La lectura es un hábito que se pierde sin aviso. El trabajo, las pantallas, la rutina diaria van alejándonos de los libros hasta que un día nos damos cuenta: hace meses, quizás años, que no terminamos un libro completo. Pero volver a leer no requiere heroísmos literarios. Requiere estrategia, autoconocimiento y paciencia.
La clave está en reconectar con aquello que alguna vez nos habitó.
Una manera para retornar al hábito es hacer Arqueología de tus Lecturas Anteriores.
Antes de comprar cualquier libro, revisa y recuerda. ¿Qué libros marcaron tu vida antes? ¿Qué géneros te atrapaban? ¿Qué autores releías? ¿Qué recuerdas? Si lo recuerdas, es que algo debió haber tocado en ese momento.
La probabilidad indica que esos intereses persisten, aunque silenciados.
No se trata de nostalgia. Se trata de identificar líneas de continuidad. Si disfrutabas de un libro y lo releíste, eso indica interés. Busca qué ideas eran esas que te motivaron a releerlo, qué temas abarcó, qué estilo tenía, qué sentimiento te dejó. Por ahí está el camino para retornar a la lectura. El género importa. El estilo importa. El tema, definitivamente, importa para este primer paso.
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