Claude publicó un vídeo anunciando que no incluirán publicidad en sus modelos de inteligencia artificial. Seguirán centrados en lo esencial: seguir pensando.
Y es cierto. Casi todas las herramientas que nacen en internet acaban en el mismo punto: la publicidad lo invade todo, distorsiona la experiencia y, en este caso, pone en riesgo la neutralidad de las respuestas. Queremos que un modelo de IA piense y responda tras un análisis objetivo —o al menos lo más objetivo posible—, pero eso se vuelve imposible si aparecen
anuncios incrustados en la conversación.
Mientras reflexionaba sobre esto, me di cuenta de que aún existe un artefacto tecnológico que ha sabido preservar su esencia. Un espacio sin publicidad ni interrupciones, donde las ideas viven limpias, completas y sin distracciones: el libro. El libro en papel sigue siendo esa unidad firme de contenido indivisible, cuidada página a página. Y ojalá siga así. Los libros impresos son el último bastión del sentido común para comprender el mundo, aprender y desarrollar lo que pensamos.
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