante dos meses.
En febrero de 1790, decidió atravesar Argentina y dirigirse a Chile, en un viaje que para la época resultaba casi imposible. Haencke lo hizo; primero registró las sierras cordobesas y puntanas y llegó a Mendoza en marzo, con 500 nuevas plantas en su colección. A fines de ese mes, cruzó la cordillera, juntando otras 600 plantas de la flora de montaña.
Llegó el 2 de abril a Santiago de Chile, y allí, por fin pudo encontrar a varios integrantes de la expedición, aunque no a las corbetas, que esperaban en Valparaíso.
Integrado a la expedición, llegó a El Callao. Entonces, pidió permiso a Malaspina para regresar a Buenos Aires por tierra; en esa ciudad abordaría una de las corbetas (que volvería por el Cabo de Hornos) y regresar luego a España. Así le fue concedido y Haenke inició una larga marcha a través de Perú, Bolivia y el norte argentino. En ese periplo, ascendió al volcán Misti, de 5.300 metros sobre el nivel del mar, lo que resultó toda una hazaña, visitó Cuzco y Arequipa, La Paz, el norte boliviano, el lago titicaca, el monte nevado de Ancohuma ( de 6.500 metros), Potosí y Cochabamba. En ese lugar interrumpió su viaje, sin motivo conocido, por lo que Malaspina que esperaba en Buenos Aires, decidió regresar sin él.
En Boliva, Haencke estudió la flora, la fauna y la mineralogía del territorio, ejerció la medicina e introdujo por primera vez la técnica de la vacunación. También se especializó en el estudio de las plantas autóctonas con propiedades farmacológicas.
Más tarde, Haencke se las arregló para llegar a España, donde en 1795 publicó Descripción, de Perú y Buenos Aires.
Luego regresó a América y a Cochabamba, donde escribió la introducción a la Historia Natural de la Provincia.
Hacia 1807, marcó a Buenos Aires, donde actuó en el ejército durante las invasiones inglesas, como instructor de las milicias y especialista en la fabricación de pólvora mediante la purificación de salitres. Luego regresó a Cochabamba donde en 1817 un accidente doméstico le provocó la muerte.

Tadeo Haencke nació en la región de Eslovaquia en 1761 y falleció en Cochabamba en 1817.
El proceso de la tronadura requería preparación. Los trabajadores enterraban los cartuchos de dinamita a un metro de profundidad. Luego de la explosión, los costrones quedaban expuestos a nivel del terreno.

Sistema de Paradas

Con la base de conocimiento Inca y el trabajo desarrollado en menor escala por los primeros colonizadores españoles para tener fertilizante destinado a sus cultivos en las quebradas, se logró dar los primeros pasos en la incipiente industria salitrera.
Al principio, la empresa era extremadamente rudimentaria y se dividía principalmente en tres etapas: la extracción del caliche con mazos y chuzos y el traslado del material hasta la «oficina» ; el procesamiento del mineral y la comercialización del mismo.
El sistema de paradas, como lo llamaron los industriales españoles, era similar a la técnica que desarrollaron los indígenas. La diferencia estaba en el volumen de producción y los materiales que utilizaban en el proceso.
Separados de esta estructura había dos estanques, llamados en la época dorada del salitre como «chulladores», en los que se revolvían los caldos y se clarificaban luego de ser hervidos en los fondos metálicos. El traspaso entre ambos recipientes en una primera época se hacía con grandes cucharones y luego a través de un sistema de canaletas.
Las bateas cristalizadoras eran de madera y planas, tenían poca profundidad y estaban depositadas en pequeños muros de piedras y barro. En esta última etapa se lograba captar el nitrato potásico en la pureza necesaria que exigían los mercados de Perú y Europa.
Junto a estas faenas se levantaban las chozas de los trabajadores y la oficina de administración. Este sistema recibió el nombre «paradas», porque las faenas se trasladaban a otro punto de la pampa cuando la zona explotada ya no entregaba salitre de buena ley.
Los primeros quintales destinados al Viejo Mundo Fueron embarcados a principios de 1830.

La dura costra del caliche la extraían a fuerza de chuzo y pala. La carga era transportada a lomo de mula o en carretas hasta el puesto en donde el dueño de los terrenos compraba la producción y luego procesaba para su embarque.

Exportación de salitre desde Iquique

El crecimiento de Iquique está directamente relacionado con la evolución que presenta la Aduana y la manera como eran despachados los sacos con guano y, más tarde, los quintales con salitre.
Los registros del gobierno peruano indican que en 1811 se instaló la primera oficina oficial de aduanas, en el mismo lugar en donde se emplaza el actual edificio considerado Monumento Nacional. No obstante, el primero edificio fiscal fue ordenado construir en 1788 y estuvo en funciones en 1792. Fue emplazado un poco más al sur del actual edificio y, al parecer, fue una casa común y corriente.
Esto ocurrió después de un año que comenzaron los primeros embarques de salitre hacia Lima. En 1841 se construyó un edificio de mayores dimensiones. No obstante, la construcción fue destruida por el maremoto de 1861. Diez años después, en 1871, el presidente de Perú, José Balta, decidió levantar el edificio que permanece hasta nuestros días. En sus amplias habitaciones funcionó la Prefectura Provincial de Tarapacá, la Capitanía de Puerto y la Aduana.
Su emplazamiento fue pensado especialmente para que destacara cuando los barcos llegaran a puerto. Desde el mar, la Aduana se destaca del resto de la ciudad. y aparece como puerta de entrada. En tanto que mirando desde la rada de Iquique, parece como si estuviera emplazado dentro de la trama urbana de la ciudad.
El edificio es rectangular y tiene dos pisos. Tiene un patio interior donde sobresalen los pasillos de madera.

Hitos históricos

La Aduana de Iquique fue escenario de varios hechos históricos trascendentes para la ciudad. El 5 de abril de 1879 se presentó en el edificio el capitán Arturo Prat para anunciar a las autoridades peruanas el bloqueo del puerto por parte de La Esmeralda y la Covadonga.
En 1880, el gobierno chileno, durante plena Guerra del Pacífico, instaló en la aduana, las oficinas de la intendencia de la nueva provincia y la tesorería.
Durante la Revolución de 1891, la aduana sirvió para que se atrincheraran las fuerzas que apoyaban al Congreso cuando fueron asediados por los balmacedistas.

Los sacos con salitre eran embarcados a través de botes fabricados por los changos.
La explanada del muelle fue el centro de la actividad salitrera en Iquique.